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El sueño y J.

A mi me gustaría saber que hacer con el sueño. El sueño es un  misterio y el como se pierde también. Una indaga e indaga y a veces no obtiene las respuestas soñadas. Soñar con imposibles es tan fácil como tener sueños cercanos y desfallecer en el intento. Jope! me encantaría adivinar como J. perdió su sueño continuo para poder rescatar esa placidez  que cuando cumplió un año y medio, perdió.

Mis gemelos dormían estupendamente. De cuento, vamos. Los dejaba en su cunita y ellos solos caían rendidos. Cuando lo contaba con otras madres me decían lo afortunada que era…y sí, con todo mi trabajo, al menos, podía descansar..pero era un idilio que aquella situación se manteniese.  Ahora, que hemos pasado al lado oscuro, nos comemos la noche de aquí para allá capturando los despertares de J. y acunando sus miedos.

Durante el día, mi avecilla nocturna demuestra ser un niño de sobresaliente, rebelde, porque lo es, pero con capacidades cognitivas que saltan a la vista. Su conocimiento del lenguaje y de los números es realmente asombroso, nunca había visto colorear a un niño de 2 años con la perfección con la que el lo hace, o contar hasta 30 e incluso regresivamente sin ninguna dificultad. Conoce ya el alfabeto en ingles y español, aprende canciones al instante y tiene una capacidad de observación y escucha muy significativa.

A veces no me explico como en medio de toda esa madurez cognitiva le nacen tantos temores irracionales. O inseguridades… cuando es un niño que a la vista se empapa rapidamente de todo cuanto entra por su retina. Le dan miedo las campanas, los relojes, los ventiladores, sonidos estridentes… a veces cosas sin explicación que ni nosotros sabemos ¿y que hacemos?.  He barajado que pueda ser esta misma inquietud y motivación por conocer, lo que, al mismo tiempo, lo hace temer al chocar con lagunas de desconocimiento a las que todavía no le ha puesto lógica…o puede que simplemente forme parte de su carácter, sin más explicación.

Se duerme fácil, a la misma hora despues del cuento, al que presta siempre atención y devoción… pero a mitad de la noche despierta y no hay tregua. Si lo meto en mi cama, me pierdo…si lo acompaño en la suya, me duermo y descanso fatal…si espero sentada hasta que se duerma, mi cuerpo no resiste porque tarda una eternidad en volver a dormirse. Y ese cansancio lo arrastro a lo largo del día. Yo o mi marido, depende de quien sea el “afortunado”. Hace  tiempo que no descanso como debería,  hay días que lo llevo mejor y otros en que solo me apetece llorar porque no le veo fin. Me encantaría encontrar una guía que me aclarase este capítulo sin resolver, pero mucho me temo que no se halla publicada y que es algo que tendremos que resolver  a golpes de paciencia.

Tal vez  no se trate solo de lo que nosotros hagamos, como padres, y sea más esta una situación de mera evolución psicológica del niño, que nos ha tocado vivir.  Después de todo, V. sigue dormiendo como un lirón y eso me hace corroborar que cada uno de nosotros a través de los años, encontramos obstaculos en momentos diferentes. Hay que aceptarlo con sus inconvenientes, como una realidad pasajera, en la que tengo que volcar toda mi confianza y esperanza por que mejore.

Mientras se cumple este sueño que ahora mismo me parece tan lejano, voy a echarme un ratito a dormir….a ver si recupero parte del otro.

 

 

Cosas del oficio

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  • J. ¿tú te has creído que eres Tutankamon? Deja ya de enrollarte en papel higiénico.
  • V. no pintes caritas en la pared de la entrada, que va a parecer esto la casa de Belmez.
  • J. no metas el plátano en la lavadora, que va a salir la ropa peor que está  .
  • V. no te escondas en el rincón a hacer caca en el pañal, que te veo ¡¡¡pide wc!!!.
  • J. ¡no te voy a poner otra vez el video del “graciosisimo” tren bob! que no!
  • V. los pinceles y pinturas de mamá, tranquilitos, eh? ¿quien te ha mandado urgar ahi?
  • J. déjale también a V. la tablet, ¡que te va a salir un callo en el deillo…!
  • J. no se dice “coñona”, hijo, se dice colonia… venga otra vez….jajajajajajajajajaj.
  • J. que curiosón eres!!! el joyero de mamá no se toca… Ea, ¡ya lo has roto!

 

A ver, yo ya se que soy una pesada.Todo el día con el NO, o corrigiendo. ¡Pues no! Realmente es una hartura. NO me gusta, aunque forme parte del “oficio”. Ni que fuera un sargento ¡oye!. Sin embargo, llamadme loca, de vez en cuando, me gusta darle la vuelta al asunto. Dejarles que invadan es un atrevimiento que no tiene desperdicio.

Y Probando, probando…  resulta que me siento a observar a esos dos gatitos y los comprendo. Solo se vive una vez y ellos avanzan a lo grande. El mundo está lleno de reliquias. Probar la paciencia de la madre es un mapa del todo revelador. Pero oye, hoy no tengo ganas de ser correcta. O predecible. Solo se trata de una rebeldía mía, nada excusable, ponerme en su papel. Reirme sin trabas ¡mola!. La supernani  estará tirandose de los pelos. ¡que le den!…

Son estas risas sin normas una etapa que tambien pasará.   Ehhhhh!!! un momento!!! ¿ya estamos? stoppp!!!, esa yo melancólica adulta, no salgas, que la fastidias. Sigue haciendo como si no tuvieras memoria, como si no supieras nada del tiempo y su avance.

Venga vale, ponedme el babero, dadme bibe, contadme ese cuento que tantas veces yo os conté, despues nos revolcaremos por el suelo cuan cerditos sin ley.

¡Nada se, pero de todo me empapo…deleitadme con vuestra sabiduría!

.  ¡Que yo también estoy aquí para crecer! jjijijijij.

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Sobre las polémicas declaraciones de Samanta Villar

No soy  muy dada a meterme en temas de famosos, ni en la polémica que se crean en torno a ellos, pero estos días, al leer las declaraciones de la que fue protagonista de 21 días y las ampollas que ha levantado el tema, no he podido evitar sentirme bastante perpleja ante el chiringuito de opiniones y criticas que, como premio a su franqueza, ha recibido.

La palabra más apropiada quizás esté más cerca de la decepción que de la perplejidad y es que situaciones así me hacen creer que si  somos tan absolutistas con nuestro propio género, no podemos- en ningún sentido-  pretender caminar hacia la igualdad.

Como mujer curiosa que soy, desde que saliera el artículo no he parado de leer sobre el asunto, lo que en las redes sociales he visto se parecía a un gallinero. Observando me he dado cuenta hasta que punto somos nuestras peores enemigas y el daño que esa actitud tonta nos hace, llegando a incurrir en los mismos errores de siempre, mirando a la otra con soberbia, apuntando hacia la competición  y valorando con tasante ligereza el como otras deciden y viven algo tan personal como la propia maternidad.

Para poneros en contexto (por si no conocéis el tema), resulta que la chica ha sido madre de mellizos por ovodonación. Y, unos meses después, ha declarado que no está siendo todo lo que ella pensaba, que sus hijos le restan mucha calidad de vida y que no se siente más feliz. Y a partir de ahí, la marea. Oleadas de mujeres dispuestas con la lengua a sacarle el carnet de madre.

Me pregunto ¿acaso cada una no es libre de opinar como vive y transita el hecho de tener hijos? ¿o por ser famosa no puede decir en voz alta lo que piensa teniendo que sumarse a los convencionalismos de siempre?.

He escuchado de todo: Que está tratando de hacer publicidad para que se compre su libro, que no merece ser madre por ovodonación, incluso el  insulto fácil que provoca la envidia, sobre el hecho de que ella (por ser Samanta Villar)  va vivir una vida desahogada y va a poder permitirse que se los crien. Deduzco que adivinas deben ser las que ya saben que con su actitud rebelada e ingrata, terminará siendo una malamadre en el futuro.

Me parece que deberíamos abrir más la mente y dejar de juzgar en base a como hemos vivido nosotras esta realidad. No hay un patrón universal ¡y menos mal!. Yo creo que cada mujer sabe de su historia, de sus luchas y decisiones, … señoras, que tenemos el derecho a equivocarnos o acertar a la hora de elegir…porque ser madre es una tarea dificilisima…y mágica.

No nos quitemos la posibilidad de expresarnos con libertad aunque toneladas de siglos nos hayan obligado a decir “lo correcto”, no nos consumamos en esa hipocresía venenosa de querer tapar lo desagradable a toda costa para sentirnos más auténticas, cuando todas sabemos de que va el asunto.

El mundo mundial sabe que la crianza no es un camino de rosas. Se trata de una decisión para toda la vida y  hay momentos realmente críticos que ponen a prueba tu persona. Sin embargo, el como se extrapola eso a tu día a día y a lo que confiere a tí, como mujer, es algo que no se llega a valorar hasta que no se vive y que por supuesto no todas están dispuestas a contar y reconocer con la misma sinceridad. Creo que todavía siguen perviviendo tabúes y límites, que aún no somos lo bastante comprensivas con nuestro género y que nos falta esa pizca de empatía tan necesaria en los temas que han sido -por costumbre- competencia de la mujer.

Yo no salgo aquí a defender lo que dice Samanta pero creo que si ha creado tanta expectación y polémica es porque a lo mejor no es un tema banal y verdaderamente es un asunto que preocupa a las mujeres. Me parece enriquecedor escuchar diferentes voces sobre la experiencia, no solo la de esta chica sino también las de otras mujeres más o menos contentas con su decisión. No nos engañemos, solo desde una base que englobe diferencias, las mujeres podemos aprender y adquirir mayor amplitud de conocimiento para poder decidir con más certeza de cara al futuro.

Al final la decisión nos pertenece. La vida es un riesgo detrás de otro. Lejos estamos de ser perfectas. Lo que no me parece es que Samanta quiera menos a sus hijos que otra que se muestre enfadada con sus declaraciones. Lo que sí creo (solo creo) es que desde su posición como periodista trataba de romper una lanza en contra del idealismo impuesto que  nos ha tratado de convencer que el colofón de toda mujer es la maternidad.

Lo siento, yo también soy madre de mellizos y los quiero muchísimo. Son mi mayor tesoro pero se lo complicado que es criar a dos a la vez en esta sociedad que tantos requisitos pone a la mujer. No me parece una aberración que cualquiera en su sano juicio decida no ser madre o que aún siéndolo, se sienta abrumada y desbordada por lo que se lleva esta entrega continua.

No nos regalan un título ni  podemos hacer un curso. Tampoco imaginar a priori y con exactitud todo lo que la maternidad nos cambiará la vida. Entonces ¿ porque no trabajar para ser menos recelosas? ¿porque no caminar hacia el entendimiento y la escucha valorando la diferencia de pareceres?

 

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Cuando los miro creo que el mundo -a veces- se detiene…

Y es esta ardua tarea sin descanso como un volcar el amor en dos piezas  de plastilina, dos micromundos que dependen de mí. Unas veces tendré las manos talentosas, otras mojadas, otras simplemente sucias… Nadie me enseñó a moldear, pero es algo que aprenderé a base de interactuar y equivocarme.

 

 

 

 

ANIVERSARIO CON BABIES

Hace poco pelirrojo y yo celebramos nuestro aniversario de boda. Bueno, eso de celebrar es un decir. Ahora recuerdo anteriores años cuando nos ibamos a cenar a algun restaurante pijo o nos autosorprendíamos con algún viaje o plan romantico de los que tanto nos gustan a las mujeres…Pues señores, esto con mellis, es un idilio. O al menos este año no ha sido posible.

Casualmente el día cayó justo el día de la vuelta de vacaciones que ya de por si vienes con ese espiritu que supone el sindrome “nomequieroir” y por lo tanto nos pilló casi todo el día de viaje.

V. se puso malito esa misma noche, inaugarando la fecha y nos la pegamos bañandolo hasta altas horas de la madrugada porque estaba encendido de fiebre. Total que el pobrecillo se tuvo que chupar un viaje obligado y hubo que parar en mas de una ocasión porque se ponía chinchoso. En el descanso -que coincidió con la hora del almuerzo-, elegimos un lugar ya conocido que dispone de unas instalaciones lo suficientemente adecuadas para que dos padres de mellizos se dejen caer cual morterazo…ahí, zasssssss y desplieguen toda su guardería movil. Porque para que nos entendamos, teniamos que asegurarnos que podían surtirnos con dos tronas, utensilios de alimentacion, cambio de pañales…etc, etc.,

Nada más llegar nos atendió una morena muy guapa, que amablemente nos facilitó dos tronas como dos soles…yo casi no podía creerlo, dado que no son todos los lugares que disponen de más de una sin ocupar y eso se agradece. Al rato, cuando ya todos estabamos sentaditos, vino con dos regalos para mellis: unos colores y un libro de dibujos. ¿será verdad o estoy soñando?…entretenimiento gratis..que lujazo!!!. Aún no saben colorear pero bueno, allí estuvieron investigando, tirando y arrugando hojas cual niños buenos con su tesoro.

Total que todo estaba saliendo a pedir de boca. El plan era que como teniamos que comer los cuatro, primero lo harían los niños y luego nosotros, como siempre. Fuí a calentar las merendolas al microondas y al regresar me reía viendo como a unas chinitas se les caía la baba con pelirrojo y los mellis….ay que ver lo que tira un hombre mimoseando a dos bebes!!!.

Seguidamente, hubo que administrar medicamentos al chifirito y por fín quedamos nosotros libres para poder comer. Me fui para el self service, mientras pelirrojo distraía a los peques y me distribuí a mi gusto, pagué, me senté y despues se marchó él a elegir. Nada de comidas servidas a solas, ni velitas, ni confesiones, ni Fragolinos, ni Puertos de Indias, ni leches… un relevo de tú y yo que no veas.

Total que cuando tengo mi bandeja de comida con exquisitos manjares ahí diciendome: cómeme…los chiquitusines solicitándome catar plato..¿pero si acababan de comer? da igual, a ellos les gusta experimentar y tienen un saque que admiten comida al más puro estilo romano. Así que yo, mamá, mujer de la cita romantica, en lugar de comer repartía viandas  con dos hombrecitos golosos que se reían a gusto al probar por primera vez el magnifico sabor de una papa cocida. Las chinas seguían mirando en una sola dirección, esta vez con ojos de…”ay que supermami ay que dos guapuras” como si no hubiera norte y sur, y yo preguntandome donde se habia metido tanto tiempo pelirrojo que no venía.

A todo esto empiezo a oler raro…ese olorcillo que sabes que es de tu hijo porque huele a pastel de arándanos…jajajaja. Y pelirrojo desaparecido en combate. Dejé la comida, se me fue el hambre, imaginaos porque. Llamé a la chica morena que no paraba de ver si estabamos bien (¿les molaríamos?)  y me dijo que había llegado un autobus de adolescentes y debio pillarle cola en el restaurante. Valgame dios.

Por fín lo veo aparecer con cara de hastío, casí me pareció escena de pelicula en la que el héroe sale de entre la niebla solo que en vez de niebla era una patrulla de hippies y perroflautas del siglo XXI. Se había llenado la bandeja de cosas riquisimas (el para esto tiene un arte), y yo, para colmo, ya por no tener no tenía ni hambre porque me la había quitado mi señorito V. al que inmediatamente me fuí a cambiar. Asi que salude a peli al grito de: ahora vuelvo, mon amour!!!!

Con las prisas cuando llegué a la sala de maternidad me dí cuenta de que me había olvidado recargar el bolso con una ropa de muda, tenía pañales si, pero el nene, casualmente se había empastelado hasta las cejas….camiseta, pantalón…y nisiquiera había jabón. ¿como no puede quedar jabón en una sala de lactancia?… ¿como me las averiguo yo?…No podía creerme lo que me estaba pasando. Enjuegue la ropa como pude, agua, agua, agua….más agua….mientras bregaba para que el nene no se me cayese de lo alto. Lo limpié con tropecientas toallitas y lo dejé con su pañal y en pelotilla. Menos mal que era verano, pero vaya, cualquiera que me viera pensaría si no uso ropa o qué…En fin, penando y penando conseguí llegar de nuevo a la mesa tras subir unas cuarenta escaleras con bolso y nene limpio…

¿a quien se le ocurre hacer un baño en planta baja?….ay, ay, ay!!! punto negativo!!!

Le dije a mi chico que necesitabamos una muda y se prestó a ir al coche y revolver el maletero, que con la vuelta de vacaciones estaba hecho un tetris perfecto para que todo el arsenal mellis cupiese. Asi que pelirrojo, marido, señor de la cita, moviendo maletas y artilugios a las tres de la tarde y a 45 grados para hacerse con una ropita de muda. Escena calentita donde las haya…jajajaja.

Pero esto no había acabado aquí, justo cuando V. estaba vestido y limpito por fin como un niño decente, J.  su querido hermano, se alineó para ya sabeis…tarta de galleta!!!!….jajajaja.

¡¡¡¡Así no hay quien pare!!!

Conseguimos llegar, eso sí, con la lengua fuera y no en el mejor de los sentidos…

Como veis, una cita  de aniversario de lo menos aburrida.

MI QUERIDA PEDIATRA (II)

Lo habíamos dejado en una rubia, sesentera que decide irse a su hora de cafe dejando a una pobre chica, sus dos gemelos  y su madre colgados en la consulta.

Lo último que dijo fue: bueno, sí, os atenderé…pero de que venga del café y a lo largo de la mañana.

Mi madre y yo asentimos. No nos quedaba otra por haber llegado tarde, así que nos sentamos en la sala de espera que a esas horas lucía desierta. A saber el trabajazo que había tenido la señora. Claro, quien iba a querer ver a ese “jumento”?… – pensé. Pero pronto empezaron a llegar algunas personas.

Entre ellas, una abuelilla y su nieta, que me dió mucha pena porque percibí a la mujer desbordada. Al parecer el bebe- que no tendría más de 10 meses- llevaba un mes enferma,  no se había curado con ningún tratamiento y  dormía ahora en casa de la mujer porque la madre trabajaba de mañanas y tenía que madrugar. La mujer se quejaba de que su nieta había estado vomitando toda la noche, que no le dejaba dormir la tos… Y yo me preguntaba: ¿ le corresponde  a esa mujer de tanta edad ese papel?¿ es esa la verdadera función de los abuelos? …No sé., pero me da que algunos padres delegan demasiado. Yo creo que jamás dejaría a mis hijos enfermos dormir lejos de mí. ¿Y si pasa algo?… ¿Y si le da un ataque de fiebre?¿ y si esa mujer sufre un descuido? … A lo mejor soy muy paranoica, pero me parece que no dormiria tranquila.

En esas llegó otra muchacha, (conocida mía) paseando muy rápido un carrito. La reconocí al instante. Me saludó. Se puso a hablar como si tuviera un altavoz en la boca.

“Que yo es para un minuto, que es muy rápido porque solo es recoger unos papeles del niño…bla, bla, bla”

…En resumidas cuentas que quería entrar la primera por su cara. Yo lo ví bien porque en mi caso iba a tardar. Tenía que pesar, medir y observar a mis dos niños y eso requería más tiempo. Allí nos contó unas cuantas barbaridades, como que hay que dar a los niños helado en invierno, sacarlos a la calle desabrigados para que se acostumbren al frío, que empezó a darle cereales a los 2 meses…y que ella nunca llegaba tarde porque iba siempre a pie para evitar plegar el carrito. Como yo ya la conocía, de estas personas que siempre sacan su ego por encima de tí, le dí la contenta, pero la realidad era que no cogía el coche porque le daba miedo. Total, se fue a hablar con otra sobre disfraces de cole de su hija mayor y aún lejos de nosotras la escuchabamos con su chifle chirriante y sabelotodo, como si su forma de hacer las cosas fuera la única en el mundo.

En esas llegó mi querida pediatra. Venga – dijo…teneis que esperaros a que pasen todas las visitas de pediatría y despues si puedo os meto.

Miro a mi madre : Nos iba a dejar las últimas, pero eso ya lo sabíamos.

Seguimos esperando. Pasa la gritona, luego la viejecilla y ya me harté.

Sin que me diese permiso, coloqué el carrito en la puerta y empecé a sacar de el los huevos (maxi cosi)  y de paso saqué huevos… y los entré en su consulta.

– Venga, si! pasad, pasad!- dijo ya sin más remedio. Como si fueramos intrusas. Como si nos estuviera haciendo un favor.

Y asi fue como por fin nos atendió: los resultados por suerte fueron geniales, y no se comió a ningún niño durante la revisión (cosa que me preocupaba)….

así que salimos escopeteadas de allí.

Hasta los nueve meses no tenemos que verla otra vez de forma obligatoria, recemos porque no se nos pongan malitos.

Y aún no se había acabado la mañana de una madre gemelar despues tocaba vacunas y recogida de mi citología post parto. Habíamos concentrado todas las visitas en el mismo día para no tener que desplegar el tinglao más de una vez. Y menos mal, hartita acabé.

Ahora que lo pienso :

¿Será la Navidad? ¡¡¡¡cuanta dosis de humanidad me encontré fuera de casa!!!

 

 

MI QUERIDA PEDIATRA

Ya que se acercan las navidades y con ellas ese mensaje tan esperado: me llena de orgullo y satisfacción contaros una historieta – basada en hechos reales-  que hoy he tenido el privilegio de vivir con mis chiquitusines en su segunda visita rutinaria al pediatra.

Resulta que amanecía un día estupendo y yo ya me hallaba con los ojillos semiabiertos dando biberones de cereales por doquier, así a pares y nones… y que  -todo sea dicho- amablemente me había dejado preparados pelirrojo antes de irse al trabajo. Hasta ahí todo normal, pero ahora había que arreglarselas para el gran objetivo del día: estar niños y mamá listos para las tempranas 10 de la mañana  e ir a pasar revisión de mis dos mozuelos ante una rubia sesentera poco amistosa denominada : mi pediatra .

No os voy a engañar, me gusta más la cama que a un pinguino el polo norte, asi que despues de dar los bibes me he autoregalado otros minutillos de sueño. Así, porque yo lo valgo, al ladito de mi Julio, que al principio me acribillaba a patadas para espabilarme pero que despues se ve que cansado de verme retozar todo placentera, ha debido pensar: no me queda otra, la acompaño!!.

Suena el portero de casa. Abro los ojos. Madre mía!!! que hora es??? Mi madre buscándome. Había quedado con ella hoy en exclusiva, para que me ayudara a vencer el objetivo: juntos podemos, podemos salir de aquí, podemos llegar puntuales al medico, PODEMOS.  Uinssssssssssssss, que no me oiga el de la coleta, que me ficha….jjijiiii.

Son las 9, hay tiempo. Mukali siempre se confia. Mi madre – que aún no sabe bien lo que es salir con un carro gemelar- tambien se muestra positiva. ” Vamos a desayunar, que me he venido sin”. Allá vamos las dos hambrientas  estrenando las tazas “chinitas” que el otro día me dí el capricho de comprar…Con nuestro batiburrillo particular de ingesta de azucares mañaneros que tanto nos pirra. Hablamos de personajes familiares, cotidianedades, trabajo… mientras los peques duermen. Momentos geniales en los que el tiempo pasa, aunque tampoco derrochamos. Es desayunar y salimos pitadas. Visto a los mozos, los pongo super guapos, aunque es dificil siempre se superan en belleza, me tienen locaaa.

Me toca a mí. Asomo la geta por la ventana: más frío que robando pinguinos en polo norte ( que me pasa hoy con los pinguinos?). Total que me atasco un buen jersey calentito, mis mejores vaqueros y una cola a caballo socorrida…de esas que las mamis tenemos la lindeza de abusar porque no nos queda otra. Me echó un poco de maquillaje para no verme zombi y un poco de rimmel para resaltar mis ojuelos disimulando ojeras. No voy mal: presentable.

A todo esto, mi madre abajo acosandome a preguntas: ¿que bibes les echo? ¿cuantas cucharadas de leche echo a los dosificadores? ¿ cuantos pañales….? etc, etc, etc….. ¿porque cojones  no he dejado preparado todo el día anterior?. Yo y mi frescura. Si, así soy yo, en estado puro, no voy a cambiar en la vida vidal.

Una vez preparado el arsenal alimenticio e higienico de los gemelos que no es poco, había que desmontar el carrito. Y ya eran las 10 menos 10, ibamos con una mano pegada al culo, como yo digo. Saca el carro por la puerta que eso tiene mandanga pero con la ayuda de mi señora madre parece que es más fácil. Bien. Estamos fuera. Señor, ¡que maravilla!. Ahora toca plegar el carrito porque estamos lejos del consultorio y hace un frío de cojones. Ah, no que era un frío polar, valeeeeee. Los peques metidos en sus sacos calentitos- que bien le costaron a la mami los cuartos- ni se enteran, asi que los cogemos en sus correspondientes maxi cosi* y los metemos en el coche. Mi madre tampoco sabe abrochar el cinturon a estas fantásticas sillitas, luego obviamente me toca a mi la faena. Lo hago lo más rápido que puedo, ya estoy sudando ¿como es posible? ¡¡¡con este puñetero frío y yo aquí soltando rios!!!. Otra cosa hecha. Adelantando, adelantando. No quiero ni mirar el reloj.

Ahora toca lo peor: plegar el carrito. Sabe Dios que le temo a doblar el donkey más que a los diablos. ¿Diablos? ¿Dioses? donde estais …venid a ayudadme. Y mi madre con cara de “no me mires que yo no se y he venido aquí de prestao”.  Allí me pongo yo, toda fuerzuda, haciendo mil malabares, una vez, otra….esto no funciona. Ahora se porque llamaron al carro Donkey. Soy una mona, una mona de feria moviendo las manos torpemente.

Las diez de la mañana. Tocan en el maldito reloj pueblerino, como requiem premonitorio de que mi objetivo está a punto de no superarse. Y el puto maravilloso carrito no se pliega. No se que estoy haciendo mal, una vez, otra, otra, mi rabia explota a borbotones. A punto estoy de cargarme una baldosa de mi propia fachada de un golpe y nada.

No se como, finalmente aparece algun dios lejano y el carrito goza de la casualidad de doblarse, bendita yooooo, aquí doblando el espinazo …….creía que estaría toda la miserable mañana como una boba.

Nos vamos echando chispas, con las dos manos pegadas al culo. Los niños bien, bien…es montarlos en el coche y alucinan patatillas. Estos nenes son la leche. Ufff, menos mal.

Llegamos al parking. Siempre hay sitio, pero hoy ¿adivinais la situación?: NO HABÍA. Dando vueltas como una descosía esperando una lucecita esperanzadora que abriese un auto y dejase un hueco. Tras 8 minutos de reloj, por fin se va uno. Ya son las 10 y cuarto. La pediatra nos mata, la pediatra nos mata, la pediatra nos mata.

Y mi madre repitiendo la misma cantinela: “la mujer tiene que entenderlo, hija mía. que dos niños chicos es mucha tarea, verás que no pasa nada.”

Y yo todo agorera, como siempre: mama, que tu no la conoces!!

Aparcados hemos, vuelta a montar el carro, aunque por suerte esto se me da mejor, se van otros minutillos al reloj. Ya son las 10:20. Corremos, corremos calle arriba… este pueblo y sus cuestas. Sudandito voy ¿quien me mandaría ponerme este jersey?…estoy más acalorada que una menopausica haciendo pan en verano.

Llegamos, abrimos compuertas…cuidado que venimos!!!!. Y allá está la rubia, frente a mí, nuestra querida pediatra: que se va a su hora del café.

– Lo siento, pero ya no os puedo atender. – dice con sonrisilla de “sesiente”.

Y ahí sale la garra de mi madre, bendita ella. Que buen fichaje he hecho para esta mañana. ¡que carácter! Ya era hora!!!…

– Pero eso como va a ser. Mire usted, que se nos ha complicado todo, que usted sabe lo que son los bebes, que el carro, aparcamiento, cagadas multiples…(ahí mi madre ya se explaya metiendo cizaña…).  Pero que la rubia no se baja de su burro, que se va a tomar su santo café.

A mí me da igual, evidentemente. Se que mis argumentos tienen las de perder, pero solo quiero que me visite aunque tengamos que esperar a que esta linda señora haga uso de su tiempito.

Al final, lo conseguimos. Nos visitará. ¿Cuando?

Eso os lo contaré en el proximo capítulo porque esto da para más de un post.