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Botas y caminos

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Hoy me pregunto cuanto saben de caminos estas botas.
Diculpad, por meteros en el barro.- les digo.
Estáis hechas de sueños y yo lo se. A veces -al calzarlas- siento como me enquistan  ilusiones convirtiéndolas en piedras.
Las miro un poco más, dicen que los sueños son capaces de abrigar el trayecto y  es entonces, bajo esa certidumbre, que ellas se acolchan y me guían valientes a través de la esperanza.
Perdonad que pasito a pasito os lleve fuera de lo cotidiano-. Les pongo palabras porque a rachas se  me quedan mudas, como el bar que cierra o la mujer que ya no se abre.
Disculpar a esta necesidad que ansía ver y no acomodarse a la luz de una sola mañana.
Siempre de aquí para allá, inquietas, traviesas… parecierais un libro llano de retahílas y  paisajes que he de valorar en la ejecución desabrida del futuro.
El desvelo siempre a rodaje, como caballo de piel robusta, de página en pagina, de llano a cumbre; y a bocanadas, mi voz, que acompaña la travesía.
Disculpar por haceros cargar con lagrimas y contradicciones, dudas y extrañezas, la que fui y ya no puedo ser, la que faltó y se la echa en falta…
Perdonad a este corazón aterido y asustado, si tenéis que llevarlo a cuestas ,al principio, y luego os sorprende su ligereza, haciéndoos manifiesto de su tan burda sencillez.
Él es como un pájaro que besa la libertad pero no olvida donde anidó felicidades, abre sus alas y, de cuando en cuando, posa sus garras en la tierra buscando semillas que comer.

 

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Deja que olvide subida a los párrafos de este libro

las horas que has robado al día y  la noche,

la espera diaria y los rincones obsoletos en que ya no estás.

*

Deja que sobre páginas derrame el vértigo,

la pendiente cuando te observo,

tu llegada a lomos de la madrugada,

las excusas y olvidos en tu lengua de trapo,

el aroma a vicio

o la ducha a oscuras con la que intentas creerte sereno.

*

Se que no estás conmigo mientras me hablas,

que todo es un teatro producto de la jumera;

yo tampoco me hallo con fuerzas para reprenderte,

al menos lo recordaré mañana,

detesto estar en esta noche inmensa a la que parece se le han caído infinitas estrellas.

*

Deja que las mentiras de la literatura me arropen la piel

escondan los desencantos de esta madurez venenosa,

que se cuela tibia sobre todos mis fueros.

*

Deja que siga leyendo a golpe de oscuridad maltrecha,

solo así sentiré como lleno los espacios que has descuidado

mientras me niego a la incoherencia,  tu voz,

que ahora suena lejana como una vieja canción que ya no se recuerda.

 

 

.

Un ensayo

Me desconoces

porque estoy hecha de sueños,

tormentas y ocasos,

porque me tanteas

y solo atisbas la extensión de un desierto

donde  lunas se dejan caer

y  planetas giran en torno a órbitas contingentes.

*

Me adivinas

en los suspiros que arrastran los secretos,

en la estupefacción del olvido

es ahí, en la aridez del contraste,

en la brecha infinita,

donde pones el susurro como quien pone el grito

que haces golpe de sombra entre la bruma.

*

Me intuyes a medias

en los vientos de cambio

en las lluvias de arena

cuando con  ojos de limo escribes sobre mi espalda,

asistiendo al mudar de mis estaciones húmedas

lugares que habitas como salas vacías

donde poner flores mustias para que yo las consienta.

*

Pareces conocer el baile de los pájaros,

pareces componer el misterio de los eclipses y hasta la niebla

me das la mano y de mis dedos prendes el hilo

flojo y arrugado

para que yo tense el globo de mi niñez,

y lo vea perderse junto a mi dolor.

*

Aseguras que las gaviotas

ya no vendrán esta noche para llevarse sobras,

y tampoco los drones,

que ruidosos son capaces de colarse en el bosque

donde observamos como le llueven al cielo intrépidos paracaídas.

*

¡Estamos tan lejos de los que fuimos!

como la geometría de las estelas

-¿quien sabe hacia donde viajan?-

tratamos de hacer bocetos con nubes intermitentes,

-¿quien sabe hasta donde elegimos lo que vemos?-

*

El tiempo fue un dictador endiosado,

dispuso su vestidura ahondando en la paradoja,

¡nos pertrechó,flemático, bajo el cobijo de tantos paisajes!

bajo la curva de este arco iris accidental

al que tanto hemos teñido y desteñido a nuestro antojo.

*

Se que sabes, algo sabes,

de los discursos que ya no se cuelan por las grietas,

de los desaires que ya no forman la escarcha de otros inviernos,

de la hipocresía que ya no es leña con la que calentarse

Y hay soledad en  mi interior, sí,

puede ser,

como tambien hay momentos de algarabío y risas…

como la taberna de los viernes

atestada o solitaria, impredecible a los deseos de los que la visitan.

*

Así prefiero la vida,

cercana a lo que me resulta en sus azares,

sin eludir sus cenizas o placeres,

sumo su pluralidad y obtengo lo que se.

No se si poco,

pero todo me cuenta,

lo mio, mis colores, mi paleta, mi cuaderno, mi oceano.

Deja que me hunda o navegue con brío si así lo siento.

*

No esconderé mis aguas revueltas

o la quietud de las mansas si en mi yacen,

tampoco aludiré a los recuerdos de tus cárceles…

que ya quedaron olvidados al hilo de este poema.

*

Recorro el camino usando mis ojos,

que son los sentidos

que son animales que tengo,

feroces a ratos aunque medianamente humanos los presienta.

*

No aspiro  a modelos de mujer todopoderosa

esquiva o sabia,

encajada en lo artificial de una fortaleza

que no me define,

que no atiende a mis emociones o flaquezas….

ya no me abruma la culpa eterna

de todas las que decepcionaron .

¿Errores? Si, gracias

¡que remedio!

¿acaso podemos encontrar mejores maestros?

Que no aprendo algunas veces,

es verdad…acaso será mi rebeldía -inquieta-

la vida como en un ensayo que para eso hemos venido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Líquida la noche

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Se escurre el sudor.

Embota.

Galopa mis poros.

Aplasta mis sentidos y me nubla la razón.

La piel mojada.

Los pies descalzos. 

Escucho nostálgica las señales del verano.

Camiones de basura yendo para el vertedero

la  media luz de la farola,

los ruidos de la madrugada.

La gente que dialoga en sueños.

y el agua obscena de la piscina

invitando a su banquete.

El tiempo se vacía por los rincones

como gota que atraviesa el estío y se llena de suciedad

sin yo poder aclararla,

sin tú poder detenerla

la fragua que de la fuente mana…

y se desangra

la neblina gris de tus ojos

se cuela por mi boca como un veneno.

Hoy se te olvidó – otra vez- besarme.

Yo era como una pompa de jabón

y temías que tocarme fuera el fin de la infancia,

sentías pavor de que vertiese mis entrañas sobre tu ciega armonía ,

que me evaporase con el aire brillando hasta el exilio.

Quizas el espanto fuere otro.

Puede ser.

El frente a frente.

El pensar en el escenario.

Las lunas de hoy cayéndose

sobre los espejos del antes,

 luces en el techo, arañas y  mosquitos,

toda esa atmósfera evidenciando las carencias,

y nuestra incapacidad de reírlas.

Afluente loco, potente, arrollador…

ven aquí a llenarme de escarcha y de frío 

como la lagrima de una mujer

capaz de embeber el universo.

Quítame este fuego 

que arde en los confines de mi memoria.

paisajes de noche con figura humana

 

 

 

 

Conexiones

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Podría hablar de como mis ancestros -hábilmente-
estudiaron los  materiales para dar con la formula correcta de guiar los elementos,
hasta hacerlos parte integrante del medio
sin que la naturaleza los aniquilase.
De como estudiaron los huecos y las formas,
y de cuantos derrumbes hubieron de levantar
hasta dar con la plenitud de la solidez.

 

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Podría hablar de esas flores que a ningún poeta inspiraron,  
de sus olores anodinos que no llegarían ni por asomo a ser la nota contenida de un perfume,
de la olvidada geometría que respiraban sus racimos de antenas y filamentos,
trazando esquemas que entre mis ojos y el ocaso se van marchitando.

 

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Podría hablar de como Junio atiza con su sol inclemente los pastos,
hasta colorear de amarillo pajizo la hierba que ahora cruje bajo mis zapatos.
Hablar y hablar, tal como camino y camino,… sin tiempo ni ruidos,
hasta dar con un movimiento que me hace sospechar que alguien -con disfraz aranero- quiere alientar mis pensamientos.
Y es fácil que justo aquí,  lejos del mundanal abismo de humanidad y prisa,
me sea más irrisoria la idea de todo cuanto a nuestro alrededor fluctua…y es imposible detener.

 

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Podría hablar del hambre.
De los frutos prohibidos.
De las manchas que van dejando en mis manos y luego quiero lamer.
De la acidez y de la dulzura
o del punto exacto en el que una lengua se confabula con el gusto
para mandar cerrar unos ojos a placer.

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Podría hablar de los bailes y de las luces que conocieron las ruinas de estas tierras,
confundirlas en medio de los arrabales de mi presente,
hasta llegar a la danza que ahora el viento traza  sobre el forraje.
Hacer que las luces de los candiles  -antaño iridescentes-
fueren como este cielo que de repente me colma,
pintor de tonos a relevo de un sol fatigado.

 

 

 

Y aunque podría hablar y  hacer poesía de lo cercano…
¡qué más da!
si las conexiones que se me vuelan y las que callo
todavía me llevan a tí.
De un modo caprichoso y enigmático.
Así como reliquias de un sarcófago rojo. 

 

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-Anoche-

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Aún la arena no tenía ese calor residual típico del verano.  Aunque el sol empezaba a querer colarse temprano, la maraña espesa de nubes seguía dominando el cielo. Me quité las botas y recorrí la parcela de arena que lindaba con el mar. Buscaba la línea divisoria que aún no había sido tocada por la espuma, la grava virgen, intacta todavía del baile del agua, mientras mis pies se iban rindiendo a las caricias de la tierra suelta. Iba  dejando  tras de mí surcos de apariencia inamovible, que no eran sino estelas de caminos espontáneos sobre los que no prestaba atención. Tenía los ojos nutridos en el horizonte, al que no alcanzaba a poner finitud, ¡eso es lo que hacía! mirar lo inabarcable sin atender a mis huellas. ¿Habría captado ya la parte indómita que hay detras de cada senda?. La arena escapándose entre los dedos era la imagen que clarificaba la idea.

Sentí volar mi alma en aquel espacio, como una cometa ansiosa ante la obertura, con todos sus hilos y volantines prendiendo por primera vez el cielo, maravillada con el inquieto nerviosismo de la milocha recién estrenada. Y allí, bajo la bóveda de aquel cielo de juguete comprendí cuanto te quise, ¡ fue allí donde fui consciente de lo insondable que puede llegar a ser un cuerpo!… y lo supe porque yo ya no sentía como mía la piel que te besó. Era en mí misma nueva y desconocida, tersa y nublada como aquella cometa brillante sin rasguños. Habían ardido sumas de instantes, el recuerdo de olores, sabores, y palabras, el delirio de los ojos…había ardido hasta la saliva en una fogata de sal y tempestad. Y esa nueva nada ante mí se colaba en una mezcla contradictoria, una esencia de inquietud y regodeo, una mezcla de jubilo y desazón como quien por vez primera contempla el mar.

Comprendí las dimensiones que tomaste en el sueño, al que yo puse silencio y melodía sin prestar atención a la leve fragilidad de la sinfonía que nos iba meciendo, eramos las notas discordantes de una música abocada al estruendo. ¡Y como la armonía mudó  pronta a la voz del estrépito!. Así como este espejo de agua, ora calmada, ora salvaje.

Fue durante un tiempo nuestra perdida como una onda en mí, una rueda que encontraba ecos allá donde yo fuese. Y me era tan complejo desprenderme de todo aquel equipaje, quería que todo se lo tragase el agua y sin embargo permanecía aferrada a la llama oscura. No eran espinas o veneno, era yo contra mis elementos intentando amarrar las velas de la barca desbocada.

Soñé  sin comprender -anoche- que volvía a manejar la barca enajenada, que me adscribía a algún viaje del que yo no tenía conocimiento y esta vez, quieta y mansa, me hallaba sentada entre caras desconocidas que me obligaban a buscarte. 

Contemplé al albor de este paseo, desmigajando el sentido al sueño, que la memoria no deja de ser un templo que, entre la aplastante lógica y raciocinio,  arrastra un instante de regodeo, abriendo la brecha que nos hace olvidar los frutos beneficiosos del olvido. 

Es esa grieta como una puerta al pensamiento, que deja colarse el viento árido y desértico trayendo esquirlas con olor a humedad. Y es tambien volver la vista atrás y resituarse, respirar la belleza de la magnitud, recordar la carcasa que el tiempo construyó alrededor. Al fondo, el coche, mi casa, la guarida…

Recuerdo que- anoche- antes de temblar leía: “decir adiós es como tener pájaros feroces en las manos”.

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El concierto de esa noche

A ti, que tiñes las cuatro esquinas de este cuarto

que fuiste mía y luego… ¡no recuerdo si derrota u olvido!,

vuela lejos donde yo no te encuentre

deja de posarte sobre este árbol viejo

y hacer de su sombra lúgubre, tu cuna.

***

A tí, que has sido niña, mujer y luego madre, 

que has ido al lugar donde nunca volver,

donde la madrugada todavía exige y derrama estrellas

olvida lo que viste en el espejo de las cien noches

los rostros que te abrumaron y aún gritan, 

los astros que como mil llamas vistes arder,

el concierto de ese otro mundo.

**

A tí, que te vestiste con harapos de ceniza

e hiciste de tu ser un cuerpo impenetrable

deja que el sol cuele sus horas y joyas,

que como un bálsamo entre al cristal,

vaya a tí y luego vuelva en su incansable oportunidad,

posándose desde las arrugas hasta el infinito:

de repente, tu desnudez

**

¡deja el alma tranquila sobre la cama deshecha!

y que el cielo azul revele la soledad

que dejaron tus brumas.

 

A tí, Tierra.

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Ya, ya se me cierran los ojos.

Ya, ya se me duermen las manos.

A hombros llevo el cansancio de nuestro encuentro

Y mis oídos todavía tararean tus silencios.

Mecías la ausencia entre fardos y frutos

y a tí me agarraba yo,

con la calma del lento hacer,

escurriendo el sudor por tus hileras

cantando al sol las fortunas del pan

trepando tu tierra bondadosa

(luz de trinchera y sabiduría)

que ha forjado mis años y  raíces

con los caprichos de tu siembra.

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Miradas

 

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Si abro el objetivo,

veo una muralla al fondo,

un par de miradas acercándose a ella, no más.

 

No os equivoquéis, que las miradas,

me dijeron que engañan.

El objetivo es tan mentiroso como la pupila,

un truhan capaz de guiñar con el mismo arte del ojo,

un mundo lleno concentraciones pequeñas,

con esencias de historias, desafíos y atisbos,

… y con todo y eso que lo hace tan particular,

encuentro ojos que entre pasos, se encuentran.

 

Me detendré a analizar la azarosa dirección de esa pareja,

la que transitaba por los alrededores de la Muralla

con andares inquietos,

engañando a los siempre contaminados ojos de la obviedad.

El sol aún esta alto para dibujar sombras– iba diciendo ella

los verdes  ya no se ciernen sobre la pupila – aseguraba él

el metódico delirio de las estaciones les era cómplice

¡qué curioso!

hasta la incoherencia de las bombillas

como ideas sueltas que nacen de la escritura traviesa.

 

Más adelante,

casi tentando los pies de la roca,

se halla escrita sobre resina la historia de un guerrero inmortal

Pero ella todavía es joven  para leer más allá de la espesura,

del boscaje que manejan las miradas a su antojo.

Tan solo su alma,

enraizada ahora a la poesía,

le hará contemplar con ternura

los desalojos del tiempo,

esos imperceptibles saqueos que va dejando a su paso cada invierno.