Mi camino buscandoT

Nadia

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Tenía años, diez más que yo, cara graciosa, morena natural, pelo cortito, blusa a rayas. Recuerdo que me guiñó un ojo , alargó su mano y me invitó a  casa.

Al entrar, pensé doblemente: Le gusto y tiene gusto. Lo primero era una sospecha, lo segundo una evidencia. La chica era propietaria de una casa decorada con arte, cuadros, una biblioteca  y un sofá turquesa en el que ya me veía  haciendo reales mis deseos más voluptuosos.

Quería saberla y mientras se coló en  la cocina a preparar algunos aperitivos, atisbé en derredor del salón  con el objetivo de encontrar pistas a cerca de su vida. A decir verdad  me corroía la curiosidad de saber, también de entender porque me había escogido a mí, alguien más joven que ella y que a priori no era excesivamente guapo.

Cuando regresó, directamente se lo pregunté.

Me quedé perplejo mirándola. Sabía que debía lanzarme pero estaba hipnotizado por el halo de travesura que desprendía y que no podía frenar.

En ese momento se levantó. Algo cruzó mi mente “he perdido el momento, ¡seré idiota! tenia que haberla besado”.Recorrió el pasillo, subió unas escaleras, espera! la oí gritar.. sus tacones resonaban por los huecos de la casa y el tambor de mi piel.

Apareció con un gato negro entre los brazos y una mirada de niña tierna que me aniquiló:

-Esta bien! no he sido todo lo sincera  que tenía que ser contigo…¡esta es mi media naranja!.- añadió, extendiendo los brazos y mostrando aquella bola de pelo negro de panza blanca.

El gato me miró con ojos de sospecha, movía su hocico tratando de familiarizarse con mi olor . Justo en ese momento, me atravesó una carcajada. Aquella mujer dispuesta a avasallarme con sus disparates, con esa rémora de ternura que me recordaba a mi niñez, me tenía absorto y completamente entretenido.

¿Sabes porque lo elegí a él? – continuó con su monologo, sabedora del absoluto protagonismo de la sala.

Noooo, sorpréndeme.- dije.

Pues porque no tiene reglas. Es un “sin reglas”. Me gustan los sin reglas, la vida debería estar hecha sin reglas, incluidas esas que nos han colocado por naturaleza a las mujeres.

-¿Te refieres a las físicas? ¿ o a las sociales?

Hubo un instante de silencio. No tenía claro si inmiscuirme en ese delicado debate. No quería desviarme  un ápice de ese fabuloso camino que tienen los besos.

Alzó al gato por encima de su cabeza y luego lo arrulló contra su cara, en señal de afecto.

Por primera vez advertí signos de debilidad en aquella mujer. Un reflejo de batallas pasadas. Y reconozco que me gustó.  A pesar de que yo era un poco más joven que ella, ya sabía, en realidad, que no éramos más que un compendio de memorias. Errores y triunfos, éxitos y fracasos, obstáculos y premios.

Aproveché para ponerme cómodo y mirarla. Esa boca incapaz de sostener algunas risas. Su esfuerzo por entretenerme desnudando mis argumentos para que no me colara por entre sus fueros más frágiles.

Sonrió. Aprovechó para tocarme el pelo y reducir las distancias.

Nos reímos. Aproveché esa confidencialidad que nos brinda la risa para besarla. Ella tenía razón. Las personas que nos dejan huella, las que merecen la pena son las que nos atraviesan interiormente y nos hacen valer en ese sentido. La belleza, al fin y al cabo es  un envase caduco que tiene sus días contados. Y ella lo sabía bien, es más fácil desnudarse física, que interiormente..me explicó más tarde sobre su cama. Desvestida y sin fueros tenía un cuerpo y personalidad envidiables aunque  no habían sido todos los hombres a los que había dejado que traspasaran sus fronteras más profundas.

Tal vez el cuerpo era solo eso, algo de fabrica que nos presentaba torpemente y que no podía definirnos con precisión. Me sentí afortunado de conocer más profundamente a aquella mujer capaz de valorar lo importante…porque ella misma a simple vista y a raíz de su cuerpo, también hubiera parecido esto o lo otro a ojos de quienes solo se limitaban a mirar la superficie.

Nada es lo que parece.

Nadia era su nombre.

Otra contradicción más de todo lo que parece y no es.

Porque si algo sabía yo es que  ella no era nadie.

Ni quería que la trataran como si tal.

 

 

 

 

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