Archivo de la categoría: Yo misma

Enero: Retomando esos 20.

 

1. Vivir a tope en mí.
2. No ser otras a corazón abierto.
3. Curar las heridas que perduran.
4. Buscar la magia.
5. Cosechar la curiosidad.
6. Encontrar secretos a ojos de los niños.
7. Cometer pequeñas travesuras. 
8. Gruñir menos, amar más.
9. Ganar fuerza y resistencia. Comba y barra (gym)
10. Disfrutar los tres añitos de V y J. ¡que sus energías no me tumben!
11. Viajar: sorprenderme con lugares y gentes.
12. Besar la vida cuando viene a favor.
13. Llorar si apetece.
14. Imaginar, escribir, dejar fluir pensamientos
15. Más rutas, de las que reactivan por dentro.
16. “Pendonear” con mis amigas/os.
17. Escuchar mi lado salvaje y rebelde.
18. Ser mujer, a mi modo, sin recetas externas.
19. Velar por mi salud y la de los míos. 
2. Aprender de la vida y la experiencia sin dar nada por sentado.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Subrayando las frases del día.

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El día ha estado lleno de momentos y frases cortas que han ido empujándome de uno a otro lado.

Primero en el cole, Nora, nada más llegar me dice: “Si no te ocurre nada, seño, ¿Por qué tienes de irte?”. ¡Eso digo yo!- le respondo. Su cara de extrañeza es un poema de esos que suenan a despedida. Así que nos abrazamos,  creo que las incertidumbres se alivian con abrazos. Ya nos sentimos mejor. En el fondo muchas cosas se acaban y así es la vida. Yo se que conservo esa parte niña de mí que todavía relata ante las ausencias.

A media mañana, en el patio, Nico se acerca rápidamente donde yo estoy, con la urgencia tintineando en sus preciosos ojos azules “Necesitamos ayuda, seño. Hay una seño encerrada en el modulo 1 y no puede salir”. Mi compañera ha entrado y ha cometido el despiste de dejarse la llave puesta. Los niños desde fuera han hecho la trastada. Para ellos todo es un juego, nada saben de peligros y  desde el otro lado del cristal, Belén trata, sin mucha suerte,  hacerse oír. Cuando las palabras se hacen muros de silencio hay que prestar atención a los gestos que son, practicamente el chivato perfecto. Y eso es lo que ha hecho Nico muy habilmente. ¡Bien! Lo felicito por su atención y se aleja con más pecho que cuerpo tiene. Estas son también demostraciones de talento que hemos de potenciar como profes, para su autonomía y felicidad futuras. No solo números y palabritas, maneras de socializarnos y ser empáticos con nuestro alrededor, sin caer en la rígidez de los cánones. Y es que la palabra flexibilidad al pronunciarla, me recuerda totamente a él.  Nico es el más “a su aire”de toda la clase , libre como el viento que se podría decir cuando se trata de tareas de grupo… he observado que se desenvuelve mejor a su ritmo que al hilo de la corriente impuesta.  Y yo digo ¿y porqué no? siempre que se respeten unos limites, claro. Hay una delgada línea entre libertad y libertinaje. Nico es rebeldía y también ternura, con diferencia el que más veces al día me dice “¡Seño,te quiero!”… y yo me derrito, obviamente. Si tengo que defender la importancia de algo que sea la de no cambiar el carácter de ninguno de mis polluelos, cada espíritu es un tesoro, nos hace seres únicos y sobretodo ¡nos pertenece!.

El tiempo que llevo aquí me he impregnado de esa idea, esa “no didáctica” que como un choque me sorprendió tanto al principio…porque en definitiva,  nuestra labor ha de ser abierta y cercana. Tener la capacidad de hacerlos fluir positivamente, con técnicas que les sirvan de cara a la vida y que los acompañen en el reto que supone crecer.

De algún modo, siempre lo estamos haciendo. Hasta yo me voy de aquí  diferente a como llegué. Mientras me escucho, observo aquellas cosas que yo misma inventé y funcionan. Como esa cancioncilla que repetimos a diario de que las palabritas feas me entran por un oído y me salen por el otro o las palabritas bonitas me entran por un oído y me llegan al corazón. Quedémonos con esa parte amable dentro (aprendamos a cuidarnos) y desterremos los insultos y desprecios al lugar al que pertenecen….el aire.

¿Lograré despedirme mañana sin echar una lagrimita? ainsssssssssss!!!

***+

La tarde llega en busca de las dos. Y con el reloj, el hambre. Hoy hay noticias buenas, no hay claustro esta tarde, así que almuerzo fuera para celebrarlo, en un lugar de confianza. El dueño nada más llegar ya sabe lo que voy a tomar, las palabras mágicas que me harán felicísima: “¿una cervecita, verdad?”……….síiiii, por favor, ¡ya tu sabes…! -contesto riendo. Los primeros sorbos son la medicina que me catapulta a la gloria.

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Enfoco lo que resta de tarde sin descanso.  Quiero dar una vuelta por el centro comercial y hacer un par de compras para estas fiestas. Me encanta la tienda de Guess. Decido entrar en busca de un vestido que he fichado en la web y que me ha encandilado. En directo es aún más impresionante. Voy darme el caprichito, ¡porque no!?… haré como que me lo ha traído Papa Noel…¡que requetebuena he sido, oye! jajaja.

En la caja de H&M, mientras espero a la cola para pagar unos conjuntitos para mellis, escucho a una mujer quejarse de las faldas. “Es que todas son minúsculas, ¿me podeis buscar alguna a media pierna?”- dice enfadada al dependiente. No puedo evitar fijarme… es joven, delgada, con estilo algo desaliñado. Va con su hijo y no para de alzar la voz “está visto que la tendencia es enseñar el culo y yo por ahí no paso”. La gente exigente y ególatra me parece cargante y cargada, de malos  modos sobretodo porque hay muchas formas educadas de decir las cosas sin fastidiar…. Además, si no te gusta lo que ves, vete a otra tienda que las hay a montones…no te van a traer a ti en exclusiva un algo que no trabajan.

Con mi cena llego a la noche. Samantha habla en la tele sobre la felicidad. “yo creo que la felicidad es burbujeante” – aclara una chica. Me gusta el adjetivo,  esa idea de emoción efímera que hay que atrapar al vuelo, me fascina porque la veo acorde. En cambio esa felicidad dulzona y obligada porque sí o porque toca, no me convence para nada. Existen momentos únicos pero siempre, no se puede ser feliz…¡no es natural!. Lo que si creo que ayuda es vivir valorándose uno mismo, con sus virtudes y defectos…asi como las personas o cosas que uno tiene, los espacios que nos hacen ser nosotros mismos… no olvidar nada de eso y darle el sentido que merece, porque un día te puede faltar y es entonces cuando te das cuenta de su valía.

 

Y con esta idea voy acabando una jornada llena de pequeñeces. Tonterías que me  hacen sentir viva y que reflejan mis últimas reflexiones en estas tierras.

Ahora que lo pienso, quizás la felicidad sea un monólogo que cada persona ha de cambiar y revisar en las distintas etapas de su vida. ¡Y que no se quede sin materializar! Tener siempre la libertad de unir con todas sus consecuencias lo que nuestra intuición nos está diciendo.

 

 

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Días de aquí para allá. Sin más compañía que la de una maleta cargada con unas cuantas cosas. Es igual,  pesan más los recuerdos aunque intangibles.

Voy cerrando puertas, despidiendo hoteles, descubriendo a qué sabe esta soledad desacostumbrada. Me deslizo cada mañana por una autopista cargada de vidas y atascos. El  mar a un lado y no hay tiempo para soñarlo. Es la sensación cuando me incorporo a la “arteria” . El trasiego, el tráfico, el lujo, la gente trabajadora que mantiene todo este emporio  a raya . Es diciembre y el sol esta amodorrado, hay días que ni asoma. Los turistas siguen llegando en pantalones cortos y chanclas sin percibir el sentido de lo gélido . Hace una semana los escuché reir abajo, en el restaurante. Yo leía en la cama… Es curioso como eso de la risa- aún difusa e incoherente- arropa tanto. 

Y los niños, mis alumnos,…¡claro! ellos son tambien mi sino. Sus disparates y desacuerdos, sus intuiciones y respuestas, la elocuencia e ingenuidad …, esta nueva metodología en la que me adentro para evidenciar mi desconocimiento y avances, el educar sin educar que defiende  la libertad y la experimentación por encima de cualquier area linguistica o matemática.

Yo creo que todo cuenta, sin descuidar el lenguaje, las normas o el esfuerzo que vienen siendo tan importantes en la sociedad en la que vivimos. A veces pienso que me voy llevando un chachito de ideas de cada lugar, un me gusta y no me gusta. Luego,  si todo va como espero, algún día podré soñar con enseñar a mi modo; que seguro será resultado de todas estas itinerancias y experiencias. A decir verdad, me considero catacaldos sin llegar a ser extremista jajajaja. Puedo observar como los niños se entienden en el caos del espacio y los materiales, la importancia de dejarlos hacer e inventar y como el juego no guíado los enseña a ser resolutivos y autonomos.

Se que no siempre me escucho lo suficiente en los vacíos de tarde que encuentro. Tal vez sea mejor así. Trato de rellenarlos con actividades placenteras como pasear, correr, bañarme, investigar algún lugar nuevo en el que comer o perderme, cocinar sin prisa…

De ellos y de tí me acuerdo tanto que mejor ni me acuerdo. Estoy pensando que tal vez no tenga que pensar en nada.

 

 

No todo va a ser abrir el armario

Esta mañana andaba la menda a marchas dobles ordenando ropa y cambiando armario a otoño- invierno, cuando ha tenido una idea de lo más estratégica. Conste que no me ha animado este frío remolón que estará metido sepadiosdonde, sino la necesidad de cara al finde, ya que viajo a la sierra y me es fundamental  no pasar frío que me conozco.

La idea…

¿Sabéis lo interesante y esclarecedor que puede  llegar a ser organizar tu ropa por colores?. ¿Lo habéis probado? ¿a que no?…vale, ya se que estas tonterías a estas alturas de la vida solo se le ocurren a una mocica como yo , pero total, que me ha parecido gracioso y yo soy muy probona.

He descubierto cual es la prenda que más repito, que tachan, tachan…es de lo más simplona…¡las camisas blancas! Se ve que: una de dos, o  me sacan de más de un apurillo mezclador o tengo un complejo frustrado de secretaria. Pero el caso es que voy a ellas como una gilipo y luego se me acumulan…ajajaj.

Un poco por detrás en “legustanalola” están  los fanáticos y maquiavélicos tonos blancos y negros. ¡Horror!…Tengo una tremenda colección de camisetas y vestidos en esos dos tonos tan discordantes. Luego…., ya me apunto no volver a cometer la delicia de incurrir en parecerme a un bufón de esos que ya mismo van a salir por halloween. (Esta vez no seré yo).

El color menos famosete en mi armario es el ácido naranja…¡con lo que me gusta el zumo!. Cero prendas, ni una misera camiseta, pantalón, vestido etc, etc. ¿como osas, mujer?…¡pobrecillo él!. Conste que no tengo ningún expediente abierto en su contra y a partir de ahora pienso tomar cartas para que no lo despidan de mi vida.

Un poco por detrás en nolegustanalola se sitúa el  otoñal marrón…reconozco que a este si lo había catalogado yo como algo sosón y mira que hago esfuerzos pero acaba pareciéndome discreto y clásico y ni las hojas de los árboles ni el viento me lo traen a la percha.

Algo con lo que tampoco contaba era la poca fama que tiene el azul clarito en mi armario (solo una camiseta y una camisa), ¡con lo que me gusta mirar un cielo y no se porque no está ahí!.

Entre los colores ganan los verdes y rojos. Abundan por detrás amarillos, violetas, azules…siempre  tonos muy intensos. Yo soy intensa, lo se.

Algo de gris hay aunque menos…para mis días chunguis o quien sabe…a decir verdad es un color con el que me veo serena y natural.

Me consideraba  poco amiga del pastel hasta que he descubierto lo que no imaginaba: el rosa tiene protagonismo y medio en mi armario ¡¡auchhhh!!,  ¿como es eso?…pues pensando he llegado a la conclusión de que  tengo metido en la cabeza que es un color que me favorece por morena y tal.

El negro no es muy famoso en mi placard, pero ha ido cobrando relevancia en los últimos tiempos ¿estaré más fúnebre o será una vuelta al básico?

Sabéis?, una se sorprende con estos estudios de armario, en los que un algo te conoces y otro poco te ayuda a organizarte y tomar nota para rentabilizar de cara al invierno…

Os propongo que lo hagáis si tenéis tiempo y ganas, hoy estoy recomendadora…ajaja.

Una cosa,  poned a Javier Krahe en el Spoty, que ha salido por casualidad mientras estaba enfrascada en la tarea e iba a crujir de risa con su  repetitivo ¡no todo va a ser follar!….por si os perdéis, habla con mucho humor y sarcasmo de nuestros amigos políticos, digo los, digo…¡esos que están ahora en la onda!

En fin, ¡que disfrutéis del finde!…luego me contáis del armario….jajjajja…(si queréis, claro).

 

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¿Creen ustedes que el vino, la feria y un resfriado guapo casan?

 

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Otra duda existencial …

¿porque hay que decir tantas veces “recoge” y tan pocas “vamos a la feria”?

 

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Hagámonos los longuis…la vida non é perfect.

(uy, que popurri he liao….jjejejejej, a ver si Quique lo aclara)

 

 

 

Solsticio. Verano. Años. Universo.

 

 

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Es raro el año en que llega el verano  y me mantengo ajena a los pensamientos que estas fechas van escribiendo en mi cabeza. Observo que es un tú a tú placentero en el que la estación y yo vamos conversando. Y aunque lo pareciera  nunca es igual lo que me cuenta.

Salgo a tumbarme bajo la cúpula de la noche o navego lo que solo son unos pocos metros cuadrados de agua, y no, no es para contar estrellas o pedir deseos, sino procurando buscar algo de fresco y sosiego a estos días que están siendo más hijos de Julio que de Junio.

Observar un techo así inmenso sobre tí mismo, es un ejercicio de liberación y tiempo. De repente él te saluda y lo tienes  abierto de par en par como un balcón, escuchando de sus latidos y, a pesar de esa facilidad engañosa que es mirar, cuesta dejarlo ser en su máxima u ofrecerle de buenas a primeras, las riendas para que te sacuda.

Imagino que pueda ser un resquicio de orgullo humano,  la creencia de que mientras el día te hace sentir la heroína dueña y señora de tus horas, la noche viene y te despoja de las certezas, mostrándote a placer la perspectiva opuesta de la hormiga. Que  no somos nada más que un minúsculo punto de luz a comparación de ese universo que unos ojos  ni siquiera pueden  acaparar.

Bajo mi cuerpo, tendido en horizontal,  al otro lado de la esfera, se sienta la luna. La presiento en la cara opuesta de  este globo con su luz genuina y amarillenta, esperando ser descubierta. Ahora allí: lejana y usurpadora, más tarde aquí tangible y  amable,como una madre.

Reflexiono sobre todo cuanto en la vida se riega de esa doble paradoja,  de esas dos mitades equidistantes que poseen las verdades que más me enseñaron: el dolor- la alegría, los sueños- las desilusiones, los amores- los desamores, la paz- la inquietud, la salud- la enfermedad… . Hasta la palabra verano me parece que representa una fracción contraria , un punto en el centro del calendario trazado para avisarme de la linea divisoria, de que siempre se ha de cortar la naranja  para degustar las dos mitades  del jugo.

En estas fechas me pongo tontorrona, ¡lo se!… me adhiero a la vieja calma de la noche y veo cuanto soy de espejo de mis batallas y cuanto de universo que ha sido tocado por el azar. Observo como los días han traído el aire cálido del solsticio, las olas que a borbotones nos levanta la alegría,  las toallas que acaparan la hierba seca,  el alcohol a deshoras, la mesa entregada al placer y desorden, la música de un piano que atesora los besos de los amantes.

¿Y no es esto  que ahora pienso otra cosa que una pequeña gota de mi universo? . Un cosmos inquieto y travieso que imagino siempre en constante expansión. Como la reunión de lunares de mi cuerpo sobre los que voy acariciando rincones de mi historia. Con ella acerco mis dedos a una cifra, a unos años ,  a un quizás -y con suerte- solo la mitad de una vida.

Esta estación recién estrenada es como la tarta dulce que me trae a mí misma por entera en la noche más corta. Con mis  deleites  y amarguras,  con las cerezas y sus huesos,  con las velas y la oscuridad,….en definitiva, con todo ese haz de luces y sombras que siempre he sido yo.

¡¡Ay, el verano!! ¿Como no amarlo?. Siempre tan contradictorio y poético como  yo le dejo ser. Me divide haciéndome gajos y soplándome penas,  mostrándome cuantas soy, he sido y seré a través del tiempo.

…Aunque esta ultima parte me sigue pareciendo una incógnita cegadora y  prefiero que así sea,  un viaje enigmático hacia un universo tan singular como apasionante.

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Talón de Aquiles

Decía un libro que leí hace mucho que el ASMA era esa variable que oscilaba entre una pluma de ave acariciando tu laringe y una pajita estrechando tus conductos. Y que razón llevaba aquella escritora. Los que a veces nos quedamos sin aire, tenemos la morfología interior de otra forma. Faltos de estudiarnos y al servicio de quien sabe que misterios de ahí fuera que  en menos de un segundo, nos reducen a no más de lo que somos, H2o.

Un vientecillo extraño, el polvo de cualquier rincón,  una bebida helada o en el caso más disparatado una chispa de alcohol en un momento mal escogido… ¿Quien entiende ese mecanismo silencioso que desencadena el ahogo ? ¿Quien sabe que hizo un día ya lejano apuntarse al cuerpo a ese cronicismo sin explicación?

Todo debería tener una base científica. Y por consiguiente, debería haber adivinado que un punto flaco del todo predecible para una crisis asmática, es el resfriado común. Así lo dicen los medicos, pero predecir tampoco es curar. ¡hijos mios de bata blanca! ¿me decís como vamos a vencer a este nuestro talón de Aquiles!. ¿como vamos a hacer para evitar que baje saleroso el brío que se instala en los bronquios haciendo de ellos territorio de nadie?

Pero yo sigo luchadora, además de ilusa. Pensé que habría perdido de vista a este fiel compañero, adherido a mí desde hace décadas, que el parir (así en plan animal)  habría cambiado morfologicamente mis estructuras ¡pero que bestia soy!. En realidad tenía su base teórica, a la que yo apostillé mis ilusiones y algo sobre el asunto que leí por los interneses. Pues no, nada más lejos de la realidad. Misterios. Ya lo dije.

Y aquí me veo con la bombona de oxigeno como un vieja, sabiendo que lo que sale por esta mascarilla es aire bendito, oro en gas para extraterrestras como yo. No tiene gracia, en realidad,  pero tendré que tomármelo a chiste, a sabor de capítulos humanos, porque el y yo nos vamos a encontrar más veces. ¡Eso sí!,  que no me llame compañera, si acaso, inquilina . Y mientras nos entendemos, respirandonos cara a cara  un rato, trato de reirme hacia dentro porque hacia fuera no me sale… el pecho nos va cediendo trinchera,  ya no siento esa opresión como si me  hubieran atado una goma… Con el paso de las horas saltaré y brincaré con mis tropecientas  medicinas que despues, cuando me vaya confiando, iré saltando una por una. ¡Que yo no quiero vivir con esas drogas circulandome los 365 días del año!….que todavía sigo confiando en otras formas más naturales de cuidarme sin precisar de esos compuestos que me dejan “choped” jajajaja.

Hasta otra airecillo de malas pulgas. No lo digo por tí, sino por mí, que ahora parezco aquel muñequito de pulgoso cuando río. Gracias por esos días sin curro.

 

 

 

 

Marzo

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Este ha sido un mes de reaprender. O tal vez recordar. De huir de las viejas costumbres y acercar los tiempos, trastocándolos. De sorprender al cuerpo y a la mente doblemente, tal  como apuntó ya algún griego,… de sumar en ese imparable exigir a través de la literatura y el descanso. Han sido liturgias nuevas, renovadoras, intensas…ejercicios de curiosidad y metas, de zapatillas, sudor y finales. De letras entre descansos, de esfuerzos y espasmos, de respiraciones que te dejan sin aliento…

Ahora me pregunto ¿en donde lo dejé la ultima vez que escribí algo por aquí?¿Que historia tenía pendiente?. En este marzo que me arrastró con sus brotes de cambio, cuatro libros han tenido la osadía de escribir sobre mi piel, como ramas de un árbol que consigue abrazarme, desnudando desde la lejanía mi reconocible sensibilidad ¿será que los que escribimos lo seguimos haciendo aún leyendo? ¿será que lo fascinante de sumergirse entre las letras es esa apropiación indebida que tomamos prestada de cada libro?.

Me gustaría olerlos, abanicarme con ese juego rápido de dedos y páginas. ¡Hace tanto que no leo sobre papel!. Es una melancolía que ahora me apremia. ¿A que olerán los archivos minúsculos de esos libros bellos que llegaron justo a la puerta del alma? Esos que no ocupan espacio y sí memoria. Claro que es una memoria borrable, formateable. No como la humana. En mi quedaron las huellas de todos esos párrafos seleccionados por algún tipo de conexión. Quizás ese sea el perfume que desprendan. Y todavía por algún tipo de causa, aromaticen mi ser. Los hago míos, como una propiedad y luego los escondo. Menuda estupidez, digo yo. Quizás sea el secreto sea el precio a pagar por sentirlos tan de cerca.

Y sigo tomando aire, y luego a trote devastador durante otros 30 segundos más. ¿Cuando fue la última vez que el deporte estaba presente a diario en mis días?. Como una droga lo debo sentir que el cansancio ya no me hastía ni me frena. Vienen a mi flashes de aquel profesor de gimnasia para quien solo existía el balonmano, de las series de a dos y de aquel silbato chirriando con eco en el pabellón… también autobuses y ciudades y ese equipo que nos hizo recorrer media provincia sin que las derrotas nos hicieran abandonar. ¡Y como me gustaba ser base! para inventar con el balón, chupar y crear jugadas que nacieran de mi imaginación.

Y mientras corro, todo eso acude a mí, como un tropel de sueños despojados a través del curso de esta carrera. La vida. Todas esas centellas de microsegundos en reproducciones. Miro el reloj de esta cinta andadora que parece no llegar a ninguna parte. Al otro lado de la ventana,  contemplo los pinos y un trozo de cielo con escenario rojizo. Un gato blanco se afila las uñas sobre la madera. Yo y mis piernas sobrepasamos ya el minuto 15 y una extraña fortaleza acude a mi cuerpo, ya no siento la erosión de los primeros minutos, ahora creo que soy capaz de llegar a la luna y hago mía la frase “be strong“.  Me voy conduciendo a través de la costumbre y el aplomo, probando mis propias limitaciones y haciendo de las metas, el testimonio más real de mi cuerpo. Mañana tendré agujetas. Probablemente. Aunque cada día acuden menos y es más reveladora esa palpable sensación de felicidad que  va dejando el ejercicio. Me preocupo más, me cuido más…y eso también me hace sentir diferente. Más fuerte y enérgica, trazo zancadas sobre la tierra que transito. Agarro fuerte los contrapuntos de la existencia, esos lastres que poco a poco van moldeándome. No añoro un cuerpo escultural como esos chicos que prueban a romper el espejo con sus músculos. O eso imagino yo contemplándolos. Son como dioses griegos de una juventud lejana a la mía. Yo ansío otra cosa más sencilla. Llegar a casa, abrazar a los míos. Querer esa mujer diligente que nace  cada jornada en mí. Y luego, si acaso, dejar tiempo para las marionetas con los enanos, darle forma a sus cuentos. Colorear esos primeros atisbos de lenguaje.

Así se mueve marzo. Me suena desconocido y al mismo tiempo tremendamente familiar. Como un silbido de viento afanoso, que no va sino meciendo los pólenes y volando las ultimas hojas. Nieva y otro día hace un sol tremendo. Se descolocan los tiempos para después colocarse.  Así lo siento, genuino y alterado. Hago un descanso en la lectura, noto un calor familiar colandose a través de la ventana. Huele a trocitos de verano, mientras me sumerjo en el afanoso arte de vivir sin esperas ni exigencias…tan solo degustando la piel que endurece, el corazón que late y suda memoria, el pez que atina con la salida de alguna pecera imaginaria.

 

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Había una frase con la que solía reírme

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Hay que ver como son los fines de semana de trabajo en el campo. Por un lado pienso que deberían estar prohibidos ¡menuda broma eso de no dar tregua al cuerpo!…por otro, resultan tan enriquecedores en todos los sentidos, que bien podrían ser la próxima terapia de moda para paliar el estrés al que esta vida moderna nos somete.

Y vosotros diréis…¡esta está loca! y nada más cerca de la realidad, pero por un momento, escuchad la frase que decía mi abuelo y que luego mi padre muy hábilmente copió en su beneficio, para convencerme de que ir a la aceituna molaba.

“Niña, el campo es salud”-aseguraba consciente, que no estaba borracho ni nada de eso. Hay que poner especial énfasis en ese “niña”, pues sonaba totalmente  cercano y detenido. Con ese no llamarme por mi nombre se cercioraba que lo escuchase y luego, una vez lo miraba a los ojos, soltaba tremenda aberración.

Tonterías! más a gusto se está en el sofá, pensaba yo. Aunque todavía desconocía que el campo y la vida terminarían por apañárselas jugando en mi contra, otorgando credenciales a esa sabiduría tan rural que defendía mi abuelo.

Y todo esto para deciros lo mucho que me están llenando estos últimos fines de semana de la recogida, rodeada de gente  risueña y trabajadora que es capaz de acelerar las horas y difuminar el esfuerzo con los pulsos de la conversación. ¿Porque que hay mejor que trabajar a gusto sin cuatro paredes de por medio o mandones que lo ahoguen a uno?.

La naturaleza en ese sentido se las apaña para devolvernos a nuestra esencia más remota, a lo que somos en el fondo, no más que gente con diferentes pensamientos, con historias de vida que se encuentran, con principios y errores que trabajan como se solía antaño, de sol a sol y sin luces artificiales o tecnologías opresivas de por medio.

Sobre el terreno, pies y manos se van aclimatando, los sentidos se abren  y también los placeres más primitivos, como el comer. Y os aseguro que la comida no está lo mismo con las manos llenas de tierra o con el culete en el suelo. Que uno aprende a elegir el terreno donde se sienta. Que no importa si te manchas porque ya estás enfangado hasta las cejas. ¡Que no! que todavía no he ido a ningún restaurante michelín donde el tomate sepa a gloria y el chocolate a cosquillas.

Pero claro, no os voy a engañar, también  hay lujos allende las remotas montañas donde a cuatro locos de nuestros antepasados se les ocurrió plantar olivos. Lujos como detenerse un ratito a encender una buena hoguera con los cuatro palos olvidados entre las camadas. Lujos como contemplar como se abren y tuestan unos chorizos caseros que ha traído esa mujer que tiene el detalle de cuidarnos a todos. Y que encima no, no es nuestra madre y eso la hace aún más especial.

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La ostentación no se sirve en platos de cristal ni se come con cubiertos de plata, la  verdadera riqueza está más cerca de la humildad de lo que imaginamos y no corresponde con lo que suelen hacernos creer desde tantos focos.

Con la tarde a cuestas y los chorizos rebelándose, mientras se dibujan las sombras de esos arboles que ya se van quedando otro año más vacíos, también nosotros aminoramos la marcha y el ritmo, a la par que este sol de Enero azacanado, tímido como siempre… que nos hace coger aliento y gastar las últimas bromas sobre el sabado y  los bailes bajo la manta que alguien se atrevió a contar.

Sin duda, mi abuelo estaba en lo cierto y no me sabe mal reconocer cuanto desconocía del asunto y lo que los años nos hacen mudar la perspectiva.

Es esta una esfera sin remilgos ni acato en donde uno se va dejando caer y olvida sus vértices. Quizás la energía, el esfuerzo y el aire puro sean lo único que necesitemos para continuar, sembrar la vida, atesorar lo que con tanto ahínco nos dejaron nuestros ancestros. Que no fue solo la tierra y su valor económico ¡no señor! sino la majestuosa posibilidad de verla crecer con los mimos y de dejar que ella, siempre sabia, también nos enseñe.

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