Archivos Mensuales: octubre 2014

COSAS DE V. 1: Mamá.

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Hola gente!!! 

Mi nombre en pequeño es V. y todos dicen que soy el gamberrete de mi casa. Ea! ya me han colgado el San Benito…y como yo no puedo andar calladito ( ni quietecito) vengo aquí para defenderme. ¿Que pensaban?¿ No os parece una autentica osadía a mi carita de niño bueno e inocente? ¿si aún no he dicho la palabra “mamá”?….y hablando de la reina de Roma. De ella -y de su trato conmigo- es de quien os vengo a contar.

 

Mi mami anda todo el día comprometiendome, probandome, chinchandome. Ella le llama a eso “jugar” pero no sabe que yo me canso y que lo que es aún más cierto, solo entro en su juego para conseguir mis objetivos. Mi intención no es otra que ella ande todo el día con sus ojitos puestos en mí y no en mi hermanito, el tranquilo J. Quiero su atención constante porque ello me surte de besitos, arrumacos, comida….en definitiva andar como un rey todo el día en sus bracitos. Porque no os lo voy a negar, mi mami es tentación para mí y yo lucho constantemente por conseguir sus atenciones.

 

Al principio, cuando nací (y no tenía yo muy estudiado el terreno) lloraba al estilo lagrimas de cocodrilo. Me quejaba (y de primeras) ¡oye! me funcionaba a la perfección. Decían que lloraba como un gatillo-chotillo….no se que será eso, pero seguro me estaban insultando. Luego mi mami es lista y se aprendió pronto mi truco. Aquello me descolocó. J. me estaba acaparando terreno, escaldaba peldaños en las atenciones de mi objetivo: mamá y yo ahí llorisqueandola, que encima llorar gasta mucha energía. Ni engordaba ni ná….esfuerzos y más esfuerzos, todos baldíos…mientras mi hermano glotoneando y con ella al lado riendole la gracia. Aquello no podía seguir así.

 

Hasta que un día, amiguitos míos, descubrí el poder de una sonrisa. Yo veía que mi mami me hablaba y despues hacía una cosa con la boca y sus ojos se le cerraban un poquito y le salían arrugas… al principio no lo entendí…pero despues aprendí a imitarla. El día que lo conseguí mamá quedó enbobada. Creo que hizo unas 40 fotos en su telefono captando mi sonrisa, que tengo que anticiparos: me salió de cine. Tras aquello empecé a tenerla en el bote.

 

Decía que tenía sonrisa de león porque abría mucho la boca y  mis ojillos entonces parecían dos medias lunas….No se que serían todas aquellas comparativas, pero por su gesto, creo que me estaba elogiando….

Empecé a ir por el camino que yo pretendía y todo con una simple sonrisa: ¡qué maravilla!. 

Ahora que he descubierto su talón de aquiles, tambien reconozco que toda ella tiene sus limitaciones y ahí tengo que volver a echar mano de mi recurso llorón si quiero hacerme de nuevo con el poder.

Y es que mi mami sino no se entera. Os explico….

 

Por la noche, cuando ya he disfrutado yo de mi cuna, pongo en marcha el disco número 1, que es el de llorar levemente. Ese me funciona bien en el silencio de la madrugada cuando ellos duermen. En poco viene alguno, le sigo cantando, me pone el chupe, lo escupo y sigo…y tras unas cuantas veces – que no suelen ser muchas porque los canso rápido- al fin ella se rinde y dice: “bahhhhh, mételo aquí”. Y allí me voy yo, todo campante, a lo calentito de la cama de mis papis, con la nariz pegada al cuerpo de mi mama, para que pueda olerla y tenerla bien cerquita. Es el momento más mejor de mi nuevo día y duermo placidamente hasta que el sol aparece.

 

Por la mañana, mamá coge a J. y jugamos los tres en la cama. Reimos. Pero estas sonrisas me salen sin querer. Son de esas, inevitables. 

Como cuando nos bañamos juntos en la bañera… o cuando bailamos… o cuando me canta… o cuando me saca a pasear… o cuando me da para chupar de eso que ella come y le llama “pera”. 

 

Mi mami es única aunque a veces me saca de quicio y tengo que ponerle el disco número 2, que es el de llorar a tope para que me escuche y me mime. Esto ocurre casi todas las mañanas, tras desayunar y jugar juntos en la cama. Yo me quiero bajar al salón, a mi ventana de sol… con mi hamaquita que mece y suena…, no todo el mundo tiene estos privilegios, oye¡¡¡¡ y yo quiero echarme la primera siesta de mi día en estas calidades…. pues bien, ella se pone a arreglar la habitación- dice. ¿y eso para que? ¿hacer una cama para luego desacerla otra vez?. Mi mami es rara.  

 

Tampoco aguanto sus momentitos espejo, echandose no se cuantos potingues extraños, eligiendo su ropa, que a veces se le va una eternidad¡¡¡. Y me deja a mí allí supervisando no se que, en la cuna con mi osito mirando el techo. Pues me aburro. Y el tonticola de mi hermano, se duerme, pero yo me aburro y me aburro…y entonces escupo chupete y a cantar.

 

Quiero a mi mamá pero a veces me hace “jugarretas”. El otro día me llevó a un lugar muy feo. La gente de allí vestía de blanco y aunque me hablaron amables y con sonrisas, luego me pincharon tres cosas en mis piernecitas y lloré mucho.  Mamá me abrazó mucho y yo la sentía triste, pero aún no entiendo porque me llevó a ese sitio tan requetefeo. No quiero volver más nunca. 

 

A pesar del percance, sigo sonriendo y ahora todos dicen que duermo más….pero naaaaaaaaaaaa, en realidad lo hago con un ojo abierto, para seguir supervisandolo todo y sobre todos a ella: mi MAMA.

 

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Sí a la diferencia, No a la unanimidad.

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Ser madre de mellizos es un ejercicio de tolerancia total. De por sí sabemos que cada ser humano,  cada bebé es diferente pero cuando dos niños nacen juntos la sociedad en general tiende a querer unanimizarlos. No es solo una cuestión de vestimenta, la moda  ahora tan fashion  de vestir a los hijos iguales… es además la comparativa continua en cada cosa que hacen, es un querer aplicar los mismos métodos -craso error-, es equiparar sistematicamente lo que de por sí ya nace diferente.

Cuando tienes dos hijos a la vez y los crías al mismo tiempo es cuando realmente de das cuenta de que cada uno de nosotros tenemos una identidad particular, unos gestos que nos definen, un caracter que nos hace, unos ojos, risas o miedos tan particulares y nuestros que han de ser defendidos desde el primer minuto en que venimos al mundo.

Cada mañana, tarde o noche, cuando interactúo con ellos,  trato de grabarme a fuego este mensaje. No quiero que se me olvide, no quiero cometer un desliz tan fácil. Tener la parejita da pie a etiquetas continuas por parte del entorno: familiares, amigos……..a veces incluso nosotros mismos sin darnos cuenta: cuando vemos que uno come más que otro, que llora más, que rie, o que adopta patrones distintos.

Recuerdo que cuando nacieron,  J. salió llorando sin consuelo y no cesó  hasta que yo no llegué a la sala de postpartos y estuvo en mis brazos. Nada más entrar todos dijeron: Este es el más llorón. Preparate. No para. Recuerdo que les dije: ya me lo vais a bautizar? pronto empezamos!!!. Se rieron. Etiquetar es fácil, pero no conveniente.

Pues bien, resulta que J. no llora más que V., a decir verdad, apenas llora. Seguramente reaccionó asi por miedo cuando salió ayudado de una ventosa, instrumento que V. no necesitó.

Pero como dice la frase: las comparaciones son odiosas…Y que razón.  Todos somos diferentes y debemos ser aceptados bajo esa condición. Las comparativas solo sirven para frenar el desarrollo personal del individuo, restandole la capacidad única de hacer cada cosa.

Lo que ocurrió aquel día solo es un ejemplo pero constantemente escucho frases de este tipo. Nadie se plantea que dos hijos, nacidos de embarazos  y partos diferentes, sean totalmente desiguales…¿porque cuesta tanto asumir esto cuando se trata de mellizos o gemelos?. Por estar en el mismo vientre 9 meses no saldrán clones…ni en los casos de gemelos más identicos.

Mis hijos no se parecen en casi nada, ..lo único que los iguala es ese color de ojos azul grisaceo  ….y que nacieron un 6 de agosto, pero para de contar. Por lo demás son como el día y la noche, como el sol y la luna, como el blanco y el negro. Y asi quiero que sigan. Cada uno de nosotros somos únicos, diamantes por pulir con diferentes colores y brillos. Miedo me da tanta igualdad encubierta. Por eso, mientras pueda los vestiré diferentes y se que los mismos métodos no generarán los mismos resultaddos…eso de los crías de una vez no es del todo cierto…cada uno de nosotros requerimos un tiempo y unas formas distintas. Lo bueno de que resulten tan distintos y sean dos es que te das cuenta de que aspectos son genéticas y no puedes cambiar y que otros sí. Verlos evolucionar al mismo tiempo y de forma tan dispar ayuda a no sentirse culpable por cosas que con un solo hijo nos preocuparían.

Me gusta la diferencia de mi par de pitufos, y procuro que esta evaluación tasante esté lo menos presente posible, sin ser freno para que puedan ser ellos mismos siempre. una batalla que- desde ya se-  tendré que librar muchos años.

La realidad pasa por aceptarlos tal cual son, con sus cosas buenas y malas…porque ninguno es mejor que otro y lo que V. tiene de llorón ( o quejica)  tambien lo tiene de cómico, gracioso o pequeño terremoto. Sus caras y hazañas son de élite… y no resulta ser muy risueño, pero cuando enciende su sonrisa (enorme) lo ilumina todo. Le encanta la variedad, cambiar constantemente de plan, todo lo que cubra su nervio lo acoge con buen humor. Salir a pasear en coche o en carrito , balancearse en su hamaca de música, bailar conmigo, ver mundo, que lo cojan distintos brazos…Es un gamberrete que se las sabe todas. Cuando comienza a amanecer, aunque no tenga hambre, llora desde su cuna. Ya lo ha aprendido y no falla. Yo lo cojo y lo meto en mi cama, pegadito a mí, y entonces le sobran todos los chupetes del mundo entero. Es una sensación de paz inmensa…una compañía sin la cual ya no podría imaginar mis días. Cierto es que tiene ya mil nombres que lo definen, cosas de mamá y sus gracias. Y tambien es verdad que eso de ser el más pezqueñin en tamaño tiene sus pequeños privilegios.

J., en cambio es J. y es tranquilidad, y seriedad personificada y una madurez temprana que me alucina. Es tierno y sensible, mirarlo a la cara es ver paz porque tiene un gesto dulce y noble. Come con habilidad y duerme profundamente. Conquista al personal porque sus ojos chinitos y brillantes mirandote  atentos, son la locura. Toda novedad le causa recelo, es asustón y observador nato y como buen tranquilo adora el medio que conoce. Le encanta la musica, descubrimiento que me tiene enganchada porque ejerce un efecto tan poderoso que lo mantienen en el más absoluto silencio mientras dura .. Mamá le dice “chinito muchamarcha” por esto y por sus rabietas, raras pero temibles… Papá le llama “puchericos” porque sabe hacer mohines que ablandan hasta el corazón más duro ….seguro que luego utilizará este arma para manipularnos vilmente.

Y así son ellos. Un puñado de diferencias. Mis dos amores.

Ni siquiera en el guapo son comparables. Yo, sinceramente, no sabría cual elegir.

Pero pensandolo bien…¿Para qué elegir?

 

 

Y ahora para darle un toque de humor al post, que veo me ha quedado algo serio, os propongo un juego-concurso… a ver quien me acierta estas dos películas.

Venga, animaos que es muy fácil.

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