En torno a un círculo un grupo de amigos (se supone que amigos) charla alrededor de una hoguera. El más alto, que se llama Raúl, formula una pregunta con matiz intringulis.
Cae la noche, cae septiembre, caen las sombras también… es lo que tiene la curiosidad, el vértigo de los secretos.
¿Donde os gusta dejaros caer?- Es mi pregunta. – aporta Raúl.
Los demás lo miran algo extrañados al tiempo que piensan la respuesta, ensimismados, tras la luz de las llamas que dibujan siluetas nocturnas sobre sus rostros.
Rosana, decidida, es la primera en responder:
- Me gusta dejarme caer sobre el colchón de mi cama cada vez que tengo sueño. Soy así de básica.
- A mi en el bar de mi amigo Lucio, que prepara los mejores cafes del mundo mundial- confiesa Lucía, un segundo despues .
- ¿Dejarme caer? En la casa de mi madre por supuesto, cada vez que hace paella.- responde Lucas riendo.
- En el museo, en la biblioteca, en cualquier sitio que me agrade- añade Marcial.
- A mi en el sofá, con una peli y mantita. ¡Un clasico!
- Pues yo lo tengo claro, Raúl..- dice Laurita…. Siempre que puedo, a mi me encanta dejarme caer en tí.
No voy a describiros la cara de los presentes (y de esos dos en concreto) porque ese sería otro cuento. Y me gusta que también funcione vuestra imaginación.
Lo dicho: No todo son historias de miedo bajo la templanza de las llamas. Algunas resultan ser llamas de esas que arden efusiva e incontroladamente.
Y además: a preguntas con intringulis, respuestas contundentes.
Ahora vas y sofocas el fuego.