Archivos Mensuales: abril 2016

La suerte más grande del mundo

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Si para algo hay que tener suerte en este mundo es para nacer- pienso, al tiempo que te miro y comprendo todo lo que una idea -ya existente- puede llegar a desarrollarse cuando una se cruza de frente con la más cruda realidad.

Hoy nos hemos despedido y -a pesar de la distancia entre tus años y los míos- alguna lagrima atrevida se ha colado por nuestros rincones a la vista de todos. Pensaba como para tí se abrían nuevas puertas mientras que a mí me quedaría el hueco de tu recuerdo, una interrogación más, una historia a medio completar que tal vez nadie me contaría.

Se esfumarán los ratos que dediqué a prepararte fichas porque no disponías de método como el resto, los tiempos extra en los  que en mi mesa procuraba alzarte al nivel del grupo o las veces que te saqué los dedos de la boca y te ofrecí de mis galletas porque tu siempre llevabas el mismo aburrido bocadillo de pan duro, al que osaste sacarle las lonchas para hacerlo más atractivo.

Toda tú eras diferencia. Irradiabas una luz difusa, cálida, agradable…pero al mismo tiempo cegabas y eras una habitación blanca de paredes deshabitadas y grietas, entornos regidos por las carencias de un puñetero azar.  Un mundo abismal, que sin embargo, tu misma te habías empeñado en pintar con bondad y ternura haciendo posible la palabra esperanza.

Recordaré el momento tuyo del desayuno, cuando celebrábamos cumple y comías tarta aceleradamente, como una salvaje, esperando repetir hasta tres veces aquel delicioso bocado. Y después te chupabas los dedos y tu sonrisa llena de chocolate era más grande que la del cumpleañero.

No olvidaré tampoco el día en que viniste con la buena noticia y toda tú te cubriste de la palabra infinita: familia. Me dijiste que tendrías piscina y traje de lunares de esos que hay por Sevilla…y mientras tocabas la lana de mi vestido me describías a tu nueva mamá…recuerdo – aún con la piel erizada- como decías…ella visté así, como tú, seño. Y yo supe a que te referías.

Eran ilusiones que bailaban en tí como en una feria y en mí con cierta preocupación y recelo. Conocerte me ha hecho entender porque siempre andabas por mi mesa metiendo las narices en todo… eras superviviente y aprendías a sobrevivir observando. Y tu lo hacías con una devoción y una mirada, que echaré en falta, la verdad.

Se quedarán por aquí  tu abrazo, tus besos, tu silla, tu foto, tu nombre pululando algún tiempo más… hasta que los compañeros se olviden de la tarjeta que te escribimos y del juguete con el que de nuevo vimos esa luz tuya irradiar.

Perdona si la mía solo describe intermitentes fogonazos, solapada como está  en una fría y descabellada adultez. Hoy ,más que nunca, quiero creer que vas a gozar la suerte y te sonreirá el destino, que esa familia nueva te colmará de la gracia que mereces tanto como tú a ellos.

Desde aquí estaré pensando en tí, mi bichito, en tu melena color azabache tan suave como la seda, por la que corrían testarudos inquilinos que espero pronto muy pronto desaparezcan por fin.

 

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¿Para ponerse de los nervios o no?

 

Andaban charlando en la terracita del bar de tapas por el que salía un olor a calamares que daba gusto. Las vistas eran memorables y el tiempo fantástico. De repente él dijo:

  • Estoy muy nervioso. Tengo ansiedad, gases, insomnio…estoy pal arrastre.
  • Pero cariño ¿que te pasa?
  • Pues que tengo una presentación del producto y aún no lo domino.
  • ¿Esa presentación es en la empresa que me dijiste?.
  • Sí,  en la empresa la Presentación.
  • Pues no se porque estás así,  parece sencillo.
  • ¡Qué listilla! habría que ver lo que tú harías en mi caso…
  • Bahhhh, fácil. Primero tienes que sacarle una sonrisa a  ellas.
  • ¿A ellas porque?
  • Porque ellas te mirarán más, ya que estás buenorro….jajajaaj.
  • ¡Qué fácil lo ves! habrá que decir algo para convencerlas…¿no?
  •  Si es que lo tienes a huevo… solo diles: Sobra la presentación en La Presentacion.. aún así, si se empeñan en conocer verdaderamente el producto aquí tienen mi tarjeta con mi numero de teléfono para un streaptease a solas. Vosotras, los libros y yo. Al desnudo.  
  • Jajajaja, anda, no bebas más birra negra que te sale la chispa…
  • ¿ A qué ya andas menos nervioso?
  • No se que decirte, tener una mujer así de pecaminosa es para ponerse de los nervios.
  • Jajajaja…o no.

 

En los márgenes de una ciudad

 

 

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Mientras me hago a este lugar tan conocido,

elijo sentarme en el mismo banco que años atrás

en su compañía.

Tengo que esperar a que algo suceda

quizás solo sea la necesidad de aceptar,

y cuento los minutos hasta que mi tren se aleja.

Entre el equipaje llevo una curiosa libreta,

en la que algo podré escribir si ando fina,…

aunque ella es buena susurrándome ideas.

No se sabe que saldrá de esta misión nuestra desconocida,

si las agujas de la memoria

serán o no expertas en descoser lo vivido…

O anudarán sobre mi flequillo mil marañas más

que la dichosa se atreverá a desenredar con desgana.

Por fín me atrevo a decirle…

“Tu siempre fuiste bella,

aunque ahora mismo no sepa mirarte…

perdona si no lo consigo

si entre tus rincones me niego a admirarte.

Imperfecta eres por la gracia que compartimos,

presiento que así me gustas más

y es por ello que he venido a buscarte.”

Todo eso le digo.

Mi yo atrevida. Una nota nueva.

Aunque ella aún se muestra fría,

mujer implacable…

mar sin mar,

centro de los centros

símbolo de bravura

con mirada oblicua

hace del gris su escuela más vital

mientras espejean sus sombras por la duda.

A pesar de todo,

van correteando los mañanas por sus ojos,

con prisa y con temple…

la contemplo, me apresuro…la siento…

cada día amanece una distinta

y admiro esa gracia suya tan tímida

¿`porque será que solo me quedo en sus esquinas para no ruborizarla?.

Y todo este dialogo… un poco loco,

un poco surrealista,

un poco travieso…

lo mantengo con ella: mi ciudad.

Desde donde el Sol no sale hoy

para escurrir más lluvia.

Desde donde por fin me saluda

¡hola! ya era hora…

andaba perdida hasta ahora

dandome bofetadas y bienvenidas

como si en algo concordaran.

 

Pero no es ella,

finalmente….

Soy yo… y ya soy muchas en esta ciudad.

Multitud de partes inconexas.

Multitud de cajones con porqués y respuestas.

Multitud de candiles de luces apagadas con  mecha prendida.

Y ya quiero irme tras el arrebato,

porque he venido, he estado y he vuelto a vivir…

en la trampa de sus arterias,

permitiendo que esta misión fluya

como sangre en mí interior

con todo lo nuestro

lo agostado entre las violentas calles…

lo altarizado entre los jardines de ensueño…

 

Vuelvo a mirarla sin cansarme

realmente no se si la estoy mirando a Ella

o es a mí a quien miro.

Y miro sus gentes.

Y miro su culpa.

Y miro su silueta al final del tunel de estos versos.

Todo tan necesario como los ojos que me robó.

Que son -precisamente- los empeñados en que todo sea,

y al mismo tiempo, nada es como ellos dicen.

 

Para despedirme diré que también sabe ser traidora,

escondiendo tribulaciones o rarezas… entre sus balcones,

acumulando taras para formar un lodo pegajoso,

adicto como lo es la mundanal tristeza .

 

Todo  se sucede en la ciudad de lo posible

hoy alguien asalta unos versos,

los secuestra

y los duerme para siempre

metiendolos en el saco de un paréntesis.

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De terrenales, Diosas y extraterrestres.

La tengo frente a mí, cortando los setos del jardín con una maestría que me parece sobrehumana, digna de alguna Artemisa, podría ser…

…y aún así, se pasa todo tiempo evadiéndome, haciéndose la esquiva., entretenida con los verdes… a pesar de que la miro con provocación y le hago saber que me parece irresistible. Son crueles estas diosas, jardineras ellas, desconocen aún las raíces de la química humana, las bombas atómicas del amor y las controversias terrenales.

Pero yo…¡ yo se lo que desarma a las diosas!…no puedo aguantar y le suelto….

  • Anda diosa, ven y hacemos un 69  (bajo los setos).

Y se vuelve, … y avanza… y camina hacia mí, tan suave como la bruma.

Algo trama, lo leo en sus ojos. Planea una de las suyas. Me susurra su cuerpo.

Se acerca con reliquias de hierba recién cortada  y con olor a petricor…

Con todo eso: me besa.

Y me hace el número. Numerito, diría yo.

  • No cuela, le digo ¡esto no es un 69!  …pero me hace reir…río a carcajadas…¡ la muy canalla!.

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Enredados así, cuento hasta 69 segundos en el extrarradio.

Un abrazo suyo  (solo eso) ya me sitúa en la órbita de otro planeta.

 

 

 

Dos miradas. Una conversación. Entornos. Arte. Abstracción a través de lo real.

Mi hermana y yo habíamos dedicado toda la mañana de lluvia al museo. Empezamos por la colección de arte que se exponía de forma temporal, la de realismo abstracto, dos pintores de los que no había oído hablar y que acabaron por conquistarme más allá de las salas. Al final resultó que eran muy valorados y no los había apreciado hasta entonces.

Creo que los verdaderos artistas (y hablo desde mi propia experiencia claro está) son aquellos que gozan de la facultad de emocionar,  realidad que no está en manos de todo el mundo, como no está el que nos motiven las mismas cosas …esa chispa captura terriblemente mi atención. Podría dejarlo en una definición breve: aquellos que son capaces de mirar más allá y a través de.

Me explico. Muchas son las personas con dotes artísticas, pero ¿cuantas logran capturar la  imagen inquieta? ¿cuantos hacen que vibre como vibran algunos instantes?, esos que sabemos son tan efímeros como elucuentes…capaces de expresar mundos.

Los buenos cuadros bajo mi punto de vista son los que te dejan imaginar: llevádote  a formular hipotesis sobre su autor o su posible motivación con la escena, los que te hablan de los misterios ocultos tras los elegidos que posan, el paisaje o las cosas.

Es justo lo que iba sintiendo mientras observaba tanta belleza perfectamente estudiada. Sabía que estaba viendo algo que recordaría más tiempo del que duraría el recorrido del museo. Algo especial  e impactante que me haría indagar más allá, como indago con todo lo que me motiva a través del sentimiento.

A la vez que disfrutaba de las imagenes me iba adentrando en una historia. Quizás, seguro, tal vez, solo era mi historia…aunque la estaba leyendo allí con datos corroborables, el subjetivismo siempre está presente en el arte.

Hablaba de la relación entre un padre y un hijo, ambos artistas, ambos pintores… que se habían criado en entornos altamente creativos.

Hablaba de personalidad a la hora de pintar partiendo de bases parecidas,  de la influencia de lo ordinario y  lo cotidiano, que por ser así, muchas veces se escapa; del candor del misterio, del implacable magnetismo de la extrañeza humana llevada a su esencia mínima: la naturaleza. Tierra, sol, mar, costumbre, vecindad…entornos que fueron sentidos y vividos con tanta fuerza que aquello los hizo mágicos tras la mano habil y el pincel.

Y es que hay tantas coincidencias entre ambos como distancias en sus escenas. Acercamientos y lejanías, infancias de creatividad y naturaleza, humanismo animal, miradas ensimismadas y  musas secretas…fueron algunas de las cosas que más me impactaron de la exposición.

Quedé absorta por como se conjugaban las dos visiones: padre e hijo…de como habían investigado con tan diferente resultado, el color y la técnica. Y no solo el color en sí entendido como gamas o preferencias cromáticas,  me refiero al color de los  instantes y las historias…ambos magistrales en su esencia. Una: por reflejar la austeridad del alma a través de las ventanas de lo conocido y otra:  por derramar la extrañeza que – en sí- caracteriza un interior y las puertas de misterio que va abriendo.

No me pude ir sin mi descarada costumbre de tocar algo de lo que me llama. Creo que todos los museos del mundo deberían tener un apartado táctil, al menos para contentar a Mukali…jajajaj.

Me fui tanteando aquella imagen gigante…y era de imaginar el roce del pasto en las vegas de mi infancia, ese tacto que tan bien recuerdo de mi yo- niña y  que mi padre tan estupendamente se ocupó de desvelarme… sus botas, la siega, la tarde en mi espalda correteando las mieses.. ese ambiente que ya me quedó lejos y que los cuadros de Andrew y Jaime Wyeth consiguieron acercarme.

The Islander - Wyeth Jamie

 

Estendal con abas

Hace poco fui a uno de esos enormes almacenes chinos y tuve una experiencia conmovedora, que unida a mi archiconocida sensibilidad, generó en mí un estado de shock tal que ya,  ¡no soy la misma!.

Bueno, sabéis de sobra quienes os habéis movido por estos bazares, que se puede encontrar hasta leche de burra y con esta mentalidad (un tanto abierta y un tanto temible) iba yo en busca de un objeto cotidiano que me hacía mucha falta (no seáis mal pensad@s…) y que allí podría encontrar a un precio más o menos elegante.

Ni que decir tiene que yo en los chinos, me pierdo y me encanto. Así que cuando dispongo de algo de tiempo, me gusta entretenerme deleitándome con toda esa ingente cantidad de chorradas cosicosas que se puede encontrar en tan conocido lugar.

Voy a confesaros un secretillo. Es esta una costumbre que adquirí hace ya algunos años cuando me mandaron a trabajar a un pueblecito perdido de la civilización, de los interneses y de todo entretenimiento posible. Allí lo más divertido, como podéis deducir, era ir a los chinos. Y allí, evidentemente, me “envicié”. Quedaron por mi memoria claras reminiscencias de aquellos instantes sumisos y devotos, de aquellos lindos paseos por el bazar oriental…que  aún no lo he superado…y lo que pasa, bucle en conductas…que en eso soy la leche…jajaja.

En fin, no me enrollo ornamentando el post y paso a contaros…

La visita me dio para descubrir el nuevo plato chino (próximamente en restaurantes) con el que quedé algo aturdida y confusa. Os lo presento a continuación :

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Como veis, se llama Estendal com abas y creo que tiene la increíble novedad de ir acompañado de un estupendo curso practico sobre como tender la ropa con la rubia vestida de bávara, para que nos enseñe a  las mujeres, sobretodo a nosotras, como hacer para que las habas con tocinillo no se nos peguen al riñón.

Hay que tender y hay que comer. Eso está claro. Pero no de cualquier forma, señoritas. Prestad atención…

La clave está en el tendedero, de máxima resistencia (se especifica más abajo, por si alguna le diera por tumbarse encima en plan leona)  y una fotografía tamaño A3 de nuestra flamante tiabuenaamiga que nos muestra claramente como se han de tender los trapos vestida con ropilla de estar por casa.

La reflexión es, querid@s amig@s…EN TODOS LOS SITIOS SE CUECEN HABAS…porque ¿quien sabe? nunca se sabe si algún gato pardo desde el tejado pudiera estar observando. Por eso ella, consciente y sabedora, sale a tender la colada con su pelo divino, sus medias de novia de orquesta  y sus tacones de la muerte.  Son requerimientos de los que solo entienden las azoteas y …por supuesto ¡el estendal con abas!

¿Os atrevéis a probarlo?….yo ya tengo el mío.

 

 

 

 

 

Mala letra

 

En clase decían que tenía buena letra.

Los profesores, las compañeras, mis amigas intimas. Envidiaban esas grafías que aseguraban correspondían a mi persona y que yo, iba modelando a mi antojo como el que ve pasar los años a través de su mano.

Tenía buena letra, puede ser.

Tenía también un diario de Bon Jovi.

Uno de esos patéticos diarios con candado fácilmente conquistable por horquillas, en el que una chica escribe tonterías. Ni siquiera la letra del principio correspondía a la del final. Algo absolutamente descabellado. Parecía en verdad de dos personas completamente distintas.

Por aquellos días, escribiendo frases de adolescente egocéntrica sobre unas páginas, yo aún no era consciente del significado de los cambios…dimensión que solo ahora ,observando a través del corretear de  silabas, vocales y adjetivos, percibo con los matices requeridos de otra mujer digamos…más verbo.

Veinte años más tarde, permanezco postrada sobre la cama, adherida a un libro, con la manta y el silencio recomponiendo un cuerpo y entregando el relajo de unos ojos al paisaje.

Pauso la historia sobre la ventana.

La montaña, mi montaña, la naturaleza, mi naturaleza. El matiz de los posesivos. Ese talud  de malestar que me asegura cuanto de pasajero es todo, que mientras dura, nos quema,  nos duele y se expresa en rotundo…para luego volver a estamparnos con la otra esquina de la vida.

Parece increíble que sobre mis manos sostenga un libro llamado “Mala Letra”. Yo, la chica de las grafías mutables, la cambiante, la de la ternura abigarrada, el diamante en bruto. ¿En que momento dejé de escribir bien? ¿Cuando se torció el pulso y empecé a estropear la escritura?

 

Realmente lo hacía de forma equivocada. ¿Hay una única forma de hacerlo? Parece ser que sí. Y yo no gozaba de la virtud de coger el lapiz como se aconsejaba no beneficiando aquello al resultado ni la rapidez de los trazos. Así que la letra podía ser excelente pero no era funcional. Aunque quisieron corregirmelo seguí como creí que tenía que seguir, como en casi todo, a mi modo.

Años más tarde me dediqué a enseñar a niños a construir los cimientos de las letras, sin ser yo el ejemplo entre los ejemplos y topandome con las contradicciones que me iba enseñando la edad.

Aterrizo de nuevo en el libro. Paso páginas absolutamente convencida de la forma en que esta mujer con mala letra y yo compartimos cruces de rarezas, creencias, abismos de culpa. Me sorprende esa fría y distante escritura con  que consigue hipnotizarme a través del hilo de un cuento, que parece empeñado en enredarse con el siguiente y el siguiente con el siguiente, y así sucesivamente logrando lo que yo llamo “buena letra”.

Quiero que dure eternamente -pienso , mi fea costumbre de siempre, que el libro no se acabe, que la letra no se estropee, que siga erizandoseme la piel  sin importar el precio y que la belleza misma del instante no se exilie lejos de aquí.

Miro hacia la ventana. Otra vez. La luz sobre el alfeizar me asegura que no va a dejar de cambiar aunque yo la observe. Y lo acepto, dejo que el día fluya ante mis ojos y que mis ojos sigan teniendo aristas y brumas.

Ahora, justo ahora, guardo el libro en el cajón  y abrazo la almohada… siento esa paz inmemorial que me colma, paseo mi mano por el entredos de la lana, cierro los ojos -los silencio- y dormito este instante sabiendo que ha sido muy feliz.

Hablando de…

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La clase había comenzado  con un precipitar de letras populares,”La primavera la sangre altera” o “En abril, aguas mil”. Profundas como ellas solas.

Hablemos de comprensión, de lógica con niños de 5 años, aunque luego seamos nosotros los primeros en incumplirla. Adultos como nosotros solos.

 ¿Que es eso de alterar?– pregunto. ¿la primavera nos transforma? -añado.

Miran, piensan, siempre tienen algo rondando sus pequeños cerebritos…

Cambia los arboles, las flores, la hora, los días… dicen por ahí los más aventajados.

Y yo sigo dándoles ingredientes para pensar…

¿Y nosotros somos arboles, flores, horas y días? ¿formamos parte de ese todo?

Se que estoy pidiéndole peras al olmo y por otro lado se que la vida te da sorpresas.

Y me quedo en esto ultimo para confirmarme a mí misma porque me gusta tanto tirar del hilo.

Sus caras son pura filosofía

Y yo les extiendo las palabras precisas…

¿Creéis que en primavera estamos más…alegres… más  locos…más sensibles…nos enamoramos más fácilmente?… 

Y salen las risas de las niñas…jijijiji. Yo también me río de sus ojos al oír la palabra mágica “enamorarse”. Es como un cuento del que han oído hablar una y mil veces, pero del que siempre tienen ganas de más.

Annia se atreve y añade una emoción: Seño, yo estoy enamorada de Irene. Es mi novia.

Irene y Annia siempre sentadas como dos siamesas. Las eternas amigas. Pero hay una que absorbe a la otra y es la misma que ha pronunciado la frase que desatará la polémica.

  • Dos niñas no pueden ser novias – dice Javier contundente.

Dos niñas claro que no, pero dos mujeres sí ¿verdad Javier?- pregunto, sabiendo que refutará mis argumentos.

  • Tampoco. Ni dos hombres. Solo mujer y hombre.

Vaya! ¿eso quien lo dice?

  • Mi padre.

Y los dejo hablar entre las aguas revueltas. Hay opiniones enfrentadas, debate sostenido, me gusta que tomen sus propios pareceres -mientras parezco desaparecer-. Adoro  que participen con el bagaje que les haya tocado por azar,  ese tú a tú tan heterogéneo que se  alargará toda una vida.

Somos materia compartida y lo van descubriendo. El tiempo llegará a sacudir las certezas, que  estarán siempre moviéndose, como las estaciones, al igual que las ideas… hojas que van muriendo y renaciendo día a día…nada solido que dejar bajo la tierra firme de la contundencia.

  • Si, si que pueden. En la tele salen. Y se dan besos.- dice Andrea añadiendo pruebas.

Y todo es serio…van usando la lógica… van poniéndole palabras al aprendizaje.. van utilizando los sentidos y la razón ante lo que solo creen intuir… Todo tan adulto… que hasta da miedo.

  • Pues mi padre dice que dos hombres si que pueden ser novios, se les llama “quejicas”

¿Como? la risa estaba a punto de tomarme: … la palabra confundida y la inocencia tan bella de la edad. El aire de la infancia moviendo el tenderete prohibido de ropa interior.

No, no, quejicas no son. – les aclaro. Solo son dos hombres que se quieren.

Me parece que ya tendrán tiempo de aprender las palabras extrañas que- como adultos- nos hemos inventado  para clasificar lo diferente.

Y nos quedamos hablando de como es eso de querer a la persona, en amplitud, obviando todo tipo de convencionalismo impuesto. Creo que lo entienden a su modo de entender, se trata de abrir un poco más la mirada, de seguir recorriendo.

Para finalizar les pido un dibujo que  sugiriera los refranes trabajados. Dibujar es otra forma de pensamiento, otra manera de expresar lo abstracto.

Solo ha empezado la mañana, pero me sorprenden dos enamorados felices compartiendo paraguas bajo la lluvia, envueltos en un gran corazón.

Tal vez una buena explicación del amor sea esa, el dibujo de un niño que sigue siendo posible  en la definición de un adulto. Una forma de toparnos con la idea de que, en esencia, lo reconocemos y no pasa el tiempo sobre la consciencia y vitalidad del sentimiento.

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RINCONES SECRETOS

 

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  • Cierra los ojos y piensa en un momento de tu vida realmente bello ¿lo ves?
  • Si, sí, lo veo en mis recuerdos.
  • Ahora coge el brazo derecho, estíralo lentamente… hasta donde llegues, como si quisieras atrapar con la punta de tus dedos ese tiempo ¿lo tienes?
  • Sí,si, lo tengo…entre mis garras…jijiji.
  • Pues cierra el puño y llévatelo hasta el corazón, con fuerza.
  • Ahí está junto a mis latidos, ¡que bien!.
  • Ahora abre los ojos. ¿Que tal te sientes?

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  • Vale, haz todo lo contrario: visualiza un momento de tu vida francamente horrible, de esos que desearías borrar para siempre y no puedes ¿lo tienes?
  • Lo tengo.
  • Coge tus dedos pulgar e indice y júntalos como si quisieras indicar que algo es muy pequeño.
  • ¿Como si entre ellos hubiera un guisante imaginario?.
  • Jajajaja…sí, así. Ahora vuelve a cerrar los ojos y coloca tus dedos indice y pulgar en esa misma posición sobre tu frente.
  • Parecerá que no tengo ni dos dedos de frente…jajajaj
  • Justo así, déjalos ahí, visualiza el mal recuerdo y ahora aleja los dedos de la frente muy lento, sin abrir los ojos… abre la mano y suéltalo. ¿Que tal te sientes?

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  • Tengo un lugar secreto que no conoce nadie.
  • Uy! me muero de curiosidad…cuenta, cuenta.
  • Es el lugar al que me voy cuando estoy triste, cuando me siento incomprendido, solo, dolido, desorientado o puteado.
  • Me va a gustar conocerlo.
  • Es una isla desierta, paradisíaca, inhabitada…
  • Oye, tu si que sabes escaparte a lo grande…
  • No creas, escucha… es una isla con multitud de peligros. Desde el mar vienen frentes,
  • ¿frentes? ¿Te refieres a enemigos?
  • Si, escuadrones, indígenas, olas, a veces simplemente fenómenos atmosféricos extremos.
  • Jo, pues no se como te relajas ahí con toda esa pesca…
  • Tras el mar hay una colina, un bosque que asciende hasta una cima y allí está mi bunker.
  • ¿No me digas? Un bunker como en perdidos….te has fijado!
  • Si, si…pero el mío es tres veces mejor. Atenta. Como está en alto goza del privilegio de tener la mejor visión de la isla, nada podrá pasarme desde la cima en donde yo soy el rey.
  • Vaya, vaya… lo tienes estudiadísimo.
  • Mucho. Fíjate, según el grado de agobio que tenga, dispongo de recortadas o no, para sentirme más seguro….
  • Jajajajajaj… el rey del mambo, si señor. Oye, ¿y me puedes llevar a tu bunker? me han dado ganas de asaltarlo…
  • Nunca he llevado a nadie allí… compréndelo.
  • ¡Oye! yo no soy nadie…yo soy una chica y estoy deseando que hagas algo que nunca hayas hecho…
  • Ya te he contado mi secreto, flamenca.
  • Ea, pues a la próxima me cuentas otro mejor: como flamenqueamos en el bunker…
  • jajajajaj…
  • Jajajaja….

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  • ¿ Sabes que historia guardan los gestos que te mostré al principio?
  • No, imagino que será alguna técnica psicológica contra el estrés.
  • ¡Que va!. Al parecer se ha descubierto que montones de personas han coincidido en hacerlo a lo largo del mundo, como algo innato cuando atraviesan periodos difíciles.
  • ¿Si?…¡no somos tan únicos como a veces creemos!.
  • ¡Claro que no! Igual que todo está escrito, si nos juntaran a los humanos en un montón, no escaparíamos de unas cuatro personalidades diferenciadas.
  • ¿Eso crees?
  •  Bueno, yo no lo creo…me lo dijo una persona que sabía del asunto y me hizo reflexionar, pero me niego a creerlo tal vez por orgullo propio…jajaja.
  • Que somos diferentes es una evidencia, que no pueden meternos en 4 tarros diferentes también, que tenemos orgullo… cierto, …
  • ¿Ves? vamos acotando los limites de las diferencias para llegar a las similitudes.
  • ….o al bunker.
  • ¿Aun no lo has olvidado?
  • ¡Aun no!…jajajajaja.
  • Jajajaja.

 

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JUEGOS Y TRAMPAS MENTALES

 

Había ido al museo a ver la exposición de Cartier Bresson. Él la seguía muy de cerca, ensimismado en los bocados de instantes que – con tanto talento- el fotógrafo había conseguido inmortalizar.

Todo parecía normal, una pareja viendo una exposición de fotografía… pero tenía su aliciente.

En la puerta habían ideado un juego. Bueno, según escuché, lo había pensado ella. Le encantaba jugar. Eso se veía en la mera forma de interactuar, no eran la simple pareja convencional.

El juego consistía en que cada cual (a su manera de entender y conocer al otro) tenía que adivinar la fotografía preferida de su compañero/a tras finalizar la visita.

– Es una bobada – dijo ella- pero hará que veamos las imágenes bajo dos puntos de vista, sin centrarnos precisamente en el nuestro. Hará más interesante el recorrido.

– Me parece curioso – añadió él- solo que ya sabes, ganaré yo.

– ¿Ah, sí?¡¡es verdad!! olvidaba que eres competitivo al máximo…

Rieron, les escuché la risa no solo de oídas, sino en lo inevitable de los gestos y  las miradas….en como iban recorriendo los pasillos, las salas y las antesalas del edificio. Tenían algo que me cautivó rapidamente y decidí unirme a su recorrido. Les seguí a todas partes, intentando elegir yo misma mi propio cuadro, pero ellos ni se enteraron. Andaban ocupados estudiándose el uno al otro.

A la salida traté de sentarme cerca para contrastar mi visión con las suyas. Estaba muerta de curiosidad.

La chica fue la primera en querer mostrar su parecer. Habló de una imagen de un desnudo y un río, yo la había retenido en mi cabeza, como esos recuerdos que amarras y son insalvables… me recordó la tarde de verano en que Rafa y yo fuimos al manaltial de la sierra. El calor aún asomaba timido y nos bañamos desnudos donde nacía el arroyo. El dijo que yo tenía cuerpo de pez porque me resbalaba de sus brazos como la espuma. Jugamos a aguantar bajo el agua cuando no nos daba pánico bucearnos. Entonces aún creía que el río no se estancaría, que permanecería transparente y juguetón eternamente.

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Al volver a la realidad, tuve la sensación de necesitar aire. Escuché, hablaba él. Se mostraba confiado en que la imagen favorita de ella sería la de una mujer que entre pájaros subía unas escaleras. “Sigues dandole escalones al dolor”- dijo un hombre convencido de saberla. Pero ella puso cara de extrañeza.

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Estar en la cabeza de otro/a, adivinar sus preferencias.¡Que cosa tan dificil!. Era aquel un juego conocido para mí…complejo y obvio, curioso y obtuso. Tantas veces desgastante. Pensé lo terriblemente desconocido que resulta ese territorio de vestigios para nosotros mismos…como para además adentrarnos en los pensamientos y motivaciones de otros. Siempre nos estaremos equivocando, parece algo lógico ¿porque lo seguimos jugando?.

Eso era lo que yo pensaba, pero para ellos era algo divertido  con lo que pasar la mañana, sin otro animo que el del entretenimiento.

Me fui pensando en la imagen que yo misma había elegido, la de la chica en la barca…¿Que podía añadir de mí? tal vez una tristeza habitada por la experiencia y el estado de animo que entonces me invadía. La pareja me había hecho recordar la inevitable soledad regida por la desconfianza y el concepto que me había quedado del amor: un sentimiento al que solo le veía trampa y red.

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Pensé…solo es un pensamiento…no eres tu, solo es eso que aún acude a tí , para atraparte…respira y deja que te pase… y eché esas palabras lentamente, una a una, como si no llevaran ninguna letra de mi nombre.

Cuando me cuesta encontrar esa paz  tan necesaria, imagino que vuelo hacia las nubes y me voy alejando lentamente de ese prado de plantas carnívoras que son mis ideas .

Ya en casa, más relajada, intenté pensar detenidamente en los hechos, de forma objetiva. Había seguido a esos dos porque me era visible que el amor sigue existiendo, incluso donde menos lo buscamos. Todavía me quedaba fe para reconocer que se hallaba en algún lugar entre la risa, el juego y la complicidad.

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