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Trilero

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Mañana del finde.

Estoy con J. haciendo uno de esos libro-puzles en el que si se mezclan toooooooodas las piezas puede darnos un infarto. Y se han mezclado por accidente….

Nos sentamos con calma. Le explico como separarlas (el revés de cada puzle tiene un color distinto correspondiente al fondo, para diferenciarlos unos de otros), me aseguro de que entienda eso. Hacemos 5 grupos distintos (por colores) y comenzamos a montar los puzles.

Ya casi tenemos formado el primero. Lo hemos hecho en equipo. Miro entre los montones y alrededor…

Falta una pieza– le digo, debe haberse perdido (ayer sacamos el puzzle de casa y parece posible). Confundida entre los colores del dibujo, no veo que tengo la pieza delante de mis narices. Pero él es rápido y  observador y la coge veloz al grito de mamá, ¡aquí está!.

  • Que bien, J!– le aplaudo el descubrimiento. He estado despistada y tú muy atento. – le felicito sorprendida.

Pero la anécdota  no queda en un simple despiste mío. Todavía quedan 4 puzzles por montar  y J. piensa. ¿Como puedo hacer que mamá me siga diciendo cosas lindas? ¡Quiero ser mas listo y rápido que ella!. Quiero que eso vuelva a pasar. Es curioso como desde pequeños batallamos para repetir con lo que nos mola.

Nos ponemos a la tarea. Yo ni huelo su destreza para idear. Le cojo el montón de piezas naranjas para que no se confunda y le digo: Estas son las del puzzle de Dumi, ahora las volteamos para formarlo …Entre tanto, aprovecha que no estoy mirando para esconder una pieza bajo el libro ¡a proposito!. Yo, ni notarlo. Quiere despistarme y asegurarse con premeditación que al final del puzle, él sabrá el paradero y mamá no. Imagino que buscando mi asombro y mi aplauso.

Llegamos al momento clave… “falta una pieza para completar. ¿Donde está? . Él no me da pistas …espera a que yo lo descubra tranquilamente. Luego añade: “no se ha perdido, estaba debajo, mamá”, como diciendo “es algo obvio, despistada”. Ay que bien! que no falta ninguna…y mamá toda inocente, sin imaginar las dulces mañas de J.

Vamos a por otro puzzle y es aquí donde lo descubro. Le voy sirviendo las piezas, esta vez toca amarillas, cuando lo veo deslizar y colar suavemente por debajo de la cubierta, como quien hace algo automático …

Ehhhhhhhh! ¿Que metes ahí, bandido?– me mira, se ríe al ver mi cara (entre el asombro y el descojone);junto a los laureles, la risa contagiosa es otra de las cosas que le fascinan y le vuelven loooooocoooo.

Coge la pieza, se levanta y va corriendo por todo el salón, dando saltitos y gritando:

¡¡la pieza, la pieza que faltaba!!!

¡Bueno estábamos!, él mismo se hace los honores a falto mío.

Por un momento, me gustaría parar esta risa floja que me ha pillado  con la guardia abierta…  decirle que tal vez hacer triquiñuelas no sea lo mejor, ni merezca ovaciones de cara a la vida.

Lo miro. Nos lo estamos pasando bomba…¿puede ser trampa aquello que hace a dos felices?.

 

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Ser padre o madre es estar continuamente en la cuerda floja de la contradicción.
Te equivocarás de todas formas, haz lo que te plazca. 

 

 

 

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Pequeñas personitas. Locas locuciones de mis locos bajitos.

A primera hora de la mañana, en el baño…

  • Mama, me gusta eso que te has puesto hoy, ¿ que es?– dice señalando mi elección de ropa, que llama poderosamente su atención.
  • Es un mono.
  • ¿Un mono mamá? ¿y donde está el mono?

Me río a carcajadas. Son las 8 de la mañana y tengo un sueño del copón. Reir a estas horas me es extraño, pero increíble. Respiro, cojo aire, vuelvo a estallar… para ese momento ya lo he contagiado de mi cachondeito. ¡que rapido se apuntan a la diversión!… comienza a moverse de un lado a otro de la habitación…¡¡un mono, un mono mamá!!!….se rie pero no sabe del asunto. Quiero aclararselo utilizando la fantasía, que es su medio:

  • Es que el mono es invisible, J. Está escondido. Es el mono que se esconde en los monos. ¡¡¡tachan!! (abro los brazos mostrando la ropa y pongo cara peliculera aunque creo que lo he dejado más confuso aún).
  • ¿Y come plátanos, mamá?

Vaya por Dios! ya tenemos otra… y ahora ¿para donde tiro?

 

A medio día, hora del almuerzo, casi terminando.

  • ¿quieres un melocotón?– pregunto.
  • No.
  • ¿Como que no? pero si te encantan. Mira este, parece un culito. Cierto que las madres nos agarramos a todo con tal de que coman.
  • ¿Un culito? ¡ah sí!….– se ríe. ¡es igual que un culito suave!, lo coge entre sus manos, lo observa, lo levanta hacia arriba…
  • ¿quieres que te lo monde?
  • Siiiiii, quiero culito de melocotón.

 

A la tarde, momento de pipi.

  • Oye mamá, me gustan mucho estos cartoncillos.
  • Se dice “calzoncillos”, V.
  • Me gustan mucho estos.
  • y eso?
  • ES que son mis calzoncillos del caracol presumido.
  • Ahhhhh, vaaaaaale.

Es verdad, había un caracol minúsculo repetido mil veces…¿de donde habría sacado el adjetivo? observando no pude dilucidar bien en que parte del dibujo habría visto su coquetería. ¡Era más feo que robarle al diablo!

 

A la noche, hora de ir a la cama.

  • Venga J. que hay que irse a dormir– le aconsejo.
  • No quiero ir a la cama, estoy triste. – me dice.
  • Triste ¿porque?– pregunto
  • Porque no me quieren todas las personas.
  • ¡Vaya! ¿quieres que te quieran todas las personas?
  • Nooo…
  • ¿Entonces?…¿quien quieres que te quiera?
  • Celia.
  • Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ya!

 

Al día siguiente, camino del cole…

  • Oye, chicos ¿que podemos comer hoy?– les pregunto, a ver si me dan ideas y de paso, los entretengo caminando…
  • Lentejas– dice V. ¡están ricas!.
  • Mamá, mamá… exclama J., poseído por la luz de una idea.Tira de  mi mano, la suelta, se coloca delante, escucha lo que podemos hacer… me dice…..¡y empieza a mover el trasero con una gracia que ni pa qué!…- puedes hacer culito de melocotón.
  • Si, siiiiiiii, ¡buena idea!. Y me voy partiendo de risa, ¡partiendo el culito, vaya!

 

El sueño y J.

A mi me gustaría saber que hacer con el sueño. El sueño es un  misterio y el como se pierde también. Una indaga e indaga y a veces no obtiene las respuestas soñadas. Soñar con imposibles es tan fácil como tener sueños cercanos y desfallecer en el intento. Jope! me encantaría adivinar como J. perdió su sueño continuo para poder rescatar esa placidez  que cuando cumplió un año y medio, perdió.

Mis gemelos dormían estupendamente. De cuento, vamos. Los dejaba en su cunita y ellos solos caían rendidos. Cuando lo contaba con otras madres me decían lo afortunada que era…y sí, con todo mi trabajo, al menos, podía descansar..pero era un idilio que aquella situación se manteniese.  Ahora, que hemos pasado al lado oscuro, nos comemos la noche de aquí para allá capturando los despertares de J. y acunando sus miedos.

Durante el día, mi avecilla nocturna demuestra ser un niño de sobresaliente, rebelde, porque lo es, pero con capacidades cognitivas que saltan a la vista. Su conocimiento del lenguaje y de los números es realmente asombroso, nunca había visto colorear a un niño de 2 años con la perfección con la que el lo hace, o contar hasta 30 e incluso regresivamente sin ninguna dificultad. Conoce ya el alfabeto en ingles y español, aprende canciones al instante y tiene una capacidad de observación y escucha muy significativa.

A veces no me explico como en medio de toda esa madurez cognitiva le nacen tantos temores irracionales. O inseguridades… cuando es un niño que a la vista se empapa rapidamente de todo cuanto entra por su retina. Le dan miedo las campanas, los relojes, los ventiladores, sonidos estridentes… a veces cosas sin explicación que ni nosotros sabemos ¿y que hacemos?.  He barajado que pueda ser esta misma inquietud y motivación por conocer, lo que, al mismo tiempo, lo hace temer al chocar con lagunas de desconocimiento a las que todavía no le ha puesto lógica…o puede que simplemente forme parte de su carácter, sin más explicación.

Se duerme fácil, a la misma hora despues del cuento, al que presta siempre atención y devoción… pero a mitad de la noche despierta y no hay tregua. Si lo meto en mi cama, me pierdo…si lo acompaño en la suya, me duermo y descanso fatal…si espero sentada hasta que se duerma, mi cuerpo no resiste porque tarda una eternidad en volver a dormirse. Y ese cansancio lo arrastro a lo largo del día. Yo o mi marido, depende de quien sea el “afortunado”. Hace  tiempo que no descanso como debería,  hay días que lo llevo mejor y otros en que solo me apetece llorar porque no le veo fin. Me encantaría encontrar una guía que me aclarase este capítulo sin resolver, pero mucho me temo que no se halla publicada y que es algo que tendremos que resolver  a golpes de paciencia.

Tal vez  no se trate solo de lo que nosotros hagamos, como padres, y sea más esta una situación de mera evolución psicológica del niño, que nos ha tocado vivir.  Después de todo, V. sigue dormiendo como un lirón y eso me hace corroborar que cada uno de nosotros a través de los años, encontramos obstaculos en momentos diferentes. Hay que aceptarlo con sus inconvenientes, como una realidad pasajera, en la que tengo que volcar toda mi confianza y esperanza por que mejore.

Mientras se cumple este sueño que ahora mismo me parece tan lejano, voy a echarme un ratito a dormir….a ver si recupero parte del otro.

 

 

Cosas del oficio

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  • J. ¿tú te has creído que eres Tutankamon? Deja ya de enrollarte en papel higiénico.
  • V. no pintes caritas en la pared de la entrada, que va a parecer esto la casa de Belmez.
  • J. no metas el plátano en la lavadora, que va a salir la ropa peor que está  .
  • V. no te escondas en el rincón a hacer caca en el pañal, que te veo ¡¡¡pide wc!!!.
  • J. ¡no te voy a poner otra vez el video del “graciosisimo” tren bob! que no!
  • V. los pinceles y pinturas de mamá, tranquilitos, eh? ¿quien te ha mandado urgar ahi?
  • J. déjale también a V. la tablet, ¡que te va a salir un callo en el deillo…!
  • J. no se dice “coñona”, hijo, se dice colonia… venga otra vez….jajajajajajajajajaj.
  • J. que curiosón eres!!! el joyero de mamá no se toca… Ea, ¡ya lo has roto!

 

A ver, yo ya se que soy una pesada.Todo el día con el NO, o corrigiendo. ¡Pues no! Realmente es una hartura. NO me gusta, aunque forme parte del “oficio”. Ni que fuera un sargento ¡oye!. Sin embargo, llamadme loca, de vez en cuando, me gusta darle la vuelta al asunto. Dejarles que invadan es un atrevimiento que no tiene desperdicio.

Y Probando, probando…  resulta que me siento a observar a esos dos gatitos y los comprendo. Solo se vive una vez y ellos avanzan a lo grande. El mundo está lleno de reliquias. Probar la paciencia de la madre es un mapa del todo revelador. Pero oye, hoy no tengo ganas de ser correcta. O predecible. Solo se trata de una rebeldía mía, nada excusable, ponerme en su papel. Reirme sin trabas ¡mola!. La supernani  estará tirandose de los pelos. ¡que le den!…

Son estas risas sin normas una etapa que tambien pasará.   Ehhhhh!!! un momento!!! ¿ya estamos? stoppp!!!, esa yo melancólica adulta, no salgas, que la fastidias. Sigue haciendo como si no tuvieras memoria, como si no supieras nada del tiempo y su avance.

Venga vale, ponedme el babero, dadme bibe, contadme ese cuento que tantas veces yo os conté, despues nos revolcaremos por el suelo cuan cerditos sin ley.

¡Nada se, pero de todo me empapo…deleitadme con vuestra sabiduría!

.  ¡Que yo también estoy aquí para crecer! jjijijijij.

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Sombras en la noche

La luz azul del piloto proyectaba  una sombra extraña en el techo. Era una incandescencia tenue, vertical que en su camino encontraba el obstáculo de una vieja lampara, convirtiéndola en sombra chinesca en mitad del oscuro de la habitación.

J., desde su cama,   contemplaba el escenario con cierto recelo, tumbado al lado de su madre, que lo interrumpía de vez en cuando con algún beso o caricia para invitarlo al fantástico viaje del sueño. Pero J. no podía cerrar los ojos ¿Cómo iba a hacerlo si allí había algo inexplicable y extraño? Una presencia que él no conocía y a la que no sabía poner nombre.

Finalmente señaló con su dedito hacia arriba y emitió un leve sonido quejumbroso salido de las antípodas de la piel. ¡Que fácil es leer el miedo verdad!¡no hacen falta palabras! es como un humo tóxico que nos embebe, conduciéndonos ciego a sus dominios.

Mamá intentó con bastante inexactitud explicarle que aquello que él veía ante sus ojos solo se trataba La sombra y que tenía una base lógica, pero… ¡que osada es mamá! si  J. aún no disponía de conocimientos científicos, ni de cine, ni de comic….¿como iba a entender quien demonios era La sombra?

Se quedaron los dos en silencio mirando hacia arriba, sobre la bóveda que siempre los envolvía, secuestrados por la misteriosa imagen. Una buscando un norte, el otro preparando una huída.

Finalmente mamá pronunció lo que más tarde serían las palabras mágicas:

“!es un pez¡”

Milagro. La sonrisa de J. entonces se encendió, iluminando toda la estancia. Con ella salió tambien la voz de J. (la valiente) que había estado escondida gran parte del tiempo, mientras el relajo comenzaba a instalarse de nuevo en el cuerpo del niño, moviendose con la inquietud con la que acostumbraba.

Es un pez¡ es un pez¡ es un pez¡ – grito varias veces emocionado a su madre, señalando La sombra.

Después ella le susurró muy bajito: El lenguaje y la imaginación siempre nos salvan.

Pero esto último J. todavía no lo entendió.

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Una historia de objetos perdidos

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Hoy os voy a contar la historia de como dos objetos llegan unidos hasta mis manos impulsados por las fuerzas de un más allá. ¿Existe realmente ese más allá o solo es fruto de nuestro insensato desconocimiento? Va a ser que nunca he creído en estas magias raras pero  la historia -que está basada en hechos reales- me resulto sorprendente, motivo por el cual desde entonces no he parado de barajar hipótesis y dudas.

Todo aconteció en el interior del tambor de mi sufrida lavadora, a la cual un día tendré que homenajear por resistir indemne las tropecientas coladas que vengo a poner a la semana, desde que tengo hijos mellizos.

La colada estaba selectivamente preparada para que la tonta funcionase y me disponía a medir el detergente que suelo echarle en su correspondiente cacito dosificador. Pero…ajá! ¿donde estaba el cacito?. No se que pasa con los cacitos, carajo…  ¡siempre me desaparecen!, los chicos, los grandes, los fosforitos…da igual, la menda los va dejando por ahí y luego ¡¡¡mecachis en los mengues ¿donde lo he puesto?!!.

Es conocido por aquellos que me conocen bien que detesto buscar objetos perdidos. Ahora todos lo sabéis…es superior a mi capacidad pacientil. Mi madre -siempre paciente por edad- me decía ” haz un nudo de diablo, que funciona”…¡Diablos! nada  más pensarlo me da un nosequé, madre!!!, pero ella lo hacía a escondidas y a la muy canalla le funcionaba. Yo me decía: eso son las madres que gozan de ese poder espiritual.

Y efectivamente, esta vez tampoco le hice caso. Y me puse a buscar sin éxito alguno cuando  de repente se me encendió una bombillita y recordé  que guardaba otro detergente de repuesto en el armario.¡¡¡¡Tomaaaaa!!! Ahí iba yo todo ilusionada a por el cacito dosificador encontrado y hallado en el templo de las despensas magicas que formo en los 3×2. Ya veís las ilusiones que tienen algunas madres de familia, poner a punto la lavadora para nosotras es tan necesario como respirar…jajaja.

Victoriana donde las haya, con mi recién estrenado dosificador y una sonrisa nada dosificada, andaba yo dispuesta a reírme del  mundo de aquellos jodidos cacitos perdidos.

Sabéis que estos objetos del diablo suelen llevar números ¿verdad?…¿alguien me puede explicar exactamente para qué?. Al menos yo nunca los miro porque a parte de no querer quedarme ciega con esos mininúmeros, para algo está el calculo del ojo de buen cubero ¿no? jajajaj.

Si, si, llamadme loca. Un poco lo soy.

Total, que estaba a punto de completar mi tarea: cacito, suavizante, polvillos mágicos antimanchas…¡Jesus, para poner una lavadora de niños hay que estudiar química….!

Y allí la dejé haciendo lo que mejor se le da: trabajar por mí… en bucle…y sin quejarse. jejeeje (risa malvada)

La historia esta rozando casi su final coincidiendo con el programa de mi curranta blanca.

Me dirigí por fin a recoger los trapos para extenderlos, con ese olor a Spa que tanto me gusta… (¿porque le llamarán suavizante Spa? los spa en los que yo he estado no huelen así… que me lo expliquen)

Pero no quiero desviarme, he aquí  ante ustedes el misterio sin resolver: el cacito dosificador perdido salió encajado con el otro cacito, el nuevo. Todo un caso para Iker Jiménez, Juan Tamaríz o mi siempre infatigable curiosidad…

¿ Donde se había metido el muy puñetero? yo juraría que había mirado en el interior del tambor y no estaba ¿como encontró a su gemelo? y lo que es más difícil aún ¿que fuerzas centrifugadoras terminaron uniéndolos tan bien en medio de aquel caos de trapos sucios?.

Tengo que reconocer que me reí  ante el hallazgo y que a día de hoy estoy completamente segura de que las historias de amor entre cacitos dosificadores, existen.

La pregunta principal es para vosotros, ¿tenéis alguna moraleja para mi historia? ¿Os ha ocurrido alguna anécdota relacionada con objetos perdidos? Contadme, please… y nos reímos un rato.

 

Final de curso y nuevas perspectivas.

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La luz entraba por la ventana de la cocina dibujando un triángulo de sol en la pared naranja. Desayunaba tranquilamente, sin reloj, dejando -todavía- mandar a otro más sabio, el cuerpo, que había espabilado con la costumbre del horario laboral y la alarma.

Aquella mañana no sonó la aniquiladora, como de costumbre. Habían comenzado sus recién estrenadas vacaciones…tenía mil cosas por hacer, proyectos y momentos por delante que le arrancaban una sonrisa..pero no la detuvo  el reflexionar un poco más sobre los ultimos acontecimientos.

Recordó la semana anterior, la despedida y el cierre de otra etapa. El silencio atípico correteando por entre los pasillos del cole, el sonido – algo más anterior- de las mochilas traqueteando sobre las baldosas, el teatro de las maestras y el de los niños,  las comidas y risas con los compañeros,   los abrazos de última hora y la hora de las últimas lágrimas.

Todo se había quedado recogido en otra carpeta más que tenía por título una ciudad, calurosa hasta el hastío, cuna de grafiteros celebres, abierta a sus llanos de olivares  y sus gentes viviendo deprisa, resistidas aún a la costumbre del trato cercano y el curioseo, más propia de pueblo que de urbe.

 

Se había habituado a ir dejando sensaciones y huellas por cuantos lugares transitaba e igualmente se había hecho a que la situación no acarrease tristeza alguna en su interior, sino más bien una dádiva que cosechar como parte del recorrido.

Había aprendido con mucho esfuerzo a aceptar opiniones negativas como parte del plan y de cuanto había vivido, puesto que no sería lógico contentar a todos, ni llegar de la misma forma y tampoco le compensaba hacer crítica de eso, sino más bien asimilarla y seguir hacia adelante.. quedandose con  quienes sí habían demostrado estar ahí y considerándola importante.

Es cierto, le estaba gustando eso de aventurarse, andar de aquí para allá con la maleta siempre a medias, conocer y empaparse de variados acentos, hacerse a una amplia gama de contextos y familias, ciudades y reveses con los que bailar. No sabía bien qué aliciente podía tener tal fluctuación para ella, cuando lo lógico es que cualquiera -en su situación- ansiase la estabilidad y la comodidad que aporta el estar fija en un punto .

Ella misma sabía que tal comodidad tampoco era sinónimo de felicidad. Al fin y al cabo su casa siempre estaría donde estuviera ella, con sus niños, con su chico, o a solas impregnándole su particular esencia…el resto era un añadido que no podía tener un punto concreto en el mapa.

Y realmente le gustaba que no lo tuviese y que lo imprevisible y lo nuevo la siguiese por donde fuera.

Eran todas ellas una montaña de sensaciones que había ido adquiriendo en los últimos años, que dejaban entrever una mujer distinta, lo que nos cambia cada paso o cuanto hay tras ese umbral de comodidad que a veces nos da pavor cruzar.

En otro tiempo hubiera preferido cerrarse en banda, quedarse en lo archiconocido…pero ya sabía de antemano que – aún así- el destino del maestro era indefinido. Que mejor que abrirse a la posiblidad de un azar más amplio en el mapa, con el que poder enriquecerse y tomar como experiencia para años venideros. Que mejor que probarse a sí misma en diferentes situaciones, enseñarle a sus hijos diferentes hogares y ver otros lugares que los ya conocidos.

Sabía que no mucha gente entendería su postura, que habría quien pusiera a parir su decisión transeunte como madre…¿había desarrollado una habilidad especial para este tipo de juicios? ¿que importaba todo eso si su intuición y su espíritu creían ir en la dirección correcta?.

Estaba segura de que había algo que no había perdido en todos sus pocos o muchos años, que era el gusto por viajar y ese espíritu aventurero. Sabía que solo iba a tener una vida para aprovecharla: ver otras cosas, conocer otros mundos y tratar con otras gentes… y sabía que ser ella en verdad era la única forma posible de sentirse plena…

y NO, no se iba a limitar por mucho que la comodidad y la costumbre fueran disyuntivas tentadoras. Y  menos, por el hecho de que otras/os, que pensasen totalmente diferente, creyesen que hay una sola manera acertada de ser madre o mujer- a menudo acorde con la que ellas practican.

 

FELICES VACACIONES A TODAS/OS!!!!!

 

 

 

 

ANIVERSARIO CON BABIES

Hace poco pelirrojo y yo celebramos nuestro aniversario de boda. Bueno, eso de celebrar es un decir. Ahora recuerdo anteriores años cuando nos ibamos a cenar a algun restaurante pijo o nos autosorprendíamos con algún viaje o plan romantico de los que tanto nos gustan a las mujeres…Pues señores, esto con mellis, es un idilio. O al menos este año no ha sido posible.

Casualmente el día cayó justo el día de la vuelta de vacaciones que ya de por si vienes con ese espiritu que supone el sindrome “nomequieroir” y por lo tanto nos pilló casi todo el día de viaje.

V. se puso malito esa misma noche, inaugarando la fecha y nos la pegamos bañandolo hasta altas horas de la madrugada porque estaba encendido de fiebre. Total que el pobrecillo se tuvo que chupar un viaje obligado y hubo que parar en mas de una ocasión porque se ponía chinchoso. En el descanso -que coincidió con la hora del almuerzo-, elegimos un lugar ya conocido que dispone de unas instalaciones lo suficientemente adecuadas para que dos padres de mellizos se dejen caer cual morterazo…ahí, zasssssss y desplieguen toda su guardería movil. Porque para que nos entendamos, teniamos que asegurarnos que podían surtirnos con dos tronas, utensilios de alimentacion, cambio de pañales…etc, etc.,

Nada más llegar nos atendió una morena muy guapa, que amablemente nos facilitó dos tronas como dos soles…yo casi no podía creerlo, dado que no son todos los lugares que disponen de más de una sin ocupar y eso se agradece. Al rato, cuando ya todos estabamos sentaditos, vino con dos regalos para mellis: unos colores y un libro de dibujos. ¿será verdad o estoy soñando?…entretenimiento gratis..que lujazo!!!. Aún no saben colorear pero bueno, allí estuvieron investigando, tirando y arrugando hojas cual niños buenos con su tesoro.

Total que todo estaba saliendo a pedir de boca. El plan era que como teniamos que comer los cuatro, primero lo harían los niños y luego nosotros, como siempre. Fuí a calentar las merendolas al microondas y al regresar me reía viendo como a unas chinitas se les caía la baba con pelirrojo y los mellis….ay que ver lo que tira un hombre mimoseando a dos bebes!!!.

Seguidamente, hubo que administrar medicamentos al chifirito y por fín quedamos nosotros libres para poder comer. Me fui para el self service, mientras pelirrojo distraía a los peques y me distribuí a mi gusto, pagué, me senté y despues se marchó él a elegir. Nada de comidas servidas a solas, ni velitas, ni confesiones, ni Fragolinos, ni Puertos de Indias, ni leches… un relevo de tú y yo que no veas.

Total que cuando tengo mi bandeja de comida con exquisitos manjares ahí diciendome: cómeme…los chiquitusines solicitándome catar plato..¿pero si acababan de comer? da igual, a ellos les gusta experimentar y tienen un saque que admiten comida al más puro estilo romano. Así que yo, mamá, mujer de la cita romantica, en lugar de comer repartía viandas  con dos hombrecitos golosos que se reían a gusto al probar por primera vez el magnifico sabor de una papa cocida. Las chinas seguían mirando en una sola dirección, esta vez con ojos de…”ay que supermami ay que dos guapuras” como si no hubiera norte y sur, y yo preguntandome donde se habia metido tanto tiempo pelirrojo que no venía.

A todo esto empiezo a oler raro…ese olorcillo que sabes que es de tu hijo porque huele a pastel de arándanos…jajajaja. Y pelirrojo desaparecido en combate. Dejé la comida, se me fue el hambre, imaginaos porque. Llamé a la chica morena que no paraba de ver si estabamos bien (¿les molaríamos?)  y me dijo que había llegado un autobus de adolescentes y debio pillarle cola en el restaurante. Valgame dios.

Por fín lo veo aparecer con cara de hastío, casí me pareció escena de pelicula en la que el héroe sale de entre la niebla solo que en vez de niebla era una patrulla de hippies y perroflautas del siglo XXI. Se había llenado la bandeja de cosas riquisimas (el para esto tiene un arte), y yo, para colmo, ya por no tener no tenía ni hambre porque me la había quitado mi señorito V. al que inmediatamente me fuí a cambiar. Asi que salude a peli al grito de: ahora vuelvo, mon amour!!!!

Con las prisas cuando llegué a la sala de maternidad me dí cuenta de que me había olvidado recargar el bolso con una ropa de muda, tenía pañales si, pero el nene, casualmente se había empastelado hasta las cejas….camiseta, pantalón…y nisiquiera había jabón. ¿como no puede quedar jabón en una sala de lactancia?… ¿como me las averiguo yo?…No podía creerme lo que me estaba pasando. Enjuegue la ropa como pude, agua, agua, agua….más agua….mientras bregaba para que el nene no se me cayese de lo alto. Lo limpié con tropecientas toallitas y lo dejé con su pañal y en pelotilla. Menos mal que era verano, pero vaya, cualquiera que me viera pensaría si no uso ropa o qué…En fin, penando y penando conseguí llegar de nuevo a la mesa tras subir unas cuarenta escaleras con bolso y nene limpio…

¿a quien se le ocurre hacer un baño en planta baja?….ay, ay, ay!!! punto negativo!!!

Le dije a mi chico que necesitabamos una muda y se prestó a ir al coche y revolver el maletero, que con la vuelta de vacaciones estaba hecho un tetris perfecto para que todo el arsenal mellis cupiese. Asi que pelirrojo, marido, señor de la cita, moviendo maletas y artilugios a las tres de la tarde y a 45 grados para hacerse con una ropita de muda. Escena calentita donde las haya…jajajaja.

Pero esto no había acabado aquí, justo cuando V. estaba vestido y limpito por fin como un niño decente, J.  su querido hermano, se alineó para ya sabeis…tarta de galleta!!!!….jajajaja.

¡¡¡¡Así no hay quien pare!!!

Conseguimos llegar, eso sí, con la lengua fuera y no en el mejor de los sentidos…

Como veis, una cita  de aniversario de lo menos aburrida.

La ausencia tambien es extraordinaria. El invierno silva.

 

Llevo mucho tiempo sin pasear tranquilamente por el parque donde solía sacar a la perrita. Otras muchas veces, solo a mi barriga, que era como otro animal más. Pero nos las apañabamos para luchar las unas y las otras.

De camino hacia mi lugar favorito, me fijo, como siempre, en los sauces. Todos tenemos un arbol- decía esa polémica peli. El mío debería ser un sauce, desde pequeña me llamó la atención “es un llorón”- oí decir a mi padre y yo me quedé pensativa con mis 7 u 8 años …”es porque parece que llora ¿no lo ves?”- me decía. Lo he visto llorar algunas veces, papá, pero ya más mayor. Hoy lucen un aspecto descuidado, el pelo les ha crecido sin ley. Es como si nadie se hubiera preocupado por ellos durante algún tiempo. Me pregunto donde estarán hoy los jardineros. Nadie los ha adornado porque no pertenecen a esa clase social de árboles elegidos. Están como ajenos a todo el ambiente navideño. Eso hace que me gusten aún más.

Mientras sigo caminando arrastrando un carro de unos 18 kilos observo tambien  los aledaños de la avenida:  lucen desiertos a pesar del buen día que se ha presentado; menos transito de gente, tan solo el rugido de vehiculos apresurados. Los suelos -mojados aún de las últimas escarchas- van enfríando mis pasos.

Me siento en mi banco, que es mío porque es de los pocos que goza de esa privacidad que tanto me gusta. Tengo que asegurarme que nadie se acerca al carro, una tarea casi de órdago (como decía mi comentarista), aunque como hay poca gente creo que hoy lo conseguiré.

Los niños duermen como benditos. Los coloco de cara al sol al estilo lagartitos. Saco el termo, me sirvo café. Que se pare la tierra: ohhhhhhh, Dios!!! ¿¿tengo un momento para mí???. Las ventajas de llevar un carro es que una siempre puede echar de todo y hoy me decidí por el café. Me está delicioso y eso me preocupa. Estoy drogandome a esta bebida de mis tiempos universitarios. Yo recuerdo algunos de mis años por bebidas y comidas…¡¡¡¡qué rara soy, leches!!!… pero pienso en mi primera bebida con grados -bacardi-limón- y puedo retroceder a San Juan del 98, las cubas, los ligues, alguna canción de los Rage Agains the Machine, alguna incondicional amiga. En cambio si pienso en café me veo intelectual, en la biblioteca, escuchando Piratas mientras como donetes en algún banco, en las charlas de la cafetería con el grupito, en los pasillos atajando los nervios de los cuatrimestres de examenes, café y cigarro, café y cigarro, café y cigarro….

Hoy es café y relax, no más. Un paréntesis de los pocos que aúno ultimamente. Ahora toda mi vida es para mellis, un cambio brutal pero delicioso, como este café. Me pregunto: ¿pueden ser las cosas brutales y deliciosas a la vez? Si, pueden ser…que tonterías tienes, mujer.

Hablando de los niños. Los miro y sonrío. Que bonitos están durmiendo, mira que estampa!!! Soy una boba con sus dos bobitos. Vale, una boba cafetera, pero una boba a fin de cuentas.

Son las tres de la tarde de un 5 de enero. Hace un calor chocante para las fechas pero las calles se visten de nada, nadie en sus arrabales. Hasta el parque de columpios viejos y desidiosos luce una soledad inusitada. Pienso “la gente está comprando regalos”, esa es una verdad social. Miles de padres y madres buscan hoy cientos de cosas para sus hijos, o sobrinos, o hermanos…..o………alguien. Pero en realidad buscan sonrisas, felicidad.

Yo no busco regalos y me siento un poco mala madre. Es raro pero estas fechas y su afán consumista, ese espiritu candoroso y tierno me devuelven las tristezas pasadas. Como un espejo. Es difícil de explicar y entender, pero no me hace ilusión celebrar el día.

Esta mañana estuve en la ciudad y casi me dejo llevar por la oleada de masas comprando regalos. Pasee algunas tiendas en busca de algo que les hiciera ilusión a mis chiquitajos y al grande, pero ellos aún son enanos para entender. Tenía la palabra indecisión escrita en mi frente. Incluso no me aclaraba con el grande. Me dijo algo de unas Munich y un cortavientos de North Face. Las colas  para pagar salían por la puerta de entrada y nisiquiera estaban las zapatillas.

Vuelvo a pegar un sorbo al café. Al final me volví sin regalos. Pienso: siempre que veo algo y me gusta se lo compro. Tienen de todo lo que necesitan, ¿porque ha de ser el día X para que yo me gaste el dinero?. Esta fiesta está empañada en mi vida, me cuesta desprenderme de los recuerdos ajados. Será que sufrí más de la cuenta.

Los vuelvo a mirar. Duermen. No hay mejor regalo que ellos. Son un trozo de mí pero perfeccionado a lo grande. Tengo que velar porque su interior sea aún mejor, un lugar amable para ellos y el mundo.

Sigue sin aparecer ningun alma. El transío humano desgasta hoy sus visas y cerebros en busca de la mejor opción.

Las ausencias se notan más en invierno- pienso, porque a lo mejor una anda recogida en su propio hogar interno y cuando sale quiere encontrar el calor del errante humano- que se yo.

La tarde pasa veloz masticando el brillo del cielo.

Leo un poco y vuelvo a casa.

La gente suele sufrir porque se afana en pensar en la eternidad del ahora…en la captura del momento presente.

 

 

 

 

MI QUERIDA PEDIATRA (II)

Lo habíamos dejado en una rubia, sesentera que decide irse a su hora de cafe dejando a una pobre chica, sus dos gemelos  y su madre colgados en la consulta.

Lo último que dijo fue: bueno, sí, os atenderé…pero de que venga del café y a lo largo de la mañana.

Mi madre y yo asentimos. No nos quedaba otra por haber llegado tarde, así que nos sentamos en la sala de espera que a esas horas lucía desierta. A saber el trabajazo que había tenido la señora. Claro, quien iba a querer ver a ese “jumento”?… – pensé. Pero pronto empezaron a llegar algunas personas.

Entre ellas, una abuelilla y su nieta, que me dió mucha pena porque percibí a la mujer desbordada. Al parecer el bebe- que no tendría más de 10 meses- llevaba un mes enferma,  no se había curado con ningún tratamiento y  dormía ahora en casa de la mujer porque la madre trabajaba de mañanas y tenía que madrugar. La mujer se quejaba de que su nieta había estado vomitando toda la noche, que no le dejaba dormir la tos… Y yo me preguntaba: ¿ le corresponde  a esa mujer de tanta edad ese papel?¿ es esa la verdadera función de los abuelos? …No sé., pero me da que algunos padres delegan demasiado. Yo creo que jamás dejaría a mis hijos enfermos dormir lejos de mí. ¿Y si pasa algo?… ¿Y si le da un ataque de fiebre?¿ y si esa mujer sufre un descuido? … A lo mejor soy muy paranoica, pero me parece que no dormiria tranquila.

En esas llegó otra muchacha, (conocida mía) paseando muy rápido un carrito. La reconocí al instante. Me saludó. Se puso a hablar como si tuviera un altavoz en la boca.

“Que yo es para un minuto, que es muy rápido porque solo es recoger unos papeles del niño…bla, bla, bla”

…En resumidas cuentas que quería entrar la primera por su cara. Yo lo ví bien porque en mi caso iba a tardar. Tenía que pesar, medir y observar a mis dos niños y eso requería más tiempo. Allí nos contó unas cuantas barbaridades, como que hay que dar a los niños helado en invierno, sacarlos a la calle desabrigados para que se acostumbren al frío, que empezó a darle cereales a los 2 meses…y que ella nunca llegaba tarde porque iba siempre a pie para evitar plegar el carrito. Como yo ya la conocía, de estas personas que siempre sacan su ego por encima de tí, le dí la contenta, pero la realidad era que no cogía el coche porque le daba miedo. Total, se fue a hablar con otra sobre disfraces de cole de su hija mayor y aún lejos de nosotras la escuchabamos con su chifle chirriante y sabelotodo, como si su forma de hacer las cosas fuera la única en el mundo.

En esas llegó mi querida pediatra. Venga – dijo…teneis que esperaros a que pasen todas las visitas de pediatría y despues si puedo os meto.

Miro a mi madre : Nos iba a dejar las últimas, pero eso ya lo sabíamos.

Seguimos esperando. Pasa la gritona, luego la viejecilla y ya me harté.

Sin que me diese permiso, coloqué el carrito en la puerta y empecé a sacar de el los huevos (maxi cosi)  y de paso saqué huevos… y los entré en su consulta.

– Venga, si! pasad, pasad!- dijo ya sin más remedio. Como si fueramos intrusas. Como si nos estuviera haciendo un favor.

Y asi fue como por fin nos atendió: los resultados por suerte fueron geniales, y no se comió a ningún niño durante la revisión (cosa que me preocupaba)….

así que salimos escopeteadas de allí.

Hasta los nueve meses no tenemos que verla otra vez de forma obligatoria, recemos porque no se nos pongan malitos.

Y aún no se había acabado la mañana de una madre gemelar despues tocaba vacunas y recogida de mi citología post parto. Habíamos concentrado todas las visitas en el mismo día para no tener que desplegar el tinglao más de una vez. Y menos mal, hartita acabé.

Ahora que lo pienso :

¿Será la Navidad? ¡¡¡¡cuanta dosis de humanidad me encontré fuera de casa!!!