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Acerca de Mukali

En este viaje tan largo me encontré no con una sino con !!DOS!! semillitas preciosas. Crecieron en la maleta de mi barriga durante 9 meses inolvidables, Y ahora por fin están aqui, conmigo, regalandome cada segundo la experiencia que supone ser madre.

Líquida la noche

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Se escurre el sudor.

Embota.

Galopa mis poros.

Aplasta mis sentidos y me nubla la razón.

La piel mojada.

Los pies descalzos. 

Escucho nostálgica las señales del verano.

Camiones de basura yendo para el vertedero

la  media luz de la farola,

los ruidos de la madrugada.

La gente que dialoga en sueños.

y el agua obscena de la piscina

invitando a su banquete.

El tiempo se vacía por los rincones

como gota que atraviesa el estío y se llena de suciedad

sin yo poder aclararla,

sin tú poder detenerla

la fragua que de la fuente mana…

y se desangra

la neblina gris de tus ojos

se cuela por mi boca como un veneno.

Hoy se te olvidó – otra vez- besarme.

Yo era como una pompa de jabón

y temías que tocarme fuera el fin de la infancia,

sentías pavor de que vertiese mis entrañas sobre tu ciega armonía ,

que me evaporase con el aire brillando hasta el exilio.

Quizas el espanto fuere otro.

Puede ser.

El frente a frente.

El pensar en el escenario.

Las lunas de hoy cayéndose

sobre los espejos del antes,

 luces en el techo, arañas y  mosquitos,

toda esa atmósfera evidenciando las carencias,

y nuestra incapacidad de reírlas.

Afluente loco, potente, arrollador…

ven aquí a llenarme de escarcha y de frío 

como la lagrima de una mujer

capaz de embeber el universo.

Quítame este fuego 

que arde en los confines de mi memoria.

paisajes de noche con figura humana

 

 

 

 

Conexiones

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Podría hablar de como mis ancestros -hábilmente-
estudiaron los  materiales para dar con la formula correcta de guiar los elementos,
hasta hacerlos parte integrante del medio
sin que la naturaleza los aniquilase.
De como estudiaron los huecos y las formas,
y de cuantos derrumbes hubieron de levantar
hasta dar con la plenitud de la solidez.

 

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Podría hablar de esas flores que a ningún poeta inspiraron,  
de sus olores anodinos que no llegarían ni por asomo a ser la nota contenida de un perfume,
de la olvidada geometría que respiraban sus racimos de antenas y filamentos,
trazando esquemas que entre mis ojos y el ocaso se van marchitando.

 

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Podría hablar de como Junio atiza con su sol inclemente los pastos,
hasta colorear de amarillo pajizo la hierba que ahora cruje bajo mis zapatos.
Hablar y hablar, tal como camino y camino,… sin tiempo ni ruidos,
hasta dar con un movimiento que me hace sospechar que alguien -con disfraz aranero- quiere alientar mis pensamientos.
Y es fácil que justo aquí,  lejos del mundanal abismo de humanidad y prisa,
me sea más irrisoria la idea de todo cuanto a nuestro alrededor fluctua…y es imposible detener.

 

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Podría hablar del hambre.
De los frutos prohibidos.
De las manchas que van dejando en mis manos y luego quiero lamer.
De la acidez y de la dulzura
o del punto exacto en el que una lengua se confabula con el gusto
para mandar cerrar unos ojos a placer.

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Podría hablar de los bailes y de las luces que conocieron las ruinas de estas tierras,
confundirlas en medio de los arrabales de mi presente,
hasta llegar a la danza que ahora el viento traza  sobre el forraje.
Hacer que las luces de los candiles  -antaño iridescentes-
fueren como este cielo que de repente me colma,
pintor de tonos a relevo de un sol fatigado.

 

 

 

Y aunque podría hablar y  hacer poesía de lo cercano…
¡qué más da!
si las conexiones que se me vuelan y las que callo
todavía me llevan a tí.
De un modo caprichoso y enigmático.
Así como reliquias de un sarcófago rojo. 

 

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Me sacó de mi fría casa con el calor de su mano. Me llevó a toda prisa por esas calles por las que nunca había pasado. Con temple y sin aspavientos tiraba de mí y me apretaba su prisa, el sudor de su piel era un volcán que se acoplaba a mi escarcha. Atravesamos puentes, escaleras, calzadas ¡tantos mundos desconocidos para mí!. Luego se nos fugó el sol. O nos cubrió algún techo de sombra que percibí como una cueva. Iba mirando por las rendijas lo que ella me iba dejando… había música y olores desconocidos y gente aparenciéndose en los espejos… 

Recorrimos un gran pasillo atestado de objetos inquietantes y percibí como me abandonaba en aquel agujero. Con que dejadez su mano dejó de ser, y me noté tan sola. ¡En un socavón tan grande como extraño!. Alguien debió avisarle que no era un lugar hecho a mi medida, que yo no era como las demás ni tenía las formas estudiadas para ser un cuerpo estándar comportándose según leyes de gravedad naturales.

Alguien, pero nadie se lo dijo.

En cambio empezó a correr y a correr, desentendida de mí, como si el mundo se acabase en alguna parte…y yo empecé a resbalar y resbalar sintiendo el embiste de su determinación….

Caí al fin desplomándome bajo sus piernas, apunto de enredarla con mi batacazo. Con el impacto quedé inmóvil sobre el suelo, sintiendo como me taladraba su iracunda mirada,

…  Y doliéndome aún de mis magulladuras, la escuché exhalar:

¡maldita botella! ¿porque no puede ser como las demás y estarse quietecita en la cinta?

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Lo que aprendí tras la barra

No soy maestra en el corazón- la oí decir– pero si te puedo decir que he sido (hasta ahora) una buena alumna.

En la barra, desplomado, un joven con rastas escuchaba compungido las palabras de la camarera. Yo tomaba mi café de cada tarde y no pude evitar prestar atención al discurso tan interesante que mantenían.

Te diré lo que me hubiera gustado que me dijeran. Yo, que he vivido décadas enteras detrás de esta barra, como escuchadora, consejera o búho del insomnio, como papelera de tantas y tantas historias sobre corazones arrugados que han llegado a mí hasta enriquecerme. Te diré que me parece eso a lo que todos llaman amor.

Y es que sin ser algo físico, se palpa por los cinco sentidos: los ojos, ¡que brillan más!,  los olores de la persona (aún sin ser agradables) nos conquistan, esas leves caricias que nos elevan el vello, la voz que sale por unos labios  y  nos tranquiliza, y…¿que me dices del sabor de sus besos? ummmmmmm…

Ay! toca suspirar….¿quieres saber más?

El amor es como un ser vivo, nace, crece, se reproduce y, lo siento mucho, pero muere. Cada ciclo hay que vivirlo intensamente sin intentar detener el tiempo en ninguno. Todos tienen su sentido y no hay que hacer trampas tratando de estirarlos,  tan solo alimentarlos para que duren lo máximo posible, porque de eso se trata cuando queremos a alguien y ese alguien nos quiere. Te repito: CUANDO QUEREMOS A ALGUIEN Y ESE ALGUIEN NOS QUIERE. Si no es recíproco, de poco sirve y el fin está garantizado. Podría extenderme más pero quiero llegar a la última etapa, esa tan dolorosa en la que el amor muere. ¿Como saberlo?.

¡Es tan sencillo y complicado!, otra contradicción puñetera de esta vida.

Debes fijarte en los signos delatores, esos  que resultan incuestionables y que caen por su propio peso. La persona que te quiere bien, no te insulta, ni te menosprecia, ni te hace sentir inferior, ni te engaña, ni juega a darte celos, ni te hace dudar, ni te quiere  hoy y mañana ya veremos, ni te expone a situaciones peligrosas, ni te hace la persona más feliz tres días y la más desdichada quince. ESO NO ES AMOR. Eso tiene otro nombre, ponle un D.E.P. a esa relación si te han tratado así. Y huye, huye de algo que está muerto.

Porque tú eres una persona llena de vida y te  quedan todavía muchos tramos que cruzar. No tengas miedo,  solo haz acopio de valor. Eso que llevas dentro un poco dormido. Zarandea y despiertalo para que sepa que no estas dispuesto a rendirte.

Y pase el tiempo que pase otro amor llegará, nacerá y crecerá. No lo dudes. Recuerda que según como lo alimentes, durará. No te olvides de los signos positivos que va dejando en tí, son la prueba más fiable de que está vivo y te colma. 

Y no hay más. Bueno sí, en realidad, ¡muchas más cosas!… pero ahora te toca descubrirlas a tí.

 

No me quedó más remedio que aplaudir aquellas palabras, aún a sabiendas de que descubrirían que había estado poniendo la oreja. ¡¡¡Mecachis!!!, aquella mujer había resumido con tantísima cercanía lo que yo pensaba que de repente se me fugó la vergüenza. Los dos se volvieron para mirarme.  Rió la camarera y al instante, el chico.

Había en él ya, como en su vaso, menos posos de pena.

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LABIOS

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Aquella mañana al levantarse Patricia se miró al espejo y vió algo raro en su cara. Tenía los labios inflamados de una forma en que nunca solía verlos.  Rozó las comisuras prestando atención, intentando dilucidar el origen de aquella desfiguración.

¿Sería un herpes? ¿Un grano?¿Una picadura?…Nada parecía encajar en la causa de aquella  extravagante turgencia.

Era como si al dormir hubieran aprovechado para colocarle unos labios que no eran los suyos y ciertamente, ¡le quedaban horribles!. Hizo un puñado de muecas en el espejo y comenzó a desesperarse al comprobar lo extraterrestre de su boca.

Precisamente hoy se celebraba la boda de su sobrina y no podía faltar. Se había comprado un vestido carísimo para lucirse y en dos horas tenía cita con la esteticista para que la maquillase. Bueno, al menos podría explicarle el asunto e intentar (con la experiencia y los potigues) disimular el abultamiento. Sin embargo, al llegar al salón sucedió algo insolito, y es que la chica que solía arreglarle la cara no era capaz de ver lo que Patricia le señalaba.

  • Son mis labios. ¡Fijate bien! Estan raros, entumecidos, algo les pasa. – decía la afectada.
  • Yo te veo como siempre, Patricia. De verdad. No te preocupes que estas preciosa.

Y  miraba y requetemiraba al ver la preocupación de su clienta.

 

Llegó la hora de la fiesta y Patricia seguía nerviosa. A su entender, el maquillaje no había mejorado la situación por más que se había dejado la piel la esteticista, sus labios seguían sin encajarle y los miraba con cierto espanto.

Caminó hacia la fiesta buscandose en los espejos que encontraba por las aceras y coches. No veía en aquella boca, otra cosa que la imagen de un adefesio, que la iba saludando e incordiando en cada esquina. 

Pensó que explicación podría darle a la gente cuando llegase y la viesen. Pero la gente, no sabía si por prudencia o despiste ¡no dijo nada!. En realidad, nadie vio señal alguna de anormalidad en su rostro.

Se sentía angustiada y para colmo ¡había que salir en las dichosas fotos familiares que prolongarían hasta la eternidad la angustia de aquel extraño rostro!. ¡Aunque nadie lo viese! ¿qué importaba si ella misma lo estaba reconociendo?. Sonreía a los flashes con tal desgana  que al hacerlo sentía como aquellos labios le latían más y más fuerte y se volvían más y más ardorosos.

Pidió un cigarrillo para escapar de aquella muchedumbre protocolaria. Hacia años que no fumaba pero pensó que le vendría bien. Nada más cruzar la puerta de salida, se dio de bruces con él, que caminaba casualmente en alguna dirección.

  • Hola ¿Qué ha pasado en tu boca, Patricia?- le dijo rápidamente, mirándola con cierta tristeza y preocupación.
  • ¡No lo se!¿ eres capaz de verlo?.¡dime que sí! ¡Dime que no estoy loca!- soltó ella con desesperación.
  • Claro que lo veo. Perfectamente. Además, creo que soy capaz  hasta de intuir el porque te ha sucedido eso.
  • ¡No me digas!.  Confiésamelo, por favor. ¡No sabes lo preocupada que estoy!.

Él guardó silencio y la miró . Luego se acercó a sus labios y los besó profundamente saboreándolos con la pasión que solo otorga el anhelo.

De repente ella lo paró en seco.

  • Ehhhhh ¿Qué haces?¡No me has dado una explicación plausible!. ¿Crees que puedes engañarme así y besarme despues tanto tiempo como si tal cosa?

 

  • ¿Acaso no lo estabas deseando?. No obstante te diré lo que  ha pasado: Tus labios se han obstruido de tantos besos como me has negado. Se te han quedado todos guardados ahí dentro y es natural que ahora clamen por donde siempre los enseñaste a salir. 

Ella sonrió y luego soltó una carcajada espontánea. De improviso, la mueca de su sonrisa pintó la simetría de siempre. La de los besos imparables, la de esa clase de energía que emiten unos labios que buscan a otros hasta  el anochecer.

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La palabra humana es como un caldero rajado sobre el cual tocamos melodías para hacer danzar a los osos cuando quisiéramos hacer llorar a las estrellas.

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Hay libros que te dejan pensando más allá de su final y sobre ellos elaboras tu propia filosofía o la que intuyes pudo ser la intención del autor al escribir la obra.

¿Qué es la palabra sino eso que nos construye? . La máxima expresión que nos es dada para categorizar las cosas y entender nuestro mundo.  Al mismo tiempo nos sirve para definir las “no cosas”,  esas que llamamos esencias no palpables como los sentimientos o las emociones y que tienen a través de la palabra una forma de existir y expresarse.

¿Que es el amor sino una metáfora ya construida previamente? Con el peligro que eso conlleva adhiriéndose tantas veces a los tópicos sobre lo ya dicho. ¿Que somos nosotros sino eso que nos vamos diciendo a través de los pensamientos y formalizando a través del lenguaje? Los sentimientos no existen hasta que las palabras, como vías de expresión, como hilos conductores nos hacen tirar de ellos y sacarlos a la luz para entenderlos o aprender nosotros mismos a sentir.

Pero la palabra también sufre de contratiempos,  vicisitudes que ponen en tela de juicio su autenticidad que no deja de ser siempre cuestionada. Como instrumento que es para inventar y crear nos sirve para poner en circulación formas bellas de lenguaje, como la poesía o la literatura, en donde nos acomodamos a perseguir la belleza de lo formal por encima de la realidad. En ese momento nos distanciamos, nos metemos en otras pieles y otros mundos despersonalizando lo ya conocido en aras de lo imaginado.

No hay que olvidar que las palabras también sirven para autoengañarse como formas limitadas de dialogo interno, consciente o inconscientemente…nunca estaremos mintiendo más  que cuando nos definamos a nosotros mismos. Sufrimos esa especial tendencia a proyectarnos sobre formas cómodas socialmente valoradas, cuando en realidad no deberíamos encasillar nuestro ser dentro de ningún limite territorial. Es en ese acotamiento donde erramos pues en esencia resultamos ser  algo único que el lenguaje difícilmente podrá explicar.

Creo que debemos esforzarnos en mirar el mundo con ojos distintos a lo ya dicho anteriormente, en todo debe haber algo de desconocido y misterioso si nos detenemos a observarlo con mirada nueva, algo que nos conduzca a la esencia de la realidad entendida desde nuestro interior, a la palabra que brota desde su sentido más particular y auténtico.

 

Cada canción es una ventana en el tiempo

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No he olvidado aún el aspecto de aquella habitación-  decía, mientras sorbía delicadamente su elegante copa de vodka naranja. Tenía la mirada embriagada de ternura y recuerdos; y mientras hablaba soltaba algo de mí que había estado dormido durante años.

Era justo el paradigma de espacio que todos los adolescentes hubiéramos deseado: un lugar propio al margen de los padres en el que soñar, fumar y estar exento del mundo. Y tú la tenías, suertuda. Con aquel  viejo ordenador heredado de tu tío con el que hacíamos trabajos y las colecciones de libros del circulo a las que nos suscribimos para hacernos con una biblioteca medio decente. Había una ventana con vistas al tejado, un gran tocadiscos, con vinilos de los últimos y la radio sonaba siempre de fondo. También recuerdo aquel armario a medida grande en el que una vez nos metimos para ocultarnos de tus padres. Planeamos allí tantas pamplinas y romances. ¿recuerdas?

Mis ojos la miraban embelesada, como si de repente su discurso hubiera abierto aquella ventana  del cuarto y se hubiera colado una bocanada de perfume reconocible.  Sus palabras resultaban ser algo así como el hallazgo de uno de esos libros viejos con notas personales intimas,   que al desempolvar entre sus páginas, hace florecer la memoria al hilo del sentimiento con el que se escribió sobre los márgenes.

Sigue, sigue… reclamé obnubilada por la entrañabilidad con la que lo estaba contando y ansiosa por seguir visualizando las imágenes de un pasado que se me había escapado de algún modo.

Por aquel entonces, te enamoraste del tipo de la radio. ¡De su voz! ¡Qué sensual era, madre!…Y una tarde llamamos para dedicarle una canción de tu parte . Fue tan caballero modesto que ni siquiera mencionó el detalle, en cambio te la dedicó a tí ¿Te acuerdas?

Una risilla conmovedora se coló entre mis facciones. Era reconocible que aquella era yo en la expresión máxima adolescente. Una tontuna pintoresca que iba desentrañando con especial afecto. Como si de repente tal evocación me hubiera desatado las ganas de volver a aquellos tiempos de inocencia y mocedad en que tan poco sabíamos de la vida y el amor.

Esta canción que está sonando fue la que le dedicaste a él. – afirmó con un guiño de delicadeza en su boca

. ¡Que retentiva!-  pude decir al fin, asentía  yo misma en medio del estupor  que me iba generando que se fueran abriendo los telones de la memoria. ¿Como podía haber olvidado todo aquello que  -en otros días –  fue tan prioritario?

Te volviste loca cuando pronunció tu nombre porque tu eras esa clase de chica enamoradiza e intensa a la que no le impresionaban los  tipos normales. Y esa anécdota la estuviste disfrutando durante semanas. ¿En serio ya no te acuerdas?

La miré con mimo, no sabía que decir. En verdad aquello me había pasado a mí  pero dadas las circunstancias era más que claro que me había vuelto una selecta olvidadiza en el propio diario de vida. Sentía como a menudo presenciamos el caprichoso sendero de la memoria sin poder desviarlo, haciendo de ella un bloque de plastilina con infinitas formas; cambios de tecnicas y buriles que nos dejan los años.

Y aquel olvido catatónico me trajo cuenta de lo importante que es conservar a personas que nos quieran tal cual, con nuestras idas y venidas, nuestros cambios e intensidades. Era una fortuna tremenda contar con amistades como la que tenía en frente, con sus sencillas palabras rebelándome a mi misma desde otro cariz y otros ojos, con la suerte de haber crecido paralelamente compartiendo capítulos de vida.

La abracé unos instantes y en ese calor que desprenden los cuerpos bajo la confianza, desee más que nunca hacerla participe de esa otra parte desconocida de mí que la costumbre, madurez o hermetismo me habían hecho cerrar a cal y canto. Sorbí un poco de la copa ya casi acabada mientras sonaban las ultimas notas de la canción. Música es la ventana de un recuerdo y también la puerta por la que se cuela el calor de alguna conversación sin tiempo ni barreras.

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-Anoche-

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Aún la arena no tenía ese calor residual típico del verano.  Aunque el sol empezaba a querer colarse temprano, la maraña espesa de nubes seguía dominando el cielo. Me quité las botas y recorrí la parcela de arena que lindaba con el mar. Buscaba la línea divisoria que aún no había sido tocada por la espuma, la grava virgen, intacta todavía del baile del agua, mientras mis pies se iban rindiendo a las caricias de la tierra suelta. Iba  dejando  tras de mí surcos de apariencia inamovible, que no eran sino estelas de caminos espontáneos sobre los que no prestaba atención. Tenía los ojos nutridos en el horizonte, al que no alcanzaba a poner finitud, ¡eso es lo que hacía! mirar lo inabarcable sin atender a mis huellas. ¿Habría captado ya la parte indómita que hay detras de cada senda?. La arena escapándose entre los dedos era la imagen que clarificaba la idea.

Sentí volar mi alma en aquel espacio, como una cometa ansiosa ante la obertura, con todos sus hilos y volantines prendiendo por primera vez el cielo, maravillada con el inquieto nerviosismo de la milocha recién estrenada. Y allí, bajo la bóveda de aquel cielo de juguete comprendí cuanto te quise, ¡ fue allí donde fui consciente de lo insondable que puede llegar a ser un cuerpo!… y lo supe porque yo ya no sentía como mía la piel que te besó. Era en mí misma nueva y desconocida, tersa y nublada como aquella cometa brillante sin rasguños. Habían ardido sumas de instantes, el recuerdo de olores, sabores, y palabras, el delirio de los ojos…había ardido hasta la saliva en una fogata de sal y tempestad. Y esa nueva nada ante mí se colaba en una mezcla contradictoria, una esencia de inquietud y regodeo, una mezcla de jubilo y desazón como quien por vez primera contempla el mar.

Comprendí las dimensiones que tomaste en el sueño, al que yo puse silencio y melodía sin prestar atención a la leve fragilidad de la sinfonía que nos iba meciendo, eramos las notas discordantes de una música abocada al estruendo. ¡Y como la armonía mudó  pronta a la voz del estrépito!. Así como este espejo de agua, ora calmada, ora salvaje.

Fue durante un tiempo nuestra perdida como una onda en mí, una rueda que encontraba ecos allá donde yo fuese. Y me era tan complejo desprenderme de todo aquel equipaje, quería que todo se lo tragase el agua y sin embargo permanecía aferrada a la llama oscura. No eran espinas o veneno, era yo contra mis elementos intentando amarrar las velas de la barca desbocada.

Soñé  sin comprender -anoche- que volvía a manejar la barca enajenada, que me adscribía a algún viaje del que yo no tenía conocimiento y esta vez, quieta y mansa, me hallaba sentada entre caras desconocidas que me obligaban a buscarte. 

Contemplé al albor de este paseo, desmigajando el sentido al sueño, que la memoria no deja de ser un templo que, entre la aplastante lógica y raciocinio,  arrastra un instante de regodeo, abriendo la brecha que nos hace olvidar los frutos beneficiosos del olvido. 

Es esa grieta como una puerta al pensamiento, que deja colarse el viento árido y desértico trayendo esquirlas con olor a humedad. Y es tambien volver la vista atrás y resituarse, respirar la belleza de la magnitud, recordar la carcasa que el tiempo construyó alrededor. Al fondo, el coche, mi casa, la guarida…

Recuerdo que- anoche- antes de temblar leía: “decir adiós es como tener pájaros feroces en las manos”.

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La hora de las tres ces.

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Lauri llegó como  solía hacer siempre, con un titulillo bajo el pico.

  • Ana, ¿te ha llegado ya el carnet de conducir renovado?
  • No, aún no ¿y a tí?
  • Pues a mí tampoco. Que sepas que la furgoneta espres en la que estuvimos para acelerar los trámites fue un timo
  • ¡Anda ya, Lauri!. ¿Y los exámenes médicos? y todas la pruebas que nos hicieron? ¿todo eso iba a ser un montaje? ¡tu sueñas!.
  • Mira, si mal no recuerdo, el doctor apuntó  una cruz en mi expediente justo donde señalaba falanges  o miembros intactos….y ¡coño! ¡mira tu lo que son las cosas! a mi me falta un dedo desde el año de María Castaña!. Ese medico estaba más ciego que un topo. Todo sucedió muy rápido, si lo piensas, como si quisieran sacarnos el dinero y largarse.
  • Claro, Lauri, es que era una furgoneta para acelerar tramites ¿recuerdas?, me parece que todo estaba en orden para tratarse de un timo.
  • Esta mañana hable con los policías locales y ninguno sabía nada del asunto de la furgoneta, como si lo hubiéramos soñado, nena. Me huele a fraude.
  • Jope Lauri, mira que me vas a hacer dudar. No se si recuerdas que pusieron publicidad por todas partes..
  • Ya ¿y qué?. Tendrían que promocionar para engañar a los cuatro tontos como nosotras. Piénsalo, ya hace un mes de aquello y tráfico sigue sin enviarnos los carnets.
  • Lauri, me estas acojonando… ¡que eso no puede ser!.
  • ¿Tienes el teléfono de los tipos?
  • Espera y lo busco… eso fue el día 5 de abril….
  • Anda, pasamelo por wassap.

Mientras teclea, Ana, se equivoca y cuando localiza el numero en lugar de copiarlo, le da sin querer a la tecla de llamada. Nerviosa intenta colgar…

  • Nenas, que le he dado a llamar sin querer y no se como cortar. Jajajaj…. ay, madre! que me lo van a coger
  •  Jajjaajjajaj….¡¡¡¡Ana cuelga, por el amor de Dios!!!! jajajajajaj.
  • ¡¡¡¡Que no!!!! Que no puedo,  que este movil se me rebela a veces…
  • Jajajaja…Ana traicinada por su mobil….

Mientras,al otro lado del hilo, como es natural, alguien finalmente responde a la llamada.

  • Diga? Diga? Hay alguien ahí?

Se oyen las risas de tres mujeres  “ya me lo ha cogido, me cachissss”- resopla Ana.

Resignada , se coloca el movil en la oreja y comienza la conversación. ¿Que le digo a este tío? Va pensando mientras improvisa. Se levanta de la silla nerviosa por el cachondeito al que la han apuntado  sus amigas, se va a otra habitación para lograr ponerse seria y comienza a explicarle el asunto de los carnets y la furgoneta.

Sus compañeras Lauri y Rosa la observan como dos jovencitas de instituto, fraguando historias disparatadas a partir de lo que van pillando de las palabras de Ana.

  • Sí, si…gracias por molestarse en mirárnoslo. Entonces está en tramite. De acuerdo, genial.- concluye Ana con una sonrisa de alivio.

Parece que todo queda aclarado. No hay timo por ninguna parte, pero ahora eso da igual porque Lauri y Rosa no están dispuestas a abandonar el jolgorio y siguen mirando a su compañera con sonrisas juguetonas.

  • Vaya Ana! ¡qué dulce te pones al telefono!. A ese te lo has ligado ya, fijo.  Era todo enrollarse para no colgar jajajajaj. – se carcajea Lauri .
  • Es que son las horillas del picaflor, Lauri, le habrá sorprendido su inesperada llamada. Estaría en la cama aburrido y de repente ha escuchado la vocecita de Ana como salida del paraíso- añade Rosa, arqueando una ceja y partiendose de risa.
  • Estáis fatal, nenas. ¿Os lo habéis mirado? voy a mandarle un aviso a vuestros respectivos para que os “echen un cable” de aquí a las diez jajajaj.
  • Es que tenías que haberte escuchado, Ana. Melosa para descrirte se queda corto.
  • Jajajajaj… ¡Estáis locas! Y Lauri Negrillo Lopez ahora no pienso contarte por donde viene tu expediente, ea. – dice Ana sacándole la lengua.
  •   Ehhhhhhhhh, yo no tengo la culpa. Es esta franja en la que nos ha tocado trabajar,  la hora de las tres ces: café- cama y cachondeo.
  • ¡!Desgraciaicas somos por faltarnos la más mejor!..
  • Ya veo, ya. ¡tendréis que soñarla! porque lo que es yo… estoy por dejaros e irme con mi desconocido…
  • jajajajaj…¡¡¡eso ya lo sabíamos!!
  • jajajajaj
  • jajajajaj…

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