El chucho

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Corría como nunca antes, sin aliento, sin pausa, con la respiración entrecortada por medio de las hileras de pinos, de esa forma en que -curiosamente- nadie parecía entenderlo. Algunos de sus amigos se reían mientras sus ojos veían pasar por entre sus piernas las fauces de ese chucho incontrolable. Puso atención, su corazón latía sin frenos. La cercanía con la “bestia” hizo que le brotaran de las entrañas algunas voces, insultos ,la rabia galopante. Todo su miedo crujía por entre la maleza ante la atónita mirada de los demás y solo pudo exhalar otro ¡¡¡¡déjame en paz!!!!!, que no llegó a ningún puerto. El chucho continuaba la persecución y no parecía dispuesto a rendirse. Escuchaba voces de su familia – a lo lejos- sentados tranquilamente en su picnic y tratando de restarle importancia Si solo es un perro, Martín, o lo unico que quiere es jugar contigo. Sonidos difusos que su pensamiento no podía descifrar, ¿como iba a hacerlo enfrascado como estaba en el peligro? .

De repente el animal sacó su lengua y lo lamió. Él profirió un grito de terror, engurruño la cara y dejó escapar unas lagrimas. Luego se tapó ojos y cojió sus rodillas haciéndose un pequeño y solitario ovillo de rendición.

Mamá se acercó, lo abrazo fuerte unos minutos y cuando lo notó más relajado, soltó:

-¿Sabes una cosa, Martín?. Creo que se porque ese chucho te persigue tanto.

-¿Porqueeeeeeeeee?- ¡¡¡¡¡yo no quiero que lo haga!!!!- dijo todavía lastimoso.

– Pues es muy sencillo: se siente muy solo y lo que quiere es que seas su amigo.

Martín la miró asombrado con aquellos ojos verdes que casaban con el pasto por el que todavía danzaba juguetona Noa, o más bien habría que decir “el chucho” . Sabía lo que significaba sentirse pequeño en medio de todo un patio y sin que nadie te buscase para jugar o saludarte. Desplazó su mirada hacia la del animal que ahora permanecía impertérrito, mirándolo con un matiz de simpatía, que antes le había pasado desapercibido.

Mamá se alejó y Martín vio resquebrajarse poco a poco el cascarón de su miedo. Ahora no podía apartar la atención de Noa, arropando ese sentimiento de soledad que él -desgraciadamente- conocía tan bien. Seré tu amigo, no quiero que te sientas sola y desplazada como yo.- se decía.

Y fue su tarea del sábado. Los demás llenaban las manos de barro, cazaban bichos o cantaban canciones bajo las jarapas colocadas a modo de enagua, mientras él capitaneaba otro barco más interesante. Por entre el rabillo del ojo ,primeramente, y cuerpo a cuerpo ,después, no dejaba de apuntar cada una de sus trastadas. Ella era una principiante tan tierna y observable como él, además el motivo por el cual más tarde diría que aquel había sido el mejor día de su vida.

La madre observaba cada movimiento de lejos, entre absorta y feliz, por las buenas migas que finalmente había hecho con el chucho . Más tarde se alejó del resto hacia la vereda a buscar unos minutos de soledad elegida, en el río . Ella también había aprendido dos cosas. Al miedo había que ponerle palabras para espantarlo y la más importante, siempre que veas a alguien correr, lo que está diciendo realmente es ven.

Ven a quererme, ven a abrazarme, ven a ponerte un ratito en mi piel.

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13 comentarios en “El chucho

    1. Sí, quien lo vive lo sabe. Lo que tambien se cuenta (además de la soledad) es el valor de la empatía. A veces las personas que lo han pasado mal son capaces de acercarse mejor a otros porque lo han vivido en su propia piel y esa sensibidad se les queda.

      Besos, Oscar.

  1. “Al miedo hay que ponerle palabras para espantarlo” … me gusta ! 😉
    Díficil i complicado es vivir sin los demás… mejor tenir a alguien con quién compartir la vida !
    Abrazos compartidos !!

    1. Es que la racionalidad es el fin del miedo. Si se guarda se aposenta y nos corroe.
      En el confinamiento hemos podido ver lo importantes que son los demás en nuestra vida y también quien tenemos al lado.

      Besitos.

    1. Pues que sepas que lo tendré en cuenta. Este cuento es especial para mí, de pequeña tuve una experiencia traumática con un perro, pero yo no tuve a nadie en aquel momento que me calmase o explicase lo que hacia el animal. De hecho todavía tengo fobia a los perros.
      Es bello tener siempre al lado a quienes se preocupan de nosotros y conducen nuestros miedos por vias sanas.

      Besos.

  2. Aparece el miedo cuando no hay amenaza.

    Se acaba el miedo cuando se comprende.

    Que bueno que haya cerca una persona que encuentra las palabras adecuadas.

    La vida misma.

    1. Exactamente.
      Muchos miedos son irracionales y no responden a un peligro real, solo se disparan ante determinadas conexiones y avivadas por las partes que quedaron marcadas.
      Siempre he pensado que hablar o escribir sobre lo que tememos es el primer camino para ir superando miedos.

      Tener a alguien es una suerte y un regalo.

      Besos.

Te escucho...

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