Subrayando las frases del día.

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El día ha estado lleno de momentos y frases cortas que han ido empujándome de uno a otro lado.

Primero en el cole, Nora, nada más llegar me dice: “Si no te ocurre nada, seño, ¿Por qué tienes de irte?”. ¡Eso digo yo!- le respondo. Su cara de extrañeza es un poema de esos que suenan a despedida. Así que nos abrazamos,  creo que las incertidumbres se alivian con abrazos. Ya nos sentimos mejor. En el fondo muchas cosas se acaban y así es la vida. Yo se que conservo esa parte niña de mí que todavía relata ante las ausencias.

A media mañana, en el patio, Nico se acerca rápidamente donde yo estoy, con la urgencia tintineando en sus preciosos ojos azules “Necesitamos ayuda, seño. Hay una seño encerrada en el modulo 1 y no puede salir”. Mi compañera ha entrado y ha cometido el despiste de dejarse la llave puesta. Los niños desde fuera han hecho la trastada. Para ellos todo es un juego, nada saben de peligros y  desde el otro lado del cristal, Belén trata, sin mucha suerte,  hacerse oír. Cuando las palabras se hacen muros de silencio hay que prestar atención a los gestos que son, practicamente el chivato perfecto. Y eso es lo que ha hecho Nico muy habilmente. ¡Bien! Lo felicito por su atención y se aleja con más pecho que cuerpo tiene. Estas son también demostraciones de talento que hemos de potenciar como profes, para su autonomía y felicidad futuras. No solo números y palabritas, maneras de socializarnos y ser empáticos con nuestro alrededor, sin caer en la rígidez de los cánones. Y es que la palabra flexibilidad al pronunciarla, me recuerda totamente a él.  Nico es el más “a su aire”de toda la clase , libre como el viento que se podría decir cuando se trata de tareas de grupo… he observado que se desenvuelve mejor a su ritmo que al hilo de la corriente impuesta.  Y yo digo ¿y porqué no? siempre que se respeten unos limites, claro. Hay una delgada línea entre libertad y libertinaje. Nico es rebeldía y también ternura, con diferencia el que más veces al día me dice “¡Seño,te quiero!”… y yo me derrito, obviamente. Si tengo que defender la importancia de algo que sea la de no cambiar el carácter de ninguno de mis polluelos, cada espíritu es un tesoro, nos hace seres únicos y sobretodo ¡nos pertenece!.

El tiempo que llevo aquí me he impregnado de esa idea, esa “no didáctica” que como un choque me sorprendió tanto al principio…porque en definitiva,  nuestra labor ha de ser abierta y cercana. Tener la capacidad de hacerlos fluir positivamente, con técnicas que les sirvan de cara a la vida y que los acompañen en el reto que supone crecer.

De algún modo, siempre lo estamos haciendo. Hasta yo me voy de aquí  diferente a como llegué. Mientras me escucho, observo aquellas cosas que yo misma inventé y funcionan. Como esa cancioncilla que repetimos a diario de que las palabritas feas me entran por un oído y me salen por el otro o las palabritas bonitas me entran por un oído y me llegan al corazón. Quedémonos con esa parte amable dentro (aprendamos a cuidarnos) y desterremos los insultos y desprecios al lugar al que pertenecen….el aire.

¿Lograré despedirme mañana sin echar una lagrimita? ainsssssssssss!!!

***+

La tarde llega en busca de las dos. Y con el reloj, el hambre. Hoy hay noticias buenas, no hay claustro esta tarde, así que almuerzo fuera para celebrarlo, en un lugar de confianza. El dueño nada más llegar ya sabe lo que voy a tomar, las palabras mágicas que me harán felicísima: “¿una cervecita, verdad?”……….síiiii, por favor, ¡ya tu sabes…! -contesto riendo. Los primeros sorbos son la medicina que me catapulta a la gloria.

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Enfoco lo que resta de tarde sin descanso.  Quiero dar una vuelta por el centro comercial y hacer un par de compras para estas fiestas. Me encanta la tienda de Guess. Decido entrar en busca de un vestido que he fichado en la web y que me ha encandilado. En directo es aún más impresionante. Voy darme el caprichito, ¡porque no!?… haré como que me lo ha traído Papa Noel…¡que requetebuena he sido, oye! jajaja.

En la caja de H&M, mientras espero a la cola para pagar unos conjuntitos para mellis, escucho a una mujer quejarse de las faldas. “Es que todas son minúsculas, ¿me podeis buscar alguna a media pierna?”- dice enfadada al dependiente. No puedo evitar fijarme… es joven, delgada, con estilo algo desaliñado. Va con su hijo y no para de alzar la voz “está visto que la tendencia es enseñar el culo y yo por ahí no paso”. La gente exigente y ególatra me parece cargante y cargada, de malos  modos sobretodo porque hay muchas formas educadas de decir las cosas sin fastidiar…. Además, si no te gusta lo que ves, vete a otra tienda que las hay a montones…no te van a traer a ti en exclusiva un algo que no trabajan.

Con mi cena llego a la noche. Samantha habla en la tele sobre la felicidad. “yo creo que la felicidad es burbujeante” – aclara una chica. Me gusta el adjetivo,  esa idea de emoción efímera que hay que atrapar al vuelo, me fascina porque la veo acorde. En cambio esa felicidad dulzona y obligada porque sí o porque toca, no me convence para nada. Existen momentos únicos pero siempre, no se puede ser feliz…¡no es natural!. Lo que si creo que ayuda es vivir valorándose uno mismo, con sus virtudes y defectos…asi como las personas o cosas que uno tiene, los espacios que nos hacen ser nosotros mismos… no olvidar nada de eso y darle el sentido que merece, porque un día te puede faltar y es entonces cuando te das cuenta de su valía.

 

Y con esta idea voy acabando una jornada llena de pequeñeces. Tonterías que me  hacen sentir viva y que reflejan mis últimas reflexiones en estas tierras.

Ahora que lo pienso, quizás la felicidad sea un monólogo que cada persona ha de cambiar y revisar en las distintas etapas de su vida. ¡Y que no se quede sin materializar! Tener siempre la libertad de unir con todas sus consecuencias lo que nuestra intuición nos está diciendo.

 

 

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Paisajes que van quedando grabados en unos ojos

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Edurne Pasaban

Recorro enérgica el intermedio silente entre tu voz y la mía, el palpitar del corazón acelerado que dicta el pulso sin torcerlo. Es para lo que he venido y siempre regreso, para escuchar el candor de la montaña que me  hace sentir pequeña y grande al unisono, ese silbido de roca que tiene voz humana, la mía.

Lugar de trampas que jamás me contraen. Está mi corazón  aclimatado a los pasos helados y la determinación, al blanco horizonte de huellas y marcas que son como mi sangre. He nacido para ser piel de invierno, materia de perspectiva o carne de metas. No pretendo que nadie lo entienda, es este espíritu inquieto que jamás piensa en su suerte o posición.

Si miro hacia abajo, -lo confieso- a veces puedo marearme. Y no  es esta una razón de vértigo, como pudiera parecer. Admito que sentí la muerte rodar a mi lado como una pelota, ahí abajo sobre la casa y sus habitantes, bailaba tenaz a lomos de una existencia ligera y cómoda, sobre las gentes como yo, que en nada me parecían. Todo era predecible y estable en ellos…..¡yo en el fondo quería imitarles a pesar de mis sueños!. Y ese era el dolor: el azotar de la edad y la presión social.

Reconozco que me pilló a contrapie, me escurrí o me despisté…¿quien sabe? pero rodé sin bastones ni abrigos que me protegiesen, pues no creía necesitarlos….

Ella, la muerte, o la idea, siempre tan locuaz y resbaladiza, venía despacio y sabia sobre la tierra fiable,  disfrazada de una normalidad que yo no supe ver, ¡Entended que  existen otros precipicios aún más temibles que los temidos!- .

Segundos en que todo se  muestra frágil y la vida estalla con sus tesituras y aviares, haciéndote sentir perdida y sin norte. La pregunta era ¿Como orientarse sin brújula ? Sin ese juicio sano que marca los pulsos vitales para continuar-  todo aquello leía en la densa niebla de mis ojos, en la ciudad infalible.

A casi todos, al menos una vez por existencia, se nos cae un cielo o nos nace- de repente- la cumbre siniestra. ¿Como es posible que a mí -precisamente a mí- me sucediese en el medio equivocado?¿ Podía la vida tener ese humor tan mezquino conmigo?. .

He descubierto en este habitar arriba y abajo, las señales de peligro ante las cuales debo resguardarme.  Solo ahora sé que los héroes que de verdad importan no son los hercúleos, sino esos que transitan anónimos y tropiezan (como todos) superando adversidades y reconociendo flaquezas. Algo de aquello ha debido quedar grabado en mis ojos, ahora húmedos cuando lo cuento, como una tormenta que ya se apagó y deja un paisaje claro e imperfecto.

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Días de aquí para allá. Sin más compañía que la de una maleta cargada con unas cuantas cosas. Es igual,  pesan más los recuerdos aunque intangibles.

Voy cerrando puertas, despidiendo hoteles, descubriendo a qué sabe esta soledad desacostumbrada. Me deslizo cada mañana por una autopista cargada de vidas y atascos. El  mar a un lado y no hay tiempo para soñarlo. Es la sensación cuando me incorporo a la “arteria” . El trasiego, el tráfico, el lujo, la gente trabajadora que mantiene todo este emporio  a raya . Es diciembre y el sol esta amodorrado, hay días que ni asoma. Los turistas siguen llegando en pantalones cortos y chanclas sin percibir el sentido de lo gélido . Hace una semana los escuché reir abajo, en el restaurante. Yo leía en la cama… Es curioso como eso de la risa- aún difusa e incoherente- arropa tanto. 

Y los niños, mis alumnos,…¡claro! ellos son tambien mi sino. Sus disparates y desacuerdos, sus intuiciones y respuestas, la elocuencia e ingenuidad …, esta nueva metodología en la que me adentro para evidenciar mi desconocimiento y avances, el educar sin educar que defiende  la libertad y la experimentación por encima de cualquier area linguistica o matemática.

Yo creo que todo cuenta, sin descuidar el lenguaje, las normas o el esfuerzo que vienen siendo tan importantes en la sociedad en la que vivimos. A veces pienso que me voy llevando un chachito de ideas de cada lugar, un me gusta y no me gusta. Luego,  si todo va como espero, algún día podré soñar con enseñar a mi modo; que seguro será resultado de todas estas itinerancias y experiencias. A decir verdad, me considero catacaldos sin llegar a ser extremista jajajaja. Puedo observar como los niños se entienden en el caos del espacio y los materiales, la importancia de dejarlos hacer e inventar y como el juego no guíado los enseña a ser resolutivos y autonomos.

Se que no siempre me escucho lo suficiente en los vacíos de tarde que encuentro. Tal vez sea mejor así. Trato de rellenarlos con actividades placenteras como pasear, correr, bañarme, investigar algún lugar nuevo en el que comer o perderme, cocinar sin prisa…

De ellos y de tí me acuerdo tanto que mejor ni me acuerdo. Estoy pensando que tal vez no tenga que pensar en nada.

 

 

Botas y caminos

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Hoy me pregunto cuanto saben de caminos estas botas.
Diculpad, por meteros en el barro.- les digo.
Estáis hechas de sueños y yo lo se. A veces -al calzarlas- siento como me enquistan  ilusiones convirtiéndolas en piedras.
Las miro un poco más, dicen que los sueños son capaces de abrigar el trayecto y  es entonces, bajo esa certidumbre, que ellas se acolchan y me guían valientes a través de la esperanza.
Perdonad que pasito a pasito os lleve fuera de lo cotidiano-. Les pongo palabras porque a rachas se  me quedan mudas, como el bar que cierra o la mujer que ya no se abre.
Disculpar a esta necesidad que ansía ver y no acomodarse a la luz de una sola mañana.
Siempre de aquí para allá, inquietas, traviesas… parecierais un libro llano de retahílas y  paisajes que he de valorar en la ejecución desabrida del futuro.
El desvelo siempre a rodaje, como caballo de piel robusta, de página en pagina, de llano a cumbre; y a bocanadas, mi voz, que acompaña la travesía.
Disculpar por haceros cargar con lagrimas y contradicciones, dudas y extrañezas, la que fui y ya no puedo ser, la que faltó y se la echa en falta…
Perdonad a este corazón aterido y asustado, si tenéis que llevarlo a cuestas ,al principio, y luego os sorprende su ligereza, haciéndoos manifiesto de su tan burda sencillez.
Él es como un pájaro que besa la libertad pero no olvida donde anidó felicidades, abre sus alas y, de cuando en cuando, posa sus garras en la tierra buscando semillas que comer.

 

Escenitas

La rabia….

Cuando J. se enfada emite un gruñido suave, parece una cría de oso.  El cuerpo no lo acompaña, la única señal expresiva son sus puños bien cerrados como si quisiera atrapar a una hormiga. De seguido suelta una de sus frases estrella, son esas que consiguen ser más locuaces que todos los políticos juntos: ” Ya no te quiero” o “mamá, ya no eres mi amiga”… al tiempo que me clava una de sus miraditas iracundas. Es listo, va descubriendo que el lenguaje también puede llegar a ser un artículo afilado con el que ensayar. Yo no suelo molestarme -nos conocemos-, .. ea, pues ya está. Lo que tú digas. Al rato, cuando ya ha conseguido domar la emoción, vuelve a la calma con algún… “mamá, que sí, que sí te quiero” “¿me perdonas?”. Entonces el cuerpo es como si le respondiese y se soltara, transparente y correlativo a su verdad. El es noble y quiere dejar las cosas en su sitio.

Cuando V. se enfada parece una vengala en movimiento, de repente prende su rabia como el fuego y sale corriendo a algún rincón oscuro, a picarse a solas, lejos, donde yo no pueda verlo… ¿y como no lo voy a ver dado el numerito?…A veces me quedo  con cara de boba, como cuando ves fuegos artificiales y permaneces colgada de alguna estela luminosa. Pues así.

Al rato, (siempre dejo un espacio para que aprenda a serenarse solo) si no ha vuelto, lo intento convencer. No es fácil porque es un “melón”, pero merece la pena. Cuando se va apagando es gracioso vislumbrar de nuevo su carisma entre pequeñas fosforescencias. El enfado todavía se pasea un rato más por su cara, mientras de sopetón, ve algo que le estimula: un juego, una imagen, su hermanito invitándolo a alguna tontería y entonces me busca los ojos y la atención… “Anda, mira eso, mamá..” y la sonrisa y la alegría vuelven  a habitarlo como si nada. Se va otra vez echando mistos o gritando su famoso “Transs- fooooor- maaaaa- cionnnnnnn” . Borrón y cuenta nueva, así es V.

 

 

Saludar…

J. es educado, habla con eses (no se porqué) y nunca olvida decir hola y adios a nadie. Estoy segura que eso de saludar es algo moldeable, pero con parte innata. La finura es muy genética, suyas son frases del calibre de ” Se suponía que iba a poder disfrutar de mi agüita”-  mientras yo me empeño en cortarle su momento bañera. Un día, de camino al cole, hablábamos de la importancia del saludar (el tema salió porque V. tiene problemas con el asunto) …hay que saludar a la gente– les digo, hola cuando nos vemos, adios cuando nos despedimos., J. se queda pensativo. “Y si vamos al carrefour ¿hay que saludar a todo el mundo, mamá?“. He ahí mis risas. Rectifico para que lo entienda mejor: a todo el mundo que conozcamos, J. Ahhh, vale.- concluye, pero al llegar al cole se pone a decir holas sin ton ni son.  Total son gratis jajajaja ¡qué crack!.

V. es vergonzoso hasta la médula, aunque exclusivamente con el público femenino. Cuando ve una niña o una mujer que le fascina, se pone colorado y se esconde.  No es capaz de decir nada porque le es superior a sus fuerzas. Aunque lo hemos hablado y rehablado infinitas veces, llegado el momento, me aprieta fuerte la manita y cierra los ojos, intentando esconderse. Así ha sido en estos  últimos siete meses……hoy la cosa ha dado un giro. Estábamos en la fila esperando a que sonase la sirena del cole cuando….. ha llegado la niña en cuestión. V. se ha reído y luego -sin cerrar los ojos- ha emitido un largo y tímido hooooolaaaaaaaa. ¡no me lo puedo creer!¡bravooooo! vamos progresando.

 

 

Disparates..

J. es un cotilla de pies a cabeza. Siempre indagando por mis armarios en busca de titulillos. Por más que le regañe, a él le entra y le sale el consejo por el mismo sitio. Intuyo que en su mente, las manos van primero que el recato. Ayer delante de mis narices (no necesita irse más lejos)  le estaba repitiendo por activa y pasiva que no hurgase más en el cajón del baño. Él necesita explorar tanto como yo desfogar cuando lo hace…. “¡¡¡niño, estate quieto ya, leñe!!!!” voy a tener que traer a Serrat a ver si te canta ya la cancioncita y obedeces. Cuando consigo volver a lo mío -estaba arreglándome el pelo quizás- lo veo jugando con aproximadamente cien  bastoncillos esparramados por el suelo…

  • Ehhh, ¡¡¡¿que es esto, J.?!!!!- pregunto furiosa.
  • Mamá, mira… dice con voz muy melosa… esto es una “fumería”
  • Te he dicho que no cogieras nada. ¿una fumería?…¡¡¡una fumería!!! ‘?¿?¿?¿?¿
  • Sí, una fumería como la de papá- y señala el paquete de tabaco y los cigarros.

Bastoncillos y cigarros, curioso parecido ha debido sacar,  ¿será que ambos son blancos y alargados y que los ha investigado a su antojo?, para colmo y cabreo del padre. Me quedo riendo pensando en su fantástica incursión al lenguaje: fumería…¡qué intuición! ajajajajajaj.

 

V. a veces habla solo. Le va diciendo a algún amiguito imaginario -que bien podría llamarse pepito grillo- lo que ha de hacer. Es un mandón de los pies a la cabeza, aunque intuyo que el invento tiene una explicación. Y es que de esa forma, tantea la realidad e interioriza límites. “Tenemos que portarnos bien para conseguir la estrellita ¿lo entiendes?”-  susurra bajito al amigo invisible, en realidad se lo está diciendo a sí mismo solo que en voz alta y con el dedo índice apuntando al cielo, para hacer más énfasis. “¿Quieres que juguemos? si? sí, vaaaaale….vamos a jugar con la caja de herramientas pero no podemos empujar ni pegar a los amigos”. ¡Oye! El caso es que se sabe las normas, otra cosa es que  las cumpla a rajatabla.

Hace un par de días charlábamos sobre la importancia de no responder con violencia cuando nos molestan. “Si te pegan, díselo a la seño, no pegues tú”. A esto que se mete la abuela (las abuelas siempre tienen algo que añadir): “tienes que portarte bien o los reyes magos te van a traer carbón negro”. Frunce el ceño, la mira y exclama “¡¿negro?!, abuela negro es el color de cuando viene la noche”. Y se queda tan campante. Todo un especialista en cambiar de tercio y además, a su estilo, corrigiendo…….jajajaja.

 

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…rojitas las orejas

Hoy os dejo con un blog amigo “cocinaparagordos” que ha tenido el honor de mencionar un trocito de mis relatos y colocarle ilustración al texto, conforme a lo que le sugiere. Me he puesto muy contenta (digamos que se me han puesto rojitas las orejas…jajaja) primero por el gran detalle y segundo porque todo lo que sea imaginación y creatividad, tiene mi admiración…y este blog es toda un joyita en ese sentido. Os recomiendo que lo visitéis si no lo conocéis,¡no os defraudará!

Y gracias por la parte que me toca, amigo.

cocina para gordos

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Más tarde cuando el juego ya ha acabado subimos a la torre y miramos al horizonte. Todavía llevamos la travesura cosida a la espalda mientras divisamos las primeras luces de civilización al otro lado de la montaña. Aquí se hace fácil vivir sin ideales impuestos. Da igual que no haya tostador, ni secador o que la wifi sea casi de chiste. Da igual que los besos por hoy se compartan, porque encierran cariño y esa es la idea.                         Mukali – mi camino buscando-T

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Deja que olvide subida a los párrafos de este libro

las horas que has robado al día y  la noche,

la espera diaria y los rincones obsoletos en que ya no estás.

*

Deja que sobre páginas derrame el vértigo,

la pendiente cuando te observo,

tu llegada a lomos de la madrugada,

las excusas y olvidos en tu lengua de trapo,

el aroma a vicio

o la ducha a oscuras con la que intentas creerte sereno.

*

Se que no estás conmigo mientras me hablas,

que todo es un teatro producto de la jumera;

yo tampoco me hallo con fuerzas para reprenderte,

al menos lo recordaré mañana,

detesto estar en esta noche inmensa a la que parece se le han caído infinitas estrellas.

*

Deja que las mentiras de la literatura me arropen la piel

escondan los desencantos de esta madurez venenosa,

que se cuela tibia sobre todos mis fueros.

*

Deja que siga leyendo a golpe de oscuridad maltrecha,

solo así sentiré como lleno los espacios que has descuidado

mientras me niego a la incoherencia,  tu voz,

que ahora suena lejana como una vieja canción que ya no se recuerda.

 

 

.

A un océano de distancia

A menudo cuando me paraba a fotografiar aquellos edificios me preguntaba que es lo que  atraía mi atención para terminar  siempre focalizando el objetivo en ellos.

La fotografía era a partes iguales, pasión  y trabajo: la verdadera culpable de mantenerme distraída el tiempo que andaba fuera de casa. Regresar al hogar había ido transformandose de un manantial claro y cristalino a un océano turbio de aguas revueltas.

James y yo nos conocíamos desde muy jóvenes. Nos habíamos dedicado media vida a querernos y  de un día a otro me ví en la tesitura de no saber quien era. Me sentía autóctona y al mismo tiempo, forastera de su vida.

Como había llegado hasta allí, me era una incógnita. De repente, un día lo encontré aferrado a una terrible desidia, deambulando puerta tras puerta de cada uno de los pasillos que nos separaban, como si a cada paso que yo daba, James se diluyera en una sombra que iba escapando de mi presencia.

Durante un tiempo creí que volcarme en el trabajo ayudaría a solapar las heridas que yo misma no era capaz de afrontar, que mientras estuviese distraída y con los ojos puestos en otros asuntos las cosas se solucionarían solas y el reloj de manecillas no andaría tan lento y abotargado.

Esquivar el dolor es un instinto con el que nacemos. El primer indicio de miedo y egoísmo es considerar que los acontecimientos van a remediarse por sí mismos. Estaba convencida de que James se recuperaría a su ritmo, de  otra forma no me hubiera encerrado como lo hice en mi despacho, auto convenciéndome de que así le dejaba libre para avanzar sobre aquel océano subterráneo, del que me veía incapaz de traerlo.

Una tarde, mientras trataba de fotografiar y entender las señales que habían dejado los canteros sobre las rocas de una catedral, una mujer (que parecía ser guía)  les iba recitando un poema a un grupo de turistas que curiosos escuchaban su voz en la antesala

” dentro de tí se abre, interminablemente, bóveda tras bóveda”

Me quedé pensativa unos minutos sin saber como reaccionar. Si las palabras fuesen liquidos, aquel día hubieran sido ácidos efervescentes que hendieron la grieta con la que ví diluirse mis certezas . Guardé la cámara y regresé a casa pensando en aquella poderosa frase. Supe que algo me estaba sucediendo .

Cuando llegué, James se encontraba en el mismo lugar de siempre, recostado sobre el sofá que daba al vano del jardín, con el sol trazándole figurillas sobre la cara y los ojos mirando en alguna dirección inimaginable.

Tuve  la convicción de cuales eran las conexiones o cabos que podía mostrarle, que no eran otras que las que yo dominaba:  la fotografía. No podía forzarlo a abrir las bóvedas si él no estaba dispuesto, pero sí podía hacerlo darse cuenta del letargo en el que estaba inmerso.

Aquel día, le pregunté si le importaba que le tomase algunas fotos. Antes de la enfermedad, detestaba ser el centro de mi cámara, pero esta vez se dejó.  Aceptó que me adentrase en él y no solo eso, la fotografía se convirtió en nuestra vía de conexión.  A través de ella navegábamos distancias y abismos e incluso, me atrevo a asegurar que de aquella manera, James fue más consciente de sí mismo y de todo lo que le estaba pasando.

Teníamos un libro sobre el que diariamente registrábamos sus cambios. De vez en cuando yo intercalaba aquellos retratos suyos con  fotos del mar calmo en sus veranos de infancia en Castine, junto con las mías en la ciudad de Portland con las aguas verdes y la arboleda. Le solía decir “Hay un mar que nos separa y nos atraviesa,  vamos a  ir prestos a recorrerlo”. Y de aquella forma, al hilo de pasado y presente, comenzamos a encontrarnos en algún punto del recorrido.

Mirarlo desde mi cámara me hizo comprender lo prodigioso que es detenerse en la profundidad de alguien, nunca hasta entonces había visto a James con tanta claridad a pesar de sus brumas. Tal vez resultó util aquel acercamiento para descubrir lo pequeños y lo solos que podemos llegar a sentirnos y lo necesario que es siempre tener a alguien que nos sepa ver (en el sentido más verdadero del verbo).

Al principio temí que mi cámara lo hiciese notar aún más acorralado, pero aquello nunca pasó. Verdaderamente le sirvió para conectar con partes de sí mismo que eran importantes de atender. Aquellas instantáneas fueron como las ventanas de Andrew Wyeth, pequeños instantes fugaces  que se abrieron  entre ambos mostrándonos el camino y la forma.

Ha pasado tiempo y, con la mirada repleta de un arte que aún nos abruma, hemos aprendido que determinadas vivencias pasan a un segundo plano cuando nos ocupamos de ellas y las miramos de frente. No se trata de recrearse en los momentos de pena, pero tampoco de huirlos.

Recuerdo cuando dijo… en mi psyque siempre existirán puertas cerradas y caminos cortados, ahora ya no trato de abrirlos porque entiendo que esos mismos entresijos existen en todas las personas y ¿sabes? tal vez así deba ser.

Creo que llevaba razón, no era un auto consuelo simple cuando las expectativas se nos truncan sino una reflexión que había elaborado a partir de lo vivido.

Por mi parte, he dejado de interesarme en fotografiar aquellas casas solitarias que por alguna razón, sin duda importante,  me atraían. .  No era su diferencia, sino su similitud lo que en aquellos días me preocupaba. Soledad y hermetismo, bajo el trasfondo de la inquietud que sentía hacia James, no podía verlas de otra manera más que con la mirada llena de preguntas.

 

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Y para acompañar relato e imágenes, ¿que mejor que el “these days” de Jon?. Un clásico de mi época…jijiji.

¡Que disfruteis del día!

 

 

 

 

 

La “perfecta” vida de dos

Hoy unas buenas risas a cargo de un ilustrador de comic Yehuda Adi Devir, para los amigos: Jude.

Este artista nos ha acerca con bastante complicidad  momentos del día a día con su chica y es curioso, ¡en muchos de ellos me ví!. Quizás no seamos tan extraordinarios como creemos y simplemente adoremos que nos quieran con todo nuestro abanico de singularidades.

Momentos que normalmente el arte no se ha preocupado de llevar a museo, por imperfectos, por cotidianos y que a mí me parecen simplemente geniales. Pequeñas tomas robadas de la vida en pareja que reflejan lo necesario que es el humor y la diferencia para que todo encaje.

Y ya me callo, que esta iba a ser una entrada visual…

Pies fríos…

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…ducha caliente.

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Deditos…

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Entre semana

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Visitas no deseadas

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En la playa…

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Algunas cosas pueden esperar

 

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Travesuras

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¡pelillos a la mar!

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Con la manta a la cabeza…

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Esos cómodos viajes…

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Haciéndonos fotos…

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El y su rollito barba…

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No tengo nada que ponerme!

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Cuando festejar se va de las manos..

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Algunas cosas pueden esperar (II)

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Cambios de look…

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Olorcillos…

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Espejos…

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Alegrandonos al cuadrado …

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Distancias largas

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Distancias cortas

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Y para ponerle letra a estas imágenes me parece fantástica esta canción de Chojin. Todo un ejemplo filosofado de como vamos transformándonos con la madurez.

Pasan los años – casi 20- y continua representando parte importante de mi pequeña isla musical, a donde viajo a veces para pescar letras que son como abrazos o donde mecerme en músicas impredecibles como olas.  

Feliz semana.