La historia de unas manos

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Entré con la manos heladas del rocío fresco de la mañana. El paseo me las había dejado más congeladas aún. Había llovido dos días antes y desde entonces no había conseguido calentarlas. Repasando había tomado 3 tes, recibido dos duchas, tenido un orgasmo e incluso las había mimado bajo el calor de unas sabanas polares. Nada de esto o lo otro había surtido el mayor efecto, seguían como si el calor no fuera con ellas. Pensé en escribir algo, mi tan distraído hobbie no logró más que escurrir palabras de unos dedos como el polo, vocablos como helado, azul, intemperie, aterido, biruje, tiritona… bailaban por el teclado sin más calor de verbos o sujetos que los explicasen.

¡Estas manos!- gruñí… y al observarlas se me figuró que me miraban con hastío, que gritaban como entes vivos sin entender lo que fuera que les ocurriese.

Pensé en ponerlas al abrigo de unos guantes, quizás escondiéndolas o abrigándolas de manera suave dejasen de rebelarse .

Camino del trabajo, noté  -bajo el tacto de la lana- la punzada de un picor extremo, ¡me estaban saliendo sabañones en aquellas manos y aquellos dedos!, sentía el enfado de esa parte de mi cuerpo, protestante ante la monstruosidad del desaliño…y me iba susurrando: ¡no me reconoces!. ¿Acaso has olvidado como cuidarme?

En mi loca obsesión por tratar de entender pensé que a lo mejor estaba desarrollando algún tipo de manos animales y fue ahí que empecé a verlas verdes y descomunales, cada vez más frías y horribles, sintiendo la necesidad de trepar paredes aunque mis piernas, por suerte, no me acompañaban.

Me pasaba el día divagando o pensando que a lo mejor tenía manos parecidas a las de una lagarta y ellas seguían a su ser, a su ritmo,  estigmatizadas en algún ser inmundo, buscando rugosidades, penetrando poco a poco en las grietas de la conciencia a través de mi cuerpo.

De repente un día tuve un sueño muy simple. Frente al supermercado había un descampado con un puesto de flores, pertenecía a un hombre iraní que yo conocía muy bien. Por lo que parecía, aquel tipo me destapaba una tremenda atracción sexual. Nos conocíamos, desde hacia tiempo según intuí en los códigos del sueño…Total que unas cuantas conversaciones derivaron en algo más de calor humano. Recuerdo nuestras manos jugando detrás del puesto de flores, eran tan cómplices como las de dos tortolitos que se esconden buscando los rincones, que desean y hacen tiritarse la piel a la velocidad de la luz. Nada era extraño en ese limbo y las manos tenían el aspecto cálido y apoteósico que yo había conocido más allá, en el mundo de la vigilia. Pero había que despertar y me resistía,  sabedora  en el fondo de que había algo disfuncional en mí, algo que jamás me dejaría vivir en calma tal y como el resto de los mortales.

Por fin desperté. Al abrir los ojos tenía las manos heridas y vendadas. Noté un dolor desconocido, irreconocible, latiendo hábilmente para que yo lo escuchase. Estaba tumbada en una habitación blanca, con sabanas blancas y la gente a mis ojos me parecieron figuras blancas que se movían desordenadamente.

Tenía un cansancio extremo ¡y recordaba tan poco!, alguien dijo que había tratado de deshacerme de aquella parte de mi cuerpo pero que no podían explicarme mucho más, no me fuera a intoxicar de información  en aquel estado. A mi mente venían las últimas ráfagas de ese sueño, ese hombre con el que mis manos fueron a buscar flores y yo era lozana y  natural.

Con el pasar de las horas comencé a ver trozos de piezas sueltas del puzle que es a veces la mente: el rechazo, los insultos, “manos de lagarta” – dijeron, palabras que se apoderaron de mi razón en algún momento…

Llamé a la enfermera y le dije que tenía que escribir algo importante en un papel pero que evidentemente no podía,…si era tan amable de hacerme el favor ella. Se prestó con decisión y le fui dictando. Era una frase que  conservaba escrita en un blog personal y que permanecía latente por lo arrabales de mi memoria, tratando de salir a borbotones.

 

“Tal vez lo que me diferencia de las demás personas

es que siempre demandé más de la puesta de sol.

Más colores espectaculares cuando el sol golpea el horizonte.

Ese es tal vez mi único pecado.”

 

Permanecí un rato recordando aquella frase en la curiosa caligrafía de la enfermera, que me observaba con gesto benevolente. Luego desvié la vista hacia el ventanal percatándome de como se colaba un tornasol majestuoso que apuntaba justo a mis manos. Mis dedos – entonces- vueltos a su tacto primigenio, acariciaron con ternura la sabana…. como el primer recuerdo cuando solo tenía 3 años.

 

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25 comentarios en “La historia de unas manos

  1. Yo llegue a lo del orgasmo y ya n o me entere de nada más.
    jajajajajajajajajajaja

    Si, si, pura envidia.

    Bueno, creo que el relato tiene que ver con las manos (lo deduzco por el título), hay mucho frío y un iraní. Y al final todo se arregla.

    1. Jajajajaj me encanta tu visión del asunto, Guille.
      Seguro que no eres hombre de manos frías…jejeje.

      Si, yo tambien percibo el final arreglado…por fin enciende la calefacción y listo…jajajaj.

      Besos.

  2. Recuerdo una cita, que dice ” Manos frías, corazón ardiente” , yo la suelo decir después del ” aaaayyy, que manos más frías !!! y así se rompe el hielo…jejeje 😉
    Buen relato y buenas ilustraciones !!

    1. Artur, yo soy de manos como carambanos, de Octubre a Abril. ¿que le hacemos?. Ojalá sea verdad y al menos el corazón contrarreste a toda mecha…jejeje.

      Muchas gracias, compañero!

  3. Me ha gustado mucho este relato… Carlos dice que es una obsesión, ¿lo es?
    Ya sabes lo que dicen de las personas que tienen las manos y los pies fríos…
    y de la temperatura que tienen sus corazones…
    ❤ Besos.

    1. Más o menos, un estudio psicológico de hacia donde pueden derivar los caminos de la mente cuando una persona se obsesiona con algo. Todos vivimos situaciones dolorosas en algún momento, el como las digerimos nos identifica… a veces no sabemos o no estamos preparados para gestionarlas y suceden cosas parecidas a esta… visualmente dramatizado en el texto, pero la idea era hacer llegar que la mente puede jugar contra nosotros.
      Yo soy una manos frías y corazón intenso.
      Besos.

    1. Los sueños y la mente siempre han estado muy unidos. Aquí aparecen quizás para desvelar otras partes que en la realidad psicótica no se cuentan.
      Lopillas, eres muy bienvenida.

      Un abrazo.

  4. Me encantó tu blog, Mukali, muy originalmente diseñado y muy original también tu prosa.,. que me hizo evocar los versos de Rimbaud (Qué siglo de manos!!!)

    Te agradezco la visita. Te mando un abrazo.

    1. Jeanne-Marie tiene las manos fuertes,
      manos oscuras que ha curtido el sol,
      pálidas manos, como manos muertas.
      ––¿De Juana estas manos son?

      ¿Han absorbido morenas pomadas
      por el mar de la voluptuosidad?
      ¿han ido a templarse en la luz de luna
      que llena el estanque de paz?

      Carlos, gracias por la visita a tí tambien. Bonitos versos los de Rimbaud… Si es que las manos, que importantes, nos acercan a todo.

      Abrazos.

  5. De nuevo en tu mundo. Patas arriba o patas abajo, es igual: me siento como en casa. Ah! y al sol…, no sé: pidele todos sus colores, que no quede ni un pecado en el tintero (ala, ya me he vuelto a venir arriba jjj). Un beso Mukali

Te escucho...

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