Archivos Mensuales: enero 2016

YO: Algo más que un juego de palabras.

No soy un blog,

No soy un libro,

No soy un comentario,

No soy una opinión,

No soy un pensamiento,

No soy una frase,

No soy un cuerpo,

No soy una historia,

No soy una diana,

No soy una musa,

No soy una etiqueta,

No soy una parte,

No soy un adjetivo,

No soy una bañera,

No soy un idioma,

No soy un perfume,

No soy un nombre

No soy una canción

No soy una película

No soy un poema

No soy un personaje

No soy el reduccionismo pragmático al que acostumbra nuestra sociedad.

 

Soy  la etiqueta de mi piel y mis sentidos,

Soy el pensamiento libre que viaja de mi mente al exterior,

Soy el libro de mis momentos, mis espacios, mis risas, mis gestos,

Soy el cuerpo que mueve mis genes, mi caracter, mis principios, mis certezas,

Soy la musa de mis hijos, de sus pasos, de su verdad, de los futuros que redescubro en sus ojos,

Soy las frases de aquellas personas que me conforman, que me quieren, que me levantan, que velan por mi progreso.

Soy la bañera de soledad elegida, la que no ahoga, la que relaja, la que se saborea,

Soy la parte habitable de cada uno de mis días: amaneceres, pan, escarcha, luz, sabanas…

Soy la diana de las aristas que trato de pulir cada noche, despacio, procurando un mañana mejor,

Soy la canción de mis armarios, mis secretos, mis sueños, la alacena de mis tentaciones.

Soy el idioma de mis actos, los verbos que me ven venir y los que no,

Soy el adjetivo inusual, por señalar alguno entre tanto barullo.

Soy el reduccionismo de los defectos que me señalo y las virtudes que a veces  me olvido recordar,

Soy el blog de mi palabra, mi conjunto de letras,… hasta la que versa oralmente, no se publicita o no se escribe.

Soy el nombre de aquello que voy creando, los trozos efimeros de mi tiempo y creatividad,

Soy la historia de todos los lugares que me vieron ser feliz.

Soy el perfume de las casas habitadas y los recovecos que fui dejando en ellas,

Soy la película de mis viajes, mis destinos, mis alumnos, mis compañeros y la inacabable aventura del saber .

Soy el personaje de mi corazón, con su parte de verdad y su lado irracional,

Soy un poema que no es este, ni aquel, ni el otro… solo soy YO.

¡tremendo palabro!

 

 

Pesadillas tan reales

Hacía tiempo que no te dormías en el sofá- susurró.

Mientras, el sueño me hacía sentir como una marioneta vencida a sus brazos.

Andaba amorrada, ¡tan abatida!, pero ese “hacia tiempo…” quedó sostenido en el ultimo hilo de somnolencia.

De camino a la cama, mi cuerpo aún se dejaba engatusar por la mente.

Escribíamos juntas el exilio de nuestro día…

“Hacia tiempo que no me dolía el estómago, hacia tiempo que no escribía, hacia tiempo que no dibujaba, hacia tiempo que no veía a mi psicóloga, hacia tiempo que no saludaba a mis propios fantasmas…”

Tantos “hacia tiempo” se callaron en mí, mientras dormía.

El breve tiempo en el que dormía.

Al despertar volvieron obstinados, como una pesadilla (o como una realidad).

Ahí siguen redactando mis días.

Hacía tiempo que no los sentía tan de cerca.

TRASTADAS DE NIÑOS

Clara, del blog Soñar es gratis,  en uno de sus últimos post nos relataba con mucha gracia y salero algunas de sus trastadas cuando fue niña y nos invitaba a recordar las nuestras y publicarlas si nos apetecía en el blog.

Me pareció una buena idea y puse en marcha el reloj del tiempo y la memoria para intentar recordar algunas de las travesuras que yo siendo pequeñaja cometí. De hecho, me parece que nunca dejamos de cometerlas ¡y es bueno! significa que el niño que había dentro de nosotros no se durmió y aún sigue vivo.

 

MI PRIMERA COMUNIÓN.

Recuerdo con especial inquietud la travesura que perpetré unos días antes de mi primera comunión. (que no se molesten los creyentes, que esto no va contra la religión…simplemente sucedió en aquel contexto).

Estábamos en los ensayos previos al gran día, una fila enorme de niños y niñas colocados  los unos frente a los otros  a lo largo del gran pasillo que llevaba al altar. Portábamos en nuestras manos la luz de cristo ( nos decían) y el cura nos iba indicando lo que debíamos hacer, incluso la postura de acato e introspección mirando a la vela como no si no hubiera un mañana.

Yo tenía frente a mí a Isa, una niña rubia muy alta y delgada, que me había tocado como pareja. Tenía a esa niña pero también tenía unas ganas alucinantes de salir de allí, de reirme, de romper ese silencio de ensayo y reflexión, de corretear y jugar como era propio de mi edad. Así que nos miramos y lo que sucede con las miradas y la risa…uno no puede nunca huir de ellas porque rebelan lo que sucede dentro, el cómo te sientes.

Los demás miraban al suelo,  a la vela, ¡a que se yo! estatuas de niños que se ajustaban a la norma para llegar al gran día superpreparados. Yo también quería portarme bien (es parte de lo que te inculcan tus padres) pero mi risa andaba floja dentro, haciendo de las suyas. Miré a mi compañera y me reconocí. Ella sentía exactamente lo mismo: necesitaba escapar de aquel momento que la mantenía -digamos- lejos de lo que era: una traviesa con ganas de jugar.

Total que mi boca empezó a temblar, su carcajadita se enredó en mi cabeza, sus ojos enfilaron a los míos y ….¡booooom!  nuestras risas se extendieron como la pólvora. Como una de esas pistolas de confetti que acaban por llenarlo todo de colorines en cuestión de segundos.

El recinto, que era una iglesia vieja y sobria, fue testigo de nuestro descaro, de nuestra falta de moralidad, de la simple realidad de no saber obedecer más que al propio cuerpo. Así que nuestro jolgorio lo absorbió todo: las miradas de los otros, el implacable enfado del cura (al ver que aquello no cesaba), hasta el eco de la vetusta e imponente iglesia. Eramos dos sinverguenzas riéndonos del momento, contagiándonos del desorden aún sabiendo que la situación nos pasaría factura.

Finalmente fuimos expulsadas del ensayo, como era de esperar, entre las terribles palabras del cura y nuestra conciencia. Nos sentamos en la plaza y nos miramos detenidamente. ¡Nos sentíamos tan raras!…, pero ¿como detener algo tan instintivo como la risa?. Hablamos sobre los futuros ¿nos dejarían hacer la comunión? y si así fuese ¿volvería a pasarnos eso de no saber como comportarnos?. Yo no lo tenía claro, pero mi amiga, que era más despreocupada, me dijo: “vamos a por un chupa chups” y eso fue lo que hicimos. Endulzar un momento que de por sí fue dulce.

EL DESVÁN

Otra de mis trastadas secretas sucedió en casa de mi abuela. Ella tenía un desván lleno de cacharros inservibles, recuerdos, objetos…y de vez en cuando me dejaba subir allí para entretenerme o quizás para perderme de vista…, quien sabe. Lo cierto es que subir a aquel lugar era mágico y respondía a mi ya infatigable curiosidad.

Era uno de esos desvanes que se asemejaban a los de las películas americanas, con escaleras de madera que chirrían, paredes de piedra, cal que tizna  y vigas castigadas por el tiempo y las termitas. Allí se guardaban restos de otros momentos: la cuna de mi madre, la primera maleta de mi tío, juguetes antiguos míos y de mis hermanos, enseres de labor, cajas de madera con libros en desuso… Como podéis imaginar, todo un mundo que descubrir para una niña de 10 años.

Una tarde mi interés focalizó una caja que había tapada con un enorme contenedor de madera. El bidón pesaba una barbaridad  aunque mi curiosidad aún más, así que lo moví con fuerza y lo justo para que mis manos pudieran acceder al interior de la caja. De allí salieron libros de la dictadura cuyas paginas ya no eran blancas sino marrones con letras que aún no había desteñido el tiempo. También encontré carpetas de facturas que yo no entendía y sobre eso tampoco me detuve ¡que aburrimiento!. Papeles, dibujos de mi madre… un batiburrillo de años y polvo que, sin darme cuenta, estaba ensuciándome las manos.

Casi al fondo de la caja, cuando ya creía haberlo visto todo, saqué unas revistas muy raras. Mujeres y hombres desnudos haciendo cosas raras. ¡Que cosa más curiosa!. Sabía que aquello era algo “prohibido” así que bajé las escaleras y me aseguré que mi abuela andaba lejos para poder inmiscuirme a gusto en aquella sapiencia extraña. Me reí mucho sin perder detalle porque había situaciones e imágenes que no me cuadraban, pero tal vez de eso se trataba… de descuadrar lo hasta entonces sabido.

Desde aquel día, ya no vi igual a mi tío. Él y yo manteníamos un guiño secreto, me había dado alguna lección sin ni siquiera enterarse, algo que mis padres no me habían contado y que estaba aquí sobre la tierra: entre las mujeres y los hombres “grandes”.

Ni que decir tiene que volví a visitar el desván días más tarde, cubriendo la curiosidad y las dudas que siempre me caracterizaron. Creo que mi abuela empezó a sospechar, aunque puede que hasta ni ella misma supiera de la existencia de aquellas revistas.

Ahora que lo pienso…¿seguirán allí?

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Y hasta aquí  un trocito de mis recuerdos. Ha pasado mucho tiempo pero he vuelto a reirme. ¡Parece que fue ayer!.

Y vosotros, ¿tenéis alguna trastada que recordéis de la infancia?

POLOS

Fuimos negados en el peso de nuestras derrotas,

no en las mieles de nuestros triunfos.

Fuimos exiliados cuando pisamos los márgenes de la exclusión, las ciénagas del sarcasmo,

los túneles de la desidia, los laberintos del pánico.

Fuimos repratiados por el aire de los bosques, la arena de los desiertos, el cielo en campo abierto, las cumbres y sus horizontes de labor.

Fuimos sombra en los silencios que obligaban, en las murallas que construimos, en las trampas que planeamos, en los verbos que fingían y afilaban.

Fuimos luz en la confianza vertida sobre el folio en blanco, en la mansión que ideamos para imaginación, en el sol que cogimos entre las manos, en el adjetivo que de una jaula se destrabó para volar libre .

Fuimos esclavos en la cruz de nuestros odios, en el patetismo de las mentiras, en las burlas que se presumían inocuas, en las difamaciones que se saboreaban en silencio .

Fuimos libres en los futuros con esperanza, en la confianza del mañana, en el amor del minuto presente, en los sueños sencillos, en la risa acertada.

Fuimos noche cuando la duda nos compungía, cuando el dolor alimentó almas de acero y lágrimas, cuando dejamos a rabia canturrear su narcótica melodía.

Fuimos día en cada verdad, en cada suelo que pisamos, en los abrazos que abrasamos, en cada ceniza que convertimos en progreso, en los barcos que propulsamos sin velas a corazón abierto…

Fuimos polos, antónimos, extremos, la terminal de todo, la propulsión del mañana.

 

 

CICATRICES

Todos nos vamos cosiendo de cicatrices. Vivir está lleno de eso y desde que nacemos nos damos cuenta.

Las elecciones, los caminos equivocados, los sueños truncados, las largas esperas, las personas que se nos van, la tontería que parecía burlarse en el cole del niño o la niña que era diferente, las personas que necesitaron de nuestra ayuda y nosotros se la negamos mirando hacia otro lado, las relaciones asimétricas y de poder a las que nos vimos arrastrados por simpatía o manipulación, el abuso en cualquiera de sus formas…

Todo se queda grabado en esos puntos suspensivos que son la memoria. Todo se bate en el mismo vaso: dolor, costumbre, insensibilidad, culpa, justicia, incompresión…y de ahí sale un brevaje socialmente indecoroso -de color indigno- que tenemos que tragar por un tubo (¡glup! puagg) que se llama “aceptación”. Un tubo largo y pesado  a través del cual se van escurriendo recuerdos que- en un principio- solo consideramos basura, pero que más tarde, insensatos de nosotros, descubrimos que tal acontecimiento nos volvió “seres aprendidos”… más resentidos por supuesto, desconfiados de la buena voluntad del prójimo, cínicos y mordaces hasta la médula porque las secuelas son las secuelas y las heridas no cicatrizan tan rápido, y mientras duran somos seres extraños envueltos en un hálito que nadie quiere tocar…pero me es igual, al final: APRENDIDOS,  más huraños a los ojos de esta Tierra, poniendo voz disonante al discurso de “el hombre es un lobo para el hombre” o para la mujer.

Las cicatrices…..ay! las cicatrices!…

Nos hacen penar encapsulándonos en algún tipo de caparazón-tortuga que nos aísle del ataque del águila. Somos seres humillados y escondidos tras esa costra, vendidos a la indulgencia del animal y su trampa. No queremos arengar a otros con los mismos estupidos sinsentidos, ni volver a ser objeto de la crítica, ni de la burla, ni del doble lenguaje…Asi que echamos los cerrojos, cambiamos las contraseñas  y a seguir para adelante con indiferencia, mutando en el nuevo ser-engendro que está por cuajarse. Aguantando, callando, aguantando, callando… sin saber que es otra forma de taladrarse la herida.

Las cicatrices nos embellecen a pesar de lo horripilante del mounstruo, las externas – rompiendo cánones y arquetipos sociales- y las internas ojo!, aún sin verse son ese tatuaje que los años no pueden borrar, esa representación manifiesta de que no fuimos uno solo, sino un gazpacho de muchos que llegó a emborracharnos.

Las peores marcas son las que nunca procuramos curar, las que no recibieron sutura, a las que no se les hizo caso, ni se verbalizaron, ni se aceptaron por verguenza, ni se sacaron a la luz . Esas que quedaron derrotadas tras la cortina de silencio impune, o en todo caso el miedo…y es que la vida rezuma mucho de eso, ahí tras los escenarios de la mente y los aplausos de la mediocridad, se esconde lo que nadie ve.

Del proceso de la herida quien sabe…si es cierto que pareciese que cuanto más la miras, peor…y no es solo fruto de la chocante cadena de genes que la impaciencia y la obsesión pusieron en nosotros, también es ese tubo largo y pesado…del que venía hablandoos…aceptación. Tiene que pasar, tiene que correr, fluir, atravesarse, cerrarse y eso ocupa un tiempo-espacio ineludible y patéticamente necesario.

Al final resulta que todos somos mortales y todos tenemos cicatrices. ¿Quién no ha vivido esto? ¡Qué remedio! La imperfección nos viste despacio, con evidencia y no podemos elegir en ningun caso ponernos una camisa sin que contenga un roto, descosido o arruga. Lo que sí es fruto de nuestra elección es el voto por lo humano, nuestra confianza en el ser (a pesar de las diferencias y lo vivido)  y nuestra decisión (arriesgada y bondadosa) de no dañar al otro u otra.

Chojin decía que todos podemos tener nuestras propias opiniones, pero no los propios hechos. Esos fueron los que fueron, no otros. Mas razón que un santo.

Lo fácil sería sucumbir a la desolación, ver amanecer la desesperanza tras la reja de la ventana, arrastrarse hacia los futuros que otros escribieron en nuestro nombre; pero no,…

aún podemos volver a ser hasta con “cicatriz”,

después de absorberlo -ya el pasado verano- me pareció un libro sublime con personajes tan verosímiles y logrados como incomparables a la misma realidad.

Y es que cada historia tiene una cicatriz diferente,

cada círculo que la envuelve: bien distinto…

no hay dos iguales en forma, ni mucho ni menos.

Lo único que comparten algunas de estas vidas marcadas es -seguramente- la esperanza.

La última prueba de que seguimos vivos.

Sara Mesa

 

 

 

Besos blancos

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Dos cepillos pequeñitos,

se unen en una mini bañera

¿que puede salir de tan calamitosa proeza?

Agua, pasta de cocodrilo, espuma de fresa…

Frota, frota…batiremos burbujas con sorpresas.

Tus labios apuestan con los míos

la risa que pone dos bocas a prueba…

¡y la entereza!…

 

Puestos a improvisar, ….

No se estar seria,

asi que…

vamos a paladear este flúor

hasta que la higiene nos detenga.

 

Surcaremos la cueva de tu blanco nácar

y con perclorato pintaremos la sangre de mis encías.

¡Te quiero!, – digo a bicho de  lengua nívea

¡Te adoro! – grita diversión en ojos de plátano.

 

No te escapes de este segundo,

¡abrigame con la manta del abrazo

y dame un beso con pasta de eternidad!.

 

Nos enfangaremos de la forma más dulce.

Iremos hasta el último reducto del amor.

Seremos los fantoches del espejo.

 

¡¡Deja la escobilla!!

¡¡deja la papelera…!!

contigo y conmigo

¡¡Ya no hay manera!!

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El miedo, la lluvia.

 

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¿Que es el  miedo?- me preguntas

y yo solo puedo caminar deprisa sintiendo los embistes del agua sobre mis párpados .

Trato de pintártelo como una función vacía, casi tenebrosa,

un teatro en el que se cerraron todos los telones negros y solo quedaste tú,

desnuda tras los postigos,

bajo una luz de función estruendosa, el detonante de un foco y el altavoz que deslumbra con silencio.

Así de contradictorio veo yo el miedo.

Viene a utilizar adjetivos incoherentes porque realmente no sabe que es lo que está pasando en su interior ni  porque sonaron las alertas. Solo es consciente que más allá del verbo, su piel se congeló con escarcha de fuego.

Eso puedo entenderlo- me dices- el miedo es un freno al avance, por eso el chisme y la mentira van tan unidos a él, le hacen de paraguas para que pase…y mientras te escucho puedo leer un atisbo de sabiduría en tus ojos.

– No quiero que llueva más en mi interior, por otro lado necesito empaparme con lluvia ¿entiendes ?…analizar lo ocurrido desde una perspectiva lógica, racional, exenta de instintos o emociones…, ponerle nombre a mi miedo, relativizarlo, lejos de las heridas y con la  entereza suficiente para dejar de sentirme dolida.

-El miedo solo alimenta más miedo, porque está ciego de culpas y sediento de libertad. Puede que solo mirándolo de frente, aquella imagen que posees, se diluya.

-Creo que estas en lo cierto. El solo hecho de estar aquí hablando contigo mientras los demás escuchan, denota que lo voy superando…porque si de algo estoy segura es de que el miedo solo se escuda tras el silencio y el chantaje, un mago de armas oscuras, ¡¡sí!!

–  Entiendelo. No vinimos acá para hacer justicia…no siempre, hay veces que tendremos que recibir la negra lluvia con generosidad, al igual que cuando viene transparente y agradable… sabiendo que somos la suma de todo. Olvidar no es fácil, por ello, escribir lo que eres y en lo que crees puede ser buena terapia.

-Eso me parece valiente…pero escribir lo que uno es, depende cómo, puede que sea otra forma de activismo, otra forma de buscar aplausos o reconocimiento. Guerras a las que yo no quiero sumarme. No quiero eso, yo solo quiero paz,  buscarme a mi misma, trastear en mi yo; no en los defectos ajenos. Sobre eso, creo que ya dediqué pocas palabras, pero suficientes.

-Nunca escribir sobre tí será una tarea baldía. Más bien diría que valiente. Eres tú y tu libertad de hacerlo. Dejará de importarte lo que otros pensaron, con el tiempo, cuando pienses detenidamente lo poco que pensaron en tí.

 

Sonríe, sonrío.

Nos alejamos sobre un paraguas transparente.

Las gotas de lluvia suenan como flechas, el frío escuece como ácido…pero el miedo ya no flota en el aire. Escucho voces afables durante el regreso, palabras sabias entre las malezas, paisajes claros y personas que van reflejándose entre las sombras de mis océanos.

Tal vez sea esa la esencia más vital de la literatura, la medicina contra el miedo… encontrarnos en las palabras, sentirnos todos parte de esta tragicomedia:  beber de otras vidas que como espejos nos ayuden a mirarnos o simplemente calmen los vacíos que trajeron las tormentas.

 

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Días que pintar

A lomos de un caballo balancín

en el trayecto hacia nosesabedonde

iba galopando entre los días del  porvenir.

Me dejaba llevar por el viento agradable de los sueños,

esa frescura azotando este rostro incierto

ese minuto de sinergía entre su lomo y mi cuerpo.

Topamos no tarde con los primeros reveses

una montaña de bloques amuralló nuestro camino,

acampamos en Imaginación durante unos días

buscando encontrar soluciones de trayecto

que  nos hicieran trazar nuevas rutas.

Sin los libros que llevábamos a cuestas

-en alguna cabecera entre su hocico y mi pupila-

no hubiéramos podido continuar,

pero aún encontramos más letras perdidas,

diseminadas como semillas por  las colinas,

vestigios de nuestra seria sed por saber.

Nos esperaban abiertos,

aún con olor a sabia fresca del  paraíso

como si desearan ser  recitados por la garganta del viajero,

como si quisieran ser los ojos de la trampa del mañana.

Y en ese recorrido tan largo,

tan extenso en paisajes y estados del alma,

nos dio hambre a mi y  al caballo…

amasamos pasteles con arcilla y los pintamos

para que quedara constancia de nuestra glotonería.

Alargamos la magia como un chicle afrutado,

mojamos nuestros labios con algodones de limón

y nos dibujamos sonrisas cuando la tormenta más rugía.

Allá en la cumbre del sol anaranjado,

sonó la música de un xilófono

tintineaba la canción de nuestras vidas,

un cinema paradiso en el que los vientos de escenas bellas

fueron sesgados por los límites de la inconsciencia

y allá en el mismo ojo del firmamento,

en esa cúpula oscura y transparente

aquel cine se proyectó para nosotros…

inmenso acompañamiento entre un billón de estrellas.

 

Íbamos a concluir el viaje anestesiados por la emoción,

366 días de aventura,

altura,

bajura,

premura,

locura…

Cuando pudimos echar la vista atrás,

nuestros pies toparon con  puzzles cúbicos

esa posibilidad de crear infinitos resultados

con las caras de las piezas…

Nos abrazamos en equilibrio

barajamos recuerdos y decisiones,

estrechamos una armadura de carne y hueso animal,

tan cerca, ¡tan una!

-caballo y mujer-

que al fin pudimos verlo:

 

Somos hoy remedos inconclusos del ayer,

trozos de mirada,

gajos de latir,

días en bocetos que seguir pintando.

 

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“Juguetes” by Mukali.

Camisetas pintadas. Joey Spiotto. Series y pelis mí(s)ticas.

Me encantan las ilustraciones de Joey Spiotto. Lo descubrí hace poco por casualidad porque andaba buscando unas imágenes para pintarle a mano dos camisetas a mis nenes. Si, ya se que sería más fácil comprarlas o imprimirlas en plancha, pero en todo caso no serían las camisetas que les ha hecho su lunática madre  con su fantástico tiempo y sinceramente, tenía ganas de regalarles algo especial, elaborado y con significado para mí.

Me puse a buscar y cual fue mi sorpresa cuando me topé con este ilustrador tan particular y a la vez tan bueno. Su trabajo no es otro que llevar las más prestigiosas series y pelis de los últimos tiempos a formato de dibujo infantil. Otra cosa no, pero buen gusto tiene el jodío para elegir y arte también, porque las ilustraciones están francamente logradas. Así podemos ver a los Lanister luciendo tiernos y rugiendo colorines o incluso Kill Bill  con la rubia y la morena tan sonrientes entre mares de rojo…¡como si a alguien le preocupase la sangre!. Bahhhhh.

Si una característica es clara en estos dibus es que son de todo menos apropiados para niños…¿y qué?, ¿que queréis que os diga?¿se hunde la educación mamística por un dibujo trasgresor?… tenía unas ganas tremendas de ver a mis polluelos lucir  una camiseta con mi serie  y de paso…¡que digan lo que quieran!, que a mi me chiflan. Si, si, patetico…pero ¡mola!. Ya vendrán tiempos de pintarrajear spidermanes, minions, patrullas caninas y demás…imponiendome sus gustos por doquier, ahora mando yo…hee!.

Total, Joey Spiotto y su descubrimiento sirvió para abrir un debate chulo en casa. ¿Que serie o peli íbamos a elegir pelirrojo y yo de entre todas las posibles de Spiotto?. Una cuestión nada fácil, porque, veréis, aunque hemos sido bastante serie adictos, en cuanto a pelis se refiere, difícil ponernos de acuerdo…somos como la noche y el día.

Al final la primera elegida fue Breaking Bad, porque -nunca mejor dicho- fue una serie que supuso una droga alucinógena para ambos, que nos mantuvo en vilo tardes enteras y nos enganchó como ninguna otra. Aunque Perdidos también lo logró, su final (y esa especie de cielo evasor de respuestas) nos resultó patético, aspecto que cubrió bastante bien el final de Breaking Bad.

Y la segunda en el ranking, tras BB, fue  Expediente X. Ambos la veíamos en nuestras respectivas casitas (aún jovenzuelos) y nos enganchaba esa dosis de misterio y suspense sin igual. Recordamos con entrañable nostalgia las noches de los 90 en el sofa de nuestros padres,  viendo a  Mulder y Scully hasta altas horas de la madrugada… entre conspiraciones, preguntas y fuerzas desconocidas. Sus miradas siempre tan diferentes y certeras nos alucinaban (aunque yo siempre estuve más del lado de Mulder y él de Scully), sus indagaciones y ese feeling que había entre ambos y se palpaba más allá del frio traje del FBI…

Total, que se nos quedaron otras buenísimas series y pelis en el tintero: Juego de Tronos, Beatle Juice, Heroes, El quinto elemento, La chaqueta metalica, El señor de los anillos, The walking dead, True Blood, …. pero …había que elegir…

Y el resultado fue satisfactorio y entretenido. Si queréis saber como las hago, os lo explico paso a paso en mi otro blog . ¿Os atrevéis?.

En fin, lo mejor de cuando regalas algo elaborado es la satisfacción que te queda después. Es algo que llena de una forma inexplicable. Estoy deseando ver a mis pitufines luciendo estas mini camisetas no aptas para mayores de 18 meses….jujujj. ¿os molan?

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Y vosotros ¿qué peli y serie alucinante elegiriais?

Venga, venga, pensad y mojarse.