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SOPLOS DE NIÑA A MUJER.

escanear0001De la niña que un día fue sólo quedan tímidos reflejos. Unos números que rememorar cada año con tartas compradas de última hora. Y velas… y soplos… y deseos repetidos y compartidos que nunca se cumplen….y momentos que se van y otros que vienen…para seguir girando y viviendo, girando y viviendo…

Pasa el tiempo y   aquella niña que lloraba porque le costaba comer… hoy llora porque sigue sin saber como digerir algunos bocados que se perciben amargos a su paladar. Pareciera que aún hay sabores que desconoce y… !!!NOOO!!, es que  le cuesta arriesgarse a volver a probarlos.  Porque sabe del regusto que dejan y se niega en rotundo.

Su primer recuerdo fue la risa. Un sillón, 3 añitos y su programa infantil preferido. Reía y reía viendo esos monigotes con narices postizas. Ahora solo ríe a ratos, otras veces se olvida de reir y luego, vuelve a acordarse de lo bien que le sienta hacerlo. Como en una montaña rusa va subiendo y bajando, subiendo y bajando…..en ese eterno vaivén en el que  se mueve  ahora. Es vértigo y emoción, tristura y cordura. Una difícil mezcla no siempre entendida.

Su entretenimiento favorito de pequeña era jugar a “las farmaceúticas”. Una gracia!! porque apilaba cajas de medicinas vacías, jeringas sin usar y recetas en blanco para que todo fuera auténticamente real. Hoy le cuesta pisar farmacias buscando esos medicamentos que tanto detesta pero que de alguna forma mantienen a flote  una esperanza,  una certeza,  un sueño…

Siempre mantuvo su particular rifi-rafe con  los cumpleaños. Tuvo la suerte de nacer en un día festivo en su ciudad y sus amiguitos eran muchas las veces que la dejaban colgada para irse a las atracciones de feria. Apenas le daba tiempo a soplar las velas y cortar la tarta, ya habían desaparecido todos!!… El patrón se repetía año tras año, hasta que ella aprendió que al final cada uno va a lo que más le interesa.

Pero  había algo bueno que siempre asoció a ese día señalado: su vestido. Le encantaba dar vueltas y hacer girar los volantes hasta marearse. Sacar las pulseras y abalorios y colocárselos con total autorización de su madre. O pedir a grito limpio que le echaran más maquillaje o pintalabios…

Los vestidos fueron rotando, las formas, también  los colores y hasta los cumpleaños se hicieron distintos. Empezó a celebrarlo con amigos y a su gusto. Eran días de juventud inexorable. Salían, bebían, reían, la felicitaban todos a las 12 …nadie se olvidaba, nadie huía porque todo era fiesta, secretos, complicidades, ligues, música…

Un año, como de repente, su cumple se transformó… y volvió a sentirse pequeña, como antaño. Se descubrió sola, nadie con quien quedar o más bien con quien querer quedar. Sus amigos habían creado familia, los planes habían cambiado  y ahora se llamaban para ir a subir a sus hijos al tiovivo o al tren de la bruja o a comprarles un algodón dulce….

Una noche la llamaron para ir  y ella se negó en rotundo buscando una excusa fácil. No le apetecía ver las sonrisas tiernas de esos hijos que ella siempre deseó y no tuvo. Le dolía, sí, le dolía el alma ver eso. No era envidia insana, era  frustración, era que no le apetecía y punto. Aquella noche salió más tarde con su pareja, sin nada que pedirle a la noche, solo lo que diera de sí. Se sentaron en un banco y descubrieron como todo el mundo tenía un grupo, un plan, una quedada…. pero no les importó. Se compraron una patata asada y pronto llegaron conocidos a acompañarlos. Al cabo de 2 horas el banco se llenó de gente que se les unió y aquello les hizo pensar que no estaban tan solos y que la gente buscaba su compañía. Los mismos amigos que habían llevado a sus hijos a las atracciones, a los que ella no había acompañado, llegaron  más tarde tambien. Estaban serios, ¿de morros?, ¿se habían enfadado por eso?¿les molestó que no fueran con ellos a los tiovivos?… El ambiente se volvió rancio y parco en palabras.Ninguno de ellos/as la felicitó esa noche. Alguno ni se despidió.

Al día siguiente tampoco hubo llamadas. Se sintió muy (mal) entendida….y lloró mucho aquel día…más que ningún día del año. A las 5 de la tarde su familia llegó con una tarta, la abrazaron y le cantaron esa famosa melodía que aún con el paso del tiempo a todos nos gusta oir. Volvió a llorar  sin saber como manejar tantos sentimientos encontrados.

De aquello no se volvió a hablar en el grupo. Se enterró como se entierran tantas incomprensiones, tantas vanidades, tantos orgullos. Nadie volvió a rescatar el tema, nadie pudo entrever su penoso día de cumpleaños, pero ella jamás comprendió qué había hecho mal aquel día. Despues se hicieron los minutos, los días, los meses…y un día ella habló. Se hicieron los perdones, el entendimiento,el olvidar…..aunque no se sabe hasta que punto se llegan a cerrar algunas heridas y solo el tiempo sabe de eso.

Ahora hace un año del suceso y  sabe, a ciencia cierta, que este año será mejor. Ya le da igual que no la vean, sentirse diferente o  que no la intuyan…ella seguirá mirando hacia delante e intentando disfrutar con quien desea estar a su lado a pesar de todo. Se siente superada, que no rendida, con una fina costra capaz de amortiguar los golpes.  Debajo todo sigue igual, se derrite como el hielo, se vuelve agua, piel, corazón cuando ve la vida correr ante sus ojos y ella no sabe como perseguirla.

DSC_0651Aún hoy hay cosas que perduran,  soplos de aquella niña  que continúan en la mujer actual. Como velas cuya llama tintinea por el viento. Quedan encendidas las letras, su nombre, su espacio y esa nube de cosas por hacer o crear. Quedan encendidos sus deseos y sus sueños…Y si algo no le ha faltado jamás ha sido  salud, cariños y afectos. El reloj pasa, pero ella hoy volverá a soplar los números que la definen, cerrará los ojos y pedirá lo más importante:

sentirse feliz y viva!

 

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19 años no se tienen toda la vida.

3 DE MAYO DE 1994     –  10:00 h la mañana.

Cuando desperté mamá no estaba en casa . Mi padre me zarandeó con una sonrisa prometedora en los labios  y susurró:

Mamá está en el hospital. Se ha puesto de parto. Pronto podrás ver a tu nueva hermanita”

Yo me puse tan nerviosa que creo que sólo pude digerir un pequeño vaso de leche y no una taza, como es costumbre. Las galletas y las magdalenas  tan codiciadas por mí a cualquier hora, se quedaron en la bolsa, esperando ser devoradas.

Días antes, mi madre -en su línea previsora- se había encargado de hacer un bolso muy cuco con todas las cosas necesarias en el hospital para el nuevo miembro: colonia, patucos, una ropita bordada preciosa….todo aquello fundamental para vestir a la criatura .

Aquella noche se había tenido que ir más que corriendo y – cosas del directo- se dejó la bolsa en casa.

Mi padre y yo ni siquiera nos percatamos de aquel significativo detalle y haciendo uso del despiste que a ambos nos caracteriza, nos la volvimos a olvidar .

Cuando llegamos al hospital, allí estaba ella, entre los brazos de mi madre. Era tan pequeña que me encandiló desde el primer momento. Yo tenía 12 años y recuerdo que pensé que sería como su segunda madre, mucho más permisiva y enrollada que la primera, pero a la vez igual de comprometida con su evolución.

Hablamos sobre el nombre de la pequeña, porque esos dos locos le querían poner Rosario y yo intercedí  por el bien de la criatura, convenciéndolos con mis argumentos que ya por entonces resultaron convincentes. Sabía que algún día me lo agradecería porque su nombre es tan bonito que ojalá fuese  mío. Yo lo elegí para ella.

Después vino la pregunta clave: ¿Donde está el bolso? – refutó mi madre desdeñosa. Mi padre y yo nos miramos a la cara, como en las comedias de humor sabiendo ambos la sobrecogedora respuesta…

Mi madre se echó las manos a la cabeza y dijo lastimosa: ¿como vamos a vestir a la nena?….¿me lo explicáis?.

Pero la vestimos, vaya si lo hicimos, haciendo acopio de ingenio, toallas y el body que te dan en el hospital…..envolvimos a ese bebe tan indefenso y nos lo llevamos para casa.

Todo el camino de regreso nos cayó la de San Quintín,….que si no os habéis dado cuenta, que donde tenéis la cabeza, que de que lleguemos y nos vean salir del coche las vecinas querrán verla….y ¿¿que haremos?? ¿¿enseñársela envuelta en paños menores?….ay!! Ella vino al mundo entre regañinas.

Por suerte aquello se resolvió y después llegaron muchas otras anécdotas a su lado.

Como cuando no le crecía el pelo. Tenía una especie de pelusa tiesa de color avellana que  a mí me preocupaba bastante. Yo le decía a mi madre:

Esta nena….¿que le pasa en el pelo? no le crece!!!.

Probamos de todo: inyecciones, tratamientos… hasta que dimos con un champú que fue mágico. Conforme pasaban los días su pelo se volvió suave y copioso…cobró una fuerza de la que no se desprendió nunca más. De hecho hoy su pelo es ella, su característica más envidiable, tan perfecto que nadie adivinaría que sus orígenes fueron difíciles.

Otra anecdota de su evolución fue el lenguaje.

Tenía 18 meses y no hablaba…..!Otra preocupación más para mí!…yo entonces aún no sabía que los niños atraviesan estadios madurativos y que estos no son universales, ni únicos, sino que cada niño lo atraviesa a su ritmo, a su modo.De nuevo llegaban las preguntas hasta mi madre: ¿porqué no habla?– pero ella no se preocupa lo más mínimo, supongo que ya era un poco sabia en la materia.

Con los días fue soltándose en su ahora particular lenguaje y hoy no se calla ni debajo del agua, ni en el wassaps, ni durmiendo siquiera… Aquello me enseñó -ya de muy joven- que hay que dar tiempo al tiempo y que las cosas requieren un proceso que no siempre es el mismo para todos.

Siempre era el conejillo de indias, por eso de ser la más chica….Recuerdo jugar a echarle fotos mientras se comía un helado de chocolate, con toda la boca llena….mi hermano y yo nos reíamos a pierna suelta de los resultados tan ingeniosos de la cámara y ella – desconociendo que sería inmortalizada para el resto de sus días- también.

Con la misma claridad recuerdo cuando tuve novio y me recogía en casa….ella siempre se apuntaba a un bombardeo, tan pequeñita y no había día que no quisiera unirse a nuestras salidas. Se quedaba llorando en la puerta como alma en pena,….se que sufrió mucho a su modo viéndonos ir…le he pedido perdón muchas veces, pero yo- por aquel entonces- necesitaba tener mi intimidad y mis escapadas a solas con él. Estábamos en dos etapas tan distintas…

Los años fueron pasando y mientras yo estudiaba mis exámenes finales en la universidad, ella veía mil y una veces  esos films “El Rey León” o “Anastasia”… creo que llegó a rayar las cintas….creo que llegué a odiar las películas disney gracias a ella.

Luego cuando tuvo edad aprendió a maquillarse. Había hecho un cursillo intensivo observándome embobada cómo lo hacía yo año tras año, acosándome con sus preguntas estéticas: ¿porque te echas eso? , ¿para que sirve?,…

Es y siempre ha sido la persona más cariñosa que he conocido, te regala un beso a cambio de nada, como por arte de magia tiene una forma maravillosa de tomarse la vida que me gustaría tomar prestada en ocasiones. A veces la veo y reconozco una parte de mí, quizás de mis enseñanzas como hermana-mayor-madre….pero otras veces me parece única y diferente.

Ahora estamos a 400 km de distancia y la echo mucho de menos…Para mí el wassap y todas las tecnologías del mundo mundial no pueden acercármela.

Añoro esas tardecillas de ropa en la capital. Ella me mantiene siempre joven con sus recomendaciones o quizás yo me resisto a envejecer y la tomo prestada a posta. Añoro las caminatas que nos marcamos, los paseos con la perra o en bici, su chifle atronándome la oreja, su forma desatinada de expresarse a veces, cuando me pide consejo y yo ya estoy de vuelta de todo….

Ella es parte de mí, yo parte de ella.

Un besote, hermana.

FELICIDADES EN LA DISTANCIA.

P.D. Este año no pude hacerte el scrapbook , pero elegí guardarte un rinconcito en mi blog como regalo. Espero que te guste, fea.