Archivo de la categoría: Personas a las que quiero

El sueño y J.

A mi me gustaría saber que hacer con el sueño. El sueño es un  misterio y el como se pierde también. Una indaga e indaga y a veces no obtiene las respuestas soñadas. Soñar con imposibles es tan fácil como tener sueños cercanos y desfallecer en el intento. Jope! me encantaría adivinar como J. perdió su sueño continuo para poder rescatar esa placidez  que cuando cumplió un año y medio, perdió.

Mis gemelos dormían estupendamente. De cuento, vamos. Los dejaba en su cunita y ellos solos caían rendidos. Cuando lo contaba con otras madres me decían lo afortunada que era…y sí, con todo mi trabajo, al menos, podía descansar..pero era un idilio que aquella situación se manteniese.  Ahora, que hemos pasado al lado oscuro, nos comemos la noche de aquí para allá capturando los despertares de J. y acunando sus miedos.

Durante el día, mi avecilla nocturna demuestra ser un niño de sobresaliente, rebelde, porque lo es, pero con capacidades cognitivas que saltan a la vista. Su conocimiento del lenguaje y de los números es realmente asombroso, nunca había visto colorear a un niño de 2 años con la perfección con la que el lo hace, o contar hasta 30 e incluso regresivamente sin ninguna dificultad. Conoce ya el alfabeto en ingles y español, aprende canciones al instante y tiene una capacidad de observación y escucha muy significativa.

A veces no me explico como en medio de toda esa madurez cognitiva le nacen tantos temores irracionales. O inseguridades… cuando es un niño que a la vista se empapa rapidamente de todo cuanto entra por su retina. Le dan miedo las campanas, los relojes, los ventiladores, sonidos estridentes… a veces cosas sin explicación que ni nosotros sabemos ¿y que hacemos?.  He barajado que pueda ser esta misma inquietud y motivación por conocer, lo que, al mismo tiempo, lo hace temer al chocar con lagunas de desconocimiento a las que todavía no le ha puesto lógica…o puede que simplemente forme parte de su carácter, sin más explicación.

Se duerme fácil, a la misma hora despues del cuento, al que presta siempre atención y devoción… pero a mitad de la noche despierta y no hay tregua. Si lo meto en mi cama, me pierdo…si lo acompaño en la suya, me duermo y descanso fatal…si espero sentada hasta que se duerma, mi cuerpo no resiste porque tarda una eternidad en volver a dormirse. Y ese cansancio lo arrastro a lo largo del día. Yo o mi marido, depende de quien sea el “afortunado”. Hace  tiempo que no descanso como debería,  hay días que lo llevo mejor y otros en que solo me apetece llorar porque no le veo fin. Me encantaría encontrar una guía que me aclarase este capítulo sin resolver, pero mucho me temo que no se halla publicada y que es algo que tendremos que resolver  a golpes de paciencia.

Tal vez  no se trate solo de lo que nosotros hagamos, como padres, y sea más esta una situación de mera evolución psicológica del niño, que nos ha tocado vivir.  Después de todo, V. sigue dormiendo como un lirón y eso me hace corroborar que cada uno de nosotros a través de los años, encontramos obstaculos en momentos diferentes. Hay que aceptarlo con sus inconvenientes, como una realidad pasajera, en la que tengo que volcar toda mi confianza y esperanza por que mejore.

Mientras se cumple este sueño que ahora mismo me parece tan lejano, voy a echarme un ratito a dormir….a ver si recupero parte del otro.

 

 

De batallas y mimos

Julio es un probador innato donde los haya. Por probar prueba incansable los límites de la paciencia de su madre. Otras veces, lo tiene más fácil y consigue rapidamente su derrota. Enciende su lengua de trapo y como por magia: ella estalla a carcajadas. ¡Bien! De un tirón el camino hecho.

En medio de tal estafa, la madre se pregunta ¿Como podré seguir yo batallando con un bribón de semejantes caracteristicas? Que tan pronto hace de su lengua apocopada el reducto más grande? Le dice muy seria ¿quien se va a comer ese tomate? señalando lo que ha dejado en el plato…y tan campante él responde: ¡Julio no!.

Ya monta frases pequeñas, banalidades de media boca y cuando atina con algún disparate y ella inevitablemente ríe,  el pequeño cerebrito lo archiva como un resorte  y lo usa y desusa a su antojo hasta sacarle el ultimo de los rendimientos. Diría que es listo o que le gusta sentir la complicidad del beso. O ambas.

Por contar cuenta hasta 20 y ella a veces tambien lo hace en silencio, como si fuera un rosario y tuviera la fe por las nubes, para que no la lleven los diablos cuando saca su cabezonería a trote. Es capaz de diferenciar todos los colores, las formas, las vocales, los animales, las frutas…le impresiona su inteligencia y en el saber siempre pide más, como las chuches ¡que no es tonto!.

Es dispuesto y bondadoso y todo eso mientras ella lo explica, la llena de  un amor incondicional del que no es del todo consciente. Lo que si reconoce bien son los defectos del pezqueñin,  que por otra parte le otorgan identidad, …como esa inagotable terquedad. Buena es porque no se rinde, mala porque habrá de descubrir la parte de esta vida que no va a estar a su alcance. A ella que razone eso -sin frustración- le parece  el mejor de los aprendizajes.

Hay tantas cumbres por hacer que a veces le da vértigo y se asoma a la ventana del “no puedo”. Ella tampoco es perfecta y se viene abajo como todo el mundo. Claro que ya entendió  que son pensamientos que nacen del cansancio. Luego pasan y ya.

Su amor es lo único que no pasa. El motor que enciende el “yo puedo” y va donde haya que ir con tal de ver esa carita feliz.

En esas noches en que el niño le hace trampas y le roba el sueño, ella le explica la necesidad del descanso. No puede estar toda la madrugada de aquí para allá y luego de allá para aquí, como el cerdito Gordi, que tiene que trabajar para amar su espacio y vencer a los fantasmas de la oscuridad como lo hacía el Momo, que un día hará de su lecho, su fortaleza, su castillo, su calma.

Anoche se le ocurrió soltarle que no la confundiera con Nix, la diosa griega de la Noche. El la miró sin pestañear, a pesar de las horas.

Le gustan los cuentos tanto como a su madre.

 

Sombras en la noche

La luz azul del piloto proyectaba  una sombra extraña en el techo. Era una incandescencia tenue, vertical que en su camino encontraba el obstáculo de una vieja lampara, convirtiéndola en sombra chinesca en mitad del oscuro de la habitación.

J., desde su cama,   contemplaba el escenario con cierto recelo, tumbado al lado de su madre, que lo interrumpía de vez en cuando con algún beso o caricia para invitarlo al fantástico viaje del sueño. Pero J. no podía cerrar los ojos ¿Cómo iba a hacerlo si allí había algo inexplicable y extraño? Una presencia que él no conocía y a la que no sabía poner nombre.

Finalmente señaló con su dedito hacia arriba y emitió un leve sonido quejumbroso salido de las antípodas de la piel. ¡Que fácil es leer el miedo verdad!¡no hacen falta palabras! es como un humo tóxico que nos embebe, conduciéndonos ciego a sus dominios.

Mamá intentó con bastante inexactitud explicarle que aquello que él veía ante sus ojos solo se trataba La sombra y que tenía una base lógica, pero… ¡que osada es mamá! si  J. aún no disponía de conocimientos científicos, ni de cine, ni de comic….¿como iba a entender quien demonios era La sombra?

Se quedaron los dos en silencio mirando hacia arriba, sobre la bóveda que siempre los envolvía, secuestrados por la misteriosa imagen. Una buscando un norte, el otro preparando una huída.

Finalmente mamá pronunció lo que más tarde serían las palabras mágicas:

“!es un pez¡”

Milagro. La sonrisa de J. entonces se encendió, iluminando toda la estancia. Con ella salió tambien la voz de J. (la valiente) que había estado escondida gran parte del tiempo, mientras el relajo comenzaba a instalarse de nuevo en el cuerpo del niño, moviendose con la inquietud con la que acostumbraba.

Es un pez¡ es un pez¡ es un pez¡ – grito varias veces emocionado a su madre, señalando La sombra.

Después ella le susurró muy bajito: El lenguaje y la imaginación siempre nos salvan.

Pero esto último J. todavía no lo entendió.

img_7210

Poesía otoñal.

img_0794

El otoño es una estación que me encanta para salir a hacer rutas y excursiones. Sí, ya se que el verano y la primavera son más calidas y que quizás apetece más al cuerpo por las temperaturas. De acuerdo. Además te puedes bañar, desnudar, .. todo muy bonito y muy hermoso, pero seamos justos,  el otoño goza de otras ventajas que -a mi parecer-  resultan de lo más interesante. Y no, no es coger castañas ni almedras,  cosa que dado mi perfil rumiante, tambien me gusta, mira tú…jejeje.

La razón fundamental es que aún no hace ese frio aterrador del invierno, ni el calor soporífero del verano… y por ende, se puede campar a tus anchas y viajar a todas las horas del día sin que esos pequeños inconvenientes molesten. Por otra parte, está el sindrome brasero, como digo yo, en el que ya, a estas alturas, la gente empieza a incurrir. La humanidad  en masa borreguil  se va resguardando en sus casitas  para ponerse el pijama de pelillo, activando a su vez el modo On- hivernación. Las chimeneas dibujan sobre los cielos su cuadro particular de cafes y tes humeantes, la rutina de camino al colegio, pipipi, papapa, prisas, interiores, estufas, tele, libros……reconozcamoslo:  los humanos en el otoño dejamos de barajar las salidas al aire libre  para pasar a una postura mucho más cómoda y sofisticada que es… sofa+ mantita. Todo tiene su aquel, como todo tiene su provecho.

Y ahí es donde yo me beneficio,¡ mira tú que aprovechada soy!… pero es que todo esto me conduce a pensar con gran estupor y alevosía: ¡Qué maravilla es ir a un lugar natural y no encontrarse ni al Tato!. Un sitio que sabes está petado en las fechas claves de desvarío vacacional y que dos meses despues, milagrosamente, yace desierto. Llamadme asocial, ser solitario…. lo que queráis…. Pero ¡qué placer, leches! Poner la manta y el culete donde te de la gana, caminar sin toparte con domingueros borrachos, ni mesas de picnic, ni radios o sonidos  mobiles que irrumpan estridentes en medio de la naturaleza….

img_0797

Estaréis conmigo en que a estos espacios se acude precisamente para todo lo contrario, huir de la muchedumbre y empaparse de ese silencio tan enriquecedor, que son lugares que cobran más sentido desde la calma y el reencuentro con los sentidos, la esencia mínima de lo que somos y  no para asitir atónitos a ver como un arroyo se convierte en piscina municipal sobre la que se vierten basuras y se bañan perritos.

El otoño escapa de todo ese gentío succionador de lo bello. Es soledad, paleta de colores y lluvia de hojas.  Por todo eso, que para mí es poetico y al mismo tiempo algo frivolo, me encanta y por todo eso (tambien)  he vuelto a un lugar al que ya había ido hace ahora algo más de dos años.

Se trata de un recorrido que engloba varias paradas de interés, entre ellas: el nacimiento de un arroyo especialmente particular,  del que yo guardaba muy buenos recuerdos. Por esas tierras (por vez primera) noté algo así como un pez moverse inquieto dentro de mí. Fue una sensación parecida al fluir del agua de aquel riachuelo, un instante, una burbuja que nacía de la tierra del mismo cuerpo, tal como el agua de aquellas pozas sale del fondo, fenomeno que me dejó entonces helada  confluyendo en mí como dos montañas, formando senderos liquidos de luz, viaje y sonido.

Tengo recuerdos memorables de cada uno de esos lugares naturales que tanto me gustan y  visito, pero pocos comparables a este. Así que volver allí, sobre mis pasos, acompañada esta vez de esos dos pececillos traviesos y de mi conductor favorito, era un viaje que me debía.

img_0799

Al llegar nos sorprendió eso a lo que me he referido en parrafos anteriores, la calma. El sentirnos pequeños en medio de la majestuosidad del lugar. Porque cuando todo está sereno, se siente mejor. Porque merece la pena detenerse a ver como los arboles consiguen mirarse en el espejo del agua y el agua le es fiel devolviendoles una imagen tan cristalina que una no sabe si mirar la superficie o el fondo.

img_0788

Pues no mires, solo siente. Cierra los ojos y atrapa el instante. Y luego…¡ ábrelos! no vaya a ser que un nene se caiga a la chilanca y le de un tangay al pobre de lo fría que está .

Pero para que seais conscientes un poco la magia, hasta para la tarea de ser madre o padre, el campo es como un refugio que te abraza. En cualquier hoja hay un juguete escondido y cualquier piedra representa el mayor de los divertimentos. Hacer crujir las cascaras como una música, contar historias sobre barcos imaginarios que flotan navegando hacia lugares exoticos, escribir y zarandear sobre la tierra lo más sagrado, nuestros nombres, o probar los ardiles de tu madre tirando una zapatilla al agua.

Yavestú. Todo es posible. Hasta formar un calcetín con una bolsa de pan y todos contentos. El bocadillo sabe mejor sentados como jefes indios, compartiendo los buenos alimentos en fiambreras improvisadas y untándose las manos con aceite y choped.

Ahí, justo al lado de nuestras costumbres tan prosaicas, el ejercicio de la naturaleza sigue incansable su curso mientras los arboles con su lluvia cadenciosa, de hojas de cien colores, hacen que los niños miren estasiados.

img_0796

img_0798

Es verdad. Todavía quedan restos de un verano que ya no volverá. Huellas de vestigios de un hombre y su sombra: el grifo de cerveza ya cerrado, el eco del gentío  que como fantasmas irrumpen en nuestra imaginación, la caseta con las sillas apiladas  y llenas de polvo y los carteles que siguen recordando normas de respeto que algunos -todavía- no cumplirán. Contemplamos todo este paisaje, tan ajenos, a distancia de una fecha que nos coloca como favoritos, como si el paisaje nos hubiera tejido un traje a su favor y ya fueramos habitantes suyos más que nuestros.

Nos vamos. Muy a nuestro pesar recogemos la manta y convencemos a los más pequeños e inocentes. La palabra castillo suena genial. Los juguetes desaparecerán y con ellos tambien nuestras voces menudas, escondidas entre la arboleda, donde casi no hacían bulto, ni sombra. Mientras, todavía con ganas de repetir aquella buena tarde de 2014, nos encaminamos hacia otro lugar más concurrido a las faldas de ese ya renombrado castillo.

 

El atardecer se ha estropeado con nublos que parecen sacados de Mordor, pero dos autobuses de turistas nos recuerdan que todavía quedan locos (a parte de nosotros) capaces de desafiar al tiempo con tal de caminar sobre un trocito de piedra e historia. Con los niños ya en los carros, gastamos las ultimas fuerzas del sábado, escuchando el penetrante sonido de la llamada de la iglesia y el leve arrullo de las palomas, sobre el campanal, mientras contemplamos absortos como el pueblo empieza a encender sus farolas a destiempo, convencidos tal vez por la llamada de un cielo apocaliptico.

Ya sí que nos vamos del todo. Esta vez para casa. Sonreímos al comprobar -con los ojos algo vizcos- como las primeras gotas caen sobre la protección que nos ofrece la luneta del coche. Va a caer una buena. Hemos tenido suerte. No nos ha pillado la tormenta.

 

 

 

DIFERENCIAS SUTILES

Digo yo que todos tenemos al típico amigo capullo que de un modo u otro siempre nos prueba. Sin embargo hay diferencias notables entre “amigo” capullo y amigo “capullo”. Aunque la cosa no fuera, en este caso, de comillas ni de comer, sino más bien de todo lo contrario, de beber.

Confesaré que me chifla la cerveza desde tiempos inmemoriales.  Y como sana bebedora, este recorrido me ha dado notas en el paladar para descubrir pequeñas pero sutiles diferencias entre la cerveza de barril y la de botella.

Y vosotros diréis ¿no es lo mismo?…. y yo os responderé….pues no. Empezando porque la de barril es más suave, tiene menos gas y –casi siempre- esta más fresquita.

A todo esto, en medio de la fiesta, a la mayoría de mis amigos, le gusta empinarse SU botellín y sentir esos pequeños cosquilleos del gas retenido mientras yo disfruto con  mi  vetusto vaso de caña y esa espuma traviesa entre mis labios y el bigote, mientras el fresquito de la cerveza a granel me atraviesa.

A veces pienso que igual todo esto es subproducto de que me estoy volviendo algo vieja… o bien que es más el ritual que el sabor lo que engaña a mi mente.

Sea como fuere el caso es  que uno de mis mejores amigos ,cuando se enteró de mis anacrónicas teorías, haciendo acopio de sus viles artimañas, no tuvo otra idea mejor que aprovechar que servidora estaba montando en el tobogán a sus zagales para vaciar mi vaso y llenarlo con cerveza de su botellín.

Y aquí es donde las diferencias se vuelven sutiles, casi imperceptibles. Mi amigo “capullo” estaba ansioso porque yo volviera a la mesa a catar de su caldo.

  • ¿Está fresquita, verdad? – me preguntó, días después de haber estado parlamentando sobre la cerveza y sus bienes.

 

Me la tenía guardada. Sí. El muy canalla. El muy petardo. 

Así que como una boba me trinqué dos o tres tragos seguidos, con la sed de una madre que viene de los columpios de bregar con sus hijos.

Vale….despues casi me atraganto.

Primero, por su “capullez”.

Segundo por mi torpeza.

Y tercero, por las risas que se nos alargaron media tarde.

Lección aprendida. No confesar nunca los secretos tisquismiquis a los amigos “capullos”

Pirata de ojos azules

 

Hay un pirata de ojos azules que se pasea por la orilla de mi casa.

Es un pirata pequeño, travieso, de ingenio dominante,

con el mar arremolinado en su pupila

y un barco de sueños por hilar.

A su corta edad ya ha conocido el sinsabor de las alturas,

las mieles del peligro,

las batas blancas.

Observo su cicatriz en la frente,

ondeando su piel como una basta línea de fuego.

La beso como al tesoro,

mientras señala con el dedo

y de su boca se escapa una tormenta… “pupa”.

Luego se esfuma de entre mis brazos,

como las olas,

que van y vienen para buscarme,

traviesa risa de espuma que  me salpica lo más hondo,

invitándome de nuevo a su juego de huellas, mapa y arena.

DOS AÑOS

 

IMG_8431

Dos años se pasan en nada. Aunque también pueden llegar a ser eternos. Recuerdo cuando nos parábamos a contemplar la bóveda en el cielo de verano, cuando aún no había farolas en la calle. ¿recuerdas?

Mirábamos y creíamos buscar una estrella, la que brillaba antes, la misma que se posicionaba ante nuestros ojos mientras cenábamos. Mas tarde supimos su  nombre y la guardamos en ese cofre que teníamos con todas las conversaciones estelares y todos los universos paralelos con los que crecíamos y nos componíamos.

Aquella estrella era otro pequeño universo, mucho más inalcanzable y doloroso, distinto a los demás, que llegó a poseernos y probarnos, para hacernos entender todas nuestras limitaciones y nuestros huecos.

Pero dos años se pasan y luego otros dos y otro más y estás de pronto ahí, como flotando en medio de un sueño. A pesar del avasalle de los acontecimientos, desilusiones y lágrimas … contemplando el brillo de dos estrellas que tú misma generaste para darles la oportunidad de brillar.  Tocas con tus manos toda esa luz unánime que desprenden, sientes el calor de una belleza que soñaste en medio del caos y recibes un amor tan imperturbable como incondicional.

Dos años son un camino pequeño con todo tipo de obstáculos,  momentos, emociones e hitos que van quedándose rapidamente atrás para permitir la llegada de otros. Cuando me paro a observaros detenidamente, entiendo que la vida se va haciendo entre abrazos, sonrisas y aprendizajes…  que no hay libro de instrucciones y que no tiene otro secreto más que el reajuste y la adaptación continua de las certezas, siempre en pro de velar por nuestros sueños y equipajes.

Dos años al mismo tiempo dan para mucho…permiten recorrer la increíble distancia que supone el lenguaje y el entendimiento y con ello se abre una puerta mágica para vosotros, la de la razón y la comprensión,  hacia todo lo que os resta por descubrir. Ya veis que yo, solo os llevo 33 años y todavía continuo siendo novel, traspasando continuamente esa puerta para lograr entender el mundo.

A veces se dice que se alían los astros cuando sucede algo extraordinario, algo que nos parece increíble por la fecha, las coincidencias o el azar…y se que -la mayoría- son cosas sencillas, pero estratégicamente puestas ahí para hacernos inmensamente felices.

Y es que esta noche, dos años despues sonará esa canción especial escrita y cantada por unos amigos, en una terraza cualquiera y yo estaré para escucharla y sentirla, de esa forma en que se sienten las cosas que has vivido, entendiéndola de un modo parecido a como ellos la compusieron un poco antes de que yo transitara este camino de la infertilidad.

Y bueno,  …aunque no son famosos ni exitosos en la medida que la sociedad cegadamente entiende,  como tampoco lo soy yo… me parece que desde otro punto de vista si que lo son. Y es que el éxito está mal entendido o acotado como definición, ya que se compone de algo mas que aplausos, fama y cosas materiales… Éxito  también es vivir de acuerdo a esas pequeñas felicidades, reir cuando toca y llorar cuando sea necesario, aceptar las propias derrotas, no tener miedo al cambio,…colaborar con los demás e impregnarte de todo aquello que hace crecer.

Y sí. Para mí también es éxito pararme… y contemplar mis estrellas… y celebrar que estoy aquí definitivamente, presenciando el milagro de su existencia.

 

 

 

 

 

 

TAREA DEL DÍA: AGRADECER. ¿Fácil, no?

Nunca me despido con un “Hasta mañana” porque hoy, el mañana no existe.

Pero si de verdad existiera,

estaría bien decirle a tu padre que lo quieres,

a tu vecina que le favorece ese color de pelo, 

a la profesora de tus hijos que gracias por su esfuerzo,

“buenos días” al del puesto del pan,

a esa amiga agradecerle cuanto te ayudó,

a tu hermana que la echas muchísimo de menos, 

a tu pareja que te gusta compartir tu vida con ella,

a la persona que te cuida lo mucho que hace por tí,

a tus hijos las sonrisas desde el minuto cero de la mañana,

a tu prima sus historias en la España profunda, 

a tu ex por entender que el odio no sirve,

a tu cuñada que  sus cafes son adictivos, 

a tu vecino que gracias por ese genial ruido mañanero que es “partir almendras”,

a tu compi que la vida vale muchisimo la pena,

a esa funcionaria agobiada que agradeces su paciencia y atención…

Si el mañana, finalmente, existe,

intentaremos decir algo bonito a las personas que queremos o que nos rodean…

¿no creéis?.

Buenos días, mañaneros.

REFLEXIONES DE J. (II): ¿AHÍ ESTÁS TÚ?

quien soy

No creais que desaparecí que sigo por aquí bebiendo bibes a mansalva, engordando como una bolilla y dando guerra a mis papas.

El título de este post viene a cuento de un juego que mi mami y yo practicamos en los ratitos juntos. A mí me encanta y me río a carcajadas porque pone esa mueca y esa voz de payasa que tanto me gusta.  La cosa va de miradas, primero  se  hace la despistada, luego me mira de reojo (para comprobar si yo sigo atento), luego vuelve a desviar la vistapara finalmente volver a mirarme de repente al tiempo que grita muy sorprendida: !!!!!¿Ahi estás tú?¡¡¡¡¡¡…. ¿como si no me hubiera visto?….. y yo pues me asusto y me parto el culete a la vez, mientras ella me come a besitos.

Mi mami es un muy cariñosa pero un poco torpe. En cinco meses que llevamos juntos aún no le ha quedado claro que a mi no me gusta dormir en bracitos, ni que me acurruquen, ni que me mezan… porque yo soy un bebe fuertote, vital…y sensiblilerías las justas. Es por eso que  cuando me coge  para dormirme lloro como un descosío. Detecto que se acerca la  hora de cerrar los ojuelos y eso no me mola nada de nada.

No entiendo para que sirve dormir.

Debería estar prohibido…me cuesta coger el sueño, a veces oigo a mamá decir “un día tendré que echar una solicitud”.  Las peripecias son miles y a veces me divierto esgrimiendo su ingenio, aunque otras me saca de quicio la verdad.Primero me pone el gatito en lo alto la cabeza, luego venga a colocarme el chupe, que si me da palmaditas en el culete, que si me pone bocabajo, que si mueve la cuna….etc,etc,etc.

“Cada día es un cuento”- la oigo decir. Pues sí, yo soy así. Que aburrido sería ser  cuadriculado.

Con el paso del tiempo me va gustando más comer. Ya  he probado muchas frutas y me estoy haciendo un maestro de la cuchara. He notado que se creen que el personal es tonto. A veces ponen la mesa y sacan cosas ricas, miles de olorcillos llegan hasta mi nariz…¿y quieren que permanezca impasible?. Yo aviso: quiero mi biberón…o sucedaneo… dejad lo que esteis comiendo, banda de frikies!!! …y lloro. Soy más listo que el hambre…

Ya rondo los 7 kg y pico y mi mami dice que soy “jamoncillos”… ¿a quién habrá salido este nene con esas piernotas?- pregunta algunas veces… haciendose la loca….¿pues a quien va a salir?- ¡¡¡¡¡a tí!!!!!! juas,juas,juas… (espero que esto no lo lea mi madre).

Me encanta pasear y conocer mundo. Pero lo diferente tambien me asusta. Mi hermano para eso tiene otro talante.

Hace poco me llevaron a ver a unos tales Reyes Magos,  supuestos hombres de Oriente que venían con regalos. Yo me desesperé. Primero nos hicieron esperar una hora, luego un discursito para los flamencos que habían tenido el honor de nacer el mismo año que yo, y luego una foto recuerdo todos juntos…

A la altura de los flashes ya no pude más…¿Ahí estas tu?….Siiiiiiiiiiiiii, efectivamente allí estaba yo sobresaliendo entre montones de bebes llorando como el que más.

¿Queda claro que no me gusta el protagonismo?

No tienen piedad, mis papis no tienen piedad.Ni que fueramos a salir en una revista.

Aparte…y esto ya queda entre vosotros mis lectores y yo….Esos Reyes Magos que yo ví, son muy raros. El que me cogió a mí tenía la cara pintada de negro y un par de tetis que me sirvieron para acurrucarme y quedarme dormido en el momento. Creia que los hombres no tenían almohadas de esas, pero vamos, voy aprendiendo y sorprendiendome cada día más. A lo lejos pude ver a mi hermano V. con la cara desencajada y cogido por el barba blanca. Yo por eso cerré los ojos y dije: ¿Ahí estas tu?…yo no estoy!!!!!.

DSC_1513

 

A ver, listillos y listillas….¿¿¿¿donde estoy yo????

 

LAS MALETAS ROJAS.

Cuando los vió aparecer con las maletas rojas entre las manos y aquella expresión de desolación en sus caras lo entendió todo. Ella los observaba sentada en las frías escaleras de aquella -tan familiar- primera planta, la piel erizada, el corazón encabritado. Pensaba como la vida nos pasa sin avisar, traicionera, ruín… como  la estación fin se halla en cualquier lugar ajeno a nuestro permiso.

Recordó los viajes que le había relatado al detalle, Rusia, Francia, Alemania, Noruega, Dinamarca…tantos y tantos lugares de la historica Europa, como piezas de un puzzle que estaba intentando completar. Ya me quedan solo los balcanes- decía. Otra Navidad más avivando el círculo: librando tertulias politicas, históricas y debates futbolísticos. Todos lo escuchabamos atentos. Porque ES de esas personas con lenguaje, con recorrido. Y él lo sabía.

Las maletas rojas. Las mismas que la agencia le había regalado premiando su fidelidad aventurera y que se había llevado a tantas habitaciones de hotel con los suyos. Las mismas que había elegido para  aquella habitación de hospital tratando de impregnar sus pertenencias con los inolvidables recorridos de sus recuerdos. Sentada en la escalera pensó que a lo mejor él habría elegido aquellas maletas como  pequeño talismán. Pero eso tan solo eran conjeturas suyas, la operación no se presentaba complicada a priori, cuando todo comenzó a fallar. Una pieza tras otra.

A veces las cosas se tuercen y no podemos hacer nada. Es así, pero cuesta tanto aceptar.

58 años de experiencias es muy poco tiempo para quien quiere vivir. “Disfrutaré de la jubilación el proximo año”- nos decía- tan ajeno a todo, con la ilusión de un niño en sus recien estrenadas vacaciones.

Pero la vida no son talismanes, ni ecuaciones, ni matematicas… sin permiso nos da y nos quita todo lo que queremos en segundos. Ella lo sabía. Y ahora observaba acongojada a su familia cercana, a los portadores de aquellas maletas, tocados por la incertidumbre y la sorpresa. Rodeados por aquella nube tóxica de calamidades.

Tienes que exprimir cada segundo, ¿me oyes?- se repetía como un mantra sagrado. Tienes que dejar de preocuparte por gilipolleces.

A medida que la tarde coloreaba de negro a la noche, nos sumíamos en la incertidumbre del no saber,  ibamos dejando caer el insoportable precipicio de las horas, esperando ese debate entre la vida y la muerte que solo el mismo y su fortaleza podrían librar.

Mientras,  las maletas- y tantos de nosotros alrededor -seguiamos esperando. Una noticia nueva, un atisbo mínimo de esperanza, siquiera su resorte a la sátira que como médico le estaba trazando la vida.

Desde aquí, te esperamos P., si nos oyes, vuelve.

Esta Nochebuena no será lo mismo sin tí.