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La cadena social

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Salí a la pequeña terraza, un balcón perfecto para perder la mirada a solas.

La música en el solarium aún se resitía a dejar la tarde.

El sonido de las olas y el trasiego del domingo me mantenían distraída.

Al fondo los barcos y veleros de lujo absorbían los últimos dorados del sol.

Probablemente esté ante una de las imágenes más idílicas – pensé-

El blanco, la brisa, este hermoso lugar entre dos mares que me acuna y relaja…

instantáneamente supe que me equivocaba de lleno.

 

Podemos empeñarnos en que los cuadros, los paisajes, las ciudades, el lujo, …. y cualquier entorno, en su ostentosidad nos envuelva y desacostumbre. Hasta podemos creer que a solas es inolvidable. Y puede que hasta lo sea.

Pero después siempre, siempre estaremos buscando compartir con otro lo que miran nuestros ojos. Se trata de deshilachar la belleza juntos o besar el espectáculo en perfecta compañía.

De ese culmen de felicidad nunca podemos librarnos, es la cadena social que arrastramos y nos persigue caprichosa allá donde vamos.

Y cuando la mirada se asombra,

el corazón va gritando:…. me falta….me falta….me falta….

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DE LAS MIRADAS MAR, DE LAS MIRADAS LIBRO.

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Ha habido siempre una parte física que me ha llamado mucho la atención de cada persona: su mirada. Me gusta la gente que sabe mirar y las miradas que hablan. Creo que unos ojos lo dicen todo y son un poco nuestra carta de presentación : inocencia, ternura, amor, quebranto, júbilo, anhelo,… A veces lo que no decimos se nos escapa sin querer a través de esta ventana y he aquí su verdadera esencia: el silencio delator que nos desnuda. Mirar es ver, es saber, es aprender. Todos tenemos sentimientos que no nos atrevemos a mostrar o que simplemente no alcanzamos a expresar.Ahora que me miro cada día en los ojos de mis hijos, que navego por los cuatro mares tan bonitos que tienen, se del increíble viaje de las miradas. Ellos, evidentemente, aún no pueden hablar pero ya montamos en barco juntos y nos encanta. Me gusta ese mar claro, puro, transparente… con tanto oceano por descubrir, con tantas ganas de navegar, con tantas posibilidades de rutas. Ese es el espíritu del que siempre me rodeé,…las miradas libro son las que me gustan. Soy de profundidades que llenan, de placeres pequeños, de aguas templadas siempre en movimiento.
 
Esta bien, no todas las miradas nos aniquilan igual, no todas tienen el mismo poder de removernos por dentro, de hacernos volar o de simplemente despertarnos “algo”. Yo quiero mucho a las pocas personas que me trasmiten esta sensación. El mundo corre demasiado deprisa y demasiadas veces se nos escapan los sencillos instantes de -tan solo- mirar. Ahora que soy madre, me atiborro a mi antojo de este placer tan gratuito, infinitamente reconfortante… consciente de la conexión y el amor que despierta una mirada. 
 
Al fin y al cabo miramos para vernos en los ojos de otros, un mar que descubrir, una felicidad compartida y regalada.
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