Archivos Mensuales: diciembre 2014

LAS MALETAS ROJAS.

Cuando los vió aparecer con las maletas rojas entre las manos y aquella expresión de desolación en sus caras lo entendió todo. Ella los observaba sentada en las frías escaleras de aquella -tan familiar- primera planta, la piel erizada, el corazón encabritado. Pensaba como la vida nos pasa sin avisar, traicionera, ruín… como  la estación fin se halla en cualquier lugar ajeno a nuestro permiso.

Recordó los viajes que le había relatado al detalle, Rusia, Francia, Alemania, Noruega, Dinamarca…tantos y tantos lugares de la historica Europa, como piezas de un puzzle que estaba intentando completar. Ya me quedan solo los balcanes- decía. Otra Navidad más avivando el círculo: librando tertulias politicas, históricas y debates futbolísticos. Todos lo escuchabamos atentos. Porque ES de esas personas con lenguaje, con recorrido. Y él lo sabía.

Las maletas rojas. Las mismas que la agencia le había regalado premiando su fidelidad aventurera y que se había llevado a tantas habitaciones de hotel con los suyos. Las mismas que había elegido para  aquella habitación de hospital tratando de impregnar sus pertenencias con los inolvidables recorridos de sus recuerdos. Sentada en la escalera pensó que a lo mejor él habría elegido aquellas maletas como  pequeño talismán. Pero eso tan solo eran conjeturas suyas, la operación no se presentaba complicada a priori, cuando todo comenzó a fallar. Una pieza tras otra.

A veces las cosas se tuercen y no podemos hacer nada. Es así, pero cuesta tanto aceptar.

58 años de experiencias es muy poco tiempo para quien quiere vivir. “Disfrutaré de la jubilación el proximo año”- nos decía- tan ajeno a todo, con la ilusión de un niño en sus recien estrenadas vacaciones.

Pero la vida no son talismanes, ni ecuaciones, ni matematicas… sin permiso nos da y nos quita todo lo que queremos en segundos. Ella lo sabía. Y ahora observaba acongojada a su familia cercana, a los portadores de aquellas maletas, tocados por la incertidumbre y la sorpresa. Rodeados por aquella nube tóxica de calamidades.

Tienes que exprimir cada segundo, ¿me oyes?- se repetía como un mantra sagrado. Tienes que dejar de preocuparte por gilipolleces.

A medida que la tarde coloreaba de negro a la noche, nos sumíamos en la incertidumbre del no saber,  ibamos dejando caer el insoportable precipicio de las horas, esperando ese debate entre la vida y la muerte que solo el mismo y su fortaleza podrían librar.

Mientras,  las maletas- y tantos de nosotros alrededor -seguiamos esperando. Una noticia nueva, un atisbo mínimo de esperanza, siquiera su resorte a la sátira que como médico le estaba trazando la vida.

Desde aquí, te esperamos P., si nos oyes, vuelve.

Esta Nochebuena no será lo mismo sin tí.

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MI QUERIDA PEDIATRA (II)

Lo habíamos dejado en una rubia, sesentera que decide irse a su hora de cafe dejando a una pobre chica, sus dos gemelos  y su madre colgados en la consulta.

Lo último que dijo fue: bueno, sí, os atenderé…pero de que venga del café y a lo largo de la mañana.

Mi madre y yo asentimos. No nos quedaba otra por haber llegado tarde, así que nos sentamos en la sala de espera que a esas horas lucía desierta. A saber el trabajazo que había tenido la señora. Claro, quien iba a querer ver a ese “jumento”?… – pensé. Pero pronto empezaron a llegar algunas personas.

Entre ellas, una abuelilla y su nieta, que me dió mucha pena porque percibí a la mujer desbordada. Al parecer el bebe- que no tendría más de 10 meses- llevaba un mes enferma,  no se había curado con ningún tratamiento y  dormía ahora en casa de la mujer porque la madre trabajaba de mañanas y tenía que madrugar. La mujer se quejaba de que su nieta había estado vomitando toda la noche, que no le dejaba dormir la tos… Y yo me preguntaba: ¿ le corresponde  a esa mujer de tanta edad ese papel?¿ es esa la verdadera función de los abuelos? …No sé., pero me da que algunos padres delegan demasiado. Yo creo que jamás dejaría a mis hijos enfermos dormir lejos de mí. ¿Y si pasa algo?… ¿Y si le da un ataque de fiebre?¿ y si esa mujer sufre un descuido? … A lo mejor soy muy paranoica, pero me parece que no dormiria tranquila.

En esas llegó otra muchacha, (conocida mía) paseando muy rápido un carrito. La reconocí al instante. Me saludó. Se puso a hablar como si tuviera un altavoz en la boca.

“Que yo es para un minuto, que es muy rápido porque solo es recoger unos papeles del niño…bla, bla, bla”

…En resumidas cuentas que quería entrar la primera por su cara. Yo lo ví bien porque en mi caso iba a tardar. Tenía que pesar, medir y observar a mis dos niños y eso requería más tiempo. Allí nos contó unas cuantas barbaridades, como que hay que dar a los niños helado en invierno, sacarlos a la calle desabrigados para que se acostumbren al frío, que empezó a darle cereales a los 2 meses…y que ella nunca llegaba tarde porque iba siempre a pie para evitar plegar el carrito. Como yo ya la conocía, de estas personas que siempre sacan su ego por encima de tí, le dí la contenta, pero la realidad era que no cogía el coche porque le daba miedo. Total, se fue a hablar con otra sobre disfraces de cole de su hija mayor y aún lejos de nosotras la escuchabamos con su chifle chirriante y sabelotodo, como si su forma de hacer las cosas fuera la única en el mundo.

En esas llegó mi querida pediatra. Venga – dijo…teneis que esperaros a que pasen todas las visitas de pediatría y despues si puedo os meto.

Miro a mi madre : Nos iba a dejar las últimas, pero eso ya lo sabíamos.

Seguimos esperando. Pasa la gritona, luego la viejecilla y ya me harté.

Sin que me diese permiso, coloqué el carrito en la puerta y empecé a sacar de el los huevos (maxi cosi)  y de paso saqué huevos… y los entré en su consulta.

– Venga, si! pasad, pasad!- dijo ya sin más remedio. Como si fueramos intrusas. Como si nos estuviera haciendo un favor.

Y asi fue como por fin nos atendió: los resultados por suerte fueron geniales, y no se comió a ningún niño durante la revisión (cosa que me preocupaba)….

así que salimos escopeteadas de allí.

Hasta los nueve meses no tenemos que verla otra vez de forma obligatoria, recemos porque no se nos pongan malitos.

Y aún no se había acabado la mañana de una madre gemelar despues tocaba vacunas y recogida de mi citología post parto. Habíamos concentrado todas las visitas en el mismo día para no tener que desplegar el tinglao más de una vez. Y menos mal, hartita acabé.

Ahora que lo pienso :

¿Será la Navidad? ¡¡¡¡cuanta dosis de humanidad me encontré fuera de casa!!!

 

 

MI QUERIDA PEDIATRA

Ya que se acercan las navidades y con ellas ese mensaje tan esperado: me llena de orgullo y satisfacción contaros una historieta – basada en hechos reales-  que hoy he tenido el privilegio de vivir con mis chiquitusines en su segunda visita rutinaria al pediatra.

Resulta que amanecía un día estupendo y yo ya me hallaba con los ojillos semiabiertos dando biberones de cereales por doquier, así a pares y nones… y que  -todo sea dicho- amablemente me había dejado preparados pelirrojo antes de irse al trabajo. Hasta ahí todo normal, pero ahora había que arreglarselas para el gran objetivo del día: estar niños y mamá listos para las tempranas 10 de la mañana  e ir a pasar revisión de mis dos mozuelos ante una rubia sesentera poco amistosa denominada : mi pediatra .

No os voy a engañar, me gusta más la cama que a un pinguino el polo norte, asi que despues de dar los bibes me he autoregalado otros minutillos de sueño. Así, porque yo lo valgo, al ladito de mi Julio, que al principio me acribillaba a patadas para espabilarme pero que despues se ve que cansado de verme retozar todo placentera, ha debido pensar: no me queda otra, la acompaño!!.

Suena el portero de casa. Abro los ojos. Madre mía!!! que hora es??? Mi madre buscándome. Había quedado con ella hoy en exclusiva, para que me ayudara a vencer el objetivo: juntos podemos, podemos salir de aquí, podemos llegar puntuales al medico, PODEMOS.  Uinssssssssssssss, que no me oiga el de la coleta, que me ficha….jjijiiii.

Son las 9, hay tiempo. Mukali siempre se confia. Mi madre – que aún no sabe bien lo que es salir con un carro gemelar- tambien se muestra positiva. ” Vamos a desayunar, que me he venido sin”. Allá vamos las dos hambrientas  estrenando las tazas “chinitas” que el otro día me dí el capricho de comprar…Con nuestro batiburrillo particular de ingesta de azucares mañaneros que tanto nos pirra. Hablamos de personajes familiares, cotidianedades, trabajo… mientras los peques duermen. Momentos geniales en los que el tiempo pasa, aunque tampoco derrochamos. Es desayunar y salimos pitadas. Visto a los mozos, los pongo super guapos, aunque es dificil siempre se superan en belleza, me tienen locaaa.

Me toca a mí. Asomo la geta por la ventana: más frío que robando pinguinos en polo norte ( que me pasa hoy con los pinguinos?). Total que me atasco un buen jersey calentito, mis mejores vaqueros y una cola a caballo socorrida…de esas que las mamis tenemos la lindeza de abusar porque no nos queda otra. Me echó un poco de maquillaje para no verme zombi y un poco de rimmel para resaltar mis ojuelos disimulando ojeras. No voy mal: presentable.

A todo esto, mi madre abajo acosandome a preguntas: ¿que bibes les echo? ¿cuantas cucharadas de leche echo a los dosificadores? ¿ cuantos pañales….? etc, etc, etc….. ¿porque cojones  no he dejado preparado todo el día anterior?. Yo y mi frescura. Si, así soy yo, en estado puro, no voy a cambiar en la vida vidal.

Una vez preparado el arsenal alimenticio e higienico de los gemelos que no es poco, había que desmontar el carrito. Y ya eran las 10 menos 10, ibamos con una mano pegada al culo, como yo digo. Saca el carro por la puerta que eso tiene mandanga pero con la ayuda de mi señora madre parece que es más fácil. Bien. Estamos fuera. Señor, ¡que maravilla!. Ahora toca plegar el carrito porque estamos lejos del consultorio y hace un frío de cojones. Ah, no que era un frío polar, valeeeeee. Los peques metidos en sus sacos calentitos- que bien le costaron a la mami los cuartos- ni se enteran, asi que los cogemos en sus correspondientes maxi cosi* y los metemos en el coche. Mi madre tampoco sabe abrochar el cinturon a estas fantásticas sillitas, luego obviamente me toca a mi la faena. Lo hago lo más rápido que puedo, ya estoy sudando ¿como es posible? ¡¡¡con este puñetero frío y yo aquí soltando rios!!!. Otra cosa hecha. Adelantando, adelantando. No quiero ni mirar el reloj.

Ahora toca lo peor: plegar el carrito. Sabe Dios que le temo a doblar el donkey más que a los diablos. ¿Diablos? ¿Dioses? donde estais …venid a ayudadme. Y mi madre con cara de “no me mires que yo no se y he venido aquí de prestao”.  Allí me pongo yo, toda fuerzuda, haciendo mil malabares, una vez, otra….esto no funciona. Ahora se porque llamaron al carro Donkey. Soy una mona, una mona de feria moviendo las manos torpemente.

Las diez de la mañana. Tocan en el maldito reloj pueblerino, como requiem premonitorio de que mi objetivo está a punto de no superarse. Y el puto maravilloso carrito no se pliega. No se que estoy haciendo mal, una vez, otra, otra, mi rabia explota a borbotones. A punto estoy de cargarme una baldosa de mi propia fachada de un golpe y nada.

No se como, finalmente aparece algun dios lejano y el carrito goza de la casualidad de doblarse, bendita yooooo, aquí doblando el espinazo …….creía que estaría toda la miserable mañana como una boba.

Nos vamos echando chispas, con las dos manos pegadas al culo. Los niños bien, bien…es montarlos en el coche y alucinan patatillas. Estos nenes son la leche. Ufff, menos mal.

Llegamos al parking. Siempre hay sitio, pero hoy ¿adivinais la situación?: NO HABÍA. Dando vueltas como una descosía esperando una lucecita esperanzadora que abriese un auto y dejase un hueco. Tras 8 minutos de reloj, por fin se va uno. Ya son las 10 y cuarto. La pediatra nos mata, la pediatra nos mata, la pediatra nos mata.

Y mi madre repitiendo la misma cantinela: “la mujer tiene que entenderlo, hija mía. que dos niños chicos es mucha tarea, verás que no pasa nada.”

Y yo todo agorera, como siempre: mama, que tu no la conoces!!

Aparcados hemos, vuelta a montar el carro, aunque por suerte esto se me da mejor, se van otros minutillos al reloj. Ya son las 10:20. Corremos, corremos calle arriba… este pueblo y sus cuestas. Sudandito voy ¿quien me mandaría ponerme este jersey?…estoy más acalorada que una menopausica haciendo pan en verano.

Llegamos, abrimos compuertas…cuidado que venimos!!!!. Y allá está la rubia, frente a mí, nuestra querida pediatra: que se va a su hora del café.

– Lo siento, pero ya no os puedo atender. – dice con sonrisilla de “sesiente”.

Y ahí sale la garra de mi madre, bendita ella. Que buen fichaje he hecho para esta mañana. ¡que carácter! Ya era hora!!!…

– Pero eso como va a ser. Mire usted, que se nos ha complicado todo, que usted sabe lo que son los bebes, que el carro, aparcamiento, cagadas multiples…(ahí mi madre ya se explaya metiendo cizaña…).  Pero que la rubia no se baja de su burro, que se va a tomar su santo café.

A mí me da igual, evidentemente. Se que mis argumentos tienen las de perder, pero solo quiero que me visite aunque tengamos que esperar a que esta linda señora haga uso de su tiempito.

Al final, lo conseguimos. Nos visitará. ¿Cuando?

Eso os lo contaré en el proximo capítulo porque esto da para más de un post.

CUATRO MESES ¡¡¿YA?!!

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Cuando me burlaba de las cigüeñas ni siquiera sabía de lo que estaba hablando. Me habré cagado en ellas alrededor de sienes y sienes de veces…y un día -casualidades de la vida- fui a visitar una de sus ciudades dormitorio más emblemáticas. Compré aquel imán de nevera, como siempre hago en mis viajes, y hasta hace poco no me percaté -toda risueña yo- de las dos cigüeñas que aparecen. Serán coincidencias o serán señales pero ahí estaban pronosticando la futura llegada doble.

Ayer hizo justo un año  que me los implantaron, un 6 de diciembre y ayer precisamente tambien cumplieron sus primeros cuatro meses.

Recapitulando ha sido un tiempo precioso, de muchos cambios, en el que nos hemos tenido que readaptar los unos a los otros y organizar todo nuestro mundo a su favor. Ahora las 24 horas del día giran en torno a ellos y la casa se va impregnando de esa vida por los cuatro costados. Ya se escuchan sus vocecitas desde cualquier rincón, parloteándose uno al otro en ese lenguaje de gorjeos y balbuceos que les permite hacerse tan presentes. Ya van aprendiendo a descubrir la diversión de los juegos,  son muy risueños y ante cualquier carantoña sonríen para establecer vínculo afectivo. Hace unos días que los descubrí cogiéndose de la mano en la mini-cuna, uno lloraba y el otro fue a buscarle la manita para consolarlo….me pareció un gesto ¡¡tan tiernoooo!!. Ahora lo hacen casi a diario.

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Desde hace ya disfrutan de la textura suave de las cosas, sobretodo Victor, que es amante de los dudús. A la hora de dormir a ambos les encanta sentirlos en sus caritas y les facilita coger el sueño. Nunca creí que un muñeco pudiera aportarles tal serenidad.

Desde los 3 meses comenzaron a ver dibus e imágenes adaptadas con cierto interés. Les pongo un ratito Baby TV o bien el miniproyector con conexión bluetooth y wifi,  que me regaló un buen amigo y que además se tomó la molestia de rellenarlo con todo tipo de videos para los peques. Les va encantando observar los colores y las imagenes en movimiento.

 

Son esponjas que cada día pesan más. Mis brazos y espalda lo van notando. Doce kilos entre los dos cada día y me toca repesarlos muchas horas. Hace una semana que estoy practicamente sola todo el día, pelirrojo viene  tarde y hasta las 7 no puede ayudarme. Y mi madre también trabaja por estas fechas. Será poco tiempo pero agotan los días así. Aunque luego los miras, te ponen esas caritas de puro amor y ya se te pasa todo. ¿¿¿¡¡qué magia tienen!!???

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Van definiendo su carácter a pasos agigantados, luego al poco cambian y nunca sabes si esa fase formará parte de su personalidad o será solo una etapa transitoria. Por ejemplo, Víctor era más llorón al principio y ahora es más tranquilo…y Julio que era más tranquilo al principio, ahora es más llorón. Víctor es más independiente, se duerme solo, no  necesita de tu presencia constante y en general es muy carismático por la forma que tiene de reír con todo el cuerpo. Julio es más dulce, más afectivo, le gusta sentirme cerca y dormir a mi lado…le encanta que le hable, que le cante, que le diga… y siempre está chapurreando sus -por lo menos- 20- “agos” diferentes.

Justo en estos días han iniciado otros logros. Comienzan a controlar la musculatura del cuello y ya se mantienen sentados con apoyos. También empiezan a deglutir nuevos sabores: cereales sin gluten y  zumos de frutas naturales, todo esto les permite alargar las tomas y dormir más horas por la noche. Tuve la tentación de comprarles unas mini galletas especiales para bebes y por la tarde le trituro una o dos en el biberón…¡¡les encanta!!… creo que van a ser mounstruitos azules, como yo.

Ahora paseamos menos y eso me agobia. Me gusta salir con ellos pero el tiempo no acompaña y a esto se añade las dificultades que encontramos las mamás de múltiples con las dimensiones, peso y complejidad del carro. Además del hecho mismo que acarrea portar a dos bebes. Si a todo esto sumamos que ahora mismo no cuento con ayudas, me es casi imposible pisar la calle. Y los niños lo notan: un poco de sol y de aire – aunque sea fresco- siempre viene bien. Por eso hoy -que estuvo mi hermana por aquí- aprovechamos y nos fuimos fuera. Con dos niños hay que cazar las oportunidades al vuelo.

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Noviembre me lo pasé organizando el bautizo. Más bien me lo tomé como su fiesta de bienvenida ya que en costumbres religiosas no entro pero cualquiera contradecía las arraigadas creencias de mis padres. Así que nos pusimos un poco de acuerdo e hicimos una celebración a la medida de todos.

Se me ocurrió hacerles una mesa con arbolitos, guirnaldas y  tartas de chuches a los niños, un libro con algunas imagenes y algunos regalitos para los invitados. Fue un día inolvidable…y disfruté mucho ideandolo todo.

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4 Meses ya…

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Son muy bebes pero hoy los vestí de pequeños hombrecitos y me parecieron más mayores.

Y añado: aunque me encanta casi no me gustó… Contradicciones tan mías….

Se escapan los momentos como arena de playa entre los dedos.

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