Archivos Mensuales: enero 2018

Cuando la distancia se achica…

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  • ¿Que es lo más bonito que te ha pasado hoy?

 

  • Mi hijos que me han soltado algunas gracias.

 

  • Cuenta, cuenta…

 

  • Estaban los dos con su tía y ella iba mandándome vídeos para que yo  pudiera verlos y saber que hacían: pintar, merendar…. Se me ha ocurrido soltarle a V. un disparate (por audio wassap) que si podía darme un yogur de la nevera. (Tengo que aclarar que tiene el vicio de coger su sillita, ponerla delante del frigo y servirse a su antojo, generalmente natillas de chocolate…jjajajaja).

 

  • ¿Y que te ha respondido?

 

  • Dice: mamá yo no puedo darte eso que me pides, porque no estoy metido en el móvil.

 

  • ¡Toma ya! totalmente lógico… y creemos que no saben con solo tres añitos…

 

  • Ya ves… me ha dado por reirme y no había forma de parar, así que he decidido grabarme la carcajada en audio, para que la escuchara y de paso felicitarlo por su respuesta inteligente.

 

  • ¿Y cual fue su reacción al oír las risas?

 

  • V. pasando (estaba con las natillas ) pero J. me graba otro audio y me dice… Mamá ¡tu eres una traviesa!

 

  • Jajajaja…. ¡Acertóooo! …que momentos y qué edad.

 

  • Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii, están para  requete-comérselos.

 

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Hablemos de…

– No se por qué la gente lastima a quien más ama.

– La mayoría de las veces es un asunto de atención. Faltos de ella, la exigen a cualquier precio.

– Podrían ser más respetuosos y sinceros con quien les ha dado tanto, ¿porque no manifestar abiertamente sus sentimientos?

– Porque eso los haría sentirse desnudos. Recuerda: algunas personas dedican media vida a construir fueros con los que sentirse a salvo, con los que engañarse de sus propias verdades.

– ¿ Quieres decir que para algunas personas las emociones son signos de debilidad?.

– No lo se. Solo se q las evitan, que ven en ellas peligro aunque ya sabemos que es complicado esquivarlas… entonces: algo se les da la vuelta.

– Perdona ¿a q te refieres?

– Al reverso de la piel que viene a llamarse “odio”.

– Ummm, cierto… la intensidad es delatora. En todo caso, no hay quien engañe a los pálpitos,aunque a priori puedan confundir.

– Entender es la clave. Por eso el odio se difumina cuando se le ponen palabras y explicaciones.

– Hablando de… ¿tú crees que la paz sabe a algo?

– Yo creo que sí, pero -con esas miraditas que me echas- no ando decidida a contártelo…

– Anda, ¿qué te cuesta?… Yo digo que sabe a: ¡chocolate!.

– Pues yo algo agridulce. Un ingrediente que detestes mezclado con otro que adores. Es mi forma de entender que la paz exige concesiones, pero acaba con deje extraordinario.

– ¡Bien pensado!… ¿que comida sería -según tú-?

– Macarrones con queso de cabra, mismamente jajajaja.

– ¡¡¡ Pero si el queso de cabra está de muerte!!!

– De muerte peláaaaa, digo… pero vamos que por unos macarrones yo MA-TO.

– ¿ Y por una comida de esas …en mayúsculas?

– ¡¡También!! Jajajaja.

– jajajajaja ¿sabes una cosa?

– ¿que?

– La paz también es encontrarle risa y travesura a este mundo intratable.

– En eso estamos de acuerdo, chaval.

Enfoques

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Hay días que te despiertas en una ciudad que empieza a ser familiar, con su todavía punto de desconocida. Días en los que cualquier guiño te destapa una sonrisa…la vida tal cual te los prepara a propósito. Quizás somos nosotros los que al abandonar la comodidad, nos obliguemos a andar más atentos y enfoquemos más en esas señales.

Mirando a través de la ventana solo se me ocurre una cosa:, este paisaje ya conocido con su cielo desplegando en inmenso azul, ¿como es posible que el azar me haya colocado otra vez – casi- en el mismo punto?. ¡y mira que el mundo es grande! ¡y mira que es complicado que la casualidad emerja tan seguida en el tiempo!.

Este regresar de donde ya  me marché, me hace creer en la existencia de las parodias misteriosas. Quizás deba andarme con ojo y escuchar si es que la vida está tratando de decirme algo importante con su devenir cíclico.

El caso es que creo que solo es un truco. Nada es igual auque el cuento cante parecido. No el mismo cole, no los niños, no las compañeras, no yo misma, … bueno, yo misma soy casi, pero tampoco, nisiquiera fisicamente que me echaron unas mechas horrendas estas navidades que me sientan como el culo…jajajaja… A decir verdad, ¡esto es peor que un sudoku- adefesio!

La vida la muy pelleja me ha puesto los deberes la mar de bien y se me ha escapado hasta el modo poético en que estaba planificada esta entrada.

Ya se. Quiere que con este expediente X me fije en las diferencias de ambas experiencias, que enfoque en eso y reflexione. Tal vez así comprenda mejor los mecanismos con que la mente opera en pasado y los que me sirven de resorte de cara al futuro.

A decir verdad hay vivencias que inevitablemente pasan a formar parte de recuerdos. No pueden ser otra vez aunque lo desearamos. Esa es la parte del pasado que puede dolernos. A cambio, hemos adoptado capacidades y aprendizajes que aunque no se manifiesten tan evidentemente, están ahí, las notamos en nosotros y nos hacen.

Al margen de todas estas divagaciones, empiezo a sentirme en casa. Habitaciones que he ido recorriendo poco a poco desde que por primera vez me mandaran a estas tierras. Ya casi no recuerdo un rincón del hotel que no haya sido un poco mío. Y aquí, tranquila y en silencio, soy feliz a ratitos con las pequeñas cosas que me regalo, un baño de agua o de sol, un plato de comida a mi santo antojo, una tarde en el fnac o una lectura en la playa,  ¡el mando de la tv solo para mi!….

Creo que los pensamientos se pueden enfocar, aunque no siempre acierto a saber como. Esta tarde al salir del coche me asaltaron las lagrimas. Que me falten mis hijos es un vacío que noto  grande a momentos. La certeza de saber que ellos me necesitan tanto, … como todos esos niños de su misma edad que yo atiendo con cariño a diario. Bueno quizás un poquito muchisimo más.  Todo depende de los enfoques. Y no siempre me hallo en plenas facultades para pintarme la realidad como debiera.

Acoplo los días y los amoldo para que no me falten distracciones ni ocupación. Debo recordar que esta experiencia también es una forma de reencontrarme, hacer balances, forjar sueños y seguir con más fortaleza de la que contaba en mi casita.

Todos los enfoques no son nítidos ni bellos – a priori-.

Se me ocurre pensar que seguramente guardan una belleza sutil en el modo en que resultan categóricamente humanos, sufren contrastes y son complicados de revelar.

 

 

Regalo estratosférico.

Poco a poco fueron llegando los invitados. Cada uno traía un regalo para la cumpleañera, que iban dejando encima de la mesa mientras la felicitaban. La tarta casera a los mil chocolates aguardaba en la nevera. En la cocina, unas velas con el número 23.  V. (que venía entrenado de las fiestas navideñas) se ofreció voluntario para abrir los paquetes.

¡Cualquiera le habría dicho que no a aquella ilusión ocupando una criatura!…. Además -todos coincidían- el chico a pesar de sus tres añitos tenía destreza para el asunto. Rasgaba el papel con furia y sin contemplaciones, como había de ser.

Conforme iba desenvolviendo sorpresas, cogía más y más energía y velocidad…, un encanto dominante que acaparaba las miradas de los presentes.

  • ¡Un libro!, tita. Vamos a ver el siguiente.- ¡ unas preciosas botas! ¡que bien, tita!…una bufanda, una mochila , un pijama……. había un poco de todo.

En esas estaba cuando sacó del papel aquel  bonito sujetador…….

  • Ummmmmm- frunció el ceño a lo Charles Homes- mira tita,- dijo….   ¡unas tetas preciosas para ponerte guapa!.

Fue ahí que se troncharon de la risa todos a una. Poco después, cuando el chiste ya había pasado (algunos hasta lloraron de la risa) alguien le susurró amablemente a V., que aquel artilugio tan estratosférico se llamaba “sujetador”. ¡Que más daría el palabor! cuando sabía lo que había debajo y se había fijado en lo realmente fascinante.

A la mañana siguiente, nada más despertar, V. recapitula lo vivido. Los recuerdos ya empiezan a florecer en forma de regalos, velas, tarta… Pero su madre, ¡su madre es una gran petarda! -amante de las buenas risas- y quiere ponerlo otra vez en aprieto.

  • V. ¿y te acuerdas lo que le regaló mamá a la tita?.

Ummmmmm… de nuevo ese ummmm sospechoso y cantarín…

De repente su vocecilla débil y su mirada esquiva hacen acto de presencia metiéndose sin más remedio en el charco…

¿ Un…….. flo-ta-dor?

……………………

……………….

Otra vez a reír.

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Conviene saber

 

Conviene saber que madurar también implica reconocer aquellas cosas en las que no compensa detenerse.

Conviene saber que la soledad arrastra a muchas personas a entretenerse con las vidas ajenas.

Conviene saber que a la única persona a la que has de demostrarle que eres mejor es a la persona que eras ayer. Utiliza tu inteligencia y tu autoestima en esa dirección.

Conviene saber que una mariposa nunca necesita que se le ayude  a salir de la crisálida, ¡lo logra sola!.

Conviene saber que  grandes retos de una vida exigen tiempo y reflexión, no esquemas rápidos de solución.

Conviene saber distinguir que momentos son bellos y únicos en tu linea de tiempo, cada etapa tiene una esencia  , detente y valora.

Conviene saber que las personas no  suelen querer consejos a menos que los pidan.

Conviene saber que el mejor depósito de felicidad que puedes regalarle a alguien es amarla por como es.

Conviene saber que el tiempo es algo finito, no te dejes sueños por cumplir, ni palabras o perdones que decir a quienes más quieres. Cultiva la grandeza de ser transparente contigo mismo.

Conviene saber que hay cosas que en realidad no nos conviene saber,  ¿que sabemos del otro más que lo que creemos o queremos saber?.

Conviene saber que la realidad del vecino/a no es la mía y por consiguiente, cultivar la benevolencia o la ignorancia ante la crítica siempre han sido los mejores caminos hacia la sabiduría emocional.

Conviene saber que la vida es un camino, un boceto, un sendero… nada es eterno, ni el río siempre el mismo. Se consciente y ábrete a lo nuevo por descubrir.

 

 

Pintadas y brindis

 

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En el bar de las afueras, justo al lado del ventanal que daba a la carretera ,por donde yo había pasado cruzando aquella frase, dos hombres hablaban de algo importante. Con el Roibos aún caliente y el telefono movil sin bateria, no pude evitar prestar atención a lo que tan bajito -pero tan cerca de mí- decían:

– Tengo que esforzarme en encontrar a Laura. Está en casa, pero como si no . La debo traer de vuelta. Indagaré en lo que vivimos y nos fascinó… eso haré.

  • No te esfuerces, ¿has pensado que igual ya no existe esa mujer?. Debes ser consciente del cambio, de que no somos las mismas personas a través del tiempo.

– Pero ella es la misma, yo puedo verla, en el día a día, tal como  cuando nos conocimos. Sino igual,  basicamente.     Laura, ¡mi Laura!

  • No te equivoques, nadie es igual pasado el tiempo y nadie es de nadie. Si quieres conservarla, déjala ser como el viento, no la retengas en la brevedad de un nombre. Porque un nombre es inamovible, pero una vida, no.

-Y ¿Como es posible que despues de todo este tiempo a su lado la desconozca? ¿Que me asalten las dudas y no sepa como tratarla ?

  • Lo difícil no es ser un buen amante al principio cuando vuestros caminos de repente chocan y salta la chispa  inicial… basta escuchar las emociones y como un loco, dejarse llevar. Lo realmente complejo es ser amante a lo largo y ancho del tiempo, cuando la pasión inicial merma y los caracteres confluyen entremezclándose. Lo complicado es barajar con eficacia los cambios que ambos sufrís en el camino (y ante los cuales no quedareis indemnes), alterar lo que os  funciona (si, si, ¡alterarlo ) para que lo bueno no se vuelva viejo. Esto es no haceros a la comodidad ni a la rutina y sobretodo, daros el espacio suficiente para eligir.

-Tienes razón, pero todo ello me vuelve indeciso. Me hace dudar. De repente, es como si no supiera seducirla. Como si estuviéramos cerca pero lejos.

  • El amor requiere esfuerzo y trabajo, abrirse horizontes para saber en qué punto está la otra persona, indagarla en las malas, velar porque no mueran sus miradas o el placer; en definitiva SER (en mayúsculas) al lado del otro sin restarle su parcela de libertad. La gente está confundida, ahora nadie cree en las historias largas porque sin querer hemos crecido con la idea de un amor de cuento de hadas, idealista e inhumano, de esos que te regalan  flores y vértigo a todas horas. Y esos amores no existen. No pueden ser duraderos.

-¿Como sabes tanto del asunto?

  • Precisamente porque -por todas esas cosas que te he contado tan bien- perdí a Julia y he aprendido de aquellos errores. Que no te pase. Encuentra a tu chica, la que es hoy y ámala con prioridad, no busques estandartes pasados ni documentos ajenos. Es más, te invito a que olvides lo que acabo de decirte. No hay remedios universales, no los creas. Lo más que podemos hacer es reflexionar y arriesgarnos a probar hasta que funcione.

– Gracias A. Te invito a una copa por los buenos consejos. No todo el mundo dice las cosas tan claras como tú.

Brindemos.

Al volver, sentí frío y cogí la avenida  más corta que lleva a casa. La gente caminaba deprisa subida a sus zapatos y envuelta en sus abrigos. No podía dejar de pensar en lo que había escuchado de boca de aquellos hombres. Hay tanta gente perdida en una relación. Unos se encuentran y otros no lo consiguen.

Sin embargo, cuando sucede… ¡¡que maravilla!! se abre un nuevo universo entre ambos mucho mejor que el anterior.

 

 

 

 

 

La senda misteriosa

Salimos de casa de los abuelos cuando el reloj marcaba casi la media noche. Íbamos con la sonrisa y  complicidad adheridas entre las múltiples capas que hacían como que abrigaban, pero no. Un 5 de enero frío como él solo, amenazando lo típico para las fechas: nieve y tormenta de regalos.

Teníamos un plan de choque francamente bestial, un remedio adquirido de nuestra filosofía de padres en apuros capaz de disipar aquel descoloque de emociones y nerviosismo que suelen traer la llegada de los de oriente a los más pequeños.

Aquellos dos remolquillos que llevábamos atrás, enemigos del sueño, tan llenos de energía como de estrategias para luchar contra Morfeo a capa y espada, nos miraban con la misma inocencia con la que no se es capaz de atisbar la ultima llave de los que saben de puntos débiles. “Quiero jugar toooooooodaaaaaaaaaa la noche” – me había dicho segundos antes uno de ellos, bajando las escaleras hacia la calle y con la farola relampagueando sus ojos verdes, en los que si te fijabas, se apreciaba un avión de juguete.  Ummmmmmm- respondí irónica, interesante propuesta para un día festivo-

Luego miré a mi marido, haciéndole un gesto giratorio con los dedos y de seguido arrancó, camino de la senda milagrosa. Nos adentramos en la penumbra dejando atrás las luces de la ciudad que palidecían como luciérnagas extintas a lo lejos.

“¿A donde vamos?”- sonó temerosa la pregunta, en boca de aquel  niño que agarraba todavía con esmero el avión y que de manera inteligente, ya reconocía perfectamente el camino a casa.

  • Vamos a hacer un mandaillo y luego vamos a casa- respondió la voz de mi izquierda que iba al volante.

“Si, Si, un mandaillo y luego, de que terminemos, a casa”- repetía el otro niño intentando tranquilizar a su hermano de la normalidad del asunto.

Minutos después ya habíamos penetrado hacia un mar negro de olivares que solo se hacían visibles a golpe de faros. La carretera, atestada de curvas y sinuosidad, poseía un trazado perfecto: un viaje hacia el aburrimiento capaz de dormir a cualquier jilguero en un largo etcétera.

Nos miramos y nos reímos como dos amantes sabedores de lo fácil. El plan estaba ya en marcha. “vamos a tener que bautizarla como la senda misteriosa”- le susurré bajito.

Poco después encendí la linterna del móvil y enfoqué  la parte trasera del automóvil. Ahí estaban las caritas de la rendición que aplaudían al son de mi ganas de fiesta.

Apagué el aparato y regresé hacia el trazado de la carretera. A partir de ese momento se instauró un silencio extraño en el coche que meció de soterramiento la familiaridad con que siempre había observado aquella vía. Pensé que tal vez fuera el sueño o el cansancio de todo un día de energía tras ellos el que iba empujándome en alguna dirección especulativa lejos de la lógica y la realidad.

El trayecto gozaba de una ventaja añadida. Un poco más adelante había un desvío y una intersección que confluía con un sombrío puente atestado de pinos, en donde (si lo deseabas) podías regresar a la ciudad por una vía alternativa, girando bruscamente hacia la izquierda. Y esa era la idea, desde el principio: que el dulce motor acunara a los niños y nos dejara a nosotros un pequeño espacio de tiempo para comunicarnos y disfrutar.

¿Sabéis de lo macabro y ruin de algunos deseos? Íbamos a girar cambiando el rumbo al completo, cuando escuché aquel pitido, como salido de las entrañas de la noche. Lo miré con los ojos envenenados de alerta “¿has oído?”. Asintió sin mediar palabra y luego enmudeció. “Parece un silbato” anticipé extrañada mientras el coche se iba deteniendo y mi corazón aceleraba como un desalmado los pulsos. Teníamos que reducir, ¡¡¡¡¡Dios sabe que teníamos que reducir para coger adecuadamente la curva y no estrellarnos… y además, arrebatados por la celeridad de ese ruido gritando en  mitad de la nada!!!!.

“Creí que sería cosa mía”- le informé, mientras él se limitaba a negar con la cabeza.

Dejábamos atrás la inconsciencia de lo sucedido en aquel puente. Froté mis ojos tratando de serenarme. No estaba dispuesta a ver a ninguna muchacha muerta en ninguna de las curvas restantes como me habían contagiado tantas y tantas leyendas absurdas. Mi lógica se negaba de pleno a caer en las fauces sencillas del miedo aunque, sentía por momentos  y con claridad, como el pánico y el hedor de los hechos lúgubres incrementaba la atmósfera del coche, de manera densa y tranquila, así como un gas que no eres del todo consciente a valorar.

Lo miré, sus ojos eran dos circunferencias ignotas. Dos luces incapaces de vislumbrarme.

Segundos después solo recuerdo un ultimo flash inconexo, el volantazo… la sombra de un animal enorme en el asfalto.

 

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  • ¡Mamá, mama!  Tienes que despertarte. Bruno ha traído una sorpresa al hospital: ¡Hemos descubierto que el avión hace sonidos!.

Abrí los ojos lentamente aterrizando con retintín en la sátira de la vida, como si de una curva más se tratase. Aquel ruido de silbato volvió a sonar.

 

Enero: Retomando esos 20.

 

1. Vivir a tope en mí.
2. No ser otras a corazón abierto.
3. Curar las heridas que perduran.
4. Buscar la magia.
5. Cosechar la curiosidad.
6. Encontrar secretos a ojos de los niños.
7. Cometer pequeñas travesuras. 
8. Gruñir menos, amar más.
9. Ganar fuerza y resistencia. Comba y barra (gym)
10. Disfrutar los tres añitos de V y J. ¡que sus energías no me tumben!
11. Viajar: sorprenderme con lugares y gentes.
12. Besar la vida cuando viene a favor.
13. Llorar si apetece.
14. Imaginar, escribir, dejar fluir pensamientos
15. Más rutas, de las que reactivan por dentro.
16. “Pendonear” con mis amigas/os.
17. Escuchar mi lado salvaje y rebelde.
18. Ser mujer, a mi modo, sin recetas externas.
19. Velar por mi salud y la de los míos. 
2. Aprender de la vida y la experiencia sin dar nada por sentado.

 

 

 

 

 

 

 

 

Obviando cosillas, confesando otras.

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  • ¿Que tal se han portado los reyes contigo?
  • En general bien, aunque…¡no puedo enseñarle a mi madre lo que él me ha regalado!. 
  • ¡Que intriga! ¿Que ha sido?
  • Un pijama.
  • Ummmmm…uno sexy de lencería, ¿verdad?
  • No, un pijama,  sin ma.
  • Ahhhhh     jajajajajajajajajja.
  • ¡¡¡¡¡¿A que mola?!!!!!!
  • No se, no se de ese “juguete”…jajajajajajajajajajaja.
  • Pues tu risa no dice lo mismo.

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