Archivos Mensuales: noviembre 2015

TAREA DEL DÍA: AGRADECER. ¿Fácil, no?

Nunca me despido con un “Hasta mañana” porque hoy, el mañana no existe.

Pero si de verdad existiera,

estaría bien decirle a tu padre que lo quieres,

a tu vecina que le favorece ese color de pelo, 

a la profesora de tus hijos que gracias por su esfuerzo,

“buenos días” al del puesto del pan,

a esa amiga agradecerle cuanto te ayudó,

a tu hermana que la echas muchísimo de menos, 

a tu pareja que te gusta compartir tu vida con ella,

a la persona que te cuida lo mucho que hace por tí,

a tus hijos las sonrisas desde el minuto cero de la mañana,

a tu prima sus historias en la España profunda, 

a tu ex por entender que el odio no sirve,

a tu cuñada que  sus cafes son adictivos, 

a tu vecino que gracias por ese genial ruido mañanero que es “partir almendras”,

a tu compi que la vida vale muchisimo la pena,

a esa funcionaria agobiada que agradeces su paciencia y atención…

Si el mañana, finalmente, existe,

intentaremos decir algo bonito a las personas que queremos o que nos rodean…

¿no creéis?.

Buenos días, mañaneros.

EL RECORRIDO INERME DE LAS PALABRAS

Hace mucho que no paso por aquí y es porque realmente no encuentro ni inspiración, ni tiempo, ni ganas. Me gustaría deciros otra cosa, pero no, es eso. Escribo muy de cuando en cuando pero las entradas acaban finalmente en en un gran absorbe-lo-todo llamado borrador. Nada de lo que expreso acaba convenciendome, seguro que habéis tenido esa sensación alguna vez, es como si el silencio tuviera un peso tan denso como el aceite y de repente se convirtiera en una capa intraspasable.  Si la cosa no cambia acabaré dejando este blog que significó una parte de mi, pero que ahora no parece entusiasmarme.

Estoy atravesando una etapa en la que las palabras me entran más que me salen, es decir: leo más que escribo, a pesar de los niños, los libros se cuelan entre mis horas y me gusta salpicarme el corazón con esa amalgama de vidas diferentes, idiosincrasias e historias que junto a la mía -por un momento breve- conforman un maremagnum sorprendente. Tal vez sea una forma de evadirme de todo, de estar como colgada en alguna nube, de inhalar el pegamento de las letras, pero por ahora me hace sentirme bien. Y es que las palabras tienen el poder de abrazarnos o herirnos.

El otro día estuve reflexionando sobre esto a raíz del documental que la hija de Kurt Cobain ha dirigido sobre su padre. Siempre he sido una gran admiradora de la banda, creo tener hasta algún vinilo de coleccionista, pero desconocía por completo esta parte del carácter del que fue icono del grunge.  El documental en cuestión,  se adentraba precisamente en esa parte psicológica de Kurt, de su sentir personal, con vídeos inéditos y un montaje para mí, muy bien currado. Lo que más me sorprendió del vídeo fue que el líder era un talento ultrasensible que no soportaba en absoluto las habladurías, ni las voces que en numerosos medios de la época se alzaban contra su persona.

Esto me hizo cavilar sobre la necesidad y la trascendencia del lenguaje  y también sobre la forma que tiene la humanidad de gestionar las críticas. Esta claro que no todas las personas somos iguales, las hay más y menos sensibles y en ese punto de muy variable graduación radica la diferencia. La vida nos hace más o menos fuertes, nos obliga a huir de toda sensibilidad porque lo vulnerable está mal publicitado. Tarde o temprano en un momento u otro de nuestra vida, tenemos que “echarnos la manta a la cabeza” como dicen por aquí, aprender a frivolizar, haciendo más duro el corazón o  utilizar lo negativo como feed back que retroalimente mejor futuras emociones.

Os confesaré que desde siempre me he visto como una persona ultra sensible, lo sabe quien mejor me conoce y decirme otra cosa sería mentirme. No me refiero a fragil de llorona, al contrario me cuestan oro las lágrimas pero ya sabéis que eso no es más que un mero acompañamiento del interior.  Esta actitud me ha hecho pasarlas canutas a veces sin razón, pero también me ha dejado ver la vida desde un ángulo particular, diferente. Es como que los sentimientos y las vivencias se experimentan al límite, se explora la creatividad, se busca la perfección. Como decía una frase por ahí: “al menos cuando se sufre no crecen las florecillas del hastío porque la vida es interesante, una incesante búsqueda”.

No quiero decir que sufrir este bien, pero a lo mejor vivir exige pasar por esa amplia gama de sentimientos, que por supuesto nos definen y que a veces nos autonegamos. Los sensibles, lo que hacemos, es recorrerlos aturulladamente sin darnos cuenta que a lo mejor esa sensibilidad (bien enfocada) nos puede llegar a ser util como instrumento de vida. Es como un “toma, acéptate y sácale el mejor jugo a lo que hay”.

Y cuando descubres eso, la vida es creativa, te pertenece y exploras bajo tu personalísima mirada la cara de un mundo que simplemente es eso: tu mundo.

Disfruto cuando mis amigas/familiares/ conocidos me solicitan: quiero que me escribas esto, que me dibujes esto, que me ayudes a idear esto… y  creo que en parte es por que soy vulnerable que veo las cosas bajo unas gafas distintas. Tal vez haya un poco de talento al fondo de la capa gelatinosa de un alma blanda.  He llegado a la conclusión de que soy lo mejor de entre mis derrotas, con hiper-sensibilidad como tara o como virtud, soy lo que soy.

Lo que vengo a decir es que ahora mismo no encuentro que escribir me apetezca o se encuentre entre mis metas, por supuesto que sigue siendo una de las cosas que más me gustan y es por eso que voy a darme la oportunidad de aquí a fin de año de reavivar de algún modo el blog. ¡Algo se me ocurrirá!

Las palabras seguirán importandome, dice una poeta que “pesan más que el mundo”, aunque yo creo que no más que los hechos que corroboran o desmienten los surcos que dejaron las palabras ¿no creéis?.

**¿Que sentiría Kurt si esta foto se hiciera realidad? Me parece una imagen preciosa, trasmite amor, mucho amor…del bueno.