Palabras que no tienen traducción

Cerró los ojos y volvió a ver la escena. Él acercándose a través del sendero, con la botas y la sombra alargándose a través del bosque. Ese minuto en que ella estaría esperándolo, apoyada en la corteza del árbol centenario, justo en las coordenadas que él le habría indicado. Ese penúltimo día del año con las manos sudadas agarrando el papel, en el que la pequeña lista de palabras sin sentido habrían cobrado al fin la forma.

Le había dicho algo así como: Al leerlas tuve la sensación de que las necesitarías para componer uno de tus relatos. Siempre he dado crédito a esa idea de que algunas palabras podrían suplir a los mejores hospitales.

¿Que debiera de hacer con ellas?. Es lo que se habría estado preguntando ella desde el minuto en que las leyó hasta ese otro instante en que las agarraba como una niña sostiene un barco de folio, esperando con ansia echarlo a navegar.

Recorrió su año como un mangata* absorta en los pequeños reflejos de luz, mientras contaba los pasos que él iba dejando por el sendero y lo que tardaría en llegar hasta donde estaba.

Ella había accedido finalmente a quedar para intercambiar aquellas notas de guión desconocido, escritas por ambos, más que por curiosidad por una necesidad de reafirmarse a sí misma. Ella que siempre había creído que las palabras eran los medios para poner en marcha los sueños, los motores que dan pulso a las ilusiones.Y que era la vida sin ilusión?. Ella que ahora en su interior hervía en pura contradición constatando que las palabras siempre estarían rivalizando con la verdad y al final solo nos quedaba el peso de los hechos.

De alguna manera la contradicción o la duda se habría resuelto para que ella estuviera ahora mismo en aquel lugar poniendole velas a algún velero, soltando amarras y dejando que el viento viniera a acariciarla de frente.

Recordaba cuando de pequeña ante alguna situación difícil, le decía a su padre ¿que tengo que hacer? o ¿que tengo que decir? cuando su timidez era más grande que el poder de su imaginación y tenía la sensación de que las palabras se le atropellaban en cadena. Y la respuesta de ser tu misma esperando no dormir quien yace al fondo, era siempre la acertada. Sonaba tan bien pero a ella, a esa parte de ella con miedo y prisa, le costaba un mar aquello que sonaba tan fácil.

Por eso aprendió a amar la palabra escrita, la versatilidad de componer, borrar y reescribirla por entero cuando algo dentro nos avisase que era la medida justa, el significado adecuado…contando siempre con el favor del pensamiento detenido y sin que el cuerpo fuera una lectura que entorpece.

Creía que eramos más exactos escribiendo algo de palabra que explicándolo espontáneamente en una conversación. Porque en la realidad, en el tú a tu, numerosos disfraces aparecían solos, fruto de la socialización y la aceptación del otro….y que ni aún importándonos poco la opinión ajena podríamos eludir. Con la experiencia, habíamos aprendido esos registros automáticos, paralelos al lugar donde nos encontrábamos y las personas que teníamos delante. Ya no temía tanto afrontar esos momentos como conseguir al cien por cien ser ella misma. Estar cerca de esa esencia por disparatada que fuese a ojos de los demás.

Concluía para sí misma, mientras lo veía cada vez más cerca, que escribir era un órdago a esa sinceridad ansiada, al menos para ella, ese buscar el haz reflexivo que quedaba al fondo, como la parte oculta de un iceberg o la otra cara de la luna.

*************************

¿Has dormido bien?– espetó cuando lo tuvo delante.

No tanto– reconoció él.

Te lo noté en este karelu*– apostilló acariciando la arruga que cruzaba su mejilla.

Las palabras tambien dejan karelu*– reconoció él.

Lo sé, sobretodo cuando se sucede un kalpa*.

Has venido con todas esas palabras poniendole lógica, espero que no haya sido para destriparme

No tengas duda que el enfado es una forma combativa de caricia.

Pues no lo sabía, quizá no debiera quejarme aunque prefiero las tradicionales….jejejeje.

También es una caricia acceder a escribir lo que otro te propone, más en el frío, con unas palabras inclasificables, como la escena o como tu sola manera de entender lo vivido, que defendiéndote te dejó sola y sin naves.

No quería hacértelo pasar mal. Era proponerte escribir como una tentación a decirte “te echo de menos porque tu palabra escrita me ha enseñado caminos”. “Cosas que nunca hubiera imaginado”.

Ella sonríe. A veces se ha arrepentido de ceder pensamientos tan intimistas en sus escritos, cuando sabía que él podría leerlos, pero la palabra había sido siempre para ella un regalo, ese lugar al que agarrarse, ese puerto certero de conexión con lo que el tiempo y la vida hace de nosotros. Si cedía en ese aspecto, acabaría perdiendo esa parte de su persona que le pertenecía. Escribir era ser, pero también encontrarse en los demás.

Él sonríe. Sabe que no ha sido un año fácil e incluso puede leer de lejos su dolor. Sus silencios y esa fragilidad que le devuelve a la niña más joven que conoció.

Sabes, el otro día pensé hacer un kalsarikanni*… pero por placer, no como vía de escape. Fue al leer esa curiosa palabra. Luego dudé de que lo mío no era emborracharme así a escondidas o a solas. Que lo verdaderamente divertido del alcohol era meter la pata y decir tonterías.– declaró ella.

Vaya, ¡lo que te has perdido!. Finalmente decidí emborracharme así para escribir el relato. A ver que pasaba.

¡No me digas! jajajajaj. Seguiría bastante tiempo de pie cuando el sol ya se hubiera escondido solo para ver por un rayito ese soliloquio del escritor ebrio.

Si, claro, un samar*… tu pretenderías ver otras cosas, chica lista.

Me encantan esos momentos a solas que nos definen de manera extraña. Desvergonzadamente sacan lo imperfecto que nos hace únicos. Es el poder de las personas que siguen vivas.

Ah claro, como tú, que -si no me equivoco- ya has sacado magistralamente todas las palabras que yo te presté , en este relato ¿Donde quedo yo?.

Tu con tu soliloca manera de escribir, como yo de sentir. Y aplaudamos.

Espero que te guste . Es muy diferente y parecida a la tuya.

Me gustará.

Así se alejó él, de la misma forma en que vino y ella cerró los ojos cuando ya solo era un punto en el horizonte del bosque. Pensaba que seguirían lejos pero cerca, como la Luna de la Tierra, conexionadas por esa otra parte oscura que según el ángulo era divisable u oculta.

*******************

Día 31 de diciembre. En casa.

Rendida finalmente a un kalsarikanni* de vino y champan.

Sobre la alfombra, esperando a las 12 para leer.

Abre los ojos y abre el papel.

Una sonrisa la posee, iridiscente, como un haiku, apurando los últimos minutos del año.

5 comentarios en “Palabras que no tienen traducción

  1. Una chica muy hàbil con las palabras y aventurera en los retos !! Seguro que el próximo año vendrà lleno de buenas aventuras !!
    Un abrazodeosoconcariño !!! (No es una palabra exótica , pero despues del vino i el champany puede colar ! 😉 )
    Buen año nuevo !!!

    1. Me gustan las mujeres aventureras y decididas… Y con don de palabra jjjj.
      Este año espero q venga con cosas bonitas o el inicio de ellas, que el anterior fue muy feo.
      Jejeje me gusta tu palabro, creo q hasta podría generar una historia sin vino ni champagne, con un trocito de roscón de reyes y el oso quizás….

      Buen año para ti, mi querido Arthur!! 😘😘😘 Te deseo amor y salud

  2. Mira qué bien, hoy he aprendido nuevas palabras que no sabré utilizar porque se escriben raruno, jejeje. Las palabras tienen una fuerza que muchos actos no consiguen. Feliz año, corazón. Espero que el 2021 sea mucho mejor que el que acabamos de pasar. Besitos, Stunner.

    1. Me ha hecho pensar tu comentario. Pues la verdad es q si. Algunas palabras son así, mágicas.
      Y desde luego q sabrías usarlas con la motivación adecuada, no lo dudes. 😉
      Feliz año, Oscar!!! Te deseo lo mejó de lo mejó… Ya tu sabes q esta andaluza te aprecia un montón. 😘😘🥂🎉

      1. Muchas gracias, belleza andaluza. Es cierto que algunas palabras son como tú, mágicas. Yo también te quiero mucho. Besitos, Stunner.

Te escucho...

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