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Un libro y una escalera.

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Hacía años que no transitaba por aquellos parajes. Había olvidado algunas cosas: la altitud, el frío, el olor a montaña, el sabor del pan … casi todo menos ella.

Detuvo el coche en el mirador, para coger aire y soplar recuerdos. Tiempo atrás había dejado un libro en aquel mismo lugar. Era un libro que él mismo había escrito con el ánimo de que ella lo encontrase y lo leyese.

Pero aquella idea era tan remota como esperar que un barquito de papel cruzase el mar. Ella se había marchado lejos de la zona,  atrás quedaron los secretos, las senderos, las historias asociadas a aquel pequeño pulmón de naturaleza  y vida.

Poco quedaba de la vieja tinta, se había extinguido implacable por la clarividencia del sol y el olvido. Solo los paisajes regían imperantes a través de bucles confusos para ir mutando en la transformación caprichosa. Por contraposición, en todo aquello había una reminiscencia contaminada, algo que no dejaba avanzar al cambio, como si el paisaje mismo se negase a la inminente erosión. Sabía que todo era fruto de su mirada, que no somos más que eso, química de particulas que alteran los cerebros .

Volvio al coche más helado que un grillo y prosiguió el viaje.

Al recorrer los primeros kilometros se embelesó con algo. Paro el coche y se asomó a la ventanilla:

Entre las  hileras de pinos había visto cruzar un vestido rojo. Era un vestido transparente, casi fantasmagórico, una brizna de mujer entre aire y rayo. Se detuvo algunos minutos más pero no volvió a vislumbrarla.

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Cuando iba a arrancar, su movil sonó. Un mensaje de número desconocido apareció en la pantalla.

“Soy yo, atrévete a buscarme”.

Tras varios segundos sin poder reaccionar, empezó a mosquearse.

¿quien era? ¿quien sabía que estaba allí? ¿alguien lo estaba observando?

Tal vez se trataba de un error, un  mensaje enviado a un número equivocado. Sí, debía de ser eso. No iba a darle la menor importancia. Era momento de pensar en un refugio antes de que la noche se dejara caer.

Al momento, entró otro mensaje.

” Estoy en la cabaña nº3 de I-magina. Te espero desnuda, con vino. Beberemos, descansarás, te amaré”

Aquello debía ser una broma pesada ¿pero quien era la graciosa? ¿o el gracioso?.

Siguió conduciendo con aquella dirección en la cabeza. En la intersección, un cartel ya desgastado, rezaba la referencia: Cabañas I-mágina.

Tras unos instantes larguísimos, tomo el desvío. Tenía frío, curiosidad y morbo.

El complejo se hallaba a 3 km de un camino que empezaba a ser intransitable. Se bajó, colocó las cadenas y rodó hacia el infierno de sus dudas. Iba pensando que estaba loco, loco por dar credibilidad a lo desconocido, loco por seguir unas indicaciones que podían llevarle a quién sabe qué lugar, loco de remate… pero así creyó que es -de vez en cuando- el ser humano común.

Al llegar, descubrió que las cabañas formaban entre sí un rombo perfecto.  Eran casas construidas con madera de abedul y una decoración cuidada. La noche comenzaba a cerrarse y las farolas iluminaban cada una de las estancias formando un juego de luces sugerente. De repente, un hombre de aspecto lunático salió del  habitáculo que facilitaba la entrada al recinto.

  • Estoy buscando la cabaña numero 3. He quedado con mi novia – mintió.

El dueño sonrió de soslayo:

  •  es la que hay al lado del Pinsapo,¡¡ buenas noches!!.

Gracias– añadió… ¡¡menuda seguridad!! dejan entrar a cualquiera sin identificación alguna- pensó. ¡y yo qué se lo que es un pinsapo! …

El pinsapo era un pino, fácilmente identificable porque daba sombra a una de las cabañas: la número 3. Llegó hasta la puerta, estaba entreabierta y la luz del salón se colaba en una vertical que iluminaba el porche dibujando un triangulo. Traspasó el umbral despacio y con temor. No había nadie en la cocina ni en el salón. En realidad eran la misma cosa. Las estancias se abrían diáfanas a una gran escalera central que comunicaba con la parte superior de la casa.

  • ¿Se puede? ¿Hay alguien ahí?

Una música comenzó a sonar, todo parecía macabro hasta que la voz de una mujer apareció. Era una dicción dulce y acaramelada…

  • Sube, bailaremos… bailarán nuestros cuerpos a la fría noche.

Sus letras parecían un poema de anhelos que regía el cielo. Un cielo que él imaginaba alcanzable,  justo al final de unas escaleras.

Ascendió embobado por el cantor. Escalón a escalón iba traspasando un trozo de piel, un rincón añorado, una tersura ya olvidada, un olor trémulo…unos labios de suspiros mientras la música lo ataba con seducción.

En la estancia presidía una luz claroscura, como salida de un lienzo de Caravaggio. Se acercó temeroso mientras vislumbraba a la mujer.

Yacía desnuda en la cama del vino y del hambre. Su cuerpo estaba de espaldas pero al sentirlo se giró. Llevaba un libro en una mano, en la otra, una copa de vino.

-¿Nos conocemos? – le dijo.

– ¿Bailas? – le contestó.

Él pensó que sí. ¡Que mejor bailar y callarse la boca!. No tenía ni idea de quien era aquella mujer pero mejor dejar que el silencio fuese la respuesta más encomiable.

Al acercarse su olor le resultó reconocible. Olía como a resina o papel recien fabricado.. en ningun caso, a perfume desagradable.

La mujer soltó el libro y se aproximó hacia donde él se encontraba, hasta dejarlo a escasos centímetros. Mirándolo muy fijamente tomó de la copa sin recato, procurando que parte del vino se escapase de sus labios hacia donde el azar eligiese.

Él se acercó excitado y bebió. Había una química volátil, un incendio salvaje y al mismo tiempo, calma hogareña. Como una de esas alucinantes lecturas que nos despiertan los sentidos.

Bailaron a media luz desparramando el lenguaje de sus cuerpos sobre las sabanas del derroche. La noche y el frío parecían tímidos espectadores de una ventana, intimidados a la batalla del sexo y el gemido.

  • Eres como imaginaba, inimaginable – le susurró aquella mujer.

 

Al cabo de unos meses el paisaje transmutó en flores. Una mañana ella volvió a abrir el libro que le llevó a él, descubriendo absorta como -el muy granuja- le había añadido una preciosa dedicatoria.

Una mujer pasaba por allí.

Una mujer siempre pasa por alguna parte.

Los muros, los adioses, los confines reconocibles, las letras que nos enseñaron de niños.

Nada muere, ni lo que escribimos en una historia creyendo que muere poseídos por la ira de lo irracional.

Siempre hay alguien detrás leyendo, escuchando, sintiendo… cruzándose en el camino azaroso del viaje.

Siempre hay alguien dispuesto a ir más allá y simplemente…amarnos.

 

 

 

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Dos vidas en estampida.

Jerónimo

Toma su café matutino en su bar de siempre. Encuentra una pila de folletos sobre la barra. Coge uno. Lo lee mientras degusta su sabor favorito. Interesante– piensa.Se lo lleva a la consulta. Lo coloca sobre su mesa de trabajo. Comienza la semana ¡qué lejos se percibe el viernes!, pero esta vez tiene una ilusión relacionada con algo que ha leído en ese papel.

Arantxa

Toma su siempre delicioso zumo de naranja y recoloca la mañana sobre la agenda. Tiene algunas marañas en la cabeza, que prefiere no escarbar. Completa los registros mientras observa como las gotas de un día gris se resisten a convertirse en nieve. Sale al tugurio del invierno. Coge el autobús, su coche está averiado, se queja.

Jerónimo

Hace las llamadas pertinentes para dejarse libre el viernes. Mientras tanto, recibe otra, a la que contesta: “vale, no te preocupes. Te esperaré”

Arantxa.

Hace una llamada, “Llegaré un poco más tarde, es irremediable”.

Jerónimo.

Mientras la espera, observa de nuevo el folleto. Lo relee, lo visualiza, lo imagina. No le gustan las concentraciones multitudinarias, pero esta tiene algo distinto. Quizás sea una de esas oportunidades de “estar” con uno mismo, en piel y carne…con todos los sentidos. Algo le dice que las sensaciones están aseguradas.

Arantxa

Observa el paisaje con detenimiento. Lo relee, lo visualiza, trata de analizar la forma sesgada en que las emociones transforman su pensamiento. Quizás volver a subirse en autobús sea una de esas oportunidades de “estar” con ella misma, en piel y carne…dejando que sus instintos hablen. Las sensaciones viajan a su lado. No las huye, solo las analiza.

Jerónimo

Escucha como llaman a la puerta, es Aranxta. Deja el folleto sobre la mesa. Abre los documentos, el ordenador, su caso clínico. Aunque se lo sabe de memoria, esta mujer  siempre consigue ponerlo a prueba. Trabajar en su cabeza hace más lindos los lunes, más llevaderos. Abre la puerta, la recibe con la mejor de sus sonrisas. Esa que le sale sin querer, sólo con verla tras el umbral.

Arantxa

Llama a la puerta, escucha pasos al otro lado. Se siente acogida  tras el  frío callejero. Él la saluda con la mejor de sus sonrisas, lo cual es cálido pero incómodo también. Por lo que significa estar allí. Tendrá que sacar de nuevo las astillas, los pedazos rotos. Él la sabe, sabe sus huecos, los agujeros, la nada, el todo.

Jerónimo

Hablan de la semana, del tiempo (para empezar) hasta lo absurdo y contradictorio que no cabe en el baúl de la razón (para terminar). Hoy lo escucha atentamente, esos ojos como lagunas negras, hay algo nuevo en ellos… una fuga visual hacia la habitación. Como si pretendiera estudiarla. ¿Que le rondará hoy por la cabeza a esta mujer?. Quizás esté empezando a conseguir logros con ella, interés por  el entorno, la vida que hay más allá de su centro– piensa.

Arantxa

Hablan de la semana, del frío, ponen nombre a la oscuridad, al defecto de querer tenerlo todo bajo la manta del control. Lo escucha, como siempre, con admiración. Tiene mucho que enseñarle, le abre la mirada, la calma con palabras. Ve un folleto sobre la mesa y no puede evitar cotillearlo: memoriza un lugar, una fecha y una hora. De repente sus ojos se fugan por la habitación para estudiarla,  para estudiarlo también a él. El folleto ha avivado su curiosidad, su siempre indómita imaginación. ¿Que le rondará por la cabeza a este hombre?, piensa. El lugar de trabajo poco dice de su vida y logros. No hay  cuadro, objeto o pista que lo delaten, solo ese folleto y una estantería, al fondo, llena de libros a los cuales su mirada no llega.

Jerónimo

Termina la sesión explicándole como la respiración adecuada hace desaparecer el miedo. Le enseña a mover el aire hacia el estómago, conducirlo, retenerlo y expulsarlo muy lento. Con sus manos se asegura que aquel vientre hace correctamente el recorrido. Es una tarea que ha realizado muchas veces, pero esa mujer,..su belleza, los segundos sobre el cuerpo le trasmiten calor, un calor que hay al otro lado de la seda de la camisa. Trata de huir de ese pensamiento, “soy un profesional, soy serio…no puedo sentir, no, no,…” se repite interiormente, sin conseguir que la piel se le erice.

Arantxa

Lo escucha hablar mientras su cuerpo se vence a la horizontalidad de la camilla. Ella sabe como respirar, lo sabe, pero a veces no basta solo con hacerlo para no ahogarse. Necesitas que te guíen. Siente sus manos cálidas posadas en el vientre, lugar de sensaciones. Las mueve trasladando el aire como él le dice,  más o menos como una montaña, y  -por un segundo-  no quiere que se alejen, solo que se queden ahí para danzarlas a su ritmo. Las siente como un bálsamo , el abrigo de un páramo, la magia de una conexión. Imagina que él también lo percibe así y respira esa idea, tan instintiva, protectora y humana.

Jerónimo

La despide con dos besos. Sabe que volverá a verla. Aún no está recuperada.  Mientras tanto sigue mandándole tareas que pocas veces hace, le sale el lado rebelde. Cada día cuando la ve irse, piensa como será él día en que no la vea. Ese momento llegará. Y no quiere, no quiere perder su imagen, ni su risa, ni su abismo. Aunque otra parte de él, le desea felicidad, que no lo necesite, ni lo busque…porque buscarlo sería otra vez el freno, el fondo, el barro.

Aranxta

Lo despide con dos besos. Sabe que volverá a verlo. Pero esta vez, fuera de la consulta, en ese lugar que ha memorizado en su cabeza .Va a saltarse los” deberes” del coco y va a sacar de nuevo su puñetero lado curioso: su otro coco. Piensa como será aquel tipo fuera de su zona de confort. ¿Tendrá sensaciones y emociones?…¿será un cataclismo humano?, como ella. Quiere conocerlo, necesita saber algo más de ese hombre que el azar ha querido poner en su camino.

Jerónimo.

Anota una frase en su libreta (siempre lo hace cuando ella se va ) le ayuda a comprenderla mejor. El ruido es desencuentro y el desencuentro es humano, lo azaroso es la música, encontrarse en alguna parte.

Arantxa.

Vuelve a tomar el camino de vuelta. Esta vez hace autostop (no sabe muy bien porqué). La recoge un tipo común que con su corbata y modales impecables le pregunta: ¿sabes lo que es la relatividad? sentarse una hora con una chica bonita y que parezca un minuto y luego sentarse al lado de una estufa un minuto y que parezca una hora. Ella se ríe, le ha gustado el chiste ¿o será un piropo?

Jerónimo.

Llega el viernes. Toma el coche y  se pone el GPS. Durante la semana ha leído sobre el evento para estará informado. Se ha puesto cómodo, quiere vivirlo a tope. Quiere regar su cuerpo de unas sensaciones que hace tiempo no siente.

Arantxa.

Llega el viernes. Coge el coche (por fin arreglado) y conduce. Se sabe la carretera de memoria. Durante la semana ha leído sobre el asunto, pero sobretodo ha fantaseado con el momento en que él la vea ¿Como reaccionará?. Se ha comprado algo nuevo, se ha maquillado después de mucho tiempo. Quiere vivir la experiencia…pero sobretodo quiere encontrárselo fuera de la habitación blanca.

Jerónimo.

La hora indicada ha llegado. La tamborada comienza. Suena la señal y cientos de tambores comienzan a zumbar. Es casi media noche, las luces de la plaza tintinean con la estampida, los cristales vibran, …vibran los cuerpos con sus almas. Y es una sensación terrible. Como si algo te sacudiese los adentros. Jerónimo cierra los ojos y  todo le desaparece… solo siente su piel, su cuerpo, los latidos zarandeándose al compás de los tonos. Parece un infierno, el fin del mundo y él está en el centro del huracán. Se deja llevar por las sensaciones, fluye su adrenalina, su piel se  eriza…y de repente…

Arantxa.

La hora indicada ha llegado . La tamborada comienza. La búsqueda entre la multitud también. A Arantxa le es complicado ignorar el estruendo mientras se mueve. Ve como todos están absortos por una parálisis extraña, un mundo que parece haber pulsado el botón del pause. Se tapa los oídos para facilitar la vista. Es muy difícil  agudizar un sentido cuando el otro se satura, pero no se rinde, no cesa, no para…

¡¡¡Allí está!!! grita… mientras su voz se pierde como la de un mimo. Se acerca por la espalda muy despacio, ahora lo tiene al lado, justo detrás…Sonríe, los tambores siguen berreando…Cierra los ojos para sentir la magia, la piel del tambor, la suya y de la de él.  Acerca las manos  para tapar  sus ojos…se ha llevado un buen susto. Soy yo– le dice ..pero las palabras se autodestruyen …

Así que sin más, lo besa para calmarlo.

Sus bocas son dos trenes estrellándose.

Se dejan llevar por las sensaciones, fluyen las adrenalinas, las pieles se erizan…

En este instante…. cientos de tambores suenan música.

 

 

 

 

 

 

 

Mini Relatos: “Luces, sombras y alas”.

Tercer piso de algún pequeño punto en el mundo.  HABITALANDIA lo llamaba. Porque allí habitaba no vivía y estimaba una pequeña pero abismal diferencia en los términos.  Se sentaba en aquel sofá azul a planificar el trabajo diario, con la tele de fondo para parecer algo, para entablar una falsa conversación con la caja tonta.

Como le gustaba diseñar su entorno tenía todo tipo de artilugios para sus pequeñas creaciones, esas que le salvaban del aburrimiento total.  Y mientras creaba no pensaba lo lejos que se vislumbraba el viernes o los kilómetros que los separaban.

Otras veces el sofá se mojaba de lágrimas y el azul cielo de la tela se coloreaba de tristeza mojada.  Había días que se hacían interminables acúmulos de horas, nadie con quien hablar,demasiada gente que extrañar. Y el volunto de cada martes de coger el coche y escapar.

Cero cuadros en aquel frio ático. Se había aficionado a elaborar el suyo, que no era otro que su ventana favorita: la de la cocina.  Ese fascinante marco que cambiaba con el influjo de las horas y la luz. A veces se sentaba allí, sin otra cosa que hacer que observar el horizonte y las esplendidas puestas . Justo en ese punto, el sol se despedía de ella a diario, mientras ella le daba las buenas noches a su eterno compañero.  Juntos jugaban a las sombras chinescas: proyectando escenas imaginadas, inventando párrafos de un libro no escrito.

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Había espacio para la imaginación y nadie más. No podía ser de otra forma: ella allí y su otra parte de vida:  lejos. El sinsabor de la ausencia no elegida.

Y el peso llevado a cada uno de los espacios…

Un piso enano que se hace inabarcable, un armario en el que sobran cajones y un silencio que se proyecta como la música más fea jamás oída.

Una tarde alguien llamó al portero y eso era casi noticia en un lugar en donde nadie la conocía.

“El de las bombonas“- dijo una voz en el telefonillo.

Se extrañó tanto que  abrió el portal para vislumbrar al tipo mientras se  asomaba curiosa al hueco de la escalera. Una risilla traviesa se entrecortaba con el ascenso de unos pasos acelerados……..En el breve espacio en el que lo reconocía, una sonrisa tan  imborrable como infinita se dibujaba en la cara de la chica.

-¿Que haces tú aquí, butanero?

– Nada, me pillaba tan de paso que me ha parecido feo no pasarme.

-Jajajaja, ….se carcajearon los dos al unísono.

Y la volteó en un abrazo girado, como si pesara una pluma, como si de repente le hubieran salido alas.

 

Mini relatos: Cuando tú duermes.

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Cuando tú duermes se para el reloj. Se detiene en algún  tiempo incontable. Segundos, minutos, alguna hora que no pasa, que no corre. Mientras, aprovecho para acompañarte-también- a ese edén pasajero. Allí hago un alto, dejo mi chaqueta, mi cartera, mis gafas….. me dedico a observarte. Estudio tus formas y te se en cada linea, juego a desnudarte para luego vestirte en un recreo de sensualidad…y  tu sigues siendo inmutable, perfecta, serena.

Cuando  duermes me regalas esa parte perdida de tu rendición, de tu abatimiento, de tu dejadez….Y justo entonces me pregunto en que parte quedó ese genio tan perspicaz, la travesura constante, el hilo fino de tu mirada malvada…

Con el sueño se entierran tus decepciones, las dudas, las lágrimas,……y todo lo feo de tu mundo gira para convertirse en angel somnoliento. Eres única- me repito, mientras algo dentro de mí me dicta a gritos que debo abandonarte.

Solo en ese preciso momento en el que duermes me dejo abatir, no me freno, me pierdo en tu afable dulzura y no quiero regresar de este sueño tan fantástico. Haces una mueca y mueves tu nariz……Debo darme prisa. El reloj vuelve a correr. Me despido entre silencios que ni te tocan. Voy a coger mis cosas y me marcho.

Mini relatos: Lluvia críptica.

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Aquella tarde se sentía intranquila. No conseguía fijar su atención en la lectura, así que se quitó las gafas y se asomó a la ventana. Las gotas de agua golpeaban el cristal creando una música cadenciosa y melódica. De pronto se imaginó en medio de un aguacero estrepitoso y como si de una extraña locura se tratase se dispuso a salir.

Era septiembre, el verano tocaba techo.  Una  tormenta estival de truenos y relámpagos empantanaba la tarde, convirtiendo un día que había amanecido prometedor en una jornada intratable. Lo cierto es que odiaba la lluvia, empaparse no era algo que le gustase demasiado……. pero aquel día nada pareció frenarla.

Tenía un encuentro con la lluvia. Lo había sentido, una extraña fuerza magnetica la conducía a la temeridad de sentirse bajo las oscuras fuerzas de lo natural.

Caminó sin rumbo sintiendo el agua atizar su piel y su vestido empezó a absorver las incesantes gotas con el consiguiente peso que ello suponía. No pareció notar absolutamente nada. Estaba hipnotizada por algo a lo que no supo poner nombre…estaba ciega en una sensación que no supo descifrar.

Mientras caminaba un grupo de caracoles salían al encuentro de la lluvia, los pájaros buscaban cobijo contra el furioso aguacero…..y ella se paró en seco y cerró los ojos. Se sentía tan pequeña!!……ella, la misma que se había creído meses atrás que la vida la podemos controlar, que somos los artífices de lo que nos pasa, que tenemos potestad para elegir y lograr nuestras batallas….

Allí bajo el paraguas transparente se dio cuenta de cuanto pesan los sueños, de que hay fuerzas grandes que nos condensan hasta convertirnos en vapor, fluido de agua, aire de lluvia…vapor…que se escapa y vuela.

Abrió de nuevo los ojos y la tormenta estaba remitiendo. Las gotas reducían en frecuencia y cantidad, los charcos empezaban a convertirse en espejos de quietud y transparencia.

Se miró en uno de ellos y al ver su imagen en el agua la tocó con uno de sus dedos…..como si de una varita mágica se tratase…zas!!! volvió de repente de ese estado de shock que la había conducido hasta allí.

Se sintió confusa y rara, ¿como había ido a parar hasta aquel lugar?……estaba empapada, empezó a sentir frío, comenzó a recobrar los sentidos que se habían dormido en un extraño hechizo  de lluvia….volvió a habitar en ELLA.

Cerro el paraguas, que ya era objeto inútil,  y decidió volver a casa por el mismo sitio por el que había venido. Con una extraña incertidumbre y la memoria nublada a  trazos, fue marcando confusa los pasos de vuelta.

Desde la montaña, unos metros más arriba, alguien la había estado observando todo el tiempo. Sin decir una palabra, sus lagrimas, sus pasos desconcertados, su todo……robando un trocito del corazón de aquella chica….el había sido espectador silencioso de aquel majestuoso momento.

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Puesto que me encanta esto de inventar a partir de ahora incorporaré al blog esta sección llamada DE FICCIÓN en donde recogeré de vez en cuando mini relatos que se me ocurran. No tienen nada de real, son pura invención, una vía de escape para dejar volar la imaginación.

Espero os guste.

Feliz Jueves a todos!!