Sobre envejecer

Me miras de reojo esperando con ansia mi opinión. Acabas de soltarme que no soportas ver esas arruguitas que se forman bajo tus ojos y que no te importaría atenuarlas de algún modo. Yo se que nuestra imagen ya no es la misma que era.- te digo. Que hay que hacer marabarismos a veces para luchar contra el paso del tiempo, implacable y dictador como suele acostumbrarnos a verlo.

Toda esa realidad, este tener que esconder el avance natural de nuestra piel, precisamente las señas de identidad de cada fatiga o disfrute…todo esto conforma una parte anestesiada del tiempo que nos ha tocado vivir. Resulta curioso que se rija por el mismo adjetivo «anestesiada» que el de una piel tratada con agujas.

Ahora me miras como si no me creyeses, como si exagerase y te hubiese hecho sentir un vulgar humano entre la mansedumbre. Trato de contarte con mi perfil más calmo, el ultimo pliegue que se me formó y que por supuesto no es visible. Incido en explicarme para que no me veas como el ser de luz que no soy .

Y es que no quiero escapar del curso real de mi naturaleza, de lo que es irremediable e inútil a fin de cuentas. Te confieso que las arrugas más tormentosas no creo que estén solo a la luz. Que hay grietas que circulan bajo la piel, bajo el cuerpo y contra las que no hay cirugía que valga.

La ultima de ellas- te sigo argumentando , no es la del ceño, que cada día se marca más pero que a fin de cuentas me pertenece desde hace tiempo. La ultima es la tristeza subterránea que me dejó la perdida de un ser querido y que subyace en mí por alguna causa. Y me importa el dolor extendido y la ausencia por encima de todas esas panaceas de la juventud. La fuga de momentos, compañía y risas, el sentirme derrotada en mí misma y sin aliento. Porque a mi entender, ahí, en esos golpes que nos lanza la vida radica el verdadero envejecimiento.

Esas son las raíces de las que procuro curarme- te digo- de las que agarran el interior. Parece una tontería pero hay tanta gente que se atiborra cremas sin regalarse ternura… que no se como traducir eso. A veces me parece que todas esas exigencias nos las ha creado una sociedad que no quiere que nos aceptemos en el espejo, que nos quiere débiles para convertirnos en productos de consumo.

Ahora me miras sonriente, quizás te he descubierto algo que tenías dormido o te hace gracia la complejidad con la que observo como nos hacemos mayores en este mundo cada vez más distópico. ¿Te sentirás reflejado o me verás con ojos tasativos?. Tu silencio me acompaña, no me preocupa. Es algo que también he adquirido con los años. Y es que no quiero convencerte de nada, solo expresarme. A veces bromeamos y fantaseamos con volver a tener 18 (de cuerpo) con las convicciones de 40, pero ambos sabemos que sería un fastidio. Un descuadre en toda regla porque hoy tenemos equipajes y certezas de los que carecíamos ayer. No se puede vivir el mundo del revés, como no se puede ser siempre terso y joven.

Da igual esa famosa quimera, ideal absurdo donde los haya . Como la de encerrar el amor en un frasco universal. Tú y yo sabemos que eso es imposible.

Te ríes, nos reímos. (con nuestras arrugas totalmente al descubierto)

¡Ay que ver la risa!. Otra fuerza natural que no se puede detener.

2 comentarios en “Sobre envejecer

  1. El paso del tiempo es inexorable y no perdona !…. y como mortales que somos, no podemos ser ajenos a sus efectos, tanto exterior como interiormente, como bien dice la protagonista. Pero aún i así, tiene su parte buena… esa sonrisa al final, lo demuestra bien… con el paso del tiempo y con las heridas a la vista i las sentidas ocultas, aprendemos a vivir la vida !.
    Abrazos mil ! 😉

Te escucho...

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