Archivos Mensuales: febrero 2016

Dos vidas en estampida.

Jerónimo

Toma su café matutino en su bar de siempre. Encuentra una pila de folletos sobre la barra. Coge uno. Lo lee mientras degusta su sabor favorito. Interesante– piensa.Se lo lleva a la consulta. Lo coloca sobre su mesa de trabajo. Comienza la semana ¡qué lejos se percibe el viernes!, pero esta vez tiene una ilusión relacionada con algo que ha leído en ese papel.

Arantxa

Toma su siempre delicioso zumo de naranja y recoloca la mañana sobre la agenda. Tiene algunas marañas en la cabeza, que prefiere no escarbar. Completa los registros mientras observa como las gotas de un día gris se resisten a convertirse en nieve. Sale al tugurio del invierno. Coge el autobús, su coche está averiado, se queja.

Jerónimo

Hace las llamadas pertinentes para dejarse libre el viernes. Mientras tanto, recibe otra, a la que contesta: “vale, no te preocupes. Te esperaré”

Arantxa.

Hace una llamada, “Llegaré un poco más tarde, es irremediable”.

Jerónimo.

Mientras la espera, observa de nuevo el folleto. Lo relee, lo visualiza, lo imagina. No le gustan las concentraciones multitudinarias, pero esta tiene algo distinto. Quizás sea una de esas oportunidades de “estar” con uno mismo, en piel y carne…con todos los sentidos. Algo le dice que las sensaciones están aseguradas.

Arantxa

Observa el paisaje con detenimiento. Lo relee, lo visualiza, trata de analizar la forma sesgada en que las emociones transforman su pensamiento. Quizás volver a subirse en autobús sea una de esas oportunidades de “estar” con ella misma, en piel y carne…dejando que sus instintos hablen. Las sensaciones viajan a su lado. No las huye, solo las analiza.

Jerónimo

Escucha como llaman a la puerta, es Aranxta. Deja el folleto sobre la mesa. Abre los documentos, el ordenador, su caso clínico. Aunque se lo sabe de memoria, esta mujer  siempre consigue ponerlo a prueba. Trabajar en su cabeza hace más lindos los lunes, más llevaderos. Abre la puerta, la recibe con la mejor de sus sonrisas. Esa que le sale sin querer, sólo con verla tras el umbral.

Arantxa

Llama a la puerta, escucha pasos al otro lado. Se siente acogida  tras el  frío callejero. Él la saluda con la mejor de sus sonrisas, lo cual es cálido pero incómodo también. Por lo que significa estar allí. Tendrá que sacar de nuevo las astillas, los pedazos rotos. Él la sabe, sabe sus huecos, los agujeros, la nada, el todo.

Jerónimo

Hablan de la semana, del tiempo (para empezar) hasta lo absurdo y contradictorio que no cabe en el baúl de la razón (para terminar). Hoy lo escucha atentamente, esos ojos como lagunas negras, hay algo nuevo en ellos… una fuga visual hacia la habitación. Como si pretendiera estudiarla. ¿Que le rondará hoy por la cabeza a esta mujer?. Quizás esté empezando a conseguir logros con ella, interés por  el entorno, la vida que hay más allá de su centro– piensa.

Arantxa

Hablan de la semana, del frío, ponen nombre a la oscuridad, al defecto de querer tenerlo todo bajo la manta del control. Lo escucha, como siempre, con admiración. Tiene mucho que enseñarle, le abre la mirada, la calma con palabras. Ve un folleto sobre la mesa y no puede evitar cotillearlo: memoriza un lugar, una fecha y una hora. De repente sus ojos se fugan por la habitación para estudiarla,  para estudiarlo también a él. El folleto ha avivado su curiosidad, su siempre indómita imaginación. ¿Que le rondará por la cabeza a este hombre?, piensa. El lugar de trabajo poco dice de su vida y logros. No hay  cuadro, objeto o pista que lo delaten, solo ese folleto y una estantería, al fondo, llena de libros a los cuales su mirada no llega.

Jerónimo

Termina la sesión explicándole como la respiración adecuada hace desaparecer el miedo. Le enseña a mover el aire hacia el estómago, conducirlo, retenerlo y expulsarlo muy lento. Con sus manos se asegura que aquel vientre hace correctamente el recorrido. Es una tarea que ha realizado muchas veces, pero esa mujer,..su belleza, los segundos sobre el cuerpo le trasmiten calor, un calor que hay al otro lado de la seda de la camisa. Trata de huir de ese pensamiento, “soy un profesional, soy serio…no puedo sentir, no, no,…” se repite interiormente, sin conseguir que la piel se le erice.

Arantxa

Lo escucha hablar mientras su cuerpo se vence a la horizontalidad de la camilla. Ella sabe como respirar, lo sabe, pero a veces no basta solo con hacerlo para no ahogarse. Necesitas que te guíen. Siente sus manos cálidas posadas en el vientre, lugar de sensaciones. Las mueve trasladando el aire como él le dice,  más o menos como una montaña, y  -por un segundo-  no quiere que se alejen, solo que se queden ahí para danzarlas a su ritmo. Las siente como un bálsamo , el abrigo de un páramo, la magia de una conexión. Imagina que él también lo percibe así y respira esa idea, tan instintiva, protectora y humana.

Jerónimo

La despide con dos besos. Sabe que volverá a verla. Aún no está recuperada.  Mientras tanto sigue mandándole tareas que pocas veces hace, le sale el lado rebelde. Cada día cuando la ve irse, piensa como será él día en que no la vea. Ese momento llegará. Y no quiere, no quiere perder su imagen, ni su risa, ni su abismo. Aunque otra parte de él, le desea felicidad, que no lo necesite, ni lo busque…porque buscarlo sería otra vez el freno, el fondo, el barro.

Aranxta

Lo despide con dos besos. Sabe que volverá a verlo. Pero esta vez, fuera de la consulta, en ese lugar que ha memorizado en su cabeza .Va a saltarse los” deberes” del coco y va a sacar de nuevo su puñetero lado curioso: su otro coco. Piensa como será aquel tipo fuera de su zona de confort. ¿Tendrá sensaciones y emociones?…¿será un cataclismo humano?, como ella. Quiere conocerlo, necesita saber algo más de ese hombre que el azar ha querido poner en su camino.

Jerónimo.

Anota una frase en su libreta (siempre lo hace cuando ella se va ) le ayuda a comprenderla mejor. El ruido es desencuentro y el desencuentro es humano, lo azaroso es la música, encontrarse en alguna parte.

Arantxa.

Vuelve a tomar el camino de vuelta. Esta vez hace autostop (no sabe muy bien porqué). La recoge un tipo común que con su corbata y modales impecables le pregunta: ¿sabes lo que es la relatividad? sentarse una hora con una chica bonita y que parezca un minuto y luego sentarse al lado de una estufa un minuto y que parezca una hora. Ella se ríe, le ha gustado el chiste ¿o será un piropo?

Jerónimo.

Llega el viernes. Toma el coche y  se pone el GPS. Durante la semana ha leído sobre el evento para estará informado. Se ha puesto cómodo, quiere vivirlo a tope. Quiere regar su cuerpo de unas sensaciones que hace tiempo no siente.

Arantxa.

Llega el viernes. Coge el coche (por fin arreglado) y conduce. Se sabe la carretera de memoria. Durante la semana ha leído sobre el asunto, pero sobretodo ha fantaseado con el momento en que él la vea ¿Como reaccionará?. Se ha comprado algo nuevo, se ha maquillado después de mucho tiempo. Quiere vivir la experiencia…pero sobretodo quiere encontrárselo fuera de la habitación blanca.

Jerónimo.

La hora indicada ha llegado. La tamborada comienza. Suena la señal y cientos de tambores comienzan a zumbar. Es casi media noche, las luces de la plaza tintinean con la estampida, los cristales vibran, …vibran los cuerpos con sus almas. Y es una sensación terrible. Como si algo te sacudiese los adentros. Jerónimo cierra los ojos y  todo le desaparece… solo siente su piel, su cuerpo, los latidos zarandeándose al compás de los tonos. Parece un infierno, el fin del mundo y él está en el centro del huracán. Se deja llevar por las sensaciones, fluye su adrenalina, su piel se  eriza…y de repente…

Arantxa.

La hora indicada ha llegado . La tamborada comienza. La búsqueda entre la multitud también. A Arantxa le es complicado ignorar el estruendo mientras se mueve. Ve como todos están absortos por una parálisis extraña, un mundo que parece haber pulsado el botón del pause. Se tapa los oídos para facilitar la vista. Es muy difícil  agudizar un sentido cuando el otro se satura, pero no se rinde, no cesa, no para…

¡¡¡Allí está!!! grita… mientras su voz se pierde como la de un mimo. Se acerca por la espalda muy despacio, ahora lo tiene al lado, justo detrás…Sonríe, los tambores siguen berreando…Cierra los ojos para sentir la magia, la piel del tambor, la suya y de la de él.  Acerca las manos  para tapar  sus ojos…se ha llevado un buen susto. Soy yo– le dice ..pero las palabras se autodestruyen …

Así que sin más, lo besa para calmarlo.

Sus bocas son dos trenes estrellándose.

Se dejan llevar por las sensaciones, fluyen las adrenalinas, las pieles se erizan…

En este instante…. cientos de tambores suenan música.

 

 

 

 

 

 

 

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EL FRÍO, CALLE ABAJO

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Venía calle abajo pensando…

un viento agudizante convertía mis prendas en esparto de hielo

a cada paso una pregunta, una duda, un no parar…

¿será este frío que castiga la carne, materia de lo existencial?

¿o acaso una descomunal coincidencia a esta falacia de invierno?

*

Venía calle abajo pensando

en el hilo que viene a sacudir la fortaleza,

el ficticio engranaje alimentado con sueños,

a cada tiritón: un golpe maestro, un error de cálculo, un jirón de vida..

¿será que no aceptamos a la que viene de frente,

aún así, vestida de evidencia o mala suerte,

que  se nos olvida reconocerla hasta que llega?

*

Venía calle abajo pensando

en la fragilidad de cuantos vivimos

en el desplante de lo inconcluso,

los futuros zanjados sin previo aviso,

aquellos puntos suspensivos que  rasgaron lágrimas de rabia,

a cada vaho:  una oración, una pila de gentes protocolarias, un “lo siento” arrogante,…

¿ será que no somos conscientes de la más absoluta verdad,

de que cuando nos vayamos, no estemos, desaparezcamos…

…. solo quedará el amor que dejamos atrás?

*

Venía calle abajo pensando

en los desperfectos del adoquinado

en las grietas de las fachadas,

en las miradas perdidas de los paseantes…

a cada acelerar los pasos:

un hurgar en mis bolsillos,

un buscar calor entre los descosidos,

un esconder el rostro bajo el cuello del abrigo.

¿ será que somos cicatriz  de un pasado titiritero,

que solo fijamos los ojos sobre el payaso que nos burla

acercándonos constantemente al descalabro?

*

Paso a paso, tibieza,

no corras las dudas,

ni vayas a por el refugio fácil…

cuando el frío quema.

*

Venía calle abajo pensando

en que nada puede helarnos más que la misma muerte

-a los que la permanecen-

en que ni siquiera las palabras son dagas suficientes

en que los locos no atrincheran el corazón, solo los que temen…

a cada aliento: un hálito a mi resistencia, un clamor hacia mi libertad, un palpito a mi nobleza.

¿Será que vivimos en la constante manida de querer pelear

-si razón o alma-

cuando todo nos conforma y es  de total utilidad?

*

Venía calle abajo pensando

en lo que nos desarma realmente

aquello que perdura más allá de lo físico,

la presencia del ser amado, aún sin estarlo,

nuestra palabra como habitáculo,

los ríos de besos,

la caricia imborrable,

el temple del cuerpo reducido a su esencia,

el nombre, el recuerdo, la sonrisa perpetua.

a cada crujir los dedos: una secuela de luz, un beber los vientos de esperanza, un correr tras las nubes de un cielo.

¿será que solo cuando nos despojamos de todo

y tenemos la valentía de continuar

-hasta en la forma que más nos duele-

es cuando alcanzamos a ver sin filtros lo real?

*

Venía calle abajo pensando

¡nada puede ser tan malo!

mis manos ya congeladas,

envarados mis brazos,

los pies ya no tienen dedos

cortados estos labios…

y mi corazón, ¡torpe déspota! sin  apenas notarlo.

¿Será que lo único, lo ultimo que me queda,

calle abajo se resiste a morir,  a rodar como una piedra…?

¿Será que el cuerpo helado solo es la metáfora

de todo cuando lo encierra y lo horroriza?

Ya no se, ni quiero saberlo.

Solo escucho a ese órgano delator…

Y si, sigue latiendo.

derramando calor.

Aún le sangran los versos

como transparentes gotas de un licor

que al vaso refresca

y a la garganta, quema.

 

 

 

 

 

De adjetivos al sol.

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  • Tengo que decirte que soy una boba.
  • No me pilla de sorpresa. Aunque yo sustituiría la primera b por l.
  • ¿Loba yo? ¡que cosas me dices, hombre! ¡estas loco!
  • Perdona, loco no, me limito a observar…tienes un pelaje rebelde, como las lobas.
  • Si me encajas en un sustantivo, me limitas. Si me encaramas a una máscara tendré que renunciar al resto, en cambio los adjetivos siempre suman. Y se puede ser muchos. Prefiero ser adjetivo.
  • Boba loba y filósofa adjetivable…acabemos pues… ¿me puedes decir a cuento de que trajiste los prismáticos y me hiciste colgarme de esta cuerda?
  • Quería ver si tú y yo veíamos la misma cosa a través de ellos.
  • Sabes que no, yo veré montañas que me parecerán tetas…tú, pliegues de orografía adorables.
  • Jajajaja…me has hecho reír… eso sí…ahora veré tetas yo también.
  • Pues me alegro, son los pliegues de orografía más bellos y naturales, poetisa.
  • No puedo negártelo si me adjetivas solemnemente.
  • Ahora dime ¿las pinzas sobre mi pelo, que sentido tienen?
  • Era una forma de facilitar la palabra.
  • ¿ De facilitarla? no entiendo, explica loba…
  • Si te dejaba libre, silenciarías mi boca con besos.
  • ¿Y que hay más bello que eso?
  • ¡Que te lo tenga yo que explicar!…. la palabra antes del beso,… el verso.
  • Pues no estoy de acuerdo, mejor lo que viene después del beso.
  • ¿Eso que suelve el seso y el….?
  • Seeeeeeeeñora loba,  está usted acelerando mi imaginación…
  • Ahora sí….te tengo cogidito con pinzas…jajajajaja.
  • ¡¡¡Mala!!! añádete ese adjetivo.
  • …………………………….

 

 

* La última línea es  para que vosotr@s la completeis , ¿qué le responderá ella? ¿os atrevéis a imaginar?

 

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Os dejo esta cancioncilla de zumba, me da un buen rollo impresionante.

Feliz Juernes!

Oda a las croquetas y la madre que las parió.

 

Creo que alguna vez en este blog os he hablado de las croquetas y mi devoción hacia ellas, pero para los que llegáis nuevos os pongo al día con un suceso que no tiene más antigüedad que el día de ayer y mi madre dándome -toda agradecida- la bienvenida con un mega tupper lleno de croquetitas de pollo.

¡Ay que ver como son las madres!

¡Ay que ver como nos cuidan cuando estamos un tiempecito fuera de sus casas y de sus radares!    Ni que fueramos Erasmus…

¡Ay como no hagamos las correspondientes llamadas protocolarias! nos lo apuntan en la libretilla…

Esta vez mi madre me recibía con un maravilloso regalo. Mogollón de croquetas receta de generaciones, propiedad de mi abuela.

Os podéis imaginar mi cara al ver la cena que me iba a meter entre pecho y espalda. Estaba yo más contenta que unas castañuelas en el día de Andalucía. Así que me puse el mandil de volantes (ojo, día que me pongo el mandil, es que ando hambrienta y cocinera, lo cual son pocos días al año,…) y me dirigí a liarla parda, como yo digo.

Saqué esa fuente de barro tan bonita que tengo solo para presentaciones culinarias especiales, corté unos gajitos muy coquetos de tomates (las croquetas no saben igual si su correspondiente picadito) y me puse a freir el adorado manjar.

Mientras tanto aproveché para darle la cena a mellis, que ya estaban olisqueando y gruñendo en su lenguaje particular.

Entre cucharada y cucharada de puré, me iba llegando aquel aroma embriagador, iba saboreando la fritura de mis fogones, iba haciendo las mieles de la espera..

Llegó mi marido que venía molido de un largo día de curro.

Dúchate que hoy cenamos croquetas!! – le dije en vez de hola.

  • Vaaaaale, – me mira con cara ilusionante, a él también le encantan. Siempre lo conquisto por el estómago, es su punto débil- pienso y me rió en silencio.

…………………………………………………………………………………

Todo presagiaba un final: las croquetitas muriendo una a una, lentamente en en esa cueva entre los labios y el paladar de la golosona Mukali y el depredador, pelirrojo :

Ohhhhhhhhhhhh, pobrecillas croquetas, grandes sufridoras y perecederas obras de arte!! ¡¡desconsiderada ansiosa destrozalotodo!! ella tenía que haberlas modelado, untarse las manos, pringarse hasta las cejas de harina!!!. Se las zampará sin más dilación y después se hará ella misma la croqueta en el sofá, para burlarnos…¡petarda sin corazón!.

Pues nooooo!!! No sucedió todo tal que así. La vida es imprevisible hasta en sus finales más cantados.

Las croquetas murieron sí, pero creo que la zampa ñampa tambien. O casi.

Un terrible dolor aquejó sus entrañas. Y es que nuestras queridas amigas las croquetas montaron LA CONSPIRACIÓN en el estomago de la susodicha, rugían y gritaban discursos hirientes, de jugo y carne…..se repetían, reían, ardían…. desde el terrible tobogan del esofago  hasta la trinchera de sus tripas, cerca ya de sus ovarios.

Eran unas valientes, las muy hijas del cocido, estaba visto.

Menudas salerosas, ¿de que estarían hechas? de sin piedad (la nueva especie a probar) o de sin perdón, la peli del Clint. A saber y saborear.

Mukali no podía reaccionar…sufría del síndrome “croquetoide agudus” y se debatía entre las burbujitas de los azulejos del baño.

-¿Porque yo, porque?. Quiero ser burbuja y no estar aquí… o bruja ¡que más da! volar, volar, volar….

Las croquetas decían: ¡¡¡¡ no la escuchéis, es una quejica, seguid la batalla!!!

y la noche se fugaba y ella se dolía.

Y el mito de la croqueta cayó.

Y el estomago y su quejío , cayó.

Lo único que quedó fue el frágil testigo de un recuerdo:

ella ya rendida a su almohada,

tras el fulgor de su propia e inesperada guerra,

contando croquetas en vez de ovejitas una noche del frío mes de febrero.

 

LOS INSTANTES EFÍMEROS

Se acaba todo.

Se acaba el silencio.

Se acaba el café.

Se acaba el descanso, la luz tenue, la casa recogida.

Se acaba el dormir escuchando un mar que ronca,

el viento azorado,

tu risa en la espalda del ayer.

Se acaba la lluvia en soledad,

el balcón sublime,

el espacio reducido,

la habitación propia.

Se acaban mis infusiones, el chocolate, las nueces… la tele triste .

Las duchas conmigo,

mi voz gritando en cada rincón…

un espejo acariciando el atlas del cuerpo,

los continentes, las mareas, los océanos,

el armario abrigado a color ,

la sartén de mis caprichos,

la nevera curiosa y vacía…

el pasillo siempre acechando

merodeantes los pasos,

carcajadas, lenguajes…

la complicidad transeúnte,

un hotel que duerme,

un hotel que despierta,

la gente que viene y va,

el pegamento de la ausencia,

la constante del recuerdo…

Se acaba todo.

Hasta nosotros.

Vendrán más cosas, vendrán.

Aunque creamos que éste es

el último atisbo de belleza.

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PREMIO AL BLOGUERO CON BUEN ROLLO.

Premio bloguero con buen rollo

Mi querido amigo Johan me ha otorgado un premio estupendo. Me parece que se llama “premio a la pelotera más dicharachera”… o algo así….y yo como loca, bota, bota de la emoción, figuraba en primera plana haciendole la ola a mister MC, plumifero, oveja negra y perro verde con legiones de fans en  wordpress-world.

No me preguntéis como es él,  tan solo y tan mucho, es Johan. Para mí, el más mejor.

Tiene arte, tiene poderío y además es impredecible, lo mismo te escribe una lírica, que una reflexión de un país estratosférico , que te hace una foto juguetona con su mega-objetivo, que te construye un dialogo de lo más jocoso y perspicaz… Ahí es donde mejor se desenvuelve su pluma, en el tú a tú de la calle. Hey, se nota que es rapero, mi Johan.

En fin, ¡ay que quererlo! ¡qué apañao y  qué majo es!…Responderé a su cuestionario solo porque es quien es, que sino, anda que iba yo a mojarme…

Las normas de la casa de Johan

1. Mencionar al blog que te lo otorgó.      Tu, Johan, quien sino.
2. Responder a las preguntas formuladas.        Ahora mismico.
3. Nominar a 10 blogueros que creas merecedores de esta distinción.      Eso está hecho.

—¿Cada cuanto publicas un post?

Sinceramente, soy de lo más irregular, como yo, yo misma y Mukali. Ahora ando más conectadilla, pero he estado desaparecida en combate por voluntad propia.Un respiro, le llaman.

—¿Te costó decidir el nombre del blog?

Bueno estuve un día entero meditando. Estaba indecisa entre “el camino” (cosa de poetas) y “en busca del arca perdida” (cosa de película de aventuras)…así que hice un mejunje extraño y salió ese nombre. Estoy pensando cambiarlo, pero no me decido. ¿Me dais ideas?.

—Recomiéndame un libro para leer y reseñar.

No se hacer eso. Sacrificaría tantos buenos y encima os llevaría a mi terreno personal de literatura, eso es peor que confesar la talla de sujetador.

—¿Cómo decides el tema del día?

Segun me levante, la verdad… y como soy más variable que el tiempo, lo mismo lluevo risa que nubarrones apocalipticos. Quien me quiera que me aguante…. Johan ¿me quieres? anda, di que sí.

—¿Compartes tus publicaciones en redes sociales?

No. Es algo que no me llama la atención, que me lea mi padre no es santo de mi devoción.

—¿Cuál es tu sección favorita del blog?

La del choped…jajajaj. ¡yo que sé! me gusta cuando me sale la vena guasona (como ahora) y me río de mi misma, cuando soy melodramática  también, justiciera que no falte… hasta cuando ando más seria que un rucho. Soy rarilla y tampoco divido esto en muchas secciones, todo es un “maremotoYo” que o me lees o me dejas por imposible. (Johan tu no me dejes, porfi…)

—¿Qué nos recomiendas de tu blog?

Jajajaj…ni que esto fuera Fitur. Mi blog es un viaje molón, ¡que voy a decir yo!

—¿Qué personaje es tu favorito, ya sea en libros, series o películas?

De niña era Jeidi, pero claro tuve que crecer…mierda!. Ahora me gusta mucho la Jeidi mayor: Mikasa Ackerman.

—Recomiéndame una canción.

No suelo, no suelo…pero por ser tú, Johan y yo tu fan, citaré “Soy fan de tí” de Sidecars. Si, ya se que hubieras preferido  hip-hop, pero hoy te aguantas que ya te he hecho bastante la pelota.

—Para terminar, tienes que nominar a diez blogueros para esta distinción.

Soy mala, estáis todos nominados. Así que tendréis que escribir cien veces en la pizarra: Mukali y su blog son la leche. venga, venga…ya estáis tardando,…¡¡y con buena letra!!.

Además de la pechá escribir, castigaré a los que mejor me caen porque soy una docente injusta, que le vamos a hacer. Los bienaventurados son:

  • Alter, ella si que es digna merecedora  del premio al bloguero con buen rollo. Lo desprende siempre. Claro que tiene en sus urnas todos, ¿que apostáis a que este también?
  • Luna, porque fue mi primera comentarista y encima este finde me voy de cañitas con ella…¡toma!.
  • Toro, porque me trasmite poesía canalla y abismos de realidad en versos locos de terremotos crazy bastante cuerdos. Ahí ha quedao.
  • EmeM, por la generosidad, sinceridad y veracidad de sus textos, por cuantos sentimientos me despierta y están  igualmente en mí. Bueno…tambien por sus ojazos! jejeje.
  • Holden, por su genio y figura…nunca se que es lo siguiente que va a publicar y siempre me sorprende. Ultimamente anda muy fauno. Su forma de ver la vida es autentica, a lo cual sumo que me encantaría cotillear su diario…jejeje (no te enfades, Holden, algún día te lo robaré).
  • Laura, por la incertidumbre y el erotismo brutal  que desprenden sus letras. Imposible permanecer impasible a su retórica bohemia.Una delicia leerla.
  • Oscar, por su sencillez y amabilidad,  desprende cariño y afecto enseguida. Por su papel de padre, que tambien mola leer esa faceta en los blogs. Además le debo un premio por publicar (no se me ha olvidado).
  • Antonio, porque me hace pensar y reflexionar con sus personajes y diálogos siempre profundísimos…además esas fotografías de la naturaleza, me encantan.
  • Eva, la he descubierto hace muy poco, pero me gusta la gracia y desenvoltura con que traslada lo cotidiano, dándole ese toque imaginativo genial. Todo es como se cuenta y ella lo cuenta muy bien.
  • Natalia, por su poesía, siempre batalladora, intensa y profunda.

Os animo a que los conozcáis a todos, son muy distintos pero tienen algo en comun: son gente muy maja, como mi Johan, ya estáis tardando en cotillear…

Besos a todos….que ya es Juernesssssssss.

Making off

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Estaba colocando nuestra obra de arte en el lugar que nos habían asignado para la exposición cuando me asaltó una idea.

La reflexión iba en torno a cuanta historia hay tras un cuadro. ¿os habéis parado a pensarlo?

Y no me refiero al significado de la obra o lo que esta representa y sugiere, sino más bien a lo que hay detrás de ella y  no se ve: al como se hizo, aunque sea una burda reproducción mía y de mis alumnos, como es este el caso. Hablo del making off que no aparece por ninguna parte, pero que contiene a su vez otras pequeñas mini historias dignas del mejor museo.

Fue entonces cuando recordé cómo María y Carlos ,a urtadillas,  habían pintado otro Picasso en los baldosines del baño, mientras yo y el resto de la clase permanecíamos ajenos a tremendo espectáculo. Las limpiadoras se asombraron mucho de la capacidad de estos niños, que hasta me lo declararon abiertamente…les dolió mucho tener que limpiar aquel maremoto de color refinado y que conste, lo habían hecho porque se jugaban el puesto en la empresa, sino  lo hubieran dejado adornando un baño frio y desolador.

Saboreé absorta la palabra ilusión y su dulzor en unos ojos jóvenes, cuando aún no se han enfrentado a algo que les supone un reto fascinante.  ” Yo quiero pintar la paloma, pero me tienes que ayudar un poquito, seño” . Aprender, descubrir y  compartir. En medio de todo ello saberse capaz de materializar algo que  aparece en nuestra mente como inmenso. De eso va toda una vida.

Descubrí nuevamente como estamos hechos para las mezclas, desde pequeños, lo exigimos… disfrutamos al máximo viendo como se colorea el agua con un pincel o como la pintura se transforma en un color “mágico”. La curiosidad aviva nuestra gama cromática, somos un arco iris inmenso de sensaciones, emociones y pruebas.

No tenemos recetas para evitar no salirnos alguna vez de las líneas “Me he metido en el ojito, seño!”… “que daño” – le digo….Y sin embargo, cada uno, enmienda sus errores como imagina, como urden sus tretas e ingenio, pues para eso tambien se requiere arte.

No somos más que la felicidad de los momentos, instantes pasajeros que van perfilándonos a su antojo mientras nos hacemos pintores de brocha en mano, que acabamos pensando que ese cuadro lo hemos inventado nosotros.

Nooooooo, ese cuadro ya estaba pintado…pero ¡qué más da!.

Solo nos estamos divirtiendo, reinventando una idea, tratando de entender a un genio llamado Picasso, o metiéndonos – por unos momentos- en el cuerpecito de esa niña y la paloma.

Y se nos queda un semblante serio, de cuadro. Tal vez imitamos al personaje de la obra y su tristeza encubierta, porque hemos llegado al punto en el que el arte nos coje y nos mueve, que lo sentimos y ya es nuestro. Como esa paloma que necesita tanta niña o esa niña que necesita tanta ternura.

Hecho una ultima ojeada a nuestra “obra”. Sonrío de la forma en que las sonrisas ni se perciben,  es decir, desde el interior.

“Esta es la verdadera historia de un cuadro” – me digo. La esencial y vital a mis ojos, a mi alma, a mi recuerdo. La que cuenta para mí.

Seguro que cada uno de mis niños os la contarían de otra manera, porque al final todo es como el arte: trocitos de mirada y pedacitos de latir.

 

 

 

Naturaleza de un sueño

Soñé que era viento que agitaba con fuerza tus cristales,

que llamaba a tu puerta con la palma de la nada, 

que hacía danzar la arboleda de mi cuerpo para tí,

entre ramajes de baile

Soñé que desde alguna ventana adorabas mi furia.

*

Soñé que era agua que atravesaba tu cuerpo,

que recorría cálida tus rincones bajo la déspota espuma,

que asaltaba fría tu cansancio, los deberes de la rutina,

el malva de la prisa en tus ojeras,

soñé que te rendías a mi transparencia,

y que tus ojos dejaban acariciarse.

*

Soñé que era la hierba que tomabas,

el elixir que daba sabor a tus tardes,

la alfombra sobre la que tus manos volvían a ser niñas, 

la estepa bajo la cual trazábamos reglas y líneas.

*

Soñé que era la nuez de un nogal,

que te sentabas en la parte más profunda del río

y yo, aún amarga y seca, me perdía en tu boca 

mientras lanzabas mi caparazón al azar del fluir 

y no se hundía, no se hundía, no se hundía…

soñé que era un barco incansable

y que tú, me reías.

*

 

 

 

 

 

Abrazos de avión.

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Instantes que vuelan alto,

quereres con reloj,

llevan regalos en la maleta,

y el dictamen del tiempo por defecto,

Esperan las horas para fundirse

 mientras penan la cuenta atrás.

Conducía.

Lloraba el cielo. Lloraba yo.

Conté nosecuantos aviones.

Antes había contado besos.

Todos me recordaban a vosotros.

A mis ganas de alcanzaros el sol con una moneda,

al sol recortando lluvia sobre el horizonte

al horizonte dibujando  quimeras sobre el asfalto.

Y me saben ya a recuerdos

aquellos abrazos de avión,

¡malditas las horas

que el viento zamarrea tenaz!

¡maldita la piel que acoge el abrazo sin soltarlo!

¡maldita esta cabeza y su ruido,

los harapos de mi escritura, 

las raíces del insomnio y el dolor!.

Soy un viaje valiente,

Soy un destino furtivo,

Soy fuerte

-me/ os digo-

mientras un abrazo de avión nos asalta

que ajenos a la distancia

nos volvemos música en la estampa.

LA BLANCANIEVES “MOERNA”

Erase que se era una Blancanieves moerna que estaba harta de barrer, fregar y ser ama de casa de una entrañable chocita. Hasta el vestido aquel de colores preciosos y maripososos le parecía horrendo.

Se pasaba las horas con aquel atuendo cuidando de sus enanos…¡y se hubiera pasado una vida entera! porque sus enanos, eran sus enanos…y ella los quería con locura lejos de todo estilismo o convención social…, pero iban creciendo y cada día la absorbían más y más, digamos que estaban “mamitizados” y con razón. Blancanieves era entregada y se pasaba el largo día alimentándolos, mimoseándolos y consintiéndolos…¡y eran muchos!

Lo cierto es que necesitaba un relevo generoso, pero era invierno y los inviernos allí solían recoger castañas. Ni el leñador, ni ningún habitante de aquel pueblecito de montaña podía echarle una mano. La pela era la pela hasta en el bosque zen de los cuentos.

Total que un día llamaron a Blancanieves moerna para que se enfundara por fin unos preciosos vaqueros del siglo XXI y se fuera a la playa a trabajar. ¿A trabajar? Si, si, a trabajar. Que ya estaba bien de vivir de las rentas de los cuentos y de lo tradicional.

La cosa surgió porque se habían enterado que era una pedagoga excepcional, contadora de fábulas magnificas y leída, aunque de mentalidad rural, pero graciosa y tiernecita como ella sola. Le ofrecían un seat 600 blanco y una habitación de hotel con las mejores vistas en Anagalopo. ¿Como podía negarse a semejante oportunidad?. ¡Aquello era magnifico!

Lo único que la frenaba eran sus enanos ¿se apañarían sin ella? ¿la echarían demasiado de menos? ¿sufrirían o se adaptarían?…Eran tantas las preguntas que acudían a la mente de una Blancanieves moerna con tantos estereotipos que romper.

Lo cierto es que esta chica también necesitaba pensar en su futuro ¿que haría si los enanos un día la dejasen?¿ estaría barriendo una casa eternamente?¿saldría a probar talento y a ver que se cocía lejos de aquellos fogones? .

Tras darle al coco, la Blancanieves moerna se animó. Se lo comentó al leñador, un apuesto hombre que la quería mucho y que de vez en cuando le metía mano (shhhhuuuuuu, aquello era un secreto del que solo tenían constancia los altos pinos, ¡la Blancanieves no podía hacer esas cosas! su imagen allí era respetada, madre de las madres y ejemplo de los ejemplos, virgencica hasta la eternidad).

Aunque vivía feliz por aquellas tierras, especialmente a la sombra de los pinos como Maria del Monte, la Blancanieves moerna aspiraba a más. Ella le llamaba a aquella voz interior “sentirse util utilizando su cerebro”. Se había dedicado en vida no solo a sacarle brillo a las baldosas y  hacer potajes, sino también a leer y formarse. Sin querer aquel espacio invisible de conocimiento  iba tomando forma en su cabeza y un día empezó a susurrarle posibilidades y futuros.

Evidentemente, Blancanieves no pudo rehuir aquella vocecita y finalmente aceptó irse lejos para probar suerte y aprender. También tenía ganas de disfrutar ¡como negarlo!, descansar y ver más allá de sus ojos y los pinos.

Se aseguró que sus enanos estuvieran bien cuidados, se despidió de ellos un tiempo y se marchó en busca de un mar que le pareció apoteósico.

Los primeros días fueron algo difíciles, nada era como estimaba y encima, echaba mucho de menos a los enanos y al leñador. Pero poco a poco, entre lagrima y lagrimón, se fue echando alguna sonrisa y empezó a adaptarse…, como aquellos vaqueros que había descubierto y que eran gloria mareá…ya nunca más volvería a ponerse el horripilante vestido-enaguas amarillo.

La Blancanieves moerna despertó y empezó a investigar y sentir suyo aquel territorio. Aquello era la modern city  y ella venía de lo serrano, del farfullón, de la España profunda y cañí.

Así que empezó a apretar el sol, y a sudar, y hacer calor…¿quien la mandó echar tanto abrigo en la maleta?¿quien le dijo que podía estar sin depilar? Pobretica Blancanieves, en la montaña no se estilaban aquellas temperaturas ya que el sol era un vampiro y no salía ni aunque le echaran un hurón.

A sus compañeras les hizo mucha gracia como lo contó, “No quiero ser la osita de los guiris de la piscina” – afirmó en las primeras conversaciones. Ella era así de natural y bueno…todas se rieron ¿estarían también sin depilar? ¿sería aquella costumbre secreta incluso en tierras de Anagalopo?.

Cierto o no, al día siguiente, una compañera muy amable le trajo un folleto de estética ante el cual la Blancanieves moerna quedó estupefacta. Allí no solo le quitaban a una pelitos, sino que tambien podían arreglarte la nariz, los labios, los pómulos… einnnnn??  ¡¡¡¡estaba anonada de aquellas modernuras…!!!!!… hasta se entretuvo un rato haciendo mohines en un espejo mientras imaginaba como sería su otra nariz, la perfecta. Desde luego que más labios no quería, estaba requetecontenta. Pensandolo bien, sin su nariz enorme no podría disfrutar de llegar antes a los sitios…¡y bastante tardona era!…Nooooooo, aquello no le compensaba.

Si algo se le daba bien a esta Blancanieves moerna era contar historias, ya que ella misma venía de una.  Estaba puesta en el arte de motivar a enanos y realmente le encantaba buscar otros registros de fantasía que acercaran el conocimiento a los más pequeños. Así que cuando pudo desarrollar su trabajo le asignaron nada menos que una clase con individuos que  no superaban los 3 años de edad, ¿podría domar a aquellas fierecillas? ¿se reíría con sus insolencias y sus locuras en el arte de aprender?. Estaba segura de que sí, que aquello era cuanto menos prometedor.

Cuando finalizaba el trabajo se relajaba en un gran sillón solo para ella, se ponía música de la buena o salía en busca de cachimbas y olas. Bahhh, si, la Blancanieves tambien fumaba ¿que creeis? allí ya nadie la señalaría con el dedo ¡al carajo el qué dirán!, pero aquella tarde tenía en mente otra cosa muy interesante.

Bajaría abajo e investigaría una sala perturbadora que había descubierto el día anterior. No era la de Cristian Grey del libro. Al parecer se llamaba gimnasio, eso ponía alli. En ella había maquinas-tortura de todo tipo y la gente hacía ejercicio por hacer, sudaban como cerditos…¿ que efectos tendría aquello sobre el cuerpo y la mente? ¿sería placentero?.

Ainsssss, cuanta curiosidad tenía la Blancanieves moerna.

Si se enteraran de esta, su otra vida, ya nadie compraría sus cuentos, ¿o sí?