La decisión

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  • ¿Ha comido hoy? -preguntó el padre
  • Nada, sigue sin probar bocado- le dije.
  • ¡Vaya! tendré que comprarle otro jarabe- espetó. O suprimirle directamente el desayuno.

Juro que me dieron ganas de invocar a los demonios de mi mala sombra, la niña estaba realmente desnutrida, pero solo dije….

  • Noooo, no le quite lo poco que come. Confiaba en que diera con la tecla sin pasar por farmacia y de paso, sin tacharme de entrometida.

 

Al despertarla el padre, tembló, como todas las tardes, con el reloj rozando las 5…y mientras abandonaba su otra casa, la postiza, las luces se iban apagando como una estela de cariños superfluos.

¿Hasta que punto somos conscientes de nuestras ausencias? – pensé. Nada restituye el tiempo perdido sobre quienes nos necesitan. Es como una bengala, una vez encendida no vuelve atrás.

Recogí la manta con la que la había arrullado previamente, prometiéndole que, tras el sueño, aparecería papá o mama. Ese premio que llega a destiempo del abrazo. Sus lágrimas se me clavaron como cristales imperecederos. Si hubiera sabido hablar creo que me hubiera dicho: ¡ya estoy cansada!.  Y entonces el lenguaje de sus emociones no hubiera caído en mi como una losa  aplastante, o como el único mapa elocuente de jeroglíficos capaz de traspasarme ante aquel despliegue de realismo.

Apagué la última luz y salí. El cielo lloraba lluvia fría, o eso me pareció. Supe que algo mágico tenía que inventar para que aquella niña decidiera -al menos- comer.

 

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Roma (I): Primeros contactos con la ciudad.

 

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¡Hasta pronto, España!

Aunque el viaje parecía que iba a comenzar cuando nuestro avión atravesara la bota, lo cierto es que lo había hecho muchas horas antes. Nuestro vuelo salía muy temprano así que cogimos un hotel para el día anterior tenerlo todo preparado. Bajando hacia Málaga nos sorprendió un atardecer español de contrastes totalmente luminosos. Me encanta atrapar estas imagenes de cuadro, sobre la linea de esa carretera que sabes te va a llevar muy, muy lejos…al comienzo de alguno de tus sueños.

 

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¡Buongiorno Italia!

Al día siguiente el vuelo trascurrió con total normalidad. A las 10.30 ya estábamos pisando tierras italianas y cogiendo el primer enlace que nos llevaría hasta nuestro hotel. Hay un tren llamado Leonardo que te conduce desde el aeropuerto de Fiumicino hasta Roma. Cuesta sobre unos 14 euros y es cómodo. Esa era la opción que habíamos barajado cuando de camino nos encontramos con el primer italiano que nos ofrecía otra oferta, llevarnos hasta  la puerta de nuestro hotel por solo dos euros más de lo que costaba el tren y según él aseguró: en solo 40 min. Como parecía a priori un chollo, aceptamos y nos montamos en un pequeño furgón con más turistas como nosotros, que se dirigían a otros hoteles de la ciudad. Lo cierto es que no conocíamos Roma y no fue del todo mala idea, pues en principio no sabes ubicarte y las conexiones te resultan un poco complejas, por lo tanto, en ese sentido  resulta muy  práctico. Por otra parte, este viaje, que para nada duró 40 minutos sino 1 hora y 30 minutos, nos dio para entender el caos automovilístico que se respira en Roma y lo locos que están algunos italianos al volante. Creo que por nada del mundo se me ocurriría coger un coche en esta ciudad. Por poner un ejemplo: se saltan los semáforos que da gusto, inventan carriles de incorporación donde no los hay y no respetan a los peatones que van tranquilamente por  los pasos de cebra…vamos, ¡qué son un peligro pericoloso! eso por no mencionar la hábil capacidad de nuestro conductor de hacer dos o tres cosas a la vez mientras conducía: wassear, escribir en una libreta, hablar con la parienta sin manos libres… ejem, entre otras. Debo decir que pise el pedal de freno imaginario ¡mas de veinte veces!

Una vez que mi corazón probó las dulces mieles de las calzadas romanas, llegamos a Via Ratazzi sanos y salvos….¡menos mal!. Era la calle donde se encontraba el alojamiento que habíamos reservado. No era exactamente un hotel, pero estaba muy bien equipado. Nos recibió Samantha, una italiana muy simpática, que nos puso al día de la ubicación, las conexiones y nos enseñó todo lo necesario de la habitación:  era grande, espaciosa y muy limpia. Según nos dijo, en un italiano que yo todavía dominaba, era la más bonita de las 5 porque era la de la passione. ¡Vaya! eso nos gustó.

 

Después de descansar un ratín y estirar las piernas nos pusimos a estudiar los planos para ver que itinerario nos convenía más. La idea era  coger el Metro  y subir hasta la Piazza del Popolo. De allí iríamos caminando poco a poco pasando por la Piazza di Spagna y uniendo con Fontana di Trevi, callejeando toda la tarde  hasta que llegase el cansancio y de paso acercándonos cada vez más al hotel.

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Nada más bajarnos, ya  en  Piazza del Popolo nos cayeron las primeras gotas y aunque auguramos un cielo sospechoso, finalmente el tiempo nos acompañó. Allí nos detuvimos a tomar unas fotos en el famoso Obelisco Flaminio, de origen egipcio y dedicado a Ramses II. Es uno de los más altos y antiguos de la ciudad de Roma. Justo en aquella fuente me atreví a ponerme un sombrero de oso del todo atrevido ¿ a qué me queda bien? ¡era como llevar una losa en la cabeza! jajaja.

 

 

Un poco después de estrenar por Roma mis chorri-ocurrencias, cogimos Vía del Babuino (que es una de las tres arterias que salen de esta plaza) y anduvimos entre escaparates de ropa llenos de maniquíes y precios desorbitados,  hasta Piazza di Spagna. Si algo te das cuenta mientras caminas por esta zona de Roma es del sentido estético que se respira entre los viandantes. Los italianos están acostumbrados a la moda y visten acordes con lo que viven y ven, en general cuidan bastante su aspecto… supongo que también es una ventaja y un aprendizaje con el que crecen y se empapan. Aunque se parecen mucho a los españoles (por lo que a influencia mediterránea se refiere: piel morena, pelo oscuro… ) los italianos, si atiendes, son distintos: tienen una ligera mezcla eslava que les otorga una belleza especial en sus ojos claros y mentón acentuado. Algo que a nosotros nos llama rápidamente la atención. En cambio, si a ellos les preguntas, no tardarán en decirte que gozan de ese arraigo islámico que tienen algunas de las morenas españolas. ¡Cosas de los gustos y la diferencia!.

 

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Algún día entenderé porque este trajecito tan feo cuesta 6000 euros.

Mientras nos íbamos acercando a la escalinata de la Piazza di Spagna le iba contando a pelirrojo si en otra vida podría experimentar eso que hacen algunas famosas como la Pataki, fin de semana de compras en Roma o Londres… guauuuu, ¡que gusto tener esa cartera! esas debían ser las tiendas que visitasen, ni más ni menos… Supongo que tales aberraciones en los precios obedecían a fluctuaciones del lugar en el que se  hallaban, así como lo ostentoso de cada reliquia y cada prenda extrañamente estudiada que lucía en el escaparate como un objeto de proporciones inalcanzables. Claro, eso era lo que iba yo pensando, una turista corriente y moniente que jamás podría permitirse el lujo de comprar en aquellas boutiques.

 

 

Una vez atravesamos la ensoñación versus aberración de la moda, me senté un ratito a descansar mis pensamientos en la escalinata de la plaza. Desde allí se observaba muy bien la fuente de la Barcaccia de Bernini, que recibe el nombre precisamente por su parecido con un barco naufragado. Me pareció curiosa, aunque estaba de obras y eso le quitaba parte de su esencia.

A estas alturas del día, casi empezando la jornada, ya me sentía molida. Recordad que me había levantado a las 5 de la mañana, había tenido un viaje de avión  de por medio y no le había metido nada al cuerpo desde las 6. Era la hora de pensar en comer y reponer energías. Nos sentamos en un restaurante de la zona y nos zampamos una pizza y unos macarrones alla matriciana que estaban de lujo, acompañados de una botellita de vino que nos puso un poco tontorrones. La bebida en Italia es cara, así que sale más a cuenta pedir una botella que una consumición individual. En cuanto al vino, debo decir, que estaba muy bueno… lo suficientemente delicioso como para despertar mi pavo y disimular el cansancio.

 

 

Después de reponer fuerzas seguimos dándole a los pies deleitándonos con ese aire vetusto que se respira en cada una de las calles de esta ciudad. Al tiempo nos iba persiguiendo la primera oleada de adornos navideños sobre las fachadas. En Piazza Colonna hicimos un alto para contemplar la columna de Marco Aurelio,  tallada en forma de espiral de un modo similar a la de Trajano. El cansancio era inevitable y no lo restituía ni el vino pero toda aquella belleza artística nos envolvía en una especie de ensoñación que no nos dejaba rendirnos.

 

 

Nos pedimos un famoso gelatto para continuar en aquella balanza de calorías y placeres…y así, combinando sabores, charla y paseo llegamos hasta el Templo de Adriano en Piazza di Pietra. Aunque solo conserva 11 de las 15 columnas originales, este edificio me impresionó bastante y me senté un buen rato a mirarlo. Las columnas corintias están totalmente agujereadas por el paso del tiempo pero guardan una altura de tal envergadura que te hacen sentir pequeño y distante, mientras la imaginación se despierta tratando de reconstruirlo en los origines, con la solemnidad que todavía hoy , lleno de huecos, desprende.

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Parece que el tiempo le disparó unas cuantas balas ¿no?

 

De aquí nos dirigimos a la famosa Fontana di Trevi. Recuerdo que al llegar me llamó la atención lo pequeño de la plaza para una fuente de dimensiones tan enormes. Allí nos confundimos entre la masa de turistas que morían por tomarse la mejor foto en la fuente más famosa del mundo. Era casi agobiante, cosa que detesto, y yo me preguntaba si aquello era en un noviembre cualquiera ¿que no se habría visto en aquella plaza, un julio o un agosto?. Ah, vale, puede que esos, por romanos los tuvieran más controlados…jajajaj. En fin, olvidad el chiste que es malísimo… Lo dicho, haciendo algunos pinitos y buscando huecos entre la marabunta, conseguimos algunas tomas de premio.

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Era la hora de volver a casa, los pies  no nos regalaban tregua. Aún tocaba perdernos por la enrevesada estructura de callejuelas romanas que probaron la buena orientación de pelirrojo hasta límites inimaginables.

Al fondo, el Coliseo, entre dos luces, nos ofreció el asidero que buscábamos. Tomamos  la boca metro y regresamos a Via Rattazzi. Solo eran las 5 de la tarde de un jueves pero ya era totalmente de noche. Caímos en la cama del  hotel cuan estatuas vivientes y nos regalamos una mega siesta de 3 horas. Luego, nos arreglamos y salimos a cenar por los alrededores. No nos quedaban fuerzas para más y como no teníamos pilas duracell ni Ceregumil en las maletas, decidimos descansar bien y disfrutar de la estancia en el hotel, que también resultaba apetecible. Todavía se vislumbraban dos días más por delante.

¡Ché bella Roma!

Recreaciones

 

 

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A veces tiene sentido que los humanos recreemos nuestra historia como una película fidedigna. Ir hacia atrás para entender los crímenes que nos precedieron, las guerras que se libraron o las trincheras que levantaron hombres y mujeres sobre esta Tierra. Quizás forme parte de un plan a largo plazo para asimilar de una vez por todas el oscurantismo del alma humana, la cara pérfida que nos precede en siglos, mientras respiramos recelosos una sociedad que llamamos mejorada. Quien sabe si es el principio de la enmienda o solo un alimentar el morbo, tan común en nuestra especie.

 

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 Es curioso como mientras asestan la plaza en donde nos hallamos  y los disparos ensordecedores van acoplándose a nuestra piel de un modo inofensivo,  una bandada de palomas revolotea asustadiza, haciendo del cielo un jirón de muerte .

No estaba en el guión. Tampoco las caras de algunos  niños que se olvidaron del espectáculo, de la mentira detrás de la representación, de que todo es un teatro de los que no duelen.

 

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Más tarde se levantarán esos que hoy -de una forma imaginaria- cayeron… y no habrá pasado nada. Nada más que la memoria que como una sombra viste la brecha por donde tantas veces erramos.

Desentendidos y ajenos nos alejamos por entre estas calles de piedra, olvidando unos hechos que colocan nuestra brújula moral en constante y frágil desequilibrio. Lo que nos preocupa es que no podemos asegurar que esto que hoy presenciamos no sea también parte de nuestra responsabilidad futura.

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Aquí, en el numero 7 de la calle Melancolía, todavía se atreven a ponernos jamón y cerveza bien fría. Condimentos necesarios para volver a dormir este batiburrillo de sentimientos anacrónicos que nos visitan. Brindamos entre risas pensando que versos escribiría Sabina sobre esos de la SS que justo ahora, almuerzan  a nuestro lado, devorando tapas de morcilla e ibéricos. 

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De regreso a casa, nos besamos por entre las sombras de esas calles estrechas que no conocen al sol. Vamos interceptando campamentos de reliquias y pasados envejecidos que roban nuestra atónita mirada. Ha sido un día increíble que nos acerca un poco más al valor del conocimiento y la compasión, separándonos en lo posible de toda esa crueldad tan palpable en este: nuestro drama sin fecha de caducidad.

 

Reyes

Hey, tu!!!! si tú!!! ¿te has parado a creerlo?

Me gusta pensar que de esta vida no se casi nada, que no hay tema en el que me considere sabia. Por que es la verdad. Mantiene mis ganas  de explorar a cerca de las certezas que me voy encontrando. Por ejemplo: ¿qué se de niños? se mucho y no se casi nada. Dos caras bastante ciertas, la vida en perspectiva. Y pienso que no me equivoco en la idea de que errar (hasta en lo que me es más familiar) es algo que me atañe de cara al futuro, pero que tampoco me convertirá en sabia como tal. No puedo creerme ese cuento. La sabiduría es una utopía.

 No puedo creer que somos sabios por la suma de errores o de experiencias, aunque a veces así lo creamos engañosamente. Tampoco por cuanto supone cumplir años,  hay quien no aprende y quien lo hace nunca estará en posesión de otra verdad que no sea una verdad acotada. Renqueante para  hacer las veces como manual de instrucciones de por vida. Me digo que esta “loca” siempre nos sorprende…y menos mal, sino ¡vaya aburrimiento!.

Somos los reyes de nuestro mundo, herederos de nuestros pensamientos, cultura, lo que queramos que nos componga y nos engrandezca…pero, ¡No osemos a creérnoslo!

El movimiento inquieto de este vaivén frágil avanza galopante, sin miramientos, atropellando pilares u ofreciéndonos felicidades, que, en todo caso, serán temporales…¡¡No te acomodes!!

Aquí no vale funcionar de memoria ni estar 24  horas al día con el practicum haciendo las veces de experiencia. La vida exige algo más. Diría que algo intangible, pero decisivo, como la intuición, o el amor, o la energía que subyace a las personas y acontecimientos que vivimos. Cosas que no se pueden explicar o aprender, motores que están ahí, en el aire, esperando ser encendidos para hacernos ilustres de otra manera mucho más grande.

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SABIA; EXPERTA EN ABRIR PAQUETES DE GUSANITOS de forma matemáticamente precisa para que el niño no provoque el caos más inmediato. Ojo! parece cualquier cosa, pero no lo es.

 

 

 

 

 

Este mundo lleno de hilos

La vida de Pizco hasta entonces  había transcurrido en un cálido y mullido lugar.  Entrelazado a una hebra de color negro insípido, no había conocido otra realidad que aquella existencia que pende del hilo, aquel ser un cabo suelto juguetón y mordaz que posee el privilegio de asomarse al mundo de a poco para recibir el baile del viento o el contraste del agua, … o bien, los finos dedos de aquella mujer  susurrándole la caricia que más tarde iría seguida de la condena de la compasión.

Su vida entera estaba sujeta de aquel hilo del que ella se negaba a tirar. Lo que más rabia le daba era que no entendía que ternura podía despertar en su dueña el dejarlo allí, día tras día, colgado del mismo punto, como un manifiesto elucuente y silencioso de que todo tiene un principio y un final…y  precisamente, él era el final sobrante, el desacierto, el olvido.

Ser un hilo no era algo muy prometedor que digamos, pero ser un hilo colgandero y tener una mano atada y otra acariciando el mundo, era algo mucho más desesperante aún para un alma soñadora como la de Pizco. Sentirse constante espectador de algo tan peligroso y apetecible como es la libertad, resultaba del todo frustrante.

La situación, por contrapunto, lo había dotado de un aplomo genuino hasta el punto que era capaz de enrollarse y desenrollarse con un hábil contorsionismo creando así un tipo de lenguaje particular. Manifiesto que estaba seguro tarde o temprano alguien acabaría descubriendo.

Y eso fue lo que  sucedió aquel 27 de octubre. Pizco estaba entre el batiburrillo de colada seca del barreño, colgado del mismo aburrido jersey color negro, haciendo las mil y una piruetas para llamar la atención y encontrar un alma valiente que lo catapultase sin piedad al mundo; cuando unos dedos jugosos y gorditos se acercaron a tentarlo.

Tiraron y tiraron hasta que Pizco soltó  sus  ultimas raíces y calló al suelo enroscándose como un bicho, quedando  libre de su lana madre.

Aquel movimiento, cargado de sentido y normalidad, llamó la atención del niño que prontó señaló hacia Pizco al grito de “¡¡mamá, mamaaaa!!. La mujer de los finos dedos se acercó  curiosa hasta el suelo para contemplar tan fastuoso acontecimiento.

A Pizco le hubiera gustado decirles “hola, ¿qué tal?, aquí estoy por fin, en vuestro mundo corriente y moniente, como siempre había soñado…” pero ni eso pudo al verse de pronto envuelto en un vendaval de soplidos. Eran sus bocas llevándolo de un lado a otro, sin piedad…haciendo de aquel estúpido baile un juego de risas del todo mareante. ¡¡Desde luego, que poca educación!! parad yaaaaaaa, estupidos!!!

La vida de a pie era un poco rara,- pensaba pizco,  tampoco la libertad tenía el sentido soñado pues despegaba sin compasión sus límites y le era necesario aprender deprisa si quería adaptarse a un entorno que precisaba imaginación.

Aquella tarde, harto ya de ser el juguete de turno, aprovechó la velocidad de un soplo para volar y colocarse en el flequillo de la mujer.

¿Donde está Pizco?- dijo el niño de los dedos jugosos.

¿Donde está Pizco?– dijo la mujer de los finos dedos.

Pizco desde más arriba, les gritaba riendo: bizco, pizco, bizco, pizco…¿donde estoy?. ¡Que delicia era eso de confundirse entre el color de los cabellos!¡pasar desapercibido con el simple hecho de pesar menos que una pluma!.

Ya le iba pareciendo que la vida tenía un color más favorable, solo era cuestión de ajustar los trucos, más arriba, desde la sintonía del cerebro.

Cuando llegaron las 9, la mujer de los finos dedos subió al baño y se desprendió de la ropa de un plumazo. Pizco voló azarosamente hasta caer sobre el filo de la bañera, quedando ahí como espectador privilegiado.

¡¡Ahora si que estaba empezando a considerar que la libertad tenía sus regalos!!, Felicidad debía ser algo así como un fino hilo entre cordura y goce, ¡Ahhhhhhh, como estaba disfrutando su bendita condición de motita de polvo!….

En ese  momento los ojos de la mujer de los finos dedos se volvieron sospechosos y se acercaron a Pizco. Eran grandes como dos oráculos iracundos. Seguidamente  sus finos dedos ,que recordaba hasta entonces misericordiosos, lo tomaron con delicadeza. Aunque ya no para acariciarlo, sino para expulsarlo de aquel bendito paraíso.

Bah!– que raros son los humanos, dijo Pizco, para unos temas te banalizan y para otros te consideran. Nunca acabaré de entender este mundo lleno de hilos.

 

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Vislumbrando la cittá eterna. Algunas curiosidades.

Decía Silvio Negro, periodista y cronista de dos de los más importantes periódicos italianos, que “Roma non basta una vita”, argumento que le sirvió para elogiar y dar titulo a su libro, en el que muestra su devoción y admiración hacia la ciudad clásica por antonomasia.

Ahora que voy a tener la oportunidad de viajar a Roma y que me voy ilustrando poco a poco a cerca de la ciudad y su historia, descubro en esa frase, una verdad como un templo, que bien podría ser el Panteón.

Roma de algún modo, ya sea por el peso que ha condicionado toda su historia o porque goce de sus propias reglas para calibrar el tiempo y el espacio, la eficacia y la moral, ya sea porque siempre figura entre los libros que dieron letras a nuestra cultura y nuestra historia, quizá porque además  sea la única ciudad en el mundo capital de dos estados,  por todo eso probablemente se constituya como  punto de origen e inflexión de obligada visita (“todos los caminos conducen a Roma”), en cuanto a lo que supone gran parte de nuestro legado como europeos y habitantes herederos de las distintas civilizaciones.

En estos días en los que navego buscando información y dedico pequeños instantes  a curiosear por el paradigma de la ciudad, por cuanto conforma de toda esa teoría que nos obligaron a empollar para avanzar en los cursos,  en la  que no solo se la ensalzaba como tema de fundamental aprendizaje sino que además se nos trataba de hacer ver cuanto hemos heredado de aquel viejo  modo de vida, lenguaje, cultura, arte…aun con todo eso en el pequeño baúl cultural de mi memoria,  me doy terrible cuenta de lo inabarcable e incontenible que sigue siendo esta ciudad a la hora de conocerla.

Al mismo tiempo, descubro como al volver a tocar todo aquello que ya aprendí, gran parte se perdió en el trayecto  y  al refrescar, otros tantos conocimientos vuelven con la naturalidad del entonces, el de mis pocos años,  traspasando las fronteras imaginarias del olvido y quedándose de nuevo adheridas a mi retentiva más joven.

Roma sigue siendo eterna, también en parte, para mi memoria. Hoy me admira la atención que pongo sobre los datos curiosos que no son precisamente los que entonces aprendí, y sí los que he ido entresacado y voy apuntando por aquí y en mi libreta. Ya voy contando los días que restan a este viaje en el que he depositado tantas ilusiones y expectativas, preparando durante estas semanas algunas cosas en formato pequeño para mi corto equipaje.

Por ahora os dejo con algunas curiosidades que he ido encontrando mientras leía y que me han atrapado totalmente. A ver que os parecen…

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  • “La creación de Adán”: de todos es conocido este fresco de Miguel Angel que conforma la bóveda central de la Capilla Sixtina. Si bien lo que siempre se nos ha contado es que trata de representar ese episodio bíblico del génesis en el que Dios le da vida al primer hombre , hasta ahí  todo parece normal. Sin embargo, hace no mucho ha surgido la vertiente de ciertos entendidos en la materia que aseguran que detrás de esta famosa obra de Miguel Angel el autor quiso dejar un mensaje oculto al resto de la humanidad. Si nos fijamos detenidamente en la parte izquierda del cuadro, la que representa a Dios con esa mujer que creemos es Eva, y los querubines, todos aparecen envueltos en una especie de toga o capa roja …¿que órgano humano os sugiere todo el conjunto?. Sí, es exactamente lo que estáis pensando con vuestro brillante cerebro. Miguel Angel se sabe era un profundo amante de la biología y parece claro que algo quería decirnos para que ahí, justo detrás de lo evidente, estuviera pintado lo fundamental para la evolución humana: el cerebro. No se sabe bien si ya el artista nos estaba susurrando de algún modo transgresor para la época que Dios y la religión eran algo que estaba en nuestro coco.  O bien, todo lo contrario, que Dios era el cerebro pensante del que dependía el resto de la humanidad. Y vosotros ¿por cual de las dos teorías os decantáis?

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  • Rafael Sanzio y su final: poco sabía yo de la muerte temprana de este famoso pintor del Renacimiento. Al parecer fueron sus escarceos amorosos los que le llevaron a la tumba, cosa que yo, hoy por hoy, no termino de creerme. ¿No sería más bien que las conciencias de la época querían darle ese sentido peligroso al sexo en exceso y sin compromiso?.. Dicen que pasaba más tiempo retozando con sus amantes que dándole a los pinceles. Se conservan algunos datos que dan fe del carácter enamoradizo del artista, sin embargo no llegó a comprometerse con ninguna dama y pasó toda su vida en la soltería.

 

  • El vino y el plomo, una combinación ¿tan nefasta?. A todos nos ha llegado, a través del cine y los escritos de la época, episodios de la locura que gastaban los grandes emperadores romanos, desde Tiberio hasta Calígula o Nerón. Pero ¿qué hay de cierto en toda aquella crueldad sin límites que parecía derrocharse en las filas del poder y que hay de inventado a través del tiempo, o  por acérrimos enemigos que quisieron arrojar “basura” sobre la reputación de los susodichos, convirtiendo sus figuras y logros en caricaturas ridículas y soeces?. No me extrañaría, desde luego que así fuese, pues esa crueldad sutil  ha pervivido desde que el hombre es hombre. ¿Y porque os cuento todo esto? Me explico. Hace unos días leía absorta como en muchas páginas de internet escudaban científicamente aquellas locuras (que, dicho sea de paso, algunas tambien tenían su parte de aceptación en la época) repudiando el buen nombre del vino. Y lo hacían además en términos científicos, que si un tal vino sapa era cocido en ollas de plomo que desprendía no se que sustancia perjudial para la mente en dosis elevadas. Saturninismo se llama por lo visto al envenenamiento derivado de la ingesta de plomo. Y yo me pregunto ¿solo los emperadores bebían ese vino supuestamente tan transformador? seguramente también lo hacía la clase alta ¿todos estaban locos de remate?…deberían estarlo por esa regla de tres: vino- olla de plomo-locura. En realidad lo que a mi me parece es que hay mucho de sensacionalismo en todas estas historias y que aquellos episodios de la más encarnecida crueldad pueden explicarse y de hecho han venido ha explicarse toda la vida de Dios como el efecto perverso que tiene la corrupción y la ambición en el ser humano. Y es que me creo que el poder lo cambie todo hasta el punto de no distinguir entre héroes y malvados. Como para pensarse ser presi…jejejeje.

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  • La puerta mágica: Muchos son los monumentos y obras de arte de la Roma antigua que guardan cierto misterio, pero probablemente la puerta mágica sea uno de los que más curiosidad desatan. Se trata de un portal con inscripciones y símbolos indescifrables que está en la Piazza Vittorio Emanuele II. Representa una de las cinco puertas (y la única  en pie) que daban a una antigua residencia del siglo XVII, donde vivía el marqués Massimiliano Palombara, un hombre apasionado por la alquimia. Cuenta la historia, que un buen día se cruzó con un alquimista que le contó que estaba buscando unas hierbas para poder terminar de desarrollar una fórmula que le permitiría convertir cualquier tipo de metal en oro. Imaginaos el chollo. Probablemente en ese momento no le prestó demasiada atención porque era uno de tantos que parecían ir tras el mismo objetivo.A la mañana siguiente, el hombre desapareció pero dejó un pequeño legado: unos copos de oro y un papel donde había diferentes inscripciones con formas geométricas donde- supuestamente- se encontraba la fórmula mágica para crear oro. Palombara mandó grabar los símbolos en las cinco puertas, a la espera de que alguna vez alguien se acercara hasta la villa para ayudarlo a descifrar el misterio. Pasaron cuatro siglos y todavía nadie logró encontrar la respuesta, pero la puerta sigue ahí, omnipresente, detenida en el tiempo, luciendo un mensaje críptico que la vuelve incomprensible y como tal, completamente deseable.

    A mi me parece que también me están entrando ganillas algo locas de descifrarla…aunque no se si serán fruto de mi ambición o de la copilla de vino de este mediodía…jejeje

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Y vosotros ¿habéis estado en Roma? ¿Qué cosas recordáis? ¿Conocíais estas curiosidades?

 

Crónica de una ruta de domingo

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Los domingos se han convertido en días llenos de posibilidad. Nada comparable a la manía que anteriormente les tuve, por cierto, bastante injusta. Una va cambiando con el pasar de los años y aprende a valorar con más precisión lo vivido. Y es precisamente que el domingo me gusta para tomarlo como pulmón y encarar la semana con el positivismo que merece.

Esta vez el ultimo día de la semana amaneció algo meón. Cuando me levanté y abrí la ventana, me dí cuenta de que todo estaba empapado. La noche anterior había transcurrido con esa lluvia fina y silenciosa que no ves venir, mientras yo planchaba tan a gusto mi oreja. Sin embargo, miré a mi alrededor y había un sol esplendido ( por aquí se le dice un sol que aporrea jjijiji)  el mismo que se había ocupado de ir abriendo claros y revistiendo de belleza todo el paisaje.

Es lo que más me deleita de cuando llueve, la nitidez que devuelve a los campos, como si le hubieran echado una buena capa de limpiacristales.

Al instante, como cualquier  animalillo silvestre, sentí la necesidad de salir a capturar las vistas in situ, con la perspectiva de la aventurera que siempre me hace. Traté de convencer a mi chico, pero pronto me dí cuenta de que había fuerzas mayores con las que era imposible competir…y no era la pereza, ni los niños…que va!…el asunto era que jugaba el Real Madrid.

Uno a cero perdiendo yo. ¡Válgame con los domingos y el deporte rey!.

Volví a mirar la ventana y pensé que una vocecilla algo hipnotizadora y bruja seguía llamándome más allá del cristal y de mi casa…me iba diciendo algo así como…ven, ven, ven… mójate conmigo en los charcos, ven al borde y camina sobre la línea de tus pasos que yo te mostraré la perspectiva…

En el fondo, se de buena tinta, que esta vocecilla no es nueva para mis oídos. Digamos que los que la escuchamos la describimos como esa droga que nos provoca el ir en busca y captura de alguna ruta que nos calme. Creo que en el fondo, debe tener algo místico… eso o directamente somos locos de remate. Mira que salirse del brasero un domingo con el frío…..

Como soy débil a este tipo de cantos de sirena, inmediatamente comencé a preparar la mochila y a atar los cabos suficientes para que mi ausencia no se notara mucho en las horas en que no estuviera en casa. Mis gemelos se iban a quedar con su padre y yo me iba a largar a algún lugar incierto, a tomarme un tiempo para mí, que veía más que necesario.

Decir que desde que soy madre siento a menudo la contradicción de dos fuerzas opuestas, por un lado, ir sola a rutear es algo de lo más tentador en todos los sentidos, aunque por otra parte, hacerlo con mis hijos es una experiencia que me suma ¡y como!,  descubres en sus cortos pasitos y en sus ávidos ojos, cosas que a menudo te pasan desapercibidas….verlos felices y sorprendidos es lo más.

Estas eran por antonomasia las dos fuerzas que luchaban en mi interior buscando argumentos, aunque pronto me dí cuenta que llevarlos no era una opción barajable . Ya no solo porque me viniera bien ese tiempo para mí, sino porque hacía frío y había barro y ellos aún no estaban preparados para combatir con un terreno en esas condiciones.

Mientras preparaba algunas mandarinas y la cámara reflex, pelirrojo me miraba con cierta sospecha. Su cara se puso aún más “celosía” si cabe, cuando le pedí las llaves del Terrano.

¿Pero no vas a decirme donde vas?.- me preguntó.

Noooooo, ¿tengo que hacerlo? – le contesté siguiendo su formato pregunta, intentando entre risas hacerme la seria.

Cuando ya me iba me acordé de esa película...126 horas y de su prota, lo que le ocurría por no decir a nadie su destino…y claro, sentí algo de resquemor, porque estaba claro que el lugar al que iba tenía cierta dificultad técnica y podía ser peligroso. Total que al final se lo confesé, como niña buena, que -casi siempre- soy.

No me digas!!!, pero a mi me encanta ese lugar!!! ……. me soltó inmediatamente. Lo siento, creo que te gustan más los merengues- le dije….jijijij, a veces tambien me sale la maldad en formato sutil.

En el fondo y a pesar de aquel diálogo algo provocador entre ambos, quedábamos satisfechos con la elección, él iba a tener su momento y yo él mío, lo cual a veces  en pareja también es necesario.  Cuando ya me iba, los dejé a los tres construyendo las bases de un globo con piezas, mientras esperaban que empezase su partido de la semana.

Por el camino se me ocurrió llamar a mi hermana, que se apuntó sin invitación a la excursión. Es lo que tiene ser parientes cercanos….

Íbamos ya en dirección ascendente, surcando hacia arriba la montaña, con el coche pisando charcos y sorteando veredas y me dio por pensar que pasaría si me quedase atascada por ahí.  “Bueno, aquí está mi hermana,…pero, claro…ella no tiene ni idea de conducción..”. Tampoco  yo conocía bien la dirección exacta, hacia años que no subía  a la ruta y  en ninguna ocasión había sido la conductora. Digamos que me iba entrando el cague  pero eran más grandes las ganas de patear el terreno y continué con ese gusanillo dentro.

Justo cuando  íbamos a llegar al lugar donde dejar el coche, me hallo frente a una bifurcación,  convencida que tengo que tomar el carril izquierdo abandono la opinión de mi hermana y  tomo otra dirección… bien, sigo hacia adelante hasta que  me encuentro de bruces con un gran embalse , que  hace de tope y final de la carretera…

Vale, estupendo!!!, tengo  que dar la vuelta………cachisssssssssss en los mengues!, con todo el barro que hay… si yo lo sabía…. dice mi hermana… Claro ahora es muy fácil decirlo…¡calla, pájara!

Una vez entro en razón , me dispongo a dar media vuelta y a volver sobre mis rodadas,  lo que supone meterme en el fango sí o sí. El terreno está húmedo y peligrosito, no me lo puedo creer, ¡¡¡lo ultimo que quería era esto!!!… ¿quien dijo calma?…todavía tienen que venir a rescatarnos en grua. Tres, dos, uno…adrenalina, reductora, ¿como coj*…. se metía la reductora de esto?…. ¿para que le pregunto a mi hermana si no sabe conducir?….Omssssssssssssss….tierra trágame!!!

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Síiiiii, queridos amigos, ahí estaba yo tan flamenca,  una mujer rural sin pajolera idea de  meter la redutora de un todoterreno, haciendo ruedas y tratando de controlar la fuerza de “el bicho”. Porque amigos, una se las tiene que ver en todas las facetas habidas y por haber y porque además un todoterreno no es tan manejable como te lo pintan por la tele, cuando vas por tu carreterita bien asfaltada, tan agustito y cuando llegas y se baja la típica mujerona  tía buena sacando a sus dos- tres churumbeles del cochazo, con ese despliegue de glamour y poderío…y ¡ojo! sin que se le mueva un pelo del flequillo.¡¡¡¡ ilusos!!!

Amantes de la tracción, estaréis conmigo en que un todoterreno hay que saber tratarlo porque cuando se le pone en  serios apuros rezuma agresividad y ruge como un león, y eso a  las féminas (al menos a mí) nos despierta cierto miedito.

En fin, gracias a los dioses de aquella mañana de noviembre, esta mujer que hoy escribe logró sacar al bicho del lodozal y de paso se enteró de como funciona esa palanquita, que no es un adorno, llamada de la reductora. Ea! guapa, ya te puedes considerar una mujer campera…jijiji.

Como iba diciendo (que me desvío de esto tambien jjjjj)…al final logro dar con el lugar que yo buscaba para dejar el coche y nos bajamos. Andamos y andamos durante más o menos una hora, entre charlas, pisadas y silencios, hasta llegar a la cresta de los riscos. La naturaleza es el mejor antídoto contra la desgana, te llena de energía en un pis pas.

De este modo vamos atravesando lugares anegados, otros más secos, sorteando veredas de guijarros  escurridizos y escuchando los sonidos de la montaña. Me detengo a cazar los instantes que mas me atrapan disfrutando de las vistas que me regala una ruta de este calibre.

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Cuando estás en lo más alto y bordeas la cumbre, cuando eres capaz de verlo todo a ese tamaño tan minúsculo, te das cuenta de lo poco que cuenta tu mundo a esa escala… tu casa, el entorno de tu infancia, el lugar en el que creciste se disipa conforme a la lejanía…y  las sensaciones se aglutinan en tí dando lugar a algún tipo de conmoción.

Entonces, justo entonces, descubres un poco de lo que eres: solo una pequeña partícula de polvo en un universo condenado a ser inabarcable. Es la perspectiva contradictoria de la altura. En lugar de sentirte el rey por estar ahí sobre otras muchas cabezas más bien crees que los reyes caminan ahí abajo, engañados por el trascurrir de la rutina y la polución.

Ya a la vuelta voy pinchando a mi hermana para que me cuente sus amoríos. Hay que volver a pisar terrenos pantanosos, jejejej… ¡Qué tiempos aquellos, madre!…en los que algo empezaba y no querías pronunciar la palabra “novio”, no fueras a verte con el velo puesto o algo de lo especial con un amigo se estropease. Me encanta charlar con ella y recordar viejos tiempos desde otra perspectiva distinta, como la que me llevo a casa en esta mochila, …y de recuerdo una rama de tomillo para aliñar el pollo…Ea!

Me voy diciendo que tengo que salir a por esas experiencias más a menudo, porque son las que me van haciendo crecer en muchos sentidos. La felicidad no es la que nos han vendido, ni la que anuncian por la tele…ni siquiera la que aseguraba conocer fulanito o menganita…la felicidad es un tesoro que ha de ser conquistado, porque yace escondido en nuestro interior…siempre esperando a que la saquemos a pasear un día cualquiera.

 

 

 

 

 

Cuartillas

 

Dibujas, tal como escribes, y en esas líneas quedan impresos retazos de garabatos, como detenidas las emociones que se suspenden del fino hilo que te recela. El color intenso del mismo instante en el que imaginas. Tu mano vuela con la memoria.

De pronto, piensas como lo que eres y sientes se puede leer a través de esas cuartillas, paginas en blanco que  van rellenando las etapas, con sus días de sol y lluvia. La casa, el brasero… La nieve también vendrá y seguiremos pintando las tardes con promesas.

Avance, travesía. Me gusta detenerme y mirar en tus ojos. Captar la simpleza de tus líneas y  el alma espontanea que respira del trazo de tu yo joven. Ansioso y tenaz artista.

Permíteme que aplauda la claridad de tu amor, que me bañe de su transparencia cuando me pintas, mientras caminamos juntos por las aristas de esta libreta.

 

Matanza en Segovia Street

Me debatía entre un inane sentimiento de desesperanza y un crédulo ánimo de liberación. Con todo el escenario dispuesto ante mí, cogí el cuchillo y agujereé la carne con precisión. Estaba blanda, fresca y natural…indudablemente perfecta para ser hendida, así que los cortes resultaron de la magnitud que había planeado.

En el proceso que me ocupaba, sentí como me iba amedrentando el color anarajando de aquella piel rozagante. Tan basta y gruesa en apariencia pero tan vulnerable en los adentros. Así debíamos ser todos cuando se nos arrancasen de las raíces,  pensé..¡tan débiles!.

No obstante, nada consiguió alejarme de mis malévolos propósitos. Tenía el tiempo exacto para la tarea, dejar todo limpio y volver al trabajo sin dejar rastro. Sequé la humedad  de los cortes (que quedaron finalmente como círculos irregulares por los que se iba filtrando la luz) desechando los jirones sobrantes. Mis manos, después de tan petulante labor, estaban frías y pegajosas, pero olían a confite.

Luego maquillé con pintura  los restos de la barbarie, añadiéndole imaginación, esmero y algo de ilusión ¿porque no?. En realidad, mi objetivo no era otro que disimular el crimen perpetrado y devolverlo -aparentemente- a su anterior viveza.

Unas horas más tarde,  ya brillaban mis fechorías con luz candente. Bajo capas de color, nadie sospechó que habían sido arrancadas las semillas de dos almas.

Todos cuantos  pudieron ver a aquellos espíritus vagando por las curvas de la noche, aseguraron que parecían algo así como un par de pequeñas y ocurrentes calabazas.

 

 

Arrebatos de Hellogüín

 

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Aquella fría mañana, en el almacén, Mari Puri encontró 78 mecheros en una bolsa, todos diferentes en color y forma. No hubiera sido noticia si Mari Puri hubiese sido empleada de una pirotecnia o de una empresa de publicidad, que no era ni mucho menos el caso… o si ella misma no hubiese leído ¡con sus propios ojos! el cartel  de se prohíbe fumar en todo el establecimiento justo a la entrada del edificio.

Conducida por un arrebato de diabla al más puro estilo hellogüín, cogió la bolsa  y la estrelló contra el suelo, esperando que la otra chica que se acercaba por el pasillo lo escuchase. No tardó en asomar su cara curiosa, por entre las rendijas, al escuchar tan fogoso estruendo… ¡aquello pesaba una norma, que digo, un pasmo…que digo…un quintal!.

Ahora la pregunta no era que hacían o como habían llegado hasta allí los objetos prohibidos. Tampoco a que se dedicaban l@s emplead@s del local en sus ratos libres… sino en qué parte del inventario apuntaría la cantidad exacta de encendedores, si ¿al principio o al final?.

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