Se abre la puerta.

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Piensa que se apagaron las luces durante dos meses.

En ese tiempo te quedaste- contigo- a solas,

caminando a oscuras sobre un tablero de obstáculos  inverosímiles.

Ridículos, deplorables, superficiales, la mayoría emotivos y humanos.

Nadie te indicó que hacer,

o se te dieron muchas, demasiadas, excesivas claves.

Algunas veces oíste,

otras  te mostraste sordo.

Tuviste tiempo de sobra para jugar al parchís

pero poco en comparación, para coser tus “rotos”,

porque hasta tú puedes quebrarte en medio de comodidades,

porque para respirarse hay que sentirse…

y sentirse requiere un sofá de soledad.

(Sin cámara, sin móvil, sin  ese mundanal ruido de tecnologías

orquestado para no sentirnos desnudos.)

De repente, percibes el calor de la gente cuando va a todas

o el grito de la sociedad cuando no encuentra futuro ni cariño.

Escuchas tus zapatos en un callejón de silencio camino a la trinchera de una tienda,

y escuchas la vida claquear – a la vuelta-  sobre tu pequeño techo de felicidad.

¡Porque la felicidad no estaba ahí fuera como nos la habían vendido!.

Te enamoraste de lo simple:

tu desorden, tus pecas, tus canas, tu cajita de defectos,

y, al tiempo, odiaste lo complejo:

esas semillas diseminadas por todo un planeta resquebrajando libertades.

Aprendiste a sonreír con quienes te cuidaron

y dejaste que se alejaran los otros.

Todo pasará.

Mañana volverán a encender las luces

pero  nos habrán cambiado de nuevo el escenario.

No habrá ferias, ni abrazos, ni tumultos…

¿de verdad los besos podrán ser considerados armas?.

En tu prisa por volver a retomar esa nueva normalidad,

valora que partes quieres que realmente regresen

haciéndose presentes en lo que más te importa:

la vida que solo hay una para vivirla.

Hacia donde miremos encontraremos un antes,

la suspensión de un algo que ahora empieza a navegar

con puertos y oleajes nuevos.

Y no te engañes,

pocos resortes habrá más que la voluntad y resiliencia humana.

Prejuicios y opiniones caerán en picado alimentando desdenes.

Veremos que para librar esta enfermedad

tenemos que ser conscientes de la superación humana,

confiar a pleno pulmón

incluso cuando nos lo arrebate ese virus.

Y será una prueba de  calma y fuerza.

No te quepa la menor duda.

En esta guerra de ejercito de bata blanca,

tendremos que atender no solo al individuo y su vacuna,

también a todos sus  demás contornos psicológicos:

los miedos y las fortalezas.

¿Estás preparado/a?

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11 comentarios en “Se abre la puerta.

  1. No se si cambiaran demasiado las cosas en cuanto el miedo desaparezca. Ya se ven actitudes irresponsables.

    Pero hay una parte que depende de cada cual y que tu señalas:

    “…valora que partes quieres que realmente regresen haciéndose presentes en lo que más te importa: la vida que solo hay una para vivirla”.

    En eso si habrá un antes y un después.

    1. Esta claro que muchas cosas seguirán la inercia anterior, el sistema educativo por ejemplo que debería modificarse o al menos tomar nota con la experiencia, no se hasta que punto cambiará.
      Los irresponsables seguirán como hasta ahora, como ha sido siempre, esperemos que siendo los menos.

      Esa parte que señalas es la parte individual de reflexión de cada uno, esa que hemos comprobado durante este tiempo; por ejemplo: las personas importantes y vitales para nosotros.

      Besos, Guille. 😉

  2. Una nueva normalidad sin besos ni abrazos tiene 100% de nuevo y 0% de normalidad. Espero que todo pase pronto y que se pueda tener el calor de los que te quieren y los que quieres como hace unos meses. Porque si también nos arrebatan lo único gratuito que nos hace realmente felices, que es el cariño que nos damos esos a los que me refiero, ¿qué nos queda? Besitos Stunner

  3. Pues la verdad es que es raro. Ayer estuve con mi madre y no abrazarla me provocó cierta tristeza. Será acostumbrarse pero es difícil. Las personas estamos hechas para relacionarnos y sentir cariño.

    Besos Oscar.

Te escucho...

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