Archivos Mensuales: diciembre 2015

Lo que engrandeció mi 2015

Dos pitufos: sus risas, su piel, bocaditos, guapura…la vitamina “mitodo”.

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Un hombre : que ha estado conmigo en todo momento: soportándome, disfrutándome y haciéndome reir. Pero sobretodo: queriéndome.

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Una comida: la de año nuevo en mi casa con mis mejores amigos. ¿Quien no está salivando ahora mismo?…venga, venga, no me engañeis.

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Una casa: aquel loft precioso en una ciudad perdida que se llevó un trocito de mí.

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Una playa: la nuestra, la conocida, la de siempre,… donde se crearon mis hijos en esencia y donde siempre vuelvo.

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Un dibujo: el que  hice para mis alumnos en el día del libro. Porque ellos fueron los que le dieron color y sentido. Y porque aunque no esté de moda leer (más quisieramos, pero no) quedó alucinante el vestido con portadas de clasicos infantiles.

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Una bso: el grupito de mis amigos en concierto…sigo disfrutando de sus letras, de su música, de su esfuerzo y de su cultura musical, de la cual siempre aprendo. Probablemente  nunca se hagan famosos, pero para mí son lo más.

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Una foto: dos edades, la ternura y el amor concentrados en un disparo flash.¿Hay algo más bello?

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Una frase: palabras talladas en piedra que encontré en uno de mis viajes.

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Un animal: mi pez, pronto cumplirá 3 añitos con nosotros…Siempre acompaña mis guisos y nunca cae a la cazuela, afortunado él…jejeje.

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Una fecha: su cumple. Una vela, un año, una tarta. Dos ilusiones, dos terremotos y millones de globos.

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Una casualidad: la de ese día que estás para que te coman los gatos y te laman los perros, algo que nadie sabe porque estás sola y …tu padre ¡tu padre! ( que está lejos de tí y no sabe nada) te envía esa frase. Son coincidencias que remiendan almas y que nunca se olvidan.

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Un atardecer: el de mi ciudad natal, desde el torreón más alto de su castillo. Entre dos luces ver encenderse miles de vidas,  sencillamente genial.

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Un libro: aunque ha sido un año prolífico en cuanto a lecturas, el de la foto es un libro sin letras (más que el título) que me ha emocionado hasta los límites y tambien lo veo lógico… amor de madre, leñe!.  Me lo hicieron unos increíbles fotografos profesionales que montan decorados sublimes para bebes.Un lujo en recuerdo que hace honor a la frase: una imagen vale más que mil palabras.

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Un famoso: el bombón triunfito, Hugo Salazar, al cual vi en directo por casualidad el pasado invierno y me conquistó con su “Mujer siempre”. El pobrecillo no paraba de quejarse de los fríos de mi tierra y yo tuve que morderme la lengua para no soltarle un……………bueno, ya me entendéis ¿no?…ajajajaja(por cierto en la foto salgo fatal, estaba en las nubes…ups)

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Una bebida: whisky de verano con coca-cola, piscina, sol y compañías. Como veis, alguno de mis amigos/as bebe aquarius y no pasa nada… no me veréis a mí, salvo que este malucha…jajajaja.

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Una prenda: mis zapatos. Estos en particular son mis favoritos, me han hecho caminar mucho este año, a los cuales, les he rendido pleitesía sacándoles esta foto…¡que le vamos a hacer! ellos no tienen la culpa de que yo sea rarita.

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Un juego: los bolos con botellas vacías de aceite. Hay que reciclar. No solo por el  bien planeta sino tambien porque los niños no entienden de juguetes exquisitos, solo de momentos y risas. Así debe ser  y lo olvidamos a menudo.

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Un vicio: la cachimba. Jo! este año me he echado de lleno. Y lo peor es que no quiero quitarme porque me gusta mucho fumar pipa de agua. Me seguiré engañando con que es menos nocivo que el cigarrillo pero a fin de cuentas, tabaco es. En fin, confío en reducir este 2016.

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Un postre: estas galletas caseras con lacasitos. Juro que estaban buenísimas y que haré más.

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Un atrevimiento: cortarme el pelo tan radical. Nunca en el mismo año habían confluido la melena más larga y más corta de mi historia … Me veo mejor así -y me siento-, aunque no termine de ver del todo por ese ojo. Mejor, mucho mejor así la vida.FullSizeRender

Un brindis: por vosotros, mis lectores.

Por seguir ahí un año más leyéndome a pesar de mi ausencia durante meses, por deleitarme con vuestros blogs, nuevas historias, nuevas perspectivas del mundo, por vuestra amabilidad y vuestro apoyo en esta mi libertad de volver por acá.

Que el 2016 os regale parte de vuestros sueños.

O al menos las piedras y cimientos para encaminaros hacia ellos.

Que os de fortaleza para superar los trances con aplomo

….y buen humor para que no se escapen las sonrisas que nos merodean…

ni la chispa que nos autodefine,

ni la payasada incontenible que tiene el nombre de cada uno de nuestros terribles corazones.

Que esta vida – peleona y adiestradora-  os enseñe lo justo porque está claro que aquí vinimos todos para tropezar y aprender. Pero que no se lleve vuestra esencia jamás.

Y sobretodo que sigáis siendo penínsulas, no islas. Porque está en la propia condición humana, en nuestros genes, compartir con el resto. Hagamoslo posible e inolvidable. Tratémosnos con amor o al menos, tolerancia.

 

 

 

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Extraño cuento sobre la ilusión

Empezaba a visitarla la ilusión de estos días.

Aunque estaba algo crecidita para aquellos menesteres tenía ganas de recibir regalos ¿y quién no en estas fechas?. Había estado toda la mañana oteando aquella pagina “selva del AMAZONas”, quiso llamarle, en la que una podía perderse y encontrar casi de todo.

Al principio pensó que lo que le hacía realmente falta (una cabeza nueva, tornillos, pastillas contra la resaca, un curso intensivo de yoga o uno nivel experto en milfulness) no lo encontraría por allí. Quizás lo más parecido era la enorme colección de libros de autoayuda para brechas de la psique, pero nunca había leído un tomo de estos y le daba pánico adentrarse en líneas que probablemente acabaría convirtiendo en polvo ella misma.

Tras desechar la opción,  pensó que su deseo más fuerte y verdadero no era otro que volver a ser niña de nuevo, quitarse 25 años de un plumazo, olvidarse de los problemas  y sentir de nuevo la refrescante brisa de  regalos que trae la Navidad.

Así que –ni corta ni perezosa- cerró los ojos, convocó a las mágicas fuerzas del tiempo y repetió para sus adentros el mantra secreto. No me pidáis que os lo confiese pero ni era el famoso ommmmmmmmmm,  ni tampoco la receta de la Coca- Cola. De repente empezaron a saltar chispas, burbujas y humo de colorines.

¡¡ Cáspitas!! – la oí decir mientras tosía un polvo gris con estrellas fucsias. La cosa parecía haber funcionado.

Como si de una madeja de tiempo se tratara, el ovillo terrible de sus años empezó a desenredarse en dirección contraria: vió a través de sus ojos ingenuos como sus manos embebían en el teclado. El estomago le dió un vuelco de tres nudos, la cabeza se le achicó (que no los sueños), a su pelo le salieron extraños brillos color púrpura y un brío ya olvidado la hizo brincar a lo cabra loca hacia el espejo.

Allí la ví acariciar absorta su piel tersa y suave. El cristal le devolvía una  estructura de menudencia encuadrada en una carita de poema . De algún modo extraño noté que se encariñó con la imagen, como quien lo hace con algo que ya está en su memoria, fijo como las raíces de un árbol centenario.

Volvió al teclado. Entre zancadas traviesas danzaba el encanto de pedir a los mágicos reyes de la red sus regalos, ¡estaba como loca!. Nunca le habían dado veda libre para comprar a su antojo así que mantenía un divertido monologo vivaracho, que al poco se llenó de música youtube, palomitas, batido de fresa, manos trajinando coreografías …y todos esos inventarios de nena.

Accionaba el ratón con habilidad y decisión. Parecía que hubieran abierto las puertas de las primeras rebajas para niños. Asi que escogió muchas cosas, muchísimas. La cesta se llenó rápido, al igual que su pícara sonrisa adornada con granos de maíz.

Más tarde  ví como dudaba, pensaba y se arrepentía mientras iba eliminando productos. Quizás conservara cierta sensatez genética, producto del ahínco de frases que sus padres habían taladrado en su memoria.  No se necesita mucho para disfrutar solo imaginación y ganas-decían. Y no les faltaba razón.

Tal vez  lo que le pasó desapercibido por edad, fue que la felicidad estaba a su lado, rozandola, en aquel allí y aquel entonces, ese momento en el que sin vigilancia se estaba autoregalando la libertad de elegir. Ese minuto flash en el que estaba esgrimiendo un sueño, una primera vez, un deseo… Así era ella a sus 9 añitos: disfrutadora oficial de momentos, dispuesta, auténtica. No le costó tener claro lo que verdaderamente quería, aunque sí atinar a utilizar la tarjeta electrónica que su dueña -ya mayor y desconfiada- había blindado con la seguridad mil….. ¡qué bárbara!.

Días más tarde recibió un paquete.

El efecto se había esfumado, ya no era la niña de antes, sino una madre que distraía en el patio a sus hijos. Las plantas se estaban secando con un sol de invierno atípico,  pero su ilusión no.

Llamaron a la puerta, se asomó al pasillo y allí estaba: el tipo del furgón que le traía un trozo de su ¿viaje? al pasado. El pasado que realmente contaba para ella. Un pasado sobre el cual (en solo unos días) había desarrollado lagunas inefables que estaba a punto de desvelar. Un pasado que enroscando en su presente iba a mejorarlo. Un pasado feliz.

Cuando entró a casa de nuevo, con la caja entre los brazos y la ilusión por las nubes, gritaba al infinito cielos y cielos de alegría. Sus hijos la miraban absortos: ¡¡¡venid, venid….vamos a descubrir mis juguetes!!!- exclamaba.

Tal vez no fuera la última vez que este curioso efecto de “descrecer” la visitara a lo largo del ovillo de sus años, pero estaba segura de que ésta la iba a recordar por los siglos de los siglos.

 

… Ni que decir tiene que aquellos juguetes pronto fueron compartidos por otros dos individuos más…

 

** Y vosotr@s…¿ habéis picado ya en la trampa comercial? ¿Qué os habéis autoregalado?

 

 

 

 

 

 

 

 

LOCA

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Llamadme loca, pero todavía creo.

Todavía creo en la sociedad.

Las gentes que piensan con algo más que el grito de sus tripas,

el pensamiento basado en la lengua de la diferencia,

el olor que desprende la inteligencia dulce,

la capacidad  del dialogo abierto… inacabable.

Llamadme LOCA, pero todavía creo.

Todavía creo en los libros.

En esas ventanas que nos abren paracaidas de respuestas,

En esas letras que como fogonazos nos iluminan en mitad de la oscuridad,

En las vidas en las que la cochambre no es más que  una historia ficticia

En los finales que- aun tristes- dejan secuelas de raciocinio sin llagas.

Llamadme LOCA, pero todavía creo.

Todavía creo en la palabra.

La costumbre de usarla para acercar vidas,

Su poder inabarcable para tender puentes

La suma precisa de silabas que desatan sonrisas

El color de distintas músicas en una paleta de bocas.

Llamadme LOCA, siiiii, todavía creo.

Todavía creo en la familia.

En los escritos de mi abuelo, de mi tío y los míos.

En las croquetas de mi abuela, de mi madre y las de thermomix.

En el testimonio de momentos inigualables a través de generaciones

En el amor insolente que desprenden los ojos de mis hijos,

En las puertas de las verdades que me abrió mi marido.

Llamadme LOCA, ¡adelante! todavía creo.

Todavía creo en la intimidad.

En los cajones que guardan los instantes de magia,

En las prendas que abrazaron pieles y cuerpos

En lo que no se posteó en  redes y blogs por envidiablemente bello

En los correos que registraron la amenaza de mensajes alentadores.

Llamadme LOCA, lo merezco, pero todavía creo.

Todavía creo en la vida.

En la posibilidad de que alrededor de los huecos, el sol instruya la tierra

En la oportunidad de que nazcan flores en el casco del soldado

En la semilla de paz y su poder allá en las faldas del lecho

En los cielos transparentes que dejan las tormentas.

Llamadme LOCA, aún creo.

Todavía creo en el amor.

En los elixires de su aroma que viajan libres por los cuerpos del mundo,

En las sendas de mujeres y hombres que amándose, no sufrieron de dignidad, ni de chantaje, ni de burla, ni de cinismo, ni de dolor…

En las despedidas sin muertes,

En los futuros sin sombras.

Llamadme LOCA, pero todavía creo.

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Definitivamente, me gustas. Podría decirlo cualquiera pero no tendría el mismo sentido que si lo digo yo, aunque tampoco te lo tomes como una declaración de intenciones ni nada por el estilo.

Me gustas principalmente por tus porqués…tu eterno y profeso amor al porqué, cuando te acorralas con el porque del porque y eso te conduce ciega a cientos de miles de porqués más, cuando centrifugas tus pensamientos en la lavadora esa que tienes por cabeza y al final salen arrugados y con manchas imposibles, peor que si hubieran entrado.

Te frustras terriblemente, se te forma una arruga entre el pecho y el ombligo que nadie ve, los realistas aburridos le llamarían a eso “nudo”, pero a mí hasta me provoca sorna con risa…y te crees que es un michelín pero no, ¡más quisieran tus costillas!.

La razón de que me gusten tus curiosos enjambres es porque te creo pensadora, inconformista y loca, una mujer atípica a fin de cuentas. Y eso, créeme, me destapa incredulidad en un mundo en el que -cada día más- se nos distrae con venenos deliciosos para no pensar. Como yo soy más racional que tu, estoy esperando a que descubras mi código: un montón de porqués solo son una porquería, una obviedad que tu no ves,  pero mientras tanto te dejo  a tientas y oscuras para que te atribules  con tu máquina pensadora porque se que eso te llevará a tocar algún fondo con respuestas.

Eres la ciclotimia que algunos rehuyen,  otros tantos niegan y una mayoría se impide afrontar. Lo puedo percibir fácilmente, un laberinto en Oahu o un boceto de las tantas escaleras de Escher. Y, por eso me encantas, por tu búsqueda y tu cambio incesante para lograr ser lo que tu quieres ser sin que otros te rijan, sin convertirte en ese estúpido perro de Paulov … Y ante eso, lo tengo claro: tu lloras, yo te aplaudo, tu te desanimas, yo te empujo…porque veo posibilidades en tí que van más allá de lo corriente y moniente.

Me gustan tus ideales sencillos. Creo que, sin ser consciente, has dejado de otorgarle la importancia debida o por lo menos te sientes extraña en tu propia piel cuando en ocasiones te sorprenden esos placeres que tiene habitar en esta tierra. El aire profundo golpeando tu cara es más que un regalo, mientras tus pies se convierten en ruedas que endulzan el veneno de la insoportable inmovilidad. El olor en el pelo de tus hijos es un perfume con gotas de madera y ternura inigualable…, mientras tanto, tu mirada al vacío no soporta a veces un  cielo tan infinito y demoledor, al tiempo que mueves la melena con la furia del instante en el que una canción de heavy metal te descubre atrevida, y de repente gritas….gritas al ver morir a Jonh Nieve ….¡¡¡tu Jonh no puede morir!!!.

Esos pequeños atisbos tan tontos,  demuestran el tonto sentido de la vida y esa tontuna es necesaria para la chispa…para que todo cuente…

Me gusta la contradicción de tus mezclas, camisa con sudadera, cerveza a la cereza, ese hippismo (¿elegante?) que tan bien sabes llevar… y tu cuerpo…el lugar mistico que  tu humor cambia según las notas de la escala: de feo a  mejorable, de frío a cálido y a veces tremendo.Permiteme que te diga: peinate esos remolinos y mirate despacio. Nada que temer al fondo del espejo… tras los años y los daños…tampoco te conservas tan mal.

Cuando no te sientas erudita, ni sabia, ni perfecta, ni mejor que nadie: es cuando más procuraré aplaudirte…porque solo así serás libre de ser. Te interesas por mejorar y eso es bueno,  investigas dejando fluir tu lado más plausible y salvaje, dedicas tiempo a lo que te apasiona, haciendo brotar el hilo de tus pies, el fuego de tus manos, el estupor y las huellas. Vas por buen camino aunque te cueste, a estas alturas de la vida viniste para no ser invisible ni cobarde,  tampoco para esconderte y que si te caes 100 veces ya sabes que te levantarás 101. Es una contraseña más que maneada .

Me gustas como madre porque sabes del peso y la trascendencia de “una imagen vale más que mil palabras”y estás segura de que solo a través del ejemplo podemos educar. El ejemplo en definitiva no es un discurso vacío de casta política, tan solo es atreverse a ser, con sus más y sus menos; velas por ello y actúas en concordancia  para que el futuro de tus hijos esté colmado de la inquietud y felicidad que a tí también te dieron.

Te veo luchadora y aunque hubo días, meses y estaciones  en los que un folio en blanco pisoteó tu dignidad por entero (recuerda que fue decisión tuya), hoy eres totalmente consciente de que cada línea, cada párrafo, cada boceto, te muestra quien eres… y lo mejor, aceptas tus fallos sin recriminártelos. Tus garabatos se rebelan, tus letras se colocan en vertical y en horizontal, las palabras empiezan a vaciarse derramando ríos de tinta…Tú, eternamente tú, tu viaje ahora está llegando al final del principio, vívelo…aunque habrá a quienes provoque risa, no los escuches, todos se han dirigido alguna vez hacia ese lugar inescrutable.

Me encanta que cada día entiendas más y mejor que la felicidad es una decisión, aunque nada fácil a veces. Por suerte no estamos aquí para aleccionar conciencias sino para empaparnos y sacar lo mejor de cada experiencia y que algún día, cuando todo acabe, te arrepentirás de haber vivido preocupándote por lo que otros dijeron. Naaaaaaaa, no somos lo que otros dicen, hablar nos mata y ¡¡qué remedio!! mientras exista ira y envidia  y miedo a los ideales de los demás…existirán las batallas dialécticas. Ante eso solo podemos poner el freno de la ignorancia.

Me gusta que me escuches porque, en definitiva, soy tu otro yo hablándote desde la lejanía. Vives apocopada desprendiendo emociones frustradas y  dolorosas marcas, mientras yo trato de calmarte bajo toneladas de obviedades, que aunque no te lo parezca también están en tí.

Hoy quiero decirte algo de lo que aún no te has dado cuenta, no necesitas demostrarle nada a nadie, solo a tí misma. Tu te preguntarás que hacer con toda esa energía negativa que tanto tiempo dejaste entrar y yo te diré que la conviertas en acción, pies y sueños que no la enfoques  en quienes no te valoraron, sino en todos esos que te quisieron y te aceptaron al completo.

Solo me falta decirte que te quiero (aunque creo que ya lo sabes)…algún día nos fundiremos como antaño, estamos cerca de encontrarnos en alguna parte entre tus pesquisas y mis verdades. Hasta entonces, solo un consejo: Disfruta del viaje. No todo el mundo se atreve.

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Sobre lo que no se puede contener: la libertad. Cuentos de masa, líquido y refranes.

Erase un tiempo presente en el que habitó un jardinero muy afamado, el cual no medía más de 8 palmos y no había cumplido aún los dos años de edad. Vivía a cargo de su madre, evidentemente, a la cual tenía no menos que henchida de satisfacción por su buena fe en el arte del jardín. Su labor favorita era remover el sustrato untándose de tierra hasta los ojos. La madre pensaba: ¡Qué importante oxigenar la tierra!. Si no se remueve a menudo,  crecen malas hierbas y si eso ocurre, las plantas bonitas pueden estropearse. Esto aún era joven para aprenderlo, pero lo haría tarde o temprano. Ahora lo que más le apasionaba era sentir el tacto de la arena escurriéndose entre sus deditos sin que él pudiera atraparla. ¡Qué misterio! ¡Que maravilla!…hay cosas que no se pueden contener aunque se apriete el puño.

Por aquellos días vivió también en la comarca otro habitante muy característico. Tenía la habilidad de pintar con leche chocolateada. Una vez se saciaba, utilizaba el artilugio biberón como botecillo de pintura mientras sus deditos convertían el líquido en garabato. La mamá pensaba: ¡Qué innata es la necesidad de expresarse!…un líquido que se derrama puede tomar diferentes formas aunque sea incontenible, el resultado depende del que mueve los dedos. El habitante niño aún no pensaba eso, todavía era joven. Lo que le gustaba era la simpleza de escurrir las manos entre algo tan fluido, tan húmedo, cambiándole la forma y la transparencia. ¡Que hallazgo! ¡Que prodigio! Hay cosas que varían para siempre si las trastocas.

 

Por último, la madre, que gozaba de unos pocos más que dos años de edad, también poseía un don, o más bien, costumbre inevitable que era cambiar los refranes de sitio , dando lugar a sopabobas del tipo “a quien buen árbol se arrima…ciento volando” o “Está más chongo que chongo”. Los pequeños pensaban curiosos : ¿Qué significará eso que dice mi madre?.  A ella lo que le hacía gracia del asunto, evidentemente, era lo despistada y desobediente que era -también- su memoria social.

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2015: El tiempo. Todo. Locura.

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El tiempo ¿quien no piensa en el tiempo?…el que rozamos con los dedos, el que se fue y el que está por venir. Ese personaje invisible que nos roba segundos mientras con aire canalla se nos escapa entre las manos. Tal vez deberíamos asomarnos menos al precipicio del antes y del por venir y tan solo centrarnos en el instante. Exacto, saborear el instante. Es algo que siempre he sabido hacer bien y que ultimamente, he olvidado.  Tiempo, si, si…me refiero a tí, quiero que sepas que no vas a detenerme más con tus miedos, la incertidumbre y los recuerdos del pasado, que elijo a partir de ahora que tu música de tic tac indomable me sorprenda bailando, que no voy a pensarte más como acecho, duda o incertidumbre…que ya vale de querer controlar lo incontrolable. Eres tiempo, eres invisible…pero estás porque yo elijo centrarme en tu presencia. Tu presencia indigesta tal vez, porque no sé lo que harás mañana ni puedo borrar lo que hiciste ayer. En cambio si puedo disfrutarte hoy. Y a eso me aferro sabiendo que me esperan mis sueños: pequeños retales sinceros. Míos son y de nadie más.

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El todo, ese todo ansioso es nuestra identidad egoísta. Todos queremos todo.Hoy, ayer y siempre. Y en ese quererlo todo, a veces se nos pierde todo. Me refiero a todo lo que somos. Es por eso que habitualmente tenemos que detenernos a recoger todos los cristales rotos que nos quedaron, desechar los que fallaron y volver a recomponer nuestra figura. Así, sin más. Todo acaba y todo empieza para volver a ser todo y luego nada y así en un bucle reconstructivo inmenso. Yo imagino El todo como una roca enorme que nosotros tenemos que esculpir. Esculpir es quitar lo que sobra a la fuerza. Realmente todo no es necesario para ser feliz, pues llevaríamos una mochila llena de lastres y no disfrutaríamos de los paisajes, ni  las gentes, ni los mañanas. Imaginaos lo que eso pesa. Todos queremos todo, pero ese todo tan solo se reduce a una cosa vital: sentirnos queridos y que nos quieran. Ese es el sentido máximo y a la vez mínimo del todo, cuya esencia todos queremos alcanzar.

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Y vale…es fácil todo lo que he dicho. Las instrucciones para vivir mejor todos nos las sabemos de memoria. Hacerlo es otra trampa más maliciosa. Hasta el tiempo se sabe nuestras arrugas de memoria y juega a trazarnos nuevos recorridos con los que recelarnos. Sin querer, lo hacemos, caemos en lo fácil…vamos olvidando nuestra compañera más asimétrica, la silenciamos a menudo: la locura, esa funesta olvidada en el baúl de las derrotas, porque pareciera cosa de niños o adolescentes que se atreven como nadie a vivir regidos en sus brío de primera vez. Y nos creemos más que ellos desde el rictus que nos otorga la experiencia, como si eso fuera un billete de éxito. La locura es salirse de las vías, un tren estrellándose contra la tristeza y la rutina, el guiño a la imperfección que a todos nos caracteriza. Y se puede estar loco de muchas formas, no lo dudéis…buenas y (no diré malas) sino tremendas. Pero la básica, la que yo entiendo para vivir bien, consiste tan solo en no domesticarse a uno mismo, hacer brillar lo espontaneo a través del cambio, despeinar a la costumbre y quizás- tan solo- seguir adelante haciéndote cosquillas con los problemas.

El tiempo. Todo. Locura. Tal vez el tiempo no lo cure todo, no le dejemos esa tarea tan ardua,… a fin de cuentas es intangible. Puede que nos desentendamos del esfuerzo, nos acoplemos a la magnética debilidad, dejemos pasar el reloj y por ende, la vida. ¡El tiempo no es magia!.

Seamos nosotros los que construyamos de nuevo el todo, el tiempo y la locura. Porque, no lo dudes un segundo, todo tiempo puede ser una locura.

 

 

RESEÑA: EL REGALO- Eloy Moreno

En estos días he terminado “el Regalo” el nuevo libro de Eloy Moreno. No me quería pasar por alto  una pequeña reseña de lo que me ha parecido, dado que lo sigo desde el principio y he leído puntualmente todas sus novelas.

Si tengo que dejar una impresión general es que Eloy nunca me defrauda. Tiene un estilo propio contundente y reflexivo, cerca de la prosa poética por lo que te hace vibrar tocando la piel a través de emociones. Sus metáforas resuenan -literalmente- con el pasar de las lineas y vas descubriendo esos sentimientos con los que todo el mundo se ha sentido identificado alguna vez.

En su nuevo libro, vuelve a incidir en temas que aparecen en sus anteriores novelas pero que no dejan de ser interesantes: la búsqueda de la felicidad, el escape de formas de vida que aparentemente nos proporcionan un confort ficticio, los hilos de una sociedad que nos va  lentamente dirigiendo a cauces de obediencia para luego hacer de nosotros esclavos de  sueños ajenos, la grandeza de las pequeñas cosas, el valor de los que tenemos al lado que se nos difumina entre el polvo de un camino que va empobreciendo nuestras almas. En resumen, la rutina, la dejadez y sus posos.

Me hubiera gustado leer el Regalo más detenida, con paciencia porque es una novela con profundas reflexiones y puntos de vista en los que merece la pena detenerse, pero, lo reconozco, sus libros son libros cafeína (les llamo yo, por su adicción)  no me duran más de tres días. Con este, aún el efecto ha sido mayor, sabe como acabar cada capítulo dejando la semillita para que no pare y quiera seguir leyendo.

En cuanto al argumento, no me gustaría desvelar nada….Creo que, sinceramente, es lo ideal para leer este libro. Solo diré que su protagonista es un hombre casado con una hija y una vida más o menos acomodada, pero con un trabajo que le impide disfrutar de su familia. Un día le roban el coche y descubre algo que le cambiará para siempre.

El libro esta muy bien hilado, narra en primera persona los sucesos de nuestro protagonista y paralelamente utiliza un narrador omnipresente que va contando otros hechos que entremezclan unos con otros consiguiendo una trama de personajes tan excéntrica como vital.

Una de las cosas que más me ha gustado – será porque he leído sus anteriores trabajos- ha sido el guiño con el que ha catapultado personajes de otras novelas a esta. Volver a verlos ha sido lo más. En realidad estaban en mi mente y al volver a encontrarlos ha resultado como ese buen amigo/a al que hace tiempo que no ves y un día sin esperarlo te lo  cruzas por la calle. En la vida real le darías un abrazo, en la novela el abrazo también esta, pero con letras.

Es una novela trabajada y que creo hará pensar a la gente que la lea. La calidad del libro, desde mi punto de vista, es eso que te viene después de terminarlo,  a ráfagas, a la mañana siguiente o incluso meses…esas partes que te despiertan  palabras o sensaciones inolvidables. Y el Regalo, valga la redundancia, es un regalo bonito a los sentidos, una oda a la vida. Es un libro de los que merece la pena leer.

Si por algo valoro a este autor, es porque casualmente,  todas sus novelas han llegado a mí en momentos muy personales de mi vida y me han dejado, no sé, podrían llamarse moralejas…pero tampoco es eso. Debe ser que me han ayudado y …punto. Lo cual no es poco.

Por cierto, hago un llamamiento desde aquí a Eloy Moreno para que se anime a venir a Jaén. Deseando estoy de conocerlo en persona y que me firme su libro. ¡¡¡Fecha yaaa!!!

 

  He abierto un blog paralelo a este, pero muy distinto:  con los dibujos y cosas que voy haciendo. Si, si!!! estoy pintando, en todos los sentidos me está viniendo de maravilla. Los peques ya lo hacen conmigo y les encanta. La verdad es que tenía ganas de exponer mis cosas, así que cuando queráis visitarme la dirección es: 

https://lolartblog.wordpress.com/