Encuentros: Definiendo la oscuridad

 

  • A menudo cuando uno se siente más vacío es cuando más aprecia la grandeza y belleza de todo. -musitó ella.

Llevaban un rato charlando. Se habían encontrado en el último refugio que la ciudad ofrecía para desayunos y contiendas. Más allá de aquel lugar, los páramos de llanuras extensas se confundían con la red de carreteras principales que como arterias fundamentales, conectaban la comarca.

Se habían encontrado de casualidad, es decir no había sido una cita acordada, y ella estaba leyendo en la última mesa que daba al ventanal en donde las vistas favorecían sobretodo al paisaje labriego. Solía elegir preferiblemente aquel rincón, que utilizaba para reponer energías y retomar sus lecturas, justo antes de iniciar largas caminatas por las veredas que bordeaban la ciudad. Le gustaba la buena temperatura que se respiraba en el local, si era invierno la calorcita embriagaba los sentidos e invitaba a entrar, si era verano ocurría lo contrario. Además el dueño solía cambiar la decoración a menudo, e invitaba a reflexionar con sus imágenes, de modo que si preferías no perder la vista en el  paisaje, podías hacerlo de otro modo, inmiscullendo la mirada sugestivamente en el arte. Otros clientes, en cambio parecían ser más sencillos e inmiscuían algunos churros en la taza de chocolate sin más pretensión que coger fuerzas para organizar los asuntos de la jornada. No era el caso de ella, pero quizá sí el de él. Que entró allí de casualidad camino del trabajo.

Nada más acercarse a la barra se percató de su presencia y a punto estuvo de darse la vuelta con decisión. Ella nunca lo hubiera notado. En cambio, pensó… si en realidad no pasa nada ¿porque no comportarme de un modo natural?. Aunque él mismo sabía que no todo era tan simple. De hecho mientras caminaba lentamente, su mente proyectaba un esquema de como se acercaría de un modo casi inocuo, procurando saltarse el diccionario de palabras exiliadas que había quedado entre ambos, como una zanja olvidada, como un lenguaje de animalillos extraños que ahora les era desconocido. Con esa intención llegó.

Una sombra se posó sobre las paginas de su libro y cuando levantó la vista, él ya estaba frente a sus ojos. Dos metros no más y la sensación de vértigo ante un precipicio inesperado.

  • Pasaba por aquí  y te ví…dijo él. Ella se acordó de la canción. A menudo las músicas quedan colgadas de nuestros recuerdos como los trapos húmedos guardan el olor a suavizante. No suelo venir por estos lugares, pero un amigo me lo recomendó y me pillaba de paso.
  • Yo si vengo mucho- añadió ella. Por lo menos 4 veces por semana. Es el lugar donde fabrico palabras. Luego, ando y  algunas se me van cayendo por el camino.
  • ¿Sigues escribiendo?- dijo . En realidad, él mismo sabía la respuesta solo que quería mostrarse lejano y con bases ferreas.
  • Siiii, tal vez me muera haciéndolo o tal vez adopte otra pasión. Ya sabes que soy una mujer apasionada- luego se rió y se sintió algo incomoda. No sabía si había sido apropiado decir aquello, pero le salió de aquella fabrica de palabras que tenía dentro, como un tapón atascado.

La cara de él no mostraba extrañeza alguna. Al contrario, se había decidido incluso a sentarse y a escucharla. Él mismo había cogido la palabra naturalidad a sus anchas y pensó que quizá de eso se trataba todo, de dejar fluir los acontecimientos con lo ya aprendido y escuchar.

  • Eres apasionada, sí. Aunque quizá lo que más me conmueva de tí sea tu capacidad para no traicionarte.

Ella rió. Sabía que una cosa es lo que vemos o parecemos ante unos ojos y otra muy distinta lo que somos.

  • Todos nos traicionamos alguna vez. Apagamos las luces y bebemos sorbo a sorbo, gota a gota, alguna pequeña oscuridad. Una mentira, un idilio, un odio, una incomprensión. Da lo mismo. Es pequeña porque es así, pero se percibe inmensa porque la oscuridad es como el infinito.
  • Me he sentido muy vacío todo este tiempo. Te dí la espalda y te convertí en una desconocida. Hoy al entrar aquí podía haber seguido ese círculo, pero no quiero.  No fui capaz de defender las ideas que ambos creíamos y te culpé de mis miedos. Tampoco fui valiente para ponerle nombre a nada y le puse el tuyo .
  • Agradezco que no me trates como a una desconocida. Mas vale tarde que jamás. Se que para ti no fue sencillo y que es un valor tuyo haberte sentado aquí y mirar a los ojos sin esquivar el tema. Si te digo la verdad todo ha sido más grande de lo que yo imaginé pero siempre he creído que los grandes agujeros negros hay que mirarlos de frente, como estamos haciendo ahora mismo. Las miradas esquivas son como manchas de tinta roja en una sabana blanca se expanden hasta coger una forma indefinible, que después hacemos figura y luego nos persigue como pesadilla.
  • ¿Has tenido pesadillas?- preguntó él.
  • Alguna, ¿como tú?. –  pero era una afirmación más que una pregunta… ambos rieron levemente.
  • La oscuridad tiene una doble cara,-siguió ella, él la escuchaba con atención, admirando esa facilidad que tenía  para descifrar los jeroglíficos de las emociones, ese contar que para él era (no se lo había dicho nunca) su mejor virtud. Y se había sentado precisamente por eso, porque necesitaba que ella los leyese. Que relatase como una vidente el cuento que iba a llegarles a continuación.
  • ¿Cuales son esas dos caras?
  • Por un lado es infinita, como ya he dicho- apuntó ella y no le vemos el final, aunque esto es equívoco, el objetivo es que no nos despistemos y nos rindamos  a ella. Finalmente cuando te absorbe,  digamos que-de algún modo- se pone en marcha la otra cara. Y es que cuando uno se siente más vació es cuando de un modo infinitamente honesto más aprecia la belleza y grandeza de todo, que pasa desapercibida en medio de la luz.
  • Yo prefiero siempre la luz y esquivo en lo posible las sombras- dijo, pero entiendo eso que dices.
  • Por ejemplo, (volvió a retomar ella) cuando la oscuridad me atrapa trato de escucharla. Alguna vez he venido aquí para oír ese canto. Y algún cuadro de los que hay en estas paredes a menudo colgados para entretener, me ha atrapado de manera extraordinaria. Otras veces he venido sin ningún libro, a escuchar el ruido de la gente y las tazas, a perderme en las líneas del paisaje tratando de ver algo distinto cada día. He descubierto como la oscuridad podía ponerme en contacto conmigo misma y he sonreído cuando en días como hoy, alguien me ha sacado de mí misma, con cualquier tontería.

Él se ríe. Sabe que los dos han sufrido y que pocos entenderán los posos de soledad que quedan sujetos a las almas, aunque ahora siente una extraña sensación cerca de la calma, mientras ella le cuenta estas intimidades. Posa sus ojos en el libro que ella mantiene cogido todavía con sus dedos introducidos haciendo de marcapáginas.

  • ¿La insoportable levedad del ser? – pronuncia al fin…
  • Sí. Es muy apropiado para las oscuridades ¿sabes?. – ambos se ríen. Luego ella busca . Hubo una frase que me recordó mucho a tí y que tengo subrayada para entender el modo en que desapareciste de mi mundo.

Finalmente la encuentra.

  • “Hay momentos en la vida en los que uno tiene que batirse en retirada. En los que debe rendir las posiciones menos importantes para salvar las más importantes. Yo pensé que mi posición más importante era mi ultimo reducto, mi amor.” Así te vi de nuevo, en aquel párrafo, me costó acostumbrarme a esa levedad y que pasaras por mi lado moviendo el viento, sin ninguna broma de las habituales entre los labios, sin ningún saludo que demostrara habernos conocido, sin nada. Por otro lado tenías grandes razones.
  • Creo que todo eso ya ha pasado. -dijo. De repente esa falta de sinceridad lo envolvió de nuevo, como cuando preguntó si escribía y él ya lo sabía. Te agradezco que me hayas puesto al tanto de la parte contratante de la oscuridad. Y no, no eres semejante al aire…aunque durante un tiempo lo pareciera, aunque a momentos lo parezca. Ahora tengo que irme a trabajar y….. ¡a buscar de repente ese libro!- bosquejó. De nuevo había vuelto su sonrisa y la sinceridad, que se batían sin saber muy bien si sería indicado hacer acto de presencia o no.

Ella extendió el brazo. –

  • ” Llévatelo”- propuso, ofreciéndole el libro.
  • ¿Te lo has creído, boba? ¡¿Tu crees que yo podría con semejantes oscuridades?! – bromeó él, que seguía sin querer marcharse.
  • No son cosas oscuras, es un libro que resume bastante bien la vida subyaciente- añadió …anda , haz como que te lo han regalado mis reyes invisibles. Creo que podrá gustarte.

Él lo cogió.

  • Tiene puesto Enero a lápiz. Suelo poner el mes y año, en mis libros. Bórralo si quieres.
  • De acuerdo. – sonrió ….Gracias.

Luego se acercó, la besó con cariño en la mejilla y de seguido, se perdió por la puerta de entrada para meterse de nuevo en la vorágine de la vida.

Ella se quedó palpándose la mejilla y pensando en una frase de aquel libro… “amar significa renunciar a la fuerza”.  Era totalmente cierto y lo comprobaba justo en aquel instante, después de toda aquella conversación. No se podía querer de otra forma porque querer era básicamente y de primeras: quererse. Renunciar a toda opresión, incluso la que librábamos contra nosotros mismos.

14 comentarios en “Encuentros: Definiendo la oscuridad

  1. ¡Quee pena tener que renunciar a personas que importan!

    Creo que en el vivir es recomendable recordar que lo que es, es. Lo demás es humo que queremos ver como fuego.
    Y vivir a full sin mirar demasiado por encima del hombro. Nunca nada vuelve a ser como fue. Puede ser mejor, pero no igual.

    Las decisiones personales son las que marcan la ruta.

    Ni me disgustas la oscuridad ni me gusta más que la luz. Siempre elijo la parte que contiene a las personas que prefiero.

    La insoportable… un gran libro. Una vez una amiga me dijo que una de las mujeres del libro tenía lo que ella decía que era una de mis virtudes: Saber escuchar.

    1. Como dices son decisiones personales, cada uno coge su ruta. Y hay que aceptarlo.
      Siempre he creído que las personas a las que le importamos de verdad harán (y haremos) por conservarnos. Si no, es que no valía la pena la relación.
      ¿y que es lo que es? Lo que es es justo lo que está más lejos de ser visto, y no porque no esté delante. Las personas somos especialistas en cambiar las realidades de lugar y de sitio… ¿quien está observando de manera objetiva?¿quien no esta viendo una cosa y se empeña en creer otra?.

      A ella no le gusta la oscuridad especialmente, simplemente le dice que también tiene algo positivo que aportarle.

      La insoportable levedad…me está gustando mucho, a falta de un 20 por ciento creo que es un libro muy bueno, capaz de exponer con mucho atino las sensaciones y relaciones humanas.
      A mi Sabina es la que me recuerda enormemente a las chicas de tus cuentos, siempre que se habla de ella pienso… ¡esta es una chica Guille!…jajajaja.

      Besos.

  2. Gran historia de dos confidentes, por momentos extraños. La vida nos balancea de un lado a otro y si nos cuesta adaptarnos a las posiciones en las que nos coloca lo pasamos mal. Besitos Stunner

  3. Pienso que él, no se leerà el libro , porquè precisamente huye de todo lo que dice. Hubo un leve intento de sinceridad, pero se arrepintió al instante. Cambió la sinceridad por la curiosidad, nada más.
    Un abrazo 😉

    1. Puede que no o puede que sí. ¿quien sabe?
      La curiosidad en ese sentido es poderosa y si tiene el libro en las manos…¿tú jurarías que al menos no lo abriría para ver como empieza?…

      Un abrazo Artur.

  4. Jajajaja ¿tan poco animado lo habéis visto?
    yo pongo el alma en mis personajes y a mis personajes (como son míos) les encanta leer. ¡A todos!.

    A mí si me regalan un libro me lo leo, Laura. 😉 jejejejejej.
    ¡Pues claro que lo he empezado!

    Ponte buena, bonita!

    Besos curativos. Muakssssss

    1. Gracias Carlos.
      Aunque una pinte caminos insospechados, la vida te lleva por caminos más insospechados todavía…ajajajaj. Está bien que venga inesperada, pero no esperaba que me metiera en la misma boca de la montaña, leches…jajaja. Mejor tomárselo con amor y humor ¿no?

      Besitos.

Te escucho...

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