Archivo de la etiqueta: reflexiones

El miedo, la lluvia.

 

941013_1172774892746536_5236852440922240182_n

¿Que es el  miedo?- me preguntas

y yo solo puedo caminar deprisa sintiendo los embistes del agua sobre mis párpados .

Trato de pintártelo como una función vacía, casi tenebrosa,

un teatro en el que se cerraron todos los telones negros y solo quedaste tú,

desnuda tras los postigos,

bajo una luz de función estruendosa, el detonante de un foco y el altavoz que deslumbra con silencio.

Así de contradictorio veo yo el miedo.

Viene a utilizar adjetivos incoherentes porque realmente no sabe que es lo que está pasando en su interior ni  porque sonaron las alertas. Solo es consciente que más allá del verbo, su piel se congeló con escarcha de fuego.

Eso puedo entenderlo- me dices- el miedo es un freno al avance, por eso el chisme y la mentira van tan unidos a él, le hacen de paraguas para que pase…y mientras te escucho puedo leer un atisbo de sabiduría en tus ojos.

– No quiero que llueva más en mi interior, por otro lado necesito empaparme con lluvia ¿entiendes ?…analizar lo ocurrido desde una perspectiva lógica, racional, exenta de instintos o emociones…, ponerle nombre a mi miedo, relativizarlo, lejos de las heridas y con la  entereza suficiente para dejar de sentirme dolida.

-El miedo solo alimenta más miedo, porque está ciego de culpas y sediento de libertad. Puede que solo mirándolo de frente, aquella imagen que posees, se diluya.

-Creo que estas en lo cierto. El solo hecho de estar aquí hablando contigo mientras los demás escuchan, denota que lo voy superando…porque si de algo estoy segura es de que el miedo solo se escuda tras el silencio y el chantaje, un mago de armas oscuras, ¡¡sí!!

–  Entiendelo. No vinimos acá para hacer justicia…no siempre, hay veces que tendremos que recibir la negra lluvia con generosidad, al igual que cuando viene transparente y agradable… sabiendo que somos la suma de todo. Olvidar no es fácil, por ello, escribir lo que eres y en lo que crees puede ser buena terapia.

-Eso me parece valiente…pero escribir lo que uno es, depende cómo, puede que sea otra forma de activismo, otra forma de buscar aplausos o reconocimiento. Guerras a las que yo no quiero sumarme. No quiero eso, yo solo quiero paz,  buscarme a mi misma, trastear en mi yo; no en los defectos ajenos. Sobre eso, creo que ya dediqué pocas palabras, pero suficientes.

-Nunca escribir sobre tí será una tarea baldía. Más bien diría que valiente. Eres tú y tu libertad de hacerlo. Dejará de importarte lo que otros pensaron, con el tiempo, cuando pienses detenidamente lo poco que pensaron en tí.

 

Sonríe, sonrío.

Nos alejamos sobre un paraguas transparente.

Las gotas de lluvia suenan como flechas, el frío escuece como ácido…pero el miedo ya no flota en el aire. Escucho voces afables durante el regreso, palabras sabias entre las malezas, paisajes claros y personas que van reflejándose entre las sombras de mis océanos.

Tal vez sea esa la esencia más vital de la literatura, la medicina contra el miedo… encontrarnos en las palabras, sentirnos todos parte de esta tragicomedia:  beber de otras vidas que como espejos nos ayuden a mirarnos o simplemente calmen los vacíos que trajeron las tormentas.

 

10968314_777571158998612_6135697149525431389_n

 

 

Anuncios

 

11413_762033077219087_7564155839284196869_n

Definitivamente, me gustas. Podría decirlo cualquiera pero no tendría el mismo sentido que si lo digo yo, aunque tampoco te lo tomes como una declaración de intenciones ni nada por el estilo.

Me gustas principalmente por tus porqués…tu eterno y profeso amor al porqué, cuando te acorralas con el porque del porque y eso te conduce ciega a cientos de miles de porqués más, cuando centrifugas tus pensamientos en la lavadora esa que tienes por cabeza y al final salen arrugados y con manchas imposibles, peor que si hubieran entrado.

Te frustras terriblemente, se te forma una arruga entre el pecho y el ombligo que nadie ve, los realistas aburridos le llamarían a eso “nudo”, pero a mí hasta me provoca sorna con risa…y te crees que es un michelín pero no, ¡más quisieran tus costillas!.

La razón de que me gusten tus curiosos enjambres es porque te creo pensadora, inconformista y loca, una mujer atípica a fin de cuentas. Y eso, créeme, me destapa incredulidad en un mundo en el que -cada día más- se nos distrae con venenos deliciosos para no pensar. Como yo soy más racional que tu, estoy esperando a que descubras mi código: un montón de porqués solo son una porquería, una obviedad que tu no ves,  pero mientras tanto te dejo  a tientas y oscuras para que te atribules  con tu máquina pensadora porque se que eso te llevará a tocar algún fondo con respuestas.

Eres la ciclotimia que algunos rehuyen,  otros tantos niegan y una mayoría se impide afrontar. Lo puedo percibir fácilmente, un laberinto en Oahu o un boceto de las tantas escaleras de Escher. Y, por eso me encantas, por tu búsqueda y tu cambio incesante para lograr ser lo que tu quieres ser sin que otros te rijan, sin convertirte en ese estúpido perro de Paulov … Y ante eso, lo tengo claro: tu lloras, yo te aplaudo, tu te desanimas, yo te empujo…porque veo posibilidades en tí que van más allá de lo corriente y moniente.

Me gustan tus ideales sencillos. Creo que, sin ser consciente, has dejado de otorgarle la importancia debida o por lo menos te sientes extraña en tu propia piel cuando en ocasiones te sorprenden esos placeres que tiene habitar en esta tierra. El aire profundo golpeando tu cara es más que un regalo, mientras tus pies se convierten en ruedas que endulzan el veneno de la insoportable inmovilidad. El olor en el pelo de tus hijos es un perfume con gotas de madera y ternura inigualable…, mientras tanto, tu mirada al vacío no soporta a veces un  cielo tan infinito y demoledor, al tiempo que mueves la melena con la furia del instante en el que una canción de heavy metal te descubre atrevida, y de repente gritas….gritas al ver morir a Jonh Nieve ….¡¡¡tu Jonh no puede morir!!!.

Esos pequeños atisbos tan tontos,  demuestran el tonto sentido de la vida y esa tontuna es necesaria para la chispa…para que todo cuente…

Me gusta la contradicción de tus mezclas, camisa con sudadera, cerveza a la cereza, ese hippismo (¿elegante?) que tan bien sabes llevar… y tu cuerpo…el lugar mistico que  tu humor cambia según las notas de la escala: de feo a  mejorable, de frío a cálido y a veces tremendo.Permiteme que te diga: peinate esos remolinos y mirate despacio. Nada que temer al fondo del espejo… tras los años y los daños…tampoco te conservas tan mal.

Cuando no te sientas erudita, ni sabia, ni perfecta, ni mejor que nadie: es cuando más procuraré aplaudirte…porque solo así serás libre de ser. Te interesas por mejorar y eso es bueno,  investigas dejando fluir tu lado más plausible y salvaje, dedicas tiempo a lo que te apasiona, haciendo brotar el hilo de tus pies, el fuego de tus manos, el estupor y las huellas. Vas por buen camino aunque te cueste, a estas alturas de la vida viniste para no ser invisible ni cobarde,  tampoco para esconderte y que si te caes 100 veces ya sabes que te levantarás 101. Es una contraseña más que maneada .

Me gustas como madre porque sabes del peso y la trascendencia de “una imagen vale más que mil palabras”y estás segura de que solo a través del ejemplo podemos educar. El ejemplo en definitiva no es un discurso vacío de casta política, tan solo es atreverse a ser, con sus más y sus menos; velas por ello y actúas en concordancia  para que el futuro de tus hijos esté colmado de la inquietud y felicidad que a tí también te dieron.

Te veo luchadora y aunque hubo días, meses y estaciones  en los que un folio en blanco pisoteó tu dignidad por entero (recuerda que fue decisión tuya), hoy eres totalmente consciente de que cada línea, cada párrafo, cada boceto, te muestra quien eres… y lo mejor, aceptas tus fallos sin recriminártelos. Tus garabatos se rebelan, tus letras se colocan en vertical y en horizontal, las palabras empiezan a vaciarse derramando ríos de tinta…Tú, eternamente tú, tu viaje ahora está llegando al final del principio, vívelo…aunque habrá a quienes provoque risa, no los escuches, todos se han dirigido alguna vez hacia ese lugar inescrutable.

Me encanta que cada día entiendas más y mejor que la felicidad es una decisión, aunque nada fácil a veces. Por suerte no estamos aquí para aleccionar conciencias sino para empaparnos y sacar lo mejor de cada experiencia y que algún día, cuando todo acabe, te arrepentirás de haber vivido preocupándote por lo que otros dijeron. Naaaaaaaa, no somos lo que otros dicen, hablar nos mata y ¡¡qué remedio!! mientras exista ira y envidia  y miedo a los ideales de los demás…existirán las batallas dialécticas. Ante eso solo podemos poner el freno de la ignorancia.

Me gusta que me escuches porque, en definitiva, soy tu otro yo hablándote desde la lejanía. Vives apocopada desprendiendo emociones frustradas y  dolorosas marcas, mientras yo trato de calmarte bajo toneladas de obviedades, que aunque no te lo parezca también están en tí.

Hoy quiero decirte algo de lo que aún no te has dado cuenta, no necesitas demostrarle nada a nadie, solo a tí misma. Tu te preguntarás que hacer con toda esa energía negativa que tanto tiempo dejaste entrar y yo te diré que la conviertas en acción, pies y sueños que no la enfoques  en quienes no te valoraron, sino en todos esos que te quisieron y te aceptaron al completo.

Solo me falta decirte que te quiero (aunque creo que ya lo sabes)…algún día nos fundiremos como antaño, estamos cerca de encontrarnos en alguna parte entre tus pesquisas y mis verdades. Hasta entonces, solo un consejo: Disfruta del viaje. No todo el mundo se atreve.

1966782_719781724777556_4417572772915040119_n

 

 

 

 

Sobre lo que no se puede contener: la libertad. Cuentos de masa, líquido y refranes.

Erase un tiempo presente en el que habitó un jardinero muy afamado, el cual no medía más de 8 palmos y no había cumplido aún los dos años de edad. Vivía a cargo de su madre, evidentemente, a la cual tenía no menos que henchida de satisfacción por su buena fe en el arte del jardín. Su labor favorita era remover el sustrato untándose de tierra hasta los ojos. La madre pensaba: ¡Qué importante oxigenar la tierra!. Si no se remueve a menudo,  crecen malas hierbas y si eso ocurre, las plantas bonitas pueden estropearse. Esto aún era joven para aprenderlo, pero lo haría tarde o temprano. Ahora lo que más le apasionaba era sentir el tacto de la arena escurriéndose entre sus deditos sin que él pudiera atraparla. ¡Qué misterio! ¡Que maravilla!…hay cosas que no se pueden contener aunque se apriete el puño.

Por aquellos días vivió también en la comarca otro habitante muy característico. Tenía la habilidad de pintar con leche chocolateada. Una vez se saciaba, utilizaba el artilugio biberón como botecillo de pintura mientras sus deditos convertían el líquido en garabato. La mamá pensaba: ¡Qué innata es la necesidad de expresarse!…un líquido que se derrama puede tomar diferentes formas aunque sea incontenible, el resultado depende del que mueve los dedos. El habitante niño aún no pensaba eso, todavía era joven. Lo que le gustaba era la simpleza de escurrir las manos entre algo tan fluido, tan húmedo, cambiándole la forma y la transparencia. ¡Que hallazgo! ¡Que prodigio! Hay cosas que varían para siempre si las trastocas.

 

Por último, la madre, que gozaba de unos pocos más que dos años de edad, también poseía un don, o más bien, costumbre inevitable que era cambiar los refranes de sitio , dando lugar a sopabobas del tipo “a quien buen árbol se arrima…ciento volando” o “Está más chongo que chongo”. Los pequeños pensaban curiosos : ¿Qué significará eso que dice mi madre?.  A ella lo que le hacía gracia del asunto, evidentemente, era lo despistada y desobediente que era -también- su memoria social.

8

 

2015: El tiempo. Todo. Locura.

10460861_762736637148731_8063127057209350569_o

El tiempo ¿quien no piensa en el tiempo?…el que rozamos con los dedos, el que se fue y el que está por venir. Ese personaje invisible que nos roba segundos mientras con aire canalla se nos escapa entre las manos. Tal vez deberíamos asomarnos menos al precipicio del antes y del por venir y tan solo centrarnos en el instante. Exacto, saborear el instante. Es algo que siempre he sabido hacer bien y que ultimamente, he olvidado.  Tiempo, si, si…me refiero a tí, quiero que sepas que no vas a detenerme más con tus miedos, la incertidumbre y los recuerdos del pasado, que elijo a partir de ahora que tu música de tic tac indomable me sorprenda bailando, que no voy a pensarte más como acecho, duda o incertidumbre…que ya vale de querer controlar lo incontrolable. Eres tiempo, eres invisible…pero estás porque yo elijo centrarme en tu presencia. Tu presencia indigesta tal vez, porque no sé lo que harás mañana ni puedo borrar lo que hiciste ayer. En cambio si puedo disfrutarte hoy. Y a eso me aferro sabiendo que me esperan mis sueños: pequeños retales sinceros. Míos son y de nadie más.

10379474_738473726241689_8835965681533446726_o

 

El todo, ese todo ansioso es nuestra identidad egoísta. Todos queremos todo.Hoy, ayer y siempre. Y en ese quererlo todo, a veces se nos pierde todo. Me refiero a todo lo que somos. Es por eso que habitualmente tenemos que detenernos a recoger todos los cristales rotos que nos quedaron, desechar los que fallaron y volver a recomponer nuestra figura. Así, sin más. Todo acaba y todo empieza para volver a ser todo y luego nada y así en un bucle reconstructivo inmenso. Yo imagino El todo como una roca enorme que nosotros tenemos que esculpir. Esculpir es quitar lo que sobra a la fuerza. Realmente todo no es necesario para ser feliz, pues llevaríamos una mochila llena de lastres y no disfrutaríamos de los paisajes, ni  las gentes, ni los mañanas. Imaginaos lo que eso pesa. Todos queremos todo, pero ese todo tan solo se reduce a una cosa vital: sentirnos queridos y que nos quieran. Ese es el sentido máximo y a la vez mínimo del todo, cuya esencia todos queremos alcanzar.

11415294_844691695619891_8558555238560846090_n

Y vale…es fácil todo lo que he dicho. Las instrucciones para vivir mejor todos nos las sabemos de memoria. Hacerlo es otra trampa más maliciosa. Hasta el tiempo se sabe nuestras arrugas de memoria y juega a trazarnos nuevos recorridos con los que recelarnos. Sin querer, lo hacemos, caemos en lo fácil…vamos olvidando nuestra compañera más asimétrica, la silenciamos a menudo: la locura, esa funesta olvidada en el baúl de las derrotas, porque pareciera cosa de niños o adolescentes que se atreven como nadie a vivir regidos en sus brío de primera vez. Y nos creemos más que ellos desde el rictus que nos otorga la experiencia, como si eso fuera un billete de éxito. La locura es salirse de las vías, un tren estrellándose contra la tristeza y la rutina, el guiño a la imperfección que a todos nos caracteriza. Y se puede estar loco de muchas formas, no lo dudéis…buenas y (no diré malas) sino tremendas. Pero la básica, la que yo entiendo para vivir bien, consiste tan solo en no domesticarse a uno mismo, hacer brillar lo espontaneo a través del cambio, despeinar a la costumbre y quizás- tan solo- seguir adelante haciéndote cosquillas con los problemas.

El tiempo. Todo. Locura. Tal vez el tiempo no lo cure todo, no le dejemos esa tarea tan ardua,… a fin de cuentas es intangible. Puede que nos desentendamos del esfuerzo, nos acoplemos a la magnética debilidad, dejemos pasar el reloj y por ende, la vida. ¡El tiempo no es magia!.

Seamos nosotros los que construyamos de nuevo el todo, el tiempo y la locura. Porque, no lo dudes un segundo, todo tiempo puede ser una locura.