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Dos miradas. Una conversación. Entornos. Arte. Abstracción a través de lo real.

Mi hermana y yo habíamos dedicado toda la mañana de lluvia al museo. Empezamos por la colección de arte que se exponía de forma temporal, la de realismo abstracto, dos pintores de los que no había oído hablar y que acabaron por conquistarme más allá de las salas. Al final resultó que eran muy valorados y no los había apreciado hasta entonces.

Creo que los verdaderos artistas (y hablo desde mi propia experiencia claro está) son aquellos que gozan de la facultad de emocionar,  realidad que no está en manos de todo el mundo, como no está el que nos motiven las mismas cosas …esa chispa captura terriblemente mi atención. Podría dejarlo en una definición breve: aquellos que son capaces de mirar más allá y a través de.

Me explico. Muchas son las personas con dotes artísticas, pero ¿cuantas logran capturar la  imagen inquieta? ¿cuantos hacen que vibre como vibran algunos instantes?, esos que sabemos son tan efímeros como elucuentes…capaces de expresar mundos.

Los buenos cuadros bajo mi punto de vista son los que te dejan imaginar: llevádote  a formular hipotesis sobre su autor o su posible motivación con la escena, los que te hablan de los misterios ocultos tras los elegidos que posan, el paisaje o las cosas.

Es justo lo que iba sintiendo mientras observaba tanta belleza perfectamente estudiada. Sabía que estaba viendo algo que recordaría más tiempo del que duraría el recorrido del museo. Algo especial  e impactante que me haría indagar más allá, como indago con todo lo que me motiva a través del sentimiento.

A la vez que disfrutaba de las imagenes me iba adentrando en una historia. Quizás, seguro, tal vez, solo era mi historia…aunque la estaba leyendo allí con datos corroborables, el subjetivismo siempre está presente en el arte.

Hablaba de la relación entre un padre y un hijo, ambos artistas, ambos pintores… que se habían criado en entornos altamente creativos.

Hablaba de personalidad a la hora de pintar partiendo de bases parecidas,  de la influencia de lo ordinario y  lo cotidiano, que por ser así, muchas veces se escapa; del candor del misterio, del implacable magnetismo de la extrañeza humana llevada a su esencia mínima: la naturaleza. Tierra, sol, mar, costumbre, vecindad…entornos que fueron sentidos y vividos con tanta fuerza que aquello los hizo mágicos tras la mano habil y el pincel.

Y es que hay tantas coincidencias entre ambos como distancias en sus escenas. Acercamientos y lejanías, infancias de creatividad y naturaleza, humanismo animal, miradas ensimismadas y  musas secretas…fueron algunas de las cosas que más me impactaron de la exposición.

Quedé absorta por como se conjugaban las dos visiones: padre e hijo…de como habían investigado con tan diferente resultado, el color y la técnica. Y no solo el color en sí entendido como gamas o preferencias cromáticas,  me refiero al color de los  instantes y las historias…ambos magistrales en su esencia. Una: por reflejar la austeridad del alma a través de las ventanas de lo conocido y otra:  por derramar la extrañeza que – en sí- caracteriza un interior y las puertas de misterio que va abriendo.

No me pude ir sin mi descarada costumbre de tocar algo de lo que me llama. Creo que todos los museos del mundo deberían tener un apartado táctil, al menos para contentar a Mukali…jajajaj.

Me fui tanteando aquella imagen gigante…y era de imaginar el roce del pasto en las vegas de mi infancia, ese tacto que tan bien recuerdo de mi yo- niña y  que mi padre tan estupendamente se ocupó de desvelarme… sus botas, la siega, la tarde en mi espalda correteando las mieses.. ese ambiente que ya me quedó lejos y que los cuadros de Andrew y Jaime Wyeth consiguieron acercarme.

The Islander - Wyeth Jamie

 

HACES DE LUZ

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Haces de luz como haces de mí.

Mi maravilla es disfrutar tu visión.

Tu visión -simple- también me aturulla.

Aturulla el latir joven de tu caja de polifonía,

Polifonía las notas de tu energía en las arrugas de mi cansancio

Cansancio el del cielo cuando atardece en tu semblante

Semblante tú…mi siembra

¡Tu siembras mis cielos siempre  hacia delante!

*

De toda evidencia me despojas, como del ayer,

ayer son pétalos,

semillas desacertadas,

un derrumbar de proezas,

proezas como trozos de risa para hacerlas volar,

volar como serpentinas.

Serpentineas el ánimo como el color…

¡ Tu vuelas siempre de colores descollantes!

*

Eres el tren que arrasa el germen de mis raíces

Mis raices  son las vías sobre las que inventas equilibrios sorprendentes

Sorprendentes las cuerdas,

la garrocha,

los obstáculos que salvamos

Salvamos las mismas lineas , distintos tiempos,

solo que ahora tiemblo…

¡ Y temblar no me asusta,

me asusta que tú tiembles!

*

Padezco tus iras,

tus rabias,

la incontinencia de las emociones

emociones que como agua se nos derraman del vaso frágil

Frágil mi corazón al no poder salvar los desatinos

desatinos los intentos en los que no quiero verte sufrir más

más no queriendo,

de vez en cuando, te veo.

*

Eres eso que llamo la capacidad del mañana,

mañana vestiré de tí que tu de mí,

como una composición de retales,

 la manta que nos abrigó mientras tejíamos los instantes,

 instantes los 99 que alguien escribió como altares de un libro,

libro las frases que leímos hilvanando nuestra historia…

…..

Historia  tú,

mi tesón en vida,

mi palabra en boca,

la urdimbre de mi alma.

….

Alma yo,

que hoy te dejo ¡nada menos que esta maraña!.

 

 

 

 

Las palabras que verdaderamente sangran.

“La voz me sangra”.

Cuando me dijo aquella frase solo llevábamos dos minutos hablando. Pensé que tal confesión solo puede pronunciarla  un tú a tú hecho de confianzas, pero no, eramos solo dos desconocidas en un lugar matemáticamente común.

La piel se me volvió de cartón mientras escuchaba como sus palabras y los sonidos difusos desprendidos al contacto con el aire pueden doler mucho físicamente.

Yo llegué como un número más entre el azar, para ocupar su lugar de sueños. Su segunda habitación de niñez y la cuna de su frustrada vocación.

Le prometí que cuidaría de su rebaño de “ahíncos” mientras ella se asía a la idea de que ya nunca más podría desempeñar la labor para la que había nacido.

Como le dolían las palabras le sugerí que usáramos la pizarra y allí pude descubrir gráficamente el mapa conceptual de su vida.  El día que enfermó su garganta, la hora en que una negligencia médica torció su destino, la testarudez humana empeñada en intentar lo imposible sin valorar la propia limitación,  y finalmente, el dolor de la aceptación alejándose de lo que la perjudicaba pero la hacía tan feliz.

Eramos dos maestras en un taller de auto-aprendizaje. Teníamos decorados de invierno, nubes preciosas rellenas de algodón a las que le colgaban hilos de pescar con sus gotas, numeraciones con canciones remanidas que tantas veces habríamos cantado y libros, infinidad de libros llenos de esa primera aventura del saber.

Le dije que todos hemos nacido para algo, eso lo tengo claro, que cuando se trunca el sueño personal que cada uno de nosotros albergamos (por variables ajenas incontrolables) solo hemos que cambiar la forma de hacerlo posible. Y siempre hay una solución para cada desdicha.

La enseñanza nunca se alejará de tí…¿sabes porque? la llevas contigo, de la mano, de viaje y es el camino que has de seguir recorriendo. Tienes que encontrar la fuerza y la forma de hacerlo posible sin que te duela.

Ella me escuchaba emocionada mientras otra inquietud silenciosa me habitaba a mí, de fondo y de lleno. Como si me hubieran echado un bote de pintura encima de la cabeza.

No diría más eso de que las palabras pueden herir, cortar o llagar de forma metafórica…Eso no es del todo cierto, somos nosotros los que dejamos que -inundándonos- lo hagan.

Las palabras son vías, entes transparentes y milagrosos que nos permiten construir la voz, la luz, el lenguaje, la vida y los sueños. A partir de ahora empezaría a valorarlas de otra forma, a sentirme privilegiada de tener esa capacidad y a hacer de ella mi escuela.

Nos despedimos a través de ese lenguaje no verbal, sin fronteras, sabiendo que nos dejábamos la una a la otra en dos puntos muy distintos pero probablemente cercanos. Estaba segura de que aquella chica, aquella valiente y anónima heroína, me habían regalado el verdadero sentido de la palabra doliente.

Y es que la misma vida y su fluir es otra escuela si nos detenemos a escucharla.

 

Making off

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Estaba colocando nuestra obra de arte en el lugar que nos habían asignado para la exposición cuando me asaltó una idea.

La reflexión iba en torno a cuanta historia hay tras un cuadro. ¿os habéis parado a pensarlo?

Y no me refiero al significado de la obra o lo que esta representa y sugiere, sino más bien a lo que hay detrás de ella y  no se ve: al como se hizo, aunque sea una burda reproducción mía y de mis alumnos, como es este el caso. Hablo del making off que no aparece por ninguna parte, pero que contiene a su vez otras pequeñas mini historias dignas del mejor museo.

Fue entonces cuando recordé cómo María y Carlos ,a urtadillas,  habían pintado otro Picasso en los baldosines del baño, mientras yo y el resto de la clase permanecíamos ajenos a tremendo espectáculo. Las limpiadoras se asombraron mucho de la capacidad de estos niños, que hasta me lo declararon abiertamente…les dolió mucho tener que limpiar aquel maremoto de color refinado y que conste, lo habían hecho porque se jugaban el puesto en la empresa, sino  lo hubieran dejado adornando un baño frio y desolador.

Saboreé absorta la palabra ilusión y su dulzor en unos ojos jóvenes, cuando aún no se han enfrentado a algo que les supone un reto fascinante.  ” Yo quiero pintar la paloma, pero me tienes que ayudar un poquito, seño” . Aprender, descubrir y  compartir. En medio de todo ello saberse capaz de materializar algo que  aparece en nuestra mente como inmenso. De eso va toda una vida.

Descubrí nuevamente como estamos hechos para las mezclas, desde pequeños, lo exigimos… disfrutamos al máximo viendo como se colorea el agua con un pincel o como la pintura se transforma en un color “mágico”. La curiosidad aviva nuestra gama cromática, somos un arco iris inmenso de sensaciones, emociones y pruebas.

No tenemos recetas para evitar no salirnos alguna vez de las líneas “Me he metido en el ojito, seño!”… “que daño” – le digo….Y sin embargo, cada uno, enmienda sus errores como imagina, como urden sus tretas e ingenio, pues para eso tambien se requiere arte.

No somos más que la felicidad de los momentos, instantes pasajeros que van perfilándonos a su antojo mientras nos hacemos pintores de brocha en mano, que acabamos pensando que ese cuadro lo hemos inventado nosotros.

Nooooooo, ese cuadro ya estaba pintado…pero ¡qué más da!.

Solo nos estamos divirtiendo, reinventando una idea, tratando de entender a un genio llamado Picasso, o metiéndonos – por unos momentos- en el cuerpecito de esa niña y la paloma.

Y se nos queda un semblante serio, de cuadro. Tal vez imitamos al personaje de la obra y su tristeza encubierta, porque hemos llegado al punto en el que el arte nos coje y nos mueve, que lo sentimos y ya es nuestro. Como esa paloma que necesita tanta niña o esa niña que necesita tanta ternura.

Hecho una ultima ojeada a nuestra “obra”. Sonrío de la forma en que las sonrisas ni se perciben,  es decir, desde el interior.

“Esta es la verdadera historia de un cuadro” – me digo. La esencial y vital a mis ojos, a mi alma, a mi recuerdo. La que cuenta para mí.

Seguro que cada uno de mis niños os la contarían de otra manera, porque al final todo es como el arte: trocitos de mirada y pedacitos de latir.

 

 

 

La cadena social

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Salí a la pequeña terraza, un balcón perfecto para perder la mirada a solas.

La música en el solarium aún se resitía a dejar la tarde.

El sonido de las olas y el trasiego del domingo me mantenían distraída.

Al fondo los barcos y veleros de lujo absorbían los últimos dorados del sol.

Probablemente esté ante una de las imágenes más idílicas – pensé-

El blanco, la brisa, este hermoso lugar entre dos mares que me acuna y relaja…

instantáneamente supe que me equivocaba de lleno.

 

Podemos empeñarnos en que los cuadros, los paisajes, las ciudades, el lujo, …. y cualquier entorno, en su ostentosidad nos envuelva y desacostumbre. Hasta podemos creer que a solas es inolvidable. Y puede que hasta lo sea.

Pero después siempre, siempre estaremos buscando compartir con otro lo que miran nuestros ojos. Se trata de deshilachar la belleza juntos o besar el espectáculo en perfecta compañía.

De ese culmen de felicidad nunca podemos librarnos, es la cadena social que arrastramos y nos persigue caprichosa allá donde vamos.

Y cuando la mirada se asombra,

el corazón va gritando:…. me falta….me falta….me falta….

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Encuentro

 

Aparqué el coche, me calcé las botas y cogí los bastones.

Sonreí al ver la distancia que aún ponía pies a nuestro encuentro.

Alcé la vista, arriba muy arriba.

Habíamos quedado en un lugar extraordinario, lejos de toda monotonía social.

Ella solía decirme que era su café favorito, pues carecía de puertas y ventanas que acotasen el espacio.

El aire que allí se respiraba era el vértigo de la libertad, no había humos de cigarrillos ni cargamentos de humanidad que almidonasen los corazones. Mientras, en las trasparentes paredes, los cuadros lucían en forma de nubes caprichosas y su arrebol moteado.

Caminaba como tiempo atrás pero con el desazón de abrazarla. La iba sintiendo…lejana, sumisa y a la vez tan cambiante. El sol de las cuatro me abrigaba el corazón y las ganas.

Cogí los bastones y empecé a batallar con el suelo de guijarros. De pronto recordé un pasado: los mismos instrumentos ventajosos pueden ser contraproducentes. Eso lo había aprendido bien. Lo que se curte bajo la piel es difícilmente perecedero.

Abandoné los utensilios y me arrojé al trémulo fulgor de la verticalidad, el peligro y mi experiencia.

Iba pensando en ella, la tenía todo el tiempo en mi cabeza mientras unos desacostumbrados pies sentían la adrenalina fluyendo hacia la parte más viva de mí.

Descansé en un bosque, bebí, ¡fui tan humana durante unos minutos!…hasta mi pelo -caprichoso redentor de la cadencia del viento- hablaba de mi presencia.

La tierra empezaba a intercambiar colores, los pájaros trinaban el Bliss de Muse, algún ciclista exhausto regresaba ya a casa buscando el beso de su amada.

Casi cuando creí haber llegado, la naturaleza (o mi despiste) jugaron a engañarme. Encontré un pequeño oasis laberíntico. Filas interminables de pinos, como personajes dantescos me absorbían hacia la noche caustica…escuché voces extrañas, miré la nada sin mirar, vi volar los primeros bichos de la madrugada, sentí el miedo como un ciervo, corretear por entre mis piernas.

Temí, perdí los ojos, llamé al instinto…

En ese momento, sumida en el desconcierto de la duda, merodeé por otro pasado: cuando tengas miedo, no te pares pero tampoco corras. Y eso fue lo que hice.

Aquel oasis desolador no iba a vencerme, así que crujiendo la madera de  los bástagos secos bajo mis zancadas avancé hasta que pude vislumbrar el color del día. ¡Y la hora en el cielo!. Se tornaba de un azul noche luminoso, brillaban estrellas inimaginables cuando al fondo, en un pequeño rescoldo, la vi: esperándome.

Tenía los ojos como la tierra y me miraba, tan misteriosa como la conocí. Yo llegaba empachada de sudor y desasosiego, que al saberla, una paz insólita anido mi espíritu.

Corrí, corrí todo lo que mis fuerzas restaban para abrazarla. Y lo hice como únicamente se: desgarrando mis sentidos a través de la pasión del instante.

Tras el abrazo de naturalezas furtivas, nos sentamos a contemplar la vida a través de la luz. Miles de pequeñas bombillas nos hablaban de lo insignificantes que éramos a miles de metros de altura.

Ella me regaló silencios que me dejaron helada, yo le dejé monólogos extraviados en cumbres borrascosas.

Quise creer que nos reímos, ella y yo a solas, en nuestro café favorito.

 

 

Pesadillas tan reales

Hacía tiempo que no te dormías en el sofá- susurró.

Mientras, el sueño me hacía sentir como una marioneta vencida a sus brazos.

Andaba amorrada, ¡tan abatida!, pero ese “hacia tiempo…” quedó sostenido en el ultimo hilo de somnolencia.

De camino a la cama, mi cuerpo aún se dejaba engatusar por la mente.

Escribíamos juntas el exilio de nuestro día…

“Hacia tiempo que no me dolía el estómago, hacia tiempo que no escribía, hacia tiempo que no dibujaba, hacia tiempo que no veía a mi psicóloga, hacia tiempo que no saludaba a mis propios fantasmas…”

Tantos “hacia tiempo” se callaron en mí, mientras dormía.

El breve tiempo en el que dormía.

Al despertar volvieron obstinados, como una pesadilla (o como una realidad).

Ahí siguen redactando mis días.

Hacía tiempo que no los sentía tan de cerca.

Besos blancos

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Dos cepillos pequeñitos,

se unen en una mini bañera

¿que puede salir de tan calamitosa proeza?

Agua, pasta de cocodrilo, espuma de fresa…

Frota, frota…batiremos burbujas con sorpresas.

Tus labios apuestan con los míos

la risa que pone dos bocas a prueba…

¡y la entereza!…

 

Puestos a improvisar, ….

No se estar seria,

asi que…

vamos a paladear este flúor

hasta que la higiene nos detenga.

 

Surcaremos la cueva de tu blanco nácar

y con perclorato pintaremos la sangre de mis encías.

¡Te quiero!, – digo a bicho de  lengua nívea

¡Te adoro! – grita diversión en ojos de plátano.

 

No te escapes de este segundo,

¡abrigame con la manta del abrazo

y dame un beso con pasta de eternidad!.

 

Nos enfangaremos de la forma más dulce.

Iremos hasta el último reducto del amor.

Seremos los fantoches del espejo.

 

¡¡Deja la escobilla!!

¡¡deja la papelera…!!

contigo y conmigo

¡¡Ya no hay manera!!

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Días que pintar

A lomos de un caballo balancín

en el trayecto hacia nosesabedonde

iba galopando entre los días del  porvenir.

Me dejaba llevar por el viento agradable de los sueños,

esa frescura azotando este rostro incierto

ese minuto de sinergía entre su lomo y mi cuerpo.

Topamos no tarde con los primeros reveses

una montaña de bloques amuralló nuestro camino,

acampamos en Imaginación durante unos días

buscando encontrar soluciones de trayecto

que  nos hicieran trazar nuevas rutas.

Sin los libros que llevábamos a cuestas

-en alguna cabecera entre su hocico y mi pupila-

no hubiéramos podido continuar,

pero aún encontramos más letras perdidas,

diseminadas como semillas por  las colinas,

vestigios de nuestra seria sed por saber.

Nos esperaban abiertos,

aún con olor a sabia fresca del  paraíso

como si desearan ser  recitados por la garganta del viajero,

como si quisieran ser los ojos de la trampa del mañana.

Y en ese recorrido tan largo,

tan extenso en paisajes y estados del alma,

nos dio hambre a mi y  al caballo…

amasamos pasteles con arcilla y los pintamos

para que quedara constancia de nuestra glotonería.

Alargamos la magia como un chicle afrutado,

mojamos nuestros labios con algodones de limón

y nos dibujamos sonrisas cuando la tormenta más rugía.

Allá en la cumbre del sol anaranjado,

sonó la música de un xilófono

tintineaba la canción de nuestras vidas,

un cinema paradiso en el que los vientos de escenas bellas

fueron sesgados por los límites de la inconsciencia

y allá en el mismo ojo del firmamento,

en esa cúpula oscura y transparente

aquel cine se proyectó para nosotros…

inmenso acompañamiento entre un billón de estrellas.

 

Íbamos a concluir el viaje anestesiados por la emoción,

366 días de aventura,

altura,

bajura,

premura,

locura…

Cuando pudimos echar la vista atrás,

nuestros pies toparon con  puzzles cúbicos

esa posibilidad de crear infinitos resultados

con las caras de las piezas…

Nos abrazamos en equilibrio

barajamos recuerdos y decisiones,

estrechamos una armadura de carne y hueso animal,

tan cerca, ¡tan una!

-caballo y mujer-

que al fin pudimos verlo:

 

Somos hoy remedos inconclusos del ayer,

trozos de mirada,

gajos de latir,

días en bocetos que seguir pintando.

 

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“Juguetes” by Mukali.

Lo que engrandeció mi 2015

Dos pitufos: sus risas, su piel, bocaditos, guapura…la vitamina “mitodo”.

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Un hombre : que ha estado conmigo en todo momento: soportándome, disfrutándome y haciéndome reir. Pero sobretodo: queriéndome.

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Una comida: la de año nuevo en mi casa con mis mejores amigos. ¿Quien no está salivando ahora mismo?…venga, venga, no me engañeis.

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Una casa: aquel loft precioso en una ciudad perdida que se llevó un trocito de mí.

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Una playa: la nuestra, la conocida, la de siempre,… donde se crearon mis hijos en esencia y donde siempre vuelvo.

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Un dibujo: el que  hice para mis alumnos en el día del libro. Porque ellos fueron los que le dieron color y sentido. Y porque aunque no esté de moda leer (más quisieramos, pero no) quedó alucinante el vestido con portadas de clasicos infantiles.

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Una bso: el grupito de mis amigos en concierto…sigo disfrutando de sus letras, de su música, de su esfuerzo y de su cultura musical, de la cual siempre aprendo. Probablemente  nunca se hagan famosos, pero para mí son lo más.

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Una foto: dos edades, la ternura y el amor concentrados en un disparo flash.¿Hay algo más bello?

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Una frase: palabras talladas en piedra que encontré en uno de mis viajes.

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Un animal: mi pez, pronto cumplirá 3 añitos con nosotros…Siempre acompaña mis guisos y nunca cae a la cazuela, afortunado él…jejeje.

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Una fecha: su cumple. Una vela, un año, una tarta. Dos ilusiones, dos terremotos y millones de globos.

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Una casualidad: la de ese día que estás para que te coman los gatos y te laman los perros, algo que nadie sabe porque estás sola y …tu padre ¡tu padre! ( que está lejos de tí y no sabe nada) te envía esa frase. Son coincidencias que remiendan almas y que nunca se olvidan.

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Un atardecer: el de mi ciudad natal, desde el torreón más alto de su castillo. Entre dos luces ver encenderse miles de vidas,  sencillamente genial.

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Un libro: aunque ha sido un año prolífico en cuanto a lecturas, el de la foto es un libro sin letras (más que el título) que me ha emocionado hasta los límites y tambien lo veo lógico… amor de madre, leñe!.  Me lo hicieron unos increíbles fotografos profesionales que montan decorados sublimes para bebes.Un lujo en recuerdo que hace honor a la frase: una imagen vale más que mil palabras.

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Un famoso: el bombón triunfito, Hugo Salazar, al cual vi en directo por casualidad el pasado invierno y me conquistó con su “Mujer siempre”. El pobrecillo no paraba de quejarse de los fríos de mi tierra y yo tuve que morderme la lengua para no soltarle un……………bueno, ya me entendéis ¿no?…ajajajaja(por cierto en la foto salgo fatal, estaba en las nubes…ups)

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Una bebida: whisky de verano con coca-cola, piscina, sol y compañías. Como veis, alguno de mis amigos/as bebe aquarius y no pasa nada… no me veréis a mí, salvo que este malucha…jajajaja.

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Una prenda: mis zapatos. Estos en particular son mis favoritos, me han hecho caminar mucho este año, a los cuales, les he rendido pleitesía sacándoles esta foto…¡que le vamos a hacer! ellos no tienen la culpa de que yo sea rarita.

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Un juego: los bolos con botellas vacías de aceite. Hay que reciclar. No solo por el  bien planeta sino tambien porque los niños no entienden de juguetes exquisitos, solo de momentos y risas. Así debe ser  y lo olvidamos a menudo.

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Un vicio: la cachimba. Jo! este año me he echado de lleno. Y lo peor es que no quiero quitarme porque me gusta mucho fumar pipa de agua. Me seguiré engañando con que es menos nocivo que el cigarrillo pero a fin de cuentas, tabaco es. En fin, confío en reducir este 2016.

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Un postre: estas galletas caseras con lacasitos. Juro que estaban buenísimas y que haré más.

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Un atrevimiento: cortarme el pelo tan radical. Nunca en el mismo año habían confluido la melena más larga y más corta de mi historia … Me veo mejor así -y me siento-, aunque no termine de ver del todo por ese ojo. Mejor, mucho mejor así la vida.FullSizeRender

Un brindis: por vosotros, mis lectores.

Por seguir ahí un año más leyéndome a pesar de mi ausencia durante meses, por deleitarme con vuestros blogs, nuevas historias, nuevas perspectivas del mundo, por vuestra amabilidad y vuestro apoyo en esta mi libertad de volver por acá.

Que el 2016 os regale parte de vuestros sueños.

O al menos las piedras y cimientos para encaminaros hacia ellos.

Que os de fortaleza para superar los trances con aplomo

….y buen humor para que no se escapen las sonrisas que nos merodean…

ni la chispa que nos autodefine,

ni la payasada incontenible que tiene el nombre de cada uno de nuestros terribles corazones.

Que esta vida – peleona y adiestradora-  os enseñe lo justo porque está claro que aquí vinimos todos para tropezar y aprender. Pero que no se lleve vuestra esencia jamás.

Y sobretodo que sigáis siendo penínsulas, no islas. Porque está en la propia condición humana, en nuestros genes, compartir con el resto. Hagamoslo posible e inolvidable. Tratémosnos con amor o al menos, tolerancia.