Millones de granos de arroz. Tres historias distintas en momentos distintos de una pandemia.

 

Alba recordaba las últimas imágenes de aquellos campos de arroz,  interminables colores suspendidos entre la albufera y el barbecho previo a la celebración de las Fallas. O las pinturas que adornaban los rincones de las calles de el Palmar reflejando los momentos de la recogida.

Volvían a su pequeño refugio de playa, a las faldas de un mar sobre el que disponían atrevidos todos sus futuros. Se les quedó atrapado el sabor de aquellos miles de granitos de arroz en la garganta, el regusto de aquella paella y aquel viaje cocinado a conciencia. La ultima mañana, al regresar por los campos de Castilla entre el matemático disponer de arados y viñedos , un viento descomunal se presentó empeñándose en acompañarlos todo el viaje.  Él no quería desistir de la idea de llevarla hasta el mismo corazón de las Lagunas de Ruidera. Y así lo hizo. Aún a contracorriente ellos parecían estar entreviendo que un tiempo valioso se les acababa, mientras aquella ventisca  los atizaba con fuerza y simulaba decirles “no sigais, no sigais”.

Corrían riendo escondiendose entre los pinos, admirando la fuerza del paisaje y esa sensación de grandeza y pequeñez que brinda la naturaleza.

Alba lo miró con cara de frío, y finalmente le confesó: “los adultos siguen caminos, los niños exploran. Me encanta estar contigo porque sacas la niña que se quedó para siempre varada en mí”

 

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Eva se secó las lagrimas entre los últimos jadeos y luego lo abrazó largo, respirando la emoción a escondidas. No quería que descubriese que el orgasmo había venido demasiado intenso . Quizá como un terremoto que sacudía tantas tensiones acumuladas hasta hacer brotar desmesuradamente los ríos del placer. Era su cumpleaños y él la había conducido con una venda en su Ford negro, hasta un hotel del extrarradio de la ciudad, desnudándola y enterrándola entre 24 paquetes de arroz. Como los años que cumplía. A ella aquello la sensibilizó por completo.  El rozar de los gránulos sobre su piel candente y  joven, la marca del gozo y la espera, todo ello destapó un maremoto de recuerdos .  Él la miró y sonrió. Fijo sus ojos en ese colgante  en el que aparecía su nombre inscrito a tinta en un diminuto grano  de  cereal. Se lo había regalado cuando la pandemia los separó. Recordaba lo que le había dicho al entregárselo, que la distancia también podía llegar a ser capaz de embellecer y alejar los horrores del momento y que un día llegarían a contemplarlo todo bajo  otro prisma.

Y así fue, a la luz de aquellos millones de granos de arroz y de besos -que por supuesto ya nadie requisaría- la libertad los volvió a encontrar.

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Edu miró lo que se le escapaba irremediablemente de entre sus manos y luego llamó a su madre.

-¿De dónde proviene el arroz, mami?- preguntó manoseando el interior del bote que ella guardaba en la despensa.

– De China, – aclaró.

– Anda, igual que el coronavirus. Solo que el arroz es bueno y el bicho ese, bastante malo.

–  Hijo, con el tiempo entenderás que muchas cosas vienen para reforzarnos. Todo, hasta lo malo, depende de la forma en que lo miramos.

– ¿Te refieres a que el coronavirus es bueno, mamá?

– No exactamente, pero fíjate. Si tú coges un grano de arroz y lo lanzas sobre un papel- extendió un folio con sus dos manos-, apenas ejerce fuerza ¿lo ves?. No pesa nada.¡Pruebalo!.

Edu lo lanzó con fuerza y luego sonrió.

-Pero mira….  si haces lo mismo con un paquete de kilo, que contiene miles de granos, es probable que el papel se resquebraje y se rompa.

– Mamá eres muy “enseñativa” pero ¿si se rompe el papel se muere el coronavirus?

– Algo así.

– Pues entonces vamos a comprar todos los paquetes de arroz del mundo y a lanzárselos. Así lo venceremos.

– De eso se trata, Edu, solo que todavía hay gente que no se ha dado cuenta.

– Mamá, pues hay que decírselo… tengo una idea G-E-N-I-A-L…

– Dimela, Edu…

– ¡¡¡¡Vamos a hacer UN ARCO IRIS como el que han hecho ya otros niños…pero—¿que te parece si le fabricamos los “decores” con granos de arroz de colorines, mami?  ….. Así le diremos a mucha gente que muchos granitos de arroz vencen al coronavirus.

– ¡Me parece una idea fantástica, Edu!. Pongámonos a ello.

-Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

6 comentarios en “Millones de granos de arroz. Tres historias distintas en momentos distintos de una pandemia.

  1. Deseo que sea así de fàcil, con el arroz tan fantàstico de Edu i su “enseñativa” madre ! jejee
    Con imaginación , como la tuya, encontraremos el camino a seguir … como también hicieron Alba i Eva 😉
    Salut i abrazos !

    1. Mi doble es un parlanchín rehablado, pero a veces se le escapan gatillazos como este…¡me encanta!.
      Lo llevamos bien, Laura. Los niños mejor de lo que yo pensaba y el estar tanto en casa juntos, tambien dará para aprendizajes y madurez. Aunque son muchos días y ya van echando de menos amiguitos y viajes.

      Besos. 😉
      Cuidate mucho, guapa.

  2. De todas las situaciones se puede sacar algo positivo, la verdad. Una conversación similar a la de Edu la tuve yo anoche con el mío, pero no profundizamos tanto porque yo no soy tan enseñativo, jejeje. Besitos, Stunner.

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