¿Y qué es lo esencial?

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-Mamá, lo siento mucho….dijo Raul, queriendo iniciar una conversación que parecía tener pendiente. Su madre, que andaba concentrada curándolo en ese momento, lo miró con los mismos ojos con que acostumbraba a hacerlo cuando era niño y necesitaba de su ternura.

-¿Lo sientes? ¿Por qué, hijo?

Porque soy un idiota. Por la forma en que te he tratado. Ni más ni menos que eso. He necesitado un verano entero aquí, lesionado, para darme cuenta de tu valor – la cara del chico parecía recordar conductas pasadas….luego prosiguió…

Te has desvivido por mí, has tratado que todo lo complicado fuera fácil, y has hecho humano lo vergonzoso … creo que me hacía falta bajar de las nubes en que yo mismo me había colocado y sentirme un poco así, ridículo y pequeño.

La madre en ese momento acarició su cabello, era abundante, negro y tieso como las cerdas de un cepillo de calzado, y cosquilleaba entre sus dedos…

Tu no eres ridículo, ni idiota y tampoco pequeño, hijo. Tienes otros dos hermanos y, si mal no recuerdo, tú eres el mediano. Y lo que te ha pasado, bueno, un golpe de mala suerte, le podía haber ocurrido a cualquiera.

Ya, mamá, pero  ha sido una putada. ¡Le podía haber sucedido a otro!,  Tengo 18 años, soy un chico muy joven ¡podía haber sido en otra parte, joder!… Lo que sentí fue como un jarro de agua fría, mi imagen, mis amigos, la gente del gimnasio, las chicas….

Raúl, cariño, no te ofusques con situaciones que ya pasaron, por muy vergonzosas que resultaran. En realidad,  correrá el tiempo y aceptarás que sucedieron y ya. Vendrán otras, se olvidarán estas. Conforme crezcas verás cómo las cosas jodidas son las que hacen la vida interesante. Cada obstáculo nos hace distintos y mejores.

– ¿Interesante?…Mamá!!!!! . No se como puedes llamar interesante a tener un huevo del tamaño de una pelota de tenis que me late con vida propia…, a tener la obligación de colocarme una huevera como si fuera una gallina, a que esté aquí, sin chicas, sin verano, con toda la burla de aquel gimnasio sobre mi lomo…mientras mi madre me cura a manos llenas las partes y yo doliéndome mirando hacia el infinito, para que pase rápido toda esta mierda……¡¡¡¡Guauuuuuuu!!!! Que interesante, madre, que interesante.

– Valeeeee, ahora es difícil que lo veas así. Estás metido y de lleno. Cuando todo acabe es cuando  comprenderás como te ha cambiado el suceso y lo que te llevas con él. De entrada, creo que ya lo estás viendo.  Reordenarás prioridades y le darás más valor a cosas que antes te pasaban desapercibidas. La gente, la imagen, la fama,……¡¡¡bahhhh!!!! Al carajo!!!!!,  quien te quiera de verdad lo hará con tu superhuevo o sin él. Te aseguro que lo de menos es eso y lo esencial otra cosa.

– ¿Y que es lo esencial, si se puede saber? Porque mis amigos ahora mismo están de birras, posiblemente ligando con la chica que me gusta… que no sé yo si a estas alturas se habrá enterado ya de mi huevada.

– Pues mira, te diré lo esencial…. Lo esencial eres tú, no los otros. Lo invisible que te roza, te hace feliz y te llena. Lo esencial es la salud, la mente, la palabra ternura en cualquiera de sus formas, lo que nos mueve…aquello que vamos cosechando en vida. En resumen, si esa chica – después de todo lo que has pasado- no sabe ver lo esencial de tí es que entonces no era tu chica. No merecía la pena, ¿entiendes?

– Vale, mamá, no te hacía tan sabia, este verano estoy aprendiendo contigo…. Muchas gracias por curarme: por fuera y por dentro. Empiezo a ver que también lo esencial en mi vida eres tú.

– Ah si? Me alegro que digas eso, hijo. No dudes que siempre estaré aquí, a tu lado… precisamente… ¡hasta cuando te fastidies un huevo!.

– Muy graciosilla, muy graciosilla… por cierto, con la conversación me ha entrado mucha hambre… ya sabes que mi plato favorito son los huevos ¿me haces unos de esos que tú y yo sabemos?

– Ehhhhhhhhhh, que oportunista!!! En eso no cambias…  que yo sepa en las manos no te ha pasado absolutamente nada… anda, anda, anda….

 

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Voces de mujeres anónimas. Trasiego de un edificio.

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En el interior del edificio se cuece otro día más de trabajo.  Por los pasillos, mujeres. En las salas contiguas, mujeres. En los despachos, habitaciones, entradas, salidas… se agrupan tambien, rozando la hora de toque, momento en que se cierran las puertas y quedan las mismas, las otras, las de entonces o las recién llegadas, casualmente trabajadoras todas ellas del sexo femenino.

  • Alguna vez echo de menos la presencia de un hombre por aquí- le confiesa Lidia a su compañera – alguno que venga a relativizar o divertir, a decirnos ” estáis majaretas, siempre elucubrando y criticando cuando realmente no podéis vivir sin nosotros”.

Paula se ríe. “Socialmente estamos acostumbradas a oír eso, que juntas nos desatamos por envidias…pero no creo que sea del todo así”. Después añade:

  • Si me paro a pensar al que realmente echo de menos es a aquel buen tipo ¿recuerdas? ¡el que reparaba el ascensor! . Cada vez que entro en el habitáculo le digo a los niños que toquen a su antojo  toooooooooodos los botones.
  • jajajaja  ¿tu eres la que los dejas pulsar emergencias, no?
  • Siiiiiiii…Es mi forma sutil  de llamarlo,…

La mañana se hace más corta y amena entre la complicidad de la charla y las bromas.

En la planta de arriba, otros temas distintos, otras voces, aunque más discordantes. La sindicalista protestona pone normas sobre la mesa con la voz imperativa con que acostumbra a manipular a unas  y ningunear a otras. Una de las señaladas, acostumbrada a callar y ceder se aleja diciéndole a María “lo que hay que aguantar para ganarse el pan…menos mal que cuando salgo me abraza mi pistolero y se me olvidan las guerras inútiles”.

María  se acerca al oído de su compañera y le da ánimos para que no decaiga “No hagas caso a las personas que siempre están señalando al resto. No es problema tuyo, sino suyo”. Mientras el ascensor se cierra y María se va, una pequeña sonrisa se abre en la cara de su compañera, que se dirige de nuevo a sus funciones con otra energía. María baja las plantas pensando que no hay mejor batalla por librar que ayudar a alguien que vive lo que tu ya conoces. Y que quizá sea la cara B del asunto, el desarrollo de tal empatía.

Hora de comer. Sala de comedores. Otro ambiente. Entre cucharada y cucharada, Alicia comparte una foto de su mascota con Marta.

  • ¡Es lo que me queda para el lote !. Dos hijas, marido y ahora… perro.
  • Jajaja, completito, sí… pero procura no pronunciar las palabras marido y perro demasiado cerca, ¡puede ser peligroso!- le advierte Marta riendo.

Mientras siguen la conversación, las cucharas no dejan de sonar al compás de la boca de los infantes. Los olores,  canciones y algunos llantos se van apropiando de una habitación que no tardará en hacerse cotidiana para los niños, lejos de parecerse a la cocina de casa. Un mundo  matemáticamente acordado para suplir las carencias de una sociedad que vive deprisa, de unos horarios laborales que ahogan o de gente que quiere vivir sin asumir que ser padre/madre se lleva tiempo y esfuerzo.

Horas más tarde, cuando ya se han llenado los estómagos a ritmo galopante y se han desperdiciado otros cuantos platos más de comida en el mundo… la siesta comienza a pintarse con cansancio en la cara de los pequeños.

Alicia y Marta aprovechan su sueño para tomarse un café que les sabe a gloria. Hablan entonces de cosas más personales, como esos pinitos en las preciadas horas que dedican a sí mismas, la una a baile, la otra a pintura.

  • Entonces el profesor me soltó: Nunca he visto una espalda tan rígida como la tuya…¡mujer, relájate que no eres una tabla de planchar!.
  • Jajajajaj…pues el mío es un poco cabroncete. Viene, mira el cuadro y me dice “está bien, está bien”  …luego me quita la brocha y me emborrona todo lo que acabo de hacer…¿tú lo entiendes?

La tarde se va esfumando al mismo ritmo que la jornada laboral.

Las últimas madres llegan rezagadas a por sus criaturas; mientras, la luz tenue y el olor a amoniaco imperan como vestigios de un edificio a punto de cerrar.

Son las 20:00 h,  reina el silencio…

Mañana, de nuevo,  estas y otras voces de mujeres seguirán dando vida, empuje y color a un edificio que ahora yace silente en mitad de la noche.

 

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De bukkakes y lados Hyde.

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Estaban a la sombra de aquel bareto famoso de la plaza concurrida. Ambas tomaban un café con sabor a kit kat en sus vidas. Al lado, en el escenario, sonaban los primeros acordes de unos ciclos juveniles de rock, mientras ellas hablaban de lo que parecían ser bukkakes y aniversarios. Laura se atusaba inquieta la melena mirando con atención a Susana. Susana mezclaba el sabor de su café con su tercer cigarrillo, al tiempo que le iba diciendo:

  • Sabes, cada día estoy más convencida que somos un pozo insondable. Nos pasamos media vida tratando de cumplir expectativas que la sociedad o el momento nos propone, para luego pasarnos la otra media desoyéndolas, explorando nuestro lado Hyde.
  • ¿Te refieres a Jekill & Hyde? ¿Estás diciendo que somos algo así como el extraño caso del científico ese con doble personalidad?, ¿que nos movemos continuamente en esa balanza, abocadas a la dicotomía de habitar el bien o el mal?
  • No solo eso. Estoy diciendo algo más. Y es la forma en que la sociedad ve ambos extremos, porque no nos conocen o solo nos intuyen a medias. Por ejemplo, cualquiera que por aquí haya pasado y nos haya oído pronunciar la palabra “bukkake” pensaría algo que no es , ya que le faltan datos. Se iría inmediatamente al significado evidente, en una perversa forma de fantasear o en una simpleza por catalogar. Pero lo cierto es, amiga mía, que solo ambas sabemos qué fue exactamente el bukkake y lo que significó para nosotras.
  • Qué bien filosofas, llevas razón. Somos un abanico amplísimo a tener en cuenta, una paleta con multitud de gamas dependiendo del momento en vida. ¡El lenguaje en eso se nos queda corto, renqueando tantas veces al pie del equívoco!.  Por eso, dependiendo de quien nos escuche, verá nuestra parte Jekill o Hyde, en un intento acomodado de archivarnos a sus esquemas y vivencias personales.
  • Mira, en la vida todos utilizamos estas sutiles etiquetas porque así nos es más fácil intuir a las personas o porque nos gusta crearnos estas falsas ideas para refutar unas certezas que nunca lo son. La verdad es un invento de esta sociedad…ese científico medio monstruo es lo que somos.
  • Jajajaj…me parece que conmigo aciertas…
  • ¿Y que es lo que te hace tanta gracia?
  • Acabas de despertar un episodio que tuve el otro día de parte Hyde.
  • …Ahhhhh, si?, pues ya tienes que contármelo ¿lo sabías?
  • De acuerdo, de acuerdo.. Andaba con el coche, de regreso a casa cuando me encontré con mi suegro, que iba precisamente allí. Le dije: el niño no está hoy , lo he dejado en lo de la abuela por si quieres verlo. Es que tengo algunos recados que hacer. El me dijo perfecto, de esa forma en que los suegros ven la parte Jekill de sus nueras… y desvié su camino, como el cuento del Lobo y Caperucita. Cuando llegué,  mi marido, que estaba trabajando ese día en casa, me dijo: tengo que llamar a mi padre para decirle que el niño no va a estar y evitarle la caminata. Fue entonces que algo me salió del alma, bueno ahora sé que no fue exactamente del alma sino de mi lado Hyde…”Ahhhh, cariño, me lo he encontrado yo con el coche. Le he dicho: “Ni se te ocurra aparecer por allí. Tu hijo y yo vamos a estar toda la mañana encamados”. …bueno… no utilicé exactamente ese verbo, tu ya me entiendes ¿verdad?
  • jajajajaj… muy bueno. Ahora tienes que aceptar que cualquiera que oiga esa historia, podrá decir: Que putón! o Qué picantona!.
  • En su derecho y en sus ojos está…
  • Ya sabes “apariencias, las justas y etiquetas solo las acertadas”.
  • ¡¡¡por los bukkakes!!!
  • ¡¡¡por nuestro lado Hyde!!!

 

¡Feliz finde, monstruitos!

Os presento mi oscuro y perverso lado Hyde jijijiji.

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La vida tal como un paseo.

 

Cuando desperté las luces de las farolas aún seguían encendidas. La ventana abierta dejaba pasar un viento más fresco y las cortinas se movían cadenciosas alrededor del alfeizar. Me lavé y me vestí…y luego hice lo mismo con mis hijos. Desayunamos juntos compartiendo cereales y algunos bostezos. Era temprano pero se hacía tarde. No  era la prisa, ni la haragana con que cada día se acude  a los colegios… había tiempo de sobra y había decidido regalárselo a mis criaturas. Al salir ,uno de ellos, se fijó en  el cielo y me lo  hizo constar señalando con su dedo. Tantos días bajo  un sol justiciero de septiembre no cuadraban, tampoco para él que era aún muy niño y ya empezaba a hilar sus primeros atisbos con el entorno.

Bajo aquella niebla densa fuimos bajando poco a poco de la montaña, acumulando los  primeros ruidos de la mañana y esquivando la prisa contagiosa de la gente. Sus pasos y el calor de sus manos entre las mías eran una sabiduría extraña con la que comenzaba a conectar. Eran un lazo que me hacía sentir aquella energía  intuyendo cuan necesaria es la virtud de la lentitud sobre los obstáculos y cuan impávida hemos de mantener la ilusión sin decaer, permitiendo que calles y esquinas cobren otra luz.

El paseo me iba aligerando algunas heridas. Contábamos la distancia que había entre sumideros o nos maravillábamos con el tamaño de una grúa mientras observábamos como algunas mujeres pintaban la fachada de su casa. Los veía respirar aquella vida tan común y meridiana y me deleitaba el que, como yo, pusieran atención a detalles tan mínimos.

Aquellas sonrisas, llenas de candor y credulidad,  coloreaban un futuro que ya no me daba miedo. Ya no sentía el  quemar de los acontecimientos ni el peso de una culpa que había dejado de traspasarme las entrañas. Iba alejando de mí fantasmas que yo misma había alimentado y vejaciones que  había sentido tan reales…sencillamente pensé que empezaba a exigir lo necesario para mí.

No tenía razón de ser haberme olvidado de mi valía como mujer, pero aquel hecho me había otorgado algunas verdades fundamentales…no siempre se está preparada para todo lo que  llega y no es del todo malo que las estructuras emocionales se tambaleen si con ello llegamos a una parte de nosotros que desconocíamos, estaba gritando y merecía ser atendida.

Ahora me veía más preparada para andar con lo puesto… quererme y querer a los míos con todas las consecuencias, sabiéndome responsable y  afortunada por darme cuenta a tiempo. Reivindicar mis derechos y dignidad se había convertido en lo primero, por otro lado corregir lo olvidado: mi concepto de mujer más allá de un cuerpo y un sexo y por ultimo sentirme afortunada por tener a mi lado personas que habían curtido siempre la parte amable de mi misma. Era voluble y humana y tenía sólidos principios con los que expresarme y opinar, alegrándome de haber vencido un tiempo que fue obtuso y sumiso.

Con toda una vida  por delante la estaba volviendo a coger bien fuerte, con la ilusión que merecía, sabiendo que iba en la dirección acertada. Avanzaba ladera abajo de la mano de ellos, sin defensas, sin prisas, sin frenos en lo que a fluir respecta. Nada había lo suficientemente mezquino o deplorable como para detenerme y tampoco era una mujer negada en vida. Tenía capacidades bondadosas, creativas y únicas que merecía sacar al mundo y que estaba dispuesta a ofrecerles a ellos con toda la generosidad y el amor que solo una madre puede dar.

Iba a ser un reto y una oportunidad inigualable, cargada de sueños y momentos que aprovechar…

la vida tal como un paseo.

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Elecciones vitales: música, no ruido.

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  • Me parece increíble la cara que tienes de rapitusa últimamente. Te veo un brillo especial.
  • Es porque me he dado cuenta de una verdad donde las haya…
  • ¿Una verdad interesante? cuenta, cuenta…
  • Sí,  que ya no me llegan las letras de los enemigos, nada más que las del grupo.
  • Jajajaja… ¿Na de ná?
  • Me sobra carnaval, en serio…
  • ¿Desde el jergón, te refieres?
  • Sí, en la otra orilla…donde dicen que mejor se está.

 

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Una historia de objetos perdidos

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Hoy os voy a contar la historia de como dos objetos llegan unidos hasta mis manos impulsados por las fuerzas de un más allá. ¿Existe realmente ese más allá o solo es fruto de nuestro insensato desconocimiento? Va a ser que nunca he creído en estas magias raras pero  la historia -que está basada en hechos reales- me resulto sorprendente, motivo por el cual desde entonces no he parado de barajar hipótesis y dudas.

Todo aconteció en el interior del tambor de mi sufrida lavadora, a la cual un día tendré que homenajear por resistir indemne las tropecientas coladas que vengo a poner a la semana, desde que tengo hijos mellizos.

La colada estaba selectivamente preparada para que la tonta funcionase y me disponía a medir el detergente que suelo echarle en su correspondiente cacito dosificador. Pero…ajá! ¿donde estaba el cacito?. No se que pasa con los cacitos, carajo…  ¡siempre me desaparecen!, los chicos, los grandes, los fosforitos…da igual, la menda los va dejando por ahí y luego ¡¡¡mecachis en los mengues ¿donde lo he puesto?!!.

Es conocido por aquellos que me conocen bien que detesto buscar objetos perdidos. Ahora todos lo sabéis…es superior a mi capacidad pacientil. Mi madre -siempre paciente por edad- me decía ” haz un nudo de diablo, que funciona”…¡Diablos! nada  más pensarlo me da un nosequé, madre!!!, pero ella lo hacía a escondidas y a la muy canalla le funcionaba. Yo me decía: eso son las madres que gozan de ese poder espiritual.

Y efectivamente, esta vez tampoco le hice caso. Y me puse a buscar sin éxito alguno cuando  de repente se me encendió una bombillita y recordé  que guardaba otro detergente de repuesto en el armario.¡¡¡¡Tomaaaaa!!! Ahí iba yo todo ilusionada a por el cacito dosificador encontrado y hallado en el templo de las despensas magicas que formo en los 3×2. Ya veís las ilusiones que tienen algunas madres de familia, poner a punto la lavadora para nosotras es tan necesario como respirar…jajaja.

Victoriana donde las haya, con mi recién estrenado dosificador y una sonrisa nada dosificada, andaba yo dispuesta a reírme del  mundo de aquellos jodidos cacitos perdidos.

Sabéis que estos objetos del diablo suelen llevar números ¿verdad?…¿alguien me puede explicar exactamente para qué?. Al menos yo nunca los miro porque a parte de no querer quedarme ciega con esos mininúmeros, para algo está el calculo del ojo de buen cubero ¿no? jajajaj.

Si, si, llamadme loca. Un poco lo soy.

Total, que estaba a punto de completar mi tarea: cacito, suavizante, polvillos mágicos antimanchas…¡Jesus, para poner una lavadora de niños hay que estudiar química….!

Y allí la dejé haciendo lo que mejor se le da: trabajar por mí… en bucle…y sin quejarse. jejeeje (risa malvada)

La historia esta rozando casi su final coincidiendo con el programa de mi curranta blanca.

Me dirigí por fin a recoger los trapos para extenderlos, con ese olor a Spa que tanto me gusta… (¿porque le llamarán suavizante Spa? los spa en los que yo he estado no huelen así… que me lo expliquen)

Pero no quiero desviarme, he aquí  ante ustedes el misterio sin resolver: el cacito dosificador perdido salió encajado con el otro cacito, el nuevo. Todo un caso para Iker Jiménez, Juan Tamaríz o mi siempre infatigable curiosidad…

¿ Donde se había metido el muy puñetero? yo juraría que había mirado en el interior del tambor y no estaba ¿como encontró a su gemelo? y lo que es más difícil aún ¿que fuerzas centrifugadoras terminaron uniéndolos tan bien en medio de aquel caos de trapos sucios?.

Tengo que reconocer que me reí  ante el hallazgo y que a día de hoy estoy completamente segura de que las historias de amor entre cacitos dosificadores, existen.

La pregunta principal es para vosotros, ¿tenéis alguna moraleja para mi historia? ¿Os ha ocurrido alguna anécdota relacionada con objetos perdidos? Contadme, please… y nos reímos un rato.

 

BOLADORA *. EVOLUCIÓN DE LA ESPECIE. LA PIEL EXTENSA.

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A veces se pregunta porque en el agua disfruta de las mejores divagaciones que le ofrece el océano, siempre  inmenso e inexplorado. Sobre la cuna de sus profundidades siente como si tocara la sabia y la astilla del árbol,  o como si se lanzara de pronto al aire y al oxígeno y fuera aún más libre de lo que el medio ya de por sí le ofrece.

Bucea el agua y la sal, indagando en el condimento, la vida que habita tras ese interior oculto, sabiendo que todo, hasta lo que parece infinito,  es limitado,  procurando deslizarse usando las escamas que le ha construido la siempre hábil experiencia.

Y resulta que el resultado a ese continuo don evolutivo es una curiosa pero escurridiza capacidad de abrirse al mundo en abanico, sin rendición. Pues solo cuando vuela y sobrevuela sus propios límites, acepta que la fisionomía sobre la que se erigió su cuerpo y su envergadura no se han hecho para encajar en el lugar en el que se dictan las etiquetas.

Hace de su hábitat una extensión hacia la posibilidad, atrayendo las miradas de los curiosos viajeros que en barquichuela no quieren mojarse,…. y va tocando -y rozando- cada uno de los elementos, generando un juego de inconformismo y fruición… esa música sobre la que bailan  al unísono naturaleza y especie.

 

 

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Las burlas. Indagando en el origen.

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Una de las realidades humanas que más curiosidad me despierta a fecha de hoy son las burlas y lo que hay tras aquellos individuos que las profesan. Hay personas que se burlan con estilo y que le sacan gracia a las cosas más tontas de la vida y se agradece ese ingenio y que existan porque, por otra parte, le ponen ese toque de humor sano tan necesario…pero por otro lado existen otras, dispuestas a erigir sus juicios bajo el sarcasmo y la mentira, con el mero objetivo de hacer daño, afilando sus dardos sobre los cimientos del veneno. Es ese tipo de burlas que van directamente a la llaga y que lo creamos o no, forman parte de otro tipo de violencia.

Ni que decir tiene que – como decían nuestros ancestros- cuanto menos pienso se les eche, mejor, porque son animalicos del mundo dispuestos a alimentarse de otros para hacerse más grandes. Pero ¿hasta que punto somos inmunes a las burlas?…¿hasta donde se supone que el silencio resulta un antídoto eficaz? ¿quien consigue esquivar el sentimiento que nos infunden cuando somos nosotros el centro? A todos -absolutamente todos- nos afectan en mayor o menor medida los juicios, sobretodo si vienen de personas que nos resultaron importantes o las tenemos que tratar a diario. Sin embargo, conforme pasa el tiempo vamos haciéndonos más inmunes a la palabra basura y vamos entendiendo los mecanismos que hay detrás de todo el percal.

A veces me pregunto que podría decirle mañana a cerca del tema a mis hijos. Si se diera el caso hipotético en que sufrieran algún tipo de abuso, fueran los que lo ejecutasen o como medida preventiva. Un niño no tiene los argumentos ni la experiencia de un adulto para saber hasta que punto pueden herir determinadas conductas o como encajar los hechos. Realmente la clave quizás esté ahí, en procurar seres humanos independientes y felices con la suficiente autoestima para no dejarse “engatusar” con los comentarios ajenos.

Creo que detrás de la mofa hay infinidad de matices y connotaciones que describen al agresor. Por un lado, los complejos y un marcado sentimiento de inferioridad que trata de equilibrarse sacando a la parrilla los defectos del otro exagerándolos en potencia. Digamos que quien utiliza el sarcasmo y la burla lo hace siempre de forma solapada pero con la ironía e inteligencia suficientes sobre las que sabe son debilidades del otro. Al mismo tiempo, las burlas son como proyecciones o interpretaciones que hacemos de nosotros mismos achacándoselas por contraposición a los demás. Es por ello normal encontrar en ellas de forma implícita asuntos que  han supuesto limitaciones para nosotros y nuestro desarrollo. Digamos que cuando nos burlamos de alguien, nos estamos desnudando a nosotros mismos y nuestros complejos .

Todos somos libres de ver la vida como nos parezca y de estar más en consonancia con ciertas personas o no, forma parte de la libre opinión que nos vamos forjando de los seres humanos y de la cual nadie nos puede vetar. En ese sentido Murakami decía una frase que me parece muy reflexiva en relación con el tema: “La manera en que los demás me ven no me atañe, eso es algo que solo les atañe a ellos”.

Realmente si entendemos la burla desde ese punto de origen eximiéndonos de una responsabilidad que no nos corresponde, la forma en que se percibe y se recibe también varía resultando mucho menos eficaz y dañina.

En este recorrido intrépido que suponen a veces las relaciones sociales, nos vamos forjando lentamente a base de pensamientos, experiencias y sentimientos encontrados…luego es normal que las visiones  (según lo vivido) también lo sean y eso es una verdad que explica el que haya también quien no lo acepte. No debiera preocuparnos lo más mínimo un concepto peyorativo que no proceda de nuestro interior. Sobretodo si siempre lo ejecuta la misma persona. Si nos atenemos a lo expuesto, podríamos considerarlo como lo que quizás solo sea: un atisbo personal, un acercamiento, un asunto baladí.

Somos nosotros y solo nosotros los que nos construimos siempre y en todo momento.. y es ahí donde debemos cargar las tintas de los esfuerzos y la superación personal…

Lo otro cansa, agota y desde luego no enriquece por dentro. Seamos capaces de querernos como merecemos, rodeándonos de las personas justas que nos respeten y nos valoren, capaces de sacar la parte  más brillante de nuestro corazón y de propulsarnos a ser cada día un poco mejores.

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Interrupciones inesperadas

Te escucho hablar por teléfono, de esa forma tan interesante en que hablas a los desconocidos.

Me gusta la idea de espiarte y me acerco, sigilosamente, con movimientos lentos y calculados, hasta invadir tu territorio sagrado.

En esa habitación reina tu desorden…tu olor es un caos que me gusta, y me excita… un fárrago con el que me siento arropada, en combinación tragicómica….

Te saludo. Juego. Te giras lento en el sillón mientras me miras con las pupilas apocopadas de quehaceres, concentrado en el meollo de la conversación. Me apoyo en tu biblioteca, mientras – de soslayo- acaricio traviesa uno de los tomos, sin dejar de respirarte.

  • No, no, la reunión en principio era el jueves…aunque aún no nos la han confirmado

Me acerco aún más. Ahora te tengo a dos palmos de mí …tu voz atraviesa mi costal. Pongo una mano (la más ansiosa) sobre tu pecho y luego mi oreja, para sentirte mejor. Sigues hablando…un bla, bla, bla que se escucha mas dulce cuanto más cerca. Te miro desde ahí, esa lejanía tan corta. Aún tienes la armadura de lunes quejumbroso que tanto me gusta.

Por ahora me conformo si consigo hacer temblar tus frases con el filo cortante de mis labios. Afilados, charlatanes, perversos… El interlocutor sigue ajeno a la batalla que libro, ¡maldita sea! ¡¡¡eres un perfecto actor!!!. Esquivo e impávido. Y eso me gusta, me encanta que me lo pongas difícil. Me maravilla tu control, el frío hielo de tu cotidianiedad frente a mis trampas…

Pero todavía guardo un as bajo la manga, para que lo sepas…  y no, no he venido para rendirme.

Lo demás sucede como un efecto dominó, en el que la ficha clave desata la secuencia que precede al placer:

Un teléfono se escapa de una mano. Una mano se escapa de la otra. Se fugan los segundos entre los suspiros,  tambien entre las cajas y los  libros. Una literatura difusa se respira en el ambiente, que es denso y envolvente, como un pastel recién horneado. El cable queda bailando en la mesilla, descolocado del aparato, mientras un interlocutor –aun más descolocado- sigue preguntando donde te has metido.

Ahora sí. Ahora eres mío. Estas lejos del umbral de ese sonido. Sobre mi territorio y el tuyo. Estudiando las reglas y las jugadas. Tus pupilas dilatadas desprenden una luz que me atrapa. ¿Y la coraza?, ¡¡por fín está allí…!! sobre el montón de cosas olvidadas, junto con el maremoto de artificios que adornaban nuestros cuerpos simples.

Relegados a la minima esencia, nos miramos  y nos reímos, como dos idiotas que acaban de descubrirse.

Nos bebemos ese momento de claridad, como un amanecer más, asimilando lo aprendido:

La vida como deporte de alto riesgo…el amor como balanza divertida, generosa, sin números…el sexo como dos mundos remotos dispuestos a chocar y estudiarse.

 

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DOS AÑOS

 

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Dos años se pasan en nada. Aunque también pueden llegar a ser eternos. Recuerdo cuando nos parábamos a contemplar la bóveda en el cielo de verano, cuando aún no había farolas en la calle. ¿recuerdas?

Mirábamos y creíamos buscar una estrella, la que brillaba antes, la misma que se posicionaba ante nuestros ojos mientras cenábamos. Mas tarde supimos su  nombre y la guardamos en ese cofre que teníamos con todas las conversaciones estelares y todos los universos paralelos con los que crecíamos y nos componíamos.

Aquella estrella era otro pequeño universo, mucho más inalcanzable y doloroso, distinto a los demás, que llegó a poseernos y probarnos, para hacernos entender todas nuestras limitaciones y nuestros huecos.

Pero dos años se pasan y luego otros dos y otro más y estás de pronto ahí, como flotando en medio de un sueño. A pesar del avasalle de los acontecimientos, desilusiones y lágrimas … contemplando el brillo de dos estrellas que tú misma generaste para darles la oportunidad de brillar.  Tocas con tus manos toda esa luz unánime que desprenden, sientes el calor de una belleza que soñaste en medio del caos y recibes un amor tan imperturbable como incondicional.

Dos años son un camino pequeño con todo tipo de obstáculos,  momentos, emociones e hitos que van quedándose rapidamente atrás para permitir la llegada de otros. Cuando me paro a observaros detenidamente, entiendo que la vida se va haciendo entre abrazos, sonrisas y aprendizajes…  que no hay libro de instrucciones y que no tiene otro secreto más que el reajuste y la adaptación continua de las certezas, siempre en pro de velar por nuestros sueños y equipajes.

Dos años al mismo tiempo dan para mucho…permiten recorrer la increíble distancia que supone el lenguaje y el entendimiento y con ello se abre una puerta mágica para vosotros, la de la razón y la comprensión,  hacia todo lo que os resta por descubrir. Ya veis que yo, solo os llevo 33 años y todavía continuo siendo novel, traspasando continuamente esa puerta para lograr entender el mundo.

A veces se dice que se alían los astros cuando sucede algo extraordinario, algo que nos parece increíble por la fecha, las coincidencias o el azar…y se que -la mayoría- son cosas sencillas, pero estratégicamente puestas ahí para hacernos inmensamente felices.

Y es que esta noche, dos años despues sonará esa canción especial escrita y cantada por unos amigos, en una terraza cualquiera y yo estaré para escucharla y sentirla, de esa forma en que se sienten las cosas que has vivido, entendiéndola de un modo parecido a como ellos la compusieron un poco antes de que yo transitara este camino de la infertilidad.

Y bueno,  …aunque no son famosos ni exitosos en la medida que la sociedad cegadamente entiende,  como tampoco lo soy yo… me parece que desde otro punto de vista si que lo son. Y es que el éxito está mal entendido o acotado como definición, ya que se compone de algo mas que aplausos, fama y cosas materiales… Éxito  también es vivir de acuerdo a esas pequeñas felicidades, reir cuando toca y llorar cuando sea necesario, aceptar las propias derrotas, no tener miedo al cambio,…colaborar con los demás e impregnarte de todo aquello que hace crecer.

Y sí. Para mí también es éxito pararme… y contemplar mis estrellas… y celebrar que estoy aquí definitivamente, presenciando el milagro de su existencia.