Archivos Mensuales: abril 2017

-Anoche-

17626689_1311881562234233_2704241350768988533_n

Aún la arena no tenía ese calor residual típico del verano.  Aunque el sol empezaba a querer colarse temprano, la maraña espesa de nubes seguía dominando el cielo. Me quité las botas y recorrí la parcela de arena que lindaba con el mar. Buscaba la línea divisoria que aún no había sido tocada por la espuma, la grava virgen, intacta todavía del baile del agua, mientras mis pies se iban rindiendo a las caricias de la tierra suelta. Iba  dejando  tras de mí surcos de apariencia inamovible, que no eran sino estelas de caminos espontáneos sobre los que no prestaba atención. Tenía los ojos nutridos en el horizonte, al que no alcanzaba a poner finitud, ¡eso es lo que hacía! mirar lo inabarcable sin atender a mis huellas. ¿Habría captado ya la parte indómita que hay detras de cada senda?. La arena escapándose entre los dedos era la imagen que clarificaba la idea.

Sentí volar mi alma en aquel espacio, como una cometa ansiosa ante la obertura, con todos sus hilos y volantines prendiendo por primera vez el cielo, maravillada con el inquieto nerviosismo de la milocha recién estrenada. Y allí, bajo la bóveda de aquel cielo de juguete comprendí cuanto te quise, ¡ fue allí donde fui consciente de lo insondable que puede llegar a ser un cuerpo!… y lo supe porque yo ya no sentía como mía la piel que te besó. Era en mí misma nueva y desconocida, tersa y nublada como aquella cometa brillante sin rasguños. Habían ardido sumas de instantes, el recuerdo de olores, sabores, y palabras, el delirio de los ojos…había ardido hasta la saliva en una fogata de sal y tempestad. Y esa nueva nada ante mí se colaba en una mezcla contradictoria, una esencia de inquietud y regodeo, una mezcla de jubilo y desazón como quien por vez primera contempla el mar.

Comprendí las dimensiones que tomaste en el sueño, al que yo puse silencio y melodía sin prestar atención a la leve fragilidad de la sinfonía que nos iba meciendo, eramos las notas discordantes de una música abocada al estruendo. ¡Y como la armonía mudó  pronta a la voz del estrépito!. Así como este espejo de agua, ora calmada, ora salvaje.

Fue durante un tiempo nuestra perdida como una onda en mí, una rueda que encontraba ecos allá donde yo fuese. Y me era tan complejo desprenderme de todo aquel equipaje, quería que todo se lo tragase el agua y sin embargo permanecía aferrada a la llama oscura. No eran espinas o veneno, era yo contra mis elementos intentando amarrar las velas de la barca desbocada.

Soñé  sin comprender -anoche- que volvía a manejar la barca enajenada, que me adscribía a algún viaje del que yo no tenía conocimiento y esta vez, quieta y mansa, me hallaba sentada entre caras desconocidas que me obligaban a buscarte. 

Contemplé al albor de este paseo, desmigajando el sentido al sueño, que la memoria no deja de ser un templo que, entre la aplastante lógica y raciocinio,  arrastra un instante de regodeo, abriendo la brecha que nos hace olvidar los frutos beneficiosos del olvido. 

Es esa grieta como una puerta al pensamiento, que deja colarse el viento árido y desértico trayendo esquirlas con olor a humedad. Y es tambien volver la vista atrás y resituarse, respirar la belleza de la magnitud, recordar la carcasa que el tiempo construyó alrededor. Al fondo, el coche, mi casa, la guarida…

Recuerdo que- anoche- antes de temblar leía: “decir adiós es como tener pájaros feroces en las manos”.

17800012_1317846678304388_4077037594912623831_n

 

 

 

Anuncios

La hora de las tres ces.

20-Promesas-para-mi-mejor-amiga-4

Lauri llegó como  solía hacer siempre, con un titulillo bajo el pico.

  • Ana, ¿te ha llegado ya el carnet de conducir renovado?
  • No, aún no ¿y a tí?
  • Pues a mí tampoco. Que sepas que la furgoneta espres en la que estuvimos para acelerar los trámites fue un timo
  • ¡Anda ya, Lauri!. ¿Y los exámenes médicos? y todas la pruebas que nos hicieron? ¿todo eso iba a ser un montaje? ¡tu sueñas!.
  • Mira, si mal no recuerdo, el doctor apuntó  una cruz en mi expediente justo donde señalaba falanges  o miembros intactos….y ¡coño! ¡mira tu lo que son las cosas! a mi me falta un dedo desde el año de María Castaña!. Ese medico estaba más ciego que un topo. Todo sucedió muy rápido, si lo piensas, como si quisieran sacarnos el dinero y largarse.
  • Claro, Lauri, es que era una furgoneta para acelerar tramites ¿recuerdas?, me parece que todo estaba en orden para tratarse de un timo.
  • Esta mañana hable con los policías locales y ninguno sabía nada del asunto de la furgoneta, como si lo hubiéramos soñado, nena. Me huele a fraude.
  • Jope Lauri, mira que me vas a hacer dudar. No se si recuerdas que pusieron publicidad por todas partes..
  • Ya ¿y qué?. Tendrían que promocionar para engañar a los cuatro tontos como nosotras. Piénsalo, ya hace un mes de aquello y tráfico sigue sin enviarnos los carnets.
  • Lauri, me estas acojonando… ¡que eso no puede ser!.
  • ¿Tienes el teléfono de los tipos?
  • Espera y lo busco… eso fue el día 5 de abril….
  • Anda, pasamelo por wassap.

Mientras teclea, Ana, se equivoca y cuando localiza el numero en lugar de copiarlo, le da sin querer a la tecla de llamada. Nerviosa intenta colgar…

  • Nenas, que le he dado a llamar sin querer y no se como cortar. Jajajaj…. ay, madre! que me lo van a coger
  •  Jajjaajjajaj….¡¡¡¡Ana cuelga, por el amor de Dios!!!! jajajajajaj.
  • ¡¡¡¡Que no!!!! Que no puedo,  que este movil se me rebela a veces…
  • Jajajaja…Ana traicinada por su mobil….

Mientras,al otro lado del hilo, como es natural, alguien finalmente responde a la llamada.

  • Diga? Diga? Hay alguien ahí?

Se oyen las risas de tres mujeres  “ya me lo ha cogido, me cachissss”- resopla Ana.

Resignada , se coloca el movil en la oreja y comienza la conversación. ¿Que le digo a este tío? Va pensando mientras improvisa. Se levanta de la silla nerviosa por el cachondeito al que la han apuntado  sus amigas, se va a otra habitación para lograr ponerse seria y comienza a explicarle el asunto de los carnets y la furgoneta.

Sus compañeras Lauri y Rosa la observan como dos jovencitas de instituto, fraguando historias disparatadas a partir de lo que van pillando de las palabras de Ana.

  • Sí, si…gracias por molestarse en mirárnoslo. Entonces está en tramite. De acuerdo, genial.- concluye Ana con una sonrisa de alivio.

Parece que todo queda aclarado. No hay timo por ninguna parte, pero ahora eso da igual porque Lauri y Rosa no están dispuestas a abandonar el jolgorio y siguen mirando a su compañera con sonrisas juguetonas.

  • Vaya Ana! ¡qué dulce te pones al telefono!. A ese te lo has ligado ya, fijo.  Era todo enrollarse para no colgar jajajajaj. – se carcajea Lauri .
  • Es que son las horillas del picaflor, Lauri, le habrá sorprendido su inesperada llamada. Estaría en la cama aburrido y de repente ha escuchado la vocecita de Ana como salida del paraíso- añade Rosa, arqueando una ceja y partiendose de risa.
  • Estáis fatal, nenas. ¿Os lo habéis mirado? voy a mandarle un aviso a vuestros respectivos para que os “echen un cable” de aquí a las diez jajajaj.
  • Es que tenías que haberte escuchado, Ana. Melosa para descrirte se queda corto.
  • Jajajajaj… ¡Estáis locas! Y Lauri Negrillo Lopez ahora no pienso contarte por donde viene tu expediente, ea. – dice Ana sacándole la lengua.
  •   Ehhhhhhhhh, yo no tengo la culpa. Es esta franja en la que nos ha tocado trabajar,  la hora de las tres ces: café- cama y cachondeo.
  • ¡!Desgraciaicas somos por faltarnos la más mejor!..
  • Ya veo, ya. ¡tendréis que soñarla! porque lo que es yo… estoy por dejaros e irme con mi desconocido…
  • jajajajaj…¡¡¡eso ya lo sabíamos!!
  • jajajajaj
  • jajajajaj…

14639855_1138098492945875_814064731130923693_n

De pijamas selváticos

hmprod

Jamás te enamores de un pijama de color verde. Vuelvo a escribir: jamás te enamores de un pijama de color verde: con tintes selváticos. Insisto: Jamás imagines que con esa dulce prenda  de color verde tu niño (al cuadrado) estará requeteguapo y requetesanto entre estampados de serpientes, tigres, elefantes y Mogli, el niño salvaje,… Nada más parecido a sacar la caja de los truenos. Nada más parecido a hacer una deducción de churro ¿en que estaría yo pensando cuando los compré?

¿Os acordais de esa peli de Batman en la que el traje contiene algún tipo de hechizo que al contacto con la piel, lo vuelve digamos “maligno”?. Algo así debe haber pasado con el pijama. Tan bonito, tan requeteprecioso, tan de camufluje e ideal para las manchas de los hijos sayones…me tenía francamente convencida y ahora ando en la esfera contraria, divagando a cerca de los porqués de esa prenda diabólica y lo que aconteció en los ultimos días.

Resulta que habíamos estado en el zoológico y les había gustado tanto la experiencia de ver en plano real a esos animales salvajes, que en algún momento debí pensar que sería buena idea vestirles con ese pijama. Debio ser eso de que ser maestra me saca sin querer el lado educativo de las experiencias y quiero extrapolarlas a la casa. Ea, pues, no, mejor estate quietecita y sigue vistiendolos con ositos y conejitos pastelosos.

El caso es que durante el primer día el ponerles aquel pijama no revertió consecuencia alguna. Ellos tan bellos, mamá tan enamorada. Todo tan ideal de la selva.

Imagino que la tela,al contacto de la piel, estaría cogiendo el influjo necesario…. que al segundo día no más, la selva, las fieras y el animalismo llegaron en todo su esplendor. Yo acababa de salir de la ducha, con el albornoz echandome mis potingues mientras papá en la cama tumbado consultaba su mobil. De repente escuché un gruñido a mis espaldas, algo así como: Grrrrrrrrrrrrrr, giré la cabeza y allí estaba: el  horror. Mi hijo convertido en tigre. ¡¡¡¡¡Toda la cara rallada con rotulador gordo indeleble!!!!!.

El pequeño tigre de la selva se reía con su chupete y sus rayas negras, mientras a mí me iban poseyendo los Dioses malignos del Amazonas a partes iguales con un espíritu de comicidad espontáneo que poco a poco se iba apoderando de mí. Tragué saliva y me dirigí a la habitación del pánico en la que se había gestado todo el asunto, detrás de mí, papá iba grabando la hazaña.

No sabía lo que me iba a encontrar ni de donde había salido aquel maldito rotulador, ni si las paredes, muebles, suelo…estarían también pintarrajeados… aunque de forma contradictoria, por el pasillo iba luchando contra el poder de la risa, procurando sacar esa faceta de madre, que ante situaciones como la que relato, se queda escondida entre toneladas de polvo.

Encendí el interruptor y allí estaban los dos tigres, caritas ralladas, con el rotulador en mano sacado del fondo del cajón de mis pinturas. Ni siquiera yo sabía que estaba allí.

Debí haberlo imaginado, ¡qué tonta! pijama de camuflaje requería tambien maquillaje a lo Rambo. Y allí estaban saltando en el sofá, luchando uno encima de otro metiendose en la piel del personaje. Se habían dedicado a caracterizarse y lo habían hecho de “beautiful”. ¿Sería la magia negra del pijama la responsable de toda aquella peripecia?

Los miré tapandome la boca e intenté decirles que eso no se hacía, pero la risa floja-flojísima me convertía en mera espectadora cachondeandose del numerito.

Lo dicho: ahí empecé a sospechar de aquella prenda y los episodios extravagantes se fueron sucediendo sin yo poder hacerles frente.

El escenario siempre resultaba el mismo: la mami en el baño  y ellos campando a sus anchas por el piso superior.  Esta vez estaba preparándome para salir, maquillandome en el espejo y escuchandolos de fondo. A no más de 5 zancadas detrás mío los sentía jugar en la cama pero realmente no había prestado atención a su juego. De repente oigo el sonido de una caja y el de un plástico…miro extrañada al espejo como si este pudiera darme las respuestas buscadas, y al no encontrarlas me giro y los diviso allí tranquilos, con la caja de Durex cantando: un sobre de azucar, uno de cola cao, uno de café………………..

Vuelvo a mirar para el espejo y me troncho de risa sin que me escuchen….

Este pijama verde va a terminar por acabar con mi ánimo de madre.

Ronda

700px-Ronda_03

Y a mi quien me manda sentir atracción por los precipicios y las piedras. Embobarme en las alturas mientras suena la melodía de un violín por estas callejuelas empedradas.

-“¡No te asomes, por favor! ” – grita detrás mía, con un alarido voraz que se pierde entre el trajinar de la aglomeración turística.

-“Ni se te ocurra dar un paso más al frente!!!”- vuelve a pronunciar rotundo, en la intentona de que mis pies se anclen al suelo. Lo miro sorprendida. Todos tenemos nuestros limites, el temor siempre humano, que se apodera de uno..

Ese miedo a la altura, que desconozco, creo que se llama vértigo. Como si las baldosas y el suelo se volvieran blandos y uno sintiera que todo tiembla. Es el borde de un abismo que  se  hace mantequilla y penar. Que cantonea las aristas de la mente, hasta hacer escapar  un trozo de la parcela de nuestro zapato y de repente…la angustia del vuelo. Como si fuéramos pájaros aprendiendo a volar…

¡NO lo somos! me repito, todavía siento el suelo firme y cálido bajo mis zapatos, aunque haya sido capaz de hacer una breve introspección hacia la emoción que circunda su cabeza, envolviéndolo en angustia.

“Déjame disfrutar un ratito de este momento”, le digo tranquila. “Hay una reja enorme anclada delante de mí, no me pasará nada. Date un paseo con los niños por los alrededores mientras tomo algunas fotos.”

Me hace caso y le guiño el ojo. Pobre, yo misma se que el miedo no tiene lógica pero toma raíces y forma de manera vertiginosa…!el jodío!

Quedo sola frente a este pueblo construido en vertical. Las casas miran al puente, el puente las mira a ellas. Y yo me hago con todas esas miradas. La estructura es abrumadora y se fija a la retina. Aunque he estado en precipicios mayores, esta mezcolanza de gentes transitando  por tan pintoresco lugar, me va conquistando. Es como si el pueblo aunara rincones recónditos deseosos de ser descubiertos más allá de lo que – a priori- ven mis ojos. Hay música y romanticismo entre las calles, se respira algo, poesía antigua tal vez. Tengo que volver aquí sin tiempo y sentarme en una de las terrazas con vistas para dejarme escribir.  Miro ahora hacia abajo, donde tiene puestos los pies el megalómano de piedra. Veo personas que se adentran por senderos entre la maleza, que acunan el sudor entre la aventura, y las observo preguntándome como será el mirar hacia arriba por esos ojos de senderista. También siento envidia, también deseo probar. Sería volver a lo que ya conozco. Mi corazón está ansioso está mañana.

A todo esto….¿Donde se habrán metido?

Los localizo en la lejanía. Voy tras ellos, ya casi los pillo. Papá y sus cucos. Es tan dulce esta imagen que quiero mantenerme en anonimato el mayor tiempo posible. Así, de espía. ¡Hasta que me descubran!. Me resulta tierna la estampa porque representa la evolución inexorable del tiempo, lo imposible que esto hubiera resultado hace un año, transitar así tan libremente por las calles, sin carros ni carretas, sin tropezones ni traspiés. Sonrío de sabernos en esa libertad que  ya va trayendo otras preocupaciones y ventajas. Me gusta saberles fuertes para resistir los pasos que tiene el descubrir, confiar en sus capacidades como viajeros recién estrenados, motivarlos en el arte del postre con algún huevo sorpresa y si acaso a la vuelta, un helado para refrescarse. Para V. el más grande, que es un ansioso.

Y ahora de nuevo viaje largo,… a la casita del hotel…a descansar.

” Mami, ya no me da tusto el vintilador”…. dice J. , pues a ver si le chivas el truqui a tu padre- le digo muerta de risa.