Escrito bajo La luz naranja…

Recostada sobre el sofá azul y al lado de la luz tenue de la lamparita naranja, sobre el borde la madrugada y un páramo de luna,  escribía…

Alteras mi sangre, enervas mis sentidos, vienes para obsequiarme de sensaciones y machacarme la piel. Me aturullas y contigo celebro el goce del verbo. Aposentas tus luces, tu calor no me ahoga y me abandono a tí como ninfa delirante, con esa sensación de desnudo y energía de contemplación que tanto me gusta. 

Aplaudo el silencio, los libros  y la fiesta que me regalas, las fotos que nos tomamos a solas en los lugares a los que me llevas y pronto serán recuerdos nuestros de cajón y memoria. Que insignificantes somos para creernos todo y nada, para rozarnos los tiempos y abandonarnos a los días tan llenos de placer. ¡Como si nos convenciésemos el uno al otro que somos eternos! ¡Como si nuestros nombres fuesen grabados en el olmo de al lado del río, donde la corriente se duerme y las niñas orillan una fila de travesuras!.

Tenemos que despedirnos – si acaso descarriarnos de tanta devoción-  sabiendo cuanto te echaré de menos. Tan fresco como vienes a menudo, convencido de transformarme en la mujer liviana y apasionada que yace en mi centro.

Bésame que ya nos vamos, con paso caliente y labios alegres. Borracha de beberte escribo, bajo la noche afilada después del baño…., galimatías de vida que me das.

¡Vuelve pronto, Verano!

Nadie, ni cerca ni orilla, te quiere tanto.

Mukali.

8 comentarios en “Escrito bajo La luz naranja…

Te escucho...

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