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Hablando de…

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La clase había comenzado  con un precipitar de letras populares,”La primavera la sangre altera” o “En abril, aguas mil”. Profundas como ellas solas.

Hablemos de comprensión, de lógica con niños de 5 años, aunque luego seamos nosotros los primeros en incumplirla. Adultos como nosotros solos.

 ¿Que es eso de alterar?– pregunto. ¿la primavera nos transforma? -añado.

Miran, piensan, siempre tienen algo rondando sus pequeños cerebritos…

Cambia los arboles, las flores, la hora, los días… dicen por ahí los más aventajados.

Y yo sigo dándoles ingredientes para pensar…

¿Y nosotros somos arboles, flores, horas y días? ¿formamos parte de ese todo?

Se que estoy pidiéndole peras al olmo y por otro lado se que la vida te da sorpresas.

Y me quedo en esto ultimo para confirmarme a mí misma porque me gusta tanto tirar del hilo.

Sus caras son pura filosofía

Y yo les extiendo las palabras precisas…

¿Creéis que en primavera estamos más…alegres… más  locos…más sensibles…nos enamoramos más fácilmente?… 

Y salen las risas de las niñas…jijijiji. Yo también me río de sus ojos al oír la palabra mágica “enamorarse”. Es como un cuento del que han oído hablar una y mil veces, pero del que siempre tienen ganas de más.

Annia se atreve y añade una emoción: Seño, yo estoy enamorada de Irene. Es mi novia.

Irene y Annia siempre sentadas como dos siamesas. Las eternas amigas. Pero hay una que absorbe a la otra y es la misma que ha pronunciado la frase que desatará la polémica.

  • Dos niñas no pueden ser novias – dice Javier contundente.

Dos niñas claro que no, pero dos mujeres sí ¿verdad Javier?- pregunto, sabiendo que refutará mis argumentos.

  • Tampoco. Ni dos hombres. Solo mujer y hombre.

Vaya! ¿eso quien lo dice?

  • Mi padre.

Y los dejo hablar entre las aguas revueltas. Hay opiniones enfrentadas, debate sostenido, me gusta que tomen sus propios pareceres -mientras parezco desaparecer-. Adoro  que participen con el bagaje que les haya tocado por azar,  ese tú a tú tan heterogéneo que se  alargará toda una vida.

Somos materia compartida y lo van descubriendo. El tiempo llegará a sacudir las certezas, que  estarán siempre moviéndose, como las estaciones, al igual que las ideas… hojas que van muriendo y renaciendo día a día…nada solido que dejar bajo la tierra firme de la contundencia.

  • Si, si que pueden. En la tele salen. Y se dan besos.- dice Andrea añadiendo pruebas.

Y todo es serio…van usando la lógica… van poniéndole palabras al aprendizaje.. van utilizando los sentidos y la razón ante lo que solo creen intuir… Todo tan adulto… que hasta da miedo.

  • Pues mi padre dice que dos hombres si que pueden ser novios, se les llama “quejicas”

¿Como? la risa estaba a punto de tomarme: … la palabra confundida y la inocencia tan bella de la edad. El aire de la infancia moviendo el tenderete prohibido de ropa interior.

No, no, quejicas no son. – les aclaro. Solo son dos hombres que se quieren.

Me parece que ya tendrán tiempo de aprender las palabras extrañas que- como adultos- nos hemos inventado  para clasificar lo diferente.

Y nos quedamos hablando de como es eso de querer a la persona, en amplitud, obviando todo tipo de convencionalismo impuesto. Creo que lo entienden a su modo de entender, se trata de abrir un poco más la mirada, de seguir recorriendo.

Para finalizar les pido un dibujo que  sugiriera los refranes trabajados. Dibujar es otra forma de pensamiento, otra manera de expresar lo abstracto.

Solo ha empezado la mañana, pero me sorprenden dos enamorados felices compartiendo paraguas bajo la lluvia, envueltos en un gran corazón.

Tal vez una buena explicación del amor sea esa, el dibujo de un niño que sigue siendo posible  en la definición de un adulto. Una forma de toparnos con la idea de que, en esencia, lo reconocemos y no pasa el tiempo sobre la consciencia y vitalidad del sentimiento.

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HACES DE LUZ

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Haces de luz como haces de mí.

Mi maravilla es disfrutar tu visión.

Tu visión -simple- también me aturulla.

Aturulla el latir joven de tu caja de polifonía,

Polifonía las notas de tu energía en las arrugas de mi cansancio

Cansancio el del cielo cuando atardece en tu semblante

Semblante tú…mi siembra

¡Tu siembras mis cielos siempre  hacia delante!

*

De toda evidencia me despojas, como del ayer,

ayer son pétalos,

semillas desacertadas,

un derrumbar de proezas,

proezas como trozos de risa para hacerlas volar,

volar como serpentinas.

Serpentineas el ánimo como el color…

¡ Tu vuelas siempre de colores descollantes!

*

Eres el tren que arrasa el germen de mis raíces

Mis raices  son las vías sobre las que inventas equilibrios sorprendentes

Sorprendentes las cuerdas,

la garrocha,

los obstáculos que salvamos

Salvamos las mismas lineas , distintos tiempos,

solo que ahora tiemblo…

¡ Y temblar no me asusta,

me asusta que tú tiembles!

*

Padezco tus iras,

tus rabias,

la incontinencia de las emociones

emociones que como agua se nos derraman del vaso frágil

Frágil mi corazón al no poder salvar los desatinos

desatinos los intentos en los que no quiero verte sufrir más

más no queriendo,

de vez en cuando, te veo.

*

Eres eso que llamo la capacidad del mañana,

mañana vestiré de tí que tu de mí,

como una composición de retales,

 la manta que nos abrigó mientras tejíamos los instantes,

 instantes los 99 que alguien escribió como altares de un libro,

libro las frases que leímos hilvanando nuestra historia…

…..

Historia  tú,

mi tesón en vida,

mi palabra en boca,

la urdimbre de mi alma.

….

Alma yo,

que hoy te dejo ¡nada menos que esta maraña!.

 

 

 

 

Esos que tambien nos hacen…

A raíz de leer a mi amigo Oscar del maravilloso blog historias tras tu DNI  me he parado a pensar en la innumerable cantidad de defectos que tenemos las personas y que tantas veces no contamos a la gente. Hoy ando generosa y voy a relataros algunos de los míos.

El primero me acompaña desde que nací. El defecto en sí tampoco es que sea una cosa realmente importante, pero durante los años que ocupó mi infancia le dí más importancia de la que tenía y derivó en complejo, ya que en verano era muy visible y yo no paraba de ocultarlo…mi querido ombligo.

Amigos y amigas…hoy lo confieso: nací con el ombligo terriblemente feo ¡que cosas!….la tripa no se cerró y aunque me intervinieron quirúrgicamente yo era muy bebe y no paraba de berrear con lo cual no sirvió para  nada, aquello volvió a su ser…su estado digamos “difícil de mirar” no me ayudaba a aceptarlo como tal.

Durante años, los médicos le decían a mi madre que tenía que revisármelo porque podría acarrear problemas cuando me quedase embarazada y eso es lo que hacíamos, cada cierto tiempo: recordabamos al innombrable. Por suerte mi particular ombligo se cerró, pero como le vino en gana a él, que no era la forma en que me gustaba a mí precisamente.

Recuerdo los muchos veranos que las chicas se ponían bikini y yo bañador para ocultarlo o las veces cuando aún era pequeña que mi madre me escogia los bikinis y yo me subía la braga hasta donde no se veía aquello…mi ombligo. Hay fotos que dan constancia de los hechos con los que ahora me río, pero entonces eran harina de otro costal.

Yo soñaba con uno de esos ombliguitos de mis amigas en los que se metía el agua y el dedo y no se veía la tripa, esos ombliguitos cerrados perfectos…y yo me doblaba el mío a los ojos del espejo para intentar que fuera como el resto. Tenía suerte, era una chica con buen cuerpo, pero me faltaba aquello, aquello que no me permitía lucirlo al completo.

Le dije a mi madre que quería operarme y ella -muy sabia entonces- me dijo que me fuera a freir esparragos, que era un ombligo grande pero tampoco era para hacer de aquello el centro…aunque -valga la redundancia- estuviera en el centro.

Me pilló una adolescencia en la que se llevaban las camisetitas cortas, preciosas, adorables, deseadas… con las cuales yo podría haber lucido mi por entonces cintura de avispa…pero me lo tenía terminantemente prohibido: aquello diferente no podía verse a los ojos de los comunes ombligos de la sociedad.

Así seguí unos cuantos años más hasta que definitivamente tuve que aceptarlo. Era mío, no de la vecina…así que un día me atreví a ponerme bikini y descubrí absorta que no pasaba nada. Ni el mundo se hundía ni atraía tantas miradas como yo hubiera pensado.

Poco tiempo más tarde hice topless y ahí si que descubrí claramente que mi ombligo definitivamente no era el centro de los centros….jajajajaj. El caso es que tambien andaba acomplejada con mi pecho, que no era muy grande y con aquello, dejé otro defecto atrás.

Crecí, maduré. Me dí cuenta que el físico no lo era todo, llegaba a la vida queriendo hacer las cosas que me gustaban lo mejor posible, perfectas, queriendo tener el control de todo lo habido y por haber y eso, sabemos que ni es posible, ni produce felicidad.

Eran estas terquedades defectos que estaban más adentro que un simple ombligo. Y como no lograba que todo saliera a mi gusto…  me salia la vena chinchosa.

Cuando construí mi casa, mi marido y yo eramos los promotores, con lo cual teníamos que lidiar con peritos, arquitectos, constructores … una tarea de órdago pero que tuvo su recompensa en que al final la casa acabó a nuestro gusto. Sin embargo, pasé las de Caín porque las obras traen cantidad de quebraderos de cabeza, problemas y soluciones a los que has de darle salida día tras día. Ya un albañil muy caradura me dijo…eres una chinchosa. Sí, llevaba razón, pero es que quería -con su imaginación- hacerme una cosa que nunca se había visto…un castillo en vez de un  simple muro en la casa. No lo dejé, evidentemente.

Resumiendo, no puedo escapar de lo que soy porque una es como es. Seguiré teniendo este ombligo y a veces, siendo una chinchosa perfeccionista. He aprendido que hay variables que no podemos controlar y es bueno saberlo para no autoexigirse tanto. Reconozco que de mi chinchosura tambien han salido capitulos memorables de risas y eso me hace creer que los defectos están ahí para divertirnos, aceptarnos y hacer del mundo una diversidad siempre apetecible.

Tambien, por suerte, tengo muchas cosas buenas, pero esas las dejo para otro post que aquí venía a hablaros de esos que tambien nos hacen.

Las palabras que verdaderamente sangran.

“La voz me sangra”.

Cuando me dijo aquella frase solo llevábamos dos minutos hablando. Pensé que tal confesión solo puede pronunciarla  un tú a tú hecho de confianzas, pero no, eramos solo dos desconocidas en un lugar matemáticamente común.

La piel se me volvió de cartón mientras escuchaba como sus palabras y los sonidos difusos desprendidos al contacto con el aire pueden doler mucho físicamente.

Yo llegué como un número más entre el azar, para ocupar su lugar de sueños. Su segunda habitación de niñez y la cuna de su frustrada vocación.

Le prometí que cuidaría de su rebaño de “ahíncos” mientras ella se asía a la idea de que ya nunca más podría desempeñar la labor para la que había nacido.

Como le dolían las palabras le sugerí que usáramos la pizarra y allí pude descubrir gráficamente el mapa conceptual de su vida.  El día que enfermó su garganta, la hora en que una negligencia médica torció su destino, la testarudez humana empeñada en intentar lo imposible sin valorar la propia limitación,  y finalmente, el dolor de la aceptación alejándose de lo que la perjudicaba pero la hacía tan feliz.

Eramos dos maestras en un taller de auto-aprendizaje. Teníamos decorados de invierno, nubes preciosas rellenas de algodón a las que le colgaban hilos de pescar con sus gotas, numeraciones con canciones remanidas que tantas veces habríamos cantado y libros, infinidad de libros llenos de esa primera aventura del saber.

Le dije que todos hemos nacido para algo, eso lo tengo claro, que cuando se trunca el sueño personal que cada uno de nosotros albergamos (por variables ajenas incontrolables) solo hemos que cambiar la forma de hacerlo posible. Y siempre hay una solución para cada desdicha.

La enseñanza nunca se alejará de tí…¿sabes porque? la llevas contigo, de la mano, de viaje y es el camino que has de seguir recorriendo. Tienes que encontrar la fuerza y la forma de hacerlo posible sin que te duela.

Ella me escuchaba emocionada mientras otra inquietud silenciosa me habitaba a mí, de fondo y de lleno. Como si me hubieran echado un bote de pintura encima de la cabeza.

No diría más eso de que las palabras pueden herir, cortar o llagar de forma metafórica…Eso no es del todo cierto, somos nosotros los que dejamos que -inundándonos- lo hagan.

Las palabras son vías, entes transparentes y milagrosos que nos permiten construir la voz, la luz, el lenguaje, la vida y los sueños. A partir de ahora empezaría a valorarlas de otra forma, a sentirme privilegiada de tener esa capacidad y a hacer de ella mi escuela.

Nos despedimos a través de ese lenguaje no verbal, sin fronteras, sabiendo que nos dejábamos la una a la otra en dos puntos muy distintos pero probablemente cercanos. Estaba segura de que aquella chica, aquella valiente y anónima heroína, me habían regalado el verdadero sentido de la palabra doliente.

Y es que la misma vida y su fluir es otra escuela si nos detenemos a escucharla.

 

Abrazos de avión.

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Instantes que vuelan alto,

quereres con reloj,

llevan regalos en la maleta,

y el dictamen del tiempo por defecto,

Esperan las horas para fundirse

 mientras penan la cuenta atrás.

Conducía.

Lloraba el cielo. Lloraba yo.

Conté nosecuantos aviones.

Antes había contado besos.

Todos me recordaban a vosotros.

A mis ganas de alcanzaros el sol con una moneda,

al sol recortando lluvia sobre el horizonte

al horizonte dibujando  quimeras sobre el asfalto.

Y me saben ya a recuerdos

aquellos abrazos de avión,

¡malditas las horas

que el viento zamarrea tenaz!

¡maldita la piel que acoge el abrazo sin soltarlo!

¡maldita esta cabeza y su ruido,

los harapos de mi escritura, 

las raíces del insomnio y el dolor!.

Soy un viaje valiente,

Soy un destino furtivo,

Soy fuerte

-me/ os digo-

mientras un abrazo de avión nos asalta

que ajenos a la distancia

nos volvemos música en la estampa.

La cadena social

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Salí a la pequeña terraza, un balcón perfecto para perder la mirada a solas.

La música en el solarium aún se resitía a dejar la tarde.

El sonido de las olas y el trasiego del domingo me mantenían distraída.

Al fondo los barcos y veleros de lujo absorbían los últimos dorados del sol.

Probablemente esté ante una de las imágenes más idílicas – pensé-

El blanco, la brisa, este hermoso lugar entre dos mares que me acuna y relaja…

instantáneamente supe que me equivocaba de lleno.

 

Podemos empeñarnos en que los cuadros, los paisajes, las ciudades, el lujo, …. y cualquier entorno, en su ostentosidad nos envuelva y desacostumbre. Hasta podemos creer que a solas es inolvidable. Y puede que hasta lo sea.

Pero después siempre, siempre estaremos buscando compartir con otro lo que miran nuestros ojos. Se trata de deshilachar la belleza juntos o besar el espectáculo en perfecta compañía.

De ese culmen de felicidad nunca podemos librarnos, es la cadena social que arrastramos y nos persigue caprichosa allá donde vamos.

Y cuando la mirada se asombra,

el corazón va gritando:…. me falta….me falta….me falta….

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Pesadillas tan reales

Hacía tiempo que no te dormías en el sofá- susurró.

Mientras, el sueño me hacía sentir como una marioneta vencida a sus brazos.

Andaba amorrada, ¡tan abatida!, pero ese “hacia tiempo…” quedó sostenido en el ultimo hilo de somnolencia.

De camino a la cama, mi cuerpo aún se dejaba engatusar por la mente.

Escribíamos juntas el exilio de nuestro día…

“Hacia tiempo que no me dolía el estómago, hacia tiempo que no escribía, hacia tiempo que no dibujaba, hacia tiempo que no veía a mi psicóloga, hacia tiempo que no saludaba a mis propios fantasmas…”

Tantos “hacia tiempo” se callaron en mí, mientras dormía.

El breve tiempo en el que dormía.

Al despertar volvieron obstinados, como una pesadilla (o como una realidad).

Ahí siguen redactando mis días.

Hacía tiempo que no los sentía tan de cerca.

Besos blancos

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Dos cepillos pequeñitos,

se unen en una mini bañera

¿que puede salir de tan calamitosa proeza?

Agua, pasta de cocodrilo, espuma de fresa…

Frota, frota…batiremos burbujas con sorpresas.

Tus labios apuestan con los míos

la risa que pone dos bocas a prueba…

¡y la entereza!…

 

Puestos a improvisar, ….

No se estar seria,

asi que…

vamos a paladear este flúor

hasta que la higiene nos detenga.

 

Surcaremos la cueva de tu blanco nácar

y con perclorato pintaremos la sangre de mis encías.

¡Te quiero!, – digo a bicho de  lengua nívea

¡Te adoro! – grita diversión en ojos de plátano.

 

No te escapes de este segundo,

¡abrigame con la manta del abrazo

y dame un beso con pasta de eternidad!.

 

Nos enfangaremos de la forma más dulce.

Iremos hasta el último reducto del amor.

Seremos los fantoches del espejo.

 

¡¡Deja la escobilla!!

¡¡deja la papelera…!!

contigo y conmigo

¡¡Ya no hay manera!!

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Lo que engrandeció mi 2015

Dos pitufos: sus risas, su piel, bocaditos, guapura…la vitamina “mitodo”.

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Un hombre : que ha estado conmigo en todo momento: soportándome, disfrutándome y haciéndome reir. Pero sobretodo: queriéndome.

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Una comida: la de año nuevo en mi casa con mis mejores amigos. ¿Quien no está salivando ahora mismo?…venga, venga, no me engañeis.

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Una casa: aquel loft precioso en una ciudad perdida que se llevó un trocito de mí.

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Una playa: la nuestra, la conocida, la de siempre,… donde se crearon mis hijos en esencia y donde siempre vuelvo.

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Un dibujo: el que  hice para mis alumnos en el día del libro. Porque ellos fueron los que le dieron color y sentido. Y porque aunque no esté de moda leer (más quisieramos, pero no) quedó alucinante el vestido con portadas de clasicos infantiles.

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Una bso: el grupito de mis amigos en concierto…sigo disfrutando de sus letras, de su música, de su esfuerzo y de su cultura musical, de la cual siempre aprendo. Probablemente  nunca se hagan famosos, pero para mí son lo más.

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Una foto: dos edades, la ternura y el amor concentrados en un disparo flash.¿Hay algo más bello?

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Una frase: palabras talladas en piedra que encontré en uno de mis viajes.

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Un animal: mi pez, pronto cumplirá 3 añitos con nosotros…Siempre acompaña mis guisos y nunca cae a la cazuela, afortunado él…jejeje.

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Una fecha: su cumple. Una vela, un año, una tarta. Dos ilusiones, dos terremotos y millones de globos.

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Una casualidad: la de ese día que estás para que te coman los gatos y te laman los perros, algo que nadie sabe porque estás sola y …tu padre ¡tu padre! ( que está lejos de tí y no sabe nada) te envía esa frase. Son coincidencias que remiendan almas y que nunca se olvidan.

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Un atardecer: el de mi ciudad natal, desde el torreón más alto de su castillo. Entre dos luces ver encenderse miles de vidas,  sencillamente genial.

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Un libro: aunque ha sido un año prolífico en cuanto a lecturas, el de la foto es un libro sin letras (más que el título) que me ha emocionado hasta los límites y tambien lo veo lógico… amor de madre, leñe!.  Me lo hicieron unos increíbles fotografos profesionales que montan decorados sublimes para bebes.Un lujo en recuerdo que hace honor a la frase: una imagen vale más que mil palabras.

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Un famoso: el bombón triunfito, Hugo Salazar, al cual vi en directo por casualidad el pasado invierno y me conquistó con su “Mujer siempre”. El pobrecillo no paraba de quejarse de los fríos de mi tierra y yo tuve que morderme la lengua para no soltarle un……………bueno, ya me entendéis ¿no?…ajajajaja(por cierto en la foto salgo fatal, estaba en las nubes…ups)

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Una bebida: whisky de verano con coca-cola, piscina, sol y compañías. Como veis, alguno de mis amigos/as bebe aquarius y no pasa nada… no me veréis a mí, salvo que este malucha…jajajaja.

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Una prenda: mis zapatos. Estos en particular son mis favoritos, me han hecho caminar mucho este año, a los cuales, les he rendido pleitesía sacándoles esta foto…¡que le vamos a hacer! ellos no tienen la culpa de que yo sea rarita.

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Un juego: los bolos con botellas vacías de aceite. Hay que reciclar. No solo por el  bien planeta sino tambien porque los niños no entienden de juguetes exquisitos, solo de momentos y risas. Así debe ser  y lo olvidamos a menudo.

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Un vicio: la cachimba. Jo! este año me he echado de lleno. Y lo peor es que no quiero quitarme porque me gusta mucho fumar pipa de agua. Me seguiré engañando con que es menos nocivo que el cigarrillo pero a fin de cuentas, tabaco es. En fin, confío en reducir este 2016.

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Un postre: estas galletas caseras con lacasitos. Juro que estaban buenísimas y que haré más.

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Un atrevimiento: cortarme el pelo tan radical. Nunca en el mismo año habían confluido la melena más larga y más corta de mi historia … Me veo mejor así -y me siento-, aunque no termine de ver del todo por ese ojo. Mejor, mucho mejor así la vida.FullSizeRender

Un brindis: por vosotros, mis lectores.

Por seguir ahí un año más leyéndome a pesar de mi ausencia durante meses, por deleitarme con vuestros blogs, nuevas historias, nuevas perspectivas del mundo, por vuestra amabilidad y vuestro apoyo en esta mi libertad de volver por acá.

Que el 2016 os regale parte de vuestros sueños.

O al menos las piedras y cimientos para encaminaros hacia ellos.

Que os de fortaleza para superar los trances con aplomo

….y buen humor para que no se escapen las sonrisas que nos merodean…

ni la chispa que nos autodefine,

ni la payasada incontenible que tiene el nombre de cada uno de nuestros terribles corazones.

Que esta vida – peleona y adiestradora-  os enseñe lo justo porque está claro que aquí vinimos todos para tropezar y aprender. Pero que no se lleve vuestra esencia jamás.

Y sobretodo que sigáis siendo penínsulas, no islas. Porque está en la propia condición humana, en nuestros genes, compartir con el resto. Hagamoslo posible e inolvidable. Tratémosnos con amor o al menos, tolerancia.

 

 

 

LAS MALETAS ROJAS.

Cuando los vió aparecer con las maletas rojas entre las manos y aquella expresión de desolación en sus caras lo entendió todo. Ella los observaba sentada en las frías escaleras de aquella -tan familiar- primera planta, la piel erizada, el corazón encabritado. Pensaba como la vida nos pasa sin avisar, traicionera, ruín… como  la estación fin se halla en cualquier lugar ajeno a nuestro permiso.

Recordó los viajes que le había relatado al detalle, Rusia, Francia, Alemania, Noruega, Dinamarca…tantos y tantos lugares de la historica Europa, como piezas de un puzzle que estaba intentando completar. Ya me quedan solo los balcanes- decía. Otra Navidad más avivando el círculo: librando tertulias politicas, históricas y debates futbolísticos. Todos lo escuchabamos atentos. Porque ES de esas personas con lenguaje, con recorrido. Y él lo sabía.

Las maletas rojas. Las mismas que la agencia le había regalado premiando su fidelidad aventurera y que se había llevado a tantas habitaciones de hotel con los suyos. Las mismas que había elegido para  aquella habitación de hospital tratando de impregnar sus pertenencias con los inolvidables recorridos de sus recuerdos. Sentada en la escalera pensó que a lo mejor él habría elegido aquellas maletas como  pequeño talismán. Pero eso tan solo eran conjeturas suyas, la operación no se presentaba complicada a priori, cuando todo comenzó a fallar. Una pieza tras otra.

A veces las cosas se tuercen y no podemos hacer nada. Es así, pero cuesta tanto aceptar.

58 años de experiencias es muy poco tiempo para quien quiere vivir. “Disfrutaré de la jubilación el proximo año”- nos decía- tan ajeno a todo, con la ilusión de un niño en sus recien estrenadas vacaciones.

Pero la vida no son talismanes, ni ecuaciones, ni matematicas… sin permiso nos da y nos quita todo lo que queremos en segundos. Ella lo sabía. Y ahora observaba acongojada a su familia cercana, a los portadores de aquellas maletas, tocados por la incertidumbre y la sorpresa. Rodeados por aquella nube tóxica de calamidades.

Tienes que exprimir cada segundo, ¿me oyes?- se repetía como un mantra sagrado. Tienes que dejar de preocuparte por gilipolleces.

A medida que la tarde coloreaba de negro a la noche, nos sumíamos en la incertidumbre del no saber,  ibamos dejando caer el insoportable precipicio de las horas, esperando ese debate entre la vida y la muerte que solo el mismo y su fortaleza podrían librar.

Mientras,  las maletas- y tantos de nosotros alrededor -seguiamos esperando. Una noticia nueva, un atisbo mínimo de esperanza, siquiera su resorte a la sátira que como médico le estaba trazando la vida.

Desde aquí, te esperamos P., si nos oyes, vuelve.

Esta Nochebuena no será lo mismo sin tí.