Archivos Mensuales: junio 2016

Trópico de Cáncer

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Los días invisibles,

los precisos instantes

en que tu sombra desaparece

esos cubículos transparentes llenos

de segundos en que no estas…

dime, ¿ donde vas derramando ese tiempo?

Está en un cajón-

 como todo lo tuyo,

amontonado entre el perfume de tus cosas.

Mas tarde he adivinado que hacías.

no era un día cualquiera

leías castillos de cartón,

con la primera luz del alba

sobre la cama que nos vió nacer.

Temo a tus silencios tanto como la muerte.

Pero esta vez abrí la ventana,

para verte

y yacías más cerca de la plenitud.

Pensé que tu júbilo tenía olor a  fruta fresca y exabrupto

te ví en la estela de los aviones,

en sus carreteras de cielo azul,

luchando contra mariposas negras

y hasta matando el tiempo a golpe de nados

mientras se desmoronaban las horas entre los claveles.

Era un tiempo que no conducía a ninguna parte,

en el que yo me iba volviendo más niño

y tú más incrédula.

Era el sol un reguero fertil

con lluvia favorable

que iba mojando tu cuerpo de promesas

tendidas a la contingencia del futuro.

Era tu mirada una caja de sueños,

concentrabas en tus pupilas

estaciones,

que pasaban deprisa

alternando vientos difíciles con otros  más suaves

un aire al que yo me sujetaba con las uñas enterradas.

Te recordé en el transcurrir del año,

abandonando a todas las que fuistes

con tu reguero de remolinos amarillos,

mientras cocinabas con ponzoña tus pasteles.

Eras como un sendero,

largo, indefinido, abrupto,…

súbías, bajabas, serpenteabas, te angostabas,

para acabar finalmente en campo abierto.

Eras como la claridad del meridiano

y la inundación del trópico

como mi número impar,

 siempre colocado en la mitad de mi circunferencia.

 

Junio, en el pueblo

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Junio huele a campo seco en el pueblo.

En la colina las yeguas

pastan entre las  mieses.

Sobre la montaña,

 los cortijos

pintan ruina y soledad,

Y los campos

ya van tostando sus hierbas

al antojo de un sol de justicia.

*

Junio corretea travieso e indescifrable

por los empedrados de esta villa.

Entre la boca de sus laderas va

 dejando  huellas de sandalias,

asentando raíces bajo las sierpes de mi memoria

devolviéndome al candor de sus antiguos rincones:

He aquí :

la parra que engalana la vieja fachada,

 he allí:

los corros de hombres charlatanes

sabedores del mundo y corredores del chisme.

 En la antigua plazuela,

la fe y la infancia

tienen sus habitáculos reservados.

Mas allá,

 la vereda del arroyo

guarda premio al combate

del transeúnte incansable.

*

Tiene el pueblo un alma

que resta astillas,

me hace tornar al paladar de lo intacto

Mis oídos  abrazan una música de elementos..

 mientras vacilo versos

con la tinta naranja del ocaso.

Sentada en el canto del río

Escuché como decías…

“No manches, no toques, no hagas, no seas…”

Yo caminaba una a una mis culpas

el hedor del fracaso,

escondido dentro de mis zapatos

 los abismos parecían inmortales y ruidosos

en medio del silencio de las calles.

*

Es tarde. 

Es Junio.

Ya no me detengo.

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Video que merece la pena ver, si teneis 2 minutitos y os apasiona la montaña.

Es de mi gran amigo Fer, hace cosas alucinantes con su drone y el paisaje.

¡DISFRUTAD DEL FINDE!

 

 

ANATOMÍA DEL VESTIDO

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En el taller de los vestidos andaluces

Las mujeres cosen despreocupadas,

Cortan hilachos y mantean las telas

Abstraídas en la conversación.

Yo las escucho y en sus palabras

Hay un deje de humor y  picardía que me llama.

Hablan de hombres y los hombres

Suelen salir mal parados.

Pero todas los precisan 

Y al volver al nido

buscan el calor de esa lumbre.

Como si se las hubiese enseñado a necesitar

Y fueran malas costureras en ese arte.

Pespuntean los tejidos que otras mujeres lucirán

Con el encanto obsequiado,

Imaginarán sus conquistas y  amantes,

Cuchicheando pasiones y perfidias

Mientras ellas siguen cosiendo.

Observo como los retales se amontonan

Por toda la habitación…

Dejando los suelos llenos de esa mugre colorida,

Que a mi me gusta mirar.

Y me pregunto porque detengo ahí los ojos,

Como una lechuza.

Me embelesa mirar  lo que ellas ya no miran,

O imagino un vestido hecho con despojos,

estampados sueños y lunares salpicados

Capas, gasas, cremalleras, un volante, cualquier cosa.

Los vestidos, ¡Ay!

¡Esos ajuares que prometen la caricia!.

El mío juro que será otra cosa,

Apenas semejante al verano y la bruma,

Prenderá con la ilusión, desde la espalda,

Y acabará por los pies, con las ganas.

Una piel más allá de la que conocí

Más profunda, menos vacía…

carente de  hilvanes lacios,

Capaz de ser valiente y hacer de la caída un vuelo.

Ahora la muchacha  mide mi cadera  y apunta.

No soy más que otro cuerpo,

Pero lo importante es lo que soy para mí.

En ese sentido avancé ya mucho.

Solo es una tela,

al igual que un exterior.

A veces nos hacemos

regalos al batallar entre la congoja.

Y es bueno.

He aprendido a mirarme desnuda,

Por los espejos,

también aquí, en el taller,…mientras me prueban,

percibo los anhelos queriendose vestir de color

Cada vez más cerca de  la correspondencia adecuada.

Ya empiezo a verme,

transparente, inocua, mansa

Ya empiezo a escuchar el alma sin el alarido gris de la fiera…

Y para cuando acaben, … algo llevaré al salir.

No un vestido cualquiera,

Fíjate bien, no la misma mujer.

Juan I. Salmerón
Foto de J.I. Salmerón del blog PlumayLuz 

 

Llámale rutina.

 

 

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Por las noches cuando cierro los ojos y me evado, pienso que también este mal tendrá su tiempo. Que descansaré algún día, en el  sentido pleno que tiene para mí la palabra. Trato de visualizarme corriendo feliz hacia parte de lo que fui, una mujer alegre, con su treintena de experiencia, su pareja, familia, trabajo, simplemente su amor por las cosas sencillas de esta vida. Simple ¿verdad?. Todo es simple hasta que algo nos desborda  y nuestro interior se vuelve complejo. La mente trenza obstáculos, óbices que a veces ni imaginamos, impidiéndonos disfrutar de lo que en verdad cuenta que es el presente.

No he sabido todavía encontrar la forma de evadirme de aquellos hechos, o al menos cuadrarlos y cerrarlos sin que sigan doliendo.  He ido buscando tranquilidad, reflexión, opciones…quizás me he limitado a ordenarlo todo sin más,  viendo resultados que en perspectiva solo me han parecido rachas… y me repito que debo tener paciencia (algo que me resulta difícil) aceptando la llegada de este tipo de pensamientos -recaída. Aunque me lo diga, se que otra cosa es creerlo y que las sensaciones cambian cuando vuelvo a revivir el origen de todo.

Algunos días vuelven los pensamientos amenazantes. Están ahí ¿que puedo hacer?. Aceptarlos, dejarlos que pasen para así normalizarlos…pero no, no lo hago. Los expulso y en ese automatismo trasmito a mi mente justo lo contrario. El pasado no cesa porque no dejo de abrirlo insistiendo en que desaparezca. Dados los acontecimientos viene, vuelve, pasa, se va… y regresa. El bucle repetitivo. Pero mejor, llamémosle rutina. Suena más a eso que la gente suele repetir  como causa y efecto de todo, allí encontraremos la verdadera culpable.

La vida no esta hecha de culpables -tampoco- sino de acontecimientos que se precipitan y se acumulan. La mayoría de los problemas de nuestra mente son solo eso: meras acumulaciones. El empeño en no soltar el vaso para que no se estrelle. Pero es que a lo mejor -pasado un tiempo- el brazo sufre las consecuencias de ese peso continuo.

Con el tiempo nos damos cuenta de que no hubo culpables ni víctimas sino personas que actuaron de forma diferente y como no coincidió con nuestra forma de encarar la vida, nos empeñamos en llamarlos “malos” o “raros” o cualquier otra etiqueta. Quizás sea una forma de autodefensa, por el bien propio, una forma de excluirlos de nuestra vida para evitarnos males mayores.

Si vuelvo atrás la imagen que me devuelvo a mi misma es un tanto burlesca, sufriendo miedos donde no los había, huyendo despavorida de cualquier parte, hasta de mi misma, el ultimo reducto de donde una puede huir cuando se siente insegura y débil. Entenderé que necesito volver atrás las veces que haga falta, aunque suene idiota, hasta que mi mente sea capaz de asimilar lo que dejé enterrado sobre toneladas de silencios.

Ha pasado el tiempo… es cierto pero aún quedan escollos de miedo agazapados en mí, ya no sobre las mismas cosas, ni en la misma medida pues el recuerdo y las emociones lo van tiñendo todo. Algunas veces se levantan los días o yo avanzo o se juntan los astros o  hago algo bien en mi completa y absoluta torpeza….y de repente  veo color y siento ese aire de ilusión que me da ganas de seguir… de creer  de corazón y de continuar hacia delante con ánimo y certeza.

Está bien: lo diré…el mes de Mayo ha sido un puto carrusel, ya no me daba la vida…y justo fue después de creer que había acabado todo y comenzaba a recuperarme. De repente estoy arriba y es buena la perspectiva , corresponde a la sensación de sentirme fuerte …pero en unas horas mi mirada o algo se mueve dentro y de repente vuelvo abajo, sobre mínimos. Sucediéndose hasta 4 veces la distorsión en un día.

El finde pasado fue muy positivo. Como una raya en el agua. Arreglé y limpié la terraza con mi chico, corté las cycas y  salí todos los días a pasear con mis hijos. Cociné y encontré ganas para todo lo que me apeteció en cada momento. Tuve sensación de felicidad, como eso de lo que no eres consciente mientras está pasando y más tarde te das cuenta.

No quiero hacer resúmenes estúpidos, no puedo fiarme de mí, pero si miro a través del tiempo creo que toda esta inestabilidad puede ser signo positivo, de que algo va cambiando y cesando de alguna forma y se  manifiesta así: en forma de gráfica loca.

Me apunto esa creencia  y pienso en la cueva, la negra, oscura e inhóspita cueva en la que he estado metida…justo cuando creo ver la luz al final, es como si me faltasen las fuerzas para llegar a la salida, como si percibiese de forma errónea que no puedo… y continuo llorando y arrastrándome recordando los porqués, la inseguridad  y el dolor… creyendo que la  sensación de ese lugar me poseerá  para siempre.

Solo era el final. Solo eso.

La luz. La salida.

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