Y tanto…

Allá donde la ciudad acaba, desde la cima donde se divisa toda la ría, la tarde avanza tranquila. Sin rendirle cuentas a septiembre, son algunos los que todavía se angostan al asfalto para seguir cuidando sus cuerpos bronceados. Sobre la ladera, en la falda del bosque de eucaliptos, se salpican las primeras sombras profundas de la tarde. A ella desde arriba aún le llegan los tibios rayos de un sol que empieza a apocoparse y el desfile de unos yates que van cerrando la jornada. Sus piernas ya le piden una tregua y se arrodilla en la crudeza del asfalto. Deja la bici a un lado y se sienta. Aun es capaz de percibir la calidez saliendo de la superficie y calándole a través de la tela, así como las figuras que su sombra proyecta sobre el alquitrán, una silueta esmirriada e infinita. Ese calor que emana del interior, como una señal, y esa rendición recorriéndole los pulsos. Lo siente como un golpe, como un aliento, tal vez como un quejido. Extiende sus manos sobre el suelo sin importarle la suciedad. Si cierra los ojos puede verlo claramente ,ocupando de lleno todo aquel ocaso, presente en los huecos de la repentina fragilidad a la que su cerebro de nuevo tratará de acostumbrarse. Como si retrasar lo inevitable acelerara el olvido.

Se queda un rato más allí, aquietando esa luz interior que también empieza a descender sobre los edificios y el mar, volviéndolos de un color grisáceo y acerado. Piensa en sus ojos como dos faros a los que a veces espera tímidamente, que tintinenean y guardan la solemnidad de lo viejo; pero que por necesidad han sido olvidados para afrontar el devenir de las mareas.

Se hace tantas preguntas, incógnitas que, otro invierno más, se esconderán bajo la manta arañándola de cuando en cuando . Quizás la vida no sea tanto preguntarse como proseguir. Esa certeza la ha ayudado otras veces, en momentos cruciales,… sin embargo ahora se siente caminando a ratos a la deriva. Obviando la necesidad de parar a preguntarse como está y hacia donde desea ir. Ese tiempo que antes le pertenecía y ese monologo tan necesario, que ahora se diluye en el acelerado ritmo de los días. Se aparcan palabras, reclamos, pensamientos, latidos y todo se precipita en nombre de la prisa y la rutina. Como una maraña que a veces no es capaz de cargar.

Tremula, divagando entre estos pensamientos, sonríe con estupor. Se siente egoísta, se culpa por sentir y porque en -en el fondo- no le gustaría que la olvidase. ¿Y que si desearía con todas sus fuerzas volver a abrazarlo? ¿y qué si le encanta observarlo en silencio, moverse y hablarle con la confianza desacostumbrada?. Lo que más le duele es que ha aceptado sentirse tirana, la incomprendida o rara en un mundo que se le presenta a ratos un lugar lleno de muros, pero con los que no está de acuerdo ni se siente libre.

Mira al horizonte y ve que es hora de irse. A su alrededor una luz anaranjada y las ultimas nubes dan paso a las primeras estrellas, un escenario que la hace aterrizar en la realidad. Tiene que seguir pedaleando, ladera abajo camino a casa.

En la avenida, el semáforo se pone en rojo y se detiene. Cruza un hombre de pelo cano hablando por el móvil. Lleva en la mano un libro y los faros del coche alumbran en una milésima de segundo la portada, que de repente, reconoce. Es el libro que ella le regaló las navidades pasadas. En uno de esos regalos invisibles. Y sonríe.

El corazón es un cazador solitario.

Ja! y tanto.

https://youtu.be/zWqRhiLS3vM

6 comentarios en “Y tanto…

    1. Cierto, Artur y me gusta que mis historias tengan esos pequeños golpes de casualidad o azares….jejeje.

      El placer es mío de saber que mis lecturas, llegan. Gracias.

      Un abrazo y feliz año 2023.

  1. Aunque La Vida son esas cosas que nos pasan mientras trazamos planes, las más de las veces inútilmente. Sigo esperando la llegada de cada uno de tus escritos para calmar mi sed.
    Un besazo.

    1. Los planes los hacemos pero hay que saber improvisar y ser versátil. De esto trata la vida.

      Carlos, que placer que valores mis textos con tanto cariño. Gracias.

      Un abrazo.

Te escucho...

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