Archivos Mensuales: agosto 2016

Las burlas. Indagando en el origen.

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Una de las realidades humanas que más curiosidad me despierta a fecha de hoy son las burlas y lo que hay tras aquellos individuos que las profesan. Hay personas que se burlan con estilo y que le sacan gracia a las cosas más tontas de la vida y se agradece ese ingenio y que existan porque, por otra parte, le ponen ese toque de humor sano tan necesario…pero por otro lado existen otras, dispuestas a erigir sus juicios bajo el sarcasmo y la mentira, con el mero objetivo de hacer daño, afilando sus dardos sobre los cimientos del veneno. Es ese tipo de burlas que van directamente a la llaga y que lo creamos o no, forman parte de otro tipo de violencia.

Ni que decir tiene que – como decían nuestros ancestros- cuanto menos pienso se les eche, mejor, porque son animalicos del mundo dispuestos a alimentarse de otros para hacerse más grandes. Pero ¿hasta que punto somos inmunes a las burlas?…¿hasta donde se supone que el silencio resulta un antídoto eficaz? ¿quien consigue esquivar el sentimiento que nos infunden cuando somos nosotros el centro? A todos -absolutamente todos- nos afectan en mayor o menor medida los juicios, sobretodo si vienen de personas que nos resultaron importantes o las tenemos que tratar a diario. Sin embargo, conforme pasa el tiempo vamos haciéndonos más inmunes a la palabra basura y vamos entendiendo los mecanismos que hay detrás de todo el percal.

A veces me pregunto que podría decirle mañana a cerca del tema a mis hijos. Si se diera el caso hipotético en que sufrieran algún tipo de abuso, fueran los que lo ejecutasen o como medida preventiva. Un niño no tiene los argumentos ni la experiencia de un adulto para saber hasta que punto pueden herir determinadas conductas o como encajar los hechos. Realmente la clave quizás esté ahí, en procurar seres humanos independientes y felices con la suficiente autoestima para no dejarse “engatusar” con los comentarios ajenos.

Creo que detrás de la mofa hay infinidad de matices y connotaciones que describen al agresor. Por un lado, los complejos y un marcado sentimiento de inferioridad que trata de equilibrarse sacando a la parrilla los defectos del otro exagerándolos en potencia. Digamos que quien utiliza el sarcasmo y la burla lo hace siempre de forma solapada pero con la ironía e inteligencia suficientes sobre las que sabe son debilidades del otro. Al mismo tiempo, las burlas son como proyecciones o interpretaciones que hacemos de nosotros mismos achacándoselas por contraposición a los demás. Es por ello normal encontrar en ellas de forma implícita asuntos que  han supuesto limitaciones para nosotros y nuestro desarrollo. Digamos que cuando nos burlamos de alguien, nos estamos desnudando a nosotros mismos y nuestros complejos .

Todos somos libres de ver la vida como nos parezca y de estar más en consonancia con ciertas personas o no, forma parte de la libre opinión que nos vamos forjando de los seres humanos y de la cual nadie nos puede vetar. En ese sentido Murakami decía una frase que me parece muy reflexiva en relación con el tema: “La manera en que los demás me ven no me atañe, eso es algo que solo les atañe a ellos”.

Realmente si entendemos la burla desde ese punto de origen eximiéndonos de una responsabilidad que no nos corresponde, la forma en que se percibe y se recibe también varía resultando mucho menos eficaz y dañina.

En este recorrido intrépido que suponen a veces las relaciones sociales, nos vamos forjando lentamente a base de pensamientos, experiencias y sentimientos encontrados…luego es normal que las visiones  (según lo vivido) también lo sean y eso es una verdad que explica el que haya también quien no lo acepte. No debiera preocuparnos lo más mínimo un concepto peyorativo que no proceda de nuestro interior. Sobretodo si siempre lo ejecuta la misma persona. Si nos atenemos a lo expuesto, podríamos considerarlo como lo que quizás solo sea: un atisbo personal, un acercamiento, un asunto baladí.

Somos nosotros y solo nosotros los que nos construimos siempre y en todo momento.. y es ahí donde debemos cargar las tintas de los esfuerzos y la superación personal…

Lo otro cansa, agota y desde luego no enriquece por dentro. Seamos capaces de querernos como merecemos, rodeándonos de las personas justas que nos respeten y nos valoren, capaces de sacar la parte  más brillante de nuestro corazón y de propulsarnos a ser cada día un poco mejores.

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Interrupciones inesperadas

Te escucho hablar por teléfono, de esa forma tan interesante en que hablas a los desconocidos.

Me gusta la idea de espiarte y me acerco, sigilosamente, con movimientos lentos y calculados, hasta invadir tu territorio sagrado.

En esa habitación reina tu desorden…tu olor es un caos que me gusta, y me excita… un fárrago con el que me siento arropada, en combinación tragicómica….

Te saludo. Juego. Te giras lento en el sillón mientras me miras con las pupilas apocopadas de quehaceres, concentrado en el meollo de la conversación. Me apoyo en tu biblioteca, mientras – de soslayo- acaricio traviesa uno de los tomos, sin dejar de respirarte.

  • No, no, la reunión en principio era el jueves…aunque aún no nos la han confirmado

Me acerco aún más. Ahora te tengo a dos palmos de mí …tu voz atraviesa mi costal. Pongo una mano (la más ansiosa) sobre tu pecho y luego mi oreja, para sentirte mejor. Sigues hablando…un bla, bla, bla que se escucha mas dulce cuanto más cerca. Te miro desde ahí, esa lejanía tan corta. Aún tienes la armadura de lunes quejumbroso que tanto me gusta.

Por ahora me conformo si consigo hacer temblar tus frases con el filo cortante de mis labios. Afilados, charlatanes, perversos… El interlocutor sigue ajeno a la batalla que libro, ¡maldita sea! ¡¡¡eres un perfecto actor!!!. Esquivo e impávido. Y eso me gusta, me encanta que me lo pongas difícil. Me maravilla tu control, el frío hielo de tu cotidianiedad frente a mis trampas…

Pero todavía guardo un as bajo la manga, para que lo sepas…  y no, no he venido para rendirme.

Lo demás sucede como un efecto dominó, en el que la ficha clave desata la secuencia que precede al placer:

Un teléfono se escapa de una mano. Una mano se escapa de la otra. Se fugan los segundos entre los suspiros,  tambien entre las cajas y los  libros. Una literatura difusa se respira en el ambiente, que es denso y envolvente, como un pastel recién horneado. El cable queda bailando en la mesilla, descolocado del aparato, mientras un interlocutor –aun más descolocado- sigue preguntando donde te has metido.

Ahora sí. Ahora eres mío. Estas lejos del umbral de ese sonido. Sobre mi territorio y el tuyo. Estudiando las reglas y las jugadas. Tus pupilas dilatadas desprenden una luz que me atrapa. ¿Y la coraza?, ¡¡por fín está allí…!! sobre el montón de cosas olvidadas, junto con el maremoto de artificios que adornaban nuestros cuerpos simples.

Relegados a la minima esencia, nos miramos  y nos reímos, como dos idiotas que acaban de descubrirse.

Nos bebemos ese momento de claridad, como un amanecer más, asimilando lo aprendido:

La vida como deporte de alto riesgo…el amor como balanza divertida, generosa, sin números…el sexo como dos mundos remotos dispuestos a chocar y estudiarse.

 

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DOS AÑOS

 

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Dos años se pasan en nada. Aunque también pueden llegar a ser eternos. Recuerdo cuando nos parábamos a contemplar la bóveda en el cielo de verano, cuando aún no había farolas en la calle. ¿recuerdas?

Mirábamos y creíamos buscar una estrella, la que brillaba antes, la misma que se posicionaba ante nuestros ojos mientras cenábamos. Mas tarde supimos su  nombre y la guardamos en ese cofre que teníamos con todas las conversaciones estelares y todos los universos paralelos con los que crecíamos y nos componíamos.

Aquella estrella era otro pequeño universo, mucho más inalcanzable y doloroso, distinto a los demás, que llegó a poseernos y probarnos, para hacernos entender todas nuestras limitaciones y nuestros huecos.

Pero dos años se pasan y luego otros dos y otro más y estás de pronto ahí, como flotando en medio de un sueño. A pesar del avasalle de los acontecimientos, desilusiones y lágrimas … contemplando el brillo de dos estrellas que tú misma generaste para darles la oportunidad de brillar.  Tocas con tus manos toda esa luz unánime que desprenden, sientes el calor de una belleza que soñaste en medio del caos y recibes un amor tan imperturbable como incondicional.

Dos años son un camino pequeño con todo tipo de obstáculos,  momentos, emociones e hitos que van quedándose rapidamente atrás para permitir la llegada de otros. Cuando me paro a observaros detenidamente, entiendo que la vida se va haciendo entre abrazos, sonrisas y aprendizajes…  que no hay libro de instrucciones y que no tiene otro secreto más que el reajuste y la adaptación continua de las certezas, siempre en pro de velar por nuestros sueños y equipajes.

Dos años al mismo tiempo dan para mucho…permiten recorrer la increíble distancia que supone el lenguaje y el entendimiento y con ello se abre una puerta mágica para vosotros, la de la razón y la comprensión,  hacia todo lo que os resta por descubrir. Ya veis que yo, solo os llevo 33 años y todavía continuo siendo novel, traspasando continuamente esa puerta para lograr entender el mundo.

A veces se dice que se alían los astros cuando sucede algo extraordinario, algo que nos parece increíble por la fecha, las coincidencias o el azar…y se que -la mayoría- son cosas sencillas, pero estratégicamente puestas ahí para hacernos inmensamente felices.

Y es que esta noche, dos años despues sonará esa canción especial escrita y cantada por unos amigos, en una terraza cualquiera y yo estaré para escucharla y sentirla, de esa forma en que se sienten las cosas que has vivido, entendiéndola de un modo parecido a como ellos la compusieron un poco antes de que yo transitara este camino de la infertilidad.

Y bueno,  …aunque no son famosos ni exitosos en la medida que la sociedad cegadamente entiende,  como tampoco lo soy yo… me parece que desde otro punto de vista si que lo son. Y es que el éxito está mal entendido o acotado como definición, ya que se compone de algo mas que aplausos, fama y cosas materiales… Éxito  también es vivir de acuerdo a esas pequeñas felicidades, reir cuando toca y llorar cuando sea necesario, aceptar las propias derrotas, no tener miedo al cambio,…colaborar con los demás e impregnarte de todo aquello que hace crecer.

Y sí. Para mí también es éxito pararme… y contemplar mis estrellas… y celebrar que estoy aquí definitivamente, presenciando el milagro de su existencia.