Un poco de amor en la mochila

Que pasarnos no sea

un verano de murmullos líquidos y truenos luminosos.

Que no nos huyan los mares

temiendo al fuego de las yagas.

Que todo por lo que nos volvamos ajenos

no sea una espiral de rumores u olas que escarban la roca.

Que tus labios jamás se entibiezcan

por la bruma de la cueva que duerme bajo tu lecho.

Que aprenda a desmerecerte sin desmerecerme.

O sin esperar al Dios de la noche

para que obre el milagro del universo contenido .

Que no se pongan gemelos los días,

invisibles como soldados heridos en la trinchera.

Que no exista en tí por inercia.

Ni traten mis dedos de no buscarte.

Como si nada me rozase más que esta nada

y no sintiese la extrañeza de los fantasmas.

Que las habitaciones no se apropien

de los sonidos de nuestro fracaso

y en el patio dejemos crecer las flores salvajes

o quejarse las cigarras.

Que no se aposente sobre nuestro hueco

la telaraña de un silencio

y dejemos urdir sus telas

al animal,

sin más pasión

que los ojos que miran el horizonte plano de un espejo

y no se reconocen.

****

Que pasarnos sea un verano de relámpagos luminosos.

Que nos huyan los mares al ver nuestro fuego.

Que todo por lo que nos volvamos ajenos

sea contemplar una espiral de olas y rocas.

Que tus labios sean la bruma de la cueva que duerme bajo mi lecho.

Que aprenda a merecerte, mereciéndome.

Esperando a la noche para que obre el milagro

del universo contenido.

Que se pongan del revés los días

como soldados que esperan el baile de una caricia.

Que exista en tí por la diligencia de mis pasos

y mis pasos acaricien la urgencia de tus manos.

Como si nada nos rozase más que la extrañeza de sentir.

Que las habitaciones se apropien

de los sonidos de nuestros sueños

y en el patio dejemos crecer las flores salvajes

o el cartar solemne de las cigarras.

Que se aposenten sobre nuestro pecho

las palabras de cuando fuimos niños,

los maullidos de gato

y el rubor de las caracolas.

Que tus ojos transporten nuestras arenas

como un reloj, y yo las lleve en los bolsillos

sonriendo.

Que cuando seamos viejos

miremos al horizonte y sepamos reconocernos.

***

¿Sabes lo que pasó? Ella, la chica de la mesa de delante, estaba escribiendo poesía en su ipad mientras yo tomaba café . Reescribí sus versos mientras la iba leyendo. Tecleaba trascribiendo toda la tristeza de su escrito. Amar es caótico pero yo ya sabía que los extremos logran verse un día hermosos, cuando se tocan y se encuentran. Luego dejé mi papel en su mochila, estaba abierta. Me marché. Y no se si la hice sonreir o pensar, la verdad. Un poco si que la amé, aunque no la conociese.

6 comentarios en “Un poco de amor en la mochila

  1. Me gustó esa pícara bebedora de cafè que roba los versos ajenos , para darles alas de esperanza, confianza i un poquito de amor, también…. me gustó su gesto…. porquè a mi me habria gustado ser la otra chica i tener ese regalo inesperado !
    Eres genial ! 😉 besos

Te escucho...

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