Del hábito de escribir. De como sigues estando sin estar.

Hay tiempos, meses, días que corren lineales. Aunque analizándolos sean un caos, no se ven pasar al lado más que como una recta parecida a la que describen los cables de alta tensión desde la ventanilla de un tren.

Con un horizonte así, difuso y en medio de esta grafica plana, me acoplo al día a día sin pretensiones, con la costumbre de la carretera y sus curvas, con los paisajes dispersos que te van envolviendo en la esfera conocida, con la tristeza fácil que esta pandemia va regalando.

El arte fácil de estos días va siendo rendirse al cansancio y refugiarse en el trabajo, procurando no darle voz ni alas a mis pensamientos.

Y mientras el mundo está patas arriba y todos ahí fuera dictan como deben ser las personas y donde está la moralidad, un silencio se obstina en acorralarme. Yo se que no soy de las que prefieren callarse, que nunca lo he sido, pero es lo único para lo que creo estar hecha ahora.

Sigo escuchando esas letras en soledad, historias posibles rondándome la cabeza, partituras perdidas, es solo que las dejo correr apagándose en los rincones más recónditos de mi mente.

Tengo la sensación de que ha dejado de importarme esa revelación interior que suponía para mí el escribir, eso o que me he dado la espalda a mi misma por cobardía, como si abrir el baúl y encontrarme los trastos viejos me produjese pavor.

¿Debería seguir como si nada, aferrada a esta realidad y huyendo de todo lo que en el fondo me apocopa? ¿Dejando venir los días todos iguales para no sentir que ya son distintos?. En el fondo para no darme cuenta de que algo está enrarecido y no puedo ponerle frenos.

Porque desde que te has ido nada es igual, estoy irreconocible y hay días que no puedo contener todos los diques. Me asalta el miedo de encontrarme con los trozos rotos…créeme lo de menos es esta discordante pandemia que se ha convertido en el soliloquio de las gentes, aunque sea lo que a todos preocupa, yo se que cualquier día, más pronto que tarde, pasará.

Y la sola sensación de certeza, de la irreversibilidad con que afronto que no podré volver a verte, me asola tres veces más que este virus petardo.

Sigo sin poder sentarme a escribir sobre mis cosas, libre de miedos y trampas, disfrutando de idear otras vidas y horizontes posibles como siempre he hecho. En el fondo se que si tiro de los hilos que tengo dentro me voy a encontrar con la maraña de tu pérdida, con el reloj parado y con la obstinada creencia de que todavía no te has ido. Y no le se dar forma a todo ese nuevo mundo que ahora me asalta.

Créeme, no forma parte de mi plan incorporar un nuevo diccionario y hay días que vuelvo al análisis de la palabra: “escena”, como si no terminara de encajarlo.

Luego están tus cosas, los lápices que te regalé entre tus cajones, la rebeca gorda que no llegaste a estrenar este invierno, tu radio que no ha vuelto a sonar… Todos esos objetos que vienen a aclararme esta ceguera temporal.

No puedo esquivarte, no puedo esquivarme.

Y si escribo, veo que sales y eso es lo que tengo que aprender a aceptar. Si me preguntas que es lo que deseo ahora no te diré ni mucho menos que esconderte deprisa o que dejes de dolerme. Porque eso sería mentirme o no dedicarme el tiempo necesario como siempre he hecho…. , y sin embargo me comporto como si esa fuera mi intención.

Leo mucho. Me refugio en los libros dandole la espalda a toda esta tormenta de gritos que propinan las gentes que creen saberlo todo, y también he desaparecido de las redes, porque no hacen más que recordarme cuanto de falto está el mundo de amor y cuanto de sobra de necedad e intereses.

Cuando empezó el año y yo estaba en la sierra recuerdo que me llamabas para preguntarme si tenía frío, si me faltaba leña y yo siempre te decía que no, que estaba muy agustito, disfrutando del fuego, mis escritos y mis libros. Era aquella una soledad agradable en la que siempre aparecías para protegerme, deseando que te relatase todas las experiencias que tu no tuviste la oportunidad de vivir. Gozabas con eso y valorabas sobretodo la forma en que yo lo contaba porque decías que era única.

Se que si estuvieras aquí, me dirías que no eluda jamás los verbos que me hacen bien. Los que me sanan. Y escribir es uno de ellos. Lo hacía el abuelo, luego tu hermano y también tú. Lo llevamos de algún modo dentro y nos ayuda a encontrarle belleza a esa otra puerta que es el mundo más allá de los ojos. Aunque yo siempre fui algo reservada para enseñaros mis cuadernos, espero que no me abandone nunca esta valiosa costumbre que hoy vuelvo a retomar.

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4 comentarios en “Del hábito de escribir. De como sigues estando sin estar.

  1. Ufff …. todo necesita su tiempo…. tu, también necesitas el tuyo, sin duda ! i con el paso de ese tiempo , seguramente iràs colocando las cosas en el lugar más apetecible para ti. No se trata de olvidar, se trata de recordar de la mejor manera i que eso nos acompañe para bien, para reconfortarnos… como bien hacía ÉL, cuando te llamaba i te preguntaba y su voz i su presencia te llenaban por completo….. ese momento llegarà, tamboén ! I tus letras, de nuevo serán buena compañia de viaje ! …. Ahora son dias de tristeza i nostalgia …. “dias rojos” que decía Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes…. pero , pasarán !! …. date un buen “almuerzo con diamantes” i el sol brillarà de nuevo a tu alrededor !!.
    Un buen abrazo i ànimos 😉

    1. Gracias Artur por tus calidas palabras. Ojalá lleguen esos días, aunque por ahora no puedo esconder que duele mucho acostumbrarse, supongo que terminará pasando como dices y el recuerdo, seguirá presente pero más llevadero.

  2. No dejes de escribir, es otra manera de sentir, de contar y de pasar el duelo. Es otra forma de acercarte a él con tus palabras, tus recuerdos y sentimientos. Es otra forma de tenerle presente. Besitos Stunner

    1. Escribir me ayuda a ordenarme por dentro. Presente está a diario, escriba o no escriba. Pero es cierto que ponerle palabras es una forma de comunicar eso y que no se quede ahí, atrancado. Gracias Oscar,
      Un abrazo fuerte.

Te escucho...

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