Archivos Mensuales: mayo 2016

Los tiempos cambian ¿a mejor?

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Hoy vengo a hablaros de una anecdotilla que me ha pasado últimamente la cual me ha hecho reflexionar sobre si los tiempos -y con ellos nosotros por defecto- cambiamos a mejor.

Recuerdo cuando hace unos 15 años atrás, hacer un regalo tenía un sentido para la mayor parte de la sociedad. Se regalaba para agradecer, como detalle o insignia, porque había otra persona: el destinatario, a la que queríamos demostrarle de algún modo nuestro afecto…bien porque fuera su cumpleaños, su santo o bien porque sí, por amistad, amor, roce o cualquier otro tipo de unión. Los regalos tenían significado, aún cuando se hacían en grupo, había sinceridad en ellos y raramente formaban parte de algún tipo de hipocresía. Quizás hubiera menos dinero, menos opciones, menos aborregamiento…no se.

¿Porque digo todo esto?

Hace dos días recibí un mensaje por el cual me informaban que una mami de la guarde de mis hijos me había metido en un grupo de wassap con todas las demás mamis para comprarle un regalito a la seño, dado que llegaba el final del curso. ¡y tocaba!

Me sorprendió mucho porque el grupo se llamaba “Regalo de Fulanita” y no se había comentado previamente en las salidas ni entradas. Directamente se exigía al personal participar activamente en la elección del fabuloso regalo para agradecer el curso a la cuidadora. Y yo me preguntaba como podía ser que se diera por sentado que todo el mundo quisiera participar en ese regalo a modo más bien protocolario.

Esta es una moda que vengo observando por los coles y guardes en los últimos años, pero que nunca me había pillado de lleno. Estaba a mi lado, pululando, in crescendo como las notas,  incluso alguna vez fui yo la destinataria…y os voy a ser  sincera. No me gustan para nada estas nuevas tendencias que despersonalizan el sentido del regalo y de la enseñanza. A mi, como maestra, me gusta mi trabajo y lo hago por vocación. Que me regalen está bien, nunca despreciaría un regalo… pero preferiblemente que sean mis alumnos, cuando así lo crean y porque así lo sientan, no un conjunto de madres porque se haya convertido en otro tramite más de obligado cumplimiento.

Ahora viene la cuestión a la que yo me enfrentaba ¿nos rebelamos contra la masa o no? ¿como se les explica a un conjunto de desconocidas en un chat de wassap que lo que han organizado no tiene para tí ni pies ni cabeza?. Ya hasta aceptaría que cada madre le comprase en solitario un detalle si es que así lo consideraba…pero inmiscuir a todas sin saber ni preguntar previamente me parece una falta de respeto, además de algo despersonalizado. Si verdaderamente estás agradecida, no te importará molestarte en buscar un detalle para esa persona y disfrutarás con ello.

Pues bien, la creadora y promotora de la idea iba dando por supuesto la participación de todas nosotras, sin que algunas nos hubiésemos todavía manifestado. En mi caso, mis hijos entraron en febrero ,en el de otra mami tuvo que borrar a su hijo de la clase porque no paraba de enfermar, incluso dos de ellas han entrado casi en la recta final del curso.

La creadora del grupo no pensó en esto, pero seguramente sí que hizo números y cayó en la cuenta de que a  más mamis = menos dinero. Ya ves tú, ¿ para tí que son 3 euros?… quedar de rata es lo peor.

Y en eso se han convertido este tipo de regalos…en otro tramite más para continuar con las oleadas de líneas teledirigidas, siendo muchos los casos y las familias.

Está bien, yo misma podría haber hecho algo distinto, haberme desvinculado con buenas palabritas y hacerle individualmente mi regalo o no. Lo mismo no me apetece porque un regalo para mí es algo más.

Esta persona ha cuidado de mis hijos. Vale. Pero era su trabajo. Igual que el mío es educar a niños. ¿Que pasa?…como estamos hablando de nuestros hijos ¿queremos ganarnos así la simpatía de la maestra?.

No lo entiendo, igual yo he nacido en otra epoca, pero los regalos no compran el buen trato. Hay madres que regalan y luego no acuden a una simple tutoría para ver como va su hijo/a ¿no parece que tenemos miedo a huir de las masas y  ningún temor por la evolución educativa de nuestros hijos, que al fin y al cabo, es la verdadera labor de una maestra?.

Al final caemos uno detrás de otro (hasta yo) en este tipo de conductas- tontas, por evitarnos problemas más adelante, evitar a nuestros hijos el ser señalados, pero no se evita, se entra por el aro.

En nuestros tiempos no tiene cabida el no para planes tan bonitos como un regalo conjunto, quien ser rebela o es tratado de raro o vete a saber.

La conversación siguió… algunas hasta sacaron polémica porque la promotora se había encargado de organizarlo todo y había madres que ni siquiera habían opinado sobre el regalo ¡qué desfachatez!…¿les habían preguntado antes si estaban de acuerdo con hacerlo?.

Los tiempo cambian, sí…pero ¿que hay de nuestras ideas?.

Pueden ser diferentes.

Los regalos ya no son lo que eran,

ni se aprecian de la misma forma…ni nosotros mismos les estamos dando el mismo valor.

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Regalo que me hizo mi alumna, un simple día de clase. Esta soy yo a sus ojos… se ha pasado con los tacones y las pestañas…jajajaj. ME ENCANTA.

 

Relato de los lunes

 

En un bar de cuyo nombre no quiero acordarme…

Es imprescindible el alboroto, señorita -propuso – lo contrario paraliza.

Masticaba gustoso la empanadilla, sin parar de aleccionarme con sus grandes ojos grises. En la silla de ruedas su cuerpo era flácido, pero hoy me pareció extrañamente fogoso.

No hay más palabras que añadir-dije- la duda reía entre nosotros.

Quedaba una palabra que se sublevaba con incipiente curiosidad.

Tomé su copa y vertí el champán. Luego me dirigí hacia él y me senté a horcajadas entre su cuerpo y la silla. Bebimos labios flanqueando muros.

¡Llegó el alboroto!.

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Hiroshima, mon amour

 

Relato escrito para la propuesta de los lunes por parte del blog  https://encuentratuvozblog.wordpress.com/2016/05/24/ganador-1er-reto-semanal/

El reto consistía en escribir un relato de no más de 100 palabras que contuviese:

Alboroto

Fogoso

Flácido

Imprescindible

Empanadilla

Felicidades al blog y al ganador, la propuesta ha tenido buena aceptación y me ha encantado.

No pude añadirlo a tiempo pero espero estar atenta para la próxima.

 

Lenguaje

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Hubo una época en que Lenguaje fue bello, juguetón y travieso. Fue un tiempo antes del tiempo en que pasó todo. Una desgracia que conmocionó al país de las letras.

Ya casi ni lo recuerdo, pero Lenguaje tenía la capacidad de ser libre, audaz como un pájaro lo vi llegar a los corazones más duros, con la lengua fuera tras haber recorrido distancias imposibles.

Lenguaje acariciaba las silabas como si fueran hijas suyas, porque en verdad lo eran…Unas veces las peinaba y las mimaba con dulzura, para otras dejarlas al son de algún viento que las enmarañase y volase libremente, permitiendo aventurarlas hacia derroteros desconocidos…y haciendo de ellas dueñas de su propia palabra.

He vuelto la vista atrás intentando entender el día en que Lenguaje se quebró.

La palabra, su latido, se volvió silencio y ya no supimos nada de él durante meses. Solo pensamos que había desaparecido cuando sus sílabas se quedaron huérfanas en un baúl, exiliadas y retiradas de la atención que Lenguaje les había prestado hasta entonces.

Nos dijeron que Ira y Rabia habían entrado en su casa. Que sin escrúpulos le habían robado algunos de sus mejores vocablos -unas pertenencias en realidad, intangibles- y le habían amenazado con venderlos en la plaza más concurrida del país de las letras. Pero aquello fueron solo rumores, ficciones que como humo y pólvora corrieron peligrosamente.

Se cree que Lenguaje sintió a Control respirándole al oído, acechando cada paso, vigilando cada frase, expiando cada gesto… le susurraba despacio… “respira, respira”,… mientras lo inflaba de un gas tóxico que lo volvería frágil…como un globo que va ascendiendo hacia el abismo incierto.

Fue en esa contradicción del vuelo y el peligro de sobrepasar la atmósfera y explotar…cuando Lenguaje conoció realmente a Miedo. Allí, en la inconmensurable nada del aire, Lenguaje era presa fácil, mientras que Miedo solo un viejo sabio que engaña poderosamente para filtrarse con sensaciones… desde la nuca hasta el alma.

Desde entonces, una cara incierta recubre a Lenguaje de Subjetivismo. Miedo se hizo con la palabra, también Ira y Rabia y otros cuantos intrusos más que acabaron por poseer a Lenguaje. Este se dividió en trocitos, partes con múltiples significados  que impidieron apreciar la verdadera dimensión de la literatura. Lenguaje se pregunta si es esa la grandiosidad de la palabra,  una riqueza semántica -indescifrable- a la que condicionan un puñado de intrusos.

Ya nada es verdad,  el tiempo borra la realidad de los sucesos, convirtiéndola en polvo de letras.

Y lenguaje seguirá formando parte de una ficción conformada por jeroglíficos mentales y códigos irracionales.

Hoy lo vi vagar por la habitación, como un fantasma más que viaja a la velocidad del vértigo, soplando sílabas arremolinadas.

Cuando él calla, yo le hablo…será que también soy lenguaje,

último

reducto

dignidad.

Quedaran imborrables regueros por el aire.

 

 

Lunas y recuerdos.

De repente señaló aquel punto en el cielo con su dedo mínimo. Eran las seis de la tarde y ya lucía blanca y tempranera como una pequeña circunferencia en el dilatado azul, abriéndose paso a un clan de obstinadas nubes.

Algunas veces los astros se juntan para nosotros, quiero decir que algo sucede en el instante justo y  el lugar adecuado. Y resulta fascinante nuestra capacidad de reaprenderlo todo, redescubrir y volver a valorar con ojos más precisos lo cotidiano.

En mi caso, había visto aquella luna una cantidad ingente de veces, merodeando por el trascurrir de los días y sus noches, asomando con diferentes caras  a través de los distintos escenarios… desde la cumbre más alta  hasta el desasosiego más recóndito.

Resultaba obvio que aquel satélite tornadizo no solo era así por propia naturaleza, sino también a través de la memoria de mis recuerdos. Mirandola ví la de mis 20 que no coincidia con la de mis ya cumplidos 30, ni tampoco aquella( que ahora regía sobre mi atónita mirada) guardaba relación con una anterior. Eran lunas, eso sí, todas ellas… mudables unas en otras, como mudamos los que vivimos y morimos… tantas veces paralelas a trajines, miedos y experiencias.

Nacía una nueva allí, delante de nuestras miradas. Pero no sería la ultima,  de eso estoy segura. El dolor, la felicidad, el daño insalvable, todo cuanto acontece a lo largo de una existencia se vuelve consustancial a la misma, nos pertenece como humanos, yéndose y regresando transcurrido un ciclo indeterminado.

Dime que es eso que hay allí arriba, mamá– creí interpretar con sus balbuceos.

¡Me hubiera gustado decirles tanto!,…

Se llama Luna y se parece a un colador, mirad cuantos agujeritos tiene.

Se que no sonaba del todo bien pero tenía su significado. Y por ahora, dado su escaso razonamiento, había sido suficiente.

Ellos siguieron señalándola poseídos por un influjo extraño, con la sonrisa aún candente por el albar de aquel punto en el cielo.

Y yo,…. yo no podía hacer otra cosa que mirarla como si me fuera profundamente familiar e intensamente lejana.

 

 

 

La culpa fue del chachachá

Teníamos una boda y todavía no me cuadra. La que me cayó ese día por patán. Tendría que haber ido a buscar el libro de reclamaciones a esos grandes almacenes, por vender productos así de peligrosos. Ella estaba tan contenta con su vestido. Mi mujer ¡la tia buena! Tenía ganas de mostrarme toda orgullosa aquella compra que -según aseguraba-  había pillado a precio de oro. Estábamos de celebración. Y yo quería pillarla a ella, con el traje etiquetado, pero sin etiquetas.

Al final, dada mi astucia, lo logré. Le hice el amor con el vestido puesto…toda esplendorosa ella, con los ojillos entre  rosas y flores y un estampado de lujo. Pero llegó el día de la boda. Y volvió a ponérselo.

Ya en la barra libre,(momento en que me despeiné tras no se cuantas cervezas y vinos) aproveché para acercarme por detrás a mi chica. Nunca dejó de ser mi chica. Vaaaaaaaaaaalee, quería tocarle el culo… me vino la imagen de lo bien que lo pasamos…y me acerqué con la palma más abierta que de costumbre, a palpar su legendario.

La que me cayó ese día por partida doble. ¿A quien se le ocurre vender vestidos tan baratos?¿a quien quitarse las gafas?

Hoy lo recuerdo y todavía me emociono.

No se si por las dos broncas que me propiciaron (mujer y desconocida) o por lo que me gustó eso de “salirme de parva”.

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Madera, humedad, fuego.

Soy de madera

como el cuento del mentiroso

o las puertas en la noche.

Y yo. Otra intraspasable más.

Carne de rincones atrancados.

Van y vienen, los cerrojos, la textura embrutecida,

alocada y abrupta,

tras el umbral ,del quicio, del borde…

Ella

y los huecos de la carcoma,

con la piel cosida a la corteza

y el perfil de su oquedad…

que se queda ahí suspendida,

sin atisbarse siquiera,

un vacío sin horizonte…

Termitas insaciables drenan su sabia luz…

y su savia liquida.

Igualmente.

No atiende a razones.

Esta bien así.

Ronronea la certeza de la ignorancia.

Cierro, abro, la dejo pasar sin más dilación.

Amarga su guiño,

el moho,

el olor en los huesos de ella,

Asusta ir al bosque de su mano,

esos dedos frios  solo pueden presagiar desgracias,

y me tiran despacio, como tallando mis modos,

o domando a los monstruos.

¡Perverso teatro de serrín y astillas!,

se apodera despacio del sendero,

Hojas amarillas mueren en luz.

Corre, apresúrate,

lloverá en breve sobre las grietas.

Y nos mojaremos como las criaturas que gorjean en la noche,

con sus hondos ojos azules,

batiendo las alas y moviendo el follaje,

allá arriba, sobre nuestras cabezas,

sobre los brazos de nuestra madre.

El corazón se desquicia y aún agarra mi mano con más furia.

Conduciéndome hacia los graznidos,

voces que quieren quebrar el pulso.

 

 

La humedad se cuela ¡tan despacio!

se expande como el humo de la madera cuando arde…

nuestra carrera  es diligente,

los pasos, veloces como la chispa,

vamos firmando una ciénaga de huellas sobre el lodozal..

Pero nadamos. Nadamos como el pez colosal..

El pez de madera, si acaso. La fabula.

Seguimos hacia delante. Hacia no se sabe donde.

Abajo los helechos intentan atrapar nuestros dedos.

Quiebran las fuentes en la hondura del bosque.

Donde sigue advirtiendo, una y otra vez…

Date prisa o nunca más podremos arder.

 

 

 

 

La ví pasar

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Hoy la ciudad invita a callejear con su primer sol atestiguando las promesas del verano. Alicia ha salido llamada a confundirse entre la muchedumbre. La gente es nada y Alicia: todo, un huracan de sombras que necesita abrigarse entre el calor de la urbe.

Camina despacio, hacia delante, haciendo surcos ondulados, sintiendo el breve roce del tumulto que se agolpa cerca de los comercios.

Juega  a no ver, a no ser entre un aluvión de caras que vagan con objetivos concretos y cierra los ojos, aguantando la certidumbre de saber que será muy posible estamparse en cualquier momento.  En este recreo hay un camino de regresión, y lo siente tal cual… una vuelta al borde de la oscuridad, un final de la acera en donde el humo oxigenado de los viandantes es un desafío, una esperanza con la que sobrevivir.

Llega a la esquina y ve pasar  una duda aligerando, con su largo pelo ataviado en dos trenzas y su mirada cambiante… dejando tras de sí una ráfaga de polvo gris centelleante. Mana su presencia, se propaga y finalmente se va, tintineando como una estrella en mitad de la noche o un reflejo inconsciente de algo que la asusta y la posee, con saña y lentitud.

Baja por el callejón del sueño. Hay miedo alrededor de sus piernas, silencio en el aire, niebla en sus ojos… y sucumbe a la necesaria tentación de abrirlos. Al hacerlo, misteriosamente la multitud ha desaparecido, como si de repente formase parte de una fotografía ya tomada hace mucho tiempo en donde todo permanece intacto.

Se siente desnuda, aunque está vestida y hace frio en sus huesos. En los escaparates anidan relojes de tiempo inundados por la marca de la existencia, perlas que se tejieron bajo los océanos y otras joyas de orfebrería, arrancadas en secreto de su origen  para ser convertidas en caprichos ostentosos.

Por un momento, se deja llevar por ese lenguaje musical que tienen los objetos cuando impera la quietud y se extasía el alma. Una bolsa vacía rueda hasta sus pies, se mueve la tela de un paraguas abandonado en una papelera, las nubes se deslizan por el cristal de los escaparates y los arboles danzan al final del callejón, todo es un equilibrio de luces y perspectivas que trae consigo parálisis… como un veneno que va instalandose poco a poco.

Alicia tiene los ojos  más abiertos que de costumbre y al mismo tiempo terriblemente sucios. Bajo su mirada sesgada no hay claridad …. La visitan destellos pasados de un trauma, a los que ha ido poniendo nombre, desglosando, entresacando como una madeja anudada…y aun así, continúa persistente la sorpresa en la inverosímil autopista de la mente.

No corras, preciosa.- le dice alguien en su cabeza.

Hay baches en la carretera.- advierte esa voz.

Sin darse cuenta huye despavorida, arrastrada por un caudal turbio, repite el mismo patrón.

Sube deprisa las escaleras hacia la plaza y entra en la tienda. Se frota los ojos intentando rescatar el color de  un arco iris ya desaparecido de sus pupilas. Habla con la dependienta, compra y se va.

Al llegar a casa siente una calma vieja. Respira. Se quita  las gafas que acaba de comprar y las coloca meticulosamente en una balda, junto a las 450 restantes. Escribe un post-it que adhiere a su última adquisición.

“Asombrada pienso que proyectamos nuestra insignificancia

que viene a ser nuestra grandeza”.

 La estantería es un muestrario de filosofías y filtros, trozos con los que Alicia hace piruetas para poder ver el mundo a su manera. O no verlo.

Desde su ático en el 12º piso de la avenida de las batallas,  decide sentarse en la cristalera a despedir otro día. Esta vez sin sus gafas …  sin nada de ropa,  sin nada de cortinas, sin nada de sueños…  trata de distanciarse hasta de sus pensamientos “es solo un momento, resiste, también pasará…”.

Mientras,  el sol se va alejando por la línea de sus piernas para esconderse entre los edificios.

Sonríe, preciosa– le dice aquella voz.

El agua sucia asoma al borde de sus ojos, pronto esa lluvia acabará limpiando su mirada.

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La definición.

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En la disco ,aquella noche de las ¡dos copas seguidas! y de alasdoceencamita, le confesé que me sentía feliz, así sin más, sin adornos, sin aliños, sin condimentos…

Me dijo que no me creía y yo le insinué que las borrachas nunca mienten. Se rio, me reí…¡reimos un río!.. o una duda…o un mar…vete tu a saber. Su risa y la mía eran líneas paralelas no encontradas por sismografos, como nuestras camisetas rayadas por el uso y la costumbre.

Aún llevaba la copa en la mano, la solté sin romperla -cosa rara- y cuando estuve a escasos dos centimetros de su nariz, añadí mirandolo muy fijamente:

Alguien me susurró que la felicidad no se surte de palabras sino de hechos. Y como no me crees, pienso demostrarte empiricamente lo feliz que me siento.

Él quedó espectante y mas tarde, tranquilamente añadió:

Mientras se es feliz se está muy ocupado y uno no tiene tiempo de demostrar.

  • Ya estamos…le dije. Mira que te gusta sacarle puntilla a todo. Nada más que por eso, te invito a un baile…para que los hechos inunden los pensamientos…y para que le saques puntilla a los zapatos.

Sonaba  una bachata de moda de esas de aquitepilloaquítemato…y él decía que eso no había quien lo barajase.

Después de un rato observando como mi cuerpo se dejaba llevar armonioso por ese regusto que otorga el alcohol

después de estar riéndose de forma nerviosa ante mis constantes invitaciones con la mirada

después de que un tirón mío acabara con su vergüenza… se dejó hacer.

Bailamos lo que para mí fueron segundos y para él una pequeña eternidad.

Yo disfrutaba, él sudaba chorros.

Al terminar le dije que en eso consistía tambien la felicidad:  en escucharse a uno mismo sobretodas las notas, en oir la musica del propio cuerpo y dejarse seducir por su canto, sin que importe  lo estipulado, las miradas o el ruido que haya alrededor.

  • De eso nada. Tu felicidad parte con ventaja, sabes bailar, lo cual no es concluyente para que te crea.

Finalmente me dí cuenta que solo andaba probándome, le divertían mis argumentos, mi acción- reacción, mis tonterías de sabado noche.

Así que acabé cansada diciendo: Vaaa, cree lo que gustes.

Y mientras me daba la vuelta me sujetó, me besó  y noté como bailó en nosotros esa que llaman felicidad.

No, no hubo más palabras para la definición.

Era en sí misma la definición.