Archivos Mensuales: junio 2017

Líquida la noche

paisajes de noche con figura humana

Se escurre el sudor.

Embota.

Galopa mis poros.

Aplasta mis sentidos y me nubla la razón.

La piel mojada.

Los pies descalzos. 

Escucho nostálgica las señales del verano.

Camiones de basura yendo para el vertedero

la  media luz de la farola,

los ruidos de la madrugada.

La gente que dialoga en sueños.

y el agua obscena de la piscina

invitando a su banquete.

El tiempo se vacía por los rincones

como gota que atraviesa el estío y se llena de suciedad

sin yo poder aclararla,

sin tú poder detenerla

la fragua que de la fuente mana…

y se desangra

la neblina gris de tus ojos

se cuela por mi boca como un veneno.

Hoy se te olvidó – otra vez- besarme.

Yo era como una pompa de jabón

y temías que tocarme fuera el fin de la infancia,

sentías pavor de que vertiese mis entrañas sobre tu ciega armonía ,

que me evaporase con el aire brillando hasta el exilio.

Quizas el espanto fuere otro.

Puede ser.

El frente a frente.

El pensar en el escenario.

Las lunas de hoy cayéndose

sobre los espejos del antes,

 luces en el techo, arañas y  mosquitos,

toda esa atmósfera evidenciando las carencias,

y nuestra incapacidad de reírlas.

Afluente loco, potente, arrollador…

ven aquí a llenarme de escarcha y de frío 

como la lagrima de una mujer

capaz de embeber el universo.

Quítame este fuego 

que arde en los confines de mi memoria.

paisajes de noche con figura humana

 

 

 

 

Conexiones

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Podría hablar de como mis ancestros -hábilmente-
estudiaron los  materiales para dar con la formula correcta de guiar los elementos,
hasta hacerlos parte integrante del medio
sin que la naturaleza los aniquilase.
De como estudiaron los huecos y las formas,
y de cuantos derrumbes hubieron de levantar
hasta dar con la plenitud de la solidez.

 

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Podría hablar de esas flores que a ningún poeta inspiraron,  
de sus olores anodinos que no llegarían ni por asomo a ser la nota contenida de un perfume,
de la olvidada geometría que respiraban sus racimos de antenas y filamentos,
trazando esquemas que entre mis ojos y el ocaso se van marchitando.

 

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Podría hablar de como Junio atiza con su sol inclemente los pastos,
hasta colorear de amarillo pajizo la hierba que ahora cruje bajo mis zapatos.
Hablar y hablar, tal como camino y camino,… sin tiempo ni ruidos,
hasta dar con un movimiento que me hace sospechar que alguien -con disfraz aranero- quiere alientar mis pensamientos.
Y es fácil que justo aquí,  lejos del mundanal abismo de humanidad y prisa,
me sea más irrisoria la idea de todo cuanto a nuestro alrededor fluctua…y es imposible detener.

 

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Podría hablar del hambre.
De los frutos prohibidos.
De las manchas que van dejando en mis manos y luego quiero lamer.
De la acidez y de la dulzura
o del punto exacto en el que una lengua se confabula con el gusto
para mandar cerrar unos ojos a placer.

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Podría hablar de los bailes y de las luces que conocieron las ruinas de estas tierras,
confundirlas en medio de los arrabales de mi presente,
hasta llegar a la danza que ahora el viento traza  sobre el forraje.
Hacer que las luces de los candiles  -antaño iridescentes-
fueren como este cielo que de repente me colma,
pintor de tonos a relevo de un sol fatigado.

 

 

 

Y aunque podría hablar y  hacer poesía de lo cercano…
¡qué más da!
si las conexiones que se me vuelan y las que callo
todavía me llevan a tí.
De un modo caprichoso y enigmático.
Así como reliquias de un sarcófago rojo. 

 

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Me sacó de mi fría casa con el calor de su mano. Me llevó a toda prisa por esas calles por las que nunca había pasado. Con temple y sin aspavientos tiraba de mí y me apretaba su prisa, el sudor de su piel era un volcán que se acoplaba a mi escarcha. Atravesamos puentes, escaleras, calzadas ¡tantos mundos desconocidos para mí!. Luego se nos fugó el sol. O nos cubrió algún techo de sombra que percibí como una cueva. Iba mirando por las rendijas lo que ella me iba dejando… había música y olores desconocidos y gente aparenciéndose en los espejos… 

Recorrimos un gran pasillo atestado de objetos inquietantes y percibí como me abandonaba en aquel agujero. Con que dejadez su mano dejó de ser, y me noté tan sola. ¡En un socavón tan grande como extraño!. Alguien debió avisarle que no era un lugar hecho a mi medida, que yo no era como las demás ni tenía las formas estudiadas para ser un cuerpo estándar comportándose según leyes de gravedad naturales.

Alguien, pero nadie se lo dijo.

En cambio empezó a correr y a correr, desentendida de mí, como si el mundo se acabase en alguna parte…y yo empecé a resbalar y resbalar sintiendo el embiste de su determinación….

Caí al fin desplomándome bajo sus piernas, apunto de enredarla con mi batacazo. Con el impacto quedé inmóvil sobre el suelo, sintiendo como me taladraba su iracunda mirada,

…  Y doliéndome aún de mis magulladuras, la escuché exhalar:

¡maldita botella! ¿porque no puede ser como las demás y estarse quietecita en la cinta?

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Lo que aprendí tras la barra

No soy maestra en el corazón- la oí decir– pero si te puedo decir que he sido (hasta ahora) una buena alumna.

En la barra, desplomado, un joven con rastas escuchaba compungido las palabras de la camarera. Yo tomaba mi café de cada tarde y no pude evitar prestar atención al discurso tan interesante que mantenían.

Te diré lo que me hubiera gustado que me dijeran. Yo, que he vivido décadas enteras detrás de esta barra, como escuchadora, consejera o búho del insomnio, como papelera de tantas y tantas historias sobre corazones arrugados que han llegado a mí hasta enriquecerme. Te diré que me parece eso a lo que todos llaman amor.

Y es que sin ser algo físico, se palpa por los cinco sentidos: los ojos, ¡que brillan más!,  los olores de la persona (aún sin ser agradables) nos conquistan, esas leves caricias que nos elevan el vello, la voz que sale por unos labios  y  nos tranquiliza, y…¿que me dices del sabor de sus besos? ummmmmmm…

Ay! toca suspirar….¿quieres saber más?

El amor es como un ser vivo, nace, crece, se reproduce y, lo siento mucho, pero muere. Cada ciclo hay que vivirlo intensamente sin intentar detener el tiempo en ninguno. Todos tienen su sentido y no hay que hacer trampas tratando de estirarlos,  tan solo alimentarlos para que duren lo máximo posible, porque de eso se trata cuando queremos a alguien y ese alguien nos quiere. Te repito: CUANDO QUEREMOS A ALGUIEN Y ESE ALGUIEN NOS QUIERE. Si no es recíproco, de poco sirve y el fin está garantizado. Podría extenderme más pero quiero llegar a la última etapa, esa tan dolorosa en la que el amor muere. ¿Como saberlo?.

¡Es tan sencillo y complicado!, otra contradicción puñetera de esta vida.

Debes fijarte en los signos delatores, esos  que resultan incuestionables y que caen por su propio peso. La persona que te quiere bien, no te insulta, ni te menosprecia, ni te hace sentir inferior, ni te engaña, ni juega a darte celos, ni te hace dudar, ni te quiere  hoy y mañana ya veremos, ni te expone a situaciones peligrosas, ni te hace la persona más feliz tres días y la más desdichada quince. ESO NO ES AMOR. Eso tiene otro nombre, ponle un D.E.P. a esa relación si te han tratado así. Y huye, huye de algo que está muerto.

Porque tú eres una persona llena de vida y te  quedan todavía muchos tramos que cruzar. No tengas miedo,  solo haz acopio de valor. Eso que llevas dentro un poco dormido. Zarandea y despiertalo para que sepa que no estas dispuesto a rendirte.

Y pase el tiempo que pase otro amor llegará, nacerá y crecerá. No lo dudes. Recuerda que según como lo alimentes, durará. No te olvides de los signos positivos que va dejando en tí, son la prueba más fiable de que está vivo y te colma. 

Y no hay más. Bueno sí, en realidad, ¡muchas más cosas!… pero ahora te toca descubrirlas a tí.

 

No me quedó más remedio que aplaudir aquellas palabras, aún a sabiendas de que descubrirían que había estado poniendo la oreja. ¡¡¡Mecachis!!!, aquella mujer había resumido con tantísima cercanía lo que yo pensaba que de repente se me fugó la vergüenza. Los dos se volvieron para mirarme.  Rió la camarera y al instante, el chico.

Había en él ya, como en su vaso, menos posos de pena.

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