Maila y Alma

 

 

  • Ya se de donde vienen los niños- sentenció Maila mientras le ponía el vestido a su muñeca rubia de medidas hipnóticas.

Alma la miró muy fijamente.

Aquella buhardilla tan llena de luz y juegos contenía todos sus secretos. Además era visible desde la habitación de casa: una terraza, un par de tejados y al fondo, la casa de su mejor amiga, esperándola sobre el horizonte. Era como su segunda residencia, esa escalera por la que se accedía a una pequeña azotea donde ambas miraban la amplitud del cielo. Y por último, la habitación de los trastes, donde -rodeadas de desorden- tejían sus mapas cada tarde.

  • Cuentamelo- susurró- a ver si coincide con lo mío.

Maila -con sus grandes rizos de 11 años y su pequeño lunar al lado de la boca- asintió riendo.

  • Hay que besarse, como tú y yo ya …

No continuó…sus miradas anticiparon algún tipo de código.

-Y aquí es donde viene el secreto, Alma ¿estas preparada?…… Hay que hacerlo !en la cama!.

  • ¿Hacerlo? ¿Cómo?¿ Tumbarse y besarse?
  • Eso creo. Pero tiene que ser entre hombre y mujer.
  • Pues ¿sabes qué?…el otro día, en casa echaron un programa…Era tarde….salió un hombre desnudándose y mi madre se rió porque cantó “tariro, tariro…” y luego se metió en una cama con una mujer y mamá dijo con retintin: “Almaaaa, no son horas” y yo le conteste que me estaba tapando con las enaguas, pero miré por el rabillo del ojo.
  • ¿Y que vistes? ¡¡me tienes intrigada!!
  • Solo se metían debajo de la sabana y se reían ¡como yo!
  • Pues debe ser eso que te he dicho. No hay más, y se ríen porque les gusta.
  • Maila, ¿podemos besarnos otra vez? ¡ya casi no me acuerdo!
  • Alma, eso no podemos volver a repetirlo.
  • ¿Porqué no?
  • Porque es algo prohibido. Si nos ven, nos castigarán. ¡Solo tenemos 11, tía!
  • No nos verán. Aquí arriba estamos a salvo y tenemos tiempo de parar de besarnos si escuchamos a alguien.
  • Está bien. Pero solo por esta vez…

A Alma le gustaba el sabor de esos labios que comunicaban a la perfección con los suyos. No sabía porque las cosas que a una le hacían tan feliz, debían ser guardadas bajo llave.

Maila disfrutaba por igual,…ella nunca hubiese hecho algo que no le placiese. No era su carácter el de niña apocopada, sin embargo empezaba a visitarla algún tipo de responsabilidad . Por un lado temía a su madre a la que habría de ver justo al bajar las escaleras, encontrándosela de frente y  cada vez más lejos de la confianza. Por otro, las dudas, cambios y prejuicios de sus 11 años empezaban a colarse lentos pero inquisitivos por la cabeza.

**********************************************

Nada menos que 27 años después…. en alguna cafetería del mundo….

Alma se dirige al baño. Hay cola. Casualmente llega detrás Maila.

Se reconocen, se besan en la mejilla. ¡Cuanto tiempo!…hay olores que no cambian, piensa Maila. ¿Donde has estado? ¿A qué te dedicas? Se cuentan sus paraderos, se ponen al día…en el fondo se aprecian de alguna forma indescriptible que solo cada una sabe. Ambas se sienten nerviosas en ese hablar que conecta con sus raíces.

Llega la hija de Alma, ….

  • Mama, ¿quiero ir contigo al baño?
  • Está bien, espera allí y cuando nos toque te llamo. Ahora somos dos, Maila. Espero que no te importe.

A Maila le gustaría decirle que No, ¡ claro que no le importa…! pero con tanto tiempo acumulado, huyendo de sí misma, podría hasta sonarle chirriante -o inoportuno- en el peor de los casos.

  • Alma, ¡al final descubriste de donde vienen los niños! ¿no?…dice tratando de sacarle unas risas.
  • Ohhhhhh, vaya!!! Siiii……..jajajaja, era muy sencillo. – apunta Alma – ¡¿Como es posible que apenas nos equivocasemos ?!…jajajaja
  • Jajajajaja…bueno, mujer, nos faltaban algunos datos… ¿no crees? años, decisiones, experiencias.
  • Naaaaa…risas, una cama, complicidad… dimos en el clavo. El resto de conocimiento termina alcanzándonos. La revelación tiene su cara terrible: cuando menos acuerdas los años te dicen: aquí estamos, más  vale que no pierdas el tiempo y seas feliz que el chiringuito no es para siempre.
  • ¿Sabes una cosa? … siempre me encantó tu forma de ver el mundo.  Te invito a algo, tienes que contarme como llegó esa niña a tu vida. Qué seguro, conociéndote, tiene alguna historia asombrosa.
  • Pues me parece bien. Hija!!! ven acá, nos toca entrar al baño. ¡Hasta ahora, Maila!
  • Hasta ahora, Alma.

Y se despidieron brevemente, como de niñas. No querían decir “hasta mañana” pues no lo consideraban verdad. De terraza a terraza solo unos  metros las separaban y estaban vinculadas como si viviesen en la misma casa.

En esta ocasión, sintieron de nuevo esa corta distancia, mínima, pequeña, familiar…. rugiendo como una voz enigmática. No podían decirse más -a sí mismas- una mentira como  “hasta mañana”.

 

 

4 comentarios en “Maila y Alma

  1. Dos niñas muy avispadas.
    Risas, cama, besos….
    Realmente lo que no es estrictamente necesario es la cama.
    Descubrir es una forma hermosa de vivir.
    Una de las cosas que más me gustan en el mundo mundial son los reencuentros con personas que fueron muy importantes en nuestra vida. Y esa facilidad con la que la confianza y la afinidad reaparece.

    1. Son niñas muy observadoras y curiosas, Guille. Ellas apostaban y apuesto a que siguen queriendo pasarlo bien.
      Efectivamente, la cama no es necesaria pero ¿quien es el guapo que prescinde de ella? … ijiji
      Eso que dices la facilidad con la que la confianza reaparece en el caso de verdaderos amig@s, me encantan esas amistades que nos hacen sentir tan agustito y tan de verdad. Son lo mejor de la vida porque con ell@s se ha vivido algo bonito y entienden que el que pasen meses, incluso años sin verlos, no importa…porque el otr@ es especial.

      Besos.

Te escucho...

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