La hora de las tres ces.

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Lauri llegó como  solía hacer siempre, con un titulillo bajo el pico.

  • Ana, ¿te ha llegado ya el carnet de conducir renovado?
  • No, aún no ¿y a tí?
  • Pues a mí tampoco. Que sepas que la furgoneta espres en la que estuvimos para acelerar los trámites fue un timo
  • ¡Anda ya, Lauri!. ¿Y los exámenes médicos? y todas la pruebas que nos hicieron? ¿todo eso iba a ser un montaje? ¡tu sueñas!.
  • Mira, si mal no recuerdo, el doctor apuntó  una cruz en mi expediente justo donde señalaba falanges  o miembros intactos….y ¡coño! ¡mira tu lo que son las cosas! a mi me falta un dedo desde el año de María Castaña!. Ese medico estaba más ciego que un topo. Todo sucedió muy rápido, si lo piensas, como si quisieran sacarnos el dinero y largarse.
  • Claro, Lauri, es que era una furgoneta para acelerar tramites ¿recuerdas?, me parece que todo estaba en orden para tratarse de un timo.
  • Esta mañana hable con los policías locales y ninguno sabía nada del asunto de la furgoneta, como si lo hubiéramos soñado, nena. Me huele a fraude.
  • Jope Lauri, mira que me vas a hacer dudar. No se si recuerdas que pusieron publicidad por todas partes..
  • Ya ¿y qué?. Tendrían que promocionar para engañar a los cuatro tontos como nosotras. Piénsalo, ya hace un mes de aquello y tráfico sigue sin enviarnos los carnets.
  • Lauri, me estas acojonando… ¡que eso no puede ser!.
  • ¿Tienes el teléfono de los tipos?
  • Espera y lo busco… eso fue el día 5 de abril….
  • Anda, pasamelo por wassap.

Mientras teclea, Ana, se equivoca y cuando localiza el numero en lugar de copiarlo, le da sin querer a la tecla de llamada. Nerviosa intenta colgar…

  • Nenas, que le he dado a llamar sin querer y no se como cortar. Jajajaj…. ay, madre! que me lo van a coger
  •  Jajjaajjajaj….¡¡¡¡Ana cuelga, por el amor de Dios!!!! jajajajajaj.
  • ¡¡¡¡Que no!!!! Que no puedo,  que este movil se me rebela a veces…
  • Jajajaja…Ana traicinada por su mobil….

Mientras,al otro lado del hilo, como es natural, alguien finalmente responde a la llamada.

  • Diga? Diga? Hay alguien ahí?

Se oyen las risas de tres mujeres  “ya me lo ha cogido, me cachissss”- resopla Ana.

Resignada , se coloca el movil en la oreja y comienza la conversación. ¿Que le digo a este tío? Va pensando mientras improvisa. Se levanta de la silla nerviosa por el cachondeito al que la han apuntado  sus amigas, se va a otra habitación para lograr ponerse seria y comienza a explicarle el asunto de los carnets y la furgoneta.

Sus compañeras Lauri y Rosa la observan como dos jovencitas de instituto, fraguando historias disparatadas a partir de lo que van pillando de las palabras de Ana.

  • Sí, si…gracias por molestarse en mirárnoslo. Entonces está en tramite. De acuerdo, genial.- concluye Ana con una sonrisa de alivio.

Parece que todo queda aclarado. No hay timo por ninguna parte, pero ahora eso da igual porque Lauri y Rosa no están dispuestas a abandonar el jolgorio y siguen mirando a su compañera con sonrisas juguetonas.

  • Vaya Ana! ¡qué dulce te pones al telefono!. A ese te lo has ligado ya, fijo.  Era todo enrollarse para no colgar jajajajaj. – se carcajea Lauri .
  • Es que son las horillas del picaflor, Lauri, le habrá sorprendido su inesperada llamada. Estaría en la cama aburrido y de repente ha escuchado la vocecita de Ana como salida del paraíso- añade Rosa, arqueando una ceja y partiendose de risa.
  • Estáis fatal, nenas. ¿Os lo habéis mirado? voy a mandarle un aviso a vuestros respectivos para que os “echen un cable” de aquí a las diez jajajaj.
  • Es que tenías que haberte escuchado, Ana. Melosa para descrirte se queda corto.
  • Jajajajaj… ¡Estáis locas! Y Lauri Negrillo Lopez ahora no pienso contarte por donde viene tu expediente, ea. – dice Ana sacándole la lengua.
  •   Ehhhhhhhhh, yo no tengo la culpa. Es esta franja en la que nos ha tocado trabajar,  la hora de las tres ces: café- cama y cachondeo.
  • ¡!Desgraciaicas somos por faltarnos la más mejor!..
  • Ya veo, ya. ¡tendréis que soñarla! porque lo que es yo… estoy por dejaros e irme con mi desconocido…
  • jajajajaj…¡¡¡eso ya lo sabíamos!!
  • jajajajaj
  • jajajajaj…

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De pijamas selváticos

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Jamás te enamores de un pijama de color verde. Vuelvo a escribir: jamás te enamores de un pijama de color verde: con tintes selváticos. Insisto: Jamás imagines que con esa dulce prenda  de color verde tu niño (al cuadrado) estará requeteguapo y requetesanto entre estampados de serpientes, tigres, elefantes y Mogli, el niño salvaje,… Nada más parecido a sacar la caja de los truenos. Nada más parecido a hacer una deducción de churro ¿en que estaría yo pensando cuando los compré?

¿Os acordais de esa peli de Batman en la que el traje contiene algún tipo de hechizo que al contacto con la piel, lo vuelve digamos “maligno”?. Algo así debe haber pasado con el pijama. Tan bonito, tan requeteprecioso, tan de camufluje e ideal para las manchas de los hijos sayones…me tenía francamente convencida y ahora ando en la esfera contraria, divagando a cerca de los porqués de esa prenda diabólica y lo que aconteció en los ultimos días.

Resulta que habíamos estado en el zoológico y les había gustado tanto la experiencia de ver en plano real a esos animales salvajes, que en algún momento debí pensar que sería buena idea vestirles con ese pijama. Debio ser eso de que ser maestra me saca sin querer el lado educativo de las experiencias y quiero extrapolarlas a la casa. Ea, pues, no, mejor estate quietecita y sigue vistiendolos con ositos y conejitos pastelosos.

El caso es que durante el primer día el ponerles aquel pijama no revertió consecuencia alguna. Ellos tan bellos, mamá tan enamorada. Todo tan ideal de la selva.

Imagino que la tela,al contacto de la piel, estaría cogiendo el influjo necesario…. que al segundo día no más, la selva, las fieras y el animalismo llegaron en todo su esplendor. Yo acababa de salir de la ducha, con el albornoz echandome mis potingues mientras papá en la cama tumbado consultaba su mobil. De repente escuché un gruñido a mis espaldas, algo así como: Grrrrrrrrrrrrrr, giré la cabeza y allí estaba: el  horror. Mi hijo convertido en tigre. ¡¡¡¡¡Toda la cara rallada con rotulador gordo indeleble!!!!!.

El pequeño tigre de la selva se reía con su chupete y sus rayas negras, mientras a mí me iban poseyendo los Dioses malignos del Amazonas a partes iguales con un espíritu de comicidad espontáneo que poco a poco se iba apoderando de mí. Tragué saliva y me dirigí a la habitación del pánico en la que se había gestado todo el asunto, detrás de mí, papá iba grabando la hazaña.

No sabía lo que me iba a encontrar ni de donde había salido aquel maldito rotulador, ni si las paredes, muebles, suelo…estarían también pintarrajeados… aunque de forma contradictoria, por el pasillo iba luchando contra el poder de la risa, procurando sacar esa faceta de madre, que ante situaciones como la que relato, se queda escondida entre toneladas de polvo.

Encendí el interruptor y allí estaban los dos tigres, caritas ralladas, con el rotulador en mano sacado del fondo del cajón de mis pinturas. Ni siquiera yo sabía que estaba allí.

Debí haberlo imaginado, ¡qué tonta! pijama de camuflaje requería tambien maquillaje a lo Rambo. Y allí estaban saltando en el sofá, luchando uno encima de otro metiendose en la piel del personaje. Se habían dedicado a caracterizarse y lo habían hecho de “beautiful”. ¿Sería la magia negra del pijama la responsable de toda aquella peripecia?

Los miré tapandome la boca e intenté decirles que eso no se hacía, pero la risa floja-flojísima me convertía en mera espectadora cachondeandose del numerito.

Lo dicho: ahí empecé a sospechar de aquella prenda y los episodios extravagantes se fueron sucediendo sin yo poder hacerles frente.

El escenario siempre resultaba el mismo: la mami en el baño  y ellos campando a sus anchas por el piso superior.  Esta vez estaba preparándome para salir, maquillandome en el espejo y escuchandolos de fondo. A no más de 5 zancadas detrás mío los sentía jugar en la cama pero realmente no había prestado atención a su juego. De repente oigo el sonido de una caja y el de un plástico…miro extrañada al espejo como si este pudiera darme las respuestas buscadas, y al no encontrarlas me giro y los diviso allí tranquilos, con la caja de Durex cantando: un sobre de azucar, uno de cola cao, uno de café………………..

Vuelvo a mirar para el espejo y me troncho de risa sin que me escuchen….

Este pijama verde va a terminar por acabar con mi ánimo de madre.

Ronda

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Y a mi quien me manda sentir atracción por los precipicios y las piedras. Embobarme en las alturas mientras suena la melodía de un violín por estas callejuelas empedradas.

-“¡No te asomes, por favor! ” – grita detrás mía, con un alarido voraz que se pierde entre el trajinar de la aglomeración turística.

-“Ni se te ocurra dar un paso más al frente!!!”- vuelve a pronunciar rotundo, en la intentona de que mis pies se anclen al suelo. Lo miro sorprendida. Todos tenemos nuestros limites, el temor siempre humano, que se apodera de uno..

Ese miedo a la altura, que desconozco, creo que se llama vértigo. Como si las baldosas y el suelo se volvieran blandos y uno sintiera que todo tiembla. Es el borde de un abismo que  se  hace mantequilla y penar. Que cantonea las aristas de la mente, hasta hacer escapar  un trozo de la parcela de nuestro zapato y de repente…la angustia del vuelo. Como si fuéramos pájaros aprendiendo a volar…

¡NO lo somos! me repito, todavía siento el suelo firme y cálido bajo mis zapatos, aunque haya sido capaz de hacer una breve introspección hacia la emoción que circunda su cabeza, envolviéndolo en angustia.

“Déjame disfrutar un ratito de este momento”, le digo tranquila. “Hay una reja enorme anclada delante de mí, no me pasará nada. Date un paseo con los niños por los alrededores mientras tomo algunas fotos.”

Me hace caso y le guiño el ojo. Pobre, yo misma se que el miedo no tiene lógica pero toma raíces y forma de manera vertiginosa…!el jodío!

Quedo sola frente a este pueblo construido en vertical. Las casas miran al puente, el puente las mira a ellas. Y yo me hago con todas esas miradas. La estructura es abrumadora y se fija a la retina. Aunque he estado en precipicios mayores, esta mezcolanza de gentes transitando  por tan pintoresco lugar, me va conquistando. Es como si el pueblo aunara rincones recónditos deseosos de ser descubiertos más allá de lo que – a priori- ven mis ojos. Hay música y romanticismo entre las calles, se respira algo, poesía antigua tal vez. Tengo que volver aquí sin tiempo y sentarme en una de las terrazas con vistas para dejarme escribir.  Miro ahora hacia abajo, donde tiene puestos los pies el megalómano de piedra. Veo personas que se adentran por senderos entre la maleza, que acunan el sudor entre la aventura, y las observo preguntándome como será el mirar hacia arriba por esos ojos de senderista. También siento envidia, también deseo probar. Sería volver a lo que ya conozco. Mi corazón está ansioso está mañana.

A todo esto….¿Donde se habrán metido?

Los localizo en la lejanía. Voy tras ellos, ya casi los pillo. Papá y sus cucos. Es tan dulce esta imagen que quiero mantenerme en anonimato el mayor tiempo posible. Así, de espía. ¡Hasta que me descubran!. Me resulta tierna la estampa porque representa la evolución inexorable del tiempo, lo imposible que esto hubiera resultado hace un año, transitar así tan libremente por las calles, sin carros ni carretas, sin tropezones ni traspiés. Sonrío de sabernos en esa libertad que  ya va trayendo otras preocupaciones y ventajas. Me gusta saberles fuertes para resistir los pasos que tiene el descubrir, confiar en sus capacidades como viajeros recién estrenados, motivarlos en el arte del postre con algún huevo sorpresa y si acaso a la vuelta, un helado para refrescarse. Para V. el más grande, que es un ansioso.

Y ahora de nuevo viaje largo,… a la casita del hotel…a descansar.

” Mami, ya no me da tusto el vintilador”…. dice J. , pues a ver si le chivas el truqui a tu padre- le digo muerta de risa.

 

 

 

 

Talón de Aquiles

Decía un libro que leí hace mucho que el ASMA era esa variable que oscilaba entre una pluma de ave acariciando tu laringe y una pajita estrechando tus conductos. Y que razón llevaba aquella escritora. Los que a veces nos quedamos sin aire, tenemos la morfología interior de otra forma. Faltos de estudiarnos y al servicio de quien sabe que misterios de ahí fuera que  en menos de un segundo, nos reducen a no más de lo que somos, H2o.

Un vientecillo extraño, el polvo de cualquier rincón,  una bebida helada o en el caso más disparatado una chispa de alcohol en un momento mal escogido… ¿Quien entiende ese mecanismo silencioso que desencadena el ahogo ? ¿Quien sabe que hizo un día ya lejano apuntarse al cuerpo a ese cronicismo sin explicación?

Todo debería tener una base científica. Y por consiguiente, debería haber adivinado que un punto flaco del todo predecible para una crisis asmática, es el resfriado común. Así lo dicen los medicos, pero predecir tampoco es curar. ¡hijos mios de bata blanca! ¿me decís como vamos a vencer a este nuestro talón de Aquiles!. ¿como vamos a hacer para evitar que baje saleroso el brío que se instala en los bronquios haciendo de ellos territorio de nadie?

Pero yo sigo luchadora, además de ilusa. Pensé que habría perdido de vista a este fiel compañero, adherido a mí desde hace décadas, que el parir (así en plan animal)  habría cambiado morfologicamente mis estructuras ¡pero que bestia soy!. En realidad tenía su base teórica, a la que yo apostillé mis ilusiones y algo sobre el asunto que leí por los interneses. Pues no, nada más lejos de la realidad. Misterios. Ya lo dije.

Y aquí me veo con la bombona de oxigeno como un vieja, sabiendo que lo que sale por esta mascarilla es aire bendito, oro en gas para extraterrestras como yo. No tiene gracia, en realidad,  pero tendré que tomármelo a chiste, a sabor de capítulos humanos, porque el y yo nos vamos a encontrar más veces. ¡Eso sí!,  que no me llame compañera, si acaso, inquilina . Y mientras nos entendemos, respirandonos cara a cara  un rato, trato de reirme hacia dentro porque hacia fuera no me sale… el pecho nos va cediendo trinchera,  ya no siento esa opresión como si me  hubieran atado una goma… Con el paso de las horas saltaré y brincaré con mis tropecientas  medicinas que despues, cuando me vaya confiando, iré saltando una por una. ¡Que yo no quiero vivir con esas drogas circulandome los 365 días del año!….que todavía sigo confiando en otras formas más naturales de cuidarme sin precisar de esos compuestos que me dejan “choped” jajajaja.

Hasta otra airecillo de malas pulgas. No lo digo por tí, sino por mí, que ahora parezco aquel muñequito de pulgoso cuando río. Gracias por esos días sin curro.

 

 

 

 

Marzo

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Este ha sido un mes de reaprender. O tal vez recordar. De huir de las viejas costumbres y acercar los tiempos, trastocándolos. De sorprender al cuerpo y a la mente doblemente, tal  como apuntó ya algún griego,… de sumar en ese imparable exigir a través de la literatura y el descanso. Han sido liturgias nuevas, renovadoras, intensas…ejercicios de curiosidad y metas, de zapatillas, sudor y finales. De letras entre descansos, de esfuerzos y espasmos, de respiraciones que te dejan sin aliento…

Ahora me pregunto ¿en donde lo dejé la ultima vez que escribí algo por aquí?¿Que historia tenía pendiente?. En este marzo que me arrastró con sus brotes de cambio, cuatro libros han tenido la osadía de escribir sobre mi piel, como ramas de un árbol que consigue abrazarme, desnudando desde la lejanía mi reconocible sensibilidad ¿será que los que escribimos lo seguimos haciendo aún leyendo? ¿será que lo fascinante de sumergirse entre las letras es esa apropiación indebida que tomamos prestada de cada libro?.

Me gustaría olerlos, abanicarme con ese juego rápido de dedos y páginas. ¡Hace tanto que no leo sobre papel!. Es una melancolía que ahora me apremia. ¿A que olerán los archivos minúsculos de esos libros bellos que llegaron justo a la puerta del alma? Esos que no ocupan espacio y sí memoria. Claro que es una memoria borrable, formateable. No como la humana. En mi quedaron las huellas de todos esos párrafos seleccionados por algún tipo de conexión. Quizás ese sea el perfume que desprendan. Y todavía por algún tipo de causa, aromaticen mi ser. Los hago míos, como una propiedad y luego los escondo. Menuda estupidez, digo yo. Quizás sea el secreto sea el precio a pagar por sentirlos tan de cerca.

Y sigo tomando aire, y luego a trote devastador durante otros 30 segundos más. ¿Cuando fue la última vez que el deporte estaba presente a diario en mis días?. Como una droga lo debo sentir que el cansancio ya no me hastía ni me frena. Vienen a mi flashes de aquel profesor de gimnasia para quien solo existía el balonmano, de las series de a dos y de aquel silbato chirriando con eco en el pabellón… también autobuses y ciudades y ese equipo que nos hizo recorrer media provincia sin que las derrotas nos hicieran abandonar. ¡Y como me gustaba ser base! para inventar con el balón, chupar y crear jugadas que nacieran de mi imaginación.

Y mientras corro, todo eso acude a mí, como un tropel de sueños despojados a través del curso de esta carrera. La vida. Todas esas centellas de microsegundos en reproducciones. Miro el reloj de esta cinta andadora que parece no llegar a ninguna parte. Al otro lado de la ventana,  contemplo los pinos y un trozo de cielo con escenario rojizo. Un gato blanco se afila las uñas sobre la madera. Yo y mis piernas sobrepasamos ya el minuto 15 y una extraña fortaleza acude a mi cuerpo, ya no siento la erosión de los primeros minutos, ahora creo que soy capaz de llegar a la luna y hago mía la frase “be strong“.  Me voy conduciendo a través de la costumbre y el aplomo, probando mis propias limitaciones y haciendo de las metas, el testimonio más real de mi cuerpo. Mañana tendré agujetas. Probablemente. Aunque cada día acuden menos y es más reveladora esa palpable sensación de felicidad que  va dejando el ejercicio. Me preocupo más, me cuido más…y eso también me hace sentir diferente. Más fuerte y enérgica, trazo zancadas sobre la tierra que transito. Agarro fuerte los contrapuntos de la existencia, esos lastres que poco a poco van moldeándome. No añoro un cuerpo escultural como esos chicos que prueban a romper el espejo con sus músculos. O eso imagino yo contemplándolos. Son como dioses griegos de una juventud lejana a la mía. Yo ansío otra cosa más sencilla. Llegar a casa, abrazar a los míos. Querer esa mujer diligente que nace  cada jornada en mí. Y luego, si acaso, dejar tiempo para las marionetas con los enanos, darle forma a sus cuentos. Colorear esos primeros atisbos de lenguaje.

Así se mueve marzo. Me suena desconocido y al mismo tiempo tremendamente familiar. Como un silbido de viento afanoso, que no va sino meciendo los pólenes y volando las ultimas hojas. Nieva y otro día hace un sol tremendo. Se descolocan los tiempos para después colocarse.  Así lo siento, genuino y alterado. Hago un descanso en la lectura, noto un calor familiar colandose a través de la ventana. Huele a trocitos de verano, mientras me sumerjo en el afanoso arte de vivir sin esperas ni exigencias…tan solo degustando la piel que endurece, el corazón que late y suda memoria, el pez que atina con la salida de alguna pecera imaginaria.

 

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Un ángel caído del cielo

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Para que luego digan que las mujeres somos las “cheffas” de la perversión. Que jugamos al arte de provocar sin más. Que somos crueles a destajo o vamos dejando a  hombres con la miel en los labios. Bobadas. Tonterías. A veces (suele coincidir que las más decisivas) no las tenemos todas con esa, nuestra equivocada “fama”..

Estaba yo tan tranquilita pasando el sábado en casa, cuando a media tarde llaman al portero:

  • Marina, ¿te la meto?- dice una voz grave conocida, al otro lado del telefonillo.
  • ¿Quien eres? – digo aturdida y algo pizpireta al escuchar tremenda frasecita. Reconozco que pensar bien no está entre mis virtudes.
  • Soy Ángel. Deseo verte…y que me veas
  • ¡¡¡¿Angel?!!!!!….voy, en seguida te abro (sino me descalabro, claro).(Diossantobendito Angel prometiéndome el ángelus…el guapo de Ángel, ¡no me lo puedo creer! voy, voy,…no te vayas, voy…)

Bajo las escaleras a toda ostia, me miro en el espejo de la entrada, me averiguo estos pelos rebeldes de bruja de estar por casa, me coloco las “esas”, respiro a fondo tratando de serenarme mientras descorro las tres vueltas de llave interminables de la maldita puerta blindada…

Lo que veo al otro lado me deja sin respiración.

Es Ángel.

No hay duda.

El mismo de mis sueños.

Viene sudado y con una sonrisilla de oreja a oreja. En su hombro izquierdo porta una bombona que reza escrito “¿Te la meto?”. Tiene que ser mentira ¡esto tiene que ser una broma, butanero!

  • ¿A que mola mi disfraz? – dice el puñetero. ¡Me han dejado hasta el uniforme!.
  • Si….si….¿aaalgo pesaaadooo me pareceeee eeeel meeeensaje, noooo?… tartamudeo con la poca compostura que me queda. No se si entenderá a que me refiero pero no sale otra cosa por mi boquita, sedienta de ángel por cierto…, parezco un dibujito manga al que le han lanzado un yunque desde el cielo,…
  • Oye, Marina, de verdad, que rara eres…¡la única que no se ha reído!…vete arreglando y vámonos de fiesta que estamos de carnaval. ¿Ves? por eso he venido, para animarte a salir que se que últimamente andas algo alicaída. ¡¡¡ Venga, mujer, venga!!!.

 

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Disfraces

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  • A ver Luisa, ¿se puede saber que te pasa que tienes esa cara tan larga?
  • Nena, pues que de que pienso lo que tengo que ponerme mañana en el pasacalles, me pongo mala.
  • Te refieres a lo del disfraz.
  • Si, ….¡ese tan soso, Mari Puri!.
  • ¿Ya te lo has probado?
  • Claro, parezco una morcilla blanca embutida.
  • Jajajaj…venga ya, mujer…algo haremos para que te quede bien, esta tarde lo vemos.
  • Pero dime una cosa Mari Puri ¿a ti te gusta?
  • Es horroroso¡¡¡¡¡¡. No  es nada imaginativo; un atuendo más de la vida real.
  • De la vida real, exacto. Necesario como el comer, pero cuanto más lejos, mejor. Por cierto, Mari Puri, tu tienes cara de haberte disfrazado de cosas interesantes, …
  • Si yo te contara…una vez me vestí de guiri , algo de los más improvisado: me colgué unos mapas, pille una ropa llamativa del armario, una peluca rubia matadora, unas gafas, un gorrito y me pinté quemaduras de sol….
  • Es original y barato…
  • Ya te digo. Lo mejor fue la jarra de cerveza que le incorporé, tamaño XXL. Estuve toda la noche bebiendo y brindando en inglés….jajajajja.
  • Jajjajajaj…¡¡¡mola!!!!  Y de que mas…cuenta, cuenta…
  • Pues mira, otra vez se me ocurrió algo más dificil: la mujer de Homer Simpson. Resulta que mi madre tenía unos cojines viejos de un sofá que había quedado en desuso y me fabriqué una peluca de medio metro con ellos. Me costó un dolor de cuello llevar aquello aunque luego me dieron un premio y no estuvo mal del todo.
  • Madre mia! tienes un largo historial…
  • Siiiiii, más o menos. Recuerdo también la vez que íbamos de trío.
  • ¿De trío?
  • Síiiiiiiii…..Zapatero y sus hijas ¡que te creias! yo me elegí una gótica…ajjajajaj.
  • Jajajjajj…tu es que no te disfrazas de cosas normales, chica…
  • Si, si, tambien… de azafata de Fernando Alonso, de niña de San Idelfonso, de pirata, de mujer araña, de diabla, de egipcia, de vampira, de charleston, de bailarina, de gatita, de sol, de lacasito, de Alicia en el pais de las maravillas, de guardia civila, de “a ver si escampa”…
  • Para, para…¿De “a ver si escampa”?…
  • Nenaa, aquello fue un puntazo. Ese fue un año que no caía una gota, la gente estaba desesperada, la cosecha a pique, todo el mundo mirando el cielo… Así que me coloqué un chubasquero, paraguas, botas de lluvia y el cartelito en la espalda.
  • Madre mía, Mari Puri!!! Deseando estoy de que me digas como podemos tunear este aburrido disfraz de enfermeras…
  • Espérate tú y verás….jajajjaja…
  • Jajjajajajja….
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Un poco de fuego, una chispa en la sonrisa, se imparable.

S.O.S. ¡¡¡Cáspitas!!!

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  • Una madre a otra: A mi hija le digo que para “esas cosas” hay que ser borrega en la vida. Para esos asuntos del grupo,  no dar la nota o despertarás envidias, no señalarse…tu me entiendes.

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  • Una jefa a su empleada: No puedes venir con el pelo suelto, ni esa falda, tampoco comer chicle. Son las normas.

¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!

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  • Una mujer a otras mujeres: Me pasé toda la tarde haciendoles la cena: gulas con gambas, luego carne en salsa y de postre natillas caseras… mi tarde entera  entre fogones. Ellos tres, mientras tanto, con sus cosas. Luego los llamé y me pusieron mala cara,  mis hijas y él. La mesa estaba puesta al detalle. Tanto para tan poco agradecimiento. La perra fue la única que me hizo alegrías cuando le eché un trozo de lo que había cocinado.

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  • Una amiga a otra: Le compré un mobil a mi hijo de 12 años porque el psicólogo nos dijo que estaba sintiéndose “aislado”, que era peor no tenerlo, que disponer del aparatito. Luego de mi sale no mirarle sus cosas…le tiene puesta una clave y además eso me parecería invadir su privacidad.

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  • Un hombre casado a otros: No todos los días le apetece a uno comer arroz, algunos días me apetece muchísimo comer gambas ¿entendeis no? jajajajaja. (Si, si, reiros…lo que nunca os diré, bobos, es que con quien flirteo precisamente es con vuestras mujeres)

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!??????????????????????

 

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Recuerdos y olvidos

Aquel lugar estaba plagado de musas, personajes que habían sido y representado una época, un tiempo, una década. Entre bambalinas sorbí con sed la copa, a mi lado una chica con pelo infinito tocaba al piano unas notas. Por un momento sentí que algunas de aquellas imágenes sin color, tan profundamente bellas, me miraban difusas desde un balcón lejano. Esa eternidad que no muere.  La canción del pasado, la música de algún recuerdo. Con todas las conexiones que atan hilos a capricho de una memoria que quedó estancada, en interminable huida.

  • Todo acaba olvidándose– me dijo, tan convencido que no pude más que oponerme a la contundencia de aquella frase.
  • No estoy segura – le confesé. Creo que la vida está plagada de elipses. No es un fluir constante, sino una fuente que mana y desaparece bajo tierra y luego vuelve a resurgir como un hilo, como una laguna.

Nos quedamos en silencio un rato, él tratando de entenderme, yo escuchando la voz que me llevaba a territorios que yo misma conocí.

  • Todo lo que tiene nombre, existe. – añadí. A veces siento que he tenido que colocar en un paréntesis invisible el desafuero, el injusto trato, la humillación que como mujer, recibí. Como si nada hubiera pasado. Creo que todo este tiempo no me devolverá la que fui, aunque tampoco quiero. Todos cambiamos, es necesario. La angustia es el precio que a veces debemos pagar por la libertad.
  • No eres convencional. Yo, que te conozco, lo sé. No quiero una de esas mujeres comunes que transitan por la vida, ni patrones que me dicten lo que debo amar. Mi instinto me lleva a quererte con todas las piezas. E igualmente acabarás haciendo tú, cuando aceptes tus formas. No somos lo que tantas veces nos hicieron entender, jarrones frágiles o irreparables, decorados y pintados exquisitamente para luego recibir los infortunios del trayecto… no estamos abocados a ese destino, más bien creo que podríamos ser la masa por definir, el conjunto que se moldea con el pasar de los hechos, mientras en el hueco, se va aposentando parte de la sabiduría.

Pegué otro sorbo a la copa y me quedé pensando en sus palabras. Me parecieron reveladoras, francamente bellas. Todo tenía que tener un sentido, hasta lo aparentemente improductivo y amargo, pero no debía precipitarme a descubrirlo. Llegaría solo. Al fin y al cabo no era otra sino la curiosidad la que me había hecho darle una oportunidad a la vida.