Archivos Mensuales: julio 2017

Touché!

Era aquel un día de agua en el chalet de Marta y las historias se sucedían. Pequeñas y minúsculas se esparcían por grupos, como racimos por la lonja. Eramos tantos que todavía el tiempo se resistía a separarnos. No había música, porque la melodía era un componer intenso, disfrutón, que poníamos  nosotros; amotinado a veces por las ganas de charlas y confesiones o el precipitar de las risas entre  manjares y alcoholes de la buena mesa.

Nos habíamos doblado en número, junto con los michelines y arrugas, habían crecido también nuestras responsabilidades. Ahora la felicidad la entendíamos de otra forma más practica,  que pasaba por el bienestar de esos locos bajitos dispuestos a sacar de nosotros hasta la ultima gota de imaginación y energías. Habíamos triplicado los bronceadores, llenado la piscina de manguitos y artilugios e incluso ensayado el correturnos de vigilancia para que todos pudiéramos disfrutar de las copas y el juego.

Y entre medias, habíamos hecho espacio para las carreras de coches y los ensayos de tacones y “ropa mayor” de las niñas más presumidas. Sabíamos que nadie dijo que fuera fácil, pero estaba resultando una aventura motivante.

En el fondo, y si nos hubiéramos observado de lejos, nos habríamos reconocido en la misma piel tatuada de recuerdos variopintos, algo menos rígidos y más espontáneos aunque en el fondo los mismos.

Esos locos bajitos nos habían dado otro giro, que tampoco sería -probablemente- el último, aunque nadie se detenía a perplejarse de algo tan evidente. Y aún así, a mi me parecía algo mágico, que cada año se obrase el milagro de juntarnos a la trupe  y de cerca contarnos las vidas.

Me veía más vieja diciendome: ¿Recuerdas aquellos tiempos? síiiiiiii, estabamos lozanos y felices y no lo veíamos…tal como ahora vislumbramos lo que es unico y fugaz de otras épocas.

Me repetía que la vida había que mirarla hacia delante para buscarle el verdadero sabor pero que también era fundamental celebrar quien seguía estando de forma repetida, ahí, año tras año, viéndonos crecer y madurar en todos los sentidos. Esos eran tesoros que, estaba segura, algún día echaría mucho de menos cuando extendiese la mirada o me hiciese mayor.

Sabía ,aún sin saber, que  los caminos o las decisiones nos hacen perder a mucha gente. Que se separan las historias a veces sin motivo y que nos volvemos seres más solitarios y reflexivos. Ensimismada en esa burbuja de la que todavía no tenía conocimiento pleno, creía intuir que cuando echase la vista atrás -entre todos esos seres- reconoceríamos a unos pocos (muy pocos) – touché!- que nos habrían tocado de verdad.

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Un juego

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Era jueves, mediados de julio y la playa ya empezaba a llenarse. Desde no más de cien metros un hombre con libro en la mano, se acerca a una mujer tumbada con libro sobre la arena.

  • Hola ¿te apetece jugar a un juego? – pregunta él.

Ella levanta la vista por encima de las gafas. Recorre al tipo de pies a cabeza, es alto como él solo y al avanzar por su figura, se topa con el contraluz solar.

  • No me guiñes los ojos que ya se que guapo no soy.

Ella sonríe. No es de las que se animan de buenas a primeras a jugar con desconocidos pero el chiste la saca del ensimismamiento de la lectura.

  • Entonces que…¿te apuntas?
  • Podrías haberme preguntado primero el nombre. Me llamo Rita.
  • Hola Rita.  ¡y yo que te había visto cara de Macarena!
  • Jajajjaaj… llorona soy, pero virgen ya no.- dice atrevida.
  • Lo podía intuir, es solo que me recordabas a alguien.
  • A ver ,de que se trata el juego, si se puede saber…
  • Es muy sencillo, no quiero molestarte mucho. Yo te leo el último párrafo de la pagina 15 del libro que tengo en la mano y tú me lees el último párrafo de la página 15 del tuyo. Fácil ¿no?…
  • Uy! que peligro! jajajaj…, parece simple, pero no lo es.
  • ¿Y porque no?
  • Pues porque tú ya sabes de antemano tu frase. Vas predispuesto en una dirección que -previamente- has elegido. Sino ¿porque escogiste precisamente la pagina 15?.
  • Ahhh, el numero lo elegí  por tí. Eres la niña bonita. Aunque ya sabes, cualquier juego tiene sus riesgos. En todo caso, los de éste me parecen nimios para lo mucho que puede, por el contrario, aportarnos.
  • ¿Siempre te metes así de lleno en los libros de la gente? ¿O es que crees que hay un destino detrás de unas cuantas palabras?
  • Me gusta que me preguntes. No, no creo en el destino, sí en la conjunción de azares.
  • Pero no es un azar que tu me hayas elegido para acercarte. Lo has hecho conscientemente.
  • Te equivocas. Sí que lo es. El azar me colocó a una chica guapísima delante, que curiosamente estaba leyendo el mismo libro que yo hace algunos meses. De otro modo, no me hubiera acercado a tí.
  • ¿Y te interesa saber lo que pone en un libro que ya has leído?
  • No, me interesa saber como el juego casa las palabras de dos libros totalmente distintos, como dos vías de tren  que confluyen y dan lugar a otro recorrido.
  • Eres zalamero, de nombre, ingenioso. Está bien, jugaré a tu juego.  ¡Empieza pues!

Él la mira sonriendo de forma interesante, se atusa el pelo, mantiene el silencio torrido del instante…y se dispone a leer.

Hiciste bien en quererme todos estos años pasados, todos estos años atrás… Seguramente no hayas hecho nunca nada mejor.

Eso es todo, he sido breve. – dice él.

  • Esta bien, me toca- contesta ella.

Jonh vio o supuso lo que me ocurría y por una vez me abrió su corazón, aquel corazón que normalmente tenía envuelto en una coraza. Con los corazones abiertos, el suyo y el mío, nos corrimos al mismo tiempo. Para él, esa primera apertura pudo y debió significar un cambio radical. Pudo haber marcado el inicio de una nueva vida juntos. Pero ¿que sucedió en realidad?

  • Para, no pases de página, Rita- dice él. Solo era el último párrafo.
  • ¿No te parece que se queda a medias en esa escena?
  • ¿Y a tí no te parece que ya casan los dos fragmentos perfectamente? De alguna manera mágica pueden dar lugar a una historia de la que nosotros -y solo nosotros- podemos inventar el final.
  • Jajajaja…que oportunista eres. Es muy fácil que en dos libros se hable de amor, la posibilidad podría estar en un 70 a 30.
  • Naaaa, era una cuestión de azar, y las reglas eran esas. Podría haber salido algo aprovechable o podría haber salido una chufa. Reconocelo: La literatura fue agradecida con nosotros.
  • Y bien  ¿cual es el premio a esta batalla ganada de azares y letras?
  • Por lo pronto, unas cervecitas contigo, vale ya de achicharrarnos en pro de la cultura.
  • Jajajajajaj… ahí sí que me has ganado, campeón.
  • Jajajajaj…. ¡vamos! por cierto…me llamo Óscar.

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El ingenioso V.

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Estabamos en esos famosos almacenes de corte conocido cuando, de repente, se me acerca V. (tocando como siempre mi pierna para acaparar atención) y señalando en la dirección de su mirada, me comenta  muy serio:

  • Mami, ¿ese hombre no tiene cabeza?

Lo miro con una sonrisa…

  • Es un maniquí, hijo. No la necesita.
  • Ahh, un maniquí- repite para sí mismo, muy lentamente, reflexionando a cerca de la palabra en cuestión.
  • Pues el maniquí tiene frío, mami.

Miro hacia el muñeco. Esta forrado de ropa. Esa manía de vendernos prendas que no casan con las temperaturas del momento.

  • Eso es porque tiene que ir elegante y donde va hace frío- le digo, examinando para mí misma si la elegancia es eso, la representación de una chaqueta y no mucho más.
  • Mami, pues yo le voy a poner una cabeza grande y gorda. No puede ir sin cabeza.
  • Es verdad, V. No puede ir sin cabeza por ahí, ¡que estropicio!. Eso si que no es elegante.

5 minutos después….

  • ¡¡Mami!! mira ¡¡¡un maniquí con cabeza!!- grita efusivo ante el gran hallazgo. Tiene ojos, boca, pelo, cejas…  y….mira ¡ tiene un moco!.- señala, hurgando en la  disimulada nariz del muñeco
  • ¿Un moco?- le pregunto sorprendida, aguantándome la risa que achuchaba como un tren.
  • Síiiiiiii, tiene frío y tiene un moco…
  • ¡Vaya! ¿necesitará un abrazo?… pregunto, consciente de que a veces la ropa no es suficiente abrigo para el cuerpo.
  • Sí, sí, sí, mamá…¡un abrazo grande de oso es lo que necesita!

 

Aquellos. Nosotros dos. ¿ O eramos realmente tres?.

El ingenioso V. y yo entregados en cuerpo y alma a la energía y ponderación del abrazo. Sopesábamos los pulsos de un corazón de maniquí. Muy probablemente observados y etiquetados como clientes no deseables. O quien sabe, quizás donde más se vigilen las formas, esas imágenes sean lo esperado y memorable.

 

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¡Qué vida dan las vueltas!

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De vez en cuando gusta que te digan cositas ricas ¿y a quien no?, aunque solo de vez en cuando…que las vueltas innecesarias ya sabemos que marean.  Eso sí, ni las féminas somos siempre las pastelosas poéticas enamoradas hasta de la brisa, ni los hombres los prácticos cazurros simplones, incapaces de decir algo dulce. Pero tenía que forjarse el chiste, lo aplaudo. Me he reído un montón ¿para que os voy a engañar?. Aunque el bigotillo ese más que distinguir, sobra…
Lo mejó de lo mejó : que exista complicidad para pasar de uno a otro extremo con confianza, sin perder la sonrisa. (aunque se inviertan los papeles).

¡Y que viva la diferencia y el amor!.