La geografía del cuerpo

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Era casi la hora de salir del curro,  aún quedaban quince minutos . Al volver a la oficina decidió abrir el correo para hacer tiempo. La mañana había sido ajetreada y ni siquiera pudo revisar las cartas. Catalogo, publicidades, banco…entre todo aquel pelotón encontró un sobre color purpura que venía sin remite. Rápidamente lo abrió, hallando en su interior una nota con las coordenadas de una brújula. No era un mapa de ruta en sí, sino un punto exacto. En el reverso se podía leer con letra bien redondeada ” Te espero la mañana del jueves a las 12, en este lugar. Fdo: M.”

M, estás loca! ¿donde piensas llevarme?…recordó haber dicho para sus adentros. Instantes más tarde ya estaba investigando sobre brújulas y coordenadas, sumergido en una ilusión exorbitante en la que, esta vez, él no era el timonel.

Comió deprisa y luego dedicó toda la tarde a determinar el punto exacto en donde la nota refería un encuentro . Al hacerlo, reconoció el lugar. Había estado de muy niño, pero habían pasado décadas, probablemente unos veinte años que no pisaba aquellas tierras.

¿Porque razón quería ella hacerlo llegar hasta aquel sitio?. El restó de la tarde la llevó en el pensamiento a piñón fijo y luego navegó a su lado incansable hasta la mañana del encuentro, sin alejarse de su olor o esos últimos y estrechos abrazos que habían compartido.

Amaneció temprano, despertó antes que el despertador, con el sueño de tenerla cerca muy latente. Había trazado un pequeño mapa de ruta y arriba había escrito de su puño y letra: la última de M. Como si aquellas travesuras fueran el encabezamiento principal de la atracción que él sentía hacia ella.

Hacía un día explendido, el sol se apoderaba del cielo y resaltaba aún más su color, por lo demás, el frío era el esperado por las fechas. Inició la caminata con una pequeña mochila color granate, algo de agua y algún almuerzo. Había comprado unas almendras, recordaba que a M. le encantaban. Y así, con el coco lleno de interrogantes y el petate cargado se dispuso a tomar un sendero que le llevaría al corazón de ella. O algo parecido. O quien sabe. Tenía tantas dudas en la cabeza. Pero no quería pensar, porque pensar era un lodozal que solo tenía por seguro algún tipo de infinito debate. Por un lado se decía a si mismo que el amor era esa dulce droga bañada de inocencia y por otro, que sin conciencia haciéndole las veces de  brujula, iba a naufragar de pleno.  ¿Como compensar tanta contradicción, tantas absurdas explicaciones cuando quizás lo realmente relevante era el sentimiento que sentía muy dentro y le quemaba cada día más ?.

Estuvo unos 35 minutos andando a paso ligero. De repente apreció como los guijarros del sendero se iban haciendo más grandes y espesos, junto a  la pared de la montaña que estaba a punto de acaparar casi toda la visión de sus ojos. Ascendió un poco más con algo de dificultad, el viento empezaba a arreciar en las alturas y sintio algo de frío. Tenía frente a sí el hueco del cañon pero ahora iba a bordearlo, tal como indicaba el mapa de ruta que él  mismo había elaborado. Caminaba pensando si M. estaría ya allí o sería una tardona…o lo que es mucho peor: podría haberle estado gastando una broma pesada en respuesta a las muchas que él le gastaba a diario. Tenía que ser sincero consigo mismo: a veces se había pasado tres pueblos, pero ella nunca se lo tuvo en cuenta. ¿Tal vez ahora querría desquitarse con una a lo grande?.

Miró hacia atrás. El pueblo ya quedaba muy lejos. Se estaba pegando la caminata padre y sintió las primeras notas de cansancio. Por suerte había llegado a una gran explanada que, no mucho más allá, sería la ultima parte del viaje.

SE acordó de aquella excursión con la catequesis de niño, de la cantimplora nueva que le habia comprado su madre y de las carreras con sus amigos por aquel altiplano investigando todo tipo de bichos y piedras. ¿Cuantas instantaneas tiene una vida?. Tal vez estaba a punto de añadir otra. Recorrió una pequeña distancia, atravesó la arboleda y al fondo vio la silueta del cuerpo de M haciéndose más y más grande. Allí estaba ella . M de montaña, de madera, de mondo. Limpia y  libre de cosas añadidas.

Respiró intentando coger el máximo aire posible y luego, cuando la tuvo en frente y la sonrisa no le cupo más en el cuerpo, la abrazó tan fuerte que todos los besos de después vinieron precipitados. De esa forma en la que el tiempo se para y los labios lo saben tratando de recuperar posiciones.

  • Menos mal que te encontré y que no era ninguna broma de desquite- añadió él para romper el silencio.
  • Jajajaja, ¿eso pensaste? rió ella. No te haría venir hasta aquí en balde. Este es un lugar especial para mi. Lo visito a menudo, buscando pensar o simplemente a veces, escucharme.
  • Me alegro que me hayas revelado  este secretillo. ¿Porque este sitio?¿Porque yo?
  • Pues mira, creo que hay lugares como personas,que conectan directamente con nuestras entrañas,  nos abren en canal para comunicarse en algún lenguaje remoto y eso es algo a tener cuenta. Te traje porque yo misma he sentido aquí que el ser caotico que me hace no me es lejano, me conecto con lo escarpado del lugar.
  • ¡Que profunda! ¿Es la geografía de tu cuerpo?
  • Podría llamarse, si. O la geografía de la esperanza.
  • Menuda desilusión. Yo que venía esperanzado en algún despelote o algo del estilo.
  • Jajajajajaj….te cargas la profundidad de todo.
  • Era broma. Mi M. ¡me encanta que me rebeles estas experiencias!… He venido para tocarte el corazón, lo sabes. No hoy, sino todos los días.
  • Pues ya sabes, mis labios son tuyos, tienes llave. No es la primera vez que nos besamos pero  -a lo quizás -sí.

Ambos ríen mirándose las bocas en el mismo corazón del cañón. Sentados al borde se besan suave sin que nadie más pueda saberlos. En el cielo,  solo los ojos impertinentes de una bandada espesa de pájaros emigra hacia tierras más cálidas.

 

 

4 comentarios en “La geografía del cuerpo

  1. Me ha encantado la historia y más porque estaba temiendo que el final encerrará un crimen atroz. La imaginación desbordada por esos dos haciendo la cabra sobre una roca inestable. Un besazo.

Te escucho...

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