Archivo de la categoría: Poesía

El concierto de esa noche

A ti, que tiñes las cuatro esquinas de este cuarto

que fuiste mía y luego… ¡no recuerdo si derrota u olvido!,

vuela lejos donde yo no te encuentre

deja de posarte sobre este árbol viejo

y hacer de su sombra lúgubre, tu cuna.

***

A tí, que has sido niña, mujer y luego madre, 

que has ido al lugar donde nunca volver,

donde la madrugada todavía exige y derrama estrellas

olvida lo que viste en el espejo de las cien noches

los rostros que te abrumaron y aún gritan, 

los astros que como mil llamas vistes arder,

el concierto de ese otro mundo.

**

A tí, que te vestiste con harapos de ceniza

e hiciste de tu ser un cuerpo impenetrable

deja que el sol cuele sus horas y joyas,

que como un bálsamo entre al cristal,

vaya a tí y luego vuelva en su incansable oportunidad,

posándose desde las arrugas hasta el infinito:

de repente, tu desnudez

**

¡deja el alma tranquila sobre la cama deshecha!

y que el cielo azul revele la soledad

que dejaron tus brumas.

 

A tí, Tierra.

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Ya, ya se me cierran los ojos.

Ya, ya se me duermen las manos.

A hombros llevo el cansancio de nuestro encuentro

Y mis oídos todavía tararean tus silencios.

Mecías la ausencia entre fardos y frutos

y a tí me agarraba yo,

con la calma del lento hacer,

escurriendo el sudor por tus hileras

cantando al sol las fortunas del pan

trepando tu tierra bondadosa

(luz de trinchera y sabiduría)

que ha forjado mis años y  raíces

con los caprichos de tu siembra.

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Miradas

 

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Si abro el objetivo,

veo una muralla al fondo,

un par de miradas acercándose a ella, no más.

 

No os equivoquéis, que las miradas,

me dijeron que engañan.

El objetivo es tan mentiroso como la pupila,

un truhan capaz de guiñar con el mismo arte del ojo,

un mundo lleno concentraciones pequeñas,

con esencias de historias, desafíos y atisbos,

… y con todo y eso que lo hace tan particular,

encuentro ojos que entre pasos, se encuentran.

 

Me detendré a analizar la azarosa dirección de esa pareja,

la que transitaba por los alrededores de la Muralla

con andares inquietos,

engañando a los siempre contaminados ojos de la obviedad.

El sol aún esta alto para dibujar sombras– iba diciendo ella

los verdes  ya no se ciernen sobre la pupila – aseguraba él

el metódico delirio de las estaciones les era cómplice

¡qué curioso!

hasta la incoherencia de las bombillas

como ideas sueltas que nacen de la escritura traviesa.

 

Más adelante,

casi tentando los pies de la roca,

se halla escrita sobre resina la historia de un guerrero inmortal

Pero ella todavía es joven  para leer más allá de la espesura,

del boscaje que manejan las miradas a su antojo.

Tan solo su alma,

enraizada ahora a la poesía,

le hará contemplar con ternura

los desalojos del tiempo,

esos imperceptibles saqueos que va dejando a su paso cada invierno.

 

Capitán en mares revueltos

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A media tarde, con paso veloz y zapato gastado, bebía los sueños, bajo la mirada silente de mi madre; luego, ella desistía un momento y yo desataba el cordel que minuciosamente nos ataba, para perderme del rabillo de su dedo y capitanear el barco.

A lo lejos, se distinguían islotes, montañas e hileras de árboles jóvenes sobre un cielo impecable de verano; horizontes que ella, ahíta de calma, trataba de atesorar mientras surcábamos un mar de entelequia.

Y que podía hacer, sino dejarme hacer en sus brazos, tenderme al deseo de aquella caricia de modelaje  y perderme en la música -por extensión- de sus tres últimas lágrimas. Si acaso, despistarme un segundo  mirando la mariposa de altos vuelos o inquieto estudiar el frágil motor de una libélula, que mi madre no viese que me había dado cuenta de aquel minúsculo sonido que- cuando se aleja- produce la tempestad.

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Tan de prestado

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Tan de prestado se torna la noche,

implacable, fugaz, 

desnuda de toda suerte y calma,

con su reguero de sueños incumplidos

derramados como  sangre por la calzada siniestra,

vistiendo su hado negro

y su fatalidad entre los silencios.

***

Tan de prestado se vuelve la noche

cuando  en picado cae sobre nosotros

¡la noticia de esta maldita noche!

Y nos burla con ojos de oscuridad hipnotizante

haciendo realidad su pesadilla de albur,

…y sus lineas discontinuas,

…y su asfalto gris maloliente,

su última rubrica en el manuscrito llamado vida

firmado a sentencia y sin permisos.

***

Tan de prestado baila ante nuestros ojos 

la estupefacción tendída sobre la vía,

las luces destellantes,

el no te vayas,

el hálito de la ausencia,

el reloj parado,

la percepción de las estrellas,

la gravedad del abismo.

***

Tan de prestado grita la noche,

¿quien sino iba a amedrentar nuestros cuerpos?

¿quien sino iba a hacernos temer su voz déspota y quebrada?

Y  entre tanto,

nos vamos despojando de harapos

¡tanta cotidianidad!,

la cordura,  las prisas, rutinas de reloj…

¿Que importa ya nada si solo somos pasajeros de lo transitorio?

Nada representan ya la culpa o los errores,

más que migajas.

Nada los problemas que tanto nos desalentaron

con sus envases vacíos de nada.

***

Tan de prestado se va fugando la noche,

con su hazaña de dolor y mugre

entre las arenas,

obligándonos a mirar al sol en medio de tanta ruina,

tasando cada  nuevo amanecer como oro incierto,

y ya no nos despista,

ya no nos despista,

¡ya no más esta maldita noche!.

***

Pirata de ojos azules

 

Hay un pirata de ojos azules que se pasea por la orilla de mi casa.

Es un pirata pequeño, travieso, de ingenio dominante,

con el mar arremolinado en su pupila

y un barco de sueños por hilar.

A su corta edad ya ha conocido el sinsabor de las alturas,

las mieles del peligro,

las batas blancas.

Observo su cicatriz en la frente,

ondeando su piel como una basta línea de fuego.

La beso como al tesoro,

mientras señala con el dedo

y de su boca se escapa una tormenta… “pupa”.

Luego se esfuma de entre mis brazos,

como las olas,

que van y vienen para buscarme,

traviesa risa de espuma que  me salpica lo más hondo,

invitándome de nuevo a su juego de huellas, mapa y arena.

Trópico de Cáncer

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Los días invisibles,

los precisos instantes

en que tu sombra desaparece

esos cubículos transparentes llenos

de segundos en que no estas…

dime, ¿ donde vas derramando ese tiempo?

Está en un cajón-

 como todo lo tuyo,

amontonado entre el perfume de tus cosas.

Mas tarde he adivinado que hacías.

no era un día cualquiera

leías castillos de cartón,

con la primera luz del alba

sobre la cama que nos vió nacer.

Temo a tus silencios tanto como la muerte.

Pero esta vez abrí la ventana,

para verte

y yacías más cerca de la plenitud.

Pensé que tu júbilo tenía olor a  fruta fresca y exabrupto

te ví en la estela de los aviones,

en sus carreteras de cielo azul,

luchando contra mariposas negras

y hasta matando el tiempo a golpe de nados

mientras se desmoronaban las horas entre los claveles.

Era un tiempo que no conducía a ninguna parte,

en el que yo me iba volviendo más niño

y tú más incrédula.

Era el sol un reguero fertil

con lluvia favorable

que iba mojando tu cuerpo de promesas

tendidas a la contingencia del futuro.

Era tu mirada una caja de sueños,

concentrabas en tus pupilas

estaciones,

que pasaban deprisa

alternando vientos difíciles con otros  más suaves

un aire al que yo me sujetaba con las uñas enterradas.

Te recordé en el transcurrir del año,

abandonando a todas las que fuistes

con tu reguero de remolinos amarillos,

mientras cocinabas con ponzoña tus pasteles.

Eras como un sendero,

largo, indefinido, abrupto,…

súbías, bajabas, serpenteabas, te angostabas,

para acabar finalmente en campo abierto.

Eras como la claridad del meridiano

y la inundación del trópico

como mi número impar,

 siempre colocado en la mitad de mi circunferencia.

 

Junio, en el pueblo

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Junio huele a campo seco en el pueblo.

En la colina las yeguas

pastan entre las  mieses.

Sobre la montaña,

 los cortijos

pintan ruina y soledad,

Y los campos

ya van tostando sus hierbas

al antojo de un sol de justicia.

*

Junio corretea travieso e indescifrable

por los empedrados de esta villa.

Entre la boca de sus laderas va

 dejando  huellas de sandalias,

asentando raíces bajo las sierpes de mi memoria

devolviéndome al candor de sus antiguos rincones:

He aquí :

la parra que engalana la vieja fachada,

 he allí:

los corros de hombres charlatanes

sabedores del mundo y corredores del chisme.

 En la antigua plazuela,

la fe y la infancia

tienen sus habitáculos reservados.

Mas allá,

 la vereda del arroyo

guarda premio al combate

del transeúnte incansable.

*

Tiene el pueblo un alma

que resta astillas,

me hace tornar al paladar de lo intacto

Mis oídos  abrazan una música de elementos..

 mientras vacilo versos

con la tinta naranja del ocaso.

Sentada en el canto del río

Escuché como decías…

“No manches, no toques, no hagas, no seas…”

Yo caminaba una a una mis culpas

el hedor del fracaso,

escondido dentro de mis zapatos

 los abismos parecían inmortales y ruidosos

en medio del silencio de las calles.

*

Es tarde. 

Es Junio.

Ya no me detengo.

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Video que merece la pena ver, si teneis 2 minutitos y os apasiona la montaña.

Es de mi gran amigo Fer, hace cosas alucinantes con su drone y el paisaje.

¡DISFRUTAD DEL FINDE!

 

 

ANATOMÍA DEL VESTIDO

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En el taller de los vestidos andaluces

Las mujeres cosen despreocupadas,

Cortan hilachos y mantean las telas

Abstraídas en la conversación.

Yo las escucho y en sus palabras

Hay un deje de humor y  picardía que me llama.

Hablan de hombres y los hombres

Suelen salir mal parados.

Pero todas los precisan 

Y al volver al nido

buscan el calor de esa lumbre.

Como si se las hubiese enseñado a necesitar

Y fueran malas costureras en ese arte.

Pespuntean los tejidos que otras mujeres lucirán

Con el encanto obsequiado,

Imaginarán sus conquistas y  amantes,

Cuchicheando pasiones y perfidias

Mientras ellas siguen cosiendo.

Observo como los retales se amontonan

Por toda la habitación…

Dejando los suelos llenos de esa mugre colorida,

Que a mi me gusta mirar.

Y me pregunto porque detengo ahí los ojos,

Como una lechuza.

Me embelesa mirar  lo que ellas ya no miran,

O imagino un vestido hecho con despojos,

estampados sueños y lunares salpicados

Capas, gasas, cremalleras, un volante, cualquier cosa.

Los vestidos, ¡Ay!

¡Esos ajuares que prometen la caricia!.

El mío juro que será otra cosa,

Apenas semejante al verano y la bruma,

Prenderá con la ilusión, desde la espalda,

Y acabará por los pies, con las ganas.

Una piel más allá de la que conocí

Más profunda, menos vacía…

carente de  hilvanes lacios,

Capaz de ser valiente y hacer de la caída un vuelo.

Ahora la muchacha  mide mi cadera  y apunta.

No soy más que otro cuerpo,

Pero lo importante es lo que soy para mí.

En ese sentido avancé ya mucho.

Solo es una tela,

al igual que un exterior.

A veces nos hacemos

regalos al batallar entre la congoja.

Y es bueno.

He aprendido a mirarme desnuda,

Por los espejos,

también aquí, en el taller,…mientras me prueban,

percibo los anhelos queriendose vestir de color

Cada vez más cerca de  la correspondencia adecuada.

Ya empiezo a verme,

transparente, inocua, mansa

Ya empiezo a escuchar el alma sin el alarido gris de la fiera…

Y para cuando acaben, … algo llevaré al salir.

No un vestido cualquiera,

Fíjate bien, no la misma mujer.

Juan I. Salmerón
Foto de J.I. Salmerón del blog PlumayLuz 

 

Madera, humedad, fuego.

Soy de madera

como el cuento del mentiroso

o las puertas en la noche.

Y yo. Otra intraspasable más.

Carne de rincones atrancados.

Van y vienen, los cerrojos, la textura embrutecida,

alocada y abrupta,

tras el umbral ,del quicio, del borde…

Ella

y los huecos de la carcoma,

con la piel cosida a la corteza

y el perfil de su oquedad…

que se queda ahí suspendida,

sin atisbarse siquiera,

un vacío sin horizonte…

Termitas insaciables drenan su sabia luz…

y su savia liquida.

Igualmente.

No atiende a razones.

Esta bien así.

Ronronea la certeza de la ignorancia.

Cierro, abro, la dejo pasar sin más dilación.

Amarga su guiño,

el moho,

el olor en los huesos de ella,

Asusta ir al bosque de su mano,

esos dedos frios  solo pueden presagiar desgracias,

y me tiran despacio, como tallando mis modos,

o domando a los monstruos.

¡Perverso teatro de serrín y astillas!,

se apodera despacio del sendero,

Hojas amarillas mueren en luz.

Corre, apresúrate,

lloverá en breve sobre las grietas.

Y nos mojaremos como las criaturas que gorjean en la noche,

con sus hondos ojos azules,

batiendo las alas y moviendo el follaje,

allá arriba, sobre nuestras cabezas,

sobre los brazos de nuestra madre.

El corazón se desquicia y aún agarra mi mano con más furia.

Conduciéndome hacia los graznidos,

voces que quieren quebrar el pulso.

 

 

La humedad se cuela ¡tan despacio!

se expande como el humo de la madera cuando arde…

nuestra carrera  es diligente,

los pasos, veloces como la chispa,

vamos firmando una ciénaga de huellas sobre el lodozal..

Pero nadamos. Nadamos como el pez colosal..

El pez de madera, si acaso. La fabula.

Seguimos hacia delante. Hacia no se sabe donde.

Abajo los helechos intentan atrapar nuestros dedos.

Quiebran las fuentes en la hondura del bosque.

Donde sigue advirtiendo, una y otra vez…

Date prisa o nunca más podremos arder.