DOS AÑOS

 

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Dos años se pasan en nada. Aunque también pueden llegar a ser eternos. Recuerdo cuando nos parábamos a contemplar la bóveda en el cielo de verano, cuando aún no había farolas en la calle. ¿recuerdas?

Mirábamos y creíamos buscar una estrella, la que brillaba antes, la misma que se posicionaba ante nuestros ojos mientras cenábamos. Mas tarde supimos su  nombre y la guardamos en ese cofre que teníamos con todas las conversaciones estelares y todos los universos paralelos con los que crecíamos y nos componíamos.

Aquella estrella era otro pequeño universo, mucho más inalcanzable y doloroso, distinto a los demás, que llegó a poseernos y probarnos, para hacernos entender todas nuestras limitaciones y nuestros huecos.

Pero dos años se pasan y luego otros dos y otro más y estás de pronto ahí, como flotando en medio de un sueño. A pesar del avasalle de los acontecimientos, desilusiones y lágrimas … contemplando el brillo de dos estrellas que tú misma generaste para darles la oportunidad de brillar.  Tocas con tus manos toda esa luz unánime que desprenden, sientes el calor de una belleza que soñaste en medio del caos y recibes un amor tan imperturbable como incondicional.

Dos años son un camino pequeño con todo tipo de obstáculos,  momentos, emociones e hitos que van quedándose rapidamente atrás para permitir la llegada de otros. Cuando me paro a observaros detenidamente, entiendo que la vida se va haciendo entre abrazos, sonrisas y aprendizajes…  que no hay libro de instrucciones y que no tiene otro secreto más que el reajuste y la adaptación continua de las certezas, siempre en pro de velar por nuestros sueños y equipajes.

Dos años al mismo tiempo dan para mucho…permiten recorrer la increíble distancia que supone el lenguaje y el entendimiento y con ello se abre una puerta mágica para vosotros, la de la razón y la comprensión,  hacia todo lo que os resta por descubrir. Ya veis que yo, solo os llevo 33 años y todavía continuo siendo novel, traspasando continuamente esa puerta para lograr entender el mundo.

A veces se dice que se alían los astros cuando sucede algo extraordinario, algo que nos parece increíble por la fecha, las coincidencias o el azar…y se que -la mayoría- son cosas sencillas, pero estratégicamente puestas ahí para hacernos inmensamente felices.

Y es que esta noche, dos años despues sonará esa canción especial escrita y cantada por unos amigos, en una terraza cualquiera y yo estaré para escucharla y sentirla, de esa forma en que se sienten las cosas que has vivido, entendiéndola de un modo parecido a como ellos la compusieron un poco antes de que yo transitara este camino de la infertilidad.

Y bueno,  …aunque no son famosos ni exitosos en la medida que la sociedad cegadamente entiende,  como tampoco lo soy yo… me parece que desde otro punto de vista si que lo son. Y es que el éxito está mal entendido o acotado como definición, ya que se compone de algo mas que aplausos, fama y cosas materiales… Éxito  también es vivir de acuerdo a esas pequeñas felicidades, reir cuando toca y llorar cuando sea necesario, aceptar las propias derrotas, no tener miedo al cambio,…colaborar con los demás e impregnarte de todo aquello que hace crecer.

Y sí. Para mí también es éxito pararme… y contemplar mis estrellas… y celebrar que estoy aquí definitivamente, presenciando el milagro de su existencia.

 

 

 

 

 

 

CAJÓN DESASTRE

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Bueno a decir verdad este blog es un poco cajón desastre. Ya estaba bien que lo dijera yo, la autora del mismo. Algo más parecido a un pequeño batiburrillo personal que a otra cosa.

Recuerdo que de pequeña mi madre me decía: hija mia, ordena la habitación o pronto parecerá un burdelillo.

¿Un burdelillo? pues anda que mi madre no era fina ni ná para sus definiciones…jajajaj.

Muchos sabéis  por lo que nació este lugar y su temática, y como ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Lo que vengo a deciros es que me gusta escribir sin encasillarme, en el amplio sentido que tiene la palabra. Simplemente, sentarme y hacerlo sin importar el orden. Sin predecir un formato rígido, sin ponerme barreras, …abrir el cajón y ver que va a salir hoy. Y darme permiso.

Toda esa mezcla heterogénea tan rica como desconcertante, no deja de ser parte de mi óptica y parte de mi libertad. Guarda el rumbo de mis pasos y un mucho de indagación introspectiva que -como todo escritor- he ido dejando que me pase y me posea.

En realidad era un regalo compartido porque mientras yo pulía mi creatividad a golpe de imaginación y cosecha interior, también quienes me leían se acercaban a otro mundo: tan distinto como mundano, tan real como ficticio… en el que nos encontrábamos o nos distanciábamos como lo consiguen las lecturas o los personajes de la literatura.

Se que escribiré y que he escrito en distintos estados anímicos: detenida, amena, trágica, mordaz, reflexiva, alegre, romántica, apasionada, dulce, infantil, …. Era otra forma de hallarme en el diccionario, aunque finalmente haya descubierto algo tan simple como que somos algo más que palabras y adjetivos.

De tan diferentes perspectivas han nacido historias increíbles junto con otras más flojas y aún  así, viendolo correlativamente, explorándo mis ideas desordenadas a través de lo escrito, entiendo que han conformado trocitos de mi tiempo muy reconfortantes y valederos.

Bueno y todo esto para deciros que se acercan mis vacaciones y que voy a estar unos dias sin esa soledad agradable que aporta el escribir, con el blog en off y la imaginación tambien. ¡Haberlo dicho antes, so cansina! jajajaj…

Espero descansar, disfrutar a fondo de mi familia, de un mar  que siempre me acoge y todas esas cosas agradables que gustan tanto al cuerpo/ mente.

Es posible que al volver me tome alguna semana más de vagancia particular en casa, porque yo lo valgo..jejeje, para desconectar y/o hacer esas cosas que dejo para este periodo.

Pensé en el cajón desastre para inspirar esta entrada. Que mejor que dejaros un poco de ese batiburrillo a modo de despedida.

Espero que os guste, que disfrutéis a tope del verano y que seáis muy muy felices…

Besos inmensos de Mukali.

 

  1. UNA HISTORIA.  

Sabes, anoche volví a ver a esa mujer. Era joven y huidiza. Aunque no hablamos apenas, la recordé como un fotograma, congelada en el tiempo de un tiempo que ya casi no sonaba. Los hechos. Los segundos, aquel año… los despistes. Los “y si?”…que suceden a cualquier tragedia, intentando entender. Cuadrar el puzle que el azar destroza en un momento, sin lógica ni benevolencia.

 Estaba resquebrajada aún- me lo había dicho Álvaro, la noche del sábado. Unos días antes de encontrármela por casualidad en mi hotel, el mismo me contó la historia. Charlamos entre whiskys a cerca de como pasó todo y como aquella chica hizo frente a las circunstancias, al hueco y al todo cuando ese  todo solo es una grieta demasiado grande.

Habíamos llegado a la conclusión de la existencia de esa parte imbarajable con la que nos enfrentamos a la vida. Como si de repente fuéramos niños y nos dejasen en pañales, despojándonos de todo. Asumirla era tan vital para continuar, de lo contrario nos sumiría a nosotros mismos en el abismo. Pero había hechos y hechos…y personas y personas… decíamos…y en eso estábamos totalmente de acuerdo.

Eramos seres humanos tan imperfectos  que a menudo sucesos así podían volvernos testarudos e irracionales. Sin otros recursos más que los recuerdos y la evitación, se termina vagando por los mismos callejones, haciendo eses o círculos,  adhiriéndose a esa seguridad tan ficticia…porque realmente los fantasmas no habitan en la calle, sino en el interior de quienes los vivieron.

Era tan fácil verlo todo desde fuera, decir esto o aquello o lo otro, instrucciones sencillas para quien transita otros zapatos y a menudo perdidas en el entendimiento de quien las padece.

Con todas esas cosas en la maleta y el dolor de una herida de esas que se lleva la sonrisa…la encontré en el bar del hall pidiéndose una granizada. Me dejó su voz fría en un hola  y luego miró de reojo a uno de mis hijos…y yo merodeé un poco, -solo un poco-  alrededor de su tristeza. Tenía los ojos así, distintos, horizontales.

Recordé lo que me dijo Alvaro: “trataba de disfrazar de apariencia su pequeño y frágil mundo”.

Sabes, luego se fue y la ví desaparecer con aquel vaporoso vestido verde por las escaleras del fondo y pensé lo contrario de lo  que aquella noche dictaminó mi amigo.

Y es que yo sí creí que en ella todavía habitaba la  esperanza.

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2. ALGO DE POESÍA, no mía pero sí de mi cajón.

 

 

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3. ALGUNAS FRASES que encontré entre mis libros.

Para escribir hay que vivir, tratarse con la gente, sentirse solo en situaciones extrañas, afrontar los acontecimientos, tomar decisiones, descubrir la realidad.

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La incondicionalidad nunca es muy larga si se tiñe de monotonía.

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No me considero inocente, ¿como iba a poder serlo?. La senda del conocimiento es la senda de la corrupción espiritual desde el día en que se mordió la manzana. La simple práctica de pensar ya conlleva una caída en esa corrupción. ¿Se es más puro sólo por no hacer lo que sí se ha pensado? Cualquiera que piense con cierta profundidad está expuesto a desazonarse.

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Todo lo que nos afecta permanece en nosotros, aunque se pierda en el tiempo.

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Nuestra època es extraña, pensé. De todo se permite hablar y se escucha a todo el mundo, haya hecho lo que haya hecho, y no solo para que se defienda, sino como si el relato de sus atrocidades tuviera en sí mismo interés. y me añadió un pensamiento que a mí misma me extrañó: esa es una fragilidad nuestra esencial.

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La historia no son las mentiras de los vencedores, como con mucha labia le aseguré una vez a Old Joe Hunt; ahora lo sé. Son más los recuerdos de los supervivientes, muchos de los cuales no son vencedores ni vencidos.

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Muevete y el camino aparecerá.

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Quien no encaja en el mundo está siempre cerca de encontrarse a sí mismo.

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Habíamos sido felices caminando sobre una cuerda floja, habíamos florecido en una infección de contradicciones, nos habíamos encontrado en un laberinto de paradojas sin mirar nunca al suelo, sin mirar nunca al cielo, sin mirar.

4. ALGUNAS FOTOS

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Que llegue el verano para vestir el pijama con el que Guns & Roses suena suave, para esquivar la prisa de mañana y contar lunas cada noche, para que recite Sabina incansable de 11 a 2 y el café  helado nos aisle del sudor. Para detenernos en las nubes y seguir navegando en barcos y mares pequeños, para amar incondicionalmente a los duendes que pintan desnudos en el jardín y encontrarnos nosotros habitando sus hazañas…y seguir encendiendo estrellas…y seguir contando julios…y hacer de cada día una pequeña y anónima victoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PURA DROGA

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Charlaban en la mesa que daba al río por un lado y por el otro al balancín de la entrada. Estaba mirando mi móvil y el facebook– tan cómodamente-cuando los oí y no pude evitar prestarles atención.

  • Es normal. Es normal lo tuyo. Es normal lo de él. A menudo todo es matemáticamente normal, solo que a veces -cuando no entendemos- lo archivamos como complejo. Un mal transitorio, socialmente común.
  • La complejidad insatisfecha no es más que otro camino insalvable hacia la ignoracia… una vez se sabe, todo viene rodado. Pero hay que tener interés.
  • A ti si que te veo rodada.
  • Es parte del pacto por aprender. Pero oye, ¿a ti tampoco se te ve mal?
  • Será porque estoy aquí, sentado, a solas contigo. Y eso si que me parece complejo y único.
  • Jajajaja…¿como dos naufragos que transitan la misma isla?.
  • Noooo, como dos boquerones que se perdieron en el mismo mar.
  • Esos rebeldes empeñados en nadar fuera del banco…
  • Jajajaja… no me seas boquerona e invítame de una vez.
  • Más que boquerona, yo diría que soy tu “anchoa” favorita.
  • Jajajaja…síiiiiiiiii, la más salá, la más salá…¡pura droga!

 

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Alain Badiou y su filosofía del amor

 

 

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Entre quienes toman todas las precauciones y escogen por adelantado pareja fija contractual, de un lado, y quienes ven en el amor una pura administración de la satisfacción sexual, estamos en el cálculo y gestión del amor, es decir, la muerte del amor. El amor de verdad es otra cosa, y es revolucionario, un acontecimiento absoluto.

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La amistad es un amor calmo; el amor, una amistad excesiva

 

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El amor saca a la luz lo que es una diferencia. En el amor aceptamos ponernos de a dos para explorar no ya lo que creían los románticos, es decir, la fusión, sino lo que es aceptar la diferencia del otro, aceptarla apasionadamente.

 

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Digamos que el amor es una obstinada aventura. El lado aventurero es necesario, pero no lo es menos la obstinación. Dejarse caer al primer obstáculo, a la primera divergencia seria, en los primeros aburrimientos, no es sino una desfiguración del amor. Un amor verdadero es aquel que triunfa duraderamente, a veces duramente, sobre los obstáculos que el espacio, el mundo y el tiempo le proponen.

 

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El amor es todo lo contrario del individualismo que nos proponen. Se nos propone una soberanía del individuo, pero en realidad el individuo sólo es soberano de sus propios intereses. En cuanto hacemos algo interesante dejamos de ser soberanos. Si realizamos una demostración matemática los otros matemáticos vendrán a verificar que es cierta, dependemos de ellos. En el amor ocurre lo mismo. La soberanía es compartida con la presencia del otro. La idea de la soberanía individual es pobre porque excluye las actividades interesantes de la vida humana. El individuo se vuelve creador cuando acepta dejar de ser soberano.

 

 

 

 

 

 

La parte insobornable

 

 

 

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Definitivamente aprendió a reconocer lo esencial: no dejar hablar a nadie por ella en su cabeza. Estaba claro. Aquella parte era insobornable. 

Era fácil no equivocarse en las vidas de otros, era atrevido el juicio de quien arrastra la experiencia, era pobre no atreverse a mirar con el propio corazón.

Quizás todas aquellas frases-diana que la juzgaban -y que en otro tiempo la hirieron tanto- iban gritando mucho más. Un frustrado “te quiero”, un invisible “nomeolvides”, una manera cobarde de hacerse notar cuando no se tiene nada que perder. Aquel juego de divisiones y orgullos era su última carta.

Tenía un corazón tan de hierro que el día que lo escuchó latirle a fondo, por aquella mujer, no fue capaz de reconocerlo como un hombre.

Puede que aquella fuera  su parte insobornable.

 

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Indefinible.

 

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Aquel comentario había sentado cátedra en las posteriores conversaciones estéticas. Vamos que le había hecho gracia a ella y luego a él cuando  se lo contó y le confesó el tiempo que había estado pensando a que se referiría con aquel ” Estilo hippie pero arreglado”.

Él pronto sentenció: ¿Eso dijo? yo se a lo que se refería tu amiga…y añadió un jajajaja. ¡¡Ha acertado la gachona!!… a lo que añadio otro jajajaj, esta vez un poco más largo.

A ella  se le contagió aquella risa, aunque de esa forma en que la mosca zumba detrás de tu oreja cuando de quien hablan es de tí:

  • “Vamos que le das la razón a la gachona ¿cierto?…”
  • Totalmente. ¿Como es posible que yo -que llevo años viendote vestir- no haya caído en tan obvia definición?
  • Porque no te fijas, gachón…pero que sepas que mi estilo es “indefinible”. – y le sacó la lengua a modo de burla, se dio media vuelta y desapareció sonriendo a escondidas.

En realidad no le importaba aquel adjetivo que denostaba más personalidad que otra cosa. Podía hacerse una idea de lo que le sugerían ambas palabras juntas y parte del significado con que las había dicho aquella chica.

Por un lado : el hipismo que referenciaba un intento de escapar de lo común, un ir contracultura muy acorde con su forma de pensar … por otro la apuesta por las formas clásicas y la elegancia que estas le trasmitían .

Era aquella fusión – tan atrevida y discordante- la que le hizo reflexionar sobre cuanto le había gustado a lo largo de su vida mezclar, investigar y probar nuevos límites capaces de ir más allá de lo evidente y velar por lo que está un palmo más adentro.

Tiempo después, otra compañera más –ajena al caso- se fijaría también opinando que su vestimenta poseía  un carácter distinto no acorde con una moda vagamente impuesta.

Era todo tan superficial y al mismo tiempo, lo sentía tan dentro. La belleza podía ser vulgar e infame… un arma de doble filo. Sabía que los espejos eran aliados de la mente, dictadores de imágenes dispares (según la emoción circundante), incluso que el ánimo y la autoestima eran prendas muy visibles a los ojos del mundo.

  • ¡¡¡Eres una it girl!!!- dijo aquella noche, mirándola atentamente a los ojos.
  • ¿Y eso que es?

Sonaba en directo un grupo que hacía tributo a Bunbury.

A la mañana siguiente desde el balcón, se paró a visualizar el momento, la música y el significado de aquellas palabras mezcladas con el paisaje, los restos de alcohol y  el sueño.

Puede que fuera algo así: una mezcla un poco indefinible, un poco inestable, un poco frívola, un poco seductora, un poco tierna… un poco capaz de desprender ese halo que se graba en determinadas retinas.

¿ Cual era el verdadero equilibrio entre belleza como envase y belleza como esencia?

¿ Cuanto estaba dispuesta a construir de una y de la otra?…la respuesta sonó diafana en su interior… y se sintió más cerca de sí misma, más honesta con sus ideales, más capaz de valorarse utilizando otras armas que la facilidad del cuerpo y su envase .

Solo era aquello indefinible, lo que ella creyó que merecía la pena sostener. Solo lo que huía de tanta frivolidad adherida a la belleza.

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Aceptar los cambios

Miro al muro y vio las sombras de unas palmeras que ocupaban casi todo el testero. Le pareció una imagen paradisíaca. Sonrió al recordar lo pequeñas que estaban en aquel invernadero, cuando las compró, y lo mayores que se habían hecho con los años y sus cuidados. Este año, por primavera, habían sido madres y lucían esplendorosas.

Pasó las manos por aquel césped artificial, se concentraba en la sensación que sus palmas le dictaminaban, era agradable escuchar la voz de los sentidos, algo tan nimio a menudo relegado a un segundo plano. Mientras fumaba recordó lo que había allí antes de aquella alfombra verde: dos tumbonas donde solía leer y tomar el sol por las tardes, que ahora habían pasado a ocupar la habitación pequeña del garaje.

Se dirigió hacia la piscina, se quitó el bikini con el sol en mitad del cielo y se bañó desnuda. También era otra su actitud, había ganado naturalidad, pasotismo, en vistas que le daban igual las vistas o las críticas, puesto que estaba en su casa y podía disfrutar de aquella sensación tan instintiva, tan apetecible.

Bajaba las escaleras aclimatándose al agua cuando encontró en el camino  que faltaban baldosas sobre la meseta  del primer escalón ¿quien habría sido el albañil?. Sobre el agua flotaban todo tipo de colecciones de objetos, reunidos a pares: dos pistolas de agua, dos flotadores, dos pocoyos. Mas allá de donde alcanzan los ojos un chupete navegaba solitario confundiéndose entre el agua, y sobre el fondo, en lo más inaccesible descansaban otros bienes olvidados: una pelota, un folio y una tarjeta de vocabulario.

Sobre la superficie las piedras blancas se amontonan sin orden estetico alguno, buscando huir de episodios pasados en los que casi se hacen ricos los de desatranques.

Le seguía gustando lo de siempre: el verano, el sol, fumar en pipa de agua, la música sonando bajita en el altavoz mientras buceaba algunos largos… y le encantaba aquella nueva “basurilla” que se había instaurado -temporalmente- en su piscina para recordarle que ahora tenía dos tesoros muy grandes en su barco, que se despertarían en breve para seguir con las clases de navegación.

Hay cosas que cambian y otras que no. – pensó. Es el curso natural de todo, nos es factible recordar, incluso inevitable… aunque esta bien saber que hay que hacerlo siempre con el timón hacia adelante.

Y se dirigió a la orilla de la cocina y se preparó lo imprescindible: un vaso de leche muy fría con triple de cacao y extra de galletas.

Aquel era, entre los demás, un placer casi eterno.

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Le llamaban Gala

A ver, no se como te lo voy a explicar, pero lo intentaré.

Llevamos conociéndonos mucho tiempo, pero de aquí a unos meses te vienes comportando muy rara. Unas veces llegas fría y desapacible como la escarcha de diciembre , otras encendida como el viento de fuego de un desierto. A decir verdad, según se te antoje …y no, no hay botón mágico que controle tus variaciones. Te lo voy a decir ya de una  puñetera vez: me tienes frito, perdido en tus oscilaciones gamberras, que yo por supuesto no puedo evitar, como hiciera fácilmente en días pasados.

No me salen los números, ni las cuentas…cada día me desnudo ante tí ofreciéndote una carga de oportunidades más. Que al menos volvamos a disfrutar de ese tiempo juntos como solíamos hacer, esos instantes en los que dejábamos correr los ríos de la transparencia deshaciéndonos de toda la suciedad colindante…Y nos hacíamos uno al otro contándonos secretos y volviéndonos materia líquida o perfume.  

Ay! que fue de ti, mi dulce castigadora… ¡ahora todo es tan distinto!… vengo del  día, cansado, hastiado de tanta prisa y estrés, con el sudor abigarrado a mi frente como un sombrero y tú me recibes con ese hervor tan impredecible que gastas, convirtiendo nuestra habitación de sueños en una misera sauna de vapor que empaña todo cuando encuentra: el espejo, la mente, el entendimiento.

También recuerdo el último invierno ¡como olvidarlo!, penando por tu contrariedad y esos: tus chuzos de punta. Echando de menos los días en que atemperabas mi cuerpo con la lluvia de la dulzura, caías sobre mí como la gloria… y no,  no había hielo que soportar, dispuesto a sacarme como lo has hecho, de los quicios de mi iglú. 

Vale, no he conseguido nada contigo.

Todo han sido avances fallidos en nuestra lucha diaria y eso que lo he intentado prácticamente todo. Probé harto de marearme a consultar a distintos especialistas en la materia y aunque fueron muchos los que te observaron, ninguno dio con la tecla mágica…y yo volvía a ilusionarme y desilusionarme como un tonto, volvía a tus inexplicables remojones de los que me convertí en una víctima más.

Eras un inestable aguacero capaz de decir siempre lo mismo. Sonaba tu misma música en mis oídos, el mismo cuento sobre mi cabeza, la cantinela desapacible de los cortos y breves espacios en los que mi piel te abrazaba, hecha ya un sayo y todavía podía aguantarte. Me convertí en un chubasquero para no sentir ni padecer tus extrañas lluvias, afincado siempre a la eterna duda …

¿cual será la temperatura hoy?.

 

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A ver, señor. Se lo voy a decir ya claramente. Se nota que quiere a su ducha, que ha penado lo suyo con ella, que la conoce casi a la perfección…todo ello no quita que esté francamente rota, el termostato averiado y probablemente tenga más cal en sus entrañas de lo que usted imagina. Solo es una columna de hidromasaje, aunque se llame Gala y en otro tiempo eso fuera, olvídese.

Sí, ya se, se la desistalo y no quiere otra igual.

 

 

No han de ser perfectos

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Hay días en los que no dejas que el sol venga a despertarte. Abres los ojos antes que él y vas a cazarlo. Y es una sensación placentera, llevarle ventaja al rey y sumarle horas que en otro momento te pudieran parecer un fastidio. Hay días en los que el verano también se toma sus vacaciones y se esconde entre las nubes anunciando su retirada, con ese olor a humedad que traen las tormentas.

Hay días en que la lluvia te coge dentro, en algún edificio atestado de gente común con problemas comunes que pasean por la sala, mientras tú miras por la ventana y ves como julio se moja en las lunetas de los coches comunes…y todo es matemáticamente común, como las caras,  las fotos,  los sellos,  las firmas….y aún así te resulta extremadamente bello…como si hubieras estado bastante tiempo criogenizada, a años luz o fuera de órbita.

Hay días en los que la prisa se hunde entre los zapatos y los pasos van acomodándose al compás del convencimiento. Miras a la gente sin el resquemor de los sesgos, les sonríes, e interactúas plácidamente y la tarea más  importante es morder cada centímetro de calle sintiendo otras certezas que las habituales, permitiendo a las horas traer los viejos tesoros: una tostada de frambuesa, algunos dibujos para la exposición del frigo o esa canción que la radio te regala mientras vuelves a casa.

Hay días en los que la sweet girl se recrea en las nimiedades del paisaje, vuelve a sentarse en el mismo coche que otro día fue un habitáculo, coge el volante y ni el asfalto, ni las ruedas, ni toda la gasolina del ayer consiguen evitar que ruede hacia adelante con todas las ventanas abiertas y el maletero cargado de soluciones.

Hay días en los que el banco, lugar al que muchos acuden para exprimir sus cuentas en los meses de verano, se halla misteriosamente vacío. El habitual banquero gruñón,  con su cara de lunes habitual viste semblante de viernes molón y te hace un pasillo y te regala una broma – nada habitual- la cual no vas a tomar por el mal sentido de la palabra porque seguramente no lo tiene.

Hay días que a pesar de la lluvia, no aparecen las frondosas goteras. Es porque crees en lo que antes no creías y tomas por bien lo que te hace bien, siendo capaz de aceptar que al verano le puedan venir días fríos y no por ello dejar de ser “verano” y avanzar como estación temporal que es.

Hay días en los que los ojos pequeños dibujan instantes pequeños en un espejo, días en los que corretean pequeñas las palabras por el salón y la inocencia por los mismos caminos que aprendiste y días en los que la magnitud de esa pequeña felicidad barre con las raíces de algún pequeño abismo.

Hay días en los que me miras, te escondes, me buscas, me robas el helado con el que mi padre volvió a tratarme como niña, creyendo que no te descubriré, …y sigo estando tan cerca como entonces y tan lejos como de costumbre…a la sombra de tus abrazos, dejando que corran los ríos de tinta sobre nuestros días, sabiendo que no han de ser perfectos para llenarnos, como no hemos de serlo cada uno de nosotros.

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No eramos los mismos.

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No, no eramos los mismos. Nuestras primeras arrugas, el brillo de las canas y el séquito de hijos que nos acompañaban anunciaban lo evidente, pero no era exactamente eso lo que yo percibí aquel día de fiesta en la Casería . Se trataba de una cuestión de mera actitud que iba aflorando silenciosamente hasta tallar de evidencia y experiencia las personalidades de cada uno de los que estábamos allí.

Habíamos tardado unos años en volver a reunirnos, años que se habían pulverizado deprisa haciéndose tamo entre la crianza y las astillas del estrés, entre los pañales y la descendencia, habituándonos a la responsabilidad y el peso de la morada en la que se habían construido cada una de nuestras burbujas.

Los años nos habían alejado,  tal vez a unos más que a  otros, cada cual con sus desvelos y sus atares sumiéndonos lentamente en nuestros hogares y desempeños sin necesidad de volver la vista atrás sobre aquellos sueños que un día creímos nuestros.

Había cosas reconocibles, momentos y puntualidades que me arrancaron una sonrisa al descubrir lo poco que habían sufrido el óxido del tiempo. Allí, en medio del meollo de la reunión, ajena a la disposición parlamentaria, las escuchaba a ellas con su ristra de comparaciones y superficialidades tan común, con su tono de picardía cuando la ocasión lo pintaba que solía ser a la hora del café y las tres emes,  con su comitiva de virtudes y orgullos deshaciendose entre los posos de sus gargantas.

No todas ni todos eran iguales por mucho que en grupo  se esforzaban en serlo. Una de ellas -la más golosa- se encargaba de prepararnos dulces y chocolate caliente y aquel día tampoco faltó a su cita. Era la dueña de la casería, una muchacha bajita, con los ojos saltones y la sonrisa dosificada. En mi memoria tenía un aquel triste y la recordaba hablando siempre de enfermedades y padecimientos.  Tenía entendido que había pasado por una depresión y había estado medicándose durante algunos años, situación que a mi parecer la había cambiado drasticamente, pues en muchos sentidos se la veía distinta. Ahora practicaba deporte y las ganas de vivir se dibujaban en sus ojos. Se había vuelto más tolerante,  generosa y relajada con todos, ahora permitía espacio para el chiste y la locura, parcelas  que antes le hacíamos impropias.

Yo observaba en silencio, reflexionando sobre todo lo que ahora escribo, pero nadie me miraría con sospecha o inquietud, como lo hacían con la chica callada.  A ella nadie le disputaba el puesto, cuchicheaban y decían – a veces con una voz más alta que otra- que era un “huevo sin sal”.  No se si  en su silencio ensimismado alguna vez  pudo escucharlas y enfurecerse siquiera, me daba la sensación de que sí, solo que no se manifestaba porque era una cuestión meramente de falta de carácter. Se había acostumbrado a querer pasar tan desapercibida ante todos, con aquella enfermiza forma de no hablar, que había conseguido ser el blanco de todas las miradas.

Detrás de todas sus rarezas y misterios de los que en otros tiempos cruelmente se hacían leyendas, mis sombras parecían harina de otro costal y se difuminaban entre las risas y el calor de la tarde. Así que nadie atendía a aquellos,  mis silencios y analisis reflexivos que versaban sobre la antropología del grupo y su transformación a lo largo del tiempo.

Mi reserva estaba en otra órbita más legible,  cercana a los cambios de humor y facetas tan características en mí y  mi particular forma de ver el mundo, evidencia que todas parecían tener asumida.

Me senté en el balancín que había al lado de la piscina y rapidamente  llegó ella, la chica de la sonrisa. Le hice un hueco y estuvimos bromeando un tiempo sobre otro amigo que estaba haciendo las veces de socorrista, luciendo palmito y  bañador estrecho (de esos que se ven los mínimos….) Nos reímos un montón porque seguía siendo un payaso, como antaño…pero nos reíamos por mucho más que eso. Nosotras dos sabíamos algo que el resto ni imaginaba y ese secreto, que podía tener ya algo más de una década, estrechaba entre ambas los lazos de la complicidad y el nudo de una sutil añoranza.

Ella, la chica de la sonrisa, había cambiado poco o apenas se le notaba. Los años la habían tratado de forma natural y seguía conservando su cabezonería y su pijismo rococó allá por donde iba. Me dijo que ahora trabajaba por cuenta propia y que le encantaba porque eso le dejaba más espacio para estar con sus hijos y su familia. Le gustaba ponerse, quitarse…como siempre; le conté cuatro modelitos a lo largo del día y todos le quedaban esplendidos. A mi se me había olvidado el bikini, que ya tenía las gomas gastadas del año anterior, pero ella lucía preciosa con el suyo de nueva temporada. Ni que decir tiene que tuve que volver a casa anonadada porque me había convertido en la típica madre marujona que, preparando lo de todos, se había olvidado de preparar lo suyo.

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Después me miraría Lucía, con su estilo aún más improvisado que el mío y me diría que no me preocupase, que era totalmente normal. Ella sí que sabía ser maruja y reconocerlo sin que eso fuese un lastre con el que penar. A pesar que  siempre había sido hogareña y clásica, fue en ella en quien percibí los cambios más notables. Se había apuntado a un curso de confección y se ofreció a cortarnos una falda a todas, que luego luciríamos en alguna fiesta señalada en el calendario del pueblo. Se había pasadod horas y horas cortando y encajando patrones para que todas disfrutáramos de aquel pedacito de tela. Y ya se sabe que a las mujeres nos chifla una tela casi tanto como un pastel. Todas quedamos agradecidas, a la par que nos “obligo”  a coser y muchas descubrimos ese perfil generoso suyo que hasta entonces le hacíamos ajeno.

Aquella tarde nos buscamos para hablar de una aficción compartida: la lectura. Nos pasabamos archivos kindle y compartiamos autores e impresiones que nos habían llegado. Ella se declaraba fan de todas las sagas eróticas que disfrutaba a solas, lejos de su marido. ” Y cuanto más lejos mejor” – decía entre risas “que no interrumpan a mi imaginación”.

Los chicos en otro corro más lejano pero siempre con la oreja puesta, atendían una barbacoa llena de salsas y carnes y de cuando en cuando se oían algunas de sus más escandalosas risotadas…que eran como el anzuelo por el cual merodeábamos, algunas más que otras, para robar alguna primicia.

Álvaro se había llevado todas nuestras ovaciones y no precisamente por su arte para hacer chuletas, sino por ese nuevo look que se había hecho él solito en casa. Seguía teniendo la misma cara de niño bueno pero ahora lucía el pelo algo más juvenil y vestía una barba con seductores reflejos plateados. Todas las chicas nos deshacíamos diciendo lo mismo, algunas con palabritas más disimuladas que en resumidas cuentas venían a decir lo mismo, que estaba muy guapo ¡leches!…pero francamente aquello no era ninguna novedad, siempre lo había estado en todas las épocas que yo le recordaba.

Me tomé un tiempo para alejarme y bucear mis pensamientos en la piscina aunque fue en balde porque poco a poco fue llegando la troupe, los niños, los padres, los jóvenes que fuimos y todos juntos nos metimos bajo el agua. La piscina se transformó en un hervidero de generaciones movido por la guasa de mi amigo el socorrista, con su bañador mínimo.

Fueron unos instantes breves de  hacer la ola, chapotear y rebullirnos como sardinas locas en un estanque, que refrescaron nuestra amistad hasta la cúspide del pasado, haciéndonos sentir jóvenes y felices en aquella marea de cuerpos.

No, ya no eramos los mismos…pero estábamos allí, exactamente los mismos… después de haber vivido realidades diferentes que nos habían llevado a personas distintas. Nos tocábamos y nos veíamos las almas de niños mientras el agua y las olas ocultaban cada una de nuestras desconocidas pero tan humanas, heridas de guerra.

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