Archivo de la etiqueta: vivencias

Roma (II): En el corazón de la Roma más católica.

d2160

El segundo día lo habíamos planificado con anterioridad para dedicarlo al Vaticano. Teniamos compradas las entradas por internet para evitarnos colas pero no contábamos con un gran inconveniente: y es que ese día -precisamente- cerraban el metro de 8.30 a 17, noticia que nos comunicó Samantha, la chica del hotel.

Cuando estás en Roma te das cuenta que la ciudad, debido  a tantas de sus escavaciones y ruinas, cuenta con un metro muy básico que no llega a todas partes. Solo tiene dos lineas largas A y B que, si se colapsan, la ciudad sufre un verdadero caos. Aunque dispone de taxi, autobuses y demás, estos transportes no dan para la aglomeración de turismo que en todas las fechas visita la urbe y que, evidentemente, quiere llegar temprano a  los sitios de interés.

 

Nosotros teníamos las entradas para las 9.30, así que tuvimos que levantarnos muy temprano para intentar coger un tren antes que lo cerraran. A las 8 ya estabamos en la estación preparados para sufrir una encarnecida lucha de ciudad por hacernos con un hueco. Después de tres intentos, si, si habéis leído bien, ¡tres! logramos hacernos sitio en el cuarto tren, no por último menos atestado de humanidad en formato sardina. Penamos mucho durante esos momentos en los entresijos del subterraneo (que solo un Holden se atreve a contarte con sinceridad), desconocidos como eramos de esa supervivencia en vivo donde se olvidan las formas y solo prima la táctica  para hacerse con un trocito de gloria. Menos mal que iba allí de paso porque no cambiaría nada la tranquilidad de mi pueblo por aquel tumulto diario, ¡vamos!por muy Roma que fuese.

 

 

Una vez llegados al Vaticano, decidimos comenzar por los Museos, que me parecieron enormes, cuantiosos y lujosísimos. Aunque me habían contado a cerca de los tesoros que la Iglesia allí alberga, nunca jamas hubiera imaginado una colección de tal calibre, que engloba todas las épocas y  maravillas artísticas de sentido religioso o político. Es solo que caminando por aquellos pasillos interminables te das cuenta de la dimensión que debió cobrar la Iglesia y lo poco que concuerda ese amontonar bienes con la doctrina que se predica. Aunque, desde un punto de vista artístico, cabe destacar que se trata de una colección de expresiones  ante la cual cualquier persona se maravillaría y en eso la avaricia, que a priori se tantea, sale beneficiada.

d2038

 

Una de las salas que más me gustó fue la Gallería Chiaramonti, que contiene casi un millar de esculturas de todo tipo y calidad, de dioses, emperadores y retrato-estatuas, entre otros.

Caminando por este pasillo una siente como si miles de miradas de piedra te taladrasen, cada cual más seria y tajante, pues deduzco los dioses no querían ser tallados desde el lado cómico y sí desde el solemne e imperturbable. Má perché?

 

 

 

 

 

d2048El Museo Pio Clementino  también representa una exposición  en la que merece la pena detenerse. Refleja de lleno la esencia más pura de la Roma de la escultura. Esta dispuesto en torno a un patio de planta octogonal a través del cual se van disponiendo hasta 12 habitaciones en las cuales se pueden observar las distintas figuras, todas ellas alucinantes. Una de las más famosas es el  Laocoonte, que a pesar de su antigüedad (data del siglo I D.C) esta conservado en perfectas condiciones, guardando en su expresión y postura una fuerza inimaginable.

La Galería de los Candelabros y la Galería de los Tapices son largas salas dispuestas a modo pasillo por las que se muestra el lujo y la virtuosidad de la Iglesia de otras épocas. Me tocó la fibra una serie de tapices gigantescos que contenían escenas sangrientas de La Matanza de los Inocentes, un pasaje narrado en el Nuevo Testamento en que el rey Herodes manda asesinar a todos los niños menores de 2 años. Observar aquellas figuras, casi a tamaño real, en medio de tal atrocidad , me revolvió por dentro. No me cabe duda que la historia tiene tantos capítulos de luces como de sombras.

Y así entre mapas y cartografías del que fue el Imperio dominante, fuimos llegando al ala de la pintura en donde nos adentramos en la prestigiosa Estacia de Rafael. Sus frescos resultaban ser una maravilla. Tenerlos allí, de repente, me parecía entre raro y mistico. ¿Podía ser que aquella escuela de Atenas fuera la misma que se me enseñó a mi tantas veces en la escuela?

d2112

 

Estabamos casi terminando el recorrido y acercandonos a lo mejor: La Capilla Sixtina. Recuerdo que al entrar me pareció pequeña aunque creo que fue solo una vaga impresion al percibir la aglomeracíon de la sala. Tal era el caso que la estancia estaba vigilada por Carabinieri que a cada poco iban sugiriendo al personal que abandonase, vamos que te van echando directamente mientras entonan la palabra “gentile”, además de que tampoco te dejan echar fotos.

Nosotros no les hicimos caso a ninguna de las dos cosas…sí, sí, somos así de poco gentiles y nos dedicamos a sentarnos un buen rato y disfrutar de aquellas increibles vistas ¡para eso habíamos pagado, oye!. Y es que una comprende tal expectación solo cuando está allí un buen rato anonadada frente  a una obra de tal magnitud, tan perfecta, tan sublime en términos de volúmenes, donde las figuras y encuadres parecen salirse del techo. ¡Creo que ha sido una de las cosas más impresionantes que recuerdo haber visto en mucho tiempo!… eso, o directamente sufrí el Sindrome de Stendhal allí mismo, joder ¡creo que debió ser eso!.

d2119

 

Cuando acabamos me tomé un café reponedor y le dije a pelirrojo cuanto me había emocionado aquella sala…y eso que yo no soy nada religiosa, pero el arte trasciende a toda ideología ¿verdad?.

 

 

d2125

 

Atestados de sensaciones y con las miradas repletas de belleza fuimos abandonando los Museos Capitolinos bajando por su famosa escalera de caracol, para dirigirnos a La Basilica de San Pedro y su imponente columnata. Hicimos la cola correspondiente y,una vez pasados los controles de seguridad, nos adentramos en la Basilica por excelencia; en donde el lujo y el recargamiento del arte canónico cobran su verdadero esplendor. Se respira belleza, dinero y barroquismo en cada rincón, en cada paso, ¡que digo! en cada vistazo.  Es precisamente el Baldaquino de San Pedro, construcción de Bernini, el que resume y concentra todo lo que en esencia representa la Catedral. Esta colosal escultura de dimensiones magníficas se sitúa bajo la Gran Cúpula absorbiendo toda su luz y devolviéndola en forma de brillos a través del bronce. El baldaquino contiene el altar mayor y bajo los cimientos, la cripta en donde está enterrado el apóstol San Pablo.

Como nos había embrujado la cúpula (debió ser eso) allá que fuimos a vislumbrarla de cerca y bendito el momento en que se nos ocurrió la idea. No se cuantos escalones en espiral tuvimos que subir hasta el final, no se cuantos recovecos, cuerdas, paredes a las que me agarré y casi probé a marearme.

Después del esfuerzo, he de reconocer que merece la pena el ascenso por el solo premio de tener Roma ante tus ojos, que es solo un momento fugaz ¡tal vez! pero… ¡tan eterno!, de esos que se cuelan por los ojos para quedarse dormido para siempre entre los recuerdos.

Y bueno, aquí concluye mi recorrido por el Vaticano, a las 15.40 de un viernes de noviembre en el que todavía no habíamos comido más que arte y más arte. Y como de eso, por muy bonito que sea, no se alimenta el cuerpito fuimos buscando donde mangiare y de paso, donde reposar un rato nuestra castigada espalda.

d2220

Despues de esta sesion de spaguetinis,  ya teníamos la noche en lo alto, callendo de plomo. ¡Valgame con los noviembres de Roma!.

 

Fue un regresar que recuerdo de entre los más románticos de mis viajes. Las primeras luces pintaban de amarillo el Tiber, parecía una postal, un lugar de ensueño.

d2232

Atravesamos el Puente de San Angelo y de ahí nos dirigimos  a  Piazza de Navona, una de las más famosas de Roma y yo añadiría …¡y más bonitas!. Además de la imponente Fuente de los cuatro ríos de Bernini, situada justo en el centro, y la Iglesia Santa Inés, resultan curiosos  los grandes escaparates de las tiendas (no poco chulas) que hay en esta plaza.

Lo ultimo que nos quedaba en este ajetreado planing, era el Pantheon de Agripa y aunque ya estábamos fundidos de la cabeza a los pies, no queríamos perdérnoslo. Caminamos un poco más hasta encontrarlo y fuimos seducidos rápidamente por su imagen, imperturbable y majestuosa a pesar del tiempo.

d2265

Realmente es emocionante imaginar que mientras tocas aquellas columnas milenarias, de alguna forma tanteas, con una porción pequeñita de tus manos, siglos y siglos de historia materializados a través de la roca. Nos adentramos en el templo construido como los grandes clásicos con planta redonda y una bóveda de cúpula semicircular taladrada con un  ojo-hueco mas o menos grande en el centro, que permanece abierto y por el que se cuela la luz y el agua.

Continuamos hasta casa haciendo un poco más el ganso con el palito selfie que nos habían vendido a la puerta del Vaticano. Roma, de trasfondo, parecía ser cómplice de nuestras trastadas y del pavo al que por cansancio decidimos sucumbir.

Mientras nos acercábamos a Vía Ratazzi, íbamos saboreando un relax de órdago: una infu calentita del comedor, una ducha reponedora que mejorase la espalda y una cena al más puro estilo “Mukali se queda en la habitación y su amado sale a por la comida” jajajaja…pero ¡que malaje soy!.

Buonanotte, Roma!.

d2289

 

 

 

 

 

 

Roma (I): Primeros contactos con la ciudad.

 

d0003
¡Hasta pronto, España!

Aunque el viaje parecía que iba a comenzar cuando nuestro avión atravesara la bota, lo cierto es que lo había hecho muchas horas antes. Nuestro vuelo salía muy temprano así que cogimos un hotel para el día anterior tenerlo todo preparado. Bajando hacia Málaga nos sorprendió un atardecer español de contrastes totalmente luminosos. Me encanta atrapar estas imagenes de cuadro, sobre la linea de esa carretera que sabes te va a llevar muy, muy lejos…al comienzo de alguno de tus sueños.

 

d1005
¡Buongiorno Italia!

Al día siguiente el vuelo trascurrió con total normalidad. A las 10.30 ya estábamos pisando tierras italianas y cogiendo el primer enlace que nos llevaría hasta nuestro hotel. Hay un tren llamado Leonardo que te conduce desde el aeropuerto de Fiumicino hasta Roma. Cuesta sobre unos 14 euros y es cómodo. Esa era la opción que habíamos barajado cuando de camino nos encontramos con el primer italiano que nos ofrecía otra oferta, llevarnos hasta  la puerta de nuestro hotel por solo dos euros más de lo que costaba el tren y según él aseguró: en solo 40 min. Como parecía a priori un chollo, aceptamos y nos montamos en un pequeño furgón con más turistas como nosotros, que se dirigían a otros hoteles de la ciudad. Lo cierto es que no conocíamos Roma y no fue del todo mala idea, pues en principio no sabes ubicarte y las conexiones te resultan un poco complejas, por lo tanto, en ese sentido  resulta muy  práctico. Por otra parte, este viaje, que para nada duró 40 minutos sino 1 hora y 30 minutos, nos dio para entender el caos automovilístico que se respira en Roma y lo locos que están algunos italianos al volante. Creo que por nada del mundo se me ocurriría coger un coche en esta ciudad. Por poner un ejemplo: se saltan los semáforos que da gusto, inventan carriles de incorporación donde no los hay y no respetan a los peatones que van tranquilamente por  los pasos de cebra…vamos, ¡qué son un peligro pericoloso! eso por no mencionar la hábil capacidad de nuestro conductor de hacer dos o tres cosas a la vez mientras conducía: wassear, escribir en una libreta, hablar con la parienta sin manos libres… ejem, entre otras. Debo decir que pise el pedal de freno imaginario ¡mas de veinte veces!

Una vez que mi corazón probó las dulces mieles de las calzadas romanas, llegamos a Via Ratazzi sanos y salvos….¡menos mal!. Era la calle donde se encontraba el alojamiento que habíamos reservado. No era exactamente un hotel, pero estaba muy bien equipado. Nos recibió Samantha, una italiana muy simpática, que nos puso al día de la ubicación, las conexiones y nos enseñó todo lo necesario de la habitación:  era grande, espaciosa y muy limpia. Según nos dijo, en un italiano que yo todavía dominaba, era la más bonita de las 5 porque era la de la passione. ¡Vaya! eso nos gustó.

 

Después de descansar un ratín y estirar las piernas nos pusimos a estudiar los planos para ver que itinerario nos convenía más. La idea era  coger el Metro  y subir hasta la Piazza del Popolo. De allí iríamos caminando poco a poco pasando por la Piazza di Spagna y uniendo con Fontana di Trevi, callejeando toda la tarde  hasta que llegase el cansancio y de paso acercándonos cada vez más al hotel.

d1015

 

Nada más bajarnos, ya  en  Piazza del Popolo nos cayeron las primeras gotas y aunque auguramos un cielo sospechoso, finalmente el tiempo nos acompañó. Allí nos detuvimos a tomar unas fotos en el famoso Obelisco Flaminio, de origen egipcio y dedicado a Ramses II. Es uno de los más altos y antiguos de la ciudad de Roma. Justo en aquella fuente me atreví a ponerme un sombrero de oso del todo atrevido ¿ a qué me queda bien? ¡era como llevar una losa en la cabeza! jajaja.

 

 

Un poco después de estrenar por Roma mis chorri-ocurrencias, cogimos Vía del Babuino (que es una de las tres arterias que salen de esta plaza) y anduvimos entre escaparates de ropa llenos de maniquíes y precios desorbitados,  hasta Piazza di Spagna. Si algo te das cuenta mientras caminas por esta zona de Roma es del sentido estético que se respira entre los viandantes. Los italianos están acostumbrados a la moda y visten acordes con lo que viven y ven, en general cuidan bastante su aspecto… supongo que también es una ventaja y un aprendizaje con el que crecen y se empapan. Aunque se parecen mucho a los españoles (por lo que a influencia mediterránea se refiere: piel morena, pelo oscuro… ) los italianos, si atiendes, son distintos: tienen una ligera mezcla eslava que les otorga una belleza especial en sus ojos claros y mentón acentuado. Algo que a nosotros nos llama rápidamente la atención. En cambio, si a ellos les preguntas, no tardarán en decirte que gozan de ese arraigo islámico que tienen algunas de las morenas españolas. ¡Cosas de los gustos y la diferencia!.

 

d1052
Algún día entenderé porque este trajecito tan feo cuesta 6000 euros.

Mientras nos íbamos acercando a la escalinata de la Piazza di Spagna le iba contando a pelirrojo si en otra vida podría experimentar eso que hacen algunas famosas como la Pataki, fin de semana de compras en Roma o Londres… guauuuu, ¡que gusto tener esa cartera! esas debían ser las tiendas que visitasen, ni más ni menos… Supongo que tales aberraciones en los precios obedecían a fluctuaciones del lugar en el que se  hallaban, así como lo ostentoso de cada reliquia y cada prenda extrañamente estudiada que lucía en el escaparate como un objeto de proporciones inalcanzables. Claro, eso era lo que iba yo pensando, una turista corriente y moniente que jamás podría permitirse el lujo de comprar en aquellas boutiques.

 

 

Una vez atravesamos la ensoñación versus aberración de la moda, me senté un ratito a descansar mis pensamientos en la escalinata de la plaza. Desde allí se observaba muy bien la fuente de la Barcaccia de Bernini, que recibe el nombre precisamente por su parecido con un barco naufragado. Me pareció curiosa, aunque estaba de obras y eso le quitaba parte de su esencia.

A estas alturas del día, casi empezando la jornada, ya me sentía molida. Recordad que me había levantado a las 5 de la mañana, había tenido un viaje de avión  de por medio y no le había metido nada al cuerpo desde las 6. Era la hora de pensar en comer y reponer energías. Nos sentamos en un restaurante de la zona y nos zampamos una pizza y unos macarrones alla matriciana que estaban de lujo, acompañados de una botellita de vino que nos puso un poco tontorrones. La bebida en Italia es cara, así que sale más a cuenta pedir una botella que una consumición individual. En cuanto al vino, debo decir, que estaba muy bueno… lo suficientemente delicioso como para despertar mi pavo y disimular el cansancio.

 

 

Después de reponer fuerzas seguimos dándole a los pies deleitándonos con ese aire vetusto que se respira en cada una de las calles de esta ciudad. Al tiempo nos iba persiguiendo la primera oleada de adornos navideños sobre las fachadas. En Piazza Colonna hicimos un alto para contemplar la columna de Marco Aurelio,  tallada en forma de espiral de un modo similar a la de Trajano. El cansancio era inevitable y no lo restituía ni el vino pero toda aquella belleza artística nos envolvía en una especie de ensoñación que no nos dejaba rendirnos.

 

 

Nos pedimos un famoso gelatto para continuar en aquella balanza de calorías y placeres…y así, combinando sabores, charla y paseo llegamos hasta el Templo de Adriano en Piazza di Pietra. Aunque solo conserva 11 de las 15 columnas originales, este edificio me impresionó bastante y me senté un buen rato a mirarlo. Las columnas corintias están totalmente agujereadas por el paso del tiempo pero guardan una altura de tal envergadura que te hacen sentir pequeño y distante, mientras la imaginación se despierta tratando de reconstruirlo en los origines, con la solemnidad que todavía hoy , lleno de huecos, desprende.

d1093
Parece que el tiempo le disparó unas cuantas balas ¿no?

 

De aquí nos dirigimos a la famosa Fontana di Trevi. Recuerdo que al llegar me llamó la atención lo pequeño de la plaza para una fuente de dimensiones tan enormes. Allí nos confundimos entre la masa de turistas que morían por tomarse la mejor foto en la fuente más famosa del mundo. Era casi agobiante, cosa que detesto, y yo me preguntaba si aquello era en un noviembre cualquiera ¿que no se habría visto en aquella plaza, un julio o un agosto?. Ah, vale, puede que esos, por romanos los tuvieran más controlados…jajajaj. En fin, olvidad el chiste que es malísimo… Lo dicho, haciendo algunos pinitos y buscando huecos entre la marabunta, conseguimos algunas tomas de premio.

d1119d1105

Era la hora de volver a casa, los pies  no nos regalaban tregua. Aún tocaba perdernos por la enrevesada estructura de callejuelas romanas que probaron la buena orientación de pelirrojo hasta límites inimaginables.

Al fondo, el Coliseo, entre dos luces, nos ofreció el asidero que buscábamos. Tomamos  la boca metro y regresamos a Via Rattazzi. Solo eran las 5 de la tarde de un jueves pero ya era totalmente de noche. Caímos en la cama del  hotel cuan estatuas vivientes y nos regalamos una mega siesta de 3 horas. Luego, nos arreglamos y salimos a cenar por los alrededores. No nos quedaban fuerzas para más y como no teníamos pilas duracell ni Ceregumil en las maletas, decidimos descansar bien y disfrutar de la estancia en el hotel, que también resultaba apetecible. Todavía se vislumbraban dos días más por delante.

¡Ché bella Roma!

Los tiempos cambian ¿a mejor?

foto antigua

Hoy vengo a hablaros de una anecdotilla que me ha pasado últimamente la cual me ha hecho reflexionar sobre si los tiempos -y con ellos nosotros por defecto- cambiamos a mejor.

Recuerdo cuando hace unos 15 años atrás, hacer un regalo tenía un sentido para la mayor parte de la sociedad. Se regalaba para agradecer, como detalle o insignia, porque había otra persona: el destinatario, a la que queríamos demostrarle de algún modo nuestro afecto…bien porque fuera su cumpleaños, su santo o bien porque sí, por amistad, amor, roce o cualquier otro tipo de unión. Los regalos tenían significado, aún cuando se hacían en grupo, había sinceridad en ellos y raramente formaban parte de algún tipo de hipocresía. Quizás hubiera menos dinero, menos opciones, menos aborregamiento…no se.

¿Porque digo todo esto?

Hace dos días recibí un mensaje por el cual me informaban que una mami de la guarde de mis hijos me había metido en un grupo de wassap con todas las demás mamis para comprarle un regalito a la seño, dado que llegaba el final del curso. ¡y tocaba!

Me sorprendió mucho porque el grupo se llamaba “Regalo de Fulanita” y no se había comentado previamente en las salidas ni entradas. Directamente se exigía al personal participar activamente en la elección del fabuloso regalo para agradecer el curso a la cuidadora. Y yo me preguntaba como podía ser que se diera por sentado que todo el mundo quisiera participar en ese regalo a modo más bien protocolario.

Esta es una moda que vengo observando por los coles y guardes en los últimos años, pero que nunca me había pillado de lleno. Estaba a mi lado, pululando, in crescendo como las notas,  incluso alguna vez fui yo la destinataria…y os voy a ser  sincera. No me gustan para nada estas nuevas tendencias que despersonalizan el sentido del regalo y de la enseñanza. A mi, como maestra, me gusta mi trabajo y lo hago por vocación. Que me regalen está bien, nunca despreciaría un regalo… pero preferiblemente que sean mis alumnos, cuando así lo crean y porque así lo sientan, no un conjunto de madres porque se haya convertido en otro tramite más de obligado cumplimiento.

Ahora viene la cuestión a la que yo me enfrentaba ¿nos rebelamos contra la masa o no? ¿como se les explica a un conjunto de desconocidas en un chat de wassap que lo que han organizado no tiene para tí ni pies ni cabeza?. Ya hasta aceptaría que cada madre le comprase en solitario un detalle si es que así lo consideraba…pero inmiscuir a todas sin saber ni preguntar previamente me parece una falta de respeto, además de algo despersonalizado. Si verdaderamente estás agradecida, no te importará molestarte en buscar un detalle para esa persona y disfrutarás con ello.

Pues bien, la creadora y promotora de la idea iba dando por supuesto la participación de todas nosotras, sin que algunas nos hubiésemos todavía manifestado. En mi caso, mis hijos entraron en febrero ,en el de otra mami tuvo que borrar a su hijo de la clase porque no paraba de enfermar, incluso dos de ellas han entrado casi en la recta final del curso.

La creadora del grupo no pensó en esto, pero seguramente sí que hizo números y cayó en la cuenta de que a  más mamis = menos dinero. Ya ves tú, ¿ para tí que son 3 euros?… quedar de rata es lo peor.

Y en eso se han convertido este tipo de regalos…en otro tramite más para continuar con las oleadas de líneas teledirigidas, siendo muchos los casos y las familias.

Está bien, yo misma podría haber hecho algo distinto, haberme desvinculado con buenas palabritas y hacerle individualmente mi regalo o no. Lo mismo no me apetece porque un regalo para mí es algo más.

Esta persona ha cuidado de mis hijos. Vale. Pero era su trabajo. Igual que el mío es educar a niños. ¿Que pasa?…como estamos hablando de nuestros hijos ¿queremos ganarnos así la simpatía de la maestra?.

No lo entiendo, igual yo he nacido en otra epoca, pero los regalos no compran el buen trato. Hay madres que regalan y luego no acuden a una simple tutoría para ver como va su hijo/a ¿no parece que tenemos miedo a huir de las masas y  ningún temor por la evolución educativa de nuestros hijos, que al fin y al cabo, es la verdadera labor de una maestra?.

Al final caemos uno detrás de otro (hasta yo) en este tipo de conductas- tontas, por evitarnos problemas más adelante, evitar a nuestros hijos el ser señalados, pero no se evita, se entra por el aro.

En nuestros tiempos no tiene cabida el no para planes tan bonitos como un regalo conjunto, quien ser rebela o es tratado de raro o vete a saber.

La conversación siguió… algunas hasta sacaron polémica porque la promotora se había encargado de organizarlo todo y había madres que ni siquiera habían opinado sobre el regalo ¡qué desfachatez!…¿les habían preguntado antes si estaban de acuerdo con hacerlo?.

Los tiempo cambian, sí…pero ¿que hay de nuestras ideas?.

Pueden ser diferentes.

Los regalos ya no son lo que eran,

ni se aprecian de la misma forma…ni nosotros mismos les estamos dando el mismo valor.

FullSizeRender (1)
Regalo que me hizo mi alumna, un simple día de clase. Esta soy yo a sus ojos… se ha pasado con los tacones y las pestañas…jajajaj. ME ENCANTA.

 

Dos miradas. Una conversación. Entornos. Arte. Abstracción a través de lo real.

Mi hermana y yo habíamos dedicado toda la mañana de lluvia al museo. Empezamos por la colección de arte que se exponía de forma temporal, la de realismo abstracto, dos pintores de los que no había oído hablar y que acabaron por conquistarme más allá de las salas. Al final resultó que eran muy valorados y no los había apreciado hasta entonces.

Creo que los verdaderos artistas (y hablo desde mi propia experiencia claro está) son aquellos que gozan de la facultad de emocionar,  realidad que no está en manos de todo el mundo, como no está el que nos motiven las mismas cosas …esa chispa captura terriblemente mi atención. Podría dejarlo en una definición breve: aquellos que son capaces de mirar más allá y a través de.

Me explico. Muchas son las personas con dotes artísticas, pero ¿cuantas logran capturar la  imagen inquieta? ¿cuantos hacen que vibre como vibran algunos instantes?, esos que sabemos son tan efímeros como elucuentes…capaces de expresar mundos.

Los buenos cuadros bajo mi punto de vista son los que te dejan imaginar: llevádote  a formular hipotesis sobre su autor o su posible motivación con la escena, los que te hablan de los misterios ocultos tras los elegidos que posan, el paisaje o las cosas.

Es justo lo que iba sintiendo mientras observaba tanta belleza perfectamente estudiada. Sabía que estaba viendo algo que recordaría más tiempo del que duraría el recorrido del museo. Algo especial  e impactante que me haría indagar más allá, como indago con todo lo que me motiva a través del sentimiento.

A la vez que disfrutaba de las imagenes me iba adentrando en una historia. Quizás, seguro, tal vez, solo era mi historia…aunque la estaba leyendo allí con datos corroborables, el subjetivismo siempre está presente en el arte.

Hablaba de la relación entre un padre y un hijo, ambos artistas, ambos pintores… que se habían criado en entornos altamente creativos.

Hablaba de personalidad a la hora de pintar partiendo de bases parecidas,  de la influencia de lo ordinario y  lo cotidiano, que por ser así, muchas veces se escapa; del candor del misterio, del implacable magnetismo de la extrañeza humana llevada a su esencia mínima: la naturaleza. Tierra, sol, mar, costumbre, vecindad…entornos que fueron sentidos y vividos con tanta fuerza que aquello los hizo mágicos tras la mano habil y el pincel.

Y es que hay tantas coincidencias entre ambos como distancias en sus escenas. Acercamientos y lejanías, infancias de creatividad y naturaleza, humanismo animal, miradas ensimismadas y  musas secretas…fueron algunas de las cosas que más me impactaron de la exposición.

Quedé absorta por como se conjugaban las dos visiones: padre e hijo…de como habían investigado con tan diferente resultado, el color y la técnica. Y no solo el color en sí entendido como gamas o preferencias cromáticas,  me refiero al color de los  instantes y las historias…ambos magistrales en su esencia. Una: por reflejar la austeridad del alma a través de las ventanas de lo conocido y otra:  por derramar la extrañeza que – en sí- caracteriza un interior y las puertas de misterio que va abriendo.

No me pude ir sin mi descarada costumbre de tocar algo de lo que me llama. Creo que todos los museos del mundo deberían tener un apartado táctil, al menos para contentar a Mukali…jajajaj.

Me fui tanteando aquella imagen gigante…y era de imaginar el roce del pasto en las vegas de mi infancia, ese tacto que tan bien recuerdo de mi yo- niña y  que mi padre tan estupendamente se ocupó de desvelarme… sus botas, la siega, la tarde en mi espalda correteando las mieses.. ese ambiente que ya me quedó lejos y que los cuadros de Andrew y Jaime Wyeth consiguieron acercarme.

The Islander - Wyeth Jamie

 

Estendal con abas

Hace poco fui a uno de esos enormes almacenes chinos y tuve una experiencia conmovedora, que unida a mi archiconocida sensibilidad, generó en mí un estado de shock tal que ya,  ¡no soy la misma!.

Bueno, sabéis de sobra quienes os habéis movido por estos bazares, que se puede encontrar hasta leche de burra y con esta mentalidad (un tanto abierta y un tanto temible) iba yo en busca de un objeto cotidiano que me hacía mucha falta (no seáis mal pensad@s…) y que allí podría encontrar a un precio más o menos elegante.

Ni que decir tiene que yo en los chinos, me pierdo y me encanto. Así que cuando dispongo de algo de tiempo, me gusta entretenerme deleitándome con toda esa ingente cantidad de chorradas cosicosas que se puede encontrar en tan conocido lugar.

Voy a confesaros un secretillo. Es esta una costumbre que adquirí hace ya algunos años cuando me mandaron a trabajar a un pueblecito perdido de la civilización, de los interneses y de todo entretenimiento posible. Allí lo más divertido, como podéis deducir, era ir a los chinos. Y allí, evidentemente, me “envicié”. Quedaron por mi memoria claras reminiscencias de aquellos instantes sumisos y devotos, de aquellos lindos paseos por el bazar oriental…que  aún no lo he superado…y lo que pasa, bucle en conductas…que en eso soy la leche…jajaja.

En fin, no me enrollo ornamentando el post y paso a contaros…

La visita me dio para descubrir el nuevo plato chino (próximamente en restaurantes) con el que quedé algo aturdida y confusa. Os lo presento a continuación :

IMG_9732

Como veis, se llama Estendal com abas y creo que tiene la increíble novedad de ir acompañado de un estupendo curso practico sobre como tender la ropa con la rubia vestida de bávara, para que nos enseñe a  las mujeres, sobretodo a nosotras, como hacer para que las habas con tocinillo no se nos peguen al riñón.

Hay que tender y hay que comer. Eso está claro. Pero no de cualquier forma, señoritas. Prestad atención…

La clave está en el tendedero, de máxima resistencia (se especifica más abajo, por si alguna le diera por tumbarse encima en plan leona)  y una fotografía tamaño A3 de nuestra flamante tiabuenaamiga que nos muestra claramente como se han de tender los trapos vestida con ropilla de estar por casa.

La reflexión es, querid@s amig@s…EN TODOS LOS SITIOS SE CUECEN HABAS…porque ¿quien sabe? nunca se sabe si algún gato pardo desde el tejado pudiera estar observando. Por eso ella, consciente y sabedora, sale a tender la colada con su pelo divino, sus medias de novia de orquesta  y sus tacones de la muerte.  Son requerimientos de los que solo entienden las azoteas y …por supuesto ¡el estendal con abas!

¿Os atrevéis a probarlo?….yo ya tengo el mío.

 

 

 

 

 

Hablando de…

1797547_804957749593286_6172210978662206011_n

La clase había comenzado  con un precipitar de letras populares,”La primavera la sangre altera” o “En abril, aguas mil”. Profundas como ellas solas.

Hablemos de comprensión, de lógica con niños de 5 años, aunque luego seamos nosotros los primeros en incumplirla. Adultos como nosotros solos.

 ¿Que es eso de alterar?– pregunto. ¿la primavera nos transforma? -añado.

Miran, piensan, siempre tienen algo rondando sus pequeños cerebritos…

Cambia los arboles, las flores, la hora, los días… dicen por ahí los más aventajados.

Y yo sigo dándoles ingredientes para pensar…

¿Y nosotros somos arboles, flores, horas y días? ¿formamos parte de ese todo?

Se que estoy pidiéndole peras al olmo y por otro lado se que la vida te da sorpresas.

Y me quedo en esto ultimo para confirmarme a mí misma porque me gusta tanto tirar del hilo.

Sus caras son pura filosofía

Y yo les extiendo las palabras precisas…

¿Creéis que en primavera estamos más…alegres… más  locos…más sensibles…nos enamoramos más fácilmente?… 

Y salen las risas de las niñas…jijijiji. Yo también me río de sus ojos al oír la palabra mágica “enamorarse”. Es como un cuento del que han oído hablar una y mil veces, pero del que siempre tienen ganas de más.

Annia se atreve y añade una emoción: Seño, yo estoy enamorada de Irene. Es mi novia.

Irene y Annia siempre sentadas como dos siamesas. Las eternas amigas. Pero hay una que absorbe a la otra y es la misma que ha pronunciado la frase que desatará la polémica.

  • Dos niñas no pueden ser novias – dice Javier contundente.

Dos niñas claro que no, pero dos mujeres sí ¿verdad Javier?- pregunto, sabiendo que refutará mis argumentos.

  • Tampoco. Ni dos hombres. Solo mujer y hombre.

Vaya! ¿eso quien lo dice?

  • Mi padre.

Y los dejo hablar entre las aguas revueltas. Hay opiniones enfrentadas, debate sostenido, me gusta que tomen sus propios pareceres -mientras parezco desaparecer-. Adoro  que participen con el bagaje que les haya tocado por azar,  ese tú a tú tan heterogéneo que se  alargará toda una vida.

Somos materia compartida y lo van descubriendo. El tiempo llegará a sacudir las certezas, que  estarán siempre moviéndose, como las estaciones, al igual que las ideas… hojas que van muriendo y renaciendo día a día…nada solido que dejar bajo la tierra firme de la contundencia.

  • Si, si que pueden. En la tele salen. Y se dan besos.- dice Andrea añadiendo pruebas.

Y todo es serio…van usando la lógica… van poniéndole palabras al aprendizaje.. van utilizando los sentidos y la razón ante lo que solo creen intuir… Todo tan adulto… que hasta da miedo.

  • Pues mi padre dice que dos hombres si que pueden ser novios, se les llama “quejicas”

¿Como? la risa estaba a punto de tomarme: … la palabra confundida y la inocencia tan bella de la edad. El aire de la infancia moviendo el tenderete prohibido de ropa interior.

No, no, quejicas no son. – les aclaro. Solo son dos hombres que se quieren.

Me parece que ya tendrán tiempo de aprender las palabras extrañas que- como adultos- nos hemos inventado  para clasificar lo diferente.

Y nos quedamos hablando de como es eso de querer a la persona, en amplitud, obviando todo tipo de convencionalismo impuesto. Creo que lo entienden a su modo de entender, se trata de abrir un poco más la mirada, de seguir recorriendo.

Para finalizar les pido un dibujo que  sugiriera los refranes trabajados. Dibujar es otra forma de pensamiento, otra manera de expresar lo abstracto.

Solo ha empezado la mañana, pero me sorprenden dos enamorados felices compartiendo paraguas bajo la lluvia, envueltos en un gran corazón.

Tal vez una buena explicación del amor sea esa, el dibujo de un niño que sigue siendo posible  en la definición de un adulto. Una forma de toparnos con la idea de que, en esencia, lo reconocemos y no pasa el tiempo sobre la consciencia y vitalidad del sentimiento.

11133656_809932109095850_3951553803576713147_n (1)

 

 

 

Esos que tambien nos hacen…

A raíz de leer a mi amigo Oscar del maravilloso blog historias tras tu DNI  me he parado a pensar en la innumerable cantidad de defectos que tenemos las personas y que tantas veces no contamos a la gente. Hoy ando generosa y voy a relataros algunos de los míos.

El primero me acompaña desde que nací. El defecto en sí tampoco es que sea una cosa realmente importante, pero durante los años que ocupó mi infancia le dí más importancia de la que tenía y derivó en complejo, ya que en verano era muy visible y yo no paraba de ocultarlo…mi querido ombligo.

Amigos y amigas…hoy lo confieso: nací con el ombligo terriblemente feo ¡que cosas!….la tripa no se cerró y aunque me intervinieron quirúrgicamente yo era muy bebe y no paraba de berrear con lo cual no sirvió para  nada, aquello volvió a su ser…su estado digamos “difícil de mirar” no me ayudaba a aceptarlo como tal.

Durante años, los médicos le decían a mi madre que tenía que revisármelo porque podría acarrear problemas cuando me quedase embarazada y eso es lo que hacíamos, cada cierto tiempo: recordabamos al innombrable. Por suerte mi particular ombligo se cerró, pero como le vino en gana a él, que no era la forma en que me gustaba a mí precisamente.

Recuerdo los muchos veranos que las chicas se ponían bikini y yo bañador para ocultarlo o las veces cuando aún era pequeña que mi madre me escogia los bikinis y yo me subía la braga hasta donde no se veía aquello…mi ombligo. Hay fotos que dan constancia de los hechos con los que ahora me río, pero entonces eran harina de otro costal.

Yo soñaba con uno de esos ombliguitos de mis amigas en los que se metía el agua y el dedo y no se veía la tripa, esos ombliguitos cerrados perfectos…y yo me doblaba el mío a los ojos del espejo para intentar que fuera como el resto. Tenía suerte, era una chica con buen cuerpo, pero me faltaba aquello, aquello que no me permitía lucirlo al completo.

Le dije a mi madre que quería operarme y ella -muy sabia entonces- me dijo que me fuera a freir esparragos, que era un ombligo grande pero tampoco era para hacer de aquello el centro…aunque -valga la redundancia- estuviera en el centro.

Me pilló una adolescencia en la que se llevaban las camisetitas cortas, preciosas, adorables, deseadas… con las cuales yo podría haber lucido mi por entonces cintura de avispa…pero me lo tenía terminantemente prohibido: aquello diferente no podía verse a los ojos de los comunes ombligos de la sociedad.

Así seguí unos cuantos años más hasta que definitivamente tuve que aceptarlo. Era mío, no de la vecina…así que un día me atreví a ponerme bikini y descubrí absorta que no pasaba nada. Ni el mundo se hundía ni atraía tantas miradas como yo hubiera pensado.

Poco tiempo más tarde hice topless y ahí si que descubrí claramente que mi ombligo definitivamente no era el centro de los centros….jajajajaj. El caso es que tambien andaba acomplejada con mi pecho, que no era muy grande y con aquello, dejé otro defecto atrás.

Crecí, maduré. Me dí cuenta que el físico no lo era todo, llegaba a la vida queriendo hacer las cosas que me gustaban lo mejor posible, perfectas, queriendo tener el control de todo lo habido y por haber y eso, sabemos que ni es posible, ni produce felicidad.

Eran estas terquedades defectos que estaban más adentro que un simple ombligo. Y como no lograba que todo saliera a mi gusto…  me salia la vena chinchosa.

Cuando construí mi casa, mi marido y yo eramos los promotores, con lo cual teníamos que lidiar con peritos, arquitectos, constructores … una tarea de órdago pero que tuvo su recompensa en que al final la casa acabó a nuestro gusto. Sin embargo, pasé las de Caín porque las obras traen cantidad de quebraderos de cabeza, problemas y soluciones a los que has de darle salida día tras día. Ya un albañil muy caradura me dijo…eres una chinchosa. Sí, llevaba razón, pero es que quería -con su imaginación- hacerme una cosa que nunca se había visto…un castillo en vez de un  simple muro en la casa. No lo dejé, evidentemente.

Resumiendo, no puedo escapar de lo que soy porque una es como es. Seguiré teniendo este ombligo y a veces, siendo una chinchosa perfeccionista. He aprendido que hay variables que no podemos controlar y es bueno saberlo para no autoexigirse tanto. Reconozco que de mi chinchosura tambien han salido capitulos memorables de risas y eso me hace creer que los defectos están ahí para divertirnos, aceptarnos y hacer del mundo una diversidad siempre apetecible.

Tambien, por suerte, tengo muchas cosas buenas, pero esas las dejo para otro post que aquí venía a hablaros de esos que tambien nos hacen.

MISCELÁNEA DE DOMINGO

El domingo  es el territorio del beso,

lugar extinto para la calma,

para que la cama se queje del garboso sábado,

para que la arruga calque los mapas de la semana,

sobre la piel, la revancha,

pintura en las palmas,

el plato caliente,

la tostada en los labios después de la carne.

 

El domingo es la paz contigua y salvaje,

el viaje de los instintos más clásicos

la galaxia de lunares perdidos,

el cohete de las risas,

la terapia del vino,

el mandil de la tradición al servicio de la olla de cornucopia,

la sencillez de lo casero al abrigo del lecho

la siesta y su redil de lorzas campantes.

 

El domingo es abrazo, modelaje, trofeo.

Te viste de mujer aventada y peligrosa

para que te lo creas,

arrima la caldera de lo silvestre,

aplaude al morbo del equilibrio,

con dos tanques negros perfuma el viento

empolva las pecas,

dispara suspiros de carmín,

te expulsa divina a la gélida calle del ajetreo.

Con la música de las apariencias

el cantor de la copa recatada

y el trasiego de la amistad y su leña.

 

El domingo es el amigo glamuroso

que te divierte para después decirte “ciao, ciao”

para anunciarte que ya has tenido bastante

“amiga, tu puedes hacer de cada día un domingo” – susurra filosófico.

¿será pendejo?

¡¡maltrecha la  hora que puso la miel en estos labios…!!

Él sonríe, con su recato malévolo,

al tiempo que me voy colocando la bata, los rulos y las pantunflas…

para besarlo o echarlo. O ambas.

¡La próxima semana nos vemos!

IMG_7553

 

 

 

Las palabras que verdaderamente sangran.

“La voz me sangra”.

Cuando me dijo aquella frase solo llevábamos dos minutos hablando. Pensé que tal confesión solo puede pronunciarla  un tú a tú hecho de confianzas, pero no, eramos solo dos desconocidas en un lugar matemáticamente común.

La piel se me volvió de cartón mientras escuchaba como sus palabras y los sonidos difusos desprendidos al contacto con el aire pueden doler mucho físicamente.

Yo llegué como un número más entre el azar, para ocupar su lugar de sueños. Su segunda habitación de niñez y la cuna de su frustrada vocación.

Le prometí que cuidaría de su rebaño de “ahíncos” mientras ella se asía a la idea de que ya nunca más podría desempeñar la labor para la que había nacido.

Como le dolían las palabras le sugerí que usáramos la pizarra y allí pude descubrir gráficamente el mapa conceptual de su vida.  El día que enfermó su garganta, la hora en que una negligencia médica torció su destino, la testarudez humana empeñada en intentar lo imposible sin valorar la propia limitación,  y finalmente, el dolor de la aceptación alejándose de lo que la perjudicaba pero la hacía tan feliz.

Eramos dos maestras en un taller de auto-aprendizaje. Teníamos decorados de invierno, nubes preciosas rellenas de algodón a las que le colgaban hilos de pescar con sus gotas, numeraciones con canciones remanidas que tantas veces habríamos cantado y libros, infinidad de libros llenos de esa primera aventura del saber.

Le dije que todos hemos nacido para algo, eso lo tengo claro, que cuando se trunca el sueño personal que cada uno de nosotros albergamos (por variables ajenas incontrolables) solo hemos que cambiar la forma de hacerlo posible. Y siempre hay una solución para cada desdicha.

La enseñanza nunca se alejará de tí…¿sabes porque? la llevas contigo, de la mano, de viaje y es el camino que has de seguir recorriendo. Tienes que encontrar la fuerza y la forma de hacerlo posible sin que te duela.

Ella me escuchaba emocionada mientras otra inquietud silenciosa me habitaba a mí, de fondo y de lleno. Como si me hubieran echado un bote de pintura encima de la cabeza.

No diría más eso de que las palabras pueden herir, cortar o llagar de forma metafórica…Eso no es del todo cierto, somos nosotros los que dejamos que -inundándonos- lo hagan.

Las palabras son vías, entes transparentes y milagrosos que nos permiten construir la voz, la luz, el lenguaje, la vida y los sueños. A partir de ahora empezaría a valorarlas de otra forma, a sentirme privilegiada de tener esa capacidad y a hacer de ella mi escuela.

Nos despedimos a través de ese lenguaje no verbal, sin fronteras, sabiendo que nos dejábamos la una a la otra en dos puntos muy distintos pero probablemente cercanos. Estaba segura de que aquella chica, aquella valiente y anónima heroína, me habían regalado el verdadero sentido de la palabra doliente.

Y es que la misma vida y su fluir es otra escuela si nos detenemos a escucharla.

 

Oda a las croquetas y la madre que las parió.

 

Creo que alguna vez en este blog os he hablado de las croquetas y mi devoción hacia ellas, pero para los que llegáis nuevos os pongo al día con un suceso que no tiene más antigüedad que el día de ayer y mi madre dándome -toda agradecida- la bienvenida con un mega tupper lleno de croquetitas de pollo.

¡Ay que ver como son las madres!

¡Ay que ver como nos cuidan cuando estamos un tiempecito fuera de sus casas y de sus radares!    Ni que fueramos Erasmus…

¡Ay como no hagamos las correspondientes llamadas protocolarias! nos lo apuntan en la libretilla…

Esta vez mi madre me recibía con un maravilloso regalo. Mogollón de croquetas receta de generaciones, propiedad de mi abuela.

Os podéis imaginar mi cara al ver la cena que me iba a meter entre pecho y espalda. Estaba yo más contenta que unas castañuelas en el día de Andalucía. Así que me puse el mandil de volantes (ojo, día que me pongo el mandil, es que ando hambrienta y cocinera, lo cual son pocos días al año,…) y me dirigí a liarla parda, como yo digo.

Saqué esa fuente de barro tan bonita que tengo solo para presentaciones culinarias especiales, corté unos gajitos muy coquetos de tomates (las croquetas no saben igual si su correspondiente picadito) y me puse a freir el adorado manjar.

Mientras tanto aproveché para darle la cena a mellis, que ya estaban olisqueando y gruñendo en su lenguaje particular.

Entre cucharada y cucharada de puré, me iba llegando aquel aroma embriagador, iba saboreando la fritura de mis fogones, iba haciendo las mieles de la espera..

Llegó mi marido que venía molido de un largo día de curro.

Dúchate que hoy cenamos croquetas!! – le dije en vez de hola.

  • Vaaaaale, – me mira con cara ilusionante, a él también le encantan. Siempre lo conquisto por el estómago, es su punto débil- pienso y me rió en silencio.

…………………………………………………………………………………

Todo presagiaba un final: las croquetitas muriendo una a una, lentamente en en esa cueva entre los labios y el paladar de la golosona Mukali y el depredador, pelirrojo :

Ohhhhhhhhhhhh, pobrecillas croquetas, grandes sufridoras y perecederas obras de arte!! ¡¡desconsiderada ansiosa destrozalotodo!! ella tenía que haberlas modelado, untarse las manos, pringarse hasta las cejas de harina!!!. Se las zampará sin más dilación y después se hará ella misma la croqueta en el sofá, para burlarnos…¡petarda sin corazón!.

Pues nooooo!!! No sucedió todo tal que así. La vida es imprevisible hasta en sus finales más cantados.

Las croquetas murieron sí, pero creo que la zampa ñampa tambien. O casi.

Un terrible dolor aquejó sus entrañas. Y es que nuestras queridas amigas las croquetas montaron LA CONSPIRACIÓN en el estomago de la susodicha, rugían y gritaban discursos hirientes, de jugo y carne…..se repetían, reían, ardían…. desde el terrible tobogan del esofago  hasta la trinchera de sus tripas, cerca ya de sus ovarios.

Eran unas valientes, las muy hijas del cocido, estaba visto.

Menudas salerosas, ¿de que estarían hechas? de sin piedad (la nueva especie a probar) o de sin perdón, la peli del Clint. A saber y saborear.

Mukali no podía reaccionar…sufría del síndrome “croquetoide agudus” y se debatía entre las burbujitas de los azulejos del baño.

-¿Porque yo, porque?. Quiero ser burbuja y no estar aquí… o bruja ¡que más da! volar, volar, volar….

Las croquetas decían: ¡¡¡¡ no la escuchéis, es una quejica, seguid la batalla!!!

y la noche se fugaba y ella se dolía.

Y el mito de la croqueta cayó.

Y el estomago y su quejío , cayó.

Lo único que quedó fue el frágil testigo de un recuerdo:

ella ya rendida a su almohada,

tras el fulgor de su propia e inesperada guerra,

contando croquetas en vez de ovejitas una noche del frío mes de febrero.