Archivos Mensuales: noviembre 2017

Botas y caminos

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Hoy me pregunto cuanto saben de caminos estas botas.
Diculpad, por meteros en el barro.- les digo.
Estáis hechas de sueños y yo lo se. A veces -al calzarlas- siento como me enquistan  ilusiones convirtiéndolas en piedras.
Las miro un poco más, dicen que los sueños son capaces de abrigar el trayecto y  es entonces, bajo esa certidumbre, que ellas se acolchan y me guían valientes a través de la esperanza.
Perdonad que pasito a pasito os lleve fuera de lo cotidiano-. Les pongo palabras porque a rachas se  me quedan mudas, como el bar que cierra o la mujer que ya no se abre.
Disculpar a esta necesidad que ansía ver y no acomodarse a la luz de una sola mañana.
Siempre de aquí para allá, inquietas, traviesas… parecierais un libro llano de retahílas y  paisajes que he de valorar en la ejecución desabrida del futuro.
El desvelo siempre a rodaje, como caballo de piel robusta, de página en pagina, de llano a cumbre; y a bocanadas, mi voz, que acompaña la travesía.
Disculpar por haceros cargar con lagrimas y contradicciones, dudas y extrañezas, la que fui y ya no puedo ser, la que faltó y se la echa en falta…
Perdonad a este corazón aterido y asustado, si tenéis que llevarlo a cuestas ,al principio, y luego os sorprende su ligereza, haciéndoos manifiesto de su tan burda sencillez.
Él es como un pájaro que besa la libertad pero no olvida donde anidó felicidades, abre sus alas y, de cuando en cuando, posa sus garras en la tierra buscando semillas que comer.

 

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Escenitas

La rabia….

Cuando J. se enfada emite un gruñido suave, parece una cría de oso.  El cuerpo no lo acompaña, la única señal expresiva son sus puños bien cerrados como si quisiera atrapar a una hormiga. De seguido suelta una de sus frases estrella, son esas que consiguen ser más locuaces que todos los políticos juntos: ” Ya no te quiero” o “mamá, ya no eres mi amiga”… al tiempo que me clava una de sus miraditas iracundas. Es listo, va descubriendo que el lenguaje también puede llegar a ser un artículo afilado con el que ensayar. Yo no suelo molestarme -nos conocemos-, .. ea, pues ya está. Lo que tú digas. Al rato, cuando ya ha conseguido domar la emoción, vuelve a la calma con algún… “mamá, que sí, que sí te quiero” “¿me perdonas?”. Entonces el cuerpo es como si le respondiese y se soltara, transparente y correlativo a su verdad. El es noble y quiere dejar las cosas en su sitio.

Cuando V. se enfada parece una vengala en movimiento, de repente prende su rabia como el fuego y sale corriendo a algún rincón oscuro, a picarse a solas, lejos, donde yo no pueda verlo… ¿y como no lo voy a ver dado el numerito?…A veces me quedo  con cara de boba, como cuando ves fuegos artificiales y permaneces colgada de alguna estela luminosa. Pues así.

Al rato, (siempre dejo un espacio para que aprenda a serenarse solo) si no ha vuelto, lo intento convencer. No es fácil porque es un “melón”, pero merece la pena. Cuando se va apagando es gracioso vislumbrar de nuevo su carisma entre pequeñas fosforescencias. El enfado todavía se pasea un rato más por su cara, mientras de sopetón, ve algo que le estimula: un juego, una imagen, su hermanito invitándolo a alguna tontería y entonces me busca los ojos y la atención… “Anda, mira eso, mamá..” y la sonrisa y la alegría vuelven  a habitarlo como si nada. Se va otra vez echando mistos o gritando su famoso “Transs- fooooor- maaaaa- cionnnnnnn” . Borrón y cuenta nueva, así es V.

 

 

Saludar…

J. es educado, habla con eses (no se porqué) y nunca olvida decir hola y adios a nadie. Estoy segura que eso de saludar es algo moldeable, pero con parte innata. La finura es muy genética, suyas son frases del calibre de ” Se suponía que iba a poder disfrutar de mi agüita”-  mientras yo me empeño en cortarle su momento bañera. Un día, de camino al cole, hablábamos de la importancia del saludar (el tema salió porque V. tiene problemas con el asunto) …hay que saludar a la gente– les digo, hola cuando nos vemos, adios cuando nos despedimos., J. se queda pensativo. “Y si vamos al carrefour ¿hay que saludar a todo el mundo, mamá?“. He ahí mis risas. Rectifico para que lo entienda mejor: a todo el mundo que conozcamos, J. Ahhh, vale.- concluye, pero al llegar al cole se pone a decir holas sin ton ni son.  Total son gratis jajajaja ¡qué crack!.

V. es vergonzoso hasta la médula, aunque exclusivamente con el público femenino. Cuando ve una niña o una mujer que le fascina, se pone colorado y se esconde.  No es capaz de decir nada porque le es superior a sus fuerzas. Aunque lo hemos hablado y rehablado infinitas veces, llegado el momento, me aprieta fuerte la manita y cierra los ojos, intentando esconderse. Así ha sido en estos  últimos siete meses……hoy la cosa ha dado un giro. Estábamos en la fila esperando a que sonase la sirena del cole cuando….. ha llegado la niña en cuestión. V. se ha reído y luego -sin cerrar los ojos- ha emitido un largo y tímido hooooolaaaaaaaa. ¡no me lo puedo creer!¡bravooooo! vamos progresando.

 

 

Disparates..

J. es un cotilla de pies a cabeza. Siempre indagando por mis armarios en busca de titulillos. Por más que le regañe, a él le entra y le sale el consejo por el mismo sitio. Intuyo que en su mente, las manos van primero que el recato. Ayer delante de mis narices (no necesita irse más lejos)  le estaba repitiendo por activa y pasiva que no hurgase más en el cajón del baño. Él necesita explorar tanto como yo desfogar cuando lo hace…. “¡¡¡niño, estate quieto ya, leñe!!!!” voy a tener que traer a Serrat a ver si te canta ya la cancioncita y obedeces. Cuando consigo volver a lo mío -estaba arreglándome el pelo quizás- lo veo jugando con aproximadamente cien  bastoncillos esparramados por el suelo…

  • Ehhh, ¡¡¡¿que es esto, J.?!!!!- pregunto furiosa.
  • Mamá, mira… dice con voz muy melosa… esto es una “fumería”
  • Te he dicho que no cogieras nada. ¿una fumería?…¡¡¡una fumería!!! ‘?¿?¿?¿?¿
  • Sí, una fumería como la de papá- y señala el paquete de tabaco y los cigarros.

Bastoncillos y cigarros, curioso parecido ha debido sacar,  ¿será que ambos son blancos y alargados y que los ha investigado a su antojo?, para colmo y cabreo del padre. Me quedo riendo pensando en su fantástica incursión al lenguaje: fumería…¡qué intuición! ajajajajajaj.

 

V. a veces habla solo. Le va diciendo a algún amiguito imaginario -que bien podría llamarse pepito grillo- lo que ha de hacer. Es un mandón de los pies a la cabeza, aunque intuyo que el invento tiene una explicación. Y es que de esa forma, tantea la realidad e interioriza límites. “Tenemos que portarnos bien para conseguir la estrellita ¿lo entiendes?”-  susurra bajito al amigo invisible, en realidad se lo está diciendo a sí mismo solo que en voz alta y con el dedo índice apuntando al cielo, para hacer más énfasis. “¿Quieres que juguemos? si? sí, vaaaaale….vamos a jugar con la caja de herramientas pero no podemos empujar ni pegar a los amigos”. ¡Oye! El caso es que se sabe las normas, otra cosa es que  las cumpla a rajatabla.

Hace un par de días charlábamos sobre la importancia de no responder con violencia cuando nos molestan. “Si te pegan, díselo a la seño, no pegues tú”. A esto que se mete la abuela (las abuelas siempre tienen algo que añadir): “tienes que portarte bien o los reyes magos te van a traer carbón negro”. Frunce el ceño, la mira y exclama “¡¿negro?!, abuela negro es el color de cuando viene la noche”. Y se queda tan campante. Todo un especialista en cambiar de tercio y además, a su estilo, corrigiendo…….jajajaja.

 

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…rojitas las orejas

Hoy os dejo con un blog amigo “cocinaparagordos” que ha tenido el honor de mencionar un trocito de mis relatos y colocarle ilustración al texto, conforme a lo que le sugiere. Me he puesto muy contenta (digamos que se me han puesto rojitas las orejas…jajaja) primero por el gran detalle y segundo porque todo lo que sea imaginación y creatividad, tiene mi admiración…y este blog es toda un joyita en ese sentido. Os recomiendo que lo visitéis si no lo conocéis,¡no os defraudará!

Y gracias por la parte que me toca, amigo.

cocina para gordos

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Más tarde cuando el juego ya ha acabado subimos a la torre y miramos al horizonte. Todavía llevamos la travesura cosida a la espalda mientras divisamos las primeras luces de civilización al otro lado de la montaña. Aquí se hace fácil vivir sin ideales impuestos. Da igual que no haya tostador, ni secador o que la wifi sea casi de chiste. Da igual que los besos por hoy se compartan, porque encierran cariño y esa es la idea.                         Mukali – mi camino buscando-T

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Deja que olvide subida a los párrafos de este libro

las horas que has robado al día y  la noche,

la espera diaria y los rincones obsoletos en que ya no estás.

*

Deja que sobre páginas derrame el vértigo,

la pendiente cuando te observo,

tu llegada a lomos de la madrugada,

las excusas y olvidos en tu lengua de trapo,

el aroma a vicio

o la ducha a oscuras con la que intentas creerte sereno.

*

Se que no estás conmigo mientras me hablas,

que todo es un teatro producto de la jumera;

yo tampoco me hallo con fuerzas para reprenderte,

al menos lo recordaré mañana,

detesto estar en esta noche inmensa a la que parece se le han caído infinitas estrellas.

*

Deja que las mentiras de la literatura me arropen la piel

escondan los desencantos de esta madurez venenosa,

que se cuela tibia sobre todos mis fueros.

*

Deja que siga leyendo a golpe de oscuridad maltrecha,

solo así sentiré como lleno los espacios que has descuidado

mientras me niego a la incoherencia,  tu voz,

que ahora suena lejana como una vieja canción que ya no se recuerda.

 

 

.

A un océano de distancia

A menudo cuando me paraba a fotografiar aquellos edificios me preguntaba que es lo que  atraía mi atención para terminar  siempre focalizando el objetivo en ellos.

La fotografía era a partes iguales, pasión  y trabajo: la verdadera culpable de mantenerme distraída el tiempo que andaba fuera de casa. Regresar al hogar había ido transformandose de un manantial claro y cristalino a un océano turbio de aguas revueltas.

James y yo nos conocíamos desde muy jóvenes. Nos habíamos dedicado media vida a querernos y  de un día a otro me ví en la tesitura de no saber quien era. Me sentía autóctona y al mismo tiempo, forastera de su vida.

Como había llegado hasta allí, me era una incógnita. De repente, un día lo encontré aferrado a una terrible desidia, deambulando puerta tras puerta de cada uno de los pasillos que nos separaban, como si a cada paso que yo daba, James se diluyera en una sombra que iba escapando de mi presencia.

Durante un tiempo creí que volcarme en el trabajo ayudaría a solapar las heridas que yo misma no era capaz de afrontar, que mientras estuviese distraída y con los ojos puestos en otros asuntos las cosas se solucionarían solas y el reloj de manecillas no andaría tan lento y abotargado.

Esquivar el dolor es un instinto con el que nacemos. El primer indicio de miedo y egoísmo es considerar que los acontecimientos van a remediarse por sí mismos. Estaba convencida de que James se recuperaría a su ritmo, de  otra forma no me hubiera encerrado como lo hice en mi despacho, auto convenciéndome de que así le dejaba libre para avanzar sobre aquel océano subterráneo, del que me veía incapaz de traerlo.

Una tarde, mientras trataba de fotografiar y entender las señales que habían dejado los canteros sobre las rocas de una catedral, una mujer (que parecía ser guía)  les iba recitando un poema a un grupo de turistas que curiosos escuchaban su voz en la antesala

” dentro de tí se abre, interminablemente, bóveda tras bóveda”

Me quedé pensativa unos minutos sin saber como reaccionar. Si las palabras fuesen liquidos, aquel día hubieran sido ácidos efervescentes que hendieron la grieta con la que ví diluirse mis certezas . Guardé la cámara y regresé a casa pensando en aquella poderosa frase. Supe que algo me estaba sucediendo .

Cuando llegué, James se encontraba en el mismo lugar de siempre, recostado sobre el sofá que daba al vano del jardín, con el sol trazándole figurillas sobre la cara y los ojos mirando en alguna dirección inimaginable.

Tuve  la convicción de cuales eran las conexiones o cabos que podía mostrarle, que no eran otras que las que yo dominaba:  la fotografía. No podía forzarlo a abrir las bóvedas si él no estaba dispuesto, pero sí podía hacerlo darse cuenta del letargo en el que estaba inmerso.

Aquel día, le pregunté si le importaba que le tomase algunas fotos. Antes de la enfermedad, detestaba ser el centro de mi cámara, pero esta vez se dejó.  Aceptó que me adentrase en él y no solo eso, la fotografía se convirtió en nuestra vía de conexión.  A través de ella navegábamos distancias y abismos e incluso, me atrevo a asegurar que de aquella manera, James fue más consciente de sí mismo y de todo lo que le estaba pasando.

Teníamos un libro sobre el que diariamente registrábamos sus cambios. De vez en cuando yo intercalaba aquellos retratos suyos con  fotos del mar calmo en sus veranos de infancia en Castine, junto con las mías en la ciudad de Portland con las aguas verdes y la arboleda. Le solía decir “Hay un mar que nos separa y nos atraviesa,  vamos a  ir prestos a recorrerlo”. Y de aquella forma, al hilo de pasado y presente, comenzamos a encontrarnos en algún punto del recorrido.

Mirarlo desde mi cámara me hizo comprender lo prodigioso que es detenerse en la profundidad de alguien, nunca hasta entonces había visto a James con tanta claridad a pesar de sus brumas. Tal vez resultó util aquel acercamiento para descubrir lo pequeños y lo solos que podemos llegar a sentirnos y lo necesario que es siempre tener a alguien que nos sepa ver (en el sentido más verdadero del verbo).

Al principio temí que mi cámara lo hiciese notar aún más acorralado, pero aquello nunca pasó. Verdaderamente le sirvió para conectar con partes de sí mismo que eran importantes de atender. Aquellas instantáneas fueron como las ventanas de Andrew Wyeth, pequeños instantes fugaces  que se abrieron  entre ambos mostrándonos el camino y la forma.

Ha pasado tiempo y, con la mirada repleta de un arte que aún nos abruma, hemos aprendido que determinadas vivencias pasan a un segundo plano cuando nos ocupamos de ellas y las miramos de frente. No se trata de recrearse en los momentos de pena, pero tampoco de huirlos.

Recuerdo cuando dijo… en mi psyque siempre existirán puertas cerradas y caminos cortados, ahora ya no trato de abrirlos porque entiendo que esos mismos entresijos existen en todas las personas y ¿sabes? tal vez así deba ser.

Creo que llevaba razón, no era un auto consuelo simple cuando las expectativas se nos truncan sino una reflexión que había elaborado a partir de lo vivido.

Por mi parte, he dejado de interesarme en fotografiar aquellas casas solitarias que por alguna razón, sin duda importante,  me atraían. .  No era su diferencia, sino su similitud lo que en aquellos días me preocupaba. Soledad y hermetismo, bajo el trasfondo de la inquietud que sentía hacia James, no podía verlas de otra manera más que con la mirada llena de preguntas.

 

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Y para acompañar relato e imágenes, ¿que mejor que el “these days” de Jon?. Un clásico de mi época…jijiji.

¡Que disfruteis del día!

 

 

 

 

 

La “perfecta” vida de dos

Hoy unas buenas risas a cargo de un ilustrador de comic Yehuda Adi Devir, para los amigos: Jude.

Este artista nos ha acerca con bastante complicidad  momentos del día a día con su chica y es curioso, ¡en muchos de ellos me ví!. Quizás no seamos tan extraordinarios como creemos y simplemente adoremos que nos quieran con todo nuestro abanico de singularidades.

Momentos que normalmente el arte no se ha preocupado de llevar a museo, por imperfectos, por cotidianos y que a mí me parecen simplemente geniales. Pequeñas tomas robadas de la vida en pareja que reflejan lo necesario que es el humor y la diferencia para que todo encaje.

Y ya me callo, que esta iba a ser una entrada visual…

Pies fríos…

Yehuda Adi Devir simpaticas ilustraciones amor

…ducha caliente.

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Deditos…

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Entre semana

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Visitas no deseadas

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En la playa…

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Algunas cosas pueden esperar

 

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Travesuras

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¡pelillos a la mar!

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Con la manta a la cabeza…

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Esos cómodos viajes…

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Haciéndonos fotos…

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El y su rollito barba…

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No tengo nada que ponerme!

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Cuando festejar se va de las manos..

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Algunas cosas pueden esperar (II)

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Cambios de look…

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Olorcillos…

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Espejos…

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Alegrandonos al cuadrado …

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Distancias largas

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Distancias cortas

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Y para ponerle letra a estas imágenes me parece fantástica esta canción de Chojin. Todo un ejemplo filosofado de como vamos transformándonos con la madurez.

Pasan los años – casi 20- y continua representando parte importante de mi pequeña isla musical, a donde viajo a veces para pescar letras que son como abrazos o donde mecerme en músicas impredecibles como olas.  

Feliz semana.

 

 

 

 

 

 

 

Historia de una cueva un tanto peculiar

Erase que se era una cueva muy pequeñita y acogedora en la que un día decidieron convivir 32 gigantes blancos. Ninguno quería renunciar a las delicias de un lugar tan agradable, ni mucho menos abandonarlo, así que con el paso del tiempo, se fueron habituando a la angostura, tomando cada cual su gesto y  su manía y procurando darle vida a su pequeño rincón.

El caso es que no podían apenas moverse y si lo hacían debía ser de un modo tan sutil como inapreciable… pero daba igual, ellos se sentían felices en aquella vaguedad enfilados de ese modo tan poco armónico. No tenían que preocuparse de los modales y cada uno regía achuchando al otro, en un tira y afloja sin norma, en el que solía ganar el más fuerte.

Había dos habitaciones en la cueva. La de arriba gozaba de más espacio pero la de abajo era un caos absoluto. Los gigantes que habitaban la segunda vivian muy estrechos, aunque disponían de una gran intimidad. Los que frecuentaban la de arriba estaban más expuestos y tenían que cuidar su apariencia, esa era la pega……Lo bueno y lo que de verdad atesoraban eran las vistas y el cotilleo.

Por si alguno no se enteraba de lo que se cocía en el exterior, Doña Babosa, que era la dueña y señora de aquella cueva, les traía noticias a todos al instante. Ella se movía a la velocidad del rayo y era capaz de contorsionarse sobre sí misma, algo que no todas las babosas de su especie sabían hacer.  Era tan desvergonzada como cariñosa, así que nunca olvidaba a sus gigantes y los acariciaba uno a uno como si fueran sus hijos. Los gigantes adoraban verla llegar cargada de dulces manjares que luego degustaban todos juntos en un banquete sin fin.

Un día -de repente- pasó algo inesperado en la habitación de arriba. Los gigantes empezaron a quejarse de que habían colocado vallas y barrotes metálicos para delimitar sus posiciones. La intención -según fuentes secretas- era leerles la cartilla a aquellos tunos para que ninguno tomase el ordeno-mando y se hiciese con el poder de la cueva.

Los de abajo, al enterarse, como eran egoístas e ignorantes siguieron forcejeando sin ningún tipo de conciencia, pensando que aquello no les sucedería a ellos. Ahora si que estamos bien- se decían… esta habitación es lo más… aquí nunca sucederá nada.

¿Cuantas veces pasan estas cosas en los cuentos? ¡por ignorantes, premio!….valgame que tambien es extensible a la vida real. Si es que no se puede presumir, compañeros.

Total, prosigo…ya estamos casi rozando el desenlace.

La habitación de abajo estaba a punto de convertirse en la habitación del pánico. De pronto, sin avisar, entraron unas supermegamaquinas de lo más estratosféricas que por sus respetos se pusieron cabezonas para ir a por dos de los gigantes más representativos. Tenían la orden secreta de eliminarlos sin ningún miramiento y de golpe. El currículo de estos chicos era impecable, llevaban años y años habitando aquella casita, pero nada de eso importaba. Los arrancaron de su tierra y corrieron los ríos de sangre. ¡Dios mio!¡Que dolor y pena más grandes!.

Durante las 24 horas que sucedieron al desastre, el vacío y la oquedad se apoderaron de la cueva, al igual que el silencio. Doña babosa apenas musitó palabra alguna, ni trajo comida para los demás. Estaban todos impactados y descolocados con el asunto, miraban alrededor y solo veían las huellas de la desgracia.

¿Que iban a hacer con aquel espacio tan enorme? Acostumbrados como estaban a vivir en un peo …. ¿En que medida era prospera una postura tan radical?

Nada sabían de nada. Futuros inciertos. Solo podían detenerse a mirar la herida.

Tristeza y agotamiento, a ración doble… como aquel par al que nunca más volverían a ver.

A pesar de todo este no es el final …

tenían que seguir,

algo les decía que tenían que seguir como seguirá este relato….. si la escritora no espelecha, claro.

 

++++++++

* A mis dos gigantes grandes que ya no me acompañan en el camino les escribo este simpático cuento desde el cariño, homenajeando toda su presta labor. Que sepáis que os hecho muuuuuuuuuuuuucho de menos, que los cambios que ahora me visitan espero que algún día me serenen (esto es una puta mierda no es vida!) y que no es culpa vuestra sino de la cueva que no daba más de sí, la jodía.

Voy a tener que entenderme con el resto de blanquitos que ahora ven en vuestros huecos una fiesta que montar y bailan- los graciosillos- a cada poco. Confío en que todo vaya a mejor y las heridas terminen por cicatrizar, os guardo con cariño bien escondiditos, como cuando era enana y os colocaba bajo la almohada para que Pérez me trajese una moneda.

Solo que ahora no hay moneda, ya se….. ibuprofeno en vena y santas pascuas.

A dormir.

 

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Los besos de carnet

 

Somos como niños traviesos. A la sombra de las encinas el sol se filtra con la temperatura exacta para dejarnos ser. Bebemos igual aunque seamos diferentes.  Sentimos que algo detrás de cada muro individual, nos une poderosamente. Ha de ser la picardía que nos sale de serie al descorchar los recuerdos que nos enlazan. Esos eslabones forjados a base de vivencias y amistad nos pertenecen casi tanto como las risas que ahora mueven el reloj sin que nos demos cuenta. En mitad de esta llanura, más allá de donde las vacas pastan y los ciervos merodean entre los pinos, encontramos el goce en las viejas costumbres, dejando que se nos cuelen lentos los deseos y traviesas las palabras.

Los instantes de oro son descabelladamente crueles porque pasan rápido sin que puedas atraparlos para siempre. Después no resultan más que materia de invención y carne de melancolía. Yo lo se y me entristezco por segundos, deambulando absorta en ese pensamiento. Luego vienen otras cosas y ya ,… todo pasa, todo acaba… hay que pescar el tiempo cuando viene rodado.

Estamos a mitad de una vida y el reloj prosigue su viaje, pongamos que los niños que nos precederán corretean felices por la finca inventando juegos. Nosotros hacemos lo mismo con las cartas que nos va dejando tras de sí los años:, la responsabilidad, la experiencia, o  el descaro de trasgredir cada vez con menos reparo la norma.

Ahora mismo esos miniyos ni nos ven, ni nos oyen…si lo hicieran sentiríamos su presencia como la sombra siempre vigilante de nuestros padres, pero no es el caso.

Ya nos van necesitando cada vez menos y -a veces- los dejamos que se las apañen. Crecer también es investigar a tu aire. Hay días que hay que relajarse y olvidar las costumbres del deber, las nuestras incluídas,  puesto que probablemente sean las peores.

Con las copas casi vacías, gallinas y gatos revolotean a nuestros pies buscando granos de arroz perdidos…Al fondo suenan las ovejas y de cerca mi pequeño altavoz nos trasporta, es la música que nos vió nacer y besar, con la que los obligo a levantarse y bailar.

En medio de un ambiente tan paradójico, puedo sentir el palpito agradable en el que el alcohol te va abriendo sus alas y te dejas mecer, sabiendo que la conversación y la charla van rozando cotas interesantes.

  • Sólo se que soy mala- les digo para provocar. Lo se y lo se. – ratifico cerrando los ojos y mirando hacia la mesa, mientras me sale sin querer la sonrisa.
  • ¿Porque lo piensas?- pregunta Carlos, haciéndose el interesado al tiempo que agota el ultimo poso de whisky.
  • Porque se me acaba de ocurrir un juego al estilo de aquellos que inventábamos los seis- Me mira … no necesitamos aclaraciones…
  • Fueron tiempos magníficos- añade Arturo- ¡aquellos tangas del mundial!… claro que ahora estáis más buenas todas.
  • Más buenas y más petardas que nos volvemos- ríe Isabel, giñandole un ojo a Arturo.

Les cuento mi idea, escuchan atentos los cinco. Sobre la mesa hay un montoncito de dnis con los que ayer acreditamos la factura de nuestra estancia en la casa. Todavía siguen  apilados ahí encima, como si la diversión de habernos reunido no nos hubiera dado tiempo a guardarlos, como si hacerlo nos condujese  a nuestra faceta más seria.

  • ¿Veis esto?- les digo enseñándoles los carnets. Como parece ser que no os interesan, pongamos que esta tarde cobrasen un valor distinto. Yo los barajo y cada uno de vosotros debe coger uno al azar. El que te toque es la persona que en suerte has de besar. Así de fácil. Cada ronda ha de ser ligeramente diferente. Por ejemplo la primera , podrán ser besos en los labios, pero la segunda no, la tercera ha de ser alguna caricia, la cuarta una frase al oído…
  • ¡Madre mía, Lucía!. Tu no eres mala, eres buenísima-  me dice Arturo con la ilusión pintada en sus ojos de media luna.
  • ¿ Y si me toca una mujer?- pregunta Marieta.
  • Pues te aguantas, deben ser besos abiertos, sin convencionalismos de ningún tipo.
  • ¿Y si nos sale nuestro propio DNI?- añade Isa muy ávida.
  • Habrá que inventar algo para eso- digo – Id proponiendo…
  • ¡Un streaptease, por favor!- exclama Javier muerto de risa.
  • ¡Ni hablar!se vuelve a barajar, – añade Isa, aunque a Marieta parece no importarle.

La tarde se vuelve lozana y el cielo cautivador, como una mujer u hombre que se dejan. Se posan  urgentes la nube caricias y el vientecillo de besos arreciando vínculos y dejando revolotear las mariposas que llevamos escondidas dentro.

Lo que suceda en este valle es nuestro, aquí quedará prendido,  junto con los ganados y  mieses que nada saben. Van cayendo besos, risas, atrevimientos… algunas bromas sobre nuestra edad en las fotos y  la época a la que nos lleva, lo que parecemos y no somos…

Más tarde cuando el juego ya ha acabado subimos a la torre y miramos al horizonte. Todavía llevamos la travesura cosida a la espalda mientras divisamos las primeras luces de civilización al otro lado de la montaña. Aquí se hace fácil vivir sin ideales impuestos. Da igual que no haya tostador, ni secador o que la wifi sea casi de chiste. Da igual que los besos por hoy se compartan, porque encierran cariño y esa es la idea.

A estas horas, los niños ya piden bocado y en el cielo arremolinado y dulce se prevee la caída de la noche. De aquí a poco organizamos maratón de duchas y una fiesta de disfraces con la que divertirse de nuevo, buscando ser otros un ratito, en este finde de apegos y roces .

  • Voy a recordar estos días mucho tiempo-  confiesa Javier.
  • Es porque lo hemos pasado bien, ¿verdad?- le refiere Marieta.
  • No exactamente, no es solo por eso.- añade Javier- Tengo la boca escocía porque solo me tocaron barbudos, ¡menudo desgraciado soy!. Me voy con vuestro recuerdo en la piel, que lo sepáis… ¡afeitaros ya, coño!.

 

Reímos. Detrás los momentos cada vez nos parecen más pequeños y adorables. Como el paisaje de Sierra Morena que va perdiéndose diáfano en la luneta trasera del coche, volviéndose borroso entre la nube de polvo que vamos levantando a la vuelta, sobre la pista forestal.