Llámale rutina.

 

 

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Por las noches cuando cierro los ojos y me evado, pienso que también este mal tendrá su tiempo. Que descansaré algún día, en el  sentido pleno que tiene para mí la palabra. Trato de visualizarme corriendo feliz hacia parte de lo que fui, una mujer alegre, con su treintena de experiencia, su pareja, familia, trabajo, simplemente su amor por las cosas sencillas de esta vida. Simple ¿verdad?. Todo es simple hasta que algo nos desborda  y nuestro interior se vuelve complejo. La mente trenza obstáculos, óbices que a veces ni imaginamos, impidiéndonos disfrutar de lo que en verdad cuenta que es el presente.

No he sabido todavía encontrar la forma de evadirme de aquellos hechos, o al menos cuadrarlos y cerrarlos sin que sigan doliendo.  He ido buscando tranquilidad, reflexión, opciones…quizás me he limitado a ordenarlo todo sin más,  viendo resultados que en perspectiva solo me han parecido rachas… y me repito que debo tener paciencia (algo que me resulta difícil) aceptando la llegada de este tipo de pensamientos -recaída. Aunque me lo diga, se que otra cosa es creerlo y que las sensaciones cambian cuando vuelvo a revivir el origen de todo.

Algunos días vuelven los pensamientos amenazantes. Están ahí ¿que puedo hacer?. Aceptarlos, dejarlos que pasen para así normalizarlos…pero no, no lo hago. Los expulso y en ese automatismo trasmito a mi mente justo lo contrario. El pasado no cesa porque no dejo de abrirlo insistiendo en que desaparezca. Dados los acontecimientos viene, vuelve, pasa, se va… y regresa. El bucle repetitivo. Pero mejor, llamémosle rutina. Suena más a eso que la gente suele repetir  como causa y efecto de todo, allí encontraremos la verdadera culpable.

La vida no esta hecha de culpables -tampoco- sino de acontecimientos que se precipitan y se acumulan. La mayoría de los problemas de nuestra mente son solo eso: meras acumulaciones. El empeño en no soltar el vaso para que no se estrelle. Pero es que a lo mejor -pasado un tiempo- el brazo sufre las consecuencias de ese peso continuo.

Con el tiempo nos damos cuenta de que no hubo culpables ni víctimas sino personas que actuaron de forma diferente y como no coincidió con nuestra forma de encarar la vida, nos empeñamos en llamarlos “malos” o “raros” o cualquier otra etiqueta. Quizás sea una forma de autodefensa, por el bien propio, una forma de excluirlos de nuestra vida para evitarnos males mayores.

Si vuelvo atrás la imagen que me devuelvo a mi misma es un tanto burlesca, sufriendo miedos donde no los había, huyendo despavorida de cualquier parte, hasta de mi misma, el ultimo reducto de donde una puede huir cuando se siente insegura y débil. Entenderé que necesito volver atrás las veces que haga falta, aunque suene idiota, hasta que mi mente sea capaz de asimilar lo que dejé enterrado sobre toneladas de silencios.

Ha pasado el tiempo… es cierto pero aún quedan escollos de miedo agazapados en mí, ya no sobre las mismas cosas, ni en la misma medida pues el recuerdo y las emociones lo van tiñendo todo. Algunas veces se levantan los días o yo avanzo o se juntan los astros o  hago algo bien en mi completa y absoluta torpeza….y de repente  veo color y siento ese aire de ilusión que me da ganas de seguir… de creer  de corazón y de continuar hacia delante con ánimo y certeza.

Está bien: lo diré…el mes de Mayo ha sido un puto carrusel, ya no me daba la vida…y justo fue después de creer que había acabado todo y comenzaba a recuperarme. De repente estoy arriba y es buena la perspectiva , corresponde a la sensación de sentirme fuerte …pero en unas horas mi mirada o algo se mueve dentro y de repente vuelvo abajo, sobre mínimos. Sucediéndose hasta 4 veces la distorsión en un día.

El finde pasado fue muy positivo. Como una raya en el agua. Arreglé y limpié la terraza con mi chico, corté las cycas y  salí todos los días a pasear con mis hijos. Cociné y encontré ganas para todo lo que me apeteció en cada momento. Tuve sensación de felicidad, como eso de lo que no eres consciente mientras está pasando y más tarde te das cuenta.

No quiero hacer resúmenes estúpidos, no puedo fiarme de mí, pero si miro a través del tiempo creo que toda esta inestabilidad puede ser signo positivo, de que algo va cambiando y cesando de alguna forma y se  manifiesta así: en forma de gráfica loca.

Me apunto esa creencia  y pienso en la cueva, la negra, oscura e inhóspita cueva en la que he estado metida…justo cuando creo ver la luz al final, es como si me faltasen las fuerzas para llegar a la salida, como si percibiese de forma errónea que no puedo… y continuo llorando y arrastrándome recordando los porqués, la inseguridad  y el dolor… creyendo que la  sensación de ese lugar me poseerá  para siempre.

Solo era el final. Solo eso.

La luz. La salida.

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17 comentarios en “Llámale rutina.

  1. El tiempo y el olvido consiguen milagros.
    Pero no es fácil.
    Yo que transito cada vez más, así lo espero al menos, hacia el olvido de una etapa de mi vida muy dura y dolorosa a veces creo que nunca lo conseguiré porque mis pensamientos vuelven a ese tiempo y no logro conseguir que no lo hagan.
    Eso me hace pasar malos momentos.
    Sin embargo si lo analizo objetivamente compruebo que eso ocurre cada vez menos, y también que sus efectos emocionales son cada vez menos intensos.
    Que duele, sí.
    Pero intuyo que cada vez dolerá menos.
    No creo que llegue al olvido total como si ese tiempo no hubiera existido pero sí a que su influencia sobre mi yo actual sea cada vez más insignificante.
    Venga, ánimo.

    Besos.

    1. Toro, ante todo gracias por el apoyo y por contar tu experiencia. Te lo agradezco de corazón.

      Creo que el tiempo tiene un papel importante para superar cualquier dolor psicologico, aunque tambien la persona, su lucha, la manera de afrontarlo.

      Olvidar es imposible, no podemos formatearnos como un ordenador y quizás estar vivos tambien se componga de eso, de ir recopilando las buenas y malas experiencias que vamos aunando por el camino.
      Aunque el olvido no sea posible, si que podemos lograr integrar los hechos en nuestra historia, dandoles cabida, aceptandolos y reflexionando a cerca de todo lo que nos han aportado positiva y negativamente.
      Los pensamientos intrusivos son muy jodidos, pero hay que dejarlos que pasen al tiempo que pensamos que solo son eso pensamientos rumiantes fruto de lo vivido.
      No solo con el tiempo serán menos y dolerán menos, sino que tambien la mente va siendo más habil y los recorridos van siendo más adecuados y acordes, porque aunque se vuelva a atascar, sale antes del bache.

      Muchos besos.

  2. No concuerda la fotografía de la coleta con la del pelo corto… ¿Quién es quién? Cabe que la primera no sea de ayer!

    Cierto Ana que luchar con los pensamientos es darles fuerza y arraigo. Pero no tiene porque ser rutina. Puede variarse, cambiarse… terminar. Puede que no sea fácil, como dices, pero se puede.

    Pareces tener claro la no culpabilidad de los otros, tampoco la propia. Y sí, los problemas son en su mayoría acumulaciones… esperando que se abra la ventana para aventarlos.

    “Volver atrás las veces que haga falta…”. Lo entiendo como esa terapia personal que señalas… Pero podría no ser así siempre. Cabe un punto y aparte. No fácil, principalmente porque puede que no se contemple a priori. Pero es factible. Cuando me movía en Metafísica espiritual, realizaba decretos, afirmaciones, que permitían que los nudos (“pensamientos, sentimientos inadecuados, yo no os alimento”) empezasen a disolverse. Hoy dos enseñanzas presiden mi blog, y que en ocasiones hago presentes:

    -”No busques la verdad; simplemente, deja de atesorar opiniones… Si quieres conocer la verdad, entonces no sostengas opiniones ni a favor ni en contra de nada. Establecer lo que te gusta frente a lo que no te gusta es la enfermedad de la mente”.- (seng-ts’an) (Sin que ello suponga que tenga que ser tu caso?

    -”La mejor ayuda que puede prestarle a alguien es llevarle más allá de la necesidad de ayuda”. (Nisargadatta)

    Bueno, no sé si algo de lo dicho engarza con lo tuyo. Ahí queda!

    Sí me llama la atención el desenfado y naturalidad con el que tratas los comentarios de tu anterior entrada, que parece chocar con el talante con el que escribes ésta…

    Un abrazo, Ana.

    1. Ernesto, soy yo en todas las fotografías. La del pelo largo corresponde al pasado, decidí cortarmelo hace no mucho, fui un poco radical.

      Basicamente entender que los pensamientos no somos nosotros, que somos mucho más y por ende no podemos darle la fuerza a un pensamiento hasta el límite de que nos posea. A lo largo del día tenemos infinidad de pensamientos ¿porque unos nos hacen sentir mal y otros ni siquiera los recordamos?. La idea es aceptarlos como parte de lo vivido y como parte de la mente en sí…es que funciona así!.

      Volver atras solo cuando es necesario, está claro. Pero a veces hay que hacerlo si se han dejado partes inconclusas que la razón y la persona no han terminado de aceptar.

      Son dos grandes frases que invitan a pensar, Ernesto.
      Realmente ¿existe la verdad?… quizás solo sea una utopía.

      En cuanto a la segunda, me parecen grandes las personas que consiguen eso, enseñarte de algun modo las claves o la forma de que un problema no vuelva a incordiarte. Pero en este caso, al contrario que el anterior, si estoy segura de que existen.

      Señalas mi naturalidad y yo agradezco tus comentarios que tambien la desprenden y que son muy enriquecedores para mí. Muchas gracias, de verdad.

      Un abrazo enorme.

  3. Querida aunque ahora no lo creas, no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista. Ánimo, que todo pasa. Un abrazo.

    1. Si, si que lo creo, las cosas pasan y todo pasa. Lo que ocurre es que cuando estás inmersa todo se ve diferente y uno quiere que acabe cuanto antes…
      Muchas gracias por tus palabras, soñadora.

      Un abrazo tambien para tí.

  4. Llego tardísimo a esto, y me da rabia no haber podido estar aquí antes para decirte que sabes que puedes con todo, que puedes hacer lo que quieras, que eres capaz de cuantas cosas desees, simplemente teniendo fe en ti. Cuando tengas pensamientos de los que te hunden, de los que te hacen pensar que no puedes salir… cierra los ojos y piensa en la sonrisa de tus peques. Ellos te ayudarán a salir. Y si no tienes a tu chico cerca para darle un abrazo que te ayude, intenta visualizar mi mano que estará extendida para sacarte de cualquier cueva en la que entres. Me habría gustado decirte esto en su momento y no ahora, que seguramente sirve de poco. Lo siento bonita. Por cierto, yo también llevo un mes y medio con la sensación de estar completamente desbordado. Besitos stunner

    1. Es un consejo estupendo, Oscar.

      Muchas gracias por tu precioso comentario y para nada llega tarde o es baldío, ya sabes que eso no me importa y que valoro más la calidad que la rapidez…En ese sentido tus palabras siempre me llegan.

      Yo ya voy encontrandome mejor, espero que tu tambien lo consigas…son muchas cosas y el día solo tiene 24 h, aunque ahora parezca que tiene 40 por la luz jajaja…

      Muchos besos.

Te escucho...

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