Un baño de vida

Iba avanzando por el arroyo con el frío quemándome los pies, las manos, como otras veces, atemperando mis pensamientos. Era un día fresco de últimos de agosto en el que la masa se negaba a despedir el verano y por eso, todavía seguían metidos en la charca. Frente a mí tres edades: el más cercano, un niño que podía llamarse “infancia” avanzaba sonriente disfrutando del ir contra el arroyo; un poquito más alejado una pareja de niñas se contaban los primeros secretos de la adolescencia y se afanaban en descubrir lo que les venía siendo prohibido; al fondo, casi cerca del puente, un par de jóvenes con traje motero enarbolaban sus primeras carreras de vida.

Atravesé a mi tiempo a esas 5 personas, tan solo titubeando un algo de sus inalcanzables vidas . El viento ya comenzaba a tirar las primeras hojas, crucé un puente, atravesé una pequeña cueva, observé como el agua salía por entre mis pies desde mis desconocidos zapatos.

Sobre la isleta había mesas llenas de sobras de comida, un perro que me ladraba y una pareja de amigos que vigilaba la temperatura de la cerveza en el río. Cuando los dejaba atrás los escuché decirse: que bueno esto de la mascarilla como bozal para evitar que salgan de mi boca palabras como “te quiero”. Me volví pero no supe leer el brillo de sus ojos porque ambos llevaban el tapabocas puesto. Lo que sí pensé -sonriendo- es que la boca era el lugar de las promesas y a veces -incluso bajo un bozal- no podían, ni debían ser detenidas.

Salí del agua con los pies agradecidos de los rayos que se filtraban a través de los sauces. La vida está llena de tempos, temperaturas y contrastes. Mi mesa quedaba cerca, mi padre lejos y había algunos estractos de mí misma que solo permanecían claros a ciertos ojos aunque ya no me afanaba en buscar respuestas o conclusiones.

A ratitos hablaba con él, aunque se que era algo loco, como yo, aunque se que era algo ingenuo, como yo…aunque se que soltar palabras mudas era algo así como conducir el silencio por la mejor gruta. Le contaba la cuspide de todos mis males y que se habían deshecho todos, la mañana del 24, cuando descubrí que estamos tan de paso como el vuelo de una golondrina. Que todo cobra la relevancia que queramos otorgarle y que lo que arrastramos con acritud nos ciega en los días venideros, angostándose a la piel como un agijón.

Aterricé de nuevo en mis pies. Estas chanclas rojas. Mi mente siempre ha sido inquieta y mi corazón, un explorador. No sería yo si no fuese, ni las letras viajarían conmigo en ese eterno viaje que tenemos las dos por encontrarnos. Nos ponemos a reinventar lo que tan deprisa pasa para otros. Tratamos de detener lo pequeño, quizás más personas se afanen en esa minucia. Quizás tú lo estés haciendo a tu modo, desde tu mirada, cuando me ves atrapando cualquier instante de un charco.

El día se acaba y la tarde se pone con un sol tenue. Recogemos las mantas, los juegos y las inflexiones de un día que vuelve, un paisaje que regresa y gentes que tornan a darle una nueva oportunidad a estos tiempos extraños.

Hay días que -vete tu a saber porqué- se escriben en una frase y es lo que hago al llegar a casa. Porque lo mejor de ir es – a veces- volver, en mi caso, para saborear el trocito de felicidad que me deja, ¡no perderlo!… será que por ese motivo me gusta escribir. A la mañana siguiente añado mis conclusiones a una libreta, (como tu solías también hacer) aunque se me ha aparecido antes de cerrar los ojos (como tú) y dejarme vencer por el sueño (como tú).

“Amar es volver a escuchar una canción, recuerdas con exactitud algunas notas pero desconoces siempre el baile. Vivir es componer las notas, los ritmos y la letra. Nuestros pasos son las notas, los ritmos las emociones y la letra, nuestra voz. Te preguntarás que es el baile. Son las personas que nos mueven.”

Ahora sabes ¿qué?. No se si esto lo he escrito yo o me lo has susurrado tú, bajito.

6 comentarios en “Un baño de vida

  1. Hay algo que yo le digo mucho a mi mujer, que solo dé importancia a las cosas que sean importantes. Tendemos a hacer mundos de cosas que al final no lo merecen. Quizá por las tortas de la vida he aprendido a hacerlo. Besitos Stunner

    1. Yo se que tu sabes priorizar.Es muy positivo saber darle la relevancia adecuada a nuestros problemas. Y recordar que tenemos un tiempo finito, mejor pasarlo de forma agradable. Todo es subsanable, todo es reparable menos la muerte.

      Besitos Oscar.

Te escucho...

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