Ella, tan de agua…

TAMAÑOS DISPONIBLES: enumeradas pulgadas - Tamaño de imagen aproximada 5 x 7 (impreso en 8.5 x 11 papel) $20 8 x 10 (impreso en 8.5 x 11 papel) $25 11 x 14 (impreso en papel 13 x 19) $50 16 x 20 (impreso sobre papel 17 x 22) $75 22 x 28 (impreso en papel de 24 x 30) $175 31 x 40 (impreso en papel de 35 x 44) $375 40 x 52 (impreso en papel 44 x 55) $500  LA impresión: Este es un Giclée de la pintura original, hecha con tintas de pigmento de archivo en la acción pesada, papel de arte fino de tr...

Desde siempre creí que su origen podría ser el mar. Libre e inabarcable como mis ojos al contemplarla. Llegó con el suave murmullo de una caracola y se instaló con su legado líquido entre mis sudores. Compartimos la salada saliva de la piedra de toque de todos los enamorados. Esos que cegados por el sol, se dejan mecer por las olas y los espejos.

Más tarde, con la bruma fría de una mañana de invierno, me percaté de que se acomodaba entre la escarcha del cristal del coche, formando una pequeña corona de soledades.  Se giró hacia la ventanilla sin apenas mirarme, era de día pero dijo algo y de repente se apagaron las luces…como en una de esas obras de teatro extravagantes que veíamos siendo jóvenes.

Una tarde, ya no recuerdo de qué año de nuestra única historia, salimos a pasear por el bosque y nos sorprendió una efusiva lluvia. Más que lluvia, fue un terrible chaparrón. Echó a correr … al principio espantada,  luego riendo. No había manera ni forma de refugiarse. Yo me quedé quieto observándola.  El camino formaba una hilera de charcos que parecían espejos pero los gotarones eran tan fuertes que iban distorsionando el reflejo de su imagen.  Su voz, al contrario, seguía clara y tenaz invocando al universo entero, dulce e incansable como la de un niño; mientras yo permanecía absorto, estudiándola, empapado en alguna clase de divagaciones inmunes a cualquier tormenta.

Con aquella anécdota, me dí cuenta de que mientras ella observaba la vida desde el plano general, yo lo hacía desde uno infinitamente más particular. Y no era lo mismo mirar el universo entero que a una gota de agua. Pues en una pequeña porción de liquido  yo me asomaba al mundo y lo estudiaba de forma asequible, sin necesidad de mirar el cielo. Y ella, en cambio, tenía que mirarlo para ver más allá y no sentirse aprisionada.

Debo reconocer que hubo un tiempo en el que no supe que  agua bebíamos. Se me escurría por entre los dedos como un río, incluso a veces, danzaba matemática como la liviana medusa que su baile carga de líquidos y efluvios. Una reactiva piel que impidía de cualquier modo, tocarla. Fueron días en los que su vestido no fue más que un remolino de aguas salvajes que la impulsaban de aquí para allá. Tal vez se aclaraba buscándose pero incluso en lo túrbido de aquella distancia, la sentí bella.

En una ocasión bajé por la vereda y al final de la hilera de alcornoques avisté las tres lagunas. Era un espectáculo sin igual al que nunca había prestado la suficiente atención y que solo se podía observar unos días al año. Cada una de aquellas singulares pozas era única pero también parecida y/o constitutiva del resto. Cada cual alimentaba a las otras generando un circuito evolutivo necesario, idea  que me trajo otro pensamiento. Yo quería verla viva y renovada siempre, inquieta y cambiante como todas las aguas que cruzan recorridos y se colorean de otros paisajes. Como todo lo que no se puede abarcar porque no se le conoce fin.

Un jueves  llamó a la puerta disfrazada de árbol. Se lo había hecho con una caja de cartón y una corona de hiedras. Lo que nunca hubiera imaginado es que podría parecer robusta y macerada como la Tierra o la mujer inamovible. “¡¡¡¡Es carnaval, cambiémonos los papeles, anda!!!”. Le sentaba tan bien. Así que yo fui agua esa sola vez y ella me abrazó con sed.

“Todos somos animales de costumbres, incluso tú” – le advertí. Era porque no me veía en aquel resuello de agua indeleble, que me había colocado acertadamente rajando unas cuantas bolsas de basura.

Ella me respondió desde lo más profundo de su corazón (esa noche) de madera:

  • Es cierto, mi única y valiosa costumbre eres tú.

Y ahí sonreí sin poder evitarlo y la miré ¡vaya si la miré!.

En lo más profundo de sus ojos de hoja descubrí el brillo traicionero de una lagrima, su alegría asomando, ese perfil de agua que tan natural le nacía.

 

 

 

 

 

 

 

 

11 comentarios en “Ella, tan de agua…

    1. Hay costumbres que nos mejoran la vida.

      Si, Laura. Ando bien, pero muy ajetreada y por consiguiente dormilona. He tenido traslado por trabajo y un viaje y Carnaval y un montón de eventos, que como siempre me apunto a un bombardeo… A ver si ya me sereno un poco y vuelvo a retomar esto.

      Besos.

  1. “Se como el agua. Amigo mío, el agua que corre nunca se estanca, así es que hay que seguir fluyendo”. Li Xiao Long ( no sé…me ha vanido esto a la cabeza!) 😉

    Encantado del reencuentro ! Saludos !

    1. Que chulo el video, Artur! Muchas gracias por linkearlo. En verdad, el ir viviendo, creciendo y superando etapas exige tantas veces esa adaptabilidad que tiene el agua por naturaleza.

      Besos y gracias por leerme con ilusión.

      pd. por cierto, a una compañera de trabajo le encantó tu camiseta. 😉

  2. Yo quería verla viva y renovada siempre, inquieta y cambiante como todas las aguas que cruzan recorridos y se colorean de otros paisajes. Como todo lo que no se puede abarcar porque no se le conoce fin.
    Me gusta ese párrafo porque me gustan las personas que no desean cambiar ni encadenar a quienes quieren.
    Y claro, este porque es una gozada:
    Es cierto, mi única y valiosa costumbre eres tú.

    1. Ese párrafo que señalas es clave. Hay que aceptar a las personas por como son. Si las amas, no las cambies, eduques o moldees…nadie es mejor que nadie.

      Lo mejor que te puede pasar es que una persona se convierta en una de esas costumbres que te mejoran la vida y te la alegran. Esas pocas hay que conservarlas, son valiosas.

      Besos.

Te escucho...

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