“Las lealtades” de Delphine de Vigan

Delphine De Vigan.

Nunca había leído a esta autora y es verdad que poco o nada conocía de ella hasta que dí con estas líneas.

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Un libro que empieza poniendo boca arriba todas nuestras grietas es una puerta luminosa que invita a entrar. Y yo siempre entro. Porque me encanta hallar, y cuando leer va de perderse a descubrirse, yo  acepto.

Hay prosas que con poco ya dicen mucho.

Y de repente te hallas frente a uno de esos libros que te descosen la piel haciendo tan fácil entender los entresijos del comportamiento humano, esas realidades que cada uno defendemos con la raigambre de nuestra infancia,  porque te atañen y son parte de tí, las has urdido lentamente, fuertes y precisas entre tu historia o tus promesas, tu tiempo, tus días y tu costumbre.

Todos gastamos de eso. Y nos han enseñado que hay lealtades que son sagradas, que hay personas a las que no les podemos faltar, gente que proteger y axiomas intraspasables. Este libro es una historia sobre eso que tan buena prensa genera: la lealtad, en la que 4 personajes muy distintos (dos adolescentes y dos mujeres) obran de acuerdo a regímenes internos que los atan consigo mismos o los demás, ofreciendo miradas cruzadas en las antípodas de un mismo acontecimiento. Esto es algo que me ha gustado muchísimo, comprobar como el pasado que acarreaban, las heridas que estos seres tenían los balanceaban hacia un lugar u otro, explicando tanto sus rarezas como sus sensibilidades y aciertos. Porque al final todos tenían en común eso: la desmedida lealtad o la falta de ella. Y sus historias caminan exiguas – distintas pero paralelas en cuando a fin- buscando siempre una huida.

Observo la taza de leche vacía y el libro -ya cerrado – mirándome. Me da mucha tristeza cuando acabo lecturas que me dejan tan buen sabor. Sobretodo que me obligan a pensar y a custodiar siempre los hechos y lo que hay detrás. Porque De Vigan explica pero nunca juzga, pasea a los personajes por entre sus vértigos y luego sabe quitarte las luces con la precisión justa para abandonarnos a la vehemencia de sus vidas, así en plural, cuando se cruzan como tantas veces ocurre y no damos crédito.

Es una lectura muy recomendable que nos invita a pensar y replantearnos si las lealtades que generamos  obedecen a nuestra libertad o son meras cárceles que aceptamos voluntariamente.  Y me he quedado pensando si siendo tan leal a uno mismo no se llega -las más de las veces- a un vástago terreno de soledad. Porque como decía Delphine, la lealtad nos construye pero también nos aleja de los demás. Y se percibe justo al lado ese silencio, que calla y oculta, rondando por entre los párrafos del libro. No es silencio de palabras,  que están perfectamente hiladas, es ese mutismo reconocible que acompaña a todas aquellas escenas sobrecogedoras, que se forjan a base de fidelidades irracionales. Porque esos vínculos silenciosos,  visiblemente dañinos desde fuera pero ocultos, dentro; , tan enraizados en los personajes, forman su historia y su verdad la cual De Vigan muestra tan palpable como veraz.

Se observa la notable dificultad que resulta escapar de esos yugos sobre los que descansa el tiempo, el afecto,  las promesas o los sueños… en definitiva la inversión del ser., pero que si son equivocados más que propulsarnos, nos atrapan.

Me queda claro que todos tenemos lealtades, saber si son sanas o nos carcomen, es tarea fundamental y no siempre fácil pues algunas de ellas emergen desde la infancia, lugar desde el que no siempre es sencillo rehacerse.

También la necesaria tarea de atender a nuestras heridas con corresponsabilidad y madurez, no utilizando a otros ni creando escudos-persona sobre los que verter  la prolongación de nuestro dolor.

Ahora debo confesar que esto me ha generado una lealtad grande: debo leer más de esta escritora que tan bien sabe mirar, logrando traslucir el borroso fondo de la psique humana.

El viaje vale la pena si consigue sacudirnos.

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6 comentarios en ““Las lealtades” de Delphine de Vigan

    1. Buenas Guille.
      La lealtad es admirable pero cuando no nos hace daño. Al menos esa es la idea que me ha dejado a mi este libro.
      La lealtad propia es fundamental y es una de las que practica uno de los personajes del libro. En ese obedecerse a sí misma movida por hechos pasados y traspasando muchas veces las reglas impuestas, se observa como se va quedando sola.

      Besos.

    1. Es un libro que te hace reflexionar. A menudo creemos que la lealtad nos asegura terrenos felices, pero debemos saber elegir las personas hacia quien profesamos esa lealtad, incluso en vinculos muy cercanos nos puede estar dañando sin ser conscientes. Y luego esta la lealtad propia, en fin es un libro que aconsejo además es cortito y con literatura de calidad.

      Besitos wappa.

  1. No la conocía a esta escritora !. Parece interesante…. Yo veo el tema de la lealtad pareja a la confianza. Uno tiene lealtades con sus propios principios y que son cosa de uno mismo el seguirlos, cambiarlos o lo que sea en función de nuestras vivencias, aunque por lo general hay una lealatd “maestra” que nos define en nuestras actuaciones. Despuès estan las lealtades con los demàs, que ya pienso es cosa de dos o más, según vaya… ahí ya es un juego de conjunto, en ese juego yo pediria la misma lealtad para mi que la que doy a los demás, si no algo se desmorona y no funciona…. uff me enrollado un poco y no se si habrà sido bueno ! jejeje
    Buenas lecturas y relatos… que no falten 😉 Abrazos !!

    1. De entrada decirte que los comentarios largos los aprecio muchísimo, por la generosidad vuestra y por el hecho de que quizá mi texto os haya hecho pensar. Algo que me alegra.

      De la escritora pienso leer más, ya que me he quedado con las ganas. Tiene una prosa adictiva y bastante lírica. Supongo que la leo con ojos de escritorcilla…jajajaj.

      Lo que dices es algo en lo que el libro ahonda. ¿Hasta que punto la lealtad está arraigada a nuestros principios sin que seamos capaces de discernir que esta misma lealtad nos esta “matando”?. Como tu dices, la experiencia nos obliga a variar nuestras certezas, malo es que sigamos con las mismas toda una vida.
      Y sí, con los demás hace falta reciprocidad y confianza, sino nada funciona.

      Besos.

Te escucho...

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