Una historia de objetos perdidos

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Hoy os voy a contar la historia de como dos objetos llegan unidos hasta mis manos impulsados por las fuerzas de un más allá. ¿Existe realmente ese más allá o solo es fruto de nuestro insensato desconocimiento? Va a ser que nunca he creído en estas magias raras pero  la historia -que está basada en hechos reales- me resulto sorprendente, motivo por el cual desde entonces no he parado de barajar hipótesis y dudas.

Todo aconteció en el interior del tambor de mi sufrida lavadora, a la cual un día tendré que homenajear por resistir indemne las tropecientas coladas que vengo a poner a la semana, desde que tengo hijos mellizos.

La colada estaba selectivamente preparada para que la tonta funcionase y me disponía a medir el detergente que suelo echarle en su correspondiente cacito dosificador. Pero…ajá! ¿donde estaba el cacito?. No se que pasa con los cacitos, carajo…  ¡siempre me desaparecen!, los chicos, los grandes, los fosforitos…da igual, la menda los va dejando por ahí y luego ¡¡¡mecachis en los mengues ¿donde lo he puesto?!!.

Es conocido por aquellos que me conocen bien que detesto buscar objetos perdidos. Ahora todos lo sabéis…es superior a mi capacidad pacientil. Mi madre -siempre paciente por edad- me decía ” haz un nudo de diablo, que funciona”…¡Diablos! nada  más pensarlo me da un nosequé, madre!!!, pero ella lo hacía a escondidas y a la muy canalla le funcionaba. Yo me decía: eso son las madres que gozan de ese poder espiritual.

Y efectivamente, esta vez tampoco le hice caso. Y me puse a buscar sin éxito alguno cuando  de repente se me encendió una bombillita y recordé  que guardaba otro detergente de repuesto en el armario.¡¡¡¡Tomaaaaa!!! Ahí iba yo todo ilusionada a por el cacito dosificador encontrado y hallado en el templo de las despensas magicas que formo en los 3×2. Ya veís las ilusiones que tienen algunas madres de familia, poner a punto la lavadora para nosotras es tan necesario como respirar…jajaja.

Victoriana donde las haya, con mi recién estrenado dosificador y una sonrisa nada dosificada, andaba yo dispuesta a reírme del  mundo de aquellos jodidos cacitos perdidos.

Sabéis que estos objetos del diablo suelen llevar números ¿verdad?…¿alguien me puede explicar exactamente para qué?. Al menos yo nunca los miro porque a parte de no querer quedarme ciega con esos mininúmeros, para algo está el calculo del ojo de buen cubero ¿no? jajajaj.

Si, si, llamadme loca. Un poco lo soy.

Total, que estaba a punto de completar mi tarea: cacito, suavizante, polvillos mágicos antimanchas…¡Jesus, para poner una lavadora de niños hay que estudiar química….!

Y allí la dejé haciendo lo que mejor se le da: trabajar por mí… en bucle…y sin quejarse. jejeeje (risa malvada)

La historia esta rozando casi su final coincidiendo con el programa de mi curranta blanca.

Me dirigí por fin a recoger los trapos para extenderlos, con ese olor a Spa que tanto me gusta… (¿porque le llamarán suavizante Spa? los spa en los que yo he estado no huelen así… que me lo expliquen)

Pero no quiero desviarme, he aquí  ante ustedes el misterio sin resolver: el cacito dosificador perdido salió encajado con el otro cacito, el nuevo. Todo un caso para Iker Jiménez, Juan Tamaríz o mi siempre infatigable curiosidad…

¿ Donde se había metido el muy puñetero? yo juraría que había mirado en el interior del tambor y no estaba ¿como encontró a su gemelo? y lo que es más difícil aún ¿que fuerzas centrifugadoras terminaron uniéndolos tan bien en medio de aquel caos de trapos sucios?.

Tengo que reconocer que me reí  ante el hallazgo y que a día de hoy estoy completamente segura de que las historias de amor entre cacitos dosificadores, existen.

La pregunta principal es para vosotros, ¿tenéis alguna moraleja para mi historia? ¿Os ha ocurrido alguna anécdota relacionada con objetos perdidos? Contadme, please… y nos reímos un rato.

 

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10 comentarios en “Una historia de objetos perdidos

    1. Jajjaaj…pues mira, un cascabel es algo que yo había barajado tambien para el chupete de mis hijos, porque a veces se esconden en cada sitio y yo venga a llamarlos y los muy bandidos en silencio…jajajaj.

      Me gusta que te guste.

      Besos, Oscar.

  1. Hum… esas cosas solo nos pasan a los amos de casa, yo por ejemplo acabo de perder las tijeras de cocina y no sé por qué, pero me da que se han ido al contenedor de reciclado de cartones. Dentro de una caja de pizza, claro.

    Como sea, acerca de las lavadoras lo que sí que te puedo decir es que encontré por internet la explicación de ‘¿Por qué desaparecen los calcetines en la colada?’ AQUÍ la explicación al misterio.

    1. Jajajaj, yo tengo dos porque tambien suelen pasarme esas cosillas… despistes del cocinero, le llamo yo.

      Ostras, Holden, que curioso, las lavadoras tambien tienen hambre…ajajajaja.

      Un abrazote.

Te escucho...

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