S.O.S. ¡¡¡Cáspitas!!!

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  • Una madre a otra: A mi hija le digo que para “esas cosas” hay que ser borrega en la vida. Para esos asuntos del grupo,  no dar la nota o despertarás envidias, no señalarse…tu me entiendes.

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  • Una jefa a su empleada: No puedes venir con el pelo suelto, ni esa falda, tampoco comer chicle. Son las normas.

¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!

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  • Una mujer a otras mujeres: Me pasé toda la tarde haciendoles la cena: gulas con gambas, luego carne en salsa y de postre natillas caseras… mi tarde entera  entre fogones. Ellos tres, mientras tanto, con sus cosas. Luego los llamé y me pusieron mala cara,  mis hijas y él. La mesa estaba puesta al detalle. Tanto para tan poco agradecimiento. La perra fue la única que me hizo alegrías cuando le eché un trozo de lo que había cocinado.

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  • Una amiga a otra: Le compré un mobil a mi hijo de 12 años porque el psicólogo nos dijo que estaba sintiéndose “aislado”, que era peor no tenerlo, que disponer del aparatito. Luego de mi sale no mirarle sus cosas…le tiene puesta una clave y además eso me parecería invadir su privacidad.

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  • Un hombre casado a otros: No todos los días le apetece a uno comer arroz, algunos días me apetece muchísimo comer gambas ¿entendeis no? jajajajaja. (Si, si, reiros…lo que nunca os diré, bobos, es que con quien flirteo precisamente es con vuestras mujeres)

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!??????????????????????

 

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Recuerdos y olvidos

Aquel lugar estaba plagado de musas, personajes que habían sido y representado una época, un tiempo, una década. Entre bambalinas sorbí con sed la copa, a mi lado una chica con pelo infinito tocaba al piano unas notas. Por un momento sentí que algunas de aquellas imágenes sin color, tan profundamente bellas, me miraban difusas desde un balcón lejano. Esa eternidad que no muere.  La canción del pasado, la música de algún recuerdo. Con todas las conexiones que atan hilos a capricho de una memoria que quedó estancada, en interminable huida.

  • Todo acaba olvidándose– me dijo, tan convencido que no pude más que oponerme a la contundencia de aquella frase.
  • No estoy segura – le confesé. Creo que la vida está plagada de elipses. No es un fluir constante, sino una fuente que mana y desaparece bajo tierra y luego vuelve a resurgir como un hilo, como una laguna.

Nos quedamos en silencio un rato, él tratando de entenderme, yo escuchando la voz que me llevaba a territorios que yo misma conocí.

  • Todo lo que tiene nombre, existe. – añadí. A veces siento que he tenido que colocar en un paréntesis invisible el desafuero, el injusto trato, la humillación que como mujer, recibí. Como si nada hubiera pasado. Creo que todo este tiempo no me devolverá la que fui, aunque tampoco quiero. Todos cambiamos, es necesario. La angustia es el precio que a veces debemos pagar por la libertad.
  • No eres convencional. Yo, que te conozco, lo sé. No quiero una de esas mujeres comunes que transitan por la vida, ni patrones que me dicten lo que debo amar. Mi instinto me lleva a quererte con todas las piezas. E igualmente acabarás haciendo tú, cuando aceptes tus formas. No somos lo que tantas veces nos hicieron entender, jarrones frágiles o irreparables, decorados y pintados exquisitamente para luego recibir los infortunios del trayecto… no estamos abocados a ese destino, más bien creo que podríamos ser la masa por definir, el conjunto que se moldea con el pasar de los hechos, mientras en el hueco, se va aposentando parte de la sabiduría.

Pegué otro sorbo a la copa y me quedé pensando en sus palabras. Me parecieron reveladoras, francamente bellas. Todo tenía que tener un sentido, hasta lo aparentemente improductivo y amargo, pero no debía precipitarme a descubrirlo. Llegaría solo. Al fin y al cabo no era otra sino la curiosidad la que me había hecho darle una oportunidad a la vida.

 

El sueño y J.

A mi me gustaría saber que hacer con el sueño. El sueño es un  misterio y el como se pierde también. Una indaga e indaga y a veces no obtiene las respuestas soñadas. Soñar con imposibles es tan fácil como tener sueños cercanos y desfallecer en el intento. Jope! me encantaría adivinar como J. perdió su sueño continuo para poder rescatar esa placidez  que cuando cumplió un año y medio, perdió.

Mis gemelos dormían estupendamente. De cuento, vamos. Los dejaba en su cunita y ellos solos caían rendidos. Cuando lo contaba con otras madres me decían lo afortunada que era…y sí, con todo mi trabajo, al menos, podía descansar..pero era un idilio que aquella situación se manteniese.  Ahora, que hemos pasado al lado oscuro, nos comemos la noche de aquí para allá capturando los despertares de J. y acunando sus miedos.

Durante el día, mi avecilla nocturna demuestra ser un niño de sobresaliente, rebelde, porque lo es, pero con capacidades cognitivas que saltan a la vista. Su conocimiento del lenguaje y de los números es realmente asombroso, nunca había visto colorear a un niño de 2 años con la perfección con la que el lo hace, o contar hasta 30 e incluso regresivamente sin ninguna dificultad. Conoce ya el alfabeto en ingles y español, aprende canciones al instante y tiene una capacidad de observación y escucha muy significativa.

A veces no me explico como en medio de toda esa madurez cognitiva le nacen tantos temores irracionales. O inseguridades… cuando es un niño que a la vista se empapa rapidamente de todo cuanto entra por su retina. Le dan miedo las campanas, los relojes, los ventiladores, sonidos estridentes… a veces cosas sin explicación que ni nosotros sabemos ¿y que hacemos?.  He barajado que pueda ser esta misma inquietud y motivación por conocer, lo que, al mismo tiempo, lo hace temer al chocar con lagunas de desconocimiento a las que todavía no le ha puesto lógica…o puede que simplemente forme parte de su carácter, sin más explicación.

Se duerme fácil, a la misma hora despues del cuento, al que presta siempre atención y devoción… pero a mitad de la noche despierta y no hay tregua. Si lo meto en mi cama, me pierdo…si lo acompaño en la suya, me duermo y descanso fatal…si espero sentada hasta que se duerma, mi cuerpo no resiste porque tarda una eternidad en volver a dormirse. Y ese cansancio lo arrastro a lo largo del día. Yo o mi marido, depende de quien sea el “afortunado”. Hace  tiempo que no descanso como debería,  hay días que lo llevo mejor y otros en que solo me apetece llorar porque no le veo fin. Me encantaría encontrar una guía que me aclarase este capítulo sin resolver, pero mucho me temo que no se halla publicada y que es algo que tendremos que resolver  a golpes de paciencia.

Tal vez  no se trate solo de lo que nosotros hagamos, como padres, y sea más esta una situación de mera evolución psicológica del niño, que nos ha tocado vivir.  Después de todo, V. sigue dormiendo como un lirón y eso me hace corroborar que cada uno de nosotros a través de los años, encontramos obstaculos en momentos diferentes. Hay que aceptarlo con sus inconvenientes, como una realidad pasajera, en la que tengo que volcar toda mi confianza y esperanza por que mejore.

Mientras se cumple este sueño que ahora mismo me parece tan lejano, voy a echarme un ratito a dormir….a ver si recupero parte del otro.

 

 

Cosas del oficio

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  • J. ¿tú te has creído que eres Tutankamon? Deja ya de enrollarte en papel higiénico.
  • V. no pintes caritas en la pared de la entrada, que va a parecer esto la casa de Belmez.
  • J. no metas el plátano en la lavadora, que va a salir la ropa peor que está  .
  • V. no te escondas en el rincón a hacer caca en el pañal, que te veo ¡¡¡pide wc!!!.
  • J. ¡no te voy a poner otra vez el video del “graciosisimo” tren bob! que no!
  • V. los pinceles y pinturas de mamá, tranquilitos, eh? ¿quien te ha mandado urgar ahi?
  • J. déjale también a V. la tablet, ¡que te va a salir un callo en el deillo…!
  • J. no se dice “coñona”, hijo, se dice colonia… venga otra vez….jajajajajajajajajaj.
  • J. que curiosón eres!!! el joyero de mamá no se toca… Ea, ¡ya lo has roto!

 

A ver, yo ya se que soy una pesada.Todo el día con el NO, o corrigiendo. ¡Pues no! Realmente es una hartura. NO me gusta, aunque forme parte del “oficio”. Ni que fuera un sargento ¡oye!. Sin embargo, llamadme loca, de vez en cuando, me gusta darle la vuelta al asunto. Dejarles que invadan es un atrevimiento que no tiene desperdicio.

Y Probando, probando…  resulta que me siento a observar a esos dos gatitos y los comprendo. Solo se vive una vez y ellos avanzan a lo grande. El mundo está lleno de reliquias. Probar la paciencia de la madre es un mapa del todo revelador. Pero oye, hoy no tengo ganas de ser correcta. O predecible. Solo se trata de una rebeldía mía, nada excusable, ponerme en su papel. Reirme sin trabas ¡mola!. La supernani  estará tirandose de los pelos. ¡que le den!…

Son estas risas sin normas una etapa que tambien pasará.   Ehhhhh!!! un momento!!! ¿ya estamos? stoppp!!!, esa yo melancólica adulta, no salgas, que la fastidias. Sigue haciendo como si no tuvieras memoria, como si no supieras nada del tiempo y su avance.

Venga vale, ponedme el babero, dadme bibe, contadme ese cuento que tantas veces yo os conté, despues nos revolcaremos por el suelo cuan cerditos sin ley.

¡Nada se, pero de todo me empapo…deleitadme con vuestra sabiduría!

.  ¡Que yo también estoy aquí para crecer! jjijijijij.

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Sobre las polémicas declaraciones de Samanta Villar

No soy  muy dada a meterme en temas de famosos, ni en la polémica que se crean en torno a ellos, pero estos días, al leer las declaraciones de la que fue protagonista de 21 días y las ampollas que ha levantado el tema, no he podido evitar sentirme bastante perpleja ante el chiringuito de opiniones y criticas que, como premio a su franqueza, ha recibido.

La palabra más apropiada quizás esté más cerca de la decepción que de la perplejidad y es que situaciones así me hacen creer que si  somos tan absolutistas con nuestro propio género, no podemos- en ningún sentido-  pretender caminar hacia la igualdad.

Como mujer curiosa que soy, desde que saliera el artículo no he parado de leer sobre el asunto, lo que en las redes sociales he visto se parecía a un gallinero. Observando me he dado cuenta hasta que punto somos nuestras peores enemigas y el daño que esa actitud tonta nos hace, llegando a incurrir en los mismos errores de siempre, mirando a la otra con soberbia, apuntando hacia la competición  y valorando con tasante ligereza el como otras deciden y viven algo tan personal como la propia maternidad.

Para poneros en contexto (por si no conocéis el tema), resulta que la chica ha sido madre de mellizos por ovodonación. Y, unos meses después, ha declarado que no está siendo todo lo que ella pensaba, que sus hijos le restan mucha calidad de vida y que no se siente más feliz. Y a partir de ahí, la marea. Oleadas de mujeres dispuestas con la lengua a sacarle el carnet de madre.

Me pregunto ¿acaso cada una no es libre de opinar como vive y transita el hecho de tener hijos? ¿o por ser famosa no puede decir en voz alta lo que piensa teniendo que sumarse a los convencionalismos de siempre?.

He escuchado de todo: Que está tratando de hacer publicidad para que se compre su libro, que no merece ser madre por ovodonación, incluso el  insulto fácil que provoca la envidia, sobre el hecho de que ella (por ser Samanta Villar)  va vivir una vida desahogada y va a poder permitirse que se los crien. Deduzco que adivinas deben ser las que ya saben que con su actitud rebelada e ingrata, terminará siendo una malamadre en el futuro.

Me parece que deberíamos abrir más la mente y dejar de juzgar en base a como hemos vivido nosotras esta realidad. No hay un patrón universal ¡y menos mal!. Yo creo que cada mujer sabe de su historia, de sus luchas y decisiones, … señoras, que tenemos el derecho a equivocarnos o acertar a la hora de elegir…porque ser madre es una tarea dificilisima…y mágica.

No nos quitemos la posibilidad de expresarnos con libertad aunque toneladas de siglos nos hayan obligado a decir “lo correcto”, no nos consumamos en esa hipocresía venenosa de querer tapar lo desagradable a toda costa para sentirnos más auténticas, cuando todas sabemos de que va el asunto.

El mundo mundial sabe que la crianza no es un camino de rosas. Se trata de una decisión para toda la vida y  hay momentos realmente críticos que ponen a prueba tu persona. Sin embargo, el como se extrapola eso a tu día a día y a lo que confiere a tí, como mujer, es algo que no se llega a valorar hasta que no se vive y que por supuesto no todas están dispuestas a contar y reconocer con la misma sinceridad. Creo que todavía siguen perviviendo tabúes y límites, que aún no somos lo bastante comprensivas con nuestro género y que nos falta esa pizca de empatía tan necesaria en los temas que han sido -por costumbre- competencia de la mujer.

Yo no salgo aquí a defender lo que dice Samanta pero creo que si ha creado tanta expectación y polémica es porque a lo mejor no es un tema banal y verdaderamente es un asunto que preocupa a las mujeres. Me parece enriquecedor escuchar diferentes voces sobre la experiencia, no solo la de esta chica sino también las de otras mujeres más o menos contentas con su decisión. No nos engañemos, solo desde una base que englobe diferencias, las mujeres podemos aprender y adquirir mayor amplitud de conocimiento para poder decidir con más certeza de cara al futuro.

Al final la decisión nos pertenece. La vida es un riesgo detrás de otro. Lejos estamos de ser perfectas. Lo que no me parece es que Samanta quiera menos a sus hijos que otra que se muestre enfadada con sus declaraciones. Lo que sí creo (solo creo) es que desde su posición como periodista trataba de romper una lanza en contra del idealismo impuesto que  nos ha tratado de convencer que el colofón de toda mujer es la maternidad.

Lo siento, yo también soy madre de mellizos y los quiero muchísimo. Son mi mayor tesoro pero se lo complicado que es criar a dos a la vez en esta sociedad que tantos requisitos pone a la mujer. No me parece una aberración que cualquiera en su sano juicio decida no ser madre o que aún siéndolo, se sienta abrumada y desbordada por lo que se lleva esta entrega continua.

No nos regalan un título ni  podemos hacer un curso. Tampoco imaginar a priori y con exactitud todo lo que la maternidad nos cambiará la vida. Entonces ¿ porque no trabajar para ser menos recelosas? ¿porque no caminar hacia el entendimiento y la escucha valorando la diferencia de pareceres?

 

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Cuando los miro creo que el mundo -a veces- se detiene…

Y es esta ardua tarea sin descanso como un volcar el amor en dos piezas  de plastilina, dos micromundos que dependen de mí. Unas veces tendré las manos talentosas, otras mojadas, otras simplemente sucias… Nadie me enseñó a moldear, pero es algo que aprenderé a base de interactuar y equivocarme.

 

 

 

 

Había una frase con la que solía reírme

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Hay que ver como son los fines de semana de trabajo en el campo. Por un lado pienso que deberían estar prohibidos ¡menuda broma eso de no dar tregua al cuerpo!…por otro, resultan tan enriquecedores en todos los sentidos, que bien podrían ser la próxima terapia de moda para paliar el estrés al que esta vida moderna nos somete.

Y vosotros diréis…¡esta está loca! y nada más cerca de la realidad, pero por un momento, escuchad la frase que decía mi abuelo y que luego mi padre muy hábilmente copió en su beneficio, para convencerme de que ir a la aceituna molaba.

“Niña, el campo es salud”-aseguraba consciente, que no estaba borracho ni nada de eso. Hay que poner especial énfasis en ese “niña”, pues sonaba totalmente  cercano y detenido. Con ese no llamarme por mi nombre se cercioraba que lo escuchase y luego, una vez lo miraba a los ojos, soltaba tremenda aberración.

Tonterías! más a gusto se está en el sofá, pensaba yo. Aunque todavía desconocía que el campo y la vida terminarían por apañárselas jugando en mi contra, otorgando credenciales a esa sabiduría tan rural que defendía mi abuelo.

Y todo esto para deciros lo mucho que me están llenando estos últimos fines de semana de la recogida, rodeada de gente  risueña y trabajadora que es capaz de acelerar las horas y difuminar el esfuerzo con los pulsos de la conversación. ¿Porque que hay mejor que trabajar a gusto sin cuatro paredes de por medio o mandones que lo ahoguen a uno?.

La naturaleza en ese sentido se las apaña para devolvernos a nuestra esencia más remota, a lo que somos en el fondo, no más que gente con diferentes pensamientos, con historias de vida que se encuentran, con principios y errores que trabajan como se solía antaño, de sol a sol y sin luces artificiales o tecnologías opresivas de por medio.

Sobre el terreno, pies y manos se van aclimatando, los sentidos se abren  y también los placeres más primitivos, como el comer. Y os aseguro que la comida no está lo mismo con las manos llenas de tierra o con el culete en el suelo. Que uno aprende a elegir el terreno donde se sienta. Que no importa si te manchas porque ya estás enfangado hasta las cejas. ¡Que no! que todavía no he ido a ningún restaurante michelín donde el tomate sepa a gloria y el chocolate a cosquillas.

Pero claro, no os voy a engañar, también  hay lujos allende las remotas montañas donde a cuatro locos de nuestros antepasados se les ocurrió plantar olivos. Lujos como detenerse un ratito a encender una buena hoguera con los cuatro palos olvidados entre las camadas. Lujos como contemplar como se abren y tuestan unos chorizos caseros que ha traído esa mujer que tiene el detalle de cuidarnos a todos. Y que encima no, no es nuestra madre y eso la hace aún más especial.

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La ostentación no se sirve en platos de cristal ni se come con cubiertos de plata, la  verdadera riqueza está más cerca de la humildad de lo que imaginamos y no corresponde con lo que suelen hacernos creer desde tantos focos.

Con la tarde a cuestas y los chorizos rebelándose, mientras se dibujan las sombras de esos arboles que ya se van quedando otro año más vacíos, también nosotros aminoramos la marcha y el ritmo, a la par que este sol de Enero azacanado, tímido como siempre… que nos hace coger aliento y gastar las últimas bromas sobre el sabado y  los bailes bajo la manta que alguien se atrevió a contar.

Sin duda, mi abuelo estaba en lo cierto y no me sabe mal reconocer cuanto desconocía del asunto y lo que los años nos hacen mudar la perspectiva.

Es esta una esfera sin remilgos ni acato en donde uno se va dejando caer y olvida sus vértices. Quizás la energía, el esfuerzo y el aire puro sean lo único que necesitemos para continuar, sembrar la vida, atesorar lo que con tanto ahínco nos dejaron nuestros ancestros. Que no fue solo la tierra y su valor económico ¡no señor! sino la majestuosa posibilidad de verla crecer con los mimos y de dejar que ella, siempre sabia, también nos enseñe.

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Gel de Argán

Estaba tomando una ducha, tan tranquilito. Cuando Mari Puri llama a la puerta y entra.

-¿Interrumpo? ¿puedo pasar?- me dice… y ya está dentro

Le informo que estoy apañándomelas como puedo con el nuevo gel de Argán que se le ha antojado comprar…y que me gusta más el antiguo: el de coco. Obvio, hace más espuma. Seguro que  no se ha fijado.

Espera, un momento, ¿que hace ahora?. Empieza a cantar todo lo que le he dicho, mi sermón al traste, que graciosilla es… ¡¡y le añade baile!! ¡¡y se está desnudadando!!… jajajaja…tiene arte. No puedo evitar reirme, menuda forma de tomarme por el pito de un sereno.(nunca mejor dicho)

¡ Qué pava eres!- le digo sacándole la lengua.

Mari Puri me mira, se cruza en jarra ¡¡se pone seria!!. De repente, fija sus ojos en el gran delator,  y en pelotas sigue chapurreando y bailoteando sin parar de apuntarse y tararear al espejo …

¡Hey, Pava, todo este tiempo,….

¿ donde has estado!? que no te encuentro.

¿donde te has ido? sin fundamento….

Vale. Hay cosas de esta mujer que verdaderamente me pillan en bolas. No puedo hacerme un guión porque tiene esa capacidad natural de destrozármelo. Y con risas. Así, ni modo, no hay quien la intuya. Acabaré pensando que la felicidad es el viso de frescura que tan grácil mueve con sus ….¡antojos!.

Ya no puedo más. Me rindo.

  • Bésame, porfa.- le ordeno meloso, todavía impregnado en ese olorcillo de Argán que tan harto me tiene.

Y ella presta viene a mí, seguro que el maldito gel no lo compra, ¡que más da!

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La fábrica de papel

Han pasado muchos años,  mujeres por mi vida, pero todavía cuando camino por este lugar, la sigo recordando entre las demás. Tenía un aire de desquiciada que me volvía loco, al que yo me asemejaba con fuerza, además de una sonrisa que ocultaba el vértigo que a todas horas batallaba en su interior.

Vivía en un pequeño barrio del pueblo que yo frecuentaba cada verano o cuando tomaba pequeñas estancias vacacionales. Mis padres al jubilarse se asentaron en la pequeña localidad y de vez en cuando aprovechaba para visitarlos y escapar de la vorágine de mi ciudad. No es algo que me gustara especialmente, a mi me encantaba vivir envuelto en la prisa, tener opciones, elegir entre la baraja de posibilidades que me proporcionaba la gran urbe. Sin embargo, mis viejos cada día me requerían más y yo veía que mis visitas les llenaban de júbilo, cuando la soledad y el desatino comenzaba a instalar sus raíces.

Ella vivía cerca de mis padres, al lado de la antigua fabrica de papel. Un proyecto de los años 60 con el que un par de maleantes se hicieron con la confianza y los ahorros de todo un pueblo. La idea como tal, nunca llegó a funcionar, se invirtieron millones en las plantas pero la industria -que supuestamente iba a proporcionar trabajo a los muchos parados de la época- solo resultó ser polvo de sueños. Los timadores se fugaron sin tardar mucho,  dejando tras de sí una serie de pabellones obsoletos que jamás estuvieron preparados para generar ganancias.

Ella misma me contó la historia, una noche, bajo la luz de la luna, cuando nos detuvimos en los muros de piedra que rodeaban el recinto. Quedé conmovido por la forma en que relataba los hechos, así que me acerqué lentamente para besar su boca delatora y se escurrió de mis brazos como un pez brioso, astuto, atezado.

La tenía justo detrás de mí, agarrando mi mano con firmeza e invitándome a seguirla por aquel perímetro de  hormigón y polvo, de rejas oxidadas que circundaban la oscuridad subyacente de un edificio inútil y abandonado.  Me condujo hasta una grieta en donde la valla había sufrido los desgastes del oxido y con hábil astucia manipuló la cerca para colarnos dentro. En aquel momento no se me ocurrió pensar lo que hacía, ni cuan abatido me tenía su belleza, iba guiado por un deseo más fuerte que yo, así que la seguí con religiosa obediencia envuelto en su estela intrépida. Atravesamos la zona ajardinada de los cipreses, sintiendo el áspero roce de sus hojas imperecederas en nuestra piel…  una gran explanada, los almacenes y, a golpe de zancadas y respiraciones nerviosas, llegamos hasta la puerta de entrada como dos sombras que se hacen con los hilos de noche y que son absorbidas por el corazón de un edificio.

Con todos los sentidos latentes,  ella se isinuó brevemente ante mis  ojos y tocando la puerta con ansiedad me dijo “ábrela, por favor”. Por supuesto que yo no tenía en ese momento las llaves pero en sus pupilas ardía tal delirio hipnótico que me era imposible negarme, así que saqué una pequeña navaja multiusos que guardaba en el llavero e intenté por todos los medios forzar el candado. Como era viejo cedió al instante y nos infiltramos ansiosos en aquella oscuridad velando para no ser vistos.

Pronto nos acostumbramos como dos gatos a caminar por el espesor de la negrura. Estábamos en la sala de los pozos, según ella me indicó, una gigantesca estancia con 8 contenedores enormes de hormigón que habían sido ideados para mezclar la resina y el resto de ingredientes hasta formar la pasta que daría lugar al papel.

Se sentó al borde del tercer pozo, las piernas rozando el aire, el cuerpo en tierra. Era como si dos mundos la habitasen y me senté a contemplarla. Sus ojos formaban dos abismos y dos puentes mientras mi deseo corría hacia la frontera entre la nada y el todo, ese lugar sin mapas en donde un cuerpo viaja al son del calor del otro.

Y me abandoné a esa sensación de estar varado a su lado, a dejar que fuera su piel la que estrechara la mía y luego que aquella latitud nos embriagase eternamente, como  un veneno dulcísimo del que es improbable renunciar. Era nuestra respiración más y más fuerte, acompasada, ungida en delirio animal,  jadeos convertidos en eco que iban añadiendo grados extra al deseo.

Cuando acordé sus manos ya se habían adueñado de mi sexo y su boca, de mi razón. Puse mi abrigo sobre aquel suelo helado a modo de camastro, y ella se recostó  ya desnuda, mientras mi lengua -ávida de placer- iba indagando los rincones de la piel caliente, postrada con la lujuria de la tierra recién conquistada, exaltada, tórrida.

Solo me detuve cuando su cuerpo halló una órbita paralela al mío, algún universo o estancia invisible en la que por un momento fuimos uno y no dos los que se hacían y se deshacían como una estrella en mitad de la oscuridad.

Cuando abrimos los ojos y aterrizamos, el suelo comenzó a helarnos de repente, y también la imagen de aquellos ocho pozos, que empezó a producirnos inquietud. Nos vestimos y nos miramos haciendo caro el silencio, sintiendo los primeros embistes de realidad. Luego ella volvió a cogerme la mano (quizás para calmarme) y siguió dando voz y sentido a aquel laberinto de salas y estancias, como si nada hubiera pasado, con la habilidad de una fugitiva de la noche que me iba llevando poco a poco y sin darme cuenta, hasta el punto de salida.

 

Ha pasado tanto tiempo. Camino sobre esta tierra baldía con la única certeza de que la vieja fabrica de papel fue derribada, que nada de ella queda sobre la luz de este sol. Mi perro se detiene un segundo, tal vez haya sentido la opresión de mi pecho, la convicción de que sobre esta planicie se levantaron sueños y fracasos, uno detrás de otro.

Nada ha borrado aún esa memoria, ni siquiera la demolición ante los ojos atónitos de quienes la sentíamos todavía cómplice. Una fabrica de papel de la que nunca salieron libros y ella, paradójicamente, una valija de letras que me detuve un instante a leer.

 

 

 

 

 

Necesitamos vuestros versos Textos solidarios

Originally posted on El Destrio: Necesitamos vuestros versos Acabamos de empezar una nueva iniciativa en la que solicitamos poesías para seleccionar la que sirva de guión en el vídeo promocional del libro (aqui teneis todos los detalles) y solo unas horas más tarde ya hemos recibido algunas poesías que podéis leer en esta página. Iremos publicando…

a través de Necesitamos vuestros versos – Textos solidarios. — Mis historias y otros devaneos

Sopa de fobias y manías

Nos reúniamos en torno a una hoguera que habíamos encendido para calentarnos, justo despues de comer, mientras llegaba la hora de reengancharse al trabajo.

Mara miró a Sonia y le dijo:

  • Tienes un saltamontes en la espalda, Sonia, pero no te asustes…tranquila que voy a...

Quería decir “quitartelo” pero antes de terminar la frase Sonia ya estaba cagando leches de un lado a otro, sacudiendose el bicho como una loca.

  • Pero mujer, ¡como te has puesto!– le dijo Mara cuando la chica volvió en sí.
  • ¿Es que tu nunca has tenido una fobia irracional?. Cuando era pequeña, mi primo Juan Carlos, me metió una pluma  debajo del jersey, acariciandome la espalda luego me dijo al oído que se me había colado un saltamontes. Parecía tan verídico. Estuve tres meses diciendole a mi madre que tenía algo por el cuerpo, que me lo mirase a fondo..
  • Yo tengo fobia a los nidos y los pájaros.- dijo Luisa, sumandose a la conversación.  Mi padre era cazador y recuerdo un día que abrí la nevera y encontré un montón de perdices muertas en el estante. Fue una imagen impactante que aún hoy me persigue en forma de ornitofobia.
  • Pues que contradicción que andes loca por ese cazador!
  •  Jajajajaj…síiiii, es curioso ¿verdad? pero hay que saltar los parapetos del miedo- dicen… quizás mi inconsciente de alguna manera se siente atraído hacia ese asunto sin resolver, instando a enfrentarme a ello, para valorarlo de forma más objetiva.
  • La mente es tan extraña… aunque yo no recuerdo ninguna fobia, más bien lo catalogaría de manía. Por ejemplo me da miedo olvidarme de ponerme bragas nuevas para el campo…
  • ¿¿¿¿¿ Como??????– dijeron todos, que en ese momento la miraron con la estupefacción en la sonrisa.
  • Si, si, vosotros reíros…¿es que no sabeis la frase esa de por aquí que dice “das más por culo que la gomilla de unas bragas anchas en la aceituna”?…ea pues eso…manía, practicidad y fobia.

Las mujeres rieron y asintieron pensando en las suyas, los hombres…quien sabe que pensaban los hombres . Todavía quedaba Mari Puri por confesar.

  • ¿Sabeis cual es mi fobia a día de hoy? ¡Los cabrones!.

Todos se pusieron serios. ¿A ver porque cerros iba a saltar la loca de Mari Puri? ¿Tendría alguna relación con alguno de la cuadrilla? ¿Estaría comprometiendole en público?.  El silencio y las miradas se asentaron frente a las llamas. Viendo que nadie decía nada, ni se atrevían a preguntar… finalmente añadió entre carcajadas….

  • ¡Pero que mal pensados sois! jajajajajaj….. me refería a los cabrones que el otro día me rallaron el coche.

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